viernes, 14 de noviembre de 2008

Oscar Ruggeri, el DT de los fracasos

Ruggeri junto a Batista, en su último fracaso como entrenador.

Este artículo fue escrito en 2004 para la revista mexicana SoccerManía, cuando Oscar Ruggeri se hizo cargo del América. Finalmente no fue publicado por decisión de Televisa, propietaria de esa publicación y también del Club América.
Por PABLO ARO GERALDES


Las dos imágenes son tan fuertes como opuestas. Por un lado, la vuelta olímpica interminable con la Copa del Mundo en el Azteca, y por el otro, la triste despedida de los Tecos, sin siquiera conseguir un solo punto. Es que la trayectoria futbolística de Oscar Ruggeri tiene dos caras totalmente contrapuestas. El bueno y el malo; el exitoso y el fracasado; el gesto convencido del capitán -aun sin la cinta- y el rostro desencajado de sus derrotas como director técnico. Ayer, los gritos de “Cabezón, cabezón”; hoy los insultos de los hinchas de Independiente.
Está claro que la gloria en el césped no garantiza en absoluto el éxito en el banquillo, pero en el caso de Ruggeri es notable el contraste entre su etapa de zaguero y la de entrenador.
La fama de duro lo acompañó siempre; además de poner pierna fuerte en la defensa, fue líder de una huelga de futbolistas en el último año de su carrera y también reconoció que solía darle dinero a las barras bravas. “Es mi plata y hago lo que quiero”, se justificó.
Empezó a despedirse de los pantalones cortos jugando en Lanús, allá por 1997. En un encuentro por la Copa Conmebol fue el principal protagonista de la pelea entre jugadores granates y los de Atlético Mineiro. Era el capitán y fue suspendido por diez fechas. Fue el principio del fin. El 7 de diciembre de ese año un estadio de Lanús semivacío le dio una despedida cálida, pero que no estaba a la altura de sus títulos. Dejaba atrás 425 partidos oficiales en Primera División argentina (Boca, River, Vélez Sarsfield, San Lorenzo y Lanús), el recuerdo de su paso por Logroñés, Real Madrid, Ancona y América de México, y sobre todo la gloria conseguida con la camiseta celeste y blanca.
En el pasado quedaban sus 14 vueltas olímpicas, había llegado al punto de inflexión de su carrera. La llegada de 1998 mostró un Ruggeri con mentalidad de entrenador, pero dispuesto a desplegar la misma garra que lo hizo temible en el fondo de la defensa. En la primera declaración salió con los tapones de punta: “Estoy más allá de ser Bilardito o Menottito”. El cabezón no había dirigido su primer partido y ya apostaba fuerte, se comparaba con los dos campeones del mundo. Después del Mundial de Francia confesó: “Quiero hacer como DT lo que hizo Passarella. Él dirigió a la selección y eso es lo máximo”. ¿Modestia? No, esa palabra no está en el diccionario de Ruggeri.
Tras la renuncia de Alfio Basile a la conducción de San Lorenzo, en diciembre de aquel 98, los directivos se fijaron en él y asumió el cargo al día siguiente. Tampoco tardó mucho en mostrar su carácter de líder fuerte: se negaba a ceder jugadores para la selección preolímpica y cargó su bronca hacia los capos de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) que insistía en citar a los juveniles:
"No estoy presionando, estoy advirtiendo: ojo, que me voy a enojar en serio", deslizó. Sus palabras metían miedo.
Sus jugadores sabía que estaban ante un DT sin muchas vueltas. Ruggeri repetía:
"Quiero que mis jugadores lloren si pierden; quiero que tengan hambre, no que se sientan cómodos. Que nunca piensen que un partido es sólo uno más". ¿Sus tácticas? Nada ambiciosas: "vamos a armarnos bien desde atrás; pensaremos primero en tener cero gol en nuestro arco", explicaba. El espectáculo, agradecido.
El Cabezón siempre fue un abonado a las polémicas: la prensa le criticó que seguía trabajando como “periodista” en TV y continuaba representando futbolistas mientras era entrenador de San Lorenzo. Y otra vez fue al choque de los periodistas:
"Quédense tranquilos, porque en honestidad y trabajo, le gano a cualquiera", sentenció.
No todos opinan igual. José Sanfilippo fue cuatro veces goleador del fútbol argentino entre 1958 y 1961 y su talento lo convirtió en una palabra autorizada; su estilo verborrágico y polémico lo tienen como un invitado fijo a todos los programas en los que se debate sobre fútbol. En uno de ellos, “Tribuna caliente”, compartió la mesa con Ruggeri, a quien considera
"un burro, incapaz de agarrar una vaca dentro un ascensor". El tono frontal e irónico de los dos fue subiendo la temperatura de la charla, hasta que la discusión de ideas se transformó en pelea. Todo parecía parte del show televisivo, pero las palabras dejaron lugar a los golpes: Ruggeri le tiró un codazo –que no llegó a destino gracias a la rápida intervención de los demás panelistas– que rompió la relación para siempre. Sanfilippo lo cuenta así: "Si me golpeaba, era lo último que hubiera hecho en su vida, porque le hubiera mordido el cuello hasta que se muera. Igual aclaro que no llegó a pegarme porque en mi época de jugador, en el área, esquivaba un montón de esos codazos. De todos modos, qué bajeza la de un tipo que con 38 años quiere agredir a uno de 66...". Los años pasaron y el odio sigue vivo en Sanfilippo, que opina que "la mala fama de fútbol argentino es por culpa de los codazos de este señor".
En 2001, las malas actuaciones en el torneo de verano (clásica competencia amistosa que se realiza cada enero y febrero en Mar del Plata) terminaron con la paciencia de la gente de San Lorenzo. Armó las valijas y partió hacia a Guadalajara.
Mientras dirigía a las Chivas recibió desde Buenos Aires una patada a su orgullo: el San Lorenzo que había dejado sin rumbo futbolístico era campeón de la mano del chileno Manuel Pellegrini, un desconocido en el ambiente argentino. Pero no tenía mucho tiempo para hacerse problemas por su pasado: entre los torneos Verano 2001 y Verano 2002 dirigió a Guadalajara en 45 partidos y sólo ganó 15.
La revancha la encontró en la misma ciudad, pero la desperdició. Comandados por Ruggeri, los Tecos jugaron solamente cinco partidos. Y los perdieron (San Luis 2-1, Santos 3-1, Necaxa 2-1, Atlante 3-2 y Morelia 2-0). Las ligas importantes registran muy pocos casos de porcentaje de efectividad igual a cero. Su regreso a Buenos Aires agitó otra vez las pasiones, los amores y los odios. Tan divididos como los aficionados están los periodistas y cierto sector de la prensa movió influencias para derrocar a Marcelo Bielsa y poner en su lugar a Ruggeri. Nadie pensaba en él, pero se publicaban encuestas para sondear la opinión de la gente:
"¿Cómo ve a Ruggeri al frente de la selección?". Una cosa de locos. La estructura de la AFA resistió el vendaval mediático y las ambiciones del técnico debieron ajustarse a su realidad poco apegada al éxito. Pero los periodistas 'amigos' se movieron, 'tocaron contactos' para que el DT volviera a dirigir y lo consiguieron. Su siguiente fracaso se llamó Independiente. En el club de Avellaneda le ocurrió algo tan curioso como desagradable: los hinchas lo insultaron desde antes que debutara. La gradería roja es reconocida por su paladar exquisito a la hora de ver fútbol y con los antecedentes de Ruggeri no tuvo que esperar a ver el equipo en acción para repudiar su contratación. Unos pocos partidos confirmaron el prejuicio de los aficionados: Independiente jugaba mal y encima perdía. Esta combinación, sumada al enfrentamiento que mantuvo con el arquero Luis Islas –ídolo del club– hizo que el presidente Andrés Ducatenzeiler admitiera su error: "Me equivoqué al contratarlo porque no supe interpretar la filosofía futbolística del hincha de Independiente", reconoció. La renuncia fue sólo un trámite. Unas semanas más tarde ya estaba trabajando nuevamente, pero en América TV, como panelista del programa “Puro Fútbol”, junto a sus colegas Ramón Díaz, Alfio Basile y el periodista Gonzalo Bonadeo. En la primera emisión Ruggeri dio su versión del adiós: "Me fui porque no era feliz. Me gusta ser técnico pero no a cualquier precio. Yo quiero levantarme a la mañana e ir contento a trabajar y en Independiente no podía. La gente no festejaba los goles, no era feliz, y yo tampoco". Ruggeri, el soberbio, esta vez agachó la cabeza y se mostró humilde, dolido, vulnerable. Dos imágenes tan fuertes como opuestas.


En su paso por América en 2004 varios medios mexicanos insinuaron que Ruggeri se había quedado con dinero en el traspaso de Claudio 'Piojo' López de Lazio al equipo de Coapa.
Volvió a la dirección técnica en 2006, de nuevo en San Lorenzo. Pese a los malos resultados se negó a renunciar. Tras su partida, el equipo salió campeón con Ramón Díaz. El conductor y empresario televisivo Marcelo Tinelli era uno de los sostenes económicos de San Lorenzo y arremetió contra el técnico. "A Ruggeri le corren billetes por las venas", dijo y lo tildó de "cometero" (cobrar coima a los jugadores para pedirlos o ponerlos en el equipo).
Ahora fue motivo de conflicto por su intención de sumarse al cuerpo técnico de la Selección Argentina: Maradona lo quiere pero su presencia es rechazada por Julio Grondona, presidente de la AFA.
Sin embargo, la relación con Maradona tuvo sus roces. La edición de hoy de Clarín recopila algunas frases de Ruggeri:
- "A la presentación del libro de Diego fue sólo un compañero de 1986. Que cada uno saque sus conclusiones" (30/9/2000)
- "Las cosas con él están mal. No me parece bien que haya gente que lo endioso todo el tiempo. Maradona es un pobre tipo" (8/4/2006)

2 comentarios:

Pab dijo...

La palabra es duda y muy utilizada pero sintetiza lo que es ruggeri como entrenador.
A Islas (compañero del 86) lo echaron igual. A Maradona le dio un par de palos más. De Diego dij: “Una vez tuvimos una charla antes del Mundial 94 y luego no sirvió nada. Todo igual. Todo se le debe decir que sí, o te hace la cruz.”
El único vaso medio lleno que dejó Ruggeri entrenador fue cuando hizo debutar a Sergio Agüero.
Saludos...

piterino dijo...

La verdad no se entienden las ganas de algunos de ver a Ruggeri como asistente en la albiceleste. No me gustaba como jugador, y menos aún como DT.

Saludos.