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sábado, 30 de julio de 2011

Sorteo de las eliminatorias para Brasil 2014

Este sábado 30 de julio, la FIFA pone sus pies en Río de Janeiro para sortear los grupos de la eliminatoria de la Copa del Mundo Brasil 2014. Serán 166 las selecciones que conocerán su suerte en una ronda preliminar que ya comenzó el 15 de junio y está programada para terminar el 19 de noviembre de 2013.
Pasaron 78 años del partido Suecia 6 - Estonia 2, disputado en Estocolmo el 11 de junio de 1933. Ese fue el primero de la primera eliminatoria, la que clasificaba para el Mundial Italia 1934. El sueco Knut Kroon abrió el marcador. Desde entonces, se marcaron 16448 goles en 5639 partidos (2,92 por partido de promedio).
Camino a Brasil 2014 intervendrá un total de 203 seleccionados, una cifra récord que supera a los 200 que arrancaron camino a Sudáfrica 2010. De ellas, 48 ya han iniciado el camino en las rondas preliminares (38 de Asia y 10 de la Concacaf). Y ya hay selecciones 28 eliminadas (23 asiáticas y 5 caribeñas).
Solamente cinco asociaciones no se inscribieron para la eliminatoria: Bhután, Brunei-Darussalam, Guam, Mauritania y, lógicamente, Brasil.
Se disputarán 824 para definir a los 31 clasificados que acompañarán al anfitrión. El marca máxima seguirá estando en las eliminatorias 2010, con 853 choques encuentros en los que participaron 5602 jugadores, 310 árbitros y 650 asistentes.

Algunos récords, según datos de FIFA:

El match eliminatorio con más público fue Brasil-Colombia en el Maracaná, camino a Argentina '78. Entraron 162 mil espectadores.

México jugó 141 partidos de eliminatoria, lo que hace del Tri la selección con más experiencia de todas las participantes. En el otro extremo, la República Centroafricana, Comoras, Myanmar y Timor Oriental solo han disputado dos y aún no han ganado ninguno.

Con 35 goles en 51 apariciones el iraní Ali Daei es el máximo goleador de las eliminatorias. Los delanteros más prolíficos de las demás confederaciones son Andriy Shevchenko (Ucrania, 26), Carlos Pavón (Honduras, 25), Hernán Crespo (Argentina, 19), Vaughan Coveny (Nueva Zelanda, 19) y Moumouni Dagano (Burkina Faso, 18).

Luxemburgo, Portugal e Irlanda son únicos países que compitieron en todas las ediciones: 19 consecutivas, siendo la última la de Brasil 2014.

El 31-0 de Australia sobre Samoa Estadounidense en abril de 2001 sigue siendo el resultado más abultado de la historia en un enfrentamiento previo a la Copa del Mundo.

El partido más repetido de la historia de las eliminatorias es México - Estados Unidos, que se enfrentaron 25 veces.

Solamente 2 derrotas en 74 partidos de clasificación sufrió Alemania, el equipo más exitoso en la competición preliminar.

El gol más rápido de la fase previa a la Copa del Mundo lo anotó Davide Gualtieri, de San Marino, a los 9 segundos del encuentro contra Inglaterra, en 1993.

lunes, 18 de julio de 2011

Salón de la Fama del Fútbol Internacional

Al igual que el béisbol, el básquet de la NBA o el football americano, el fútbol tiene su “Hall of fame”. Se trata del Salón de la Fama del Futbol Nacional e Internacional inaugurado en Pachuca, México, el primero del mundo que reconoce eternamente la trayectoria de jugadores, técnicos y dirigentes sobresalientes. El recinto se inspira en el proceso transparente y exitoso del Salón de la Fama de la NFL, el cual destaca que ningún federativo o persona ligada a clubes profesionales puede intervenir en la votación.
¿Cómo se eligen los nombres que ingresan? El proceso de selección se realizará el martes 16 y a través de 50 reconocidos periodistas de todo el mundo y de él surgirán los primeros 30 personajes que merecen ser inducidos. En esta primera elección ingresarán 15 glorias del fútbol azteca así como 15 figuras internacionales que hayan participado en Copas del Mundo. En 2012 serán 20 los “ingresos” en esa misma proporción de 50% - 50% y finalmente, a partir del tercer año se elegirá a un mínimo de 4 y un máximo de 7 personalidades como sucede en la NFL.
En noviembre se realizará la ceremonia de consagración de los elegidos, con la presencia de los galardonados y familiares de aquellos que ya no viven pero han ganado el derecho a ser homenajeados. Un requisito indispensable en el caso de los futbolistas es haberse retirado de las canchas por lo menos 5 años antes de la votación.
El presidente de México, Felipe
Calderón, flanqueado por su par
de Chile, Sebastián Piñera, y
Jesús Martínez, del CF Pachuca.
La mesa directiva del recinto contempla figuras honorarias como Joseph Blatter, (Presidente de la FIFA) en su cargo de Presidente y Justino Compeán (Titular de la Federación Mexicana de Futbol) como “Testigo”. Su director es Antonio Moreno, destacado periodista con gran trayectoria como comentarista de fútbol.
¿Por qué en Pachuca? Además del club, brillantemente comandado por el argentino Andrés Fassi, la ciudad de Pachuca es considerada como “la cuna del fútbol mexicano” pues allí se integraron los primeros equipos, hace más de un siglo.
Vale destacar que el Salón de la Fama es una asociación civil que destina sus ganancias a la beneficencia pública a través del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, organismo público encargado de instrumentar, aplicar y dar dimensión a las políticas públicas en el ámbito de la asistencia social.
Este templo del fútbol internacional tiene la forma de una gigantesca pelota y en su interior puede vivirse un viaje a través del tiempo y de la historia del fútbol, las Copas del Mundo, las grandes figuras, sin dejar de lado al arbitraje y los legendarios cronistas. Uno de los mayores atractivos es el show en la pantalla de 360°.
El cordobés Andrés Fassi, vicepresidente del Pachuca, fue protagonista de la fundación del primer Salón de la Fama del fútbol: "Nosotros estamos haciendo una proyección de que al año recibiremos cerca de 400 mil visitas de personas de todo el mundo, es por eso que hemos venido haciendo énfasis en la importancia que tiene este lugar, no sólo para Hidalgo, si no para México en general".
Para conocer más sobre el Salón de la Fama del Futbol Nacional e Internacional, se puede ingresar a su página web: www.salondelafamadelfutbol.com.

domingo, 17 de julio de 2011

Venezuela: Adiós a la Cenicienta



La 'Vinotinto' es la única selección sudamericana que nunca participó en una Copa Mundial. Bajo la conducción de Richard Páez llegó a escalar 66 posiciones en la Clasificación Mundial FIFA/Coca Cola con un juego atractivo y efectivo. Este año Venezuela organiza, por primera vez, la Copa América y se anima cada vez a más. Hasta soñar con Sudáfrica 2010.

Artículo publicado en FIFA Magazine, en enero de 2007.
Por PABLO ARO GERALDES


"Jugamos como nunca y perdimos como siempre", esa era la resignación que dominaba al aficionado venezolano durante el Siglo XX. La Selección Vinotinto era usada como partenaire de sus rivales sudamericanos para aumentar su diferencia de gol. Cualquier visita a Río de Janeiro, Montevideo o Buenos Aires presagiaba una tragedia. Un panorama muy similar al de Colombia, Bolivia o Ecuador hace treinta años.


En 1990 Colombia se metió en la Copa Mundial de la mano de un fútbol que se transformó en una marca de identidad. Era el juego que los colombianos siempre habían amado, sólo que recién por esos años empezaban a ser fieles a él. Los éxitos no tardaron en llegar. En 1994 Bolivia clasificaba al Mundial de los Estados Unidos con un aliado más importante que los 3600 metros de altura de La Paz: por primera vez el futbolista boliviano sentía que no era menos que sus pares sudamericanos. Y el 2002 fue testigo del debut de Ecuador, históricamente una de las selecciones más débiles de Sudamérica. La receta era similar a las otras: creer en un estilo propio, sentir el fútbol de una manera y mostrarlo en la cancha sin complejos de inferioridad.


Con Venezuela está ocurriendo un proceso similar, ya nadie le falta el respeto. Los casos anteriores tienen nombre y apellido: Francisco Maturana, Xavier Azkargorta y Hernán Gómez. Venezuela no es la excepción, detrás del extraordinario progreso que vivió el equipo nacional en los últimos cinco años hay un artífice: el técnico Richard Páez.


Su nombre asomó cuando en 1999 estuvo a un gol de meter al Estudiantes de Mérida en semifinales de la Copa Libertadores, una zona nunca alcanzada por un equipo venezolano. Más allá de quedar a las puertas de la hazaña, todos coincidieron que estaban ante el mejor equipo de la historia de Venezuela. Por eso, cuando el argentino José Pastoriza dejó la selección en 2001, en medio de la Eliminatoria para Japón/Corea, todos pensaron en él. La selección Vinotinto sólo había sumado 2 puntos en 10 partidos. Páez debutó con un 0-5 ante Argentina, pero se rescató la actitud venezolana. Pese a la abultada caída, jugó sin complejos y buscó atacar, lo que antes era impensado jugando fuera de casa. Nacía algo grande.

El entrenador tomó al equipo en el puesto 115 de la Clasificación Mundial FIFA y llegó a posicionarla en el lugar 49, lo que nadie logró: escalar 66 posiciones.

Antes de su llegada, Venezuela había conseguido 13 puntos en Eliminatorias desde que se inscribió por primera vez para la Copa Mundial Inglaterra 1966; con Páez obtuvo 31. Desde su primer partido en 1938 la Vinotinto acumulaba apenas 28 triunfos en 180 partidos, la mayoría ante débiles selecciones centroamericanas. Pero con el arribo de Páez el panorama cambió en cinco años suma 20 victorias, incluyendo el histórico 3-0 sobre Uruguay en Montevideo.


Pero es imposible explicar un progreso solamente desde la estadística. Detrás de los números hay un cambio de juego, de actitud ante los rivales, de mentalidad. Lo explica el propio Páez: "Cuando comenzamos a trabajar la mejor consigna de autoestima que tenía era: ‘Evitemos las goleadas, perdamos por lo menos posible, tratemos de hacer lo que podamos y si vienen muy fuertes, busquemos pararnos lo mejor posible’. Pronto comenzamos a cambiar ese discurso, uno muy claro, coherente y constante, creyendo en nuestra filosofía. Buscamos jugadores de talento, no jugadores de ‘mi’ confianza. Seguimos por: ‘Vamos a jugar para ganar’, ‘los rivales son buenos, nosotros también’, ‘nuestra estrategia depende de nosotros, no del rival’, ‘ellos tienen potencial, nosotros también tenemos figuras y vamos a jugar’. Hoy puedo decirle al jugador venezolano: ‘Buscamos la perfección, toleramos la excelencia’".


El cuerpo técnico pretendía que la selección desplegara un estilo venezolano, sin complejos. Páez les repetía: "tengan personalidad, sean irreverentes, que no es lo mismo que ser irrespetuosos. Manejen la creatividad con inteligencia. Y jueguen siempre con alegría. No sufran esto como un trabajo, quiero que disfruten con responsabilidad". El volante Miguel Mea Vitali, hoy en el fútbol griego, confesó que "cuando uno está con la selección se transforma". Sus compañeros piensan igual. Este mensaje no solamente contagió a los jugadores, el público también se entusiasmó como nunca. Hoy, el fútbol le pelea de igual a igual al béisbol entre las preferencias de los venezolanos; las tribunas lucen colmadas y coloridas cada vez que juega la selección. Los medios ofrecen cada vez más cobertura.


La liga profesional vive su 50ª temporada y el país se prepara para la Copa América 2007, la primera en suelo venezolano. Será del 26 de junio al 15 de julio en nueve ciudades. El entusiasmo circula por todo el país, ya no solamente en plazas tradicionales como Mérida, San Cristóbal o Maracaibo, cercanas a la frontera con Colombia. El fanatismo crece también en Caracas, la capital, como en Maturín, Puerto Ordaz o Barinas: la selección nacional les enseñó a sentirse ganadores. Hoy los diez entrenadores de la primera división son venezolanos; de a poco se va sumando confianza en el talento nacional.


El crecimiento de la Vinotinto tuvo sus claves: inteligencia para dominar las limitaciones y sacarle el máximo provecho a las virtudes. Adquirió una identidad futbolística, con total convicción de los jugadores y un liderazgo inspirador. Desde la Selección, esto contagió a los clubes y creció el apego de los jóvenes al fútbol.
La Copa América marcará el adiós de Richard Páez a la Selección. ¿Qué vendrá después? "Los ciclos tienen principio y fin, asumo que debo finalizar esta etapa profesional de éxito con la Vinotinto para renovar mi capacidad con experiencias como entrenador en otros niveles", se sincera el DT, que lejos de la soberbia que podría darle su cargo pasó meses compartiendo entrenamientos en clubes como Milan, Real Madrid y Boca Juniors, para seguir aprendiendo. Le gustaría tener oportunidades en ligas extranjeras pero sin dejar de pensar en Venezuela: "me veo en el futuro coordinando los esfuerzos que se deben efectuar en un Proyecto de Reconstrucción Nacional del fútbol venezolano. Es mucho lo que hay por hacer".


En los últimos años, Venezuela aprendió a ganar en la cancha. Llega el momento de crecer también fuera del campo.
"Ahora le corresponde a nuestros dirigentes cumplir con un proyecto de consolidación estructural desde las bases de nuestro fútbol menor hasta el profesional", dice Páez, y agrega: "un proyecto coherente, actualizado, sin pausas ni vacíos, para afianzar con el tiempo nuestro proceso".

Los resultados podrán acompañar en mayor o menor medida, pero la identidad adquirida no se revertirá. Venezuela demostró que ya no es más la Cenicienta de Sudamérica. Se anima a desafíos mayores, como organizar la Copa América; cierra los ojos y se atreve a soñar... El sueño se llama Sudáfrica.



Arango, el embajador
Hay tres cosas que todos los turistas que visitan Maracay se llevan en sus maletas: una caja de chocolates de Chuao, una medalla de la Madre María y una camiseta venezolana con el número 18 y el nombre de Arango.


En la bella ciudad jardín nació Juan Arango, el volante que brilla en el Mallorca de España, el futbolista con el que los jóvenes se identifican. La pasión que despertó superó incluso a la de los Tigres de Aragua, el equipo local de béisbol, campeón en 2004 y 2005. En octubre se desarrolló en Caracas la Feria Internacional de Turismo y él fue la imagen del evento, algo antes inimaginable en un país exportador de Reinas de belleza y beisbolistas de Grandes Ligas.
Arango quiere promocionar la Copa América también desde el lado turístico y toda la infraestructura que el país prepara para recibir a miles de visitantes. Tiene claro que en lo deportivo, la Copa será una oportunidad inigualable: "Es la única manera de que el fútbol venezolano pueda levantar de una vez por todas. En los últimos años hemos logrado cosas importantes, pero ya es hora de ganar algo grande y eso es lo que estamos esperando".


Los éxitos de la Vinotinto cambiaron la tendencia. La liga venezolana ya no incorpora tantos extranjeros de bajo nivel como en el pasado, ahora exporta talentos nacionales. Desde hombres como José Manuel Rey o César González en el competitivo fútbol colombiano, hasta torneos de primer nivel mundial como el de Italia (Gabriel Cichero en Lecce, Paul Ramírez en Ascoli y Massimo Margiotta en Piacenza).


El planisferio se amplió para los venezolanos, que hoy juegan en tierras muy distantes: el defensor Alejandro Cichero en el Litex Lovech búlgaro, el volante Jesús Gómez en el Raja Casablanca marroquí o el delantero Alejandro Moreno en el Houston Dynamo de la MLS estadounidense. Desde Fernando De Ornelas, Odd Grenland Skien noruego hasta José Torrealba en el Mamelodi Sundowns sudafricano, pasando por Luis Seijas en el Banfield argentino o Ricardo Páez en el Giannina griego.
La Selección Venezolana de a poco se va transformando en una legión extranjera, y Arango es su embajador.

lunes, 30 de agosto de 2010

Los 100 años de Francisco Varallo

A los 100 años falleció hoy Francisco Varallo. Este es la última entrevista que brindó, con motivo de su centenario, a la revista FIFA World.
>El fútbol internacional ha cambiado enormemente desde que Uruguay albergó la primera Copa Mundial de la FIFA en 1930. En una entrevista exclusiva con FIFA World, Francisco Varallo, el último sobreviviente de la final entre Uruguay y Argentina de aquel año, opina sobre las últimas ocho décadas de fútbol internacional y la tremenda transformación del deporte en general.

Por PABLO ARO GERALDES
Entrevista publicada en la revista FIFA World, en marzo de 2010.


El comienzo de la historia de la Copa Mundial de la FIFA tiene un testigo privilegiado. ¿Testigo? Mucho más que eso: el argentino Francisco Varallo acaba de cumplir 100 años y es el único sobreviviente de la final disputada en Montevideo, en 1930. Con 20 años jugó aquel partido histórico en el estadio Centenario, en el que su país cayó 4-2 ante los anfitriones uruguayos.
Luego del Mundial, Varallo inició ocho años de gloria con Boca Juniors, donde fue hasta 2008 el máximo goleador histórico, con 181 tantos en 210 partidos.
Los abuelos todavía hablan de su poderoso remate, de su olfato de gol, de su gran temperamento... FIFA World dialogó con él su casa de La Plata, a 60 kilómetros de Buenos Aires, sobre el fútbol que vivió y los cambios que presenció a lo largo de un siglo.

FIFA World: ¿Qué recuerdos guarda de la primera Copa Mundial?
Francisco Varallo: Fue un sueño. Argentina tenía un equipo fantástico y yo solamente había jugado un partido con la Selección, dos meses antes del Mundial. Yo era un chico y miraba deslumbrado a jugadores como Luis Monti, Manuel Ferreira, Guillermo Stábile... En esa época los entrenadores apenas hablaban, los once que entraban a la cancha los decidían los jugadores de mayor experiencia. El día del debut ante Francia le pregunté al capitán Ferreira cómo tenía que jugar y él me respondió: “juegue como usted sabe, haga lo que quiera”. Y las cosas me salieron bien.

Varallo, frente a México en la
Copa del Mundo 1930.
Argentina estuvo a 45 minutos de ser el primer campeón...
En el partido con Chile me lesionaron una rodilla y no jugué la semifinal con Estados Unidos, porque me guardaron para la final. Yo estaba dolorido y no tendría que haber jugado la final, pero uno, en el afán de dar todo por la camiseta... En el segundo tiempo pateé con alma y vida y me resentí la rodilla. Quedamos con diez hombres, y al rato se lastimó otro y otro... No había cambios: quedamos con ocho. Pero nos ganaron bien, qué va a hacer... Ocho contra once era imposible; ahí fue cuando en el segundo tiempo nos ganaron los uruguayos. Nos ganaron bien.

En 80 años muchos aspectos del fútbol evolucionaron. ¿Cómo eran, por ejemplo, el entrenamiento y la alimentación?
En los años ’30 se entrenaba tres veces por semana o menos. Pero yo me entrenaba solo, por mi cuenta, porque era muy constante. Cuando estaba en La Plata me iba a correr a un parque, y en Buenos Aires me dejaban practicar en la cancha de Boca, solo. Hasta hace pocos años seguí entrenándome, siempre estuve en movimiento y lo hice con gusto.
En cuanto a la comida, no había nutricionistas ni nada parecido. Stábile nos recomendaba que no comiéramos sandwichs de salame; esa era la única premisa. Yo siempre comí muy bien, de todo. Llevé una dieta típicamente argentina: mucha carne. Y antes de jugar yo pedía doble ración. Roberto Cherro me preguntaba: “Panchito, ¿por qué vos comés más que el resto?”. “Si no, no hago goles”, le explicaba yo. La comida era energética y sana; nada de alcohol ni de tabaco. No había gaseosas ni se comía tanta pasta, como ahora. Fue una buena alimentación, porque hoy tengo la dentadura intacta. Habrá un componente genético, pero nunca estuve gordo y mantuve mi musculatura.
Durante mi carrera jamás tuve un chequeo médico. Los avances en ese aspecto son fantásticos. Después de la lesión que sufrí en el Mundial de Uruguay nunca volví a recuperarme del todo. Ahora se reponen de una operación enseguida, es extraordinario: ¡Salen caminando del quirófano!

¿Cómo era la vida de un futbolista?
Me crié en una casa de clase media, en la que vivía con mis padres y mis tres hermanos. Nunca pasamos hambre, todos pudimos estudiar.
No existían las vacaciones. En esa época se iba al campo o a Buenos Aires, que era todo un paseo, con sus teatros, sus galerías. En los años ‘30 empecé a ir a Mar del Plata, cuando había que transitar un camino de tierra de 400 kilómetros. Y allí nadaba, me encantaba el mar.
Ser jugador de Boca me dio la posibilidad de comprarme un auto. Y me gustaba la velocidad: conduje autos hasta pasados mis 80 años y nunca gasté los frenos, je je... Llegaba a Mar del Plata en 4 horas. Claro, el parque automotor no era la locura de hoy.

¿Qué países visitó?
Los lugares del mundo que conocí fueron gracias al fútbol. En New York vi la nieve por primera vez. Fue durante una gira que se dividió en dos: un grupo iba a Europa y el otro, donde estaba yo, a Estados Unidos, México y Cuba. Antes no se viajaba tanto: a Europa la conocí recién en 1998, cuando la FIFA me invitó a Bordighera, cerca de Mónaco, antes de la Copa Mundial en Francia. Un lugar hermoso, me metí en el mar, pero no era tan lindo como Mar del Plata... ¡tenía piedras!

¿Qué papel ocupaba el futbolista en la sociedad?
Toda su potencia goleadora
para Boca Juniors.
Antes no era tan importante ser jugador de fútbol. No éramos estrellas. Mi papá nunca quiso que yo fuese futbolista, cuando yo me iba a jugar con mis amigos él me a buscaba y me sacaba de la cancha. Pero un tío fue mi cómplice y me ayudó a ir al club 12 de Octubre. Cuando me empezaron a pagar, ya en mi familia tomaron al fútbol de otra manera...
Boca Juniors es el club más popular de Argentina y jugar allí me permitió entablar una amistad con Carlos Gardel, la máxima voz del tango. Íbamos a caminar juntos por Corrientes, la avenida símbolo de Buenos Aires. Éramos conocidos los jugadores, pero era una popularidad más sana. Yo podía ir al teatro, y hasta tuve una novia actriz, pero nunca el periodismo se metió en mi vida privada. Cuando terminé mi carrera y volví a La Plata retomé el ritmo de vida habitual, de familia.

¿Cómo fue lo que siguió?
Después del retiro jugué con los veteranos de Boca mientras estudiaba para ser entrenador. Fui director técnico de Gimnasia y Esgrima entre 1957 y 1959 y lo salvé del descenso. Después, la familia me recomendó que me alejara. Por el lado del cariño y del amor me convencieron, pero siempre mi vida estuvo vinculada al fútbol, es el tema de conversación de cada uno de mis días.
En una época fui preparador físico y entrenador de niños, pero después me puse una agencia de lotería, que hoy maneja mi hija Teresa. Yo estaba allí, en mi barrio platense de toda la vida, y tenía contacto con la gente, con los futboleros, todo el tiempo. Trabajando se vivía bien, el esfuerzo rendía sus frutos, pero siempre tuve que trabajar. Nada que ver con los grandes futbolistas de hoy, que ganan mucho dinero rápidamente. En una época me habían ofrecido vivir en Buenos Aires, poner un restaurante en La Boca, aprovechar mi imagen y el nombre que me dio el fútbol, pero nunca me importó demasiado el dinero. Cuando era muy joven, me prometieron mucha plata para ir a jugar a Italia, pero preferí quedarme junto a mi madre. Después hice lo mismo con mi familia, algo que disfruté toda la vida.


¿Sigue viendo fútbol?
Sí, me gustan los jugadores que disparan al arco, como Batistuta. Yo les digo a todos: tiren, cuando se dan media vuelta, si patean con alma y vida ¡salen goles bárbaros! Hoy yo sería un Batistuta, tenía la misma forma de encarar y convertir. Él es un muchacho admirable. Cuando lo conocí le pedí sacarnos una foto y él me respondió: “Yo soy el orgulloso de tomarme una foto con usted”.

Todas las imágenes y objetos que se ven en la casa de Varallo son nuevos. No hay un solo recuerdo del fútbol. Su hija explica: “Papá es tremendamente generoso, regaló todo. Venía un periodista y le obsequiaba sus fotos, venía un amigo y le ofrendaba su camiseta... No guardó nada. Cuando lo convocaron del museo de Boca Juniors no tuvo nada para ofrecerles”.

Panchito, como todos lo llaman con cariño, es un referente del fútbol. “En La Plata me conocen todos, me saludan los abuelos, los jóvenes, hasta los niños... Me nombraron Ciudadano Ilustre: ahora, de viejo, me hacen más homenajes que antes, parece que sigo siendo importante”, se sorprende.

El fútbol le hizo conocer muchas celebridades, tener muchos amigos...Una de las personas que pude tratar por ser conocido fue a Juan Manuel Fangio, el piloto cinco veces campeón de Fórmula Uno. Y una de mis grandes alegrías fue cuando la FIFA cumplió 100 años: viajé con mi hija y nos trataron como reyes. Me reencontré con Di Stéfano, conocí a los presidentes de los clubes más importantes, estuve con Blatter, con Pelé, con Platini, con Butragueño... Todas personas encantadoras que me trataron con mucho cariño. Y presenciar aquel partido Francia-Brasil es otro recuerdo imborrable.

Su lucidez es elogiable. ¿Es consciente de cuán importante es en la historia de la Copa Mundial de la FIFA?
Me parece increíble que los jóvenes me conozcan. En Francia se me acercaban alemanes, polacos, ingleses, suizos... todos querían saludarme, con mucha pasión y respeto. Hoy siguen mandándome cartas a mi casa. Y algunos hasta mandan regalos. Son gestos inolvidables que me llenan de felicidad. ¡Y todo gracias al fútbol!

jueves, 18 de junio de 2009

Ushuaia: fútbol en el fin del mundo

Ushuaia es la ciudad más austral del mundo. Nunca tuvo un futbolista famoso, ninguno de sus clubes compitió jamás en la máxima categoría, pero esta ciudad argentina tiene una grandísima pasión por el fútbol.

Artículo publicado en FIFA Magazine, en julio de 2007
Por PABLO ARO GERALDES


A 3.040 kilómetros al sur de Buenos Aires, la capital argentina, se encuentra Ushuaia, la ciudad más austral del planeta. A menos de mil kilómetros de la Antártida, es fácil imaginar la crudeza del invierno y el valor de los hombres y mujeres que conforman la creciente población de 70 mil habitantes.
Lo que es difícil de imaginar es que a orillas del Canal de Beagle, con temperaturas que llegan a los –20ºC, se pueda jugar al fútbol. La respuesta es sí, se puede. Se puede y se disfruta, se vive con la misma pasión que en el resto de la Argentina. Durante el verano del hemisferio sur, en la ciudad amanece antes de las 4.00 y el Sol recién se despide pasadas las 23.00. Con esta gran cantidad de luz y un termómetro que llega a marcar 18ºC, un partido de fútbol es la excusa obligada para compartir momentos con amigos.
Todos quieren jugar, pero hay un problema: en Ushuaia hay varias canchas de futsal (de dimensiones oficiales o no) que se alquilan por hora, pero encontrar un turno libre es casi imposible, siempre hay partidos. Las que están a la intemperie ven rodar el balón desde el amanecer hasta el crepúsculo, las que están bajo techo tienen una actividad casi permanente. “Hace unos meses se hizo un registro y hay más de 350 equipos”, explica Jorge Garramuño, intendente de la ciudad. Y detalla: “Si lo multiplicamos por 11 y le sumamos a los veteranos, las mujeres y los niños de edad escolar que lo practican semana a semana, llegamos a la conclusión que el 10% de la población de Ushuaia juega al fútbol”.
La Federación Ushuaiense de Fútbol está por afiliar su liga a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y la participación en diferentes niveles del balompié nacional incrementaría aún más el entusiasmo de los pobladores. Durante el verano, las calles de la ciudad son un crisol cosmopolita: los cruceros que cruzan el Cabo de Hornos traen a miles de visitantes de las más variadas geografías: Japón, Alemania, Estados Unidos, Australia, Francia, Israel... todos se entremezclan en una población de apellidos balcánicos, vascos, alemanes e italianos. Además de las canchas, los bares son testigos del calor que enciende la pelota: los sábados los visitantes ingleses pueden seguir la Premier League en alguno de los tradicionales pubs. Los miércoles, las pantallas se rodean de fanáticos que comentan la UEFA Champions League con el mismo conocimiento que en cualquier lugar de Europa. Y si el calendario indica que ese domingo chocan Boca Juniors y River Plate, Ushuaia se paraliza para mirar el gran derby argentino.

NO SE SUSPENDE
El poco césped que crece en el extremo meridional de América dura muy poco. Las canchas son prácticamente un rectángulo de tierra, piedras y barro... menos una. El estadio del Polideportivo Municipal ostenta desde el año pasado un verde inigualable. “Las piedras, nunca más. Desde que se hizo el césped sintético, la cancha está ocupada al 100%”, comenta el intendente Garramuño, también apasionado por el fútbol. Orgulloso del escenario más austral del mundo, el alcalde se entusiasma en graficar la situación: “La gente que no es de aquí podría creer que la cancha se usa solamente cuando las condiciones climáticas ‘lo permiten’. Pero no es así, si fuese por el clima, nunca se podría jugar: la pasión de los ushuaienses por el fútbol desafía el viento, la lluvia y la nieve”.

Con el imponente marco de las últimas elevaciones de la Cordillera de los Andes, el estadio puede albergar a tres mil aficionados. Pero con o sin público en la tribuna, siempre rueda una pelota, gracias a la carpeta artificial. Antes de la remodelación, la municipalidad investigó todas las alternativas de sembrar hierba: “Trajimos al canchero de Boca, quien mantiene uno de los mejores céspedes del país. Hizo todos los cálculos de semillas, riego, drenajes... y llegó a la conclusión de que la cancha se podría utilizar para tres partidos a la semana”, reconoce el intendente. Las ventajas del césped artificial son evidentes y todos las agradecen. “Las áreas cercanas a los arcos son las de mayor desgaste. El día que necesitemos remplazarlas, se corta el rectángulo dañado y se sustituye por uno nuevo en unas horas”, anticipa Garramuño. El fútbol no se para.

DÍAS INOLVIDABLES
Por diferentes motivos, la joven cancha ya vivió dos días de onda emoción. El primero fue el de su inauguración: la Selección Argentina Sub 20, actual campeona del mundo, estrenó el césped enfrentando al Seleccionado de la liga local. El entrenador Francisco Ferraro elogió el campo de juego y se animó a compararlo al utilizado en Finlandia en ocasión de la Copa Mundial Sub 17 de la FIFA. Con la única tribuna colmada, Argentina venció 3-0, con varios de los jugadores que julio estarán en el Mundial de Canadá.

La segunda tarde inolvidable fue la del pasado 2 de abril, cuando se cumplieron 25 años de la recuperación de las Islas Malvinas por la fuerzas armadas argentinas, lo que dio origen a una corta pero dolorosa guerra. Ushuaia es la capital de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Entre estas últimas se encuentran las Malvinas, en poder de Gran Bretaña y cuya soberanía es reclamada por Argentina. En el marco de las conmemoraciones, se realizó la ‘Bienal de Arte del fin del mundo’ que incluyó una performance muy especial: un partido de fútbol ideado por el artista Jorge Orta en el que se enfrentaron un equipo con la camiseta argentina en el pecho y la inglesa en la espalda, y otro invertido. Se pasaban indistintamente el balón y todos, los 22, celebraban los goles marcados en cualquiera de los arcos. Lejos de las polémicas, otra vez el fútbol fue un punto de encuentro.
Para alegría de los habitantes de Tierra del Fuego, el estadio crecerá. “En los próximos meses incorporaremos la iluminación”, detalla el intendente de Ushuaia. La luz será vital para el invierno, cuando amanece a las 9.30 y el Sol se oculta a las 15.00. El uso será full time en las heladas noches. Además se empezará a construir una nueva tribuna. Esto entusiasma sobremanera a quienes juegan en el estadio más austral del planeta. No solamente porque ampliará la capacidad y más espectadores podrán seguir los partidos, sino que será una nueva barrera contra los vientos antárticos que soplan desde el Cabo de Hornos, el pasaje inmortalizado por Julio Verne en “El faro del fin del mundo” y tantas otras novelas e historias.

ESPERANDO A DIEGO
Con un uso súper intensivo de su única cancha de césped sintético, la municipalidad ya estudia la construcción de una segunda. Carlos Bilardo, entrenador campeón mundial con Argentina en 1986, tiene un proyecto para instalar una de sus escuelas de fútbol en Ushuaia. En la jefatura comunal, la mayoría está a favor de cederle un terreno.
“Aquí no se beneficia solamente la liga o un puñado de equipos, la cancha es utilizada por toda la comunidad”, puntualiza Garramuño. La fiebre del fútbol mantiene caliente el aire de Ushuaia, aún cuando en los últimos días del verano la columna de mercurio no llegue ni siquiera a 0ºC. Juegan los más chicos, los veteranos, los torneos vecinales, sindicales... todos.
Mientras Diego Maradona sigue internado en una clínica de Buenos Aires, ‘Cocol’ Gómez Espinosa, el referente del deporte en la ciudad, recorre sin cansancio los tres días de automóvil que separan a Ushuaia de la capital. Va y viene, en busca de apoyo para su proyecto: hacer de la ciudad más austral de la Tierra, la primera que le levante una estatua al ex futbolista argentino. “Ya está la ordenanza municipal que reserva el lugar, frente al puerto, para poner el monumento. El boulevard llevará el nombre de Diego”, sueña ‘Cocol’ mientras enseña la maqueta en escala. Espera que Maradona se recupere pronto, para invitarlo a Ushuaia, donde nunca estuvo, y pueda cortar las cintas de inauguración. Mientras, turistas y lugareños quieren sacarse una foto con la pequeña estatuilla, su atractivo es incontenible.
Ushuaia nunca tuvo un futbolista famoso. Ninguno de sus clubes compitió jamás en el alto nivel. A la vista de la pasión de su gente, está claro que el amor por el fútbol llega hasta el fin del mundo.



Situada en la isla de Tierra del Fuego, a 54º 46’ latitud sur, Ushuaia es la ciudad más austral del mundo. Su nombre derivado de la lengua Yamana y significa “bahía que penetra hacia el poniente”.
Su privilegiada ubicación geográfica la convirtió en la puerta de entrada natural a la Antártida. Desde sus orillas se puede navegar hasta el Océano Atlántico, hasta el Océano Pacífico y hacia el mítico Cabo de Hornos, sepultura de cientos de barcos que desafiaron sus gigantescas olas. Antes de que se abriese el Canal de Panamá, ese era el paso obligado entre los dos océanos.
Tierra del Fuego, y en especial Ushuaia, siempre estuvieron relacionadas a las exploraciones antárticas. Tanto como puerto de recala para obtener suministros de carbón y alimentos frescos, como desde 1902, por el apoyo científico y a la navegación que brindaba el Observatorio Magnético y Faro del Fin del Mundo: la última luz que los navegantes veían en el mar austral antes de sumergirse en la oscuridad de las largas noches antárticas.
Ubicada a orillas del Canal Beagle, con la cadena montañosa Martial a sus espaldas, 
Ushuaia es verdaderamente pintoresca, rodeada de una naturaleza completamente virgen y paisajes imponentes a apenas unos minutos del pequeño pero creciente centro urbano. Con 70 mil habitantes es hoy un polo de atracción para el turismo internacional, especialmente entre diciembre y febrero, cuando recalan en su puerto decenas de cruceros internacionales. Igualmente, las temperaturas bajo cero del invierno no espantan a los visitantes que recorren su bello entorno, especialmente el Parque Nacional Tierra del Fuego, y practican el ascenso al Glaciar Martial o la navegación por el Beagle.

sábado, 3 de febrero de 2007

Andorra - El milagro contra Macedonia

Artículo publicado en la revista FIFA MAGAZINE en febrero de 2005.
POR PABLO ARO GERALDES

Los paisajes de Andorra invitan al relax. Enclavado en el corazón del Pirineo, entre Francia y España, este pequeño principado de apenas 468 km2 tiene su principal fuente de ingresos en el turismo, que llega atraído por la belleza descomunal de sus paisajes y por las tiendas libres de impuestos. Su geografía montañosa la convierte en una meca de esquiadores y amantes de la nieve, pero en los valles verdes también rueda una pelota de fútbol.

Este deporte no es una novedad en el principado, ya se lo practicaba por los años 20 del siglo pasado. Pero fue la masiva inmigración española, sobre todo durante la Guerra Civil (1936-1939) la que posibilitó su crecimiento. En 1942 se formó el FC Andorra, la primera institución, que se inscribió en la Federación Española de Fútbol y comenzó a competir a nivel regional en Cataluña.
Pero más allá de este club insignia, surgió entre los andorranos el deseo de competir puertas adentro, y en los 70 empezaron a surgir nuevos clubes y crearon una liga.

Se jugaba los fines de semana de manera plenamente amateur, bajo una asociación sin sede, sin estructura, ni afiliación a ninguna institución. “Sólo se contaba con un presupuesto mínimo, como para poder pagarle a un árbitro”, cuenta Miquel Angel Quiñónez, hoy vicepresidente de la Federació Andorrana de Fútbol.

Pero en 1994 el parlamento andorrano aprobó la nueva Constitución y empezó a formar parte de las Naciones Unidas. Fue entonces cuando unos aventureros amantes del fútbol pensaron que si estaban en un país independiente, podrían participar de la misma manera en las competiciones internacionales. Enseguida fundaron la Federación Andorrana de Fútbol y dos años más tarde se afiliaron a la FIFA.

La emoción se mezclaba con la incertidumbre, como lo explica Quiñónez: “Hubo el temor de ver ‘¿dónde nos estamos metiendo?’ La verdad es que daba miedo imaginarse saliendo por el túnel para enfrentar a gigantes como Francia, Holanda o España, pero era tan grande el entusiasmo de soñar con jugar por una Copa del Mundo o una Eurocopa, que se cubría cualquier temor”.

A jugar...
Estos miedos iniciales tienen su fundamento: en un país de solamente 66.500 habitantes, de los cuales nada más que 22.000 tienen nacionalidad andorrana, las posibilidades de armar una selección competitiva son realmente muy pequeñas.


Igual, con coraje y mucho amor por el fútbol, los valientes del principado se largaron a la aventura y empezaron a escribir la historia en primera persona. El primer partido llegó el 13 de noviembre de 1996, contra Estonia y fue transmitido por el canal de televisión de Cataluña. Aunque fue una derrota 1-6, el gol fundacional de Agusti Pol fue la semilla de un árbol que tardó una década en dar su primer fruto, pero que, aunque pequeño, crece derecho.


En el verano del 98, Brasil se preparaba para defender su corona en el Mundial de Francia. Con Bebeto, Dunga, Ronaldo, Rivaldo los campeones del mundo eligieron a Andorra para un amistoso. Y los tricolores aceptaron con gusto. “La gente aquí decía: ‘pero os habéis vuelto locos, ¿cómo se os ocurre?’”, recuerda Quiñónez. Es que la desproporción de fuerzas era abismal y había pánico a una goleada humillante. Fue ‘sólo’ 0-3 y el periodismo de todo el planeta que estaba allí destacó el digno papel de los muchachos pirenaicos.


En septiembre de ese año llegó el primer compromiso oficial: camino a la Euro 2000 visitaron a Armenia en Erevan. Se volvieron con un 1-3 en contra, pero Jesús Lucendo anotó, de penal, el primer tanto oficial de la Selección Andorrana. Las emociones iban in crescendo. Recibieron a Ucrania en casa y cuatro días después los esperaba otro desafío descomunal; otra hermosa locura: Francia y los 80.000 espectadores colmando Saint Denis. En menos de cinco meses chocaban con otro campeón mundial. Al cabo de los primeros 45 minutos la multitud se pellizcaba en las gradas y los jugadores andorranos en los vestuarios. El 0-0 era imposible de entender. Los franceses se esforzaron y finalmente ganaron 2-0, pero para todo los andorranos fue una experiencia inolvidable. En la revancha jugada en Barcelona, la caída fue por 1-0.


Pasaron los meses y llegó el 26 de abril del 2000, día inolvidable por ser la primera victoria de la historia. Lucendo y Sánchez marcaron para el 2-0 sobre Belarús en Andorra la Vella. Después todo volvió a la ‘normalidad’. Las derrotas de sucedieron, pero aún en los momentos que la estadística registra como negativos, hay instantes que quedan en la memoria y el corazón de sus sufridos seguidores. Como en la eliminatoria para Corea/Japón 2002, en Dublín, cuando Ildefons Lima puso, de cabeza, el 0-1 a favor de Andorra. El Lansdowne Road se quedó tan mudo como repleto. La alegría y la sorpresa duraron unos pocos minutos, los verdes se impusieron 3-1, pero los andorranos demostraron (sobre todo a sí mismos) que podían meter miedo.


Si comparamos nuestros partidos con el cielo y el infierno –explica Quiñónez–, tocamos las nubes la noche que enfrentamos a Francia en Saint Denis, el día de Irlanda, o cuando caímos ante Francia 0-1 en Barcelona de penalti, con el partido en el que ellos clasificaron para la Euro 2000 y finalmente fueron campeones. Y el infierno, donde vimos lo que somos, el 1-7 ante Portugal ó 0-5 ante Holanda”.


Un análisis superficial podría sugerir que los andorranos son masoquistas que disfrutan las derrotas, pero no es así. Año a año van evolucionando en todos los terrenos del fútbol, aprendiendo, acumulando experiencia. No se puede dejar de lado que muchos de los jugadores son completamente aficionados y tienen su trabajo lejos del balón: en un banco, en el gobierno, en el comercio. “Pero no por el hecho de ser amateur, se sienten menos. Cada andorrano que se pone la camiseta de la selección siente lo que Zidane con la de Francia o Ronaldo con la de Brasil. Dentro del amateurismo, pedimos que se nos trate con respeto”, destaca Quiñones.


David Rodrigo, el entrenador de la selección, interpreta esa sensación: “cuando nuestros muchachos acostumbran a jugar en la liga local o en la tercera división española, y el siguiente rival se llama Brasil o Francia, sus fuerzas se multiplican. Nunca tengo que trabajar el aspecto anímico, porque ya vienen motivados. Sólo me concentro en lo táctico y lo físico”.

Y llegó el día tan esperado

Desde el primer encuentro oficial en Armenia, la selección del principado sumaba 31 partidos sin conocer siquiera el sabor de un empate.

El 2004 llegó con la celebración del décimo aniversario de la FAF y el comienzo de la eliminatoria hacia la Copa del Mundo en Alemania. Dos partidos, dos derrotas, ante Finlandia y Rumania. Sabiendo que llegar al mundial es casi una quimera, los andorranos afrontan cada partido como único, como la oportunidad de seguir sembrando sus semillas en un campo pequeño pero fértil.

El 13 de octubre último el estadio Comunal de Andorra la Vella estalló de alegría y abrazos contenidos durante diez años: en el minuto 60 el lateral izquiero Marc Bernaus dominó el balón tras un saque de costado y batió al arquero macedonio Jane Nikoloski. Cuando el arbitro sanmarinés Stefano Podeschi pitó el final Andorra escribió su nombre en la historia. Las lágrimas de felicidad dieron cuenta del emotivo momento. Justo Ruiz, el capitán, se rompió la nariz durante el partido, pero aguantó el dolor y recién se marchó al hospital luego de abrazarse eternamente con sus compañeros.
Bernaus juega en el Elche de la Segunda División española, y no había hecho un gol desde la temporada 1998/99, cuando formaba parte del Barcelona B.

Pero la emoción incontenible del héroe Bernaus tiene una historia de amor detrás. Nació en Andorra la Vella pero como formaba parte de la cantera barcelonista y se destacaba, fue convocado a la selección española sub 18 primero y sub 20 más tarde. En 1994, tras la constitución andorrana, eligió representar al modesto fútbol de su país.
El futuro
Tras la victoria sobre Macedonia vino una lógica derrota ante Holanda. Pero la clasificación sigue mostrando un dato novedoso para Andorra: por primera vez en su corta historia no figuran en la última posición. Cada partido es un objetivo para subir un pequeño escalón. El vicepresidente de la FAF apuesta al futuro: “No sabemos cuál es nuestro techo. Somos limitados: tenemos cinco o seis campos de fútbol en todo el país, pero así y todo tenemos una escuela con mil niños donde aprenden no solamente la técnica del fútbol sino los valores humanos, la ética deportiva. El futuro está en ellos y la base la cuidamos muchísimo”. Por eso, los jugadores que integran la selección, además de ponerse la camiseta andorrana, se dedican a enseñar a los más chiquitos.


-Además de la referencia inevitable de Francia y España, ¿siguen la evolución de otros países pequeños?
-Hay un caso en el que trabajamos mucho: Islandia. Tiene una población de 250 mil habitantes y está 90ª del ranking de la FIFA y faltando dos jornadas en la eliminatoria para el 2002 todavía tenía posibilidades. Es un país que ha exportado jugadores, como Gudjonsson, en España, o el portero Arason, en el Rosenborg noruego, en la Champios League.


-¿Qué apoyos reciben?
-Tenemos jugadores y no dónde jugar. Una de las personas que más nos apoya es Angel María Villar, presidente de la Federación Española. Francesc Vila, nuestro fallecido presidente, se trasladó a Madrid y Villar le brindó los conocimientos para poder montar una federación, y qué procedimientos había que seguir para inscribirse en UEFA y FIFA. Es una persona que nos ha ayudado muchísimo y con gran cariño, algo que es recíproco. Siempre ha asesorado a los países pequeños, además de su trabajo para España, contribuye y fomenta el fútbol en todo el mundo. Con Francia lo mismo: tanto Claude Simonet como Michel Platini nos miraron siempre con buenos ojos y nos apoyan.


-Más allá del nivel federativo, ¿hay facilidades para que jugadores andorranos prueben suerte en el exterior?

-Muchos están jugando en España, incluso Marc Bernaus ascendió a Primera División con el Getafe, y luego pasó al Elche. Ildefons Lima en Segunda con Las Palmas, en el Pachuca mexicano, en el Ionikos griego con su hermano Toni, quien llegó a Primera en el Espanyol de Barcelona, en el Madeira de Portugal...

-¿Y la proyección a nivel juveniles?
-Hemos conseguido que jóvenes andorranos vayan a clubes españoles. Hay jugadores que están progresando muchísimo, en Lleida, o en Barcelona. Pero el camino a recorrer aún es muy largo. Pero el día del último amistoso ante España, en Getafe, debutaron chicos de 20 años...


El año pasado, en el trascurso de una semana, este grupo entusiasta visitó a Francia y España, dos países de la cumbre del ranking FIFA. El resultado fue idéntico y simbólico: 0-4. Representó la lógica diferencia futbolística, pero también esa voluntad de no recluirse entre los Pirineos, de enfrentar a los grandes para aprender. Para crecer. Para seguir adelante con esa hermosa locura.