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sábado, 8 de febrero de 2020

Una leyenda viviente: el Trinche Carlovich

Del Che Guevara a Fontanarrosa. De Menotti a Bielsa. De Martino a Messi. Uno evoca semejante listado de un talento tan brillante como único y no puede por más que preguntarse: ¿qué tendrá Rosario?
El primer punto del dossier de Panenka: el romanticismo contagioso de un mito en la sombra como el Trinche Carlovich.


Artículo publicado en la revista Panenka, en diciembre de 2011.

-Vos sos muy pibe, no lo viste jugar. No tenés idea, el Trinche era un mostro, otra que Maradona...
-¿Un monstruo? ¿Mejor que Diego?
-Sí, la pelota hacía lo que él quería. El que no vio jugar a Carlovich no sabe lo que es el fulbo...

Diálogos como estos se entablan por toda Rosario. Quien no es de la ciudad llega y se da cuenta que por más kilómetros recorridos que tenga en el mundo del fútbol, transitó un camino incompleto. Por más conocedor de este deporte que se crea, se dará cuenta que le falta una pieza en el rompecabezas, que no se las sabe todas, que hay algo que se le escapa. Un eslabón perdido. Encima el tipo en cuestión no se llama José Fernández o Juan Pérez, como para pasar inadvertido. No, se llama Carlovich, Tomás Felipe Carlovich.

Los archivos periodísticos no dicen mucho: volante central, 1,83 de estatura, zurdo, jugó apenas tres partidos oficiales en Primera División... Nada importante. Sí mencionan que jugó una década en Central Córdoba, y que en 1973 fue campeón de la C y ascendió a la B. No mucho más.

Para llegar a Carlovich hay que desandar las calles de Rosario y tomar el rumbo del barrio Belgrano, en el oeste de la ciudad. Es su territorio, no hay persona que no sepa quién es el Trinche. O en La Tablada, en el sur, donde está enclavado el estadio Gabino Sosa, humilde reducto de Central Córdoba, testigo de sus hazañas.

De las grandes ciudades argentinas, Rosario tiene una particularidad: la mayor parte de la población no desciende de españoles, como en el resto del país, como en el resto de Hispanoamérica. A fines del siglo XIX los italianos eran mayoría. El puerto de Rosario era el punto de salida de los productos que daba el suelo de toda la llamada “Pampa Gringa”, ese territorio conformado en parte por el sur de la provincia de Santa Fe donde la inmigración polaca, rusa, francesa, judía, alemana, británica, griega, siria empataba en número a los vascos, gallegos y andaluces que se aventuraban del otro lado del océano. Entre estos miles de inmigrantes europeos que conformaron esta identidad variopinta estaba don Mario Carlovich, un yugoslavo que se ganó la vida instalando tuberías y caños por toda la ciudad.

“¿Caños? Si no viste a Carlovich no sabés lo que es el caño de ida y vuelta. El Trinche tiraba un caño y cuando el rival se daba vuelta, le tiraba otro, de atrás”, dispara un abuelo mientras pasea a su nieto por Parque Irigoyen, a metros de la cancha de Central Córdoba.

Entre la fantasía y el mito, las hazañas de Carlovich, el séptimo hijo de don Mario, siguen creciendo, aunque hayan pasado casi tres décadas de su despedida del fútbol. Si es por el número de “testigos”, Central Córdoba habría jugado todos los sábados en el Maracaná, los números no cierran. La exageración se percibe, pero nadie se molesta en disimularla, es parte de la historia. Antes de encontrarlo, valen algunos testimonios menos fanatizados, más calificados. Como el de Daniel Passarella, capitán de la Selección Argentina campeona del mundo en 1978: “Cuando jugué en Sarmiento de Junín, en el Ascenso, me enamoré de Carlovich. Fue el mejor jugador que vi antes de llegar a Primera. Un astro, me hubiera gustado ser como él”.

Todos hablan de su habilidad endemoniada, de su zurda capaz de todos los lujos y de ponerle fantasía la juego. Era pisador de la pelota hasta la “cargada”, la forma más molesta de la burla. Era gambeteador hasta la insolencia. Un jugador de potrero vestido de profesional. Vestido a medias, porque nunca usó canilleras ni se vendó los tobillos.

Víctor Bottaniz integró la preselección de 25 jugadores de cara al Mundial 78. Finalmente se quedó afuera de la lista final de 22, junto a Humberto Bravo y a un chiquilín llamado Diego Maradona. Enfrentó al Trinche y no lo olvida: “jugar en contra suya era un suplicio y a la vez un placer. Suplicio porque con el manejo y la pegada que tenía, era imposible de marcar. Y placentero era ver todo lo que hacía dentro de la cancha, y con qué facilidad. Tuvo todo para triunfar en el fútbol grande, pero prefirió la tranquilidad de su ciudad”.

ENCUENTRO CON UN MITO
Carlovich nació hace 62 años en barrio Belgrano y siempre vivió allí, una zona humilde que él mismo describe: “Las calles eran todas de tierra, con zanjas. Mucho potrero, mucho campito. No había otra diversión que la pelota, jugar descalzo todo el día”.

En sus palabras se empieza a percibir la clave de su historia: nunca le interesó el éxito. “No me propuse ser jugador de fútbol, se fue dando sin querer. Me empezó a gustar, seguí, seguí y seguí... Después mi cuñado me llevó a Rosario Central y tuve la suerte de quedar”, narra el génesis con naturalidad. La mitad de los niños rosarinos sueña con jugar en Central, la otra mitad en Newell’s. Él lo logró por su talento, pero su personalidad no aportó la constancia para mantenerse en Primera. Debutó en 1969 en un amistoso en Montevideo, contra Peñarol y solamente jugó un partido oficial, contra Los Andes. ¿Y después? “Erausquín era el técnico, bah, estaba ahí, porque al equipo se lo armaban Griguol y los jugadores de más experiencia. Me habían dicho que al siguiente partido sería titular. ¡Estaba contentísimo! Pero me llamaron aparte y no me pusieron. Yo siempre fui de frente y esas cosas no me gustaron. Me enojé. Y como Central tenía una deuda conmigo, les pedí que a cambio me dieran el pase y me fui”.

Se fue con su cuñado a jugar unos meses en Flandria (1970, Primera C). “Después me hablaron de Central Córdoba, probé en un amistoso y ahí me quedé”. Allí empezó el romance con el equipo Charrúa. La tarde del debut hizo dos goles, pero “de casualidad”, como suele mentir para esquivar los elogios. “Central Córdoba me dejó que me muestre como jugador y eso no se olvida”, agradece.

FRENTE A LA CELESTE Y BLANCA
Ese 1973 fue consagratorio. Ascendió con Central Córdoba y al año siguiente fue protagonista de un partido que sirvió para inflar todos los mitos. La Selección Argentina se preparaba para el Mundial de Alemania ’74 y el 17 de abril llegó a Rosario para enfrentar a un combinado de la ciudad, armado con una fórmula muy prolija: 5 de Central, 5 de Newell’s y Carlovich, que jugaba en la segunda división. Era un conjunto notable, con nombres que protagonizaron la edad de oro del fútbol rosarino y que hasta el día de hoy se recuerdan entre los mejores: Mario Alberto Kempes y Mario Zanabria.

La noche mágica del Trinche contra la Selección Argentina.
En el primer tiempo los rosarinos le dieron una paliza al equipo nacional, comandado por Vladislao Cap. La cancha de Newell’s estaba atónita ante ese 3-0 inesperado y la actuación descomunal de ese número 5 desconocido para la mayoría. El baile era tan grande que dio lugar al primer mito: dicen que Cap le pidió a su par rosarino que sacara a Carlovich. El Trinche salió a los 15’ del segundo tiempo, el conjunto local levantó el pie del acelerador y el pleito terminó 3-1. El arquero argentino ya era Ubaldo Fillol, quien tiene grabada esa noche: “¡Qué baile nos dieron! ¡Cómo jugó ese muchacho! Carlovich tenía magia”.

En 1976 pasó a Independiente Rivadavia, de Mendoza, para jugar en la Liga Provincial. De entrada lo apodaron El Gitano, al verlo jugar le pusieron El Rey. El equipo usaba una camisa con botones, pero él se abrochaba solamente el de abajo y jugaba con el pecho al aire y las medias bajas. Lo amaron, pero su corazón estaba a orillas del Paraná. Su compañero Hugo Mémoli recuerda: “Jugábamos contra San Martín y Tomás se quería ir esa misma tarde a Rosario. Pero si jugaba el partido entero perdía el ómnibus. Así que se hizo expulsar en el primer tiempo. Se bañó y salió corriendo... No se tomaba nada muy en serio”.

Pronto apareció una chance para volver a jugar en Primera División, ahora con la casaca de Colón de Santa Fe, apenas a 170 km de casa. Corría 1977 y entre sus admiradores se contaba César Luis Menotti, otro rosarino, que era ya el DT de la Selección Argentina. ¿Cabía la chance de soñar con verlo en el Mundial ‘78? El Trinche lo cuenta así: “En Colón caí en un equipo buenísimo, pero tuve mala suerte. Yo no me había lesionado en la puta vida, pero en los dos partidos que jugué me rompí el aductor derecho. Una desgracia. El técnico, el vasco Urriolabeitia, creyó que me lesionaba a propósito, que era un problema mental. Pedí una junta médica, para que comprobaran que yo no mentía. Cuando me vieron la pierna negra se quedaron mudos. Pero a mí me molestó que no hayan confiado en mí y me pegué la vuelta para Rosario”. Ese fue su último partido en Primera División.

Con una voz que envidiarían varios locutores, Carlovich va a contramano del mito que crece en torno a su figura. “Acá les gusta inventar historias acerca de mí. Pero no son verdad. Algún caño de ida y vuelta habré hecho, pero no es para tanto”. Sin embargo, Menotti está lejos de inflar historias que no son. El entrenador que guió a la camiseta argentina al reencuentro con su rica tradición es muy ilustrativo: “Carlovich fue uno de esos pibes de barrio que desde que nacen tienen un solo juguete: la pelota. Su técnica lo convirtió en un jugador completamente diferente. Era impresionante verlo acariciar la pelota, tocar, gambetear... Pero en su carrera no encontró reservas físicas que sostuvieran todas sus condiciones técnicas. Además, desafortunadamente, tampoco tuvo a nadie que lo acompañara y lo comprendiera. Es una pena, porque Carlovich estaba llamado a ser uno de los jugadores más importantes del fútbol argentino. No sé qué le pasó. Tal vez lo aburría el fútbol profesional. A él le gustaba divertirse y no se sentía a gusto con algunos compromisos”.

ROSARIO SIEMPRE ESTUVO CERCA
En 1978, mientras Argentina se consagraba campeona del mundo en casa, él jugaba en Deportivo Maipú, de nuevo en la liga mendocina. “Cuando me fui a jugar a Mendoza me parecía que me iba al fin del mundo. Jugaba y al terminar cada partido agarraba el avión y me volvía a Rosario. Extrañaba una barbaridad. Soy incapaz de irme a otro lugar”. Este sentimiento casi fanático, es fácil de entender si se caminan las calles de Rosario: los rosarinos aman a su ciudad y en su mayoría piensan que es su lugar en el mundo. Carlovich no es más que un rosarino típico. Hoy Rosario es la única de las grandes ciudades argentinas gobernada por el socialismo. En noviembre, la consultora Ibarómetro elaboró el primer ranking de vida urbana y gestión de las diez ciudades más pobladas del país y los rosarinos pusieron a la suya en el primer lugar: el 81,4% se siente orgulloso de vivir en su sitio. Y ese orgullo se ratifica con los testimonios. “Está linda la ciudad, están haciendo cosas importantes. Que siga progresando, se le da vida al turismo, hay cosas hermosas acá”, expresa el Trinche, como si fuese un promotor turístico.

En el 79 regresó y nunca más se fue. En el 82 volvía ascender de la C a la B con Central Córdoba y un año después se despidió del fútbol profesional. “Podría haber seguido. Tenía 38 años y estaba bien físicamente. Pero no me llamaron más. No sé lo que habrá pasado, pero no me llamaron más”.

DESPUÉS DEL FÚTBOL
“No me llamaron más”. ¿Y ya? Como no lo llamaron, dio por terminada su carrera. Acepta el destino sin hacer demasiadas preguntas.
-¿Por qué “Trinche”?
-No sé. Un muchacho de acá, del barrio, me apodó así, pero nunca supe por qué. Tampoco le pregunté.
-¿Pudo ganar bien?
-No, no se ganaba plata, para nada... Eran otros tiempos. Ahora se ponen una propaganda, pegan una transferencia y se salvan para toda la vida.
-¿Qué le faltó para llegar?
-¿Y qué es “llegar”? Yo no tuve otra ambición más que la de jugar al fútbol. Siempre quise estar cerca de mis viejos, del Vasco Artola, uno de mis grandes amigos, rodeado de los afectos del barrio... Era un tipo solitario, prefería cambiarme solo, en la utilería, no en el vestuario. Yo soy así.
El tiempo después del fútbol continuó con la misma línea de humildad, ajeno a cualquier brillo. En 1986 le insistieron para volver y lo hizo por una temporada, en torneos zonales. Jugó por jugar. “Un habilidoso es el que demuestra la alegría de jugar en el potrero, el que trata bien a la pelota, el que es feliz por jugar al fútbol. Yo siempre ponía la misma garra, en los entrenamientos y en los partidos oficiales. Siempre quería ganar 70 a 0”.

Siguió gambeteando en los barrios, en esos torneo en los que cada pelota se disputa con el alma, con fiereza y vergüenza. En uno de esos se enfrentó al genial escritor y humorista Roberto Fontanarrosa, quien lo recordaba así: “Era dotado técnicamente pero con poca predisposición para el esfuerzo. Es lo que la leyenda cuenta de él, que lo tenían que ir a buscar. Lo enfrenté una vez en un torneo de veteranos de la zona norte de Rosario y, por supuesto, me bailó”.

En 1993, tras su intempestiva marcha del Sevilla, Diego Maradona fichó para Newell’s Old Boys y la ciudad de Rosario vivió una revolución. Un periodista le confesó el orgullo de los rosarinos de “recibir al mejor jugador de todos los tiempos”. Diego, a quien siempre le causaron alergia los obsecuentes, le respondió: “¿Qué me dice? Si el mejor jugador vive en Rosario y es un tal Carlovich”.

Junto a un hermano, el Trinche trabajó como albañil y siguió ligado afectivamente a Central Córdoba, que siempre le dio una mano. Como en 2005, cuando le organizó una velada homenaje, con dos partidos a total beneficio de él. La entrada costaba apenas 5 pesos (por entonces poco más de un euro) pero el dinero recaudado le ayudó. Lo pusieron como “manager”, ya que no se tituló de entrenador. “No tengo el diploma, pero ¿qué puedo aprender en el curso?”, se pregunta casi ingenuamente.

Cuando llegó el momento de las fotos acordadas con Panenka, en su escuelita de fútbol de Roldán, al oeste de la ciudad, surgió un tema inesperado: “¿ustedes qué revista hacen? ¿Vienen de España? Porque hace unos días vinieron unos gallegos de la televisión y me dejaron 3.500 euros, fijate...”. Esos “gashegos”, según la pronunciación típicamente argenta, eran los productores de Informe Robinson y el “fijate” es una seña inconfundible, también típicamente argenta, para pedir dinero. No está necesitado, pero tampoco se desvive por aparecer en los medios, nunca le interesó. “Bueno, lo dejamos para otra ocasión”, propone para eludir las fotos. Un Trinche auténtico.

Dicen que desechó ofertas del New York Cosmos y del Milan. Dicen que cuando el rival era muy defensivo y no salía a atacarlos, él se sentaba arriba de la pelota, provocador. Dicen que en Central Córdoba le pagaban extra por cada caño que metía. Dicen que faltaba a los entrenamientos y se iba a pescar. Dicen que algunos zagueros no le salían al cruce por miedo a ser ridiculizados. Dicen... Porque no existe un solo video de sus jugadas, pero el mito crece y seguirá creciendo de boca en boca, como una reafirmación de la identidad 100% rosarina.

lunes, 13 de enero de 2020

Botín de Oro europeo

El Botín de Oro es el trofeo con el que se premia cada año al mayor goleador de las ligas europeas. La European Sports Magazines empezó a otorgarlo en la temporada 1967/68.

Actualmente, la clasificación se obtiene con un sistema de puntos que pondera el nivel de la liga en la que compita un jugador: en los campeonatos de España, Inglaterra, Alemania, Francia e Italia los goles se valoran con 2 puntos. En el caso de Austria, Holanda, Bélgica, Portugal, Turquía, Bulgaria, Croacia, Escocia, Grecia, Israel, Noruega, Polonia, República Checa, Rusia, Serbia, Suiza y Ucrania cada gol da 1,5 puntos.

En las ligas de Albania, Andorra, Armenia, Azerbaiján, Bosnia-Hercegovina, Belarús, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Islas Feroe, Georgia, Gales, Hungría, Irlanda, Irlanda del Norte, Islandia, Kazajstán, Lituania, Luxemburgo, Letonia, Macedonia, Malta, Moldavia, Montenegro, Rumania y Suecia cada gol se cuenta con 1 punto.
Esta clasificación está basada en los coeficientes UEFA de cada liga y puede variar cada año.

1968 a 1990
Temporada / Ganador (Nacionalidad) Goles / Club
1967/68 Eusébio (Portugal) 42 Benfica
1968/69 Petar Zhekov (Bulgaria) 36 CSKA Sofia
1969/70 Gerd Müller (Alemania Federal) 38 Bayern München
1970/71 Josip Skoblar (Yugoslavia) 44 Olympique de Marseille
1971/72 Gerd Müller (Alemania Federal) 40 Bayern München
1972/73 Eusébio (Portugal) 40 Benfica
1973/74 Héctor Yazalde (Argentina) 46 Sporting Lisboa
1974/75 Dudu Georgescu (Rumania) 33 Dinamo Bucarest
1975/76 Sotiris Kaiafas (Chipre) 39 Omonia Nicosia
1976/77 Dudu Georgescu (Rumania) 47 Dinamo Bucarest
1977/78 Hansi Krankl (Austria) 41 Rapid Viena
1978/79 Kees Kist (Holanda) 34 AZ Alkmaar
1979/80 Erwin Vandenbergh (Bélgica) 39 Lierse SK
1980/81 Georgi Slavkov (Bulgaria) 31 Trakia Plovdiv
1981/82 Wim Kieft (Holanda) 32 Ajax
1982/83 Fernando Gomes (Portugal) 36 Porto
1983/84 Ian Rush (Gales) 32 Liverpool
1984/85 Fernando Gomes (Portugal) 39 Porto
1985/86 Marco Van Basten (Holanda) 37 Ajax
1986/87 Toni Polster (*) (Austria) 39 Austria Viena
1987/88 Tanju Çolak (Turquía) 39 Galatasaray
1988/89 Dorin Mateut (Rumania) 43 Dinamo Bucarest
1989/90 Hristo Stoichkov (Bulgaria) 38 CSKA Sofia - Hugo Sánchez (México) 38 Real Madrid

(*) Rodion Cămătaru fue descalificado al cometerse varias irregularidades en numerosos partidos de la Liga Rumana, anotó 20 goles en 6 partidos, lo que le llevó a la cifra total de 44 goles.

1991 a 1996
Durante este período no fue otorgado ningún premio al goleador de Europa, pero a continuación se muestran los jugadores que lo hubiesen ganado:
Temporada / Ganador (Nacionalidad) Goles / Club
1990/91 Darko Pancev (**) (Yugoslavia) 34 Crvena Zvezda
1991/92 Ally McCoist (Escocia) 34 Glasgow Rangers
1992/93 Ally McCoist (Escocia) 34 Glasgow Rangers
1993/94 David Taylor (Gales) 43 Porthmadog FC
1994/95 Arsen Avitisyan (Armenia) 39 Homenhem
1995/96 Zviad Endeladze (Georgia) 40 Margveti

(*) Darko Pancev recibió el premio en 2006, pues después de una protesta desde Chipre, donde un jugador había anotado 40 goles, France Football decidió quitarle la oficialidad a la competición hasta 1996.

1997 a la actualidad
Temporada / Ganador (Nacionalidad) Goles / Club
1996/97 Ronaldo (Brasil) 34 Barcelona
1997/98 Nikos Machlas (Grecia) 34 Vitesse
1998/99 Mário Jardel (Brasil) 36 Porto
1999/00 Kevin Phillips (Inglaterra) 30 Sunderland
2000/01 Henrik Larsson (Suecia) 35 Celtic FC
2001/02 Mário Jardel (Brasil) 42 Sporting Lisboa
2002/03 Roy Makaay (Holanda) 29 Deportivo La Coruña
2003/04 Thierry Henry (Francia) 30 Arsenal
2004/05 Diego Forlán (Uruguay) 25 Villarreal - Thierry Henry (Francia) 25 Arsenal
2005/06 Luca Toni (Italia) 31 Fiorentina
2006/07 Francesco Totti (Italia) 26 Roma
2007/08 Cristiano Ronaldo (Portugal) 31 Manchester United
2008/09 Diego Forlán (Uruguay) 32 Atlético de Madrid
2009/10 Lionel Messi (Argentina) 34 Barcelona
2010/11 Cristiano Ronaldo (Portugal) 40 Real Madrid
2011/12 Lionel Messi (Argentina) 50 Barcelona
2012/13 Lionel Messi (Argentina) 46 Barcelona
2013/14 Luis Suárez (Uruguay) 31 Liverpool - Cristiano Ronaldo (Portugal) 31 Real Madrid
2014/15 Cristiano Ronaldo (Portugal) 48 Real Madrid
2015/16 Luis Suárez (Uruguay) 49 Barcelona
2016/17 Lionel Messi (Argentina) 37 Barcelona
2017/18 Lionel Messi (Argentina) 34 Barcelona
2018/19 Lionel Messi (Argentina) 36 Barcelona

Lionel Messi y su récord de 6 Botines de Oro
El Botín de Oro es llamado Bota de Oro en España. También se lo conoce como Golden Boot (inglés), Souier d'Or (francés), Scarpa d'Oro (italiano), Goldener Schuh (alemán), Bota de Ouro (portugués), Gouden Schoen (holandés), Gheata de Aur (rumano), Златна обувка (búlgaro), Guldskon (sueco), Altın Ayakkabı Ödülü (turco), Χρυσό Παπούτσι (griego) y Zlatna kopačka (croata), por citar solamente los idiomas de los ganadores.

miércoles, 8 de enero de 2020

Un rebelde querible: Garrafa Sánchez

Este 8 de enero se cumplen 142 años de la muerte del querido Garrafa Sánchez. Como recuerdo, esta entrevista en El Gráfico:

Talentoso, impulsivo y atorrante cabal, Garrafa es uno de los grandes personajes del ascenso y el niño mimado de la hinchada de Banfield. Creció en una villa y llegó a estar a prueba en el Boca de Bilardo, pero el fútbol grande lo tiene sin cuidado y sueña con retirarse en su amado Laferrere.


Artículo publicado en la revista El Gráfico, en febrero de 2001.
Por PABLO ARO GERALDES Y DIEGO MELCONIAN


La tarde de febrero se pone a cada minuto más pesada. El cielo del sur del Gran Buenos Aires amenaza descargar la tormenta demorada y, en la cancha, la reserva de Banfield lucha para levantar un tempranero 0-1 ante J.J. Urquiza. Entre los suplentes, recuperándose de una lesión, se destaca el volante José Luis Sánchez, Garrafa, el preferido de los hinchas. Un taco, un caño, un codazo… Para él no hay amistoso, ni pretemporada que valgan; “no me gusta perder a nada”, recalca, y se le nota. Después de una gran jugada personal, consigue el empate y se lo dedica con fiereza al árbitro. El grito retumbó fuerte en el estadio casi vacío y el desenlace fue previsible: afuera.
“Siempre fui así, siempre jugué igual. En el potrero, en Laferrere y ahora en Banfield, ¿por qué voy a cambiar? No me va a cambiar nadie”, se justifica.

-Pero por sobre el resultado, sos un tipo al que le gusta jugar. No se entiende…
-Como todos, quiero ganar, pero si tengo que tirar un caño, lo tiro, no tengo problemas. Aunque vaya ganando o perdiendo lo tiro igual.

-¿Nunca pensaste en que podías perjudicar a tus compañeros?
-No, porque me fue siempre bien. Tampoco voy a tirar cien caños… tiro unos diez y por ahí me salen seis o siete. Pero voy para adelante, no es que los tiro y me quedo ahí ni en lugares de la cancha donde ponga en peligro al equipo, eso sería una boludez. Los hago más llegando a los córners; nunca tiro caños al pedo.

-¿Qué sensaciones te deja un caño bien tirado?
-Es una alegría por la gente a la que le gusta el buen juego. Hoy no hay muchos jugadores que se animen a tirar caños o tacos, pero quizá no lo hacen por miedo a que les digan algo. Todos los jugadores creen que cuando les tirás un caño los estás cargando, y no es así. Que me tiren un caño a mí. Y si vamos perdiendo se los tiro igual. Es raro, se critica que uno tire un caño, pero no al que te pega una patada en la nuca.

-¿Falta más gente con esta firmeza de convicciones en el fútbol?
-El futbolista habla de la importancia de la concentración, de lo que tiene que hacer en el partido, y yo no. Yo no pienso, vengo a jugar, a divertirme. Hago la entrada en calor y estoy bailando, estoy jodiendo. Yo siento que el fútbol es así, que tenés que demostrar lo que sabés y si sabés jugar tenés que estar tranquilo. Ahora hay jugadores que están nerviosos, les duele la cabeza, pero porque están constantemente pensando en el partido. No hay que pensar mucho en el partido, hay que jugarlo. Cuando estás adentro de la cancha son once contra once.

-Y ahí no cambia el tema de la camiseta, ¿es lo mismo un equipo grande que uno chico?
-Yo jugué en El Porvenir, que es un equipo chico dentro de la divisional y hacía lo mismo. Gracias a Dios fui uno de los mejores jugadores de la categoría y me trajeron a Banfield para que haga lo mismo; si lo cambio soy un boludo, esa es la verdad. Si un equipo te trae es porque te vio jugar; en el Nacional B hice 18 goles, no tengo que cambiar.

El ambiente del fútbol de los sábados lo conoce y reconoce. Desde sus comienzos en Laferere, su ascenso por El Porvenir y su presente en Banfield. Pero en octubre del 96 la vida le hizo probar de cerca el sabor de la Primera, y en un grande. Una oportunidad que no volvió a repetirse.
“Con Laferrere fuimos a jugar un amistoso contra Boca en Ezeiza –recuerda-. El domingo Boca ganó y Bilardo, por cábala, pidió jugar otra vez con nosotros. Anduve bien y me ofrecieron entrenar con ellos. El tema es que no tenía con qué ir hasta allá, porque no hay colectivos, me mandaba con mi moto, una CBR 600. Un día, por la autopista, pasé por la lado de la camioneta de Pumpido, que llebava a Bilardo. Me vieron y como había una cláusula que les prohibía a los jugadores andar en moto, al día siguiente me dijeron no fuera más. Yo sabía que no podía andar en moto, pero, ¿iba a ir a dedo? Por eso digo que no me arrepiento”.

-¿Pensaste que estabas jugando con fuego? ¿Qué podías perder tu gran oportunidad?
-No, porque si no iba en la moto, directamente no iba. No tenía otra. Trataba de ir más temprano, antes de que llegue el micro, para que no me vea nadie…

-¿A cuánto ibas ese día?
-Y ligero… a ciento y pico.

-¿Largaste las motos?
-A los seis meses. Me ofrecieron un Fiat Uno y lo cambié por la moto. Después no me subí nunca más.

-¿Por la comodidad del auto o por la responsabilidad?
-No, me encantan las motos y más adelante voy a volver a tener una. Además mi nena tiene 9 meses y no podría llevarla.

-¿En qué otras cosas te cuidás?
-Vino no tomo nada, pero porque no me gusta, no me cae bien. Quizá alguna cervecita con los compañeros, pero nada más. Ahora, si me invitan a un asado, me puedo comer cinco chorizos, en eso no me fijo.

-¿Estás marcado?
-Un poco. Cuando llegué a Banfield lo primero que me dijeron fue “ojo con las motos” y que no me haga expulsar.

-¿En el potrero eras igual que ahora?
-No jugué mucho. Estaba en los campeonatos de chicos, pero hasta los 13 ó 14 años. Después empecé en Laferrere y los mismos amigos del barrio no me dejaban jugar. Por eso no fui más, sólo para verlos. Como los grandes sabían que yo estaba en el club, me cuidaban porque era el único del barrio que iba a llegar a Primera.

-¿Te daba bronca que te cuidaran?
-No, yo mismo estaba decidido a no jugar. Ni siquiera llevaba la ropa, porque si no, empezás a jugar, te entusiasmás y terminás con una patada que no te deja entrenar en el club. En esos partidos te pegan mucho, con mala leche. Y encima por dos mangos.

-¿Eran torneos por plata?
-Sí, campeonatos-campeonatos. Todos quieren ganar y te matan. Se agarran a piñas, vale todo. Ahí ganás de guapo. Mi hermano Adolfo juega en esos torneos… ¡es un boludo! Un día se fue a probar en la cuarta de Laferrere y quedó, pero después no fue más. No quería entrenar…

-¿Esos años de potrero te curten para jugar en Primera?
-Sí, porque agarrás mucha experiencia, jugás contra tipos duros, no hay referí que te proteja. Te tenés que aguantar todo lo que venga. Pero es lindo, no digo que no. A veces me prendo, en un casados contra solteros, pero entre amigos, no más, sin compromiso. Porque cuando jugás por plata, nunca falta alguno que dice: “aquel juega en Laferrere”, y todos te van a buscar a vos.

-Hablás de tu hermano. A vos, ¿te gusta entrenar?
-Y…

-¿Y qué pasa?
-No le saco el lomo, pero me cuesta. Sé que tengo que venir todos los días y vengo. Es mi trabajo y me la tengo que aguantar.

-Antes no te importaba nada. ¿Qué te hizo ver estas responsabilidades?
-Cuando nació Bárbara, mi nena, empecé a ver otras cosas. Acá, en Banfield, en la B Nacional, es otro mundo, pero el que la sufrió como yo la sufrí en Laferrere y El Porvenir, se da cuenta que esto no hay que perderlo, porque para mí esto es de primera. Y si lo pierdo tengo que volver a un club chico y no quiero sufrir otra vez.

-¿Qué sufrías jugando en Laferrere?
-Yo soy hincha de Laferrere, nací ahí. Pero me debían cinco meses, tenía que mandar cartas documento. Era quilombero, salía en los diarios por pelear mi plata. Terminaban depositándomela porque no me querían dejar libre. En Banfield, por ahí estás dos meses abajo, pero por cómo está el fútbol argentino, no es nada. Acá te tratan como a un jugador, tenés la ropa lista… Sin ir más lejos, en El Porvenir teníamos que llevarnos la ropa para entrenar, bañarnos con agua fría. Y no quiero que eso me pase de vuelta.

-¿No pensás en jugar en la A?
-Me gustaría quedarme, a menos que me salga algo como lo que apareció en diciembre, una oportunidad de ir a Corea. Si me sale algo así, me tengo que ir, porque quiero asegurarme el futuro.

-¿Por qué siempre en clubes del ascenso?
-Estuve un par de días en Ferro, pero no estaba con ánimo de jugar. Mi viejo estaba muy enfermo y eso me sacaba las ganas. Además hubo unos problemitas de plata. Después, encontré a mi viejo tirado, y enseguida dejé de entrenar. Pero eso nadie lo ve. Para criticar hablan todos, pero esas cosas que uno sufre, nadie las contempla.

-¿Te sentís en deuda por no haber jugado en la A?
-Tengo muchas ganas, pero tampoco pretendo ir regalado. Prefiero estar en un club como Banfield y jugar antes que ir a un plantel de Primera y estar de relleno en el banco. Yo quiero jugar, aunque tenga que hacerlo en la C. Es feo estar en el banco.

-¿Y no te quedan las ganas de demostrar que podés dar más?
-No digo que no, pero no se me dio llegar a un equipo bueno para pelear a mitad de tabla. Estuve en Ferro, que estaba descendido, sufriendo con todos los chicos… En Banfield puedo pelear el ascenso y es más competitivo que estar en Primera y perder todos los domingos y no cobrar.

La B Nacional volvió y Banfield está prendido en la lucha por retornar a Primera A.
Garrafa, con contrato hasta junio, seguirá ofreciendo ese toque mezcla de elegancia y de atorrante, el mismo que aprendió en los años duros de la villa La Jabonera, en La Tablada.

-¿Cómo es curtirse en una villa?
-Viví ahí hasta los 13 años, pero entonces no había todas esas cosas que hay ahora, como la droga, era distinto.

-¿Seguiste viendo a tus amigos de entonces?
-Todos esos chicos que se criaron conmigo, lamentablemente, ya no están, por cosas que pasan en la villa. Se los llevó la falopa, o la policía…

-¿Sentís que se discrimina a los villeros?
-Sí, mucho. En la villa hay gente que viene de otros países o del interior a pelearla, a laburar y pagan el pato por los otros, porque también hay mucha gente mala. El barrio cambió mucho.

-¿Y vos cómo zafaste?
-Tenía a mis viejos que me hablaban todos los días. Y nos fuimos justo a tiempo, cuando tenía 13 años. Gracias a Dios, nunca tuve contacto con la droga y todo eso. Después, ya en las inferiores, los partidos son los domingos a la mañana, por eso no podíamos salir a bailar, a joder los sábados. Si hubiera hecho todo eso, me cagaba en el esfuerzo que hacía mi viejo para que yo pudiera jugar al fútbol. Además, a los 14 años conocí a Alicia, la que hoy es mi señora; me puse las pilas. 

-¿Cómo fue tu educación?
-Yo terminé la primaria y largué. Pero a un hijo mío le inculcaría que primero está el estudio y después el fútbol. Hoy veo cosas raras, como que los chicos van a probarse a un club y van con los padres. Es como que los viejos están interesados en sacar provecho de los pibes. Y no es así la cosa.

-¿Qué proyectos tenés fuera del fútbol?
-Pienso jugar hasta los 35 años y terminar en Laferrere. Aunque esté en la C y tenga que ir gratis. Es mi vida y siempre digo que no tenés que estar besando camisetas para demostrar cuánto querés a un club. La única camiseta que voy a besar es la de Laferrere. Eso no quita que deje todo hoy en Banfield.

-¿Después del fútbol, qué?
-Me gustaría estar como ayudante de campo o algo vinculado con el fútbol, porque no me veo trabajando.

SIEMPRE JUNTO A SU PADRE
La lucha por salir de la villa no fue fácil. Francisco, su padre, tuvo que deslomarse repartiendo garrafas de gas junto a su hijo para poder enderezar el futuro, en una casita de Laferrere. Ahí nació el apodo, y también se estrechó una relación de afecto que siguió creciendo hasta el último minuto de vida de Don Francisco.
“Yo soy profesional, pero también muy familiar. Me voy del club y estoy todo el tiempo con mi familia –resume-. Cuando jugaba en Bella Vista de Montevideo me daban los lunes libres y yo me venía a ver a mi viejo que estaba enfermo. Hay pocos jugadores que hacen eso”.

-¿Qué enfermedad tuvo?
-Cáncer en los pulmones. Sufrió mucho, fueron siete meses duros. Cuando me enteré dije “no juego más”. No quería saber nada, sólo estar al lado de él. Estuvo un mes en casa y después lo internaron. En el hospital no había comodidades, pero dormíamos en el piso de la sala, para cuidarlo. Quise disfrutarlo hasta el final y esas imágenes no me las olvido nunca más. Largué el fútbol por casi diez meses, pero más allá de que mi viejo se haya ido, me queda para toda la vida la tranquilidad de haber estado con él hasta el último minuto.

-En el primer partido, después de la muerte de tu papá le ganaron a Chicago 6-1. Hiciste un gol y hubo un momento de emoción que no todos entendieron…
-Los de Chicago pensaron que los estaba cargando. Festejé el gol adentro del arco mirando al cielo, justo delante de la hinchada de ellos. Me sacaron amarilla, pero solamente yo sabía que en ese momento estaba festejando el gol con mi papá.

El 8 de enero de 2006 José Luis Sánchez murió tras dos días de agonía, luego de caer mientras hacía piruetas con su moto, frente a la puerta de su casa. El volante ofensivo dejó su sello en Laferrere (1993/97 y 2005), El Porvenir (1997/99), Bella Vista de Montevideo (1999/2000) y Banfield, donde se dio el gusto de jugar en la Copa Libertadores.
Tenía 31 años. Una tribuna del estadio de Laferrere hoy lleva su nombre.
El homenaje a Garrafa Sánchez en la plaza que los banfileños le dedicaron al lado del estadio Florencio Sola.

jueves, 2 de enero de 2020

Africanos en la Copa Libertadores


Artículo publicado en la revista Potrero, en marzo de 2017
Por PABLO ARO GERALDES

Si Sudamérica es el semillero del fútbol mundial, se hace verdaderamente difícil que en su máximo torneo, la principal vidriera que Europa observa con detalle, aparezcan figuras extracontinentales. Son pocas, raras, pero las hubo y las hay. África, esa otra fuente explotada por los ricos clubes europeos, provee mano (o pie) de obra barata a cada vez más países más allá de los europeos, y así fue que pocos, solitarios, aventureros, fueron llegando futbolistas que vistieron camisetas sudamericanas.

En la Argentina son recordados varios casos que sembraron más simpatía que admiración futbolística. De Zambia llegó el arquero Efferd Chabala a Argentinos Juniors. Lo siguieron el camerunés Alphonse Tchami -el más popular por pasar a Boca Juniors- y el sudafricano Teophilus Khumalo, a quien todos llamaba “Doctor” por haber estudiado medicina. Fue una ilusión de Ferro Carril Oeste que se apagó muy pronto. Pero las puertas ya se habían abierto para la inmigración africana y pronto arribaron Ernest Mtawalli de Malawi a Newell’s Old Boys y luego a Talleres, de Córdoba; Nii Lamptey de Ghana a Unión, de Santa Fe; Tobie Mimboe de Camerún a San Lorenzo; Ibrahim Sekagya de Uganda a Atlético de Rafaela, Ferro y Arsenal…

Algunos, como Memory Mucherahowa, ni siquiera llegaron a debutar: recaló en Caballito cuando la novedad de Dr. Khumalo todavía estaba fresca, pero se tuvo que volver a Zimbabwe sin haber lucido la camiseta verde. Otros jugaron apenas unos minutos, pero en el caso del nigeriano Felix Orode fueron suficientes para quedar en el recuerdo sanlorencista: en 2009 entró contra Huracán en el que fue su único partido en Primera y participó en la acción que selló el 2-0 en Parque de los Patricios. Se quedó en el país, pasó por Nueva Chicago, la CAI, Excursionistas, Luján y ahora es ídolo en Sportivo Barracas.

La conexión africana no se detiene y la última página la empezó a escribir Okiki Afolabi, goleador de la pasada Nigeria Premier League y flamante delantero de Talleres de Córdoba.

John Yawson
(Ghana / Peñarol)
Pero esta edición está consagrada a la Copa Libertadores de América y ninguno de los antes mencionados llegó a disputarla. Pocos memoriosos estadígrafos recordarán el nombre de John Yawson, un ligero puntero ghanés que llegó a Peñarol en 1980 y al año siguiente se convirtió en el primer africano en jugar la Copa. Con el mismo poder de visionario con el que había ideado dos décadas antes un torneo que agrupara a los campeones de Sudamérica, Washington Cataldi era mucho más que el presidente de Peñarol, conocía como pocos el fútbol mundial. “El futuro del fútbol está en África”, declaraba mucho antes de que Camerún, Nigeria, Ghana o Costa de Marfil se convirtieran en dolores de cabeza para los grandes en las Copas del Mundo.

El 6 de mayo de 1981, ante Bella Vista, Yawson hizo su debut copero en el estadio Centenario. El cuadro aurinegro ganó el grupo pero en la zona semifinal quedó detrás del sorprendente Cobreloa. Al año siguiente Peñarol levantó por cuarta vez la Copa Libertadores, pero el ghanés ya había pegado la vuelta. A Yawson se le habían sumado dos sudafricanos: Abednigo Ngcobo y Ace Knomo, que casi no entraron en acción y no jugaron la Copa. Walter Olivera, el capitán de aquel Peñarol, recordaba: “Jawson era ligerísimo, lo mismo que los otros dos… Lo que pasa es que eran más livianos y en aquel fútbol se les hacía más difícil poder jugar. No eran malos, pero el de antes era otro juego, hoy ha cambiado mucho”.

Custódio Mendes
(Cabo Verde / Estudiantes de La Plata)
Aquel hito establecido por Peñarol, al igual que haber marcado el primer gol de la Copa y haber sido el primer campeón, quedó más que nada como una anécdota, pero no fue el inicio de un transito masivo desde el continente negro a los pagos de la Conmebol. De hecho, el siguiente africano que pisó una cancha por la Libertadores había llegado a la Argentina de chico y se formó en Estudiantes de La Plata, club con el que llegó a Primera. Se trata de Adriano Tomás Custódio Mendes, de Cabo Verde, quien inmigró al país con nacionalidad portuguesa, ya que el archipiélago fue colonia hasta 1975. Debutó el 29 de febrero de 1984 en la Copa, en el 1-1 con Independiente, que terminaría siendo el campeón. Jugó dos partidos más y luego de pasar por Temperley y el Blooming boliviano recién volvió a disputar la Libertadores en 1988, esta vez con la casaca azulgrana de Cerro Porteño, de Paraguay.

Los Juegos Olímpicos de 1988 y 1992, más los mundiales juveniles, marcaron en el mapamundi futbolísticos a varios países de África. La precariedad de la documentación podía sembrar dudas a la hora de ver a esos fornidos jugadores que no parecían de 17 o de 20 años, pero algunos clubes se empezaron a animar a pagarles el cruce del Atlántico.

En 1993 el Caracas FC debutó en la Copa Libertadores y a la novedad de su participación le agregó la presencia del ghanés Ibrahim Salisu, un delantero veloz y goleador en su patria que no pudo repetir sus destrezas en el certamen sudamericano. Su aparición fue, de todos modos, tan auspiciosa que los de la capital venezolana reincidieron en la conexión Ghana: para la edición 1996 contrataron a Safiyanu Musah y Michael Osei para acompañar a Salisu.

Cyrille Makanaky
(Camerún / Barcelona SC)
Con su particular peinado rasta, Cyrille Makanaky era rápidamente reconocido en la formidable selección de Camerún, la misma que venció a la Argentina en el partido inaugural del Mundial ‘90. Despertaba simpatía, pero también la movía en la mitad de la cancha. En 1994 firmó para el Barcelona… de Ecuador. Anduvo bien, salió campeón, pasó a Francia y en 1996 regresó a Guayaquil para dar una segunda vuelta olímpica y jugar la Copa Libertadores. Pero la historia no terminó bien: los dirigentes tenían una deuda importante con el camerunés y ahí entra la leyenda incomprobable que muchos ecuatorianos repiten como una verdad revelada. Dicen que Makanaky le pagó a un brujo para que maldijera al club; otros aseguran que él mismo preparó un maleficio. Brujería sí, brujería no, lo cierto es que tras la partida del africano, el Barcelona pasó 15 años sin ser campeón.

En ese 1996 la Copa tuvo a otro camerunés: en Cerro Porteño jugó Tobie Mimboe, el mismo que una temporada después tuviera un fugaz paso por San Lorenzo de Almagro.

Si Camerún estaba de moda y el recuerdo de la melodía de Notti Magiche de 1990 era imposible de reemplazar, todavía más curiosa resultó la aparición de Thomas N’Kono en el arco de Bolívar para la Copa 1997. En 1979 había sido elegido mejor arquero de África y compitió en las Copas del Mundo 1982 y 1990. A los 40 años, la Libertadores era un desafío novedoso y no desentonó en el equipo paceño: fue titular en los 10 partidos, ganó el Grupo 1 y recién cayó en cuartos de final ante Sporting Cristal, la revelación. Ganó 2-1 en La Paz y perdió 0-3 en Lima. Quien marcó el tercer gol es otro africano, el gran protagonista de esta nota.

Prince Amoako se había destacado en los Juegos Olímpicos de Atlanta con la selección de Ghana y un año después se embarcó con un destino inimaginado para los jóvenes de su tierra: el Perú. Sin hablar castellano se sumó al plantel de Sporting Cristal que estuvo cerca de ser el primer conjunto peruano ganador de la Copa. No pudo ser, pero grabó un hito: es el único futbolista africano que disputó una final del torneo mayor de la Conmebol.

Ya era sensación. Cuando Sporting Cristal vino a Buenos Aires para enfrentar por semifinales al Racing del Coco Basile, la revista peruana Once lo retrató al volante de un automóvil y tituló “Amoako, el conductor”. Lo que todavía ni él debe saber es por qué posó con una gorra de la Policía Federal.

Ese equipo histórico que alcanzó la final de la Libertadores con el Cruzeiro es reconocido aún hoy por su juego de conjunto. La primera definición se cerró con un 0-0 en Lima, sin Amoako. Para la revancha en el Mineirão, el técnico Sergio Markarián lo puso de entrada, pero comenzada la segunda mitad y con el resultado todavía en cero lo cambió por Alfredo Carmona. Finalmente los brasileños levantaron el trofeo gracias al gol de Elivelton, a 15 minutos del epílogo.

Amoako era figura y por sus pies pasó el accionar de Sporting Cristal. Su estancia en Perú se prolongó al año siguiente cuando pasó a Deportivo Muncipal, de Lima. Allí jugó una temporada más antes de marcharse a Talleres. En Córdoba es, todavía, el único africano que disputó un clásico con Belgrano. Después su carrera lo llevó por España, Grecia y Rusia antes de volver a su país. Hoy divide su tiempo entre su academia de menores en los Estados Unidos y Accra, la capital de Ghana. Desde allí surgió este diálogo con Potrero, antes de cumplirse los veinte años de aquella final copera:

-¿Sabe la gente en Ghana que sos el único africano que jugó una final de Copa Libertadores?
-Sí, sí, sí… La mayoría lo sabe. Es un motivo de orgullo para los futboleros de mi país.

-¿Cómo fue la llegada a un medio tan diferente, con un idioma desconocido?
-La adaptación no fue difícil porque siempre tuve buenas personas a mi alrededor. Al principio, no podía hablar español, pero ahora puedo hablar y leer para entender.

De todos modos, luego del primer contacto, prefirió esta charla sea en inglés.

-¿Qué aprendió en su paso por Sudamérica?
-Yo me incliné mucho por el fútbol sudamericano. En África nos encanta el fútbol, pero lo que he experimentado en América del Sur fue que la pasión del fútbol es tan grande y es más profesional que en mi tierra. En Sudamérica el nivel de fútbol es más alto que el de África… Creo que el que juega en Sudamérica, entonces se puede hacerlo en cualquier parte de Europa. Lo que aprendí allá me ayudó para después jugar mejor en Europa.

-Más allá del fútbol, ¿qué memorias guarda de su paso por Perú y Argentina?
-Tengo muchos recuerdos buenos de Perú, porque los peruanos son gente agradable en comparación con otros países. A los peruanos no les importaba si era extranjero, de dónde era sino cómo era. Mi familia y yo no nos olvidamos nunca de Perú. También tengo amigos en Argentina, pero mis recuerdos siempre están en Perú, donde hice muchas amistades. He jugado para el Sporting Cristal y el Deportivo Municipal, pero más allá de esos dos clubes casi todo el mundo en el Perú me quiere y me demuestra su afecto. Además, sigo escuchando salsa y merengue.

Prince Amoako
(Ghana / Sporting Cristal)
En el tema musical se desdibujaron sus fronteras. De su paso por Córdoba no se quedó con el cuarteto de la Mona o de Rodrigo, sino que le resuenan aún ritmos foráneos: “cuando estaba allá escuchaba a Maná y me gustaba esa canción “ojalá que llueva ‘coffee’ en el campo” (del dominicano Juan Luis Guerra). Otros que me traje de Argentina fueron Chichi Peralta (otro dominicano) y el dúo Servando y Florentino (venezolanos). En el repaso gastronómico, su recuerdos se anclaron en Lima: “me gustaba beber la Inca-Kola y comer lomo saltado y arroz con mariscos… Pero con el ceviche no pude, se me hizo muy difícil comerlo”.

-¿Seguís en contacto con los compañeros de Sporting Cristal? En agosto se cumplirán 20 años de la final de la Copa Libertadores…
-Sí, hablo o me escribo con algunos de los jugadores, especialmente Ñol Solano, mi mejor amigo. Siempre nos comunicamos. También hablé recientemente con (Manuel) Marengo. Quiero estar con ellos para celebrar los 20 años de aquella final.

El diálogo termina, pero Amoako quiere aprovechar esta llamada para mandar un mensaje de gratitud a aquel pueblo que tan bien lo recibió hace dos décadas, y lo hace por escrito: “mi familia y yo siempre recordamos el Perú y si Dios quiere lo visitaremos algún día. Mandale saludos a todos los peruanos, especialmente a la familia del Sporting Cristal y a los hinchas de Deportivo Municipal. Los amo. ¡Arriba PERÚ!".

Mientras África siga siendo un continente oprimido, miles y miles de personas tratarán de escapar de la miseria buscando nuevos horizontes. El fútbol no es ajeno a esta dura realidad, por eso cada temporada el éxodo se reanuda. Los mejores tendrán su lugar en Inglaterra, Francia, España, Italia o Alemania. Un segundo lote encontrará club en Rusia, Portugal, Grecia, Holanda y, así, hasta cubrir toda la geografía del Viejo Continente. Otros encontrarán su destino en el Golfo Pérsico, el Sudeste Asiático o en la cada vez más opulenta Liga China. Pero unos pocos se embarcarán hacia este lado del mundo, donde las cifras económicas son más pequeñas pero el desafío deportivo es auténtico.

Después de Prince Amoako aparecieron pocos más en la Libertadores, como el delantero camerunés Oyié Flavié, en el Atlético Bucaramanga colombiano de 1998, o su compatriota Benoît Angbwa, que integró la zaga de Nacional de Montevideo en 2003. Los hinchas del Bolso lo recuerdan porque en los cuartos de final fue autor del agónico empate 4-4 contra Santos, en el minuto 94. No alcanzó, porque en Brasil igualaron 2-2 y cayeron por penales, pero esa es otra historia.

El desprendimiento de su tierra natal hace que estos jugadores cosechen casi inmediatamente una fuerte empatía con el hincha sudamericano. Al fin y al cabo no hacen otra cosa que pasar de uno lado a otro del llamado Tercer Mundo. Ahora llega el momento de que un africano dé el gran golpe futbolístico.




jueves, 12 de diciembre de 2019

El récord de Sebastián Abreu: 29 clubes

El delantero uruguayo Sebastián Abreu es el jugador que ha militado en más equipos en el mundo: con su incorporación al Boston River uruguayo sumó su club número 29.

Cuando en 2018 el Loco Abreu se incorporó al Audax Italiano, de Chile, quedó en el Récord Guinness, ya que a los 41 años superó el récord de 25 equipos que compartía con el ya retirado arquero alemán Lutz Pfannenstiel (44 años).

Abreu no sólo rompe el Récord Guinness, sino que al disputar la Copa Sudamericana 2018 sumó 17 participaciones en torneos organizados por la Confederación Sudamericana de Fútbol, otro récord.

Anotó más de 400 goles, participó en las Copas del Mundo 2002 y 2010, y en las Copas América 1997, 2007 y 2011.

Todos sus clubes:
  • Defensor Sporting (Uruguay)
  • San Lorenzo de Almagro (Argentina)
  • Deportivo La Coruña (España)
  • Grêmio (Brasil)
  • Tecos (México) 
  • Nacional (Uruguay)
  • Cruz Azul (México)
  • América (México)
  • Dorados de Sinaloa (México)
  • Monterrey (México)
  • San Luis (México)
  • Tigres (México)
  • River Plate (Argentina)
  • Beitar Jerusalem (Israel)
  • Real Sociedad (España)
  • Aris Salónica (Grecia)
  • Botafogo (Brasil)
  • Figueirense (Brasil)
  • Rosario Central (Argentina)
  • Aucas (Ecuador)
  • Sol de América (Paraguay)
  • Santa Tecla (El Salvador)
  • Bangú (Brasil)
  • Central Español (Uruguay)
  • Puerto Montt (Chile)
  • Audax Italiano (Chile).
  • Deportes Magallanes (Chile)
  • Rio Branco (Brasil)
  • Santa Tecla (El Salvador)
  • Boston River (Uruguay)

domingo, 1 de diciembre de 2019

Rachid Mekhloufi, héroe de Argelia

Argelia era una colonia francesa del norte de África cuando allí nació Rachid Mekhloufi. En la década del 50 brilló en equipos galos, principalmente en el Saint-Étienne.

Sus grandes actuaciones fueron premiadas con la convocatoria a la Selección Francesa para el Mundial de Suecia 58, en el que los galos, con Raymond Kopa y Just Fontaine llegaban como grandes favoritos junto a Brasil.

Ya entonces, su tierra natal libraba la guerra de independencia, por lo que Mekhloufi entendió que debía aprovechar su fama para llamar la atención sobre la situación de su país. Así, el 11 de abril de 1958, encontrándose concentrado con la selección, desapareció junto a su compañero, Zitouni, considerado el mejor defensor del fútbol francés. Las sospechas saltaron de inmediato: ambos eran argelinos. Dos días después se formaba el equipo del Frente Nacional de Liberación argelino, en el que Mekhloufi y Zitouni eran las principales estrellas.

Francia se interpuso ante la FIFA para que el conjunto no fuera reconocido, pero de todas formas, “Los 11 de la Independencia” (como se los llamó) recorrieron Europa, Asia y África, jugando amistosos y haciendo visible la lucha de Argelia ante Francia. Eran una selección sin país.

Pero el 5 de julio de 1962 los argelinos lograron la independencia después de 132 años de dominio francés. Al año siguiente, el equipo de Mekhloufi se convirtió en la “Selección Nacional de Argelia”.

“Me hubiera encantado jugar la Copa del Mundo, pero no era nada comparado con la independencia de mi país”, reconoció años después. Volvió a jugar en Francia donde al principio fue abucheado, pero reconquistó el cariño del Saint-Etienne con goles. Fue el artífice del ascenso a Primera y en la temporada siguiente fue campeón de Liga, para acrecentar más aun su leyenda.
Mekhloufi... un rebelde con causa.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Jean Kaltack: 16 goles en un partido internacional

Prácticamente desconocido en el fútbol mundial, el vanuatuense Jean Kaltack es dueño del récord de goles en un partido internacional: 16. Se los convirtió a la selección de los Estados Federados de Micronesia, el 7 de julio de 2015, la tarde en que Vanuatu ganó por 46-0 (otro récord entre selecciones).

Durante el torneo de fútbol de los Juegos del Pacífico disputados en Port Moresby, Papua New Guinea, Kaltack se lució con la camiseta número 11 de Vanuatu en los partidos disputados en el Bisini Sports Complex. Pero el match contra Micronesia lo llevó a la historia:

Los 46 goles de Vanuatu:
2' Tony Kaltack
3' Bill Nicholls
4' Jean Kaltack
6' Jean Kaltack
12' Barry Mansale
14' Dalong Damalip
16' Bill Nicholls
17' Jean Kaltack
18' Tony Kaltack
20' Barry Mansale
22' Barry Mansale
23' Brian Kaltack
27' Tony Kaltack
29' Barry Mansale
30' Barry Mansale
34' Jean Kaltack
36' Barry Mansale
37' Bill Nicholls
37' Jean Kaltack
44' Jean Kaltack
45' Jean Kaltack
45'+1' Delong Damalip
45'+2' Jean Kaltack
45'+3' Bill Nicholls
47' Jean Kaltack
49' Tony Kaltack
50' Bill Nicholls
53' Tony Kaltack
54' Jean Kaltack
55' Nemani Nikiau
56' Tony Kaltack
57' Bill Nicholls
59' Jean Kaltack
60' Jean Kaltack
61' Bill Nicholls
64' Bill Nicholls
65' Bill Nicholls
66' Jean Kaltack
68' Abraham Roqara
72' Bill Nicholls
73' Jean Kaltack
74' Zicka Manuhi
89' Abraham Roqara
90' Chris Andrews
90'+3' Jean Kaltack
90'+4' Jean Kaltack
Jean Kaltack

sábado, 16 de noviembre de 2019

Copa Libertadores: campeones como jugador y como DT


Solamente ocho jugadores campeones de la Copa Libertadores volvieron a levantar el trofeo en su rol de entrenador; cinco argentinos, dos uruguayos y un brasileño:

Humberto Maschio Bandera de Argentina
Racing 1967 / Independiente 1973

Roberto Ferreiro Bandera de Argentina
Independiente 1964 y 1965 / Independiente 1974

Luis Cubilla Bandera de Uruguay
Peñarol 1960 y 1961, Nacional 1971 / Olimpia 1979 y 1990

Juan Martín Mujica Bandera de Uruguay
Nacional 1971 / Nacional 1980

José Omar Pastoriza Bandera de Argentina
Independiente 1972 / Independiente 1984

Nery Pumpido Bandera de Argentina
River Plate 1986 / Olimpia 2002

Marcelo Gallardo Bandera de Argentina
River Plate 1996 / River Plate 2015 y 2018

Renato Gaúcho Brasil
Grêmio 1983 / Grêmio 2017

jueves, 14 de noviembre de 2019

El primer gol de Diego Maradona

El 14 de noviembre de 1976, en Mar del Plata, Diego Maradona anotó a los 42 minutos del segundo tiempo su primer gol oficial con la camiseta de Argentinos Juniors, un zurdazo cruzado frente a San Lorenzo, de esa ciudad. Dos minutos después convertiría otro tanto más, ambos al arquero Rubén Alberto Lucangioli.

Las imágenes remiten al viejo estadio San Martín y a un partido que concluyó con victoria 5-2 para el cuadro de La Paternal: Carlos Álvarez marcó los otros tres tantos del conjunto visitante. Apenas 1355 espectadores pagaron su entrada aquella tarde.

Por la 11ª fecha del Campeonato Nacional, con la camiseta número 15 Maradona reemplazó a Rubén Giordano en el comienzo del complemento y el partido viró el rumbo. "En el segundo tiempo, ingresó en Argentinos el juvenil Maradona, y allí cambió la fisonomía del vencedor. El ingresante fue el gestor de los continuos avances de su equipo. Maradona completó su tarde excepcional convirtiendo los dos últimos tantos", decía la crónica del diario Clarín. Su colega Segundo César Cheppi del diario La Capital escribió: “La entrada del juvenil Diego Maradona tuvo una importancia decisiva y dio muestras de su tremenda habilidad e inteligencia...”.

Ese domingo el partido atrajo poco a los medios nacionales: a 400 kilómetros, Boca vencía 2-0 a River en el Monumental. Ni siquiera el Canal 8 local registró los goles de Maradona: versiones recogidas por el diario La Capital indican que el camarógrafo decidió irse en el entretiempo, tras grabar un gol de cada equipo.

UNA HISTORIA MAL CONTADA
La Capital tuvo a dos reporteros gráficos aquella tarde: Ismael Daoud y Néstor Alfonso. Los dos goles quedaron registrados, pero durante años se ilustró al primer tanto de Maradona con la imagen del segundo, incluso el propio crack continuó con esa confusión en su biografía “Yo soy el Diego de la gente”. Según la crónica de Carlos Ruberto en la revista Goles, Maradona esquivó a tres rivales, alargó a López y convirtió cuando recibió la devolución. La Capital lo registró en la foto que encabeza este posteo, tomada desde atrás del arco.

Durante años se tomó como válida la foto que aparece abajo. No fue el primer gol pero, ¿fue el segundo? Parece que tampoco.
¿El segundo? Diego define por encima del arquero Lucaglioli, pero el
disparo saldría por encima del travesaño.
El dato que tira abajo la teoría aparece cuando se extiende la imagen tantas veces repetida: a la izquierda de Maradona, siguiendo la jugada desde atrás, aparecen Carlos Álvarez, autor de tres goles esa tarde, y más a la derecha Carlos Fren. Pero las crónicas de La Capital, El Gráfico y Goles coinciden en que Fren fue reemplazado por Rodolfo Ingaramo después del primer gol de Maradona. Incluso el diario menciona que el propio Ingaramo fue quien asistió a Maradona en el segundo gol.

La investigación de La Capital, firmada por Juan Miguel Álvarez, concluye que la jugada que durante tantos años se usó para ilustrar el primer gol oficial de Maradona, ni siquiera terminó adentro del arco. "Incluso, leyendo la crónica de La Capital, se puede especular que sea una de las dos definiciones en los palos que tuvo aquel día. Más precisamente un cabezazo en el travesaño, teniendo en cuenta la vista de Maradona y Hallar puesta hacia arriba en la foto inédita. U otro remate apenas alto después de eludir a varios jugadores. Pero esto sí ya es una conjetura", escribe el colega.
El desenlace de la jugada: pelota por arriba.
En 2016, el medio digital marplatense 0223, había publicado la primera foto conocida de un festejo de gol de Maradona. La imagen, captada por el fotógrafo Néstor Alfonso fue difundida por el periodista Francisco Giovanni. Es, evidentemente, la celebración de su segundo tanto, ya que en el primero Diego definió de zurda y salió corriendo para atrás:

La página del diario La Capital del día siguiente no daba lugar a dudas: la crónica de Segundo César Cheppi tenía esta bajada: “El ingreso del juvenil Diego Armando Maradona (16 años recién cumplidos) tuvo la virtud de dar vuelta el trámite del partido. Hasta ese momento (inicio de la parte final), San Lorenzo (2) y Argentinos Juniors (5) habían jugado un discreto primer tiempo y no se habían sacado ventajas. El empate parcial podía entenderse como justo. Pero en el complemento varió. Al influjo de Maradona, Argentinos se convirtió en dominador del juego y alcanzó un justificado éxito”.


Diego había debutado el 20 de octubre, a diez días de cumplir 16 años, frente a Talleres, de Córdoba. De ese encuentro, en el que también ingresó en la segunda mitad, se recuerda un caño a Juan Domingo Cabrera, aunque fue derrota por 0-1. Luego Maradona jugó como titular contra Newell's Old Boys y Ferro Carril Oeste y como suplente ante Huracán de Comodoro Rivadavia.

FICHA
San Lorenzo (Mar del Plata) 2: Lucangioli; Casariego, Fortunato, Moreno, y F. Aquino; C. Martínez, Larroquet y Mascareño; Galay, Eresuma y Miccio. DT: Benicio Acosta
Argentinos Juniors 5: Munutti; Roma, Gette, Fusani y Minutti: Fren, Di Donato y Giordano; J. López, C. Alvarez y Hallar. DT: Jorge Enrico.
Goles: PT: 16' Carlos Álvarez; 33' Norberto Eresuma. ST: 15' y 25' C. Álvarez, 28' Miccio, 42' y 45' Maradona.
Cambios: Segundo tiempo: inicio Maradona por Giordano; 20' Montres de Oca por Casariego y Capra por Galay (San Lorenzo); 43' Ingaramo por Fren.
Árbitro: Jorge Galve.