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jueves, 8 de enero de 2026

Un rebelde querible: Garrafa Sánchez

Este 8 de enero se cumplen 20 años de la muerte del querido Garrafa Sánchez. Como recuerdo, esta entrevista en El Gráfico:

Talentoso, impulsivo y atorrante cabal, Garrafa es uno de los grandes personajes del ascenso y el niño mimado de la hinchada de Banfield. Creció en una villa y llegó a estar a prueba en el Boca de Bilardo, pero el fútbol grande lo tiene sin cuidado y sueña con retirarse en su amado Laferrere.


Artículo publicado en la revista El Gráfico, en febrero de 2001.
Por PABLO ARO GERALDES Y DIEGO MELCONIAN


La tarde de febrero se pone a cada minuto más pesada. El cielo del sur del Gran Buenos Aires amenaza descargar la tormenta demorada y, en la cancha, la reserva de Banfield lucha para levantar un tempranero 0-1 ante J.J. Urquiza. Entre los suplentes, recuperándose de una lesión, se destaca el volante José Luis Sánchez, Garrafa, el preferido de los hinchas. Un taco, un caño, un codazo… Para él no hay amistoso, ni pretemporada que valgan; “no me gusta perder a nada”, recalca, y se le nota. Después de una gran jugada personal, consigue el empate y se lo dedica con fiereza al árbitro. El grito retumbó fuerte en el estadio casi vacío y el desenlace fue previsible: afuera.
“Siempre fui así, siempre jugué igual. En el potrero, en Laferrere y ahora en Banfield, ¿por qué voy a cambiar? No me va a cambiar nadie”, se justifica.

-Pero por sobre el resultado, sos un tipo al que le gusta jugar. No se entiende…
-Como todos, quiero ganar, pero si tengo que tirar un caño, lo tiro, no tengo problemas. Aunque vaya ganando o perdiendo lo tiro igual.

-¿Nunca pensaste en que podías perjudicar a tus compañeros?
-No, porque me fue siempre bien. Tampoco voy a tirar cien caños… tiro unos diez y por ahí me salen seis o siete. Pero voy para adelante, no es que los tiro y me quedo ahí ni en lugares de la cancha donde ponga en peligro al equipo, eso sería una boludez. Los hago más llegando a los córners; nunca tiro caños al pedo.

-¿Qué sensaciones te deja un caño bien tirado?
-Es una alegría por la gente a la que le gusta el buen juego. Hoy no hay muchos jugadores que se animen a tirar caños o tacos, pero quizá no lo hacen por miedo a que les digan algo. Todos los jugadores creen que cuando les tirás un caño los estás cargando, y no es así. Que me tiren un caño a mí. Y si vamos perdiendo se los tiro igual. Es raro, se critica que uno tire un caño, pero no al que te pega una patada en la nuca.

-¿Falta más gente con esta firmeza de convicciones en el fútbol?
-El futbolista habla de la importancia de la concentración, de lo que tiene que hacer en el partido, y yo no. Yo no pienso, vengo a jugar, a divertirme. Hago la entrada en calor y estoy bailando, estoy jodiendo. Yo siento que el fútbol es así, que tenés que demostrar lo que sabés y si sabés jugar tenés que estar tranquilo. Ahora hay jugadores que están nerviosos, les duele la cabeza, pero porque están constantemente pensando en el partido. No hay que pensar mucho en el partido, hay que jugarlo. Cuando estás adentro de la cancha son once contra once.

-Y ahí no cambia el tema de la camiseta, ¿es lo mismo un equipo grande que uno chico?
-Yo jugué en El Porvenir, que es un equipo chico dentro de la divisional y hacía lo mismo. Gracias a Dios fui uno de los mejores jugadores de la categoría y me trajeron a Banfield para que haga lo mismo; si lo cambio soy un boludo, esa es la verdad. Si un equipo te trae es porque te vio jugar; en el Nacional B hice 18 goles, no tengo que cambiar.

El ambiente del fútbol de los sábados lo conoce y reconoce. Desde sus comienzos en Laferrere, su ascenso por El Porvenir y su presente en Banfield. Pero en octubre del 96 la vida le hizo probar de cerca el sabor de la Primera, y en un grande. Una oportunidad que no volvió a repetirse.
“Con Laferrere fuimos a jugar un amistoso contra Boca en Ezeiza –recuerda-. El domingo Boca ganó y Bilardo, por cábala, pidió jugar otra vez con nosotros. Anduve bien y me ofrecieron entrenar con ellos. El tema es que no tenía con qué ir hasta allá, porque no hay colectivos, me mandaba con mi moto, una CBR 600. Un día, por la autopista, pasé por la lado de la camioneta de Pumpido, que llebava a Bilardo. Me vieron y como había una cláusula que les prohibía a los jugadores andar en moto, al día siguiente me dijeron no fuera más. Yo sabía que no podía andar en moto, pero, ¿iba a ir a dedo? Por eso digo que no me arrepiento”.

-¿Pensaste que estabas jugando con fuego? ¿Qué podías perder tu gran oportunidad?
-No, porque si no iba en la moto, directamente no iba. No tenía otra. Trataba de ir más temprano, antes de que llegue el micro, para que no me vea nadie…

-¿A cuánto ibas ese día?
-Y ligero… a ciento y pico.

-¿Largaste las motos?
-A los seis meses. Me ofrecieron un Fiat Uno y lo cambié por la moto. Después no me subí nunca más.

-¿Por la comodidad del auto o por la responsabilidad?
-No, me encantan las motos y más adelante voy a volver a tener una. Además mi nena tiene 9 meses y no podría llevarla.

-¿En qué otras cosas te cuidás?
-Vino no tomo nada, pero porque no me gusta, no me cae bien. Quizá alguna cervecita con los compañeros, pero nada más. Ahora, si me invitan a un asado, me puedo comer cinco chorizos, en eso no me fijo.

-¿Estás marcado?
-Un poco. Cuando llegué a Banfield lo primero que me dijeron fue “ojo con las motos” y que no me haga expulsar.

En tiempos de Laferrere
-¿En el potrero eras igual que ahora?

-No jugué mucho. Estaba en los campeonatos de chicos, pero hasta los 13 ó 14 años. Después empecé en Laferrere y los mismos amigos del barrio no me dejaban jugar. Por eso no fui más, sólo para verlos. Como los grandes sabían que yo estaba en el club, me cuidaban porque era el único del barrio que iba a llegar a Primera.

-¿Te daba bronca que te cuidaran?
-No, yo mismo estaba decidido a no jugar. Ni siquiera llevaba la ropa, porque si no, empezás a jugar, te entusiasmás y terminás con una patada que no te deja entrenar en el club. En esos partidos te pegan mucho, con mala leche. Y encima por dos mangos.

-¿Eran torneos por plata?
-Sí, campeonatos-campeonatos. Todos quieren ganar y te matan. Se agarran a piñas, vale todo. Ahí ganás de guapo. Mi hermano Adolfo juega en esos torneos… ¡es un boludo! Un día se fue a probar en la cuarta de Laferrere y quedó, pero después no fue más. No quería entrenar…

-¿Esos años de potrero te curten para jugar en Primera?
-Sí, porque agarrás mucha experiencia, jugás contra tipos duros, no hay referí que te proteja. Te tenés que aguantar todo lo que venga. Pero es lindo, no digo que no. A veces me prendo, en un casados contra solteros, pero entre amigos, no más, sin compromiso. Porque cuando jugás por plata, nunca falta alguno que dice: “aquel juega en Laferrere”, y todos te van a buscar a vos.

-Hablás de tu hermano. A vos, ¿te gusta entrenar?
-Y…

-¿Y qué pasa?
-No le saco el lomo, pero me cuesta. Sé que tengo que venir todos los días y vengo. Es mi trabajo y me la tengo que aguantar.

-Antes no te importaba nada. ¿Qué te hizo ver estas responsabilidades?
-Cuando nació Bárbara, mi nena, empecé a ver otras cosas. Acá, en Banfield, en la B Nacional, es otro mundo, pero el que la sufrió como yo la sufrí en Laferrere y El Porvenir, se da cuenta que esto no hay que perderlo, porque para mí esto es de primera. Y si lo pierdo tengo que volver a un club chico y no quiero sufrir otra vez.

-¿Qué sufrías jugando en Laferrere?
-Yo soy hincha de Laferrere, nací ahí. Pero me debían cinco meses, tenía que mandar cartas documento. Era quilombero, salía en los diarios por pelear mi plata. Terminaban depositándomela porque no me querían dejar libre. En Banfield, por ahí estás dos meses abajo, pero por cómo está el fútbol argentino, no es nada. Acá te tratan como a un jugador, tenés la ropa lista… Sin ir más lejos, en El Porvenir teníamos que llevarnos la ropa para entrenar, bañarnos con agua fría. Y no quiero que eso me pase de vuelta.

-¿No pensás en jugar en la A?
-Me gustaría quedarme, a menos que me salga algo como lo que apareció en diciembre, una oportunidad de ir a Corea. Si me sale algo así, me tengo que ir, porque quiero asegurarme el futuro.

-¿Por qué siempre en clubes del ascenso?
-Estuve un par de días en Ferro, pero no estaba con ánimo de jugar. Mi viejo estaba muy enfermo y eso me sacaba las ganas. Además hubo unos problemitas de plata. Después, encontré a mi viejo tirado, y enseguida dejé de entrenar. Pero eso nadie lo ve. Para criticar hablan todos, pero esas cosas que uno sufre, nadie las contempla.

-¿Te sentís en deuda por no haber jugado en la A?
-Tengo muchas ganas, pero tampoco pretendo ir regalado. Prefiero estar en un club como Banfield y jugar antes que ir a un plantel de Primera y estar de relleno en el banco. Yo quiero jugar, aunque tenga que hacerlo en la C. Es feo estar en el banco.

-¿Y no te quedan las ganas de demostrar que podés dar más?
-No digo que no, pero no se me dio llegar a un equipo bueno para pelear a mitad de tabla. Estuve en Ferro, que estaba descendido, sufriendo con todos los chicos… En Banfield puedo pelear el ascenso y es más competitivo que estar en Primera y perder todos los domingos y no cobrar.

La B Nacional volvió y Banfield está prendido en la lucha por retornar a Primera A.
Garrafa, con contrato hasta junio, seguirá ofreciendo ese toque mezcla de elegancia y de atorrante, el mismo que aprendió en los años duros de la villa La Jabonera, en La Tablada.

-¿Cómo es curtirse en una villa?
-Viví ahí hasta los 13 años, pero entonces no había todas esas cosas que hay ahora, como la droga, era distinto.

-¿Seguiste viendo a tus amigos de entonces?
-Todos esos chicos que se criaron conmigo, lamentablemente, ya no están, por cosas que pasan en la villa. Se los llevó la falopa, o la policía…

-¿Sentís que se discrimina a los villeros?
-Sí, mucho. En la villa hay gente que viene de otros países o del interior a pelearla, a laburar y pagan el pato por los otros, porque también hay mucha gente mala. El barrio cambió mucho.

-¿Y vos cómo zafaste?
-Tenía a mis viejos que me hablaban todos los días. Y nos fuimos justo a tiempo, cuando tenía 13 años. Gracias a Dios, nunca tuve contacto con la droga y todo eso. Después, ya en las inferiores, los partidos son los domingos a la mañana, por eso no podíamos salir a bailar, a joder los sábados. Si hubiera hecho todo eso, me cagaba en el esfuerzo que hacía mi viejo para que yo pudiera jugar al fútbol. Además, a los 14 años conocí a Alicia, la que hoy es mi señora; me puse las pilas. 

-¿Cómo fue tu educación?
-Yo terminé la primaria y largué. Pero a un hijo mío le inculcaría que primero está el estudio y después el fútbol. Hoy veo cosas raras, como que los chicos van a probarse a un club y van con los padres. Es como que los viejos están interesados en sacar provecho de los pibes. Y no es así la cosa.

-¿Qué proyectos tenés fuera del fútbol?
-Pienso jugar hasta los 35 años y terminar en Laferrere. Aunque esté en la C y tenga que ir gratis. Es mi vida y siempre digo que no tenés que estar besando camisetas para demostrar cuánto querés a un club. La única camiseta que voy a besar es la de Laferrere. Eso no quita que deje todo hoy en Banfield.

-¿Después del fútbol, qué?
-Me gustaría estar como ayudante de campo o algo vinculado con el fútbol, porque no me veo trabajando.


SIEMPRE JUNTO A SU PADRE
La lucha por salir de la villa no fue fácil. Francisco, su padre, tuvo que deslomarse repartiendo garrafas de gas junto a su hijo para poder enderezar el futuro, en una casita de Laferrere. Ahí nació el apodo, y también se estrechó una relación de afecto que siguió creciendo hasta el último minuto de vida de Don Francisco.
“Yo soy profesional, pero también muy familiar. Me voy del club y estoy todo el tiempo con mi familia –resume-. Cuando jugaba en Bella Vista de Montevideo me daban los lunes libres y yo me venía a ver a mi viejo que estaba enfermo. Hay pocos jugadores que hacen eso”.

-¿Qué enfermedad tuvo?
-Cáncer en los pulmones. Sufrió mucho, fueron siete meses duros. Cuando me enteré dije “no juego más”. No quería saber nada, sólo estar al lado de él. Estuvo un mes en casa y después lo internaron. En el hospital no había comodidades, pero dormíamos en el piso de la sala, para cuidarlo. Quise disfrutarlo hasta el final y esas imágenes no me las olvido nunca más. Largué el fútbol por casi diez meses, pero más allá de que mi viejo se haya ido, me queda para toda la vida la tranquilidad de haber estado con él hasta el último minuto.

-En el primer partido, después de la muerte de tu papá le ganaron a Chicago 6-1. Hiciste un gol y hubo un momento de emoción que no todos entendieron…
-Los de Chicago pensaron que los estaba cargando. Festejé el gol adentro del arco mirando al cielo, justo delante de la hinchada de ellos. Me sacaron amarilla, pero solamente yo sabía que en ese momento estaba festejando el gol con mi papá.

El 8 de enero de 2006 José Luis Sánchez murió tras dos días de agonía, luego de caer mientras hacía piruetas con su moto, frente a la puerta de su casa. El volante ofensivo dejó su sello en Laferrere (1993/97 y 2005), El Porvenir (1997/99), Bella Vista de Montevideo (1999/2000) y Banfield, donde se dio el gusto de jugar en la Copa Libertadores.
Tenía 31 años. Una tribuna del estadio de Laferrere hoy lleva su nombre.
El homenaje a Garrafa Sánchez en la plaza que los banfileños
le dedicaron al lado del estadio Florencio Sola.

Garrafa, cuando jugaba en Laferrere, con un admirador 
que le da dimensión a su talento: Diego Maradona.
Fue el 15 de octubre de 1994.


jueves, 28 de diciembre de 2023

Uruguay 1930: Recuerdos con historia celeste

Con el lanzamiento del Museo de la Copa del Mundo de 1930, la conquista uruguaya recobra vigencia. Mientras en el mundo se pagan miles de dólares por los objetos ligados con el fútbol, una familia de coleccionistas salió a preservar la gloria del pasado.

Artículo publicado en la revista El Gráfico, en diciembre de 2001.
Por PABLO ARO GERALDES

Corría junio de 1973 y el viento soplaba por la 18 de Julio, la céntrica avenida de Montevideo. Como todas las mañanas, Rony Almeida, un ecuatoriano afincado en Uruguay, recorría las tiendas de antigüedades y visitaba a los diferentes marchands de numismática del barrio antiguo buscando piezas para coleccionar o simplemente para seguir con su oficio de compra y venta. Pasado el mediodía, decidió demorar el almuerzo y prefirió darse una última vuelta por un par de cambalaches y se detuvo en el negocio de un anticuario de la calle San José. Casi como una rutina, consultó a don Isidoro, el dueño del local, si había recibido alguna pieza que podría interesarle. “Fíjese en esa bolsa”, le respondió señalando un pequeño envoltorio de papel. Contenía anillos, medallas y cadenitas que a las dos de la tarde llevaría a la fundición, como lo hacía todos los días con el oro comprado.

Al revolver entre los pequeños objetos sacó una medallita y al leerla se le paró el corazón. De un lado decía “Coupe du Monde” y al darla vuelta leyó “Montevideo Juillet 1930” y entre laureles “José Nasazzi – Capitán”.


Un pedazo de la historia del fútbol estaba en sus manos, pero trató de serenarse. Simuló cierto desinterés y preguntó cuánto costaba. Sin saber ni interesarse por el pasado de la medalla, el dueño la tomó y la posó sobre la balanza. Se la cobró apenas un poco más de lo que costaban esos 25 gramos de oro.


De regreso a su casa, Almeida transpiró como nunca, pese al frío de la tarde. Apretando con fuerza esa medalla tomó el ómnibus hasta su departamento en Pocitos y trató de calcular cuánto valdrían esos gramos de oro.


Empezó a investigar y dio con un dato que realzaba el valor de la medalla, si comprobaba que era original, claro. La FIFA sólo le había dado una medalla de oro a Nasazzi, el capitán, mientras que el resto de los campeones mundiales recibió una de plata y esmalte. ¿Podía ser esa que él tenía la auténtica?


Al tiempo decidió ofrecerla a la Asociación Uruguaya de Fútbol a diez mil dólares, pero le dijeron que no era el único que intentaba vender objetos relacionados con la primera Copa del Mundo, y que había muchos falsificadores. Uno de los empleados de la AUF saltó: “vayamos a ver a Andrés Mazali, que fue muy amigo de Nasazzi, él va a saber decir si es verdadera o no”. Mazali fue el arquero que junto a Nasazzi salió campeón olímpico en 1924 y 1928, y mantuvo su amistad hasta su muerte, en junio de 1968.


Golpearon a la puerta de la casa de Mazali y salió a atenderles un viejito con las piernas combadas por el reuma. Era el legendario arquero, y le mostraron la medalla. No llegó a responder, sólo se quebró en llanto acariciando la imagen dorada. “Es la de Pepe”, sollozaba, mientras identificaba el golpecito en la parte izquierda. “Es la que le dio Jules Rimet. La llevó un tiempo como llavero, pero después la guardó en una lata sobre el ropero –les relató Mazali–. Al tiempo de su muerte falleció la esposa y entonces la sobrina que ellos habían criado como a una hija las tuvo que vender para pagar la tasa judicial y poder cobrar la herencia”.


Esa medalla que estuvo a horas de transformarse en parte de un lingote, se convirtió en el comienzo del Museo de la Copa del Mundo 1930. “¿Cuánto quiere?”, le preguntaron a Almeida los hombres de la AUF. “Nada, ya no quiero venderla”.

Al rescate de la memoria
En cierto modo me quedé con la partida de nacimiento del fútbol uruguayo”, reflexionaba Almeida el pasado 20 de diciembre, día de la inauguración del Museo.


Fueron años de búsqueda y estudio. De recolección minuciosa. Y cada dato nuevo que iba conociendo le ensanchaba el horizonte de búsqueda. La numismática (colección de monedas) empezó a compartir horas con otros recuerdos de los años dorados del fútbol uruguayo. Pronto se encontró con un creciente número de insignias, entradas de partidos, tarjetas postales, fotos, autógrafos, revistas, todos objetos imposibles de ser tasados como el oro, pero de un valor incalculable. Porque todos, aunque no coticen como los metales preciosos, llevan consigo el precio impagable de la historia, de lo irrepetible.


Cuando me querían comprar la medalla de Nasazzi y me descalificaban por el alto precio que pedía, yo les preguntaba: ¿saben cuánto tiempo va a pasar hasta que Uruguay vuelva a ser campeón mundial? Ojalá me equivoque, pero quizá no vuelva a serlo nunca más”, explica Almeida, director del museo surgido de su propia colección.


En la muestra realizada en Montevideo con motivo de la inauguración, el museo abrió sus puertas de manera provisoria, ya que tras ser exhibido en Japón y Corea del Sur durante el Mundial, se instalará definitivamente en Miami. “Allí podrán ver estos objetos los hinchas de toda América Latina, ya que el valor histórico trasciende el sentimiento de lo uruguayos”, relata Almeida.


¿Qué puede encontrarse en el Museo? Todo lo relacionado con lo que los ingleses llaman “memorabilia”, una palabra que aún no tiene traducción al castellano pero que significa “objetos notables y dignos de recuerdo”.
Así aparece un afiche original del primer Mundial, un álbum de figuritas con las 13 selecciones participantes, entradas para las cuatro tribunas del estadio Centenario: Olímpica, América, Amsterdam y Colombes. Hay postales uruguayas rescatadas del olvido, algunas con sus matasellos originales, y fotos inéditas de los equipos, los partidos y la construcción del Centenario. Muchas fueron conseguidas en el Uruguay, pero otras, las más valiosas, tuvieron que ser compradas en Londres. ¿Por qué? Hace una década la movida de la memorabilia estalló entre los ingleses y salieron a saquear al mundo de sus recuerdos futbolísticos a cambio de muy poco dinero. Coleccionistas británicos aparecieron por Montevideo comprando por monedas revistas, álbumes, insiginias, todo… Y cuando los responsables del museo participaron de las subastas londinenses para repatriar los objetos debieron pagar sumas que se acumulaban en miles de dólares. “La medalla que recibió Bobby Moore en el Mundial de 1966 se remató en un millón de dólares; entonces, ¿cuánto vale la de Nasazzi, que además es única?” se pregunta Rony Almeida hijo, tan entusiasta del proyecto como su padre y sus hermanos.

Más allá del 30 

El Museo de la Copa del Mundo de 1930 fue declarado de interés nacional por el gobierno uruguayo y contiene la colección más extensa de las que se conocen. Con 260 objetos catalogados supera largamente al de la propia AUF, que conserva una treintena.

La vedette de la muestra es la medalla de Nasazzi, la misma que Jules Rimet guardó en su valija y trasladó desde París junto a la Copa que años después llevaría su nombre. Pero la muestra se extiende a los cuatro campeonatos del mundo ganados por la Celeste. ¿Cuatro? Sí, porque los torneos de fútbol de los Juegos Olímpicos de París 24 y Amsterdam 28 fueron organizados directamente por la FIFA y al ganador se lo reconocía como campeón mundial, tal como lo testimonian escritos de la época. Está la foto original del festejo tras la conquista de la medalla dorada en el estadio de Colombes, cuando los uruguayos dieron una vuelta al campo de juego saludando a los parisinos que se habían enloquecido con su juego. Es la imagen de la primera “vuelta olímpica” de la historia del fútbol.

jueves, 6 de julio de 2023

Chacarita Juniors campeón 1969


Artículo publicado en la revista El Gráfico, en julio de 1999, cuando se cumplieron 30 años de la conquista.
Por PABLO ARO GERALDES


La fiebre del sábado por la noche fue la primera gran alegría de los jóvenes funebreros que bailaron hasta el amanecer en la Plaza de San Martín. Pero quienes ya relucen algunas canas, o ven cómo sus chapas se empiezan a volar, ya supieron de un festejo parecido hace justo 30 años. Fue cuando Chacarita Juniors se quedó con el Metropolitano del ’69 venciendo a River por 4-1 en la final. El estadio de Racing estuvo repleto, igual que la cancha de Villa Diehl, testigo de este regreso a Primera. Tres de los protagonistas de aquél suceso volvieron a ponerse la camiseta de Chaca para la evocación y la fiesta presente.
El arquero Eliseo Petrocelli, el marcador de punta Franco Frassoldati y el puntero Carlos María García Cambón. El tema que los une, aquel equipo brillante armado por Argentino Geronazzo, continuado por Federico Pizarro, Miguel Ángel Guerra y llevado al título por Víctor Rodríguez. Petrocelli tiene el ejemplar de la revista de esa época, encuadernado, y no deja de observarlo.

-¿Se acuerda, Eliseo, el título de El Gráfico? Juvenal sentenció: “Al fútbol se juega así”.
-La pauta de lo que fue ese equipo la da la cantidad de notas que nos hacen todavía, y no ahora que se cumplieron 30 años, sino a lo largo de todos estos años. Fue un muy buen plantel, algo tuvo que haber dejado, ¿no Tano?
-Es verdad, después hubo otros equipos chicos que salieron campeones, como Quilmes, Ferro o Argentinos, pero que sin embargo no son tan evocados como el Chacarita del ’69. Y no fue sólo el de ese año, siguió hasta el ‘72. En el ‘71, por ejemplo, le ganamos a Bayern con el equipo que fue la base de la Selección Alemana campeona del mundo en 1974. Fueron tres años en los que estuvimos prendidos siempre arriba y en los que mantuvimos un estilo de juego que nunca traicionamos.
-El hecho de haber salido campeón con un equipo chico fue algo especial porque hasta el año anterior, todas las temporadas jugábamos la reclasificación para no descender -agrega García Cambón-. Los que estabamos en el club desde las inferiores nos habíamos acostumbrado a salvarnos a dos fechas del final. Y de buenas a primeras el equipo empezó a tomar una envergadura más importante. La primera rueda ya terminamos en el tope de la tabla. Encima ese año se había incorporado más de la mitad del equipo, como Gómez, Poncio, Puntorero, Recúpero, Orife...

Frassoldati es el mismo de siempre. Locuaz, simpático, apasionado. Hoy es dueño de una empresa de limpieza y está haciendo el curso de técnico. Petrocelli trabaja en una empresa de impermeabilizaciones y despunta el vicio del fútbol en el club Parque... “Soy algo así como el director de Deportes”. La historia de García Cambón es más conocida: desde la asunción de Mauricio Macri se desempeña en la Reserva de Boca. A su manera, todos siguieron los pasos de la campaña 1999, la que condujo hasta el reencuentro con los domingos. Y cada uno rescató una veta positiva del equipo. Para Frassoldati este Chacarita tiene una gran personalidad. “Lo fui a ver en casi todos los partidos y es un equipo contundente -aclara-, que no perdona el menor error. Tiene un temperamento increíble y, por supuesto, buenos jugadores. Si no, que lo diga Carlitos, que sigue laburando con el fútbol”.
-Pará, pará, que por mi actividad no lo pude ver mucho, pero los partidos que observé me alcanzaron para destacar la actitud de juego y la convicción para mantener su esperanza de ascender. Eso fue lo más importante.
-Sí, y da la impresión de tratarse un muy buen grupo, muy unido, lo que no es un dato menor -acota Petrocelli-.
-Y hubo algo grandioso -interrumpe el Tano-: cómo se levantó después de perder con Instituto, algo que a cualquiera lo destroza. Y Carlitos tiene razón en lo que dice de la convicción, aun con todos los problemas de lesiones y suspensiones salió a flote...
-Claro, -retoma el ex arquero- cuando lo golearon en Córdoba tuvo que arrancar de vuelta y con cuatro jugadores menos, no es fácil. Y en lo que respecta a mi puesto, a Vivaldo no le queda grande el título de mejor arquero del país. Si entre los grandes de Primera están Chilavert y Córdoba, que son extranjeros...

En San Martín, los barrenderos tuvieron que trabajar un domingo para limpiar la resaca de la fiesta. La misma que ellos supieron saborear.
Chacarita Juniors, campeón del Metropolitano 1969. Parados: Bernabé Palacios (suplente), Ángel Marcos, Juan Carlos Puntorero, Leonardo Recúpero, Rolando Orife y Horacio Neumann. Agachados: Eliseo Petrocelli, Abel Pérez, Raúl Poncio, Jorge Alberto Gómez, Franco Frassoldatti y Ángel Bargas.

"La victoria de Chacarita valida los valores que hicieron grande al fútbol argentino...", escribió Juvenal en El Gráfico, claramente apuntando a Estudiantes de La Plata, señalado por entonces como "el antifútbol". "Esos valores parecían haber sido olvidados por muchos equipos, jugadores y entrenadores... porque Chacarita no es un equipo 'chico agrandado' que disfruta de sus mayores victorias históricas corriendo y jugando rudamente, mordiendo, luchando, sudando y bruscamente todo el tiempo. Chacarita corre, muerde, suda, entrega, sacrifica, pero también juega al fútbol. Mejor dicho: quiere jugar, cuidando la pelota a lo largo de la cancha, y también da pelea".

domingo, 15 de agosto de 2021

Afganistán: Jugar con fuego

No es nada sencillo vivir en Afganistán. Y mucho menos practicar deportes. Por empezar, el país dominado por los talibanes es el único miembro de la FIFA que no compite y fue excluido del Comité Olímpico Internacional. Las reglas internas son tan estrictas que ningún occidental se animaría a pisar una cancha.

Artículo publicado en la revista El Gráfico, en octubre de 2001.
Por MARTÍN DE ROSE Y PABLO ARO GERALDES

Si algo caracterizó a los años 80 fue la tensión mundial por la Guerra Fría, que enfrentaba a los Estados Unidos y el Occidente capitalista con el bloque soviético comunista. En 1980 todo estaba listo en Moscú para el comienzo de los XXII Juegos Olímpicos. Pero la crisis política tenía efectos en el deporte: el gobierno estadounidense de Jimmy Carter encabezaba un boicot en protesta por la invasión soviética a Afganistán, en 1979, que intentaba reforzar su posición en el país para construir un bloque en esa zona asiática.

La dictadura de Videla en la Argentina –un país “profundamente anticomunista”, según el canciller Carlos Pastor–, le ordenó al coronel Antonio Rodríguez, presidente del Comité Olímpico Argentino, sumarse a la movida norteamericana. La delegación argentina no fue a Moscú, igual que otros 59 países.

Los atentados terroristas del 11 de septiembre contra los Estados Unidos colocaron otra vez a Afganistán en el centro de la escena y en la mira de las fuerzas militares de Occidente, ya que ese país asiático refugia al multimillonario líder saudí Usama Ben Laden, sospechado de idear los ataques, según imponen las cadenas televisivas internacionales. Pero, ¿qué espacio tiene el deporte en Afganistán? ¿Cómo lo toman los talibanes, el grupo fanático que reinterpretó el Islam? ¿Por qué es el único miembro de la FIFA que no participa en competencias oficiales? ¿Por qué el Comité Olímpico Internacional le prohíbe participar de los Juegos Olímpicos? ¿Cuáles son sus deportes?

Afganistán, un país sin tradición en los deportes clásicos, participó por última vez de un Juego Olímpico en Atlanta 96 con una reducida delegación. Coincidentemente con el fin de aquellos juegos, la milicia extremista islámica talibán tomó el poder. Este grupo, integrado básicamente por jóvenes, todos varones, no se lleva bien con el deporte, y el mundo deportivo tampoco los digiere.

La FIFA tiene 204 miembros pero en su ranking mensual aparecen 203. El que falta es Afganistán, por no tomar parte de competencias oficiales. El último partido de su selección fue el 20 de septiembre de 1984: 0-0 ante Hong Kong por la eliminatoria a la Copa de Asia. Desde entonces el fútbol se fue convirtiendo en una práctica cada vez más extraña, hasta que en 1994 fue prohibido. La razón, si así se la puede llamar, se remonta a un incidente ocurrido en la guerra de Karbala en el siglo VII. Fue cuando los cristianos vencieron a los musulmanes y cortaron las cabezas de sus héroes Hassan y Hussain –hijos de Alí, uno de los discípulos preferidos de Mahoma– y se divirtieron pateándolas, como en el fútbol. Los talibanes, que analizan con un rigor particular el Corán, determinaron que no era apropiado permitir un deporte que “rememore” aquel episodio.

La veda duró hasta octubre de 1997 cuando promulgaron decretos que imponían al deporte su propia interpretación de los textos sagrados. Para conmemorar el primer aniversario de la caída de Kabul, la capital, organizaron un gran show deportivo en el que intervinieron 3000 atletas (todos varones, claro, ya que las mujeres, entre innumerables prohibiciones, no pueden hacer deporte).

El fútbol volvió, sí, pero adaptado a la visión talibán. Un edicto del Departamento de la Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio impuso el rezo en las horas estipuladas por el islam también en los espectáculos públicos. Así un partido puede interrumpirse las veces que haga falta para las plegarias. Jugadores y público oran arrodillados.

En medio de la represión creciente, el 27 de julio último (2001) unos 50 mil hinchas silbaron y aplaudieron en un partido de fútbol en Kabul. Esto, normal en Occidente, en Afganistán es un desafío a la autoridad. Uno de los citados decretos religiosos determina que los espectadores sólo tienen permitido gritar “Alá-o-Akbar” (Dios es Grande). “Fue la máxima concurrencia a un estadio desde que los talibanes ascendieron al poder”, explicó Ahmad Zadran, jefe de la Federación Afgana de Fútbol.

Cuando se volvió a permitir el deporte la ONU reconstruyó una tribuna del bombardeado estadio de Kandahar, donde los talibanes tienen su sede. Para inaugurarlo no hubo desfile, ni fuegos artificiales... ni siquiera partido. Diez mil espectadores siguieron en silencio la ejecución de un preso bajo el travesaño de un arco. La interpretación severa de la ley hace que los culpables de algún delito paguen con su cuerpo. Una mujer que salga a la calle sin su marido o hermano puede recibir azotes; lo mismo si no viste su burqa (túnica) o se le ven los tobillos. Las infieles pueden ser lapidadas y una mujer que se pinte las uñas será condenada a la amputación de sus dedos. Un ladrón inexorablemente perderá sus manos o sus pies, según el grado de reincidencia, y los delitos más graves conducen a la horca, la decapitación o un tiro de gracia. Estas ejecuciones y amputaciones son el “espectáculo” público que congrega más público en Afganistán.
Jaque mate al deporte
Afganistán no pudo participar en Sydney 2000 porque el Comité Olímpico Internacional suspendió al país en 1998. En agosto del año pasado los líderes talibanes solicitaron al COI, mediante un escrito, que sus atletas sean invitados a participar “como mensajeros de paz”. El ministro de Deportes Shakur Muttmain dijo que supondría “una gran decepción” para sus deportistas quedar fuera de la competencia. Y lo fue. Pocos días antes de iniciarse los Juegos, la policía de Nueva Zelanda detuvo a un grupo de integristas afganos sospechados de planear un atentado en Sydney, aparentemente impulsados por Ben Laden.

Los afganos se habían entrenado en lucha libre, boxeo, fútbol y atletismo. Y según Mohammad Khaled, secretario general del Comité Olímpico local, esa marginación suponía que “los deportes podrían colapsar en el país y los atletas, abatidos, podrían caer en la droga”. Ghulam Dastgir, miembro del equipo de lucha, se lamentó: “Pasé meses trabajando duro, pero no me sirvió para nada”.

Uno de los deportes que más sufre con el régimen es el ajedrez. Miles de civiles afganos sufrieron el exilio por jugarlo. Durante las Olimpíadas de Ajedrez de 1996 en Ereván, Armenia, el equipo afgano fue admitido a mitad de competencia. Para llegar al torneo los seis ajedrecistas debieron huir durante 10 días en un micro por Uzbekistán y Turkmenistán. Los talibanes recién habían tomado Kabul y asesinado al presidente Najibulá cuando, entre otras medidas, prohibieron los tableros. Mohammad Qasim Ghosi y sus cinco compañeros tenían un equipaje mínimo: alfombras de cuya venta pensaban sobrevivir en el exilio.

Ghosi explicó que la presencia en Armenia “es un testimonio de la dignidad del pueblo afgano. El ajedrez, mezcla de cultura, arte, deporte y ciencia, es un símbolo y era una materia obligatoria en nuestras escuelas. En una competencia se comparte con otras culturas y religiones. El ajedrez es la antítesis del régimen talibán”.

La Federación Afgana de Ajedrez funciona en el exilio. Su secretario general, Ajmal Jamshidi, es uno de los refugiados que vive en Ámsterdam y resume: “En 1994 había unos 20 mil ajedrecistas activos en mi país. Muchos de ellos huyeron. De los que quedaron, 1900 fueron detenidos por actividades políticas o simplemente por jugar torneos clandestinos. Nos consta que fueron torturados y que doce de ellos murieron en el arresto. Todos los clubes de ajedrez fueron destruidos. Los tableros, las piezas y los relojes se vendieron en Pakistán, y los libros técnicos fueron quemados”.

Según el diario español El País “la prohibición del ajedrez, como también ocurrió en Irán durante el liderazgo de Khomeini, se basa en una interpretación radical del Corán y de la ley islámica que prohíbe la representación de figuras humanas o animales y relaciona al ajedrez con los juegos de apuestas, el alcohol y el abandono de la oración”.

Los años de dominación inglesa dejaron en el país cierta pasión por el cricket. En mayo pasado un grupo de hinchas despidió en el estadio Rawalpindi a la primera selección de cricket que salía de gira al exterior. Esa vez se “toleraron” algunos aplausos. “Espero que un día juguemos con Inglaterra en Lord’s –la catedral del cricket–”, se ilusionaba Allahdad Noori, capitán del equipo. Un sueño remoto, aunque el régimen talibán presiona para ser reconocido por la International Cricket Council.

Los jugadores de este seleccionado fueron elegidos de equipos provinciales, pero la realidad es que la mayoría vivió mucho tiempo como refugiada cerca de la frontera paquistaní. Todos pertenecen a la etnia pashtuns, la tribu afgana dominante de la cual surgieron los talibanes. Ninguno de los integrantes del plantel es de la minorías tajikas, uzbekas y hazaras, que son insistentemente perseguidas. El propio Noori vivió 18 años en Peshawar, donde reside de la mayor población afgana de Pakistán. “Ahora lo importante es promover el deporte -dice-. Queremos que el mundo sepa que los afganos también podemos hacer deportes”.

Uno de los impedimentos difíciles de salvar es el de la indumentaria: los deportistas no pueden vestir camisetas de manga corta o shorts. Al equipo de cricket le llevó varias discusiones convencer al régimen para que les permitieran jugar con ropa deportiva en lugar del shalwar kamiz, la holgada y tradicional prenda afgana.
Los que no se van a olvidar más de la rigidez de estas normas de vestuario son los futbolistas de un equipo juvenil pakistaní que realizó una gira por Kandahar, en el sur de Afganistán. El 15 de julio del año pasado (2000) fueron arrestados y rapados tras cometer el “error” de jugar en pantalones cortos. Soldados talibanes irrumpieron con armas en el amistoso, ofendidos por las piernas expuestas de los visitantes. “En el futuro habrá un código para los equipos visitantes”, prometió el ministro Muttmain. Por el contrario, en 1998, tres boxeadores talibanes no pudieron pelear en Pakistán porque se negaron a cortar la barba, prohibida por los reglamentos internacionales.

En el origen de algunos deportes, Afganistán tuvo cierto protagonismo. Dos teorías bien distintas sobre las raíces del básquet y del pato, respectivamente, advierten sobre los antecedentes en el buzkashi, el deporte nacional afgano. En este juego con caballos la única regla es embocar un cordero muerto en un círculo ubicado en el piso. Para practicarlo se elige a los chavandozlar (jinetes) entre los hombres más fuertes y salvajes de cada pueblo. Algunas escenas se ven en la película Rambo III.

El dogmatismo talibán atrasó la práctica del deporte en un país escaso en atletas. Un símbolo de este anclaje en el paso fue el fondista Baser Wasiqui, que en el Maratón de Atlanta 96 clavó un tiempo de 4 horas, 27 minutos y 17 segundos. Llegó último, empleando casi el doble de tiempo que el argentino José Luis Molina, que quedó en el puesto veinticuatro.

sábado, 13 de marzo de 2021

René Pontoni: elegante y goleador

"El centrodelantero más fino, armonioso, sutil y brillante de toda la historia del fútbol nacional", lo definió el legendario Juvenal en las páginas de El Gráfico. Se inició en Newell's, la rompió en San Lorenzo y se consagró en la Selección. Formó un recordado terceto con Farro y Martino.

Artículo publicado en la revista El Gráfico, en febrero de 2013.
Por PABLO ARO GERALDES

Hay jugadores cuyo apellido suena extraño si se lo cita en soledad. A René Pontoni le pasó, porque quedó unido para siempre en medio de esa trilogía Farro-Pontoni-Martino, cargada de musicalidad en la pronunciación, y de voracidad goleadora en el recuerdo.

Era un pibito de 7 años cuando murió su padre Hermenegildo, un tano que se había afincado en Santa Fe. No le faltaba el pan a los Pontoni, pero desde ese día, su madre Lucía, él y sus cuatro hermanos tuvieron que salir a pelearla para mantener el almacén familiar. René tuvo que recorrer las fincas y granjas con una canasta y comprar huevos. Allí surgió su primer apodo, cuando, de regreso a casa, dejaba la mercadería a un costado del montoncito de ropa que hacía de arco en los picados. Huevo y la familia vivían frente al estadio de Unión, pero por empuje de su hermano Juan Alberto, ingresó en el club rival, que por entonces era Gimnasia y Esgrima de Santa Fe. Corría 1934.

Desde ahí saltó al seleccionado santafesino, que jugaba el Campeonato Argentino. La pregunta empezaba a correr por las tribunas: “quién es ese gordito que juega de centreforward?”. El mismo contaba: “¿Sabés cuánto pesaba entonces? Como ochenta kilos. Era grandote, pero ganaba con la habilidad, me sacaba fácil a la gente y además metía goles”.

Ya despuntaba su estilo elegante, ese que el periodista y poeta Osvaldo Ardizzone asoció a su nombre: “René... Y hasta la musical fonética de su nombre suena como asociada a la pinta de galán francés. Como si en la caprichosa ocurrencia del bautismo ya jugara el presagio de ese dandy metido a jugador de fútbol”.

En 1941 Newell’s Old Boys compró su pase por 12 mil pesos, luego de que él rechazara ofertas de Boca y Peñarol. Tuvo que debutar con la cabeza rapada, porque estaba haciendo el servicio militar. “Bajé de peso y andaba como una bala. Fue la mejor época de mi carrera como jugador: con Belén, Cantelli, Morosano, Ferreyra; con Perucca, con Sobrero... Se jugaba un fútbol bárbaro, así como me gustaba a mí, de diversión”, recordaba tras su retiro en las páginas de El Gráfico.

Pronto lo compararon con el paraguayo Arsenio Erico, máximo goleador del fútbol argentino, y las puertas de la selección se le abrieron en 1942, cuando debutó frente a Uruguay: fue 4-1 con dos goles de Pontón.

En la estadística queda como el futbolista de Newell's con el máximo promedio histórico de gol, totalizando 67 tanto en 110 encuentros (0,61 %). Quienes lo conocieron, siempre destacaron su personalidad jovial, alegre, contagiaba entusiasmo. “Llegué a Buenos Aires para el 45 y me fui a vivir por Flores, a la pensión de “La Gringa”, una señora macanuda que también daba de comer. Cuando ella se mudó a Charcas y Pellegrini también me fui para allá. Siempre andaba por el centro... Empecé a ganar amigos, me gustaba la ciudad”, le confiaba a Ardizone, que remataba el párrafo: “Los años viejos de Maipú y Corrientes, el legendario estaño de Pichín y, enfrente, la milonga eterna del Marabú con todo aquel piante tanguero de las muchachas nocturnas...”.

No había inflación en 1945, pero los 12 mil pesos pagados por Newell’s se transformaron en 100.000 cuando lo vendió a San Lorenzo en una operación récord. Al llegar se encontró con Armando Farro y Rinaldo Martino para tirar paredes, hacer pisadas, amagues, gambetas, tacos y alguna que otra rabona, y elaborar esos goles que entraban besando los palos, inflando la red a veces, acariciándola otras.

San Lorenzo ya era el Ciclón, pero en ese 1945 empezó a cambiar su fisonomía de juego a partir de un ideólogo genial: “el virtuoso conductor de ese cambio que transformó el Ciclón en un tempo del fútbol alegre y chispeante fue justamente René Pontoni”, en palabras de Juvenal, otra pluma elevada de El Gráfico.

“Anduvimos bien... La del 46 fue una buena época mía. Farrito saliendo de atrás y Martino y yo adelante. Lo más destacado de todo es que se tocaba la pelota con velocidad. Era la entrega cortita pero veloz, casi de primera, sobre todo cuando ya pasábamos los tres cuartos de cancha. Hago una comparación: La Máquina de River fue lo mejor que vi como fútbol puro, pero con un toque de pelota más pausado, o con los pelotazos que ponía Adolfo (Pedernera) con la mano... En cambio nosotros, aunque la tocábamos más corta, le imprimíamos más velocidad, más sorpresa. Esa era nuestra clave, matábamos”, definía el propio Pontoni.

En 1946 San Lorenzo fue campeón con 90 goles en 30 partidos. El número refleja la contundencia ofensiva azulgrana pero no alcanza para expresar la belleza de su juego sutil y demoledor a la vez.

“Me preguntaban si preparábamos algo con Martino y Farrito. No. Se hablaba un poco antes del partido, pero todo salía solo. Yo sabía lo que iba a hacer Farro; Martino lo que pensaba yo. Y yo adivinaba lo que se le ocurría a él. Llega un momento en que de tanto conocer a tus compañeros podés jugar sin mirar”, explicaba.
En diciembre del 46, como premio por el título San Lorenzo salió de gira por España y Portugal. “Si íbamos por todo el mundo, no nos ganaba nadie. ¡Calculá que marcamos 41 goles en ocho partidos”, reseña, pero no podía dejar lo extrafutbolístico: “primer partido con nieve, contra el Atlético Aviación (hoy Atlético de Madrid). Lo que era estar en Europa en esos años, y encima soltero”.
El tour tuvo su clímax: el 6-1 sobre la Selección Española. “Fue la exhibición más grande que se había visto allá hasta entonces. Gritaban ‘Ole’, como en los toros... llegamos a tener la pelota 15 minutos seguidos”, repasaba.

Luego de golear a España, René salió de compras por Madrid. Ante una vidriera se detuvo al ver que tenían su cognac favorito. Al pedirle dos botellas, el dueño advirtió su acento y le espetó: “¿Usted no es uno de esos tíos argentinos que le han metido seis goles a la selección? ¿Esos del San Lorenzo?”. Casi con temor, respondió afirmativamente, y el señor saltó, efusivo: “pues, qué va, hombre... Va usted a permitirme que le obsequie estas dos botellas, entonces... No me debe nada, el agradecido aquí soy yo. Que ya le contaré a todos mis amigos que ha estado usted en mi modesta tienda. Ustedes sí que me han divertido en el estadio... ¡Nunca he visto nada igual, hombre!”.

Su personalidad vital, divertida, saltaba en cada anécdota: en España, una noche le pidió permiso para salir de la concentración a Domingo Peluffo, que encabezaba la delegación. Ante la negativa del dirigente (que luego presidiría la AFA), prometió: “Si me deja salir, mañana hago dos goles para usted”. ¿Cómo siguió la historia? Sí, salió, a la tarde siguiente San Lorenzo ganó, Pontoni metió dos goles y Peluffo fue al vestuario a decirle al oído: “Bueno, René, ya sabe: cuando necesite permiso para salir, pídame nomás”.

Aquel tridente ofensivo quedó grabado en la memoria del fútbol argentino y así lo analizaba él: “Creo que ni Farro ni Martino ni yo éramos veloces físicamente. Yo tenía un arranque muy lento, pero cuando entraba en carrera, entonces sí, por quince metros mantenía un pique bastante fuerte. Lo que era veloz era la cerebración, la rapidez para hacer correr la pelota. Farro hacía goles porque el petiso llegaba a pesar de salir de abajo, pero los que más estábamos allá adelante éramos Martino y yo. Nuestra cualidad más destacada era justamente definir con sorpresa: más sorpresa para fabricar el claro que para tirar”.

René Pontoni y Rinaldo Martino.
A la par de San Lorenzo, brilló con la celeste y blanca: fue tricampeón sudamericano: 1945 en Chile, 1946 en Buenos Aires y 1947 en Ecuador. Fue considerado el mejor centrodelantero de América y totalizó 19 goles en 20 partidos con la selección.

Luego de tres temporadas espectaculares, la de 1948 será recordada por su fractura de rótula, meniscos y ligamentos de la pierna derecha. La desafortunada jugada del zaguero boquense Rodolfo De Zorzi se transformó en una anécdota divertida, gracias al buen humor de René: una semana después de la lesión, De Zorzi cayó en el mismo sanatorio, fracturado. “Me vengué en forma: mientras estuvimos internados, lo obligué a que me cebara mates todos los días”, recordaba derrochando simpatía.

Volvió para jugar en la época dorada del fútbol colombiano: Independiente Santa Fe (1949/52), después en Portuguesa, de San Pablo, en el 53 y un retorno fugaz por la reserva campeona de San Lorenzo en 1955, donde le servía goles a un pibe que prometía: José Sanfilippo. “Me acuerdo que yo le insistía al Nene: ‘Allí adentro, la cabeza fría y a ponerla en los costados. Esa, para mí, es la mejor condición de quien se siente goleador’”, resumía.

Cerró una carrera con 132 goles en 212 partidos. Un año después empezó como DT, una actividad que lo llevó por Newell’s, El Porvenir, Almagro, Tigre, Sportivo Italiano y The Strongest, en Bolivia. Se desvinculó a fines de 1968 y al año siguiente el equipo paceño murió en un accidente aéreo recordado como “la tragedia de Viloco”, que se llevó la vida de 17 jugadores.

“Extraño al fútbol, porque fue mi gran berretín y porque jugué más o menos bien. Porque lo quise. Porque no hay otra forma de triunfar en algo que queriendo. Tenés que sentir, tenés que creer en lo que hacés”, confesaba en 1975, cuando una encuesta de El Gráfico lo consagró como el mejor 9 de todos los tiempos del fútbol argentino. Por entonces, atendía la cantina ‘La Guitarrita’, junto a su socio y concuñado Mario Boyé.

El 14 de mayo de 1983, a los 63 años, un infarto se lo llevó a gritar los goles eternos. En el recuerdo resaltan las palabras de Juvenal para René Pontoni: “el centrodelantero más fino, elegante, armonioso, sutil y brillante de toda la historia del fútbol nacional”.

lunes, 20 de febrero de 2017

Belize: Deon McCaulay, el goleador desconocido

Se llama Deon McCaulay, juega para Belize y es el líder de la tabla de goleadores de las Eliminatorias a Brasil 2014, por encima de figuras como Leo Messi, Cristiano Ronaldo, Radamel Falcao o Zlatan Ibrahimovic. La historia de un futbolista muy particular que no pierde las esperanzas de progresar.

Publicado en la revista El Gráfico, en mayo de 2013
Por PABLO ARO GERALDES, en Belize City

Algo está mal, algo no cierra. ¿Qué lugar es este? El mapa señala Centroamérica y la espesura de la selva tropical lo confirma, pero todo es muy distinto alrededor. Los rasgos de los habitantes recuerdan a los mayas: pómulos prominentes, nariz aguileña, la frente ancha y plana y los ojos con un toque oriental. Son la mayoría, pero no los únicos. Un 20% lleva la herencia africana y la memoria de la esclavitud; hay un 8% de blancos de ascendencia británica y española y una creciente cantidad de chinos. Si uno les habla en español, responden, pero entre ellos dialogan con un inglés pronunciado con la boca muy abierta... Esto se parece mucho a Jamaica, pero en el continente.

Los nombres de las calles... La Western Highway se convierte en la Cemetery Road al cruzar el Central American Boulevard, no es fácil llegar hasta la gasolinera de Collet Canal Street donde El Gráfico pactó el encuentro a través de un teléfono público cuya cabina era el único reparo del sol inclemente del mediodía en Belize City.

Todo alrededor pinta una típica colonia británica de las Antillas: las mujeres de blanco que asisten a las iglesias, los comerciantes que extienden sus negocios a las veredas, las boinas tricolores tejidas de los rastafaris, olores que presagian sabores y la brisa salada del Caribe que atenúa un poco esos 40° que se desploman, verticales, desde el sol abrasador.

Uno aquí es un bicho raro, en medio de la marea humana que viene y va, entre el sudor y los gritos en piyin, esa lengua criolla que mezcla español con inglés y es hablada por las clases más populares. Y es más raro todavía porque el contacto del otro lado de la línea está por llegar. Este cronista repasa la foto impresa y, como un identikit, la compara con todos los hombres que se acercan y siguen de largo. Una botellita de coco-piña ayuda a olvidar el calor por unos minutos, hasta que aparezca él, el máximo goleador del mundo camino a Brasil 2014.

La temperatura altera los sentidos, sí, pero no tanto como para llegar al delirio. ¿Alguien imagina a Leo Messi o Cristiano Ronaldo emergiendo de esta muchedumbre en Belize? Difícil creer que estos genios del fútbol aparezcan mezclados en este paisaje de palmeras y buses escolares americanos de los 70 que hoy son aquí la modernidad misma del transporte público. Junto al surtidor de diesel de la Esso no esperamos ni a Zlatan Ibrahimovic ni a Radamel Falcao... El que hace una seña amistosa y extiende su mano es Deon McCaulay, el beliceño que, con 11 tantos, encabeza la tabla de goleadores de las Eliminatorias para la próxima Copa del Mundo.

“Vamos en mi auto, damos un paseo por la ciudad y bebemos algo fresco”, invita el artillero desconocido. Su coche tiene unos años, no se parece a los que relucen en la playa de estacionamiento del Real Madrid o del Barça, pero tiene los suyo: “Los de aquí vamos a comprar autos usados a los Estados Unidos. Por dos mil dólares se consiguen algunos muy buenos, pero hay que traerlos andado 3 mil kilómetros, cruzando todo México”, explica.

Deon McCaulay anda por las calles como si nada. Ninguno le pide una foto o un autógrafo. No recibe saludos, pese a que es el máximo goleador de la historia de la selección de Belize, algo que de alguna manera lo emparenta con Pelé en Brasil, Gabriel Batistuta en la Argentina, David Villa en España o Luigi Riva en Italia, por meter solamente algunos ejemplos.

Ese es uno de sus récords, pero tiene más motivos para el orgullo, aunque no sea bajo las luces de lo mediático. Porque él fue quien anotó el primer gol de la Eliminatoria para Brasil 2014, el 15 de junio de 2011, cuando Belize visitó a Montserrat en Couva (Trinidad). En el estadio Ato Boldon había apenas 150 testigos. Esa noche metió tres, que llegarían a 11 con el correr de ocho partidos. En la segunda fase, Belize se despidió del sueño mundialista, pero desde entonces, sus once gritos siguen estando en lo más alto de la eliminatoria que han comenzado 203 selecciones.

Pero ninguno de estos méritos hacen de McCaulay una personalidad famosa, ni siquiera en su país. Es más: ¡hasta hace un mes no tenía club!

Después de un paso formal por Deportes Savio, de Honduras, en 2012 se volvió a Belize y apenas jugó unos meses en la Premier League of Belize, un torneo de nombre pomposo y nivel apenas modesto, con la camiseta del Raymond Gentle-City Boys United. Después una prueba infructuosa en Portland Timbers, de la MLS estadounidense, regresó a su país y se sumó al plantel del Belmopan Bandits, de la capital.

-¿Cuál es tu próximo objetivo?
-Poder jugar en algún equipo de Europa o Sudamérica... Si no, en Centroamérica, no importa, pero no quiero jugar aquí en Belize...

-¿Por qué? ¿Se estancó el crecimiento?
-Sí, hay crecimiento, pero ahora no es el lugar donde quiero jugar. Me gustaría afrontar un desafío mayor.

-¿Cuál es el estilo futbolístico que los beliceños tienen como modelo?
-Aquí gusta el fútbol que hacen los brasileños, pero a la hora de jugar es más físico que técnico. A los niños les encanta el fútbol, es el principal deporte, y crecen jugando y viendo fútbol de España, de Champions League, de Inglaterra, algo que antes no pasaba.

-¿Cómo empiezan?
-En la casa, en la calle, en la escuela... A todos los chicos les gusta el fútbol.

Aquel grito inicial, casi ahogado en la soledad del cielo negro de las noches del Caribe, quedará para siempre en la estadística pegado a su nombre. “Para mí es algo muy grande, para mi familia también”, rememora. “Fue significativo para todos los aficionados en Belize, pero para nadie más. En el mundo no interesa, queda como algo personal. Jugando aquí no voy a tener proyección. Es muuuy difícil que se vea a un jugador de nuestra liga, porque el nivel es más bajo que en los otros países de la región”, comenta con dolorosa sinceridad.

-Al pasar la primera eliminatoria contra Montserrat, ¿hubo entusiasmo en la gente? ¿Cómo se vivió?
-No, no tuvo trascendencia. La gente no estaba esperando el partido, muy poca gente va al estadio a vernos jugar. Los aficionados estaban muy enfrentados con el presidente anterior de la federación.

-El partido en Belmopán contra Guatemala, ¿cuánta gente reunió?
-En esa ocasión sí estuvo casi lleno el nuevo estadio, pero fue un hito, algo no común. Guatemala es el rival más grande de todos los que enfrentamos en esta eliminatoria.

-¿Y en tu carrera?
-México. Jugamos contra ellos en la eliminatoria para Sudáfrica, fuimos locales en Houston y los visitamos en Monterrey. Caímos 2-0 en Estados Unidos y después perdimos 7-0.

-¿Qué les pasa por la cabeza ante rivales tan superiores?
-Es difícil. La mentalidad no estaba bien. No confiamos igual en los dos partidos. El sueño era jugar al máximo esos encuentros y no estuvimos a la altura.

La Selección de Belize en 2007, cuando participó en
la Copa UNCAF, en El Salvador. McCaulay es el 9.
Nuestro personaje llegó a la selección tras ser goleador del torneo 2005/06 con el Kremandala, un modestísimo equipo de San Ignacio Cayo, un pueblito perdido en la selva, pero que atrae al turismo por sus ruinas mayas y reservas naturales.

-¿Recordás tu debut?
-Fue en 2007, contra El Salvador, en la Copa UNCAF. Perdimos apenas 2-1 en San Salvador, en un estadio Cuscatlán repleto. Se preparaban para una goleada y no pudo ser. En ese mismo torneo, marqué mi primer gol, contra Nicaragua.

-Más allá del estilo brasileño que les gusta, y hablando de objetivos posibles, ¿en qué país de la región se miran como para ponerse una meta realista?
-Honduras. Porque jugó el Mundial 1982 y también el 2010. Creo que podríamos llegar un día nosotros a ese nivel. Será un proceso que tardará muchos años, yo ya no seré futbolista. Pero si se sigue trabajando más y más, algún día llegará.

-Para crecer hace falta competir contra los rivales más duros. Ganándole a los más débiles no van a subir el nivel. ¿No es necesario antes de la selección, que los clubes compitan en los torneos de la Concacaf?
-Sí, es muy importante, para que los futbolistas ganen confianza y experiencia. Eso levantará el nivel y les dará más posibilidades a todos. Hay varios compañeros de la selección que nunca habían jugado un partido internacional de clubes. Encontrarse contra un estadio lleno, de visitantes, ante un adversario de prestigio, es algo para lo que tienen que estar preparados. Y eso lleva su aprendizaje.

Deon se describe con entusiasmo, con la esperanza de encontrar un nuevo club fuera de Belize: “Puedo jugar como punta, en el área, y retroceder para buscar la pelota. Cualquier posición de ataque me es cómoda”. Quienes siguieron la eliminatoria, resaltan que es ambidiestro y destacan su velocidad y potencia en el juego aéreo.

En 2013, frente a El Salvador.
-En enero se jugó en Costa Rica la Copa UNCAF, ¿cómo te entrenaste al estar sin club?
-Solo. Soy de ir al gimnasio, salir a correr, cuidar mi alimentación... tengo que estar listo para cuando aparezca la oportunidad. Sé que algo bueno va a suceder.

-Todo es tan amateur...
-Sí. Los jugadores que viven cerca del estadio se quedan en su casa y van a la hora del partido. No hay concentraciones aquí. La disciplina cuesta, el problema es que no hay mucha enseñanza en cuanto a entrenamientos, descanso, comidas. Por suerte esta generación tiene conciencia de lo que es ser profesional, de querer ser mejor, de esforzarse para conseguir las metas que se propone.

-Hay jugadores que sí tienen experiencia internacional...
-Sí, sólo cinco jugaron afuera, son los que pasan por el fútbol hondureño, como Elroy Smith (Deportes Savio), el arquero Shane Orio (Marathón), Harrison Róchez y Elroy Kuylen (Platense). Y yo, que también estuve en Savio. Nadie más.

-¿Sentís que haber jugado profesionalmente en Honduras subió tu nivel?
-Sí, aprendí más. Creo que mi nivel de hoy es gracias a los directores técnicos y al nuevo sitio de entrenamiento que tiene la selección en Belmopán. Al salir del país, uno se da cuenta de que se puede progresar, aquí el nivel es muy bajo. La meta es crecer, confiar más en nuestros jugadores, ganar competitividad.

-¿Y qué va a pasar con tu récord?
-Al récord lo van a superar. Todavía hay grandísimos jugadores compitiendo, a los que les restan muchos partidos. Para mí es una frustración que nadie se fije en mí, porque afuera de Belize no ven lo que conseguí.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Arda Turan

El turco genial que le pone un toque de distinción al aguerrido Atlético de Madrid. Hizo de actor, puso una estación de servicio en Estambul y es un fanático de los tradicionales kebabs de su país. Para conocerlo de la A a la Z.

Artículo publicado en la revista El Gráfico, en enero de 2014
Por PABLO ARO GERALDES

ATLÉTICO
Arda llegó en 2011 y pasó su primer año a la sobra de Falcao y de Diego, pero en cuanto tuvo la oportunidad de mostrar sus cualidades, se destapó: es el futbolista más talentoso del plantel. Amado por los hinchas colchoneros, el turco hoy es parte del alma del Atlético: “Real Madrid, Barça, Bayern tienen fantásticos jugadores, pero nosotros somos muy fuertes como equipo. Estamos juntos, somos poderosos. No somos fáciles de vencer. Estamos entre los mejores de Europa”.

BOLO
En la actuación se llama “hacer un bolo” a una participación breve en alguna escena. Y eso es lo que hizo el año pasado cuando debutó como actor en el rodaje de película “Hükümet Kadin 2” (La Gobernadora 2). Arda aparece 2 minutos en esta comedia, filmada con más de 40°C, y se prestó debido a su buena relación con la protagonista. Turan hace de campesino, juega un picado en una cancha de tierra y se pelea con los lugareños que le reprochan su poco apego al trabajo.

COPA DEL REY
Con el Atlético de Madrid ganó la Europa League y la Supercopa europea en 2012, pero la conquista que posiblemente más hayan gozado los aficionados es la de la Copa del Rey 2013, disputada ante el Real Madrid en el mismísimo estadio Santiago Bernabéu. “Puede que meta cinco goles en un partido y no me sienta especialmente satisfecho, pero ganar al Madrid en el Bernabéu la Copa se recordará por siempre. Eso sí es importante”, dijo lleno de emoción tras la conquista.

DINERO
Su pase del Galatasaray al Atlético se concretó por 13 millones de euros. En mayo de 2011 los enviados colchoneros tuvieron contacto con Arda en Estambul, donde el jugador había llegado a un punto sin retorno. Quienes estuvieron allí lo recuerdan como algo muy extraño: “Nos llevaron a una casa y, al rato, llegó una furgoneta. Pegó la puerta de atrás a la puerta de entrada y de allí salió Arda”, escondido. El Atlético amplió el contrato hasta 2017 con una cláusula de 42 millones.

ESTAMBUL
Nació en la capital turca, ciudad de la que guarda los mejores recuerdos: “Yo vivía en casas con las puertas abiertas, nadie tenía miedo. Aunque nadie tenía dinero para comprar nada, eran felices. Jugábamos siempre en una callecita bastante estrecha y había que pasar la pelota muy rápido para esquivar a la gente. Ahí aprendí la técnica. Por eso mi fútbol es como si estuviera jugando en una calle estrecha con arcos hechos solamente con dos piedras”.

FERRARI
Su andar por las calles de Madrid no pasa inadvertido, se dan vuelta a su paso para admirar la poderosa y bella Ferrari 458 Italia roja. Es un auto de dos plazas diseñado por Pininfarina, beneficiado por la experiencia de la compañía en la Fórmula 1. Tiene un motor de V8 de 4,5 litros que eroga 578 CV (419 kW) a 9000 rpm. El motor incorpora la inyección directa de combustible por primera vez en un Ferrari con configuración de motor central. Puede llegar a 325 km/h.

GALATASARAY
Comenzó su carrera allí y debutó en la Superliga turca en 2004, con 17 años, aunque para ganar experiencia fue cedido al Vestel Manisaspor. De vuelta al Galatasaray, fue ganando su lugar en el equipo que levantó la Türkiye Kupası (Copa de Turquía) en 2005, y en 2008 obtuvo de la Liga. La Champions puede ponerlo ante su viejo equipo, algo que no desea: “No me gustaría, hay demasiados sentimientos. Nací y crecí deportivamente en Galatasaray, el club es mi vida”.

HUMOR
Su sonrisa es permanente y todos sus compañeros destacan su espíritu alegre: desde su forma de vestir hasta la manera de encarar los problemas, siempre con una mueca de burla. “Lo que él buscaba cuando lo fichamos era poder disfrutar del fútbol de élite, pero al mismo tiempo hacer una vida normal, algo que en Estambul era imposible”, explica un dirigente del Atlético. “Aquí estoy feliz, en el vestuario hay buena gente. Me siento como en una familia. No paro de sonreír”.

ISLAM
Como la mayoría de los turcos, Turan profesa la religión musulmana: “Soy musulmán y cumplo con el Ramadán (ayuno durante las horas de sol en el noveno mes del calendario musulmán), pero hay días en los que no puedo ser muy estricto por mi trabajo. Lo recupero en otros”. La camiseta del Atlético a Azerbaiyán, país vecino a Turquía, también de fuerte tradición islámica y cuando el Atlético fue a jugar a Bakú contra un combinado de estrellas de ese país, él fue el foco de atención.

JUVENIL
Su trayectoria con las selecciones turcas comenzó en 2002, cuando fue convocado a la Sub-16. Su mayor logro lo consiguió en 2005, cuando Turquía ganó el Campeonato Europeo Sub-17 (superó 2-0 a Holanda en la final disputada en Pontedera, Italia) y empezó a estar bajo la mirada de los observadores de los principales clubes del continente. Hasta 2006, cuando saltó a la selección mayor, Arda jugó 75 partidos en las diferentes categorías juveniles y marcó 13 goles.

KEBAB
Aferrado a las tradiciones de su país, no deja de lado su rica gastronomía, aunque su comida favorita sea una de las más simples y populares: el kebab. Generalmente se hace con carne de cordero, pero también se preparan con ternera, oveja o pollo. En Madrid ya tiene su restaurante preferido: “Hisar Casa Turca, en la calle Narváez, 72, anotátelo”, aconseja. “Vamos mucho allí, los dueños son muy simpáticos y nos tratan muy bien. Es muy pequeño, de kebabs tradicionales.

LÍBERO
No, no es que haya jugado en esa posición, sino que es el nombre de la revista española que publicó una amplia entrevista a Arda Turan y que le dio la tapa de su N° 7, en diciembre pasado. La publicación, además lanzó una palabra que hoy en día está muy pronunciada por los alrededores del estadio Vicente Calderón (Ver X). Libero es una revista alternativa, que se caracteriza por profundas entrevistas a personajes tomados como “de culto” dentro del mundo futbolístico.

MESSI
El 0-0 del mes pasado entre Atlético y Barcelona tuvo a Turan como figura excluyente. Al terminar el encuentro, el turco se dirigió a Lionel Messi y se cambiaron las camisetas, Se dijeron algo -quién sabrá qué- y se rieron. A propósito del Balón de Oro ganado por Cristiano Ronaldo, Arda comentó: “Cristiano es increíble, pero a Messi no se le puede comparar con nadie, no es de este mundo, es un extraterrestre. Para mí, es el mejor jugador de la historia del fútbol”.

NAFTA
En diciembre, pasada la tristeza por la eliminación del Mundial, Turan fue noticia en su país, pero no por el fútbol: pagó unos 870 mil dólares por una parcela del barrio de Bayrampasa, en Estambul, y allí empezó la construcción de una estación de servicio, el sueño de su padre. Una vez finalizadas las obras, el jefe de la familia comenzará a regentear su propia gasolinera, algo que Arda recuerda como un anhelo de siempre de su padre y está feliz de poder concretárselo.

ORÍGENES
Arda no olvida sus orígenes: “Nací en Bayrampasa, el distrito más pobre de Estambul. Conozco la vida en la calle. Vengo de un sitio humilde. Ahora mi ropa ha cambiado, pero mi carácter y forma de ser son los de siempre”, dijo en una entrevista difundida por el Ministerio de Juventud y Deporte de Turquía (foto). La revista Habertürk dio a conocer su último gesto solidario hacia su gente: paga las facturas de agua, gas y electricidad de todos los vecinos de la casa de su infancia.

POSICIÓN
“Cuando estaba en el Vestel Manisaspor el entrenador Ersun Yanal (hoy en el Fenerbahçe) me enseñó mucho. Jugábamos 3-5-2 y a mí me ponía de carrilero por la derecha”, recordó. Mucho le debe a Fatih Terim, hoy al frente de la selección: “Es como mi padre. La historia del fútbol turco le debe mucho”. Simeone prefiere ponerlo de mediapunta y Arda acepta: “No hay problema, el Cholo sabe lo que hace. A la derecha, la izquierda... Lo que quiera. Yo trabajo igual en cualquier posición”.

QUERIDA
En los sentimientos, Arda está en sintonía con las grandes estrellas y sale desde 2009 con una bellísima modelo y actriz, su compatriota Sinem Kobal. Ella es famosa en su país porque actúa, principalmente, en novelas de televisión. Tiene 26 y vive en Madrid, junto al futbolista. Aunque no es conocida en la capital española como en Estambul, no dejan de mirarla por su impactante figura. En su país a Arda lo apodan “el Beckham turco” y la pareja es perseguida por los paparazzi.

RECONOCIMIENTO
Así como no tuvo reparos en elogiar públicamente a Lionel Messi, también menciona con nombre y apellido a sus ídolos futbolísticos de su vida: “cuando era más joven, admiraba a Emre Belözoglu, que jugaba en Galatasaray y ahora está en Fenerbahce, además de llevar 14 años en la Selección de Turquía. Pero mi modelo en la actualidad es Andrés Iniesta. Aunque sea de mi edad, no me importa: Tengo admiración por él aunque en la cancha seamos rivales, aprendo de él”.

SIMEONE
Turan tuvo grandes técnicos en su carrera, como Rijkaard, Terim, Hiddink... “Pero con Simeone es todo muy intenso: así son los entrenamientos, tal cual son el Atlético y Simeone, rápidos e intensos. Estoy muy cómodo con él: hago mi trabajo en la parte defensiva y en ataque tengo libertad. Está trabajando para convertirse en el mejor técnico del mundo”. “Cuando tenemos la pelota, Arda es un jugador que nos hace diferentes”, lo elogió sintéticamente el Cholo.

TURQUÍA
Hizo su debut en la selección el 16 de agosto de 2006, contra Luxemburgo. De a poco se fue afirmando hasta convertirse en un indiscutido por el flanco izquierdo del equipo “Ay Yildiz” (la medialuna y la estrella). El 25 de mayo de 2008, ante Uruguay, marcó su primer gol y un mes después brilló en la Eurocopa disputada en Austria y Suiza, donde los turcos se quedaron, contra todo pronóstico, con el bronce. En total, lleva anotados 13 goles en 74 partidos.

UEFA
Arrancan los octavos de la Champions League y el Atlético enfrenta al Milan dirigido por Clarence Seedorf, secundado por Hernán Crespo. Aun conociendo a los pesados rivales, Arda es optimista: “Si mantenemos el trabajo, podemos hacerlo. Le ganamos al Chelsea en la Supercopa, al Real Madrid en la final de la Copa... Podemos lograr lo que nos propongamos. No quiero sonar demasiado ambicioso, este es el torneo más importante del mundo. Afrontamos cada partido como si fuera una final”.

VESTEL MANISASPOR
En la temporada 2005/06 estuvo a préstamo en este equipo de la ciudad de Manisa que en ese torneo debutó en la máxima categoría y luchó por mantener la categoría, aunque al final descendió. Allí, con muchas menos presión que en el Galatasaray, aprovechó para hacer pie en la liga (jugó 15 partidos) y, sobre todo, aprender de su entrenador, Ersun Yanal, quien lo pidió al ver las buenas performances que venía teniendo, sobre todo en las selecciones juveniles.

WORLD CUP
La Copa del Mundo es su deuda pendiente y tratará de saldarla recién en Rusia 2018, cuando tenga 31 años. De cara a Brasil 2014, la selección que lo tiene como figura terminó cuarta en el Grupo D de la eliminatoria europea (detrás de Holanda, Rumania y Hungría) y aunque mantuvo chances hasta el final, no le alcanzó. Turquía participó solamente en dos mundiales: Suiza 1954 y Japón/Corea 2002, donde se quedó con un histórico tercer lugar.

X
Equis de incógnita. O de neologismo, tal es la palabra “ardaturanismo”, tan en boga en la capital española. ¿De qué se trata? El mismo Arda Turan intentó explicarlo en la entrevista con Líbero: “Lo he oído. Como nunca he destacado como goleador, mi juego se destaca por la organización y el juego bonito. Es decir, si me pones en un ránking qué es lo más importante para mi juego, hacer goles sería lo último. No es mi prioridad. Por eso cuando ven un partido de alta calidad dicen que es ‘ardaturanismo’”.

YOUTUBE
El caño que le metió a Andrés Guardado, del Valencia, en diciembre último es una de las escenas más buscadas de Arda en la red social de videos más grande de internet. El turco del Atlético de Madrid lo ve venir, lo va midiendo y, con un toque perfecto, sorprende al mexicano que termina cometiéndole una falta. Los amagues, pisadas, disparos magistrales y toda una galería de sus lujos está disponible en Youtube con solo poner su nombre en el buscador.

ZENIT
En su retorno a la Champions League, en septiembre de 2013, Atlético de Madrid recibió al Zenit de San Petersburgo ruso y Arda marcó el segundo gol de la victoria por 3-1. Lo festejó con tanto ímpetu que los hinchas se sintieron más identificados todavía con él; lo adoran. El equipo dirigido por Diego Simeone ganó invicto el Grupo G y ahora espera para visitar al Milan, el 19 de este mes en el encuentro de ida de los octavos de final.