miércoles, 20 de mayo de 2026

Daniel Onega, el máximo goleador de una Copa Libertadores

El 20 de mayo de 1966 el delantero Daniel Onega abrió el marcador en el tercer partido de la final de la Copa Libertadores que enfrentaba a River Plate con Peñarol. Ese fue su 17° gol en aquella edición del torneo, una cifra que nadie pudo alcanzar en las 60 temporadas que siguieron del máximo torneo de clubes de Sudamérica.


Era "el Pibe Onega" en aquel 1966 en el que apareció en la Primera de River Plate, o "el hermano de Ermindo", el 10 que era la estrella del equipo. Pero Daniel enseguida iba a mostrar su impronta propia, a puro gol. 

A los 13 años había llegado de Las Parejas, Santa Fe, cuando su familia decidió trasladarse a Buenos Aires para acompañar la carrera de Ermindo. Hizo las inferiores en River de la mano del maestro Renato Cesarini, el mismo que le dio su espacio para afianzarse en Primera a los 20 años.

En 1966 la Copa Libertadores había ampliado su formato: además de los campeones comenzaron a participar los subcampeones, con lo cual pasó de 10 equipos a los 17 que participaron. La fase de grupos que antes era de 4 partidos, creció hasta 10, más 6 de la ronda semifinal... River Plate fue el que más encuentros disputó: 20. Con ese incremento de calendario de competición, el entrenador decidió afrontar el campeonato local con los titulares y en la Copa alternar a los suplentes y juveniles. Ahí fue cuando llegó la hora del debut para el más chico de los Onega:"El primer partido de la Copa era el primer partido del año, el 10 de febrero, y justamente contra Boca, en el Monumental. Hasta último momento Cesarini no me decía nada; me llama y me dice: 'Tito, mira que vas a jugar vos'... Él me tuteaba porque me tenía desde pibe. Y se ve que me habré puesto pálido porque me dijo 'Mirá que si estás asustado no te pongo'. Al final le ganamos 2-1, con goles de Sarnari y Bayo, y yo empecé a afianzarme".

Cinco días después, River venció 2-1 en Venezuela al Deportivo Lara, con dos goles de Daniel Onega, que apareció como un "fantasma" goleador y así le nació el apodo.

Dos días después, en Caracas, otro gol en el triunfo sobre Deportivo Italia. A la otra semana, en Perú uno más en el empate con Universitario y otro para ganarle a Alianza Lima. Terminó febrero con 5 goles en la Copa y marzo arrancó con todo: en Buenos Aires, River goleó 5-0 a Universitario y él metió tres. Uno más de local contra Alianza Lima y completó la decena personal con un tanto en la victoria porteña sobre Deportivo Italia.

En la ronda semifinal convirtió cinco durante abril: uno cuando River le ganó a Guaraní en Paraguay, dos contra Independiente en Núñez y otros dos a Guaraní en la vuelta. Como River e Independiente terminaron igualados en puntos, tuvieron que ir a un desempate: en el Gasómetro el Pibe Onega abrió el marcador para ganar 2-1 y enfrentarse a Peñarol, que lo esperaba en la final.

El primer partido, en el Centenario, terminó 2-0 para los montevideanos. La revancha en el Monumental él anotó el primero de River en el triunfo 3-2 que obligó a un tercer encuentro, dos días más tarde en Santiago. Aquel viernes 18 de mayo de 1966 Daniel Onega anotó el primer gol, el 17° personal en una campaña que no pudo coronarse con el trofeo porque Peñarol dio vuelta el partido y se impuso 4-2 en el alargue.

La tristeza de la derrota no le hizo reparar en el dato: sus 17 goles se convertían en la cifra más alta de las siete ediciones disputadas hasta entonces.

-¿Era difícil hacerse un lugar con el apellido Onega? Las comparaciones con Ermindo estarían muy presentes...
-Yo tenía un juego totalmente distinto al de mi hermano: Ermindo fue un jugador excepcional y yo tenía otra característica más con llegada al gol, pero igual siempre estaba la comparación. Entonces uno por ahí se enojaba, decía: "No, júzguenme como Daniel Onega y no como el hermano de Ermindo". Pero eso me ayudó mucho porque, al margen de Ermindo, de tenerlo encima al lado, yo jugaba de 9 y él de 10. Y la mayoría de los compañeros que tuve en primera división me ayudaron muchísimo tanto dentro como fuera de la cancha. No fue fácil la entrada, pero después, con el tiempo, me fui acomodando y adaptando un poquito más.

-Su carta de presentación en ese 1966 fue inmejorable: goleador de la Libertadores y esos 17 tantos que aún hoy, 60 años después, nadie pudo alcanzar.
-No, no, todavía no. Yo creo que no soy envidioso, tendré otros defectos, pero me gustaría seguir teniendo el récord aún cuando ya no esté, porque igual hasta ahora nadie estuvo muy cerca de llegar a esa cantidad de goles. Hay que empezar del primer partido y llegar a la final, eh. Pero a la marca de los 17 goles no se le dio tanta importanca en ese momento, se le da más por ahí hoy que en entonces, ¿no?

Los hermanos Daniel y Ermindo Onega.
-Aquel River es señalado como el equipo que no podía alcanzar el título, que durante 18 años de sequía, y a usted le tocó transitar justamente ese período. Sin embargo, a cada uno de los equipos se los reconoce por su juego. ¿Qué tenía aquella camada a la que usted llega con Cesarini y luego sigue con Ángel Labruna?
-Bueno, River siempre se caracterizó por ser un equipo que más que lindo jugaba bien. Porque a veces una cosa es jugar lindo pero no se es productivo, ¿no es cierto? River siempre tuvo grandes jugadores. Yo cuando empecé a jugar tenía a Luis Cubilla, mi hermano, a Pinino Más, Luis Artime, Roberto Matosas, Sarnari, Jorge Solari, Juan Guzmán, Abel Vieitez, Amadeo Carrizo en el arco, que uno miraba, estaba durante el partido, miraba para el arco de y lo veía a Amadeo y pensaba "¿Cómo le hacen un gol a este?", no podemos perder. Para mí que fue el mejor arquero de de todos los tiempos, de los que vi. Eh, yo tuve la suerte de jugar también con Fillol, con Gatti, pero para mí Amadeo está un un peldaño un poquito más arriba.

-También lo tuvieron por unos meses a Juan Carlos Lorenzo y luego a José D'Amico...
-Sí, tuvimos una mala experiencia con el Toto, que venía de dirigir a la selección en el Mundial del 66, pero estuvo solamente tres meses, porque tenía una forma de de interpretar el fútbol y de manejar el vestuario que no cuajó en el grupo nuestro. Él quería hacer un sistema de juego distinto al que estábamos acostumbrados y los resultados no nos acompañaron. Y después vino D'Amico, que había sido campeón con Boca: un gran técnico, un gran profesor, porque José hacía las dos funciones. Él en principio era propagador físico y hacía de físico y de técnico. Y bueno... para el '68 llegó Labruna, porque River buscó un hombre del club como Ángel. Claro, ahí sí, ahí buscó a alguien que estaba identificado porque además él como los Onega éramos hinchas de River desde pibes. Entonces yo digo siempre que si tenés la suerte de jugar o dirigir el club del que sos hincha, lo vivís de otra manera, lo sentís de otra manera. Ángel era hincha de River a muerte, de toda la vida. Era un entrenador que sabía cuál era la filosofía y el gusto del paladar del hincha de River. Siempre trató de conseguir jugadores que se adaptaran a ese tipo de juego. Y además era un gran motivador, sabía elegir muy bien y era te respaldaba mucho porque él no era de hacer cambios continuos. Si el equipo tenía una falla, la corregía, pero vos te sentías seguro con él en la cancha porque sabías que si hacías una mala jugada no tenías que mirar al banco a ver si alguno se estaban moviendo para entrar en tu lugar. Sabías que Ángel te respaldaba y eso creo que fue una de las grandes virtudes que tenía Labruna.

-Hoy, 60 años después de aquel River, usted sigue siendo socio y amigo de Luis Artime. ¿Qué tenía ese grupo de hombres que quizá hoy por la dinámica de los mercados de pases es imposible sostener más allá de una temporada?
-Fundamentalmente, tenía un gran grupo humano y además tuvimos la suerte también de tener grandes entrenadores que al margen de lo futbolístico sabían manejar muy bien el grupo. Porque es importante tener bien el vestuario. Uno a veces, yo veo ahora, por ejemplo leo lo que pasa en el Real Madrid, el vestuario está mal, se agarran dos atrompadas porque hay un problema y eso repercute después en el campo de juego. Nosotros teníamos una amistad. Yo me acuerdo que en esa época, antes que incluso de que yo jugara, todavía estaba en las inferiores pero yo ya compartía con ellos, porque una semana se juntaban cinco o seis de los más grandes en la casa de mi hermano, otra semana en la casa de Artime, otra cosa en la casa de Vladislao Cap y con sus mujeres y había una relación muy linda. Cuando vos tenés una amistad con alguien así tan importante, después dentro de la cancha parece que te defendés mucho más entre todos; porque no queres que tu amigo -al margen de compañero- que a tu amigo le pase algo y todo eso. Era para bien. Yo creo en un grupo. Porque si yo pierdo tres a dos, pero porque hice los dos goles me voy contento, eso no sirve. Ganamos 2 a 0, no hice ni un gol, pero estoy feliz porque ganamos. O sea, que eso es lo que suma en un plantel. Lamentablemente habían usado una palabra que caía mal porque decían, "son una camarilla"... No, no es camarilla, es una amistad que después se refleja en la cancha, pero te tildaban de "camarillero" porque se juntaban y porque iban a comer juntos a la casa de uno o de otro. Y yo creo que eso era era muy importante para el grupo. Ojalá en los grupos de hoy pudiera pasar eso. Antes también se hablaba mucho de cuando uno iba a arreglar un contrato, un compañero te decía: "Mira, yo arreglé esto, yo arreglé lo otro"... hoy me parece que es todo más individual, cada uno hace lo suyo.

Onega y Renato Cesarini tuvieron una relación histórica en el fútbol argentino, ya que el entrenador ítalo-argentino fue quien lo probó en las inferiores de River Plate, lo moldeó como jugador y lo hizo debutar en la primera. El maestro murió en 1969, y cinco de sus ex jugadores lo homenajearon de la mejor manera: los hermanos Eduardo y Jorge "Indio" Solari, Luis Artime y los hermanos Onega, fundaron en Rosario el Club Renato Cesarini, el 15 de enero de 1975.
Renato Cesarini 1981, con Daniel Onega (abajo, segundo desde la izquierda)

Martín Demichelis, Javier Mascherano, Javier Gandolfi, Fabián Cubero, Andrés Guglielminpietro, Pablo Piatti, Alejandro Saccone, Santiago, Esteban y Augusto Solari, Roberto Sensini y Joaquín Correa son algunos de los que llevaron la impronta del Club Renato Cesarini.

-Qué recuerda del maestro Cesarini?
-Por sobre todas las cosas elegía siempre jugadores de buen pie y jugadores inteligentes. Porque yo digo siempre que prefiero un jugador inteligente a un habilidoso, porque el inteligente sabe cuándo tiene que jugar a un toque, cuándo tiene que meter una pelota de 40 metros, cuándo tiene que jugar hacia atrás, cuándo tiene que lateralizar... Por ejemplo, si uno en la mitad de la cancha tiraba un túnel o un sombrero, él se enojaba. Ahora me decía: "Tiralo adentro del área, tirá túneles, tirá sombrero, porque si te sale quedás mano a mano con el arquero, pero en la en en en la mitad de la cancha te la quitan por un lujo, agarrás a todo el equipo saliendo y te meten en contragolpes y es un gol. Entonces, esa es la inteligencia también de saber dónde, en qué lugares de la cancha uno puede hacer qué tipo juego.

Después de haber marcado 119 goles con River Plate en 253 partidos entre 1966 y 1973 (con un paréntesis de un préstamo a Racing, en 1972), siguió su carrera en el Córdoba español y en Millonarios, de Bogotá, Colombia. Pero River fue siempre su casa. Tanto que 2002 volvió, para hacerse cargo de la captación de chicos que nutren la cantera, una tarea que desempeña hasta hoy.

Aunque no pudo festejar un campeonato con River Plate, luce entre sus logros estar en el Top-10 de goleadores históricos del club, en el noveno puesto... y ser el máximo goleador argentino en la Copa Libertadores, con 31 goles, una marca hacechada por Lucas Pratto, que tiene 30 y juega esta edición del torneo sudamericano con Coquimbo Unido, de Chile.

Gracias, Daniel Onega, por la visita a la 
Escuela Maradona Menotti

sábado, 16 de mayo de 2026

El primer partido de cada clásico del fútbol argentino

Diez clásicos especiales, de cuando todavía no eran clásicos... los primeros de cada uno en la máxima división del fútbol argentino.

Por PABLO ARO GERALDES

En algunos casos ya se conocían del barrio, de desafíos, se habían enfrentado en ligas menores o en el camino a la Primera División. Aquí compilo el primer enfrentamiento oficial entre cada uno de los llamados "Cinco Grandes" en la élite del fútbol argentino. Pronto se volvieron "clásicos" y once décadas después atraen la máxima atención de la Liga Profesional.

4 de junio de 1911 en River Plate
River Plate 3-1 Racing
Goles: 24' Donato Abbatángelo (RP)
            40' Adriano Bergogne (RP),
            41' Antonio Ameal Pereyra (RP)
            62' Natalio Perinetti (R)


24 de agosto de 1913 en Racing (local Boca)
Boca Juniors 1-2 River Plate
Goles: 27' Cándido García (RP)
            46' Antonio Ameal Pereyra (RP)
            78' Marcos Mayer (BJ)


7 de septiembre de 1913 en Estudiantes (local Boca)
Boca Juniors 1-0 Racing 
Gol: 43' Enrique Bertolini (BJ)


11 de abril de 1915 en Independiente
Independiente 1-1 Boca Juniors
Goles: 12' Nicolás Cappeletti (I)
            15' Enrique Colla (BJ)
Incidencia: Secundino Miguens (I) atajó un penal a Francisco Roldán a los 30'.


11 de abril de 1915 en Ferro Carril Oeste (local San Lorenzo)
San Lorenzo de Almagro 0-1 River Plate
Gol: 83' Arturo Chiappe (penal) (RP)


16 de mayo de 1915 en Ferro Carril Oeste (local San Lorenzo)
San Lorenzo de Almagro 1-4 Racing
Goles: 48'' Clemente Comaschi (R)
            2' Federico Monti (SL)
            39' Juan Hospital (R)
            57' Alberto Ohaco (penal) (R)
            67' Alberto Ohaco (R)


23 de mayo de 1915 en Independiente
Independiente 3-0 San Lorenzo de Almagro
Goles: 28' Nicolás Cappelletti (I)
            30' Aníbal Arroyuelo (penal) (I)
            67' Nicolás Cappeletti (I).
Incidencia: Arroyuelo (I) desvió un penal.


23 de junio de 1915 en River Plate
River Plate 3-0 Independiente
Goles: 46' Nicolás Rofrano (RP)
            55' Arturo Chiappe (penal) (RP)
            85' Cándido García (RP)


7 de noviembre de 1915 en Boca Juniors (Wilde)
Boca Juniors 5-0 San Lorenzo de Almagro
Goles: 20' Alberto Coll (en contra) (BJ)
            35' Francisco Taggino (BJ)
            42' Luis Galeano (BJ)
            75' José Coll (en contra) 
            77' José Coll (en contra) (BJ)


12 de diciembre de 1915 en Racing
Racing 1-2 Independiente
Goles: 10' Alberico Zabaleta (I)
            55' Nicolás Cappeletti (I)
            88' Nicolás Vivaldo (R)
Independiente perdió los puntos por haber incluido en su equipo a Victorio Capelletti, quien estaba inhabilitado

jueves, 14 de mayo de 2026

Roberto Batata campeón post mortem de la Copa Libertadores

Artículo publicado en conmebol.com
Por PABLO ARO GERALDES

El 14 de mayo de 1976 falleció trágicamente Roberto Batata, brillante puntero derecho del Cruzeiro. Había convertido un gol en la visita a Alianza Lima por la Copa Libertadores y, apenas regresó a Belo Horizonte, aprovechó el día libre, manejó su Chevette con rumbo a Tres Corações. "Estaba cansado, pero también ansioso por reencontrarse con su esposa Denize y su hijo Leonardo", comentaron sus compañeros. Un accidente en la ruta causó una enorme tristeza en Brasil, que admiraba su juego veloz y habilidoso.

Su descubridor João Crispim lo había llevado al Cruzeiro. Tostão, el gran ídolo del club azul, quedó encantado con su fútbol en 1971. Promovido junto a Palhinha, fue tetracameón mineiro. A Roberto Monteiro, tal su veradero nombre, Cispim lo llamaba Batatinha (en español Papita) por su gusto por las papas fritas y el cariñoso apodo le quedó para siempre.

Dos meses y medio después de su triste partida, Cruzeiro vencía a River Plate 3-2 en Santiago de Chile y conquistaba por primera vez la Copa Libertadores. Tras el pitazo final del árbitro chileno Alberto Martínez, todos los jugadores mineiros formaron un círculo y oraron por su memoria. Nunca un campeón de la Libertadores estuvo tan presente como él en la noche santiaguina. La emoción y las lágrimas enmarcaron la entrega del trofeo.

Hoy, su estrella de campeón post mortem brilla tanto como la Cruz del Sur que engalana el pecho del equipo Guerreiro dos Gramados.

Pura emoción. Pitazo final del árbitro Alberto Martínez, Cruzeiro es campeón de América y dedica la consagración a la memoria de Roberto Batata.