domingo, 10 de mayo de 2026

Todos éramos del Napoli

El fútbol era otro. Italia era la meca del fútbol mundial a la que solamente accedía un puñado de figuras de primerísimo nivel mundial: Platini, Elkjaer-Larsen, Boniek, Falcao... y se sumó Maradona. No había lugar para jugadores de segundo orden, estrellas de países emergentes ni pasaportes italianos que aparecían mágicamente. Para jugar en el calcio había que ser un crack en serio.

El fútbol era otro. Nosotros éramos otros. Adolescentes encantados con la magia de Diego, inmediatamente sumamos nuestra adhesión al Napoli a la que ya teníamos por el Barcelona. El Milan tenía un cuadro espectacular, la Juventus desplegaba un fútbol impresionante, el Inter imponía su presencia en cualquier estadio, pero nosotros no nos subíamos a los carros triunfales, simplemente nos hicimos del Napoli por amor a él.


A mediados de los ’80 no se podía ser argentino sin ser del Napoli. Esa camiseta celeste, tan poco acostumbrada a los éxitos, nos convocaba desde la presencia de Diego. El modesto equipo del sur de Italia no proponía el mismo brillo que las grandes squadras del norte, pero tenía a Maradona, como un alquimista que podía materializar los sueños más imposibles.
Lejos estaba el periodismo en aquellos años de escuela secundaria, en los que el fútbol invadía todos los espacios de conversación. Los interminables debates entre compañeros de Boca y de River, de Independiente y de Racing, de San Lorenzo y todos los demás encontraban un nuevo punto de hermandad semanal: todos éramos del Napoli.

No había todavía televisión por cable, pero el Canal 9 de Buenos Aires transmitía cada domingo el fútbol italiano. Y entonces, muchas horas antes de que nuestros equipos salieran a la cancha, cuando el fútbol se jugaba completamente en domingo, dejábamos el desayuno familiar, la misa en la Iglesia o los paseos tradicionales: allí estábamos todos frente al televisor, como tifosi napolitanos a once mil kilómetros del estadio San Paolo esperando una gambeta, una locura de Diego, un gol para gritarlo hasta la afonía. No importaba si la emisión traía las imágenes de Milan-Udinese, allí estaríamos todos esperando que sonaran las trompetas con el anuncio “Napoli in vantaggio” para alegrarnos como si se tratase de un gol de nuestro equipo de siempre.

El Mundial de México selló para siempre nuestro amor con Diego Maradona. Si aquella selección pudo conquistar la Copa del Mundo a partir del brillo del número 10, la Serie A invitaba a soñar con una hazaña semejante. ¿Podría aquel limitado equipo del Napoli llegar a la cumbre del calcio? ¿Era posible para el modesto Napoli superar a los poderosos equipos del norte? Solamente sería viable si Diego desplegaba todo su talento, y allí, detrás de sus gruesa figura estábamos todos los jóvenes argentinos, empujando a esa escuadra napolitana que llevaba los mismos colores que la bandera nacional.

No había estallado la globalización, no existía internet ni había canales deportivos. La revista El Gráfico traía imágenes y reportajes exclusivos desde Italia, que leíamos y atesorábamos con devoción religiosa. Pero no era suficiente. Ahí empezaban las peripecias para conseguir el póster que nadie tenía, escribir cartas a Italia para intercambiar material con aficionados de allí, hasta que descubrimos un kiosco (solamente uno) que traía a Buenos Aires la revista Guerin Sportivo. Era carísima, pero íbamos cada semana a comprarla para tener ese material que ningún chico argentino tenía.

Aprendimos a leer en italiano gracias a esa publicación y a la necesidad de tener más de Diego, de querer estar más cerca del Napoli.

Adornábamos nuestras carpetas escolares con fotos de Guerin Sportivo, antes de “estudiar” sus páginas con muchísima más dedicación que los libros de historia y geografía. Sabíamos todo del calcio: podíamos precisar la defensa del Atalanta, decir los nombres de los 16 estadios de la Serie A, marcar al Avellino en un mapa o recordar el fixture del Empoli, el Verona o el Como. Nos transformamos en eruditos del fútbol italiano, pero especialmente del Napoli.

Cuando el primer Scudetto se hizo realidad, la mañana del 10 de mayo de 1987, “estuvimos” todos en el San Paolo, contra la Fiorentina. Lo festejamos unidos como solamente la Selección Argentina había podido juntarnos, un año antes.
Solo en mi cuarto, en ese madrugador horario de los domingos y varios años antes de empezar mi carrera en el periodismo, salté de alegría junto a los napolitanos, me arrodille junto a la cama a implorar ante el póster de Maradona, grité en cada jugada y sufrí con sudor helado hasta que el árbitro marcó el final, sabiendo que un pedazo grande de esa gloria tenía el sello argentino. La explosión de felicidad fue allá como una erupción del Vesubio... aquí, como una repetición de la gloria del 86. No existía otro tema. Terminado el partido, los vecinos salían a la calle a compartir su alegría, a enorgullecerse por el compatriota que era portador de festejos a los más humildes de Italia.

Aquel domingo, horas después, cada uno en la tribuna de su club de siempre, había un solo tema de conversación que sobrepasaba a Boca, Vélez o Newell’s Old Boys: Diego lo había hecho de nuevo. Así como nos había llenado de gloria en el estadio Azteca, él había llevado a la cima al humilde equipo de Nápoles para ponerlo por arriba de los poderosos del calcio. Esa victoria la sentimos como propia, como el más napolitano devoto de San Genaro. La festejamos en nuestras calles bonaerenses, como si se tratase de la Gallería Umberto I, la Via San Gregorio Armeno o la zona de Fuorigrotta, donde se alza el estadio San Paolo.

No importaba la distancia en aquellos años. La felicidad venía importada de Italia gracias a Diego Maradona, cuando todos éramos del Napoli.


martes, 5 de mayo de 2026

Cuba: la Revolución del fútbol

"El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor"
Ernesto 'Che' Guevara

Cuba es el país del deporte, se ve en cada lado de la isla. Lo que resulta novedoso es que la histórica preferencia por el béisbol y el boxeo está siendo remplazada por una enorme fiebre de fútbol.

Artículo publicado en la revista FIFA Magazine, en enero de 2008.
Por PABLO ARO GERALDES


Ronaldinho pisa la pelota ante Ballack, la pasa para Totti y dispara ante la salida de Messi, el arco está vacío... ¡Gol! ¡Goooool! La escena no a corresponde una gala entre FIFA XI y Resto del Mundo, no, es una animada jugada en el Paseo del Prado, a metros del Malecón de La Habana, Cuba. Los protagonistas no son, claro, estas grandes estrellas mundiales, se trata de un grupo de niños que disfrutan del balón mientras relatan a viva voz sus sueños de fútbol.

Cuba es el país del deporte, se ve en cada barrio de cada ciudad de la isla. Lo que resulta novedoso es que la histórica preferencia por el béisbol y el boxeo está siendo remplazada por una enorme fiebre de fútbol. Según el Gran Censo 2006 de FIFA, más del 10% de los cubanos practica fútbol. Y no sólo lo juegan: con gran entusiasmo siguen por TV la Liga Española, la UEFA Champions League y se fanatizaron por Brasil y Argentina durante la última Copa América.

A nivel de deporte competitivo, Cuba fue el tercer país (detrás de Bahamas y Australia) en relación de medallas olímpicas por habitantes conseguidas en Atenas 2004, y desde 1972 no se baja de este podio. En los últimos Juegos Panamericanos Río de Janeiro 2007, quedó en el primer lugar en esta comparación, aun cuando a nivel de Producto Bruto Interno es varias veces inferior al resto de los países. El fútbol va en esta dirección, de ahí el crecimiento experimentado en los últimos años.

En el ámbito local, se disputa el 93º campeonato nacional, donde desde esta temporada los 15 distritos del país se reparten en 4 grupos de 4... La cuenta da 16 porque la Ciudad de La Habana tiene dos representantes, uno de ellos es Industriales, un homónimo del equipo más popular del béisbol cubano, bautizado así por el Che Guevara, cuando era ministro de Industria. Cada grupo está conformado por cercanía geográfica, para evitar largos viajes por las antiguas carreteras de la isla. Y se juega siempre en horario diurno, para paliar la crisis energética.

Antonio Díaz, miembro del Instituto Cubano de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), resalta el crecimiento del fútbol: "los estadios se llenan, algo que no ocurre con el béisbol. Es fascinante ver las canchas de Candelaria, donde juega Pinar del Río, o Morón, casa de Ciego de Ávila; son lugares calientes, donde se vive el fútbol con gran pasión. Sin olvidar el Estadio Camilo Cienfuegos, en Zulueta, el más bonito del país".

El poseedor del título es Pinar del Río, la provincia productora de los tradicionales habanos. El día de la final ante Villa Clara había 8 mil espectadores en el estadio La Bombonera de la ciudad de San Cristóbal. El gol del campeonato lo hizo Reinier Alcántara, el artillero favorito de los cubanos.

AL CARIBE Y MÁS ALLÁ
En 1995 Cuba, la mayor de las Antillas, ocupaba el puesto 175 de la Clasificación Mundial FIFA. Después de haber llegado a un tope en el 46, gracias a la actuación en la Digicel Caribbean Cup, hoy está en el 64, lo que significa un enorme mérito, ya que es quinta de la zona Concacaf, por delante de grandes seleccionados con histórica tradición.
Para muchos equipos de la región, la participación en la Caribbean Cup es importantísima, y conseguir allí un pasaje para la Copa Oro de la Concacaf es como ir a una Copa Mundial. Así lo vivió Cuba, que en 2007 tuvo su cuarta participación consecutiva (record del Caribe) junto a los "gigantes" como Estados Unidos, México o Costa Rica. En virtud del amateurismo, todos los cubanos juegan en su patria y la Selección Nacional puede reunirlos cuando guste, por el tiempo necesario, una ventaja que casi ninguna federación tiene en el mundo.

Camino a los Juegos Olímpicos de Beijing, Cuba terminó primera en la ronda caribeña –por delante de Haití, Trinidad y Tobago y Granada– y se ganó un lugar en la liguilla final, algo que no conseguía desde 1984. Esta zona final de ocho países dará dos lugares para el torneo olímpico masculino... la empresa se ve difícil para los dirigidos por Raúl González Triana. De todos modos, el progreso está en marcha: "Estas competiciones nos dan la posibilidad de medirnos, de tener una parámetro de nuestro crecimiento", explica Antonio Garcés, Secretario General de la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC). Y lo reafirma Rufino Sotolongo, entrenador de las selecciones femeninas: "Aquí tenemos pocas posibilidades de ver fútbol femenino y llegar a una ronda final nos da la posibilidad de seguir aprendiendo. El hecho de aparecer en el Ranking FIFA ya es un estímulo". Claro, las niñas son la otra cara del crecimiento. Su campeonato vivió este año su sexta edición desde 2001 (se canceló en 2002) y tuvo siempre a las mismas campeonas: Ciudad de La Habana, la base del equipo nacional. En cuanto a la Selección, es la primera experiencia, que lleva dos años y medio de trabajo, con chicas desde los 14 años. La niñas del Sub 20 buscan clasificar a la Copa Mundial Chile 2008 y a diferencia de sus compañeras de la Selección mayor, son 100% futbolistas: "Estas niñas del Sub 20 empezaron jugando al fútbol, no como las de la mayores que provienen del atletismo. Son más inteligentes y dedicadas que los hombres, sus progresos se ven día a día", cuenta orgulloso Sotolongo.

Estas jóvenes ya están en la ronda final (pasaron a Anguilla, Antigua y Barbuda y Barbados, que no se presentó). Lo mismo ocurre con la Selección Olímpica: junto a Jamaica, Puerto Rico y Trinidad y Tobago pasaron a la Segunda ronda del Caribe. De allí las dos mejores irán a la liguilla final con Canadá, Estados Unidos, México y Costa Rica. Al igual que los varones, solamente dos irán a Beijing.

Otro de los puntos de constante avance es el futsal. Cuba es el único país de la Concacaf que participó en las últimas tres Copas Mundiales: España, Guatemala y Chinese Taipei. "A partir de Guatemala comenzó el camino del crecimiento. Y en los Juegos Panamericanos de Río –donde por primera vez se jugó futsal– pudimos llegar más lejos que el quinto puesto logrado", opina Garcés.

FÚTBOL PARA TODOS
Palmeras, automóviles modelo ’58, tabaco, ron, buena música... y balones. Las pelotas de fútbol ruedan por Cuba cada vez más. Hay mayor actividad en todos los niveles. Volvieron a disputarse los torneos amistosos previos al inicio de la temporada, como la copa Radio Ciudad del Mar, en Cienfuegos, o la copa Tele Rebelde, en la capital. "Estamos decididos a que se juegue fútbol en toda la Isla y durante todo el año, como paso medular para lograr el salto cualitativo", asegura Luis Hernández, presidente de la AFC.

Juegan todos. Desde hace cinco años, el fútbol es una asignatura escolar obligatoria, para niños y niñas. Desde los 8 a los 16 años, los pequeños y jóvenes disputan el tradicional campeonato infantil Caribito. En el otro extremo está el torneo de veteranos único en el mundo. Allí participan hasta abuelos de ¡70 años!

"Hay que alcanzar el desarrollo social del fútbol en un país de béisbol, para que el fútbol sea un hecho cultural que atraiga a los jóvenes es indispensable empezar desde los niños, pero está claro que en Cuba hay enormes posibilidades formativas", expresó César Menotti (DT campeón mundial 1978 con Argentina) cuando visitó Cuba en 2005 para brindar una clínica a entrenadores.

Este crecimiento empezó a mostrarse también puertas afuera: en 2004 Vladimir Massó se convirtió en el primer árbitro cubano en pitar en un campeonato mundial de la FIFA, en este caso la Copa Mundial de Fustal. Y hay más: por primera vez después de 18 años, Cuba inscribió a su campeón en la Copa de Campeones de la Concacaf. Allí está Pinar del Río, que en noviembre se midió con Baltimore de St. Marc (Haití), Bassa SC (Antigua y Barbuda) y Jong Colombia (Antillas Holandesas).

Cuba ama al deporte y el mundo es testigo de lo que la pequeña isla puede dar, sobreponiéndose a las dificultades del embargo económico.

En 1938, el país tuvo su única asistencia a la Copa Mundial de la FIFA, en Francia, donde eliminó trabajosamente a Rumania antes de caer con un estrepitoso 0-8 ante Suecia, en cuartos de final. En junio próximo se cumplirán 70 años de esa participación. De paso por La Habana, Daniel Jordaan, presidente del Comité Organizador de Sudáfrica 2010 expresó un deseo: "Si existe un país al cual queremos ver en la Copa del Mundo, ese es Cuba". Si el progreso continúa, en algunos años los niños del Malecón dejarán de imitar a los ídolos de Brasil, Italia o Argentina para soñar y ser felices con sus propios jugadores.



CONTRA EL BLOQUEO, SOLIDARIDAD
En los Juegos Olímpicos de Montreal ’76 Cuba consiguió un tremendo empate 0-0 ante la Polonia de Lato, Tomaszewski, Deyna y compañía, potencia máxima del amateurismo que se pregonaba. El héroe cubano de ese partido fue el defensor Antonio Garcé, hoy Secretario General de la AFC.

En su escritorio del Estadio Pedro Marrero, analiza el futuro del fútbol en Cuba por el lado de la cooperación: "Japón y Corea antes eran beisboleros, lo mismo que Venezuela. En Venezuela en pocos años el fútbol estará por encima del béisbol. Cada país tiene que tener su estilo, y nosotros tenemos que incrementar el intercambio con Venezuela".

El estadio Pedro Marrero, de La Habana, no luce su mejor cara. En 2005 el huracán Katrina destruyó una de sus torres de iluminación y arrancó completamente la otra. Volaron también los techos de la tribuna, que se está terminando de reconstruir. Y todo cuesta dinero. Cada año FIFA aporta 250.000 dólares para viajes y equipamiento. "Sin esa asistencia estaríamos limitados. Y a la vez, esa ayuda financiera nos obliga a participar en todos los torneos. Los directivos de FIFA nos comunicaron que están muy conformes con el uso que se le da al dinero aquí", cuenta Garcé.

Víctor Aragón, vicepresidente de la AFC, fue concreto: "Necesitamos más balones, mejores canchas y entrenadores de mayor nivel". Las respuestas están llegando. La Confederación Brasileña de Deportes hizo una donación de pelotas y luego se sumó el club español Getafe, que aportó mil balones, que se repartieron 3 en cada uno de los 169 municipios y el resto fue a las escuelas deportivas.

Por el lado de los técnicos y el intercambio de experiencias, hay un fuerte agradecimiento al argentino César Menotti: "él se viene identificando con la Revolución cubana desde los años ’70, admira al Che y hace poco posibilitó el fogueo de nuestras selecciones en Argentina para jugar partidos previos a decisivos torneos internacionales", acota Luis Hernández, presidente de la AFC. Menotti fue intermediario para que la Secretaría de Deporte argentina abonara todos los gastos de estadía en Buenos Aires.

Quizá el máximo exponente de la cooperación lo aporte un modesto club de la Bundesliga 2 alemana. El Trabajo Comunitario es uno de los pilares de la Revolución Cubana y los jugadores del Sankt Pauli entendieron que la solidaridad puede ir de la mano de la alta competencia: desde 2005 realizan su pretemporada en Cuba y, junto a un grupo de aficionados alemanes, realizan trabajos comunitarios. Ellos iniciaron la campaña Viva con agua de Sankt Pauli, con la que se reunó dinero para construir bombas de agua para escuelas de Cuba. Un golazo.


sábado, 2 de mayo de 2026

Peñarol en la Argentina

En la Argentina hay decenas de clubes que homenajean desde sus nombres a los más grandes: Boca, River, Independiente, Racing, Huracán, San Lorenzo... se multiplican por todas las provincias. Pero hay algo sorprendente: la cantidad de clubes que rinden homenaje a Peñarol, histórico del fútbol uruguayo.

Fundado como Central Uruguay Railway Cricket Club (CURCC) el 28 de septiembre de 1891 en el barrio montevideano de Peñarol. Su nombre empezó a sonar del lado argentino con las primeras copas internacionales: en 1904 y 1905 cayó ante Rosario Athletic en la Cup Tie Competition, también llamada Copa de Competencia Chevallier Boutell, que fue organizada hasta 1906 por la Argentine Football Association. Su nombre volvió a resonar cuando en 1907 perdió ante Belgrano Athletic la Copa de Honor Cusenier, que finalmente ganó en 1909 (superó a San Isidro), 1911 (venció a Newell's Old Boys) y 1918 (derrotó a Independiente).

El nombre Peñarol es un "invento" uruguayo. Porque si el club lo toma del barrio montevideano, este se originó por una pronunciación rioplatense del pueblo italiano Pinerolo, suburbio de Turín, en el Piamonte.

El primero que reprodujo el nombre del cuadro montevideano del lado occidental del Río de la Plata fue el Argentino Peñarol de Córdoba, aunque eligió diferentes colores: verde oscuro y rojo. Para entonces el equipo uruguayo ya acumulaba cuatro títulos del campeonato local (1900, 1901, 1905 y 1907), cinco Copas Competencia (1901, 1902, 1904, 1905 y 1907) y la Copa de Honor 1907.

Argentino Peñarol, de Córdoba. Es el primer Peñarol fuera de Uruguay

La fama de Peñarol en la orilla oriental fue incontenible. Se los llamó "mirasoles", por la flor amarilla y negra, también conocida como girasol, que siempre está de frente al sol en una etapa de su crecimiento; "carboneros" por el origen ferroviario del club, ya que hace referencia al trabajador que alimentaba con carbón la caldera de las locomotoras; y "manyas", un apodo que se originó en una controversia familiar. 
El inmigrante italiano Giuseppe Scarone, fanático de Peñarol, tuvo un hijo, Carlos, que se fue al fútbol argentino y luego se incorporó a Nacional. Cuando su padre le reprochó la decisión, Carlos le respondió: “Quedarme en Peñarol, ¿para comer qué? ¿A mangiare merda?”. En el primer clásico posterior, Carlos Scarone repitió el insulto de "mangia merda" y con los años se convirtió en un grito de guerra de los hinchas.

Algunos de los equipos llamados Peñarol que juegan al fútbol en la Argentina:

Club Atlético Argentino Peñarol (Córdoba, Córdoba)
Fundado el 12 de octubre de 1908

Club Sportivo Peñarol (Chimbas, San Juan)
Fundado el 24 de noviembre de 1918

Club Atlético Peñarol (Mar del Plata, Gral. Pueyrredón, Bs. As.)
Fundado el 7 de noviembre de 1922

Club Atlético Peñarol (Elortondo, Santa Fe)
Fundado el 16 de noviembre de 1922

Centro Sportivo Peñarol (Rosario del Tala, Entre Ríos)
Fundado el 2 de enero de 1925

Club Atlético Peñarol (Paraná, Entre Ríos)
Fundado el 18 de noviembre de 1926

Club Atlético Defensores de Peñarol (Rosario, Santa Fe)
Fundado el 11 de junio de 1932

Club Social y Atlético Peñarol del Delta (Dique Luján, Tigre, Bs. As.)
Fundado el 15 de febrero de 1933

Peñarol Ajedrez Club (Serrezuela, Córdoba)
Fundado el 15 de marzo de 1933

Club Atlético Peñarol (Pigüé, Bs. As.)
Fundado el 19 de marzo de 1933

Club Atlético Peñarol (Rafaela, Santa Fe)
Fundado el 16 de julio de 1936

Club Atlético Peñarol (Salta, Salta)
Fundado el 13 de diciembre de 1939

Club Social y Deportivo Peñarol (Villa Cura Brochero, Córdoba)
Fundado el 12 de abril de 1944

Club Atlético Peñarol (Villa Dolores, Córdoba)
Fundado el 19 de mayo de 1946

Club Atlético Peñarol (Belén, Catamarca)
Fundado el 12 de octubre de 1946

Club Atlético Peñarol (Corrientes, Corrientes)
Fundado el 14 de abril de 1947

Club Atlético Peñarol (Bulnes, Córdoba)
Fundado el 2 de octubre de 1947

Club Atlético Peñarol (San Isidro, Jáchal, San Juan)
Fundado el 1 de mayo de 1952

Club Social y Deportivo Peñarol (Guaminí, Bs. As.)
Fundado el 23 de marzo de 1955

Club Peñarol (Puerto Piray, Misiones)
Fundado el 12 de noviembre de 1956

Club Deportivo Peñarol (Basavilbaso, Entre Rios)
Fundado el 4 de octubre de 1963

Club Deportivo Peñarol (Anillaco, La Rioja)
Fundado el 14 de noviembre de 1966

Club Social y Deportivo Peñarol (Fraile Pintado, Jujuy)
Fundado el 26 de junio de 1976

Asociación Deportiva Peñarol Infantil Olmos (Lisandro Olmos, La Plata, Bs. As.)
Fundado el 3 de octubre de 1978

Club Atlético Peñarol (La Invernada Sur, Santiago del Estero)
17 de noviembre de 1998

Peñarol de Elortondo, en el sur santafesino, uno de los que desde
hace más de un siglo reproducen los colores originales

Mencionaba que no todos eligieron además del nombre los colores negro y amarillo. El de la ciudad de Córdoba es verde oscuro y rojo, igual que otro cordobés: el Peñarol Ajedrez de Serrezuela, en el departamento de Cruz del Eje. El de Mar del Plata (más conocido por el básquetbol) viste rayas muy finas azules y blancas.

El Peñarol marplatense

Entre los tricolores aparecen los de Chimbas y Rosario del Tala, que lucen rayas azules, rojas y blancas; el de Paraná que es negro, celeste y blanco, y el de Basavilbaso que luce verde-blanco-rojo.

Sportivo Peñarol, de Chimbas, San Juan

El Peñarol de Pigüé tiene una camiseta similar a la de San Lorenzo de Almagro, el de Rafaela una igual a la de Vélez Sarsfield, y el de Guaminí imita los colores de Racing.
Ni San Lorenzo ni Vélez, dos "peñaroles": los de Pigüé y de Rafaela

Escudos de Peñarol que el hincha montevideano no reconocería a primera vista:

De Córdoba, de Mar del Plata, de Rosario del Tala, de de Serrezuela, de Pigüé,
de Chimbas, de Basavilbaso, de Paraná, de Cura Brochero y de Rafaela.