viernes, 27 de marzo de 2020

Fergus Suter, el primer futbolista profesional

La serie de Netflix "The English game" (traducida al castellano como "Un juego de caballeros") narra la historia de Fergus Suter, un futbolista escocés que llega a Inglaterra para sumarse a un equipo de fútbol de obreros de una fábrica textil, pero a diferencia de sus compañeros, él cobrará dinero por jugar.

Se trata de una historia real, la de Fergus "Fergie" Suter, un albañil que había nacido en Glasgow el 21 de noviembre de 1857 (seis años antes de que se unificaran las reglas del fútbol). Aficionado a este deporte como la mayoría de los jóvenes de su ciudad, integraba el equipo del Partick, que se había fundado en 1875, cuando él tenía 17 años. En la producción televisiva, el actor escocés Kevin Guthrie se pone en la piel de Suter.

El primer día de 1878, el Partick viajó a Inglaterra para enfrentar al Darwen en Barley Bank, y al día siguiente al Blackburn Rovers en Alexandra Meadows. Su habilidad con la pelota pegada al pie (propia de los escoceses, a diferencia de los ingleses que generaban un juego de mucho roce físico) despertó admiración al sur de la frontera. Y hacia fines de 1878 pasó a jugar para el club Darwen, en Lancashire (noroeste inglés), siguiendo los pasos de su compañero y amigo James Love, que acababa de dejar al Partick.

Aunque el fútbol era oficialmente amateur en ese momento, la mudanza de Suter a Inglaterra fue seguida por su renuncia a su trabajo como albañil, lo que alimentó las críticas y sospechas de que estaba cobrando dinero para jugar, algo que taxativamente prohibía la Football Association. Era, sin saberlo, el primer futbolista profesional del que se tengan registros.

Con los dos escoceses, el Darwen alcanzó los cuartos de final de la FA Cup 1878-79, una instancia a la que no había arribado ninguna escuadra integrada por obreros. Fue una gran batalla entre el aristocrático Old Etonians jugada el 13 de febrero de 1879: el 5-5 final habló de una tremenda remontada de los más humildes, luego de caer 5-1 al cabo de la primera mitad. Según la serie, Suter instó a sus compañeros a imponer el juego de toques y pases, de hacer circular la pelota, desplegándose los once en el terreno y no yendo todos encima de la pelota, como ocurría en Inglaterra en esos años. La escena concluye con el dueño de la fábrica que lo había contratado confesándole: “Tu estilo es el futuro del fútbol”.
Fergus Suter y Arthur Kinnaird, recreados por Netflix.
No hubo extra-time porque no se había acordado. Old Etonians se negó a jugar tiempo adicional, ya que el reglamento no lo estipulaba. Claro, su arquero Francis Marindin era además el presidente de la FA: conocía al detalle la letra escrita y sabía también que al humilde equipo obrero le costaría mucho dinero tener que viajar nuevamente a la capital británica para un segundo partido de desempate. Casi un mes después, el 8 de marzo, volvieron a igualar, 2-2. Tuvieron que volver a cruzarse el sábado 15 de marzo y entonces sí Old Etonians goleó 6-2. En la serie, Arthur Kinnaird, figura de los ganadores (interpretado por Edward Holcroft) se espeta a Suter: “Fue un gran partido”, casi en un tono burlón, luego de 90 minutos de juego sucio por parte del equipo de caballeros, que golpearon reiteradamente a los laburantes de Darwen.

Durante el verano de 1880 Suter causó una enorme controversia al pasar al Blackburn Rovers, rival local del Darwen. Volvieron las acusaciones de profesionalismo en medio de afirmaciones de que el Blackburn le había ofrecido más dinero. Este cambio de camiseta enardeció la rivalidad Darwen-Blackburn, y durante años sus partidos fueron calientes, con el público llegando a manifestaciones de violencia que alarmaron a las autoridades inglesas. Mucho más se escandalizaron los conservadores dirigentes de la FA que veían que "su" deporte se les iba de control, volviéndose cada vez más popular entre las clases obreras. Se les escapaba ese concepto de "juego de caballeros" para ser el juego del pueblo.

La primera versión
de la FA Cup.
Suter llegó a cuatro finales de la FA Cup: después de que Blackburn quedara subcampeón de Old Etonians en 1882, pudo levantar en precioso trofeo en 1884, 1885 y 1886. Aquí vale aclarar que aunque la FA Cup es el torneo más antiguo del mundo -está por cumplir un siglo y medio- tuvo a lo largo de su historia cuatro trofeos diferentes. Aquella copa que conquisto Suter, conocida como el little tin idol (ídolo de hojalata), premió al campeón desde la primera edición en 1871-72 hasta que fue robado el 11 de septiembre de 1895 de la vidriera de una zapatería de Birmingham, donde la exhibían mientras el Aston Villa era el campeón.

La historia de Fergus Suter está fuertemente relacionada con la FA Cup. Cuando en 1888 se formó la Football League, su carrera ya había terminado. Solo hizo una aparición para Blackburn Rovers en esa competencia, el 22 de diciembre de 1888 contra West Bromwich Albion reemplazando el arquero Herbie Arthur; fue derrota 1-2.

Luego de dejar el fútbol, dirigió el Hotel Millstone en Darwen. Murió en Blackpool el 31 de julio de 1916.


KINNAIRD, EN ANTAGONISTA
Se trata de Arthur Fitzgerald Kinnaird, también "11th Lord Kinnaird", título nobiliario que ostentaba junto a The Most Ancient and Most Noble Order of the Thistle, una orden de códigos de caballería escocesa. En Escocia, la "Orden del Cardo" representa el más alto honor y es la segunda en importancia después de la Order of the Garter ("Orden de la Jarretera").

Había nacido el 16 de febrero de 1847 en Kensington, Londres, en el seno de una familia adinerada de Perthshire, en el centro de Escocia. Se formó en el Cheam School, donde empezó a jugar fútbol y a los 12 años ya era el capitán del equipo. Siguió sus estudios en el Eton College (ganó la House Cup 1861) y luego en el Trinity College de la University of Cambridge, institución reservada a las altas elites británicas, donde se graduó en 1869. Trabajó en el banco que su familia poseía, antes de pasar a ser director del banco Ransom, Bouverie & Co en 1870. Paralelamente a su actividad bancaria, era un apasionado jugador del fútbol que desde principios de 1866 empezó a jugar fútbol con las reglas "modernas", que se habían acordado el 26 de octubre de 1863 (antes, cada institución dictaba su propio reglamento).

Empezó como arquero y varió su posición en la cancha hasta quedarse en la línea delantera; fue, quizá, la primera estrella del fútbol de la historia, según lo que narraban los periódicos británicos a partir de fines de la década de 1860.
La biografía de Arthur Kinnaird,
el primer Lord del fútbol.

Consiguió un record que aún perdura: disputó nueve finales de la FA Cup. La ganó cinco veces: tres con el Wanderers Football Club (1873, 1877 y 1878) y otras dos Old Etonians FC (1879 y 1882). En la final de 1877 atajó y hasta se marcó un gol en contra, cuando se le escapó de las manos una pelota lanzada de lejos de un jugador de Oxford University. Ese gol fue eliminado de los registros oficiales de la Football Association y en la década de 1980 historiadores abrieron una investigación para que finalmente apareciera en la lista. Al parecer, Kinnaird había usado su influencia (por entonces ya era miembro del consejo de la FA) para que no se contara su gol en contra.

Pese a su posición social privilegiada, Kinnaird estaba cada vez más convencido de aprobar el profesionalismo que sus pares de clase social rechazaban a ultranza. Claro, las elites jugaban al fútbol como un pasatiempo cotidiano mientras los trabajadores apenas podían hacerlo los sábados, luego de jornadas laborales extenuantes de 12, 14 y hasta 16 horas. Sabía Kinnaird que más temprano que tarde las clases obreras se adueñarían del fútbol.

Cuando se barajó la posibilidad de sancionar al Blackburn por pagarle a sus jugadores, estalló una amenaza de escisión, con una competencia paralela a la FA Cup, creando una liga comandada por Arthur Kinnaird. Su compañero y amigo Marindin presidía la FA y se cuestionaba lo irremediable: "no podemos entregarle el fútbol a la clase obrera”. Kinniard tenía la llave para destrabar el conflicto: "llegó la hora de compartir el fútbol con los trabajadores”. Finalmente, en 1885 la Football Association aceptó el profesionalismo.

Aunque había nacido en Londres, siempre se sintió escocés. En noviembre de 1872 Escocia jugó contra Inglaterra el primer partido internacional de la historia del fútbol, en Glasgow. El segundo fue el 8 de marzo de 1873 y Kinnaird integró por única vez la selección. Fue un match presenciado por unos tres mil espectadores en The Oval, el estadio de Kennington, Londres, el mayor escenario futbolístico de la época (hoy es un estadio de cricket).
La selección de Escocia que perdió 4-2 con Inglaterra el 8 de marzo de 1873.
Parados: William Gibb, Robert Smith, Henry Renny-Tailyour, James Thomson, William Ker y William Mackinnon.
Sentados: David Wotherspoon, John Blackburn, Robert Gardner , Arthur Kinnaird y Joseph Taylor.
Fue 4-2 a favor de Inglaterra, en el primer partido de local de su historia. Como curiosidad, aquella tarde los ingleses usaron gorras de cricket blancas y varios de los escoceses unas de lana azul. Estos accesorios originaron la palabra cap, "gorra", se use en inglés para designar cualquier aparición internacional. Aún se mantiene la tradición de regalar una gorra a quienes juegan cada partido por el seleccionado inglés.

Arthur y su esposa Alma.
En la serie está trastocada el triste padecer que vivió el matrimonio de Arthur con Mary Alma Victoria Agnew: se casaron el 19 de agosto de 1875 y en junio de 1876 nació Catherine Mary, su primera hija. Al año siguiente comenzaron las desgracias: el 30 de junio nació y murió Henry (esto se representa en la serie, pero desconociendo a Catherine que ya tenía un año). En agosto de 1879 nació Douglas. Pasaron los años que parecían felices pero en 1886 murió Catherine, a los 9 años. El destino luctuoso se manifestó nuevamente el 23 de octubre de 1914, cuando Douglas murió en la Guerra Mundial; tenía 35 años.

En 1890 Arthur Kinnaird dejó la tesorería de la Football Association para convertirse en presidente de la entidad rectora del fútbol inglés, cargo que ejerció durante 33 años hasta su muerte, el 30 de enero de 1923. En 1896 el banco Ransom, Bouverie & Co se había fusionado con otros para formar el Barclays Bank, que Kinnaird también dirigió hasta su último día.

Historia real y ficción: Fergus Suter y Arthur Kinnaird.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Fútbol por la paz en Chipre

Soldados de 19 países velan por la paz en Chipre. El fútbol es la principal actividad recreativa entre los militares, un lenguaje común para los cascos azules de la ONU. FIFA magazine los visitó.

Artículo publicado en FIFA Magazine, en febrero de 2006.
Por PABLO ARO GERALDES

Son las 11 de la mañana y el sol de Chipre cae como una brasa sobre Skouriotissa. Allí, en la línea de 180 kilómetros que divide la isla entre el sur griego y el norte invadido por Turquía, está el Campo San Martín, base de los cascos azules argentinos. Su función, como la de los soldados de 19 países que integran la dotación de las Naciones Unidas (ONU), es velar por la paz de los chipriotas. Pero esta mañana es distinta. Más allá de los patrullajes fronterizos, todos hablan de fútbol, de un partido de fútbol.

Un vehículo parte de la base hacia el Área Protegida de las Naciones Unidas (UNPA) de Nicosia, la capital. No traslada pertrechos militares ni tropas: lleva camisetas de fútbol. Al llegar, junto a la base operativa de los helicópteros, una máquina de riego le da más verde a una cancha que contrasta con el paisaje árido del centro de Chipre.

El fútbol es la principal actividad recreativa entre los militares, un lenguaje común para estos hombres de orígenes tan diferentes, y este mediodía la expectativa es enorme: en minutos, cascos azules de Gran Bretaña y Argentina se enfrentarán con un balón de por medio, en un clásico que atrapa, aunque no están David Beckham y Juan Román Riquelme de un lado y otro.

Pero hay un dato extra que no puede olvidarse: estos militares que hoy custodian juntos la paz en esta isla del Mediterráneo, en 1982 fueron enemigos en la Guerra de las Malvinas. Por esos tiempos, la mayoría eran niños, pero todos conocen la historia. La guerra separa a los hombres y el fútbol los une, y todos lo saben; por eso, por más que el recuerdo del conflicto bélico esté presente, los soldados apelan al buen humor y la camaradería.

EMPIEZAN LOS GRITOS
Está todo listo. Un militar inglés será el árbitro y dos argentinos los asistentes, pero con una particularidad: están atentos a las bandas pero vestidos con sus uniformes de combate.
Se saludan todos, posan juntos para las fotos y bromean. El fútbol puede elevar el rango: en el ejército británico, Steve Archer es cabo, pero en la cancha lleva el brazalete de capitán. Además, Archer maneja bien el balón y lo hace notar de entrada, porque los británicos dominan el juego con amplia libertad. Los argentinos tienen una excusa: doscientos de sus hombres acaban de llegar desde Buenos Aires después de 19 horas de vuelo. Entre ellos hay varios integrantes del equipo, mientras la otra parte de la formación tiene la mente en otra cosa: piensan en el partido, sí, pero más en sus familias, a las que reencontrarán en pocos días luego de seis largos meses en Chipre al servicio de las Naciones Unidas.

Los capitanes, Juan Mujica
y Steve Archer
El soldado Federico Bernal, del Hospital Militar, es el improvisado arquero argentino y tiene varios sustos hasta que a los 6 minutos sufre el primer gol. Los de camiseta azul se ponen nerviosos y empiezan los gritos, especialmente del teniente del regimiento de paracaidistas, que para la ocasión lleva en su espalda la responsabilidad que le da el número 10 y la cinta de capitán.

Promediando el primer tiempo los argentinos empatan: el sargento de caballería Osmar Ramos-Luto concluye una gran jugada desde fuera del área y el ánimo se renueva. Desde fuera, cascos azules australianos, peruanos y eslovenos le gritan “Maradona”. Los sudamericanos se animan a tocar el balón por lo bajo y el juego gana en emoción. Antes del descanso, el infante de marina Sebastián Livedinsky marca el 2-1 con una jugada colectiva que concluyó desde fuera del área.
Pero los británicos juegan mejor y el capitán argentino aprovecha el descanso para una reprimenda: “Cuando nos ponemos el uniforme militar respeto los grados, pero en la cancha no me importa nada: corran, dejen el alma en la pelota, tenemos que ganar”.

UN FINAL DIVERTIDO
Los gritos y la arenga surten efecto. Luego de consumir litros de agua fresca, los veintidós vuelven al campo de juego. Con más calor, el partido se vuelve más lento, pero más atractivo. A los argentinos les bastaron 45 minutos para “conocerse” y el juego colectivo empieza a dar frutos: tres goles para sellar un definitivo 5-1, con dos buenos goles del “enojado” Juan Mujica, el capitán.
Los Cascos Azules custodian
la paz en Chipre y velan por
el fútbol bien jugado.
El final es muy divertido: ganadores y derrotados se saludan con abrazos. No intercambian camisetas, porque son prestadas y deben devolverlas, la disciplina militar ante todo. Uno de los sacerdotes, el capellán argentino, se acerca a saludar al voluminoso talento inglés, el cabo primero Chris Bracegirdle, le extiende su mano y le dice: “ésta es la mano de Dios”, y todos estallan en una carcajada. La referencia al partido Argentina- Inglaterra jugado en la Copa Mundial de la FIFA en México 1986 es permanente. Con buen humor, claro.

Más tranquilos, dialogan juntos sobre fútbol: “El fútbol une a todas las naciones, debe ser un ejemplo”, dice Bracegirdle. Su compañero, el soldado Craig Earley agrega: “El idioma del fútbol es universal y va mucho mas allá de la política, la religión o la raza de los pueblos”. El dato es conocido: mientras las Naciones Unidas agrupan a 191 países, la familia del fútbol suma 207 miembros; el poder de unión del deporte rey es fantástico.

TODOS GANARON
Lucas Filippi es capitán del Ejército Argentino y uno de los promotores de este tipo de partidos: “Sirven como entretenimiento, para diversión y para estrechar vínculos. Argentinos y británicos tuvimos una guerra hace menos de un cuarto de siglo, pero hoy podemos trabajar juntos por la paz”. “Cuando se juega al fútbol se dejan de lado todas las diferencias”, dice el soldado Gavin West, y su compañero Daz Holland agrega: “Los problemas políticos de Chipre no los va a solucionar el fútbol, pero sus pueblos se acercarán mucho más si lo practican juntos”.

No está lejos de la realidad. Los greco-chipriotas festejaron como propia la conquista de la EURO 2004 y los turco-chipriotas enloquecieron con Hakan Sükür y compañía en la Copa Mundial 2002. El fútbol es un probado lazo de unión para estos pueblos sumamente apasionados. Y de las puertas del cuartel militar hacia afuera, la idea se extiende: en julio pasado, el departamento de Asuntos Civiles de la ONU promovió el primer partido entre gente de ambos sectores de la isla, en la localidad de Pyla.

Fue la primera vez que griegos y turcos jugaron juntos desde que fueron separados en 1968, y la experiencia continuará con equipos mixtos de niños; ellos no comprenden los temas políticos, étnicos y religiosos; para los pequeños, cualquier niño con una pelota es un amigo en potencia. Fue un punto de partida. El fútbol puede lograr lo que décadas de esfuerzos militares y diplomáticos no pudieron.
Muy pronto volverán a enfrentarse, en un estadio turco-chipriota. En el partido jugado en Pyla terminaron 2-1, y el australiano Garth Hunt, Alto Comisionado de las Naciones Unidas, entregó el trofeo. ¡Ah! ¿Y quién ganó? Esta vez ganaron todos.
Cascos Azules británicos y argentinos unidos por el fútbol.

domingo, 1 de marzo de 2020

Aruba: en el paraíso también rueda una pelota

Los turistas conocen la isla caribeña de Aruba por sus playas hermosas, la temperatura agradable durante todo el año y la amabilidad de sus habitantes. Pero lo que muchos no saben es que los arubeños están locos por el fútbol.

Artículo publicado en FIFA Magazine, en febrero de 2003.
Por PABLO ARO GERALDES

Hacia el sudoeste el sol se funde en el turquesa de las aguas del Caribe. Cae la noche sobre Aruba y miles de turistas dejan las paradisíacas playas en busca de otro tipo de diversiones. Unos regresan a las cubiertas de los cruceros, otros llenan restaurantes y casinos. Todo es bullicio y alegría en la costa de Oranjestad.

Pero no solamente allí hay movimiento y caras felices. A unas cuadras, el Estadio Guillermo Próspero Trinidad está encendiendo sus luces para una nueva jornada de fútbol local. Los hinchas del Estrella y del Dakota empiezan a darle color a las tribunas, compartidas pacíficamente con los simpatizantes del Caravel y del Britannia, los rivales en segundo turno.

¿Por qué hay fútbol un martes por la noche? ¿Es tan barata la electricidad como para mantener los reflectores encendidos durante cuatro horas? No, en absoluto. Lo que ocurre es que la hora del balón recién comienza cuando termina la jornada laboral, ya que ninguno de los jugadores arubanos vive del fútbol.

Como Kenrick Brandshaw, delantero del Estrella, que de lunes a viernes atiende una de las ventanillas del registro civil de la isla. O como Gerald Zimerman, el lateral derecho que se pone la camiseta del Britannia luego de estar al volante de los camiones de carga que distribuyen mercaderías. Una rutina similar a la que cumple Román Aparicio, el volante del R.C.A., después de trabajar en el suministro de comidas del aeropuerto Reina Beatrix.
Los tres integran la selección nacional que, para sorpresa de todo el Caribe, eliminó en marzo de 2000 a Puerto Rico en las eliminatorias del Mundial 2002. Los tres le quitan horas al descanso y a sus familias para alimentar la pasión del fútbol: “Una hora antes de cada partido nos encontramos todos en el estadio. El tiempo suficiente para hacer ejercicios de calentamiento, cambiarnos y escuchar el himno antes del silbato inicial”, explica Brandshaw. “Los entrenadores están acostumbrados a sufrir bajas en sus formaciones, ya que los compromisos laborales a veces no se pueden postergar. La mayor parte de los empleos de Aruba está vinculada al turismo, y la atención de los visitantes es una prioridad nacional”.

Un crisol de razas
La isla tiene una población que apenas sobrepasa los 100,000 habitantes, y cuenta con 32 clubes repartidos en 3 divisiones. El porcentaje de futbolistas es elevado, pero no alcanza para perfilar torneos de alto nivel. “En nuestros campeonatos hay varios jugadores latinoamericanos que contribuyen a mejorar la calidad de juego. Antes había muchos argentinos; ahora tenemos colombianos, algunos peruanos, y otros de Curaçao”, cuenta Nilo Croes, el presidente de la Arubaanse Voetbal Bond (AVB).

La tarea de mantener un torneo competitivo no es fácil. Los pocos buenos jugadores que surgen se van a probar suerte en Holanda. Es lo que ocurrió con Hernández, Croes y Escalona, tres promesas que los aficionados de la isla no llegaron a disfrutar.

De Aruba todavía no ha surgido ningún fenómeno de la pelota, pero el panorama futuro tampoco deja lugar a las ilusiones: “Si pensamos en futbolistas como Gullit, Rijkaard, Seedorf, con orígenes en Surinam, o Brian Roy, de Curaçao, nos damos cuenta de que el día que aparezca una estrella, su destino estará en Holanda”, se resigna Croes.

Los arubanos hablan papiamento, una lengua que nació hace casi cinco siglos en la vecina Curaçao y resume en palabras la historia multicultural de la isla, cuya población proviene originalmente de 40 países.

Increíblemente, tan diversos orígenes encontraron en Aruba una fusión pacífica, algo que también se refleja en el fútbol. Brandshaw, Zimerman y Aparicio son una muestra del encuentro de culturas que se dio en este paraíso natural. Sus ancestros llegaron, en algún momento, de Europa, África y América, respectivamente.

Como en todos los países de América, la primera pelota de fútbol llegó en el bolso de un marinero europeo. Descubierta por españoles en 1499, abandonada y tomada por holandeses, invadida por ingleses, el siglo XX encontró a Aruba como colonia de los Países Bajos. En 1954 pasó a formar parte de las Antillas Holandesas hasta 1986, cuando se separó para ser miembro autónomo del Reino de Holanda. Todos estos cambios fueron forjando una identidad propia, que en el fútbol generó un estilo que se identifica con los brasileños y los holandeses. El juego ofensivo no se discute, aun cuando los argumentos técnicos y tácticos tengan mucho por progresar. Como el papiamento, el arubano es un fútbol alegre, algo rústico, pero sin demasiadas vueltas, directo. Y agradable.

El camino del progreso
En el Caribe las enormes distancias entre las islas conspiran contra el desarrollo de competiciones internacionales; por eso, en la AVB saben que el objetivo más cercano para elevar la calidad es fortalecer el plano interno. “Estamos buscando entrenadores que den cursos para los técnicos locales, que le den empuje a nuestro fútbol”, comenta Croes. Sabe que la materia prima está, y que hace falta un artesano que la moldee. El fútbol es el deporte número uno en Aruba; superó al béisbol y cada día gana más adeptos. “Estamos muy orgullosos de poder jugar las eliminatorias mundialistas. Cuando llegó Puerto Rico y vencimos por 4-2, hubo aquí una gran algarabía. Empezamos perdiendo por 2 goles, pero nuestros muchachos remontaron el partido de manera espectacular, con 4 goles en el 2º tiempo. La revancha fue un partido mucho más fuerte y también comenzamos perdiendo 2-0, pero logramos un empate y pasamos a la siguiente ronda, fue increíble”, se entusiasma recordando el presidente. Luego el equipo cayó ante Barbados, uno de los más fuertes de la región, con jugadores que actúan en el fútbol inglés.

Ahí se terminó el torneo para Aruba, pero no los sueños de un futuro mejor. “Tengo muchas esperanzas para la próxima eliminatoria –dice Croes—, ya demostramos que podemos pasar la primera ronda. Ahora el desafío será subir un escalón, nivelarnos con los grandes de la región, como Trinidad y Tobago, Surinam, Barbados o Jamaica. Ese día va a llegar y allí nos estarán esperando México, Costa Rica o Estados Unidos”.

Igualmente, las dificultades a superar son muchas y tienen que ver con el corto presupuesto que maneja el fútbol local. Hasta el 2002 la AVB tuvo un contrato con una firma holandesa que proveía de ropa a todos los equipos nacionales, pero el acuerdo se canceló y no hubo nuevas empresas interesadas.

Por eso, la gente de la federación tuvo que diseñar su propio modelo y encargarlo a una industria textil de la vecina Colombia. Obviamente tuvieron que pagarlos; no hubo patrocinio.
Y como no hay patrocinadores para la selección, todo se hace con lo recaudado y alguna ayuda del gobierno y de la FIFA. Pero más allá de lo económico, hay colaboraciones mucho más importantes que fomentan el crecimiento del fútbol local. Hace cuatro años se celebraron en las islas San Martín los Juegos del Reino de Holanda y Johan Neeskens y Frank Rijkaard estuvieron entrenando al plantel arubano. En junio de este año, los juegos se realizarán en Aruba, y serán una nueva ocasión para aprender.

Un ejemplo de amor
A ritmo lento pero parejo, el fútbol crece mirando hacia adelante. La renovación está asegurada en la gran cantidad de jóvenes que aman el deporte. “Ante un compromiso internacional, la selección comienza a prepararse dos meses antes, sólo en los horarios libres. Pero eso no ocurre con los sub-17, ellos se organizan con un año de anticipación, como los chicos que participaron en noviembre último en Cuba, en el torneo de la Concacaf”.

Cuando la mayoría de los turistas se prepara para la diversión nocturna, decenas de futbolistas dejan sus trabajos para ir a entrenar. No importa el cansancio que arrastren de la jornada, tampoco el hecho de no recibir dinero por hacerlo. Lo mismo hacen árbitros, dirigentes, entrenadores. Nadie se fija que Aruba está en el puesto 189 de la clasificación mundial FIFA. “Fútbol es vida”, dijo alguna vez Joseph Blatter y los arubanos lo demuestran cada día con su entrega desinteresada.

“La mejor recompensa que tienen nuestros futbolistas es que la gente vaya al estadio a verlos jugar. Con eso les alcanza para ser felices”, comenta Nilo Croes. Y lo son. Un hermoso ejemplo de amor al fútbol.
Photos by Pablo Aro Geraldes