martes, 21 de julio de 2020

Los hombres no lloran

El mandato social dice "los hombres no lloran". Tomo esta nota publicada en El País en octubre de 2010 sólo para acompañarla con estas fotos que desmienten al título.
Lo raro ya no es que un líder derrame lágrimas de tristeza o alegría en público, sino la reacción machista e hiriente. El reto es que los más jóvenes se liberen del miedo a sentir.

"La gente me observa. Aun así lloro. Tengo el hombro de Dios para llorar. Y lloro mucho. Lloro mucho en mi trabajo. Apuesto a que he derramado más lágrimas de las que usted puede contar". Con esta naturalidad contaba en una biografía el entonces político más poderoso del mundo, George W. Bush, su facilidad para el llanto.

Miguel Ángel Moratinos no está solo. Ni mucho menos. Pero el escritor Arturo Pérez-Reverte le zahirió por llorar al despedirse como ministro de Exteriores, un cese inesperado: "Por cierto, que no se me olvide. Vi llorar a Moratinos. Ni para irse tuvo huevos", escribió el novelista en su Twitter el sábado a las 20.25. Y claro, los internautas reaccionaron. Noventa y tantos lo rebotaron de inmediato. Y él respondió a las dos horas con una retahíla de perlas : "No se es menos hombre (hablamos del ministro Moratinos) por llorar. Nadie habla de eso" (a las 22.49), "A la política y a los ministerios se va llorado de casa" (22.52) o "Moratinos, gimoteando en público, se fue como un perfecto mierda" (22.53). Y el tema se convirtió en la sensación del momento en la red de microblogs. ¿Cómo gestionan los hombres sus sentimientos? ¿Cada vez se acepta mejor el llanto masculino en público? ¿Y la expresión de otras emociones? ¿El cambio ha llegado a la política? La tradición pesa. Ya lo decían The Cure en Boys don't cry o Miguel Bosé en Los chicos no lloran. Y mucho antes, según una leyenda, se lo dijo a Boabdil su madre cuando abandonaban Granada tras la derrota: "No llores como una mujer por lo que no has sabido defender como un hombre". La tradición pesa, ahí está Pérez-Reverte, pero las actitudes cambian.

Erick Pescador Albiach, sociólogo experto en cuestiones de género, da un ejemplo de anteayer, de un grupo de discusión con adolescentes varones de 13 a 16 años en Sagunto (Valencia). El llanto fue uno de los asuntos tratados. "Reconocen que lloran, que lo hacen en presencia de amigos, por ejemplo. Y que lo admitan, que lo digan ante otros chavales... era impensable hace 10 años", asegura este especialista que da talleres en escuelas desde hace una década."Lloran pero con límites ¿eh? El límite anteayer era que los demás les consideren blandengues, mariquitas", cuenta. Persiste el miedo a parecer menos hombre. David Bustamante, con sus frecuentes llantinas en la primera edición de OT, "fue un cambio cósmico para los adolescentes", recalca este experto. Lo solía poner como ejemplo ante los estudiantes. Ahí estaba Bustamante, un hombre, un albañil, que se permitía el lujo de llorar en aquel programa que le descubrió como cantante. "Dejé de ponerlo como ejemplo cuando empezó a pegarse", explica.

El reto para Pescador es "conseguir que los chavales se liberen del miedo a sentir, porque así serán más libres, porque las emociones no debilitan a los hombres sino que les fortalecen". Este experto opina que el que un varón exprese en público ciertos sentimientos está mejor visto hoy, siempre y cuando la gente que representa el modelo de poder tradicional masculino -"como Pérez-Reverte", dice- no se sienta amenazada.

Moratinos es solo el ejemplo más reciente. "Es que los hombres también lloran", les dijo a sus compañeros socialistas el sábado pasado sobre sus lágrimas en el Congreso de los Diputados. Y tanto que lloran. Ahí van unos cuantos ejemplos que han dado la vuelta al mundo: el brasileño Lula da Silva lloró sin consuelo cuando Río de Janeiro ganó los Juegos Olímpicos de 2016 . Y no pudo contener el llanto por dos veces en una entrevista televisiva este verano. "Creo que estoy mayor", comentó al final. Un lagrimón sobre la mejilla de Bush hijo, en el homenaje póstumo a un héroe de una guerra, la de Irak, que él empezó -un uniformado que se echó sobre una granada para salvar a sus compañeros- fue portada en 2007. Barack Obama lo hizo al recordar a su abuela Madelyn, muerta horas antes, justo la víspera de ganar las elecciones. El príncipe Federico de Dinamarca no paró de llorar el día de su boda; por fin se casaba con Mary Donaldson, que, por cierto, no derramó una lágrima. El llanto, en la victoria y también en la derrota (y esto es menos frecuente en el deporte), es una seña de identidad del tenista Roger Federer . La Copa del Mundo convirtió a Iker Casillas en un mar de lágrimas. El presidente afgano, Hamid Karzai, lloró hace menos de un mes en un discurso televisado al explicar que si el país se pone aún más peligroso quizá tenga que enviar a su hijo Mirwais, de tres años, a vivir al extranjero. O el entonces primer ministro libanés, Fouad Siniora, en una reunión de ministros árabes en Beirut en plena guerra contra Israel.

Suma y sigue. "Debemos normalizar y no montar el espectáculo cuando un ministro llora al irse", argumenta Gaspar Hernández, periodista, escritor y presentador del programa Bricolaje emocional de la catalana TV3. Y explica por qué: "Porque cuando se está triste se llora. Y si se está alegre se ríe". Puede sonar a obviedad pero se ve que no lo es. Explica que contener el llanto "es cultural". "Es reprimir una emoción. Y para tener salud emocional es necesario gestionar y canalizar las emociones de modo adecuada". Sostiene que los españoles tienen mucho que mejorar. E Insiste: "No somos menos hombres por llorar ni somos más hombres por insultar o usar violencia verbal".

Frente al ejemplo de Federer, quien a ojos de muchos es un tipo entrañable gracias a su llantina, este periodista recuerda el ejemplo de John McEnroe, que hacía exhibicionismo de su ira mal canalizada al destrozar raquetas. Advierte que una cosa es llorar cuando te lo pide el cuerpo y otra muy distinta es "exhibir las emociones sin sentido". Pone de ejemplo al casi eterno presidente del Barça Josep Lluís Núñez, "que convirtió el llanto en una marca de la casa, que lloraba para hacerse querer más. Y esa ya no es una gestión correcta de las emociones".

Ejemplos españoles también hay, por supuesto: Manuel Fraga lloró a lágrima viva al visitar Manatí, Cuba, donde se conocieron sus padres y él vivió de crío. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, no pudo evitar las lágrimas (y mira que se esforzó) al elogiar al veterano Fraga en 2007. El recién fallecido Manuel Alexandre lloraba a menudo. Javier Bardem también lo hizo, y a raudales, en la puerta de la sala donde se leyó el fallo que le dio la Concha de Plata en el festival de San Sebastián en 1994, o Alfredo Landa al recibir el Goya honorífico en 2008.

"Pérez-Reverte es una mina de comentarios machistas y misóginos, de defensa del hombre de siempre, del energúmeno de siempre", dice de entrada Hilario Sáez, miembro del movimiento Hombres por la Igualdad. No es, para nada, el único que lo opina. Sostiene que tiene "tirón en el sector masculino tradicional. Pero el resto de la sociedad estamos hartos de gente tan procaz y zafia empeñada en los estereotipos". Para Hernández, uno de los promotores de la primera manifestación de hombres contra la violencia machista, en 2006, "lo que no nos permiten enseñar a los hombres es la vulnerabilidad". "El mundo masculino es un mundo de depredadores. Se pueden mostrar sentimientos pero en la dirección socialmente aceptada".

Eso nos lleva al terreno del deporte, a los futbolistas. "Puedes tocar a otro, tirarte encima de los compañeros cuando ganas. Pero no puedes llorar si pierdes. Si muestras vulnerabilidad, la gente te señalará como perdedor". Al sociólogo Pescador le parece que considerar los achuchones entre deportistas como reflejo del cambio es contraproducente. "Me parece contradictorio porque son cariñosos [en las celebraciones] tras ser extremadamente violentos [en el terreno de juego]".

sábado, 18 de julio de 2020

Estadio Centenario, monumento del fútbol mundial

Artículo publicado en FIFA Magazine, en enero de 2008
Por PABLO ARO GERALDES

Hacia mediados de los años ’20 el fútbol ya era tremendamente popular en Uruguay, campeón olímpico en 1924 y 1928. Cuando el Congreso de la FIFA celebrado en Barcelona en 1929 otorgó al pequeño país sudamericano la organización del Primer Campeonato Mundial de fútbol se tuvo que apurar un proyecto largamente ambicionado: construir un gran estadio en Montevideo, la capital. Había solamente 14 meses por delante, todo fue vertiginoso. Se otrogó el terreno en el Parque de los Aliados y en pocas semanas el arquitecto Juan Scasso diseñó un revolucionario estadio circular y no rectangular como la mayoría de los de Europa. El 1º de febrero de 1930 comenzaron las obras y se trabajó durante las 24 horas para llegar a tiempo. Por las noches, enormes reflectores iluminaban a los operarios. Pero a medida que el otoño avanzaba el frío recrudecía y semanas enteras de lluvias obligaban a paralizar las obras.

El 18 de julio Uruguay festejaba el primer siglo de su Constitución. Para ese día estaba previsto el debut de su selección, ante Perú, pero el torneo debía empezar el 13 y el clima impidió la finalización de la construcción. Por eso Francia y México debieron dar comienzo a la historia de la Copa Mundial en la modesta canchita de Peñarol, con tribunas de madera. Paralelamente, Estados Unidos y Bélgica debutaban en el Parque Central, reducto de Nacional. Mientras, un diario alarmaba sobre el apuro de las obras para terminar el gran estadio: “el cemento aún estará fresco y hay peligro de derrumbe”.

Durante toda la noche del 17 estufas y braseros secaron el césped para que estuviera listo. El día del Centenario llegó y unas 80 mil personas desbordaron a los anonadados acomodadores sin experiencia y colmaron las tribunas que fueron bautizadas Colombes, Amsterdam (por los dos torneos olímpicos ganados), América y Olímpica, coronada esta por la bellísima Torre de los Homenajes. A las 14:30 Uruguay y Perú hicieron rodar el balón donde hacía solamente 8 meses había un gran parque de paseo. A los 20 minutos de la segunda mitad Héctor Castro disparó desde fuera del área y venció al arquero inca Jorge Pardón. Fue el primer gol de la historia del Estadio Centenario y la victoria celeste por 1-0.

El 30 de julio de 1930 Uruguay vencía a Argentina 4-2 y
conquistaba el primer Campeonato Mundial. Castro
marca el cuarto gol uruguayo ante un Centenario repleto.
Con el mismo vértigo con el que se construyó, se desarrolló el torneo. Doce días después de su inauguración, sus gradas eran testigo de la final. Uruguay venció a Argentina 4-2 y levantó la Copa Mundial ante la colosal torre de cien metros. Uruguay, un país que no llegaba a los dos millones de habitantes, le repetía al planeta, como en 1924 y 1928, que en el football era el mejor.

JOYA SUDAMERICANA
Históricamente el fútbol uruguayo era en realidad el fútbol montevideano. Así el Centenario se asentó como “el” estadio por excelencia. El 28 de septiembre de ese 1930 alojó su primer clásico, en el que Peñarol derrotó a Nacional 1-0.

Era el gran teatro de los uruguayos... y más. Mientras Europa sufría el desangramiento de la Segunda Guerra Mundial, Sudamérica seguía la fiesta del fútbol. En 1942 el Centenario fue sede del Campeonato Sudamericano. Con el récord de siete países participantes, Argentina aplastó a Ecuador 12-0, en el que hoy sigue siendo el score más abultado de la historia de la Copa América. Además, Herminio Masantonio logró el récord de 3 goles en sólo 8 minutos al marcar a los 20, 21 y 28 del segundo tiempo. Pero en la final, como en 1930, Uruguay volvió a celebrar sobre los argentinos con dos nombres que ocho años después le darían al país la gloria máxima en el Maracaná: Obdulio Varela y Schubert Gambeta.

En 1956 volvió a jugarse allí el Sudamericano, con todos partidos nocturnos, y otra vez fue Uruguay quien se impuso en el último partido a Argentina 1-0. El resultado rompía una tremenda racha argentina, ya que hasta entonces su última derrota por Copa América había sido aquella final de 1942.
Otro hito del estadio se plantó el 19 de abril de 1960, cuando Peñarol goleó 7-1 a Jorge Wilstermann, de Bolivia... era el primer partido de la historia de la Copa Libertadores, el principal certamen sudamericano de clubes. Esa tarde el ecuatoriano Alberto Spencer (máximo goleador de la historia del torneo) anotó 4 tantos. Peñarol fue campeón y el 3 de julio inauguró en el Centenario una nueva historia, la de la Copa Intercontinental. Ese día la visita de Real Madrid con Di Stéfano, Puskas y compañía logró el récord de entradas vendidas en el estadio: 71.872.

EL CLÁSICO Y LA CELESTE
Entre sus míticas tribunas se coronaron 7 campeones de la Libertadores: Estudiantes de La Plata, Peñarol, Independiente, Boca Juniors, Nacional (2 veces) y Flamengo. Por su césped pasaron los grandes nombres del gol en Sudamérica, además de Spencer: los uruguayos Fernando Morena, Pedro Rocha y Julio César Morales, los argentinos Daniel Onega y Luis Artime o los brasileños Pelé y Jairzinho.

En 1967 volvió a la rutina: fue la cancha donde se jugaron todos los partidos de la Copa América, trofeo que nuevamente quedó en Montevideo. ¿El partido final? Otra costumbre: festejar ante Argentina.

A fin de 1980, para celebrar los 50 años de la primera Copa Mundial, el Centenario hospedó la Copa de Oro de Campeones Mundiales, conocida como Mundialito, que reunió a todos ganadores menos a Inglaterra, que fue suplantada por Holanda. Diego Maradona era ya la máxima estrella del planeta, pero el trofeo se quedó nuevamente en casa: en la final Uruguay venció a Brasil 2-1.
El 18 de diciembre de 1982, el Comité Ejecutivo de la FIFA, lo declaró “Monumento Histórico del Fútbol Mundial”, y el 18 de julio del año siguiente se colocó una placa conmemorativa.

Peñarol-Nacional, el clásico uruguayo.
En octubre de 2008 se cumplirán 20 años de la última victoria uruguaya en la Copa Libertadores. Los clubes sufren la crisis del fútbol nacional que obliga a la exportación de la estrellas que cada año surgen en este próspero país. Las alegrías de las gradas quedaron reducidas a los coloridos clásicos entre Peñarol y Nacional, la única oportunidad de llenarlas, más allá de la Selección. Y fue La Celeste la que ofreció el último gran festejo, la conquista de la Copa América 1995. Pasaron más de doce años, sin embargo todo se atesora bajo el hormigón histórico. En su interior el Museo del Fútbol es una visita ineludible para todo aquel que pase por Montevideo.

Entre sus tribunas resuena el eco de mil gritos de gol. Desde aquellos cuatro de Dorado, Cea, Iriarte y Castro que le dieron a Uruguay su primera Copa Mundial hasta los más recientes de Francescoli, Recoba y Forlán están aquí, a orillas del Río de la Plata. Pasado y futuro; historia y sueños, como el de albergar la Copa Mundial 2030. El Centenario trasciende lo nacional. Es más que un estadio montevideano o uruguayo. Es patrimonio de toda Sudamérica... Es una joya mundial.

EL ESTADIO
Nombre: Estadio Centenario
Dirección: Av. Ricaldoni s/n - Parque Batlle y Ordoñez - Montevideo, Uruguay
Construido: 1930
Última remodelación: 2001
Aforo total: 76.609
Propietaria: Intendencia Municipal de Montevideo
Alberga: partidos internacionales y locales de gran trascendencia

RECONSTRUCCIÓN VIRTUAL


miércoles, 15 de julio de 2020

New York Cosmos - Los Galácticos retro

Cuatro décadas después de sus años dorados, el equipo emblemático del fútbol estadounidense vuelve al ruedo en la NASL, la segunda división detrás de la MLS. Y lo hace de la mano de Pelé, Cantona y dinero árabe.

Artículo publicado en ESPN Magazine en julio de 2013.
Por PABLO ARO GERALDES


Pese a que los estadounidenses siempre prefirieron el baseball, el basketball o su tan particular football americano, desde 1971 empezaron a mirar con simpatía ese ‘extraño deporte’ al que llaman ‘soccer’. Unos años antes, se había creado la North America Soccer League, que fue más conocida por su sigla NASL, y en ella deslumbró un equipo de New York al que bautizaron Cosmos. La idea era parangonar a los Metropolitanos del béisbol y su acortado ‘Mets’ con unos Cosmopolitas llamados Cosmos.
Aunque el público local no tenía tradición en este juego, pronto se dio cuenta de que el Cosmos brindaba un buen espectáculo y comenzó a seguirlo. Se dieron lujos que millones de aficionados de países más futbolizados nunca pudieron: vieron con sus colores a los mejores jugadores del planeta: Pelé, Franz Beckenbauer y Johan Cruyff.

Durante 14 temporadas, el equipo conquistó 9 títulos, entre ellos las ligas 72, 77, 78, 80 y 82. Vistieron también su camiseta blanca y verde fenómenos como Johan Neeskens, Giorgio Chinaglia, Carlos Alberto o Roberto Cabañas. La expectativa por ver al Cosmos era tan grande que excedía las fronteras de los Estados Unidos: el equipo renunció a participar en los torneos de la Concacaf para recorrer el mundo. Se enfrentó a gigantes de primer nivel como Milan, Boca Juniors, Bayern Munich, Flamengo, Porto, Juventus o Atlético Madrid, por nombrar solo algunos. Y más, desafió a una decena de selecciones nacionales. Era un locura: jugaban en el Giants Stadium y llegó a vender más de 70 mil entradas, con recaudaciones que rondaban los 500 mil dólares. Había porristas, Bugs Bunny era la mascota y los entretiempos transcurrían a puro show. Los palcos eran frecuentados por famosos, incluido Henry Kissinger, por entonces secretario de Estado. Pero en 1984 desapareció la NASL y con ella, el Cosmos. El dinero se acabó, las luces del show se apagaron y la pasión se diluyó.

El Cosmos pasó a ser nostalgia, un equipo de culto al que las palabras ‘retro’ y ‘vintage’ le quedaron perfectas. Casi tres décadas después de aquel pálido adiós, el equipo resurge con fuerza. En agosto comenzará a competir en la NASL, que ya no es aquella de los setenta, sino la segunda división de su país. El proceso de resurección tuvo varias escalas que valen la pena repasar.
La primera camiseta tenía los colores amarillo y verde, en honor a Brasil, selección que en 1970 había conquistado la Copa del Mundo en México y que había deslumbrado a Steve Ross, presidente de la Warner y primer hombre fuerte del Cosmos. El 1976 llegó Chinaglia, que venía de ser goleador en Lazio, y pronto trabó una interesada amistad con Ross. En 1985, cuando la liga se había desvanecido, le compró el paquete accionario.

Peppe Pinton, un asistente del delantero italiano, pagó por la marca, pero no explotó la actividad y luego se la vendió al británico Paul Kemsley, que a su vez se la traspasó a la empresa árabe Sela Sports. Seamus O’Brien es el presidente del directorio saudita y tiene muy clara la meta: "Aspiramos a jugar en la división más alta posible. El objetivo es llegar a la MLS, encender de nuevo la marca mundial y convertirnos en el mejor equipo de Norteamérica". Para lograrlo, en 2011 nombraron a Pelé ‘presidente honorario’ y al francés Eric Cantona, director deportivo. Los dos estuvieron cuando Cosmos jugó un amistoso con el Manchester United por el retiro de Paul Scholes.

El fútbol también se rige por modas y este es el momento del ‘retro’. En 1994, Estados Unidos organizó el Mundial, aunque no tenía una liga profesional: un año después nació la Major League Soccer (MLS) y con ella, la posibilidad de volver a apostar a un torneo de nivel. Con un moderado apoyo, diez equipos empezaron el juego, pero New York extraña al Cosmos. El equipo que representaba a la ciudad en realidad está fuera, en New Jersey. “El 80% de los fans del NYNJ Metrostars (luego Red Bulls) reside en New Jersey. Tiene su cuartel, su estadio, fuera de la ciudad”, explican en sus foros los fieles amantes del Cosmos.

En 2002 se abrió una segunda franquicia para New York para la MLS, pero nadie tomó la posta. Y en las últimas expansiones de la liga ingresaron las Chivas USA, Real Salt Lake, Seattle Sounders, Philadelphia Union, Portland Timbers, Vancouver Whitecaps y Montreal Impact (estos dos últimos de Canadá).

“Creemos que con New York Red Bulls se generaría una rivalidad legendaria con el Cosmos. La liga ganará con partidos más emocionantes y más atención de la prensa. Esta rivalidad deportiva entre New York y New Jersey hará que los simpatizantes tengan un ‘enemigo’ y se genere así un derby, y mejore el espectáculo”, explican los nostálgicos aficionados del Cosmos.

La idea es “revivir a un millón de fans que recuerdan y aman al Cosmos, New York necesita un equipo en MLS. Y no solo con hinchas de NY, sino de todo USA y el mundo entero”, confiesan. “Aunque en un principio no se pueda formar un equipo con grandes estrellas, el resurgimiento del Cosmos le dará un nuevo empuje a la MSL”, opinan. Este semestre jugará sus partidos como local en la Hofstra University, pero una de las ideas es levantar un estadio específicamente de fútbol, que se llamaría New York Cosmos Pelé Stadium en la zona Long Islands, donde la población multiétnica de los suburbios ama al fútbol, lo que hace prever un lleno de 25.000 espectadores. Ya arregló con Nike como patrocinador y llevará en la camiseta la leyenda ‘Fly Emirates’. Dirigido por el venezolano Giovanni Savarese, ya empezó a convocar ‘estrellas’ multiétnicas, como el brasileño Marcos Senna o el japonés Satoru Kashiwase, aunque estén muy lejos aquellos nombres rutilantes de los setenta. Estos ‘galácticos’ a escala unidos a la nostalgia retro que depierta el entusiasmo por el fútbol en la Gran Manzana no puede dar otro resultado: Cosmos.

lunes, 6 de julio de 2020

Clubes que "jugaron" en la Copa del Mundo

En seis oportunidades, selecciones participantes en la Copa del Mundo cambiaron sus tradicionales colores nacionales por los de un club. Imprevisión de los utileros, confusiones y homenajes permitieron estas curiosas historias, algunas desconocidas.

Parte del artículo
Camisetalandia, publicado originalmente en la revista Fox Sports, en junio de 2006
Por PABLO ARO GERALDES 

ITALIA 1934

Austria enfrentaba a Alemania en Nápoles, en el partido por el tercer puesto. Contaba con una ausencia importante, su estrella Matthias Sindelar, por entonces el mejor jugador del mundo.
Ambos vistieron históricamente de blanco, pero el árbitro italiano Carrara se percató de ese detalle recién ese 7 de junio, en el Stadio Ascarelli. Tras algunos minutos de incertidumbre, buscaron en el fondo de un vestuario y los austríacos aceptaron con gusto el ofrecimiento del club local: cayeron 3-2 vistiendo una casaca azul que el Napoli utilizaba para entrenar; sus goles los anotaron Johann Horvath y Karl Sesta.
Mientras el alemán Fritz Szepan verifica el sorteo del árbitro Albino Carraro,
el capitán austríaco Johann Horvath lo observa, vistiendo la camiseta azulada del Napoli.
BRASIL 1950
El 2 de julio México se medía ante Suiza en el Estádio dos Eucaliptos, de Porto Alegre, y uno de los dos tenía que cambiar su camiseta roja. El comienzo se demoró 25 minutos, porque fueron a un sorteo y los aztecas resultaron favorecidos, pero igualmente declinaron el privilegio: los helvéticos jugaron de rojo y ellos utilizaron la azul y blanca que les prestó el Cruzeiro de Porto Alegre. Suiza ganó 2-1; el capitán Horacio Casarín marcó el tanto "del Cruzeiro gaúcho".
México y una particular casaca azul y blanca contra Suiza.
SUECIA 1958
Alemania Federal y Argentina debutaban en Malmö el 8 de junio, pero algo salió mal: la TV ya había llegado y los uniformes eran prácticamente iguales en la pantalla blanco y negro. Tras algunas demoras, la solución la aportó el IFK de esa ciudad: le prestó sus camisetas amarillas a los argentinos. Oreste Osmar Corbatta abrió el marcador a los 3 minutos, pero los germanos lo dieron vuelta y vencieron 3-1.
Los argentinos aguardan el himno. Visten la camiseta amarilla del IFK Malmö.

ARGENTINA 1978
Algo similar a lo de 1958 ocurrió en Mar del Plata el 10 de junio de 1978. Aunque una circular de FIFA emitida en mayo había acordado que Hungría jugara de blanco y Francia de azul, el dirigente francés Henri Patrelle, encargado de la utilería, no la tuvo en cuenta y se quedó con la de febrero, que decía lo contrario... y llevó a Mar del Plata solamente las camisetas blancas (el resto de la utilería quedó en el Hindú Club, de Don Torcuato, donde habían establecido su concentración). 
Cantaron los himnos y cuando se quitaron las camperas todo el estadio se sorprendió al ver a los dos equipos con camisetas blancas.
El inicio se demoraba, el público chiflaba, el árbitro brasileño Arnaldo Coelho amenazaba con declarar ganador a Hungría... Los húngaros le ofrecieron al DT francés Michel Hidalgo sus camisetas rojas: los franceses las rechazaron, al igual que el arquero magia, que justo vestía ese color.
La FIFA le pedía a los canales receptores de las imágenes en todo el mundo que demoraran la programación media hora. Caos. Mientras, los dirigentes franceses -escoltados por motocicletas- salieron a comprar algunas camisetas, pero era domingo, y los comercios estaban cerrados. La solución la encontraron en el club Kimberley, que les prestó quince camisetas verdes y blancas de sus juveniles. Los jugadores se cambiaron dentro del campo de juego (foto). Otra curiosidad fue que las casacas prestadas por Kimberley estaban numeradas hasta el 16, por lo que tres jugadores tuvieron diferente número en la espalda y el pantalón: Dominique Rocheteau (18), Didier Six (19) y Oliver Rouyer (20).
Por primera vez, la indumentaria prestada fue un amuleto: Francia ganó 3-1, con goles de Christian Lopez, Marc Berdoll y Dominique Rocheteau.
Al día siguiente, antes de volver a París, Patrelle reconoció: "La culpa es mía. Totalmente mía. Francia tuvo que jugar de azul. Este es un incidente desafortunado, del cual soy el único responsable. Al menos, no podrán castigarme recortándome el sueldo, ya que mi puesto es ad honorem".
Tras 39 minutos de demora, los jugadores franceses se preparan
para enfrentar a Hungría, y despedirse del Mundial 1978.

ITALIA 1990
Otro que se mimetizó de club fue Costa Rica, pero no por accidente. Para enfrentar a Brasil el 16 de junio, en el Stadio Delle Alpi, los Ticos utilizaron el uniforme del desaparecido Club Sport La Libertad, decano del fútbol costarricense. Claro, la camiseta a rayas blancas y negras, el pantalón y las medias blancas son idénticos a la vestimenta de Juventus, por lo que la mayoría sospechó que se trataba de una suspicacia del técnico Bora Milutinovic para congraciarse con el público de Turín. Perdieron 1-0. Cuatro días después volvieron a usar la misma playera contra Suecia, en el Stadio Luigi Ferraris, de Génova y consiguieron un notable triunfo 2-1 que les valió el pasaje a octavos de final. Los goles fueron autoría de Roger Flores y Hernán Medford.
Turín se sorprendió al ver a los costarricenses de blanco y negro.
Pero no fue pensado para congraciarse con el público juventino.

BRASIL 2014
¿Se considera "camiseta de club" al modelo que usó Alemania en 2014, similar a la casaca de Flamengo? Lo utilizó frente a los Estados Unidos (victoria 1-0) y en la semifinal en la que goleó 7-1 a Brasil. Aun para los más fanáticos torcedores del club rojinegro carioca ese "homenaje" quedará por siempre como una pesadilla.
Antes de la histórica semifinal con Brasil.