martes, 29 de diciembre de 2020

El hincha, por Mempo Giardinelli

El 29 de diciembre de 1968, el Club Atlético Vélez Sarsfield derrotó al Racing Club por 4-2. A los noventa minutos de juego, el puntero Omar Webbe marcó el cuarto gol para el equipo vencedor que, diez segundos después, se clasificaba Campeón Nacional de fútbol por primera vez en su historia.


A la memoria de mi padre, que murió sin ver campeón a Vélez Sarsfield.
Por Mempo Giardinelli

-¡Goooooool de Velesárfiiiiiillllllll! -gritaba Fioravanti.

-¡Gol! ¡Golazo, carajo - saltó Amaro Fuentes, golpeándose las rodillas frente al radiorreceptor.
Había soñado con ese triunfo toda su vida. A los sesenta y cinco años, reciente jubilado de correos y todavía soltero, su existencia era lo suficientemente regular y despojada de excitaciones como para que sólo ese gol lo conmoviera, porque lo había esperado innumerables domingos, lo había imaginado y palpitado de mil modos diferentes. Nacido en Ramos Mejía, cuando todo Ramos era adicto al entonces Club Argentinos de Vélez Sarsfield, Amaro estaba seguro de haber aprendido pronunciar ese nombre casi simultáneamente con la palabra "papá", del mismo modo que recordaba que sus primeros pasos los había dado con una pequeña pelota de trapo entre los pies, en el patio de la casona paterna, a cuatro cuadras de la estación del ferrocarril, cuando todavía existían potreros y los chicos se reunían a jugar al fútbol hasta que poco a poco, a medida que se destacaban, iban acercándose al club para alistarse en la novena división. 

Ya desde entonces, su vida quedó ligada a la de Vélez Sarsfleld (de un modo tan definitivo que él ignoró por bastante tiempo), quizá porque todos quienes lo conocieron le auguraron un promisorio futuro futbolístico sobre todo cuando llegó a la tercera, a los diecisiete años, y era goleador del equipo; pero acaso su ligazón fue mayor al morir su padre, un mes después de que le prometieron el debut en Primera, porque tuvo que empezar a trabajar y se enroló como grumete en los barcos de la flota Mihanovich y dejó de jugar, con ese dolor en el alma que nunca se le fue, aunque siempre conservó en su valija la camiseta con el número nueve en la espalda, viajara donde viajara, por muchos años, y aún la tenía cuando ascendió a Primer Comisario de abordo, en los buques que hacían la línea Buenos Aires-Asunción-Buenos Aires, y también aquel día de mayo de 1931, cuando el "Ciudad de Asunción" se descompuso en Puerto Barranqueras y debieron quedarse cinco días, y él, sin saber muy bien por qué, miró largamente esa camiseta, como despidiéndose de un muerto querido y decidió no seguir viaje, de modo que desertó y gastó sus pocos pesos en el Hotel Chanta Cuatro; después vendió billetes de lotería, creyó enamorarse de una prostituta brasileña que se llamaba Mara y que murió tuberculosa, trabajó como mozo en el bar La Estrella y se ganó la vida haciendo changas hasta que consiguió ese puestito en el correo, como repartidor de cartas en la bicicleta que le prestaba su jefe.

Desde entonces, cada domingo implicó, para él, la obligación de seguir la campaña velezana, lo que le costó no pocos disgustos: durante casi cuarenta años debió soportar las bromas de sus amigos, de sus compañeros del correo; de la barra de La Estrella, porque en Resistencia todos eran de Boca o de River; y cada lunes la polémica lo excluía porque los jugadores de Vélez no estaban en el seleccionado, nunca encabezaban las tablas de goleadores, jamás sus arqueros eran los menos vencidos, y Cosso, goleador en el '34 y en el '35, Conde en el '54, Rugilo, guardavallas de la Selección (quien se había erigido como héroe mereciendo el apodo de "El León de Wembley"), eran sólo excepciones. La regla era la mediocridad de Vélez y lo más que podía ocurrir era que se destacara algún jugador, el que, al año siguiente, seria comprado, seguramente, por algún club grande. Y así sus ídolos pasaban a ser de Boca o de River. Y de sus amigos, de sus compañeros de barra.

Claro que había retenido algunas satisfacciones: en 1953, por ejemplo, el glorioso año del subcampeonato, cuando el equipo termino encaramado al tope de la tabla, solo detrás de River. O aquellas temporadas en que Zubeldía, Ferraro, Marrapodi en el arco, Avio, Conde formaban equipos más o menos exitosos. Todos ellos pasaron por la Selección Nacional: Ludovico Avio estuvo en el Mundial de Suecia, en 1958, y hasta marcó un gol contra Irlanda del Norte. Amaro había escuchado muy bien a Fioravanti, cuando relató ese partido desde el otro lado del mundo, y se imaginó a Avio vistiendo la celeste y blanca, admirado por miles y miles de rubios todos igualitos, como los chinos, pero al revés, y por eso no le importó que a Carrizo los checoslovacos le hicieran seis goles, total Carrizo era de River.

Amaro podía acordarse de cada domingo de los últimos treinta y siete años porque todos habían sido iguales, sentado frente a la vieja y enorme radio, durante casi tres horas, en calzoncillos, abanicándose y tomando mate mientras se arreglaba las uñas de los pies. Entonces, no se transmitían los partidos que jugaba Vélez, sólo se mencionaba la formación del equipo, se interrumpía a Fioravanti cada vez que se convertía un gol o se iba a tirar un penal, y al final se informaba la recaudación y el resultado. Pero era suficiente.

Todos los lunes a las seis menos cuarto, cuando iba hacia el correo, compraba El Territorio en la esquina de la Catedral y caminaba leyendo la tabla de posiciones, haciendo especulaciones sobre la ubicación de Vélez, dispuesto a soportar las bromas de sus compañeros, a escuchar los comentarios sobre las campañas de Boca o de River.

Genaro Benítez, aquel cadetito que murió ahogado en el río Negro, frente al Regatas, siempre lo provocaba:

-Che, Amaro, ¿por qué no te hacés hincha de Boca, eh?
-Calláte, pendejo -respondía él, sin mirarlo, estoico, mientras preparaba su valija de reparto, distribuyendo las cartas calle por calle, con una mueca de resignación y tratando de pensar en que algún día Vélez obtendría el campeonato. Se imaginaba la envidia de todos, las felicitaciones, y se decía que esa sería la revancha de su vida.

No le importaba que Vélez tuviera siempre más posibilidades de ir al descenso que de salir campeón. Cada año que el equipo empezaba una buena campaña, Amaro era optimista, y se esforzaba por evitar que lo invadiera esa detestable sensación de que inexorablemente un domingo cualquiera comenzaría la debacle, la que, por supuesto, se producía y le acarreaba esas profundas depresiones, durante las cuales se sentía frustrado, se ensimismaba y dejaba de ir a La Estrella hasta que algún buen resultado lo ayudaba a reponerse.

Un empate, por ejemplo, sobre todo si se lograba frente a Boca o a River, le servía de excusa para volver a la vereda de La Estrella y saludar, sonriente, como superando las miradas sobradoras, a los integrantes de la barra: Julio Candia, el Boina Blanca, el Barato Smith, Puchito Aguilar, Diosmelibre Giovanotro y tantos otros más, la mayoría bancarios o empleados públicos, solterones, viudos algunos, jubilados los menos (sólo los viejitos Ángel Festa, el que se quejaba de que en su vida nunca había ganado a la lotería, aunque jamás había comprado un billete; y Lindor Dell'Orto, el tano mujeriego que fue padre a los cincuenta y siete años y no encontró mejor nombre para su hija que Dolores, con ese apellido), pero todos solitarios, mordaces y crueles, provistos de ese humor acre que dan los años perdidos.

En ese ambiente, Amaro no desperdiciaba oportunidad de recordar la historia de Vélez. Podía hablar durante horas de la fundación del club, aquel primero de enero de 1910, o evocar el viejo nombre, que se usó hasta el '23, y ponerse nostálgico al rememorar la antigua camiseta verde, blanca y roja a rayas verticales, que usaron hasta el '40 y que todavía guardaba en su ropero.

No le importaban las pullas, el fastidio ni los flatos orales con que todos, en La Estrella, acogían sus remembranzas. Como sucedió en el '41, cuando Vélez descendió de categoría y Diosmelibre sentenció "Amaro, no hablés más de ese cuadrito de Primera B", y él se mantuvo en silencio durante dos años, mortificado y echándole íntimamente la culpa al cambio de camiseta, esa blanca con la ve azul, a la que odió hasta el '43, una época en la que las malas actuaciones lo sumieron en tan completa desolación que hasta dejó de ir a La Estrella los lunes, para no escuchar a sus amigos, para no verles las caras burlonas.
Pero lo que más le dolía era sentirse avergonzado de Vélez. Tan deprimido estuvo esos años, que en el correo sus superiores le llamaron la atención reiteradamente, hasta que el señor Rodríguez, su jefe, comprendió la causa de su desconsuelo. Rodríguez, hincha de Boca y hombre acostumbrado a saborear triunfos, se condolió de Amaro y le concedió una semana de vacaciones para que viajara a Buenos Aires a ver la final del campeonato de Primera B.

Era un noviembre caluroso y húmedo. Amaro no bajaba a la Capital desde aquella mañana en la que abordó el "Ciudad de Asunción", rumbo al Paraguay, para su último viaje. La encontró casi desconocida, ensanchada, más alta, más cosmopolita que nunca y casi perdida aquella forma de vida provinciana de los años veinte. No se preocupó por saludar al par de tías a quienes no veía desde hacía tanto tiempo, y durante cinco días deambuló por el barrio de Liniers, recordando su niñez, rondando la cancha de Villa Luro, y el viernes anterior al partido fue a ver el entrenamiento y se quedó con la cara pegada al alambrado, deseoso de hablar con alguno de los jugadores, pero sin atreverse. Le pareció, simplemente, que estaba en presencia de los mejores muchachos del mundo, imaginó las ilusiones de cada uno de ellos, los contempló como a buenos y tiernos jóvenes de vida sacrificada, tan enamorados de la casaca como él mismo, y supo que Vélez iba a volver a Primera A.

Aquel domingo, en el Fortín, las tribunas comenzaron a llenarse a partir de las dos de la tarde, pero Amaro estuvo en la platea desde las once de la mañana.

El sol le dio de frente hasta el mediodía y el partido empezó cuando le rebotaba en la nuca y él sentía que vivía uno de los momentos culminantes de su existencia. Se acordó de los muchachos del correo, de la barra de La Estrella, de todos los domingos que había pasado, tan iguales, en calzoncillos, pendiente de ese equipo que ahora estaba ante sus ojos.

Le pareció que todo Resistencia aguardaba la suerte que correría Vélez esa tarde. De ninguna manera podía admitir que alguno deseara una derrota. Lo cargaban, sí, pero sabía que todos querrían que Vélez volviera jugar en la A al año siguiente.

Miró el partido sin verlo, y lloró de emoción cuando el gol del chico ése, García, aseguró el triunfo y el ascenso de Vélez. Y cuando salió del estadio tenía el rostro radiante, los ojos brillosos y húmedos, las manos transpiradas y como una pelota en la garganta; pero la pucha Amaro, un tipo grande, se dijo a sí mismo, meneando la cabeza hacia los costados, y después pateó una piedra de la calle y siguió caminando rumbo a la estación, bajo el crepúsculo medio bermejo que escamoteaban los edificios, y esa misma noche tomó La Internacional hacia Resistencia.

Desde entonces, cada domingo, Amaro se transportaba imaginariamente a Buenos Aires, era un hombre más en la hinchada, revivía la tarde del triunfo, se acordaba del pibe García y lo veía dominar la pelota, hacer fintas y acercarse a la valla adversaria. Y todas las tardes, en La Estrella, cada vez que se discutía sobre fútbol, Amaro recordaba:
-Un buen jugador era el pibe García. Si lo hubiesen visto. Tenía una cinturita...
O bien:
-¿Una defensa bien plantada? Cuando yo estuve en Buenos Aires...

Y cuando los demás reaccionaban:
-¡Qué me hablan de Boca, de River, de tal o cual delantera, si ustedes nunca los vieron jugar!
A medida que fueron pasando los años, Amaro Fuentes se convirtió en un perfecto solitario, aferrado a una sola ilusión y como desprendido del mundo. La vejez pareció caérsele encima con el creciente malhumor, la debilidad de su vista, la pérdida de los dientes y esa magra jubilación que le acarreó una odiosa, fatigante artritis y el reajuste de sus ya medidos gastos. Como nunca había ahorrado dinero, ni había sentido jamás sensualidad alguna que no fuera su amor por Vélez Sarsfield, su vida continuó plena de carencias y nadie sabía de él más que lo que mostraba: su cuerpo espigado y lleno de arrugas, su pasividad, su estoicismo, su mirada lánguida y esa pasión velezana que se manifestaba en el escudito siempre prendido en la solapa del saco, más con empecinamiento que con orgullo porque carajo, decía, alguna vez se tiene que dar el campeonato, ese único sobresalto que esperaba de la vida monótona, sedentaria que llevaba y que parecía que sólo se justificaría si Vélez salía campeón. Y quizás por eso aprendió a ver la esperanza en cada partido, confiado en que su constancia tendría un premio, como si alcanzar el título fuera una cuestión personal y él no estuviera dispuesto a morir sin haberse tomado una revancha contra la adversidad porque, como se decía a sí mismo, si llevé una vida de mierda por lo menos voy a morirme saboreando una pizca de gloria.

Casualidad o no, la campaña de Vélez Sarsfield en 1968 fue sorprendente. Tras las primeras confrontaciones, Amaro intuyó que ése sería el esperado gran año. Desde poco después de la sexta fecha, la escuadra de Liniers se convirtió en la sensación del torneo, y las radios porteñas comenzaron a transmitir algunos partidos que jugaba Vélez, en los clásicos con los equipos campeones, lo que para Amaro fue una doble satisfacción, puesto que también sus amigos tenían que escuchar los relatos y sólo se sabía de Boca o de River por el comentario previo o por la síntesis final de la jornada, como antes ocurría con Vélez, y éstas si son tardes memorables, gran siete, pensaba Amaro mientras tomaba un par de pavas de mate y hasta se cortaba los callos plantales, que eran los más difíciles, confiado en que sus muchachos no lo defraudarían.

Era el gran año, sin duda, y la barra de La Estrella pronto lo comprendió, de modo que todos debían recurrir al pasado para sus burlas. Pero a Amaro eso no le importaba porque le sobraban argumentos para contraatacar: los riverplatenses hacía diez años que salían subcampeones, los boquenses estaban desdibujados, y todos envidiaban a Willington, a Wehbe, a Marín, a Gallo, a Luna y a todos esos muchachos que eran sus ídolos.

-Goooooooool de Velesárfiiiiiilllllll!
La voz de Fioravanti estiraba las vocales en el aparato y Amaro, llorando, sintió que jamás nadie había interpretado tan maravillosamente la emoción de un gol. Vélez se clasificaba, por fin, campeón nacional de fútbol, tras cumplir una campaña significativa: además de encabezar las posiciones, tenía la delantera más positiva, la defensa menos batida, y Carone y Wehbe estaban al tope de la tabla de goleadores.
Pocos segundos después de ese cuarto gol, cuando Fioravanti anunció la finalización del partido, Amaro estaba de pie, lanzando trompadas al aire, dando saltitos y emitiendo discretos alaridos. Dio la tan jurada vuelta olímpica alrededor de la mesa, corrió hacia el ropero, eligió la corbata con los colores de Vélez y su mejor traje y salió a la calle, harto de ver todos los años, para esa época, las caravanas de hinchas de los cuadros grandes, que recorrían la ciudad en automóviles, cantando, tocando bocinas y agitando banderas.
Caminó resueltamente hacia la plaza, mientras el crepúsculo se insinuaba sobre los lapachos y las cigarras entonaban sus últimas canciones vespertinas, y frente a la iglesia se acercó a la parada de taxis, eligió el mejor coche, un Rambler nuevito, y subió a él con la suficiencia de un ejecutivo que acaba de firmar un importante contrato.

-Hola, Amaro -saludó el taxista, dejando el diario.
-A recorrer la ciudad, Juan, y tocando bocina -ordenó Amaro- Vélez salió campeón.
Bajó los cristales de las ventanillas, extrajo el banderín del bolsillo del saco y empezó a agitarlo al viento, en silencio, con una sonrisa emocionada y el corazón galopándole en el pecho, sin importarle que la solitaria bocina desentonara, casi afónica, con el atardecer, y sin reparar siquiera en el reloj que marcaba la sucesión de fichas que le costaría el aguinaldo, pero carajo, se justificó, el campeonato me ha costado una espera de toda la vida y los muchachos de Vélez, en todo caso, se merecen este homenaje a mil kilómetros de distancia.

Cuando llegaron a la cuadra de La Estrella, Amaro vio que la barra estaba en la vereda, ya organizada la larga mesa de habitués que los domingos al anochecer se reunían para comentar la jornada. Y vio también que cuando descubrieron al Rambler en la esquina, con la solitaria banderita asomándose por la ventanilla se pusieron todos de pie y empezaron a aplaudir.

-Más despacio, Juan, pero sin detenernos -dijo Amaro mientras se esforzaba por contener esas lágrimas que resbalaban por sus mejillas, libremente, como gotas de lluvia, y los aplausos de la barra de La Estrella se tornaban más vigorosos y sonoros, como si supieran que debían llenar la tarde de diciembre sólo para Amaro Fuentes, el amigo que había dedicado su vida a esperar un campeonato, y hasta alguno gritó viva Vélez carajo y Amaro ya no pudo contenerse y le pidió al chofer que lo llevara hasta su casa.
Dejó colgado el banderín en el picaporte del lado de afuera, y entró en silencio. Hacía unos minutos que su corazón se agitaba desusadamente. Un cierto dolor parecía golpearle el pecho desde adentro. Amaro supo que necesitaba acostarse. Lo hizo, sin desvestirse, y encendió la radio a todo volumen. Un equipo de periodistas desde Buenos Aires, relataba las alternativas de los festejos en las calles de Liniers.
Amaro suspiró y enseguida sintió ese golpe seco en el pecho. Abrió los ojos, mientras intentaba aspirar el aire que se le acababa, pero sólo alcanzó a ver que lo muebles se esfumaban, justo en el momento en que el mundo entero se llamaba Vélez Sarsfield.


Mempo Giardinelli nació en 1947 en Resistencia, Chaco. Es escritor y periodista. Sus principales obras son: La revolución en bicicleta (novela, 1980), El cielo con las manos (novela, 1981), Vidas ejemplares (cuentos, 1982), Luna caliente (Premio Nacional de Novela en México, 1983), Qué solos se quedan los muertos (novela, 1985), El castigo de Dios (cuentos, 1994), Santo oficio de la memoria (novela, VIII Premio Internacional Rómulo Gallegos, 1993) e Imposible equilibrio (novela, 1995). Fundó y dirigió la revista Puro Cuento entre 1986 y 1992. Sus obras han sido traducidas a una docena de lenguas.

Escucha "El hincha" en la maravillosa narración de Alejandro Apo: El hincha

lunes, 28 de diciembre de 2020

Racing 2001: Misión cumplida

Artículo publicado en la revista La Primera, en diciembre de 2001.
Por PABLO ARO GERALDES


Volviendo de México con la Copa del Mundo acunada en sus brazos, Diego Maradona le confesaba a El Gráfico que aquel trofeo “era mejor cuando lo soñaba”, que tras llegar a la cima que desde pibe se había propuesto alcanzar, lo había invadido una sensación de vacío, una impresión de “¿y ahora qué?”.

Con este campeonato ganado por Racing pasa algo parecido. Durante estas décadas de frustraciones se fue forjando una identidad racinguista fundada en el sufrimiento o, lo que tiene más valor, en la actitud inclaudicable ante ese tormento que cada temporada iba in crescendo, como si las cargadas, las ilusiones abortadas y los pesares repetidos templasen especialmente el alma de los hinchas. Lejos de repudiar ese dolor, la gente de Racing hizo de su desgracia una bandera. Una conmovedora bandera de aguante.

“¿Viviré para volver a verlo campeón?”, era el sentimiento común de los hombres entrados en años. “¿Sabré un día lo que es dar una vuelta olímpica?”, se preguntaban los de treinta y pico. Pero lo que es curioso, esa misma resignación aparecía en los jóvenes, que lejos de dejarse vencer por el desaliento, se sumaban a una tribu donde ser de Racing se iba convirtiendo en un sinónimo de amor sin intereses, de entrega a puro sentimiento. “Si volviera a nacer, de nuevo sería de Racing”, juraba una pancarta portada por unos adolescentes, vírgenes de toda alegría arrimada por su club.
Parados: Loeschbor, Maciel, Úbeda, Campagnuolo,
Barros Schelotto, Chatruc.
Agachados: Bedoya, Vitali, Estévez, Maceratesi
y Bastía.

Pero el título conseguido les cambió los papeles. Puso fin a más de 34 años de pesares. La última alegría había llegado desde Montevideo, con la conquista de la Copa Intercontinental, el 4 de noviembre de 1967.

Cuando la meta se cumple hay que buscar otra, un nuevo norte hacia el cual seguir caminando. Y tras esta larga apología del sufrimiento, la inmensa banda racinguista abrió los cofres del optimismo y plantó una bandera, un poco en broma y un no tan poco en serio: “Tokio 2003”.

“El músculo del sufrimiento que nuestros hinchas tanto ejercitaron debe estar más que a punto a partir de ahora. A no relajarse, porque todos los rivales ahora nos van a jugar a muerte. Ya ninguno nos va a mirar con simpatía pensando que ojalá algún día salgamos campeones”, advertía Fernando Marín, presidente de Blanquiceleste S.A., la empresa que tomó el gerenciamiento del fútbol del club. Así será, seguramente. Se terminaron 35 años de fracasos, con 70 técnicos diferentes que no dieron en la tecla, con frustraciones renovadas, con abatimientos repetidos. En el medio, el paso por la B, las misas, los exorcismos de la cancha, las caravanas de la esperanza.

Paso a paso, como solía decir al técnico Reinaldo Merlo, se hizo el milagro. “Yo no tenía nada que ver con Racing, pero igual debí cargar, como todos los jugadores, con la mochila de tantos años sin títulos. Ahora me van a contratar de cualquier equipo que necesite salir de una mala”, resumía Mostaza. Quizá, como prometía la hinchada, se venga la estatua de Merlo.

Es verdad que desde lo estético este Racing estuvo lejos de ser brillante y no pudo soltar el festejo contenido hasta el último minuto del Apertura, pero esa es otra constante de los sufridos, casi una manera masoquista de gozar el triunfo. Es verdad que los errores arbitrales que lo favorecieron fueron muchos más que los que lo perjudicaron, pero ni así acumuló una ventaja tranquilizadora. Es verdad que tras las administraciones caóticas, la quiebra y el fideicomiso, la llegada de Blanquiceleste S.A. era bien vista por el establishment futbolístico, que destaca en esta vuelta olímpica de Chatruc, Estévez y compañía el éxito de la mano privada antes que el de Racing, y desea que el ejemplo cunda.

Todo esto es verdad, pero qué les importa. Con el grito final del gol de Loeschbor llegó el momento del abrazo sin tiempo. Se cruzaron las gambetas de Corbatta con la lucha a corazón abierto de Gustavo Costas. La elegancia de Federico Sacchi se mezcló con el temple del Coco Basile; Tucho Méndez reapareció para sumarse al festejo de Perfumo, Cejas, Maschio, el Panadero Díaz... Todos.

Ya no habrá ni cargadas, ni subestimación, ni simpatía. Para Racing empieza una nueva era. La era de reencontrarse con su grandeza.


domingo, 27 de diciembre de 2020

Marcelo Gallardo, el nuevo Príncipe de Mónaco

En el fútbol francés el Muñeco no sufrió ningún proceso de adaptación. De arranque la rompió y se convirtió en figura del campeonato.

Entrevista publicada en la revista El Gráfico, en enero de 2000.

En Mónaco todo parece funcionar a la perfección. Una exclusiva y saludable perfección. Salvo las ruletas del casino de Montecarlo, nada queda librado al azar en el principado. Pero cuando dos sábados por mes una 15.000 personas ocupan las plateas del estadio Louis II para ver al Mónaco, aguardan lo inesperado: una gambeta, una pegada estupenda, la jugada que desconcierta y atrapa.

Y saben que más allá del talento colectivo de un equipo que se escapa solo en búsqueda de su séptimo título de liga, esa chispa de sorpresa la puede encender Marcelo Daniel Gallardo. El mismo Muñeco que hoy tiene 24 años y que brilló en River Platees el que actualmente está considerado como el mejor jugador del campeonato francés. Así lo interpreta el público y el periodismo que lo elogian en cada partido.

Mientas las publicaciones France Football y L'Equipe lo eligieron "mejor jugador de la primera rueda", la revista Onze entiende que es el más digno heredero de Maradona y también lo comparó con Michel Platini y Zinedine Zidane, los más grandes número 10 de la historia del fútbol galo.

Sinceramente, por un lado me halaga que la prensa reconozca de esta manera lo que estoy haciendo -comenta Gallardo-; pero también sé que las comparaciones son difíciles, porque nombran a grandes monstruos. Una buena crítica siempre es favorable, pero la tomo con cuidado.

¿Y la adaptación? ¿Al final es un verso de quienes empiezan mal?
Uno viene con muchas expectativas a un medio desconocido. Las cosas me salieron bien de entrada y no tuve muchos problemas de presiones. Llegar y encajar enseguida en el grupo me dio una seguridad bárbara. Es una cuestión de confianza. Todos me dijeron que para un extranjero no es fácil conseguir semejante reconocimiento del público y el periodismo en la primera temporada.

¿El campeonato francés es de segundo orden en Europa?
Por ahí el francés es menos apasionado que el argentino, el español, el italiano o inglés, pero su fútbol ha crecido mucho en estos años. Y más aún después del Mundial que organizaron y ganaron. Eso le dio un impulso muy fuerte al campeonato. Quizás es verdad que el fútbol no se vive con la misma pasión que en la Argentina, pero respeto el club y el país al que vine a jugar.

¿Por que a pesar de recibir varias ofertas elegiste Francia?
Mónaco se presentó en el momento justo. River ya había decidido venderme. Los dirigentes estuvieron de acuerdo y pensé que ésta era la oportunidad de venir a Europa y no podía dejarla pasar. Además llegué a Francia sin conocer del país ni del fútbol. Y mi objetivo era crecer.

Crecimiento. Esa es la palabra que define el paso de Gallardo por el Principado de Mónaco. Él se siente un jugador más completo y el equipo lo respalda: en 22 fechas marcha con 10 puntos de ventaja sobre Paris Saint-Germain, Auxerre y Lyon. También está en octavos de final de la Copa UEFA.
Aprovechando que el sábado 22 de enero no hubo fecha por el campeonato, porque se jugaban partidos por la Copa de Francia, el Muñeco paró unos diez días para recuperarse de una inflamación en el pubis.

–¿Qué tipo de fútbol quieren los hinchas?
Los pocos que van a ver al Mónaco, porque el estadio nuestro nunca está lleno, son de un gusto muy especial. Muy parecido al que tuvo River en toda su historia. Y ellos piden buen fútbol. Por suerte yo me encontré con un buen equipo, en el que la prioridad es salir a buscar los partidos de entrada, sin especular. Por lo general en Europa cuando se juega de visitante todos los equipos se tiran atrás y esperan para salir de contraataque. Pero el Mónaco no. Nos movemos igual adentro o afuera.

–¿Cómo se paran tácticamente?
–Con dos volantes de contención: Da Costa y Lamouchi. Y dos de creación: Giuly y yo, aunque mi posición cambió un poco. Tengo libertad para moverme pero cuando no tenemos la pelota debo volver al sector izquierdo, por lo menos para achicar espacios. En Francia es difícil ver a un enganche. Yo soy más bien un carrilero por izquierda. Arriba están Trezeguet y Marco Simone, que ya metieron 28 goles en el campeonato. Además tenemos la defensa menos vencida.

–¿Los diez como vos son una especie en extinción?
–En esta época los sistemas parecen estar por encima de las individualidades y muchas veces se desaprovecha el talento. Ahí es donde desaparecen esos jugadores clásicos. El fútbol europeo es más físico y más táctico que el argentino.

–¿Qué jugadores de tus características te gustan?
–De los argentinos, Riquelme y Aimar. Juan Román es un típico enganche y Pablo me encanta, aunque es más media punta. De los extranjeros, Rivaldo, el jugador más completo del mundo: tiene pegada, gambeta, cabezazo, es goleador, tiene todo. Otro que la rompe es Zidane.


Limusinas interminables, casinos y yates. Jet set, champagne, glamour y el poder del dinero. Es una breve postal de Mónaco. Un mundo de sueños en el que es fácil olvidar los orígenes humildes, la barriada trabajadora, los amigos de siempre. Pero Gallardo no se deja encandilar por las luces de los hoteles lujosos y el trato con el príncipe Alberto.

–Vengo de un país en el que nos acostumbramos a la desprolijidad, la desorganización. Acá todo funciona diez puntos y quejarte por algo es imposible. Todo parece una fantasía. La vida en Mónaco es un poco la irrealidad. No pasa nada que no esté previsto. Por un lado lo disfruto mucho, pero no me olvido las cosas que nos pasan en la Argentina, como por ejemplo la inseguridad y otros problemas que aquí no existen. Estoy con Alejandra, mi esposa, y mi hijo Nahuel. Y mientras vivamos en Mónaco vamos a aprovechar todas las ventajas que tenemos.

–Pero como jugador, ¿qué vida hacés?
–Es que pasé de un extremo a otro. De crecer en un equipo tan grande como River donde el calor de la gente se siente también en la calle, llegué a Montecarlo donde es todo lo contrario. Puedo salir a caminar con una tranquilidad imposible de imaginar en Buenos Aires. Nadie me molesta. Me reconocen, pero voy por la calle como si nada. No me persiguen por un autógrafo o una foto. Y cuando se acercan, sobre todo los chicos, lo hacen con un respeto increíble.

–¿Qué extrañás?
–Muchas cosas, principalmente a mis afectos. Y la pasión por el fútbol, porque en Mónaco lo toman como un espectáculo más. Digo en Mónaco y no en Francia, porque en el resto del país son más calientes con el fútbol. Pero tengo Internet en mi casa y estoy mucho tiempo en contacto con la Argentina, leo los diarios, las noticias, todo. Y me traje el juego de mate completo. Las costumbres siguen siendo las mismas; sólo cambia el entorno. En un principio la ayuda de David Trezeguet me facilitó la adaptación y ahora estoy con un profesor de francés, porque el año pasado me comunicaba de puro guapo. Leo y entiendo cuando me hablan; lo complicado es pronunciar.

Monaco a 100 por hora.
–¿Conociste al príncipe Alberto?
–Sí, aunque no en forma particular. El está en todos los partidos que jugamos de local. Es un viejo seguidor del fútbol. Pero ojo, le gusta que lo traten como a uno más. Hasta parece sencillo en el trato. Por ahora está todo bien porque el equipo responde. Lo que espero es no tener que verlo algún día pateando la puerta del vestuario.

–¿Hablás con los argentinos que juegan en Francia o te mantenés distante?
–Al Toto Berizzo lo tenía cerca en Marsella, pero no tuvimos tiempo de vernos. En la cancha me crucé con Bustos, Zavagno, Fabbri.. Pero no nos visitamos. En cambio con los muchachos de River sigo hablando.

–¿Estabas al tanto que del equipo tricampeón no quedó nadie?
–Sí, ya me di cuenta. Lo charlaba hace unos días con Leo Astrada cuando él se estaba por ir a Brasil. Tenemos una relación muy buena y nos fijábamos en ese detalle. Es extraño, porque fue una etapa brillante para el club, para los hinchas, para nosotros.

No puede evitar la sonrisa, entre irónica y dolida, que interrumpe el diálogo por unos segundos. Pero no quiere nombrar a Ramón Díaz ni a los dirigentes, responsables de este recambio.

–Estas cosas ocurren y las etapas pasan. Hoy River formó un equipo que con el tiempo puede armar algo parecido a ese plantel tricampeón. Acá hay un canal de cable que los martes pasa los partidos y los sigo.

–¿Sabías que Hernán Díaz pudo volver a River y el Pelado le bajó el pulgar?
–Sí, me enteré. Lo que le hicieron a Hernán fue una falta de respeto a su trayectoria, a los años que le brindó a River. Es un tipo que siempre iba al frente, el primero que ante cualquier estupidez salía a al cancha a tirar para adelante dejando de lado versiones malintencionadas. Es un ejemplo. Como compañero y como tipo se le faltó el respeto.

–¿Fue al único al que se le faltó el respeto?
–No. Lo nombro porque es una persona admirable, pero además tengo contacto con Astrada, con la Bruja Berti, con Berizzo, con Sorín y con Ortega, que está en Parma. Si algo tenemos que recordar son los momentos gloriosos de esos años, porque fueron muchas más las alegrías que las tristezas.

En Francia es “Galagdó”; ya no el Muñeco: “La traducción de Muñeco sería Poupée, pero no suena muy macho; así que prefiero lo de Galagdó”, aclara con cierto pudor. Parece un tipo feliz. La nostalgia camina por otro lado.

viernes, 18 de diciembre de 2020

Los misteriosos pantalones Adidas de 1990


Artículo publicado en Mundial de Fondo, en junio de 2020.
Por PABLO ARO GERALDES

El debut argentino en Italia '90 fue pobre, muy alejado de la estampa de campeón mundial que va a defender su título. Encima la jornada inaugural terminó con derrota ante Camerún, aquella que ocho años antes Caloi y Clemente habían hecho famosa a través del cantito del solitario hincha camerunés.

El cabezazo de François Omam-Biyik sentenció el 1-0 para los africanos y tapó de nieblas el futuro del equipo argentino, al que una derrota contra la Unión Soviética daría por finalizada la aventura mundialista, aun cuando todos los demás equipos habrían jugado solamente un partido.

A la hora de los replanteos, se criticó la formación inicial, la lentitud de la defensa, la insuficiente reacción de Nery Pumpido en el gol, la violencia de Camerún, el desperdicio de dejar a Claudio Caniggia en el banco, y hasta la permisividad del árbitro francés Michel Vautrot. Todo pasó al archivo de las excusas... Sin embargo, el entrenador Carlos Bilardo puso su vista en un detalle menor, pero que hizo ruido en su universo de cábalas y rutinas.

Durante la década del '80 la Selección Argentina lució la marca Le Coq Sportif, con la que se consagró campeona del mundo en México '86. Durante ese torneo cambió la camiseta celeste y blanca por unas azules contra Uruguay e Inglaterra, pero siempre lució los mismos pantalones negros, que apenas tenían un ribete albiceleste y el logo de la marca francesa. A partir de 1990 la Asociación del Fútbol Argentino acordó volver a vestir la indumentaria Adidas, manteniendo por supuesto el look histórico del equipo nacional: camiseta rayada, short negro y medias blancas. Hasta ahí, nada irregular.

Para enfrentar a la Unión Soviética el técnico dispuso cinco cambios: sacó a Néstor Fabbri, Néstor Lorenzo, Roberto Sensini, Abel Balbo y Oscar Ruggeri (lesionado) y puso en la cancha a Pedro Monzón, José Tiburcio Serrizuela, Julio Olarticoechea, Pedro Troglio y Caniggia... y una sexta variante: notó que los pantalones eran distintos a los que se usaron en 1986 y puso el foco en las tres tiras emblemáticas de la marca alemana. Había que enderezar el rumbo y valía apelar a cualquier recurso, y las cábalas fueron un argumento que Bilardo nunca menospreció.

Lo mandó al utilero Rubén Benrós (fallecido en 2016) a tapar o quitar las tres tiras blancas de Adidas para que el atuendo sea lo más parecido al de 1986. No quería volver a verlas. Era a todo o nada contra la URSS. Con la alegría y el alivio del triunfo 2-0, por televisión muy pocos se dieron cuenta y en el estadio San Paolo prácticamente nadie notó la modificación, ni siquiera Héctor Querido, representante de Gatic, la empresa argentina licenciataria de Adidas. Pero desde Buenos Aires lo advirtió uno de los directivos de la compañía, que inmediatamente le transmitió el reproche.

La cadena de reclamos empezó a rodar. Querido se quejó ante Grondona. Grondona se lo cuestionó a Benrós, pero el bueno de Tito cumplía órdenes de Bilardo. Para asegurarse que eso no se repitiera, el hombre de Adidas en Roma separó dos juegos de pantalones blancos (con tiras azules), tal como se había acordado durante la reunión técnica de FIFA que usaría Argentina para el tercer partido del grupo, ante Rumania.

Los shorts blancos calmaron a Gatic y a la casa central de Adidas, en Alemania, que ya hacía cuentas de un posible juicio a la AFA. Y el 1-1 contra los rumanos valió el pasaje a octavos dentro del lote de "mejores terceros" y un poco de tranquilidad para el hiperactivo Bilardo y sus ideas cabuleras. Así que repitió el uniforme ante Brasil, por los octavos de final. Pero para cuartos, contra Yugoslavia, la FIFA determinó que Argentina debería usar camiseta azul y pantalones negros.

No valieron las recomendaciones, ni luego advertencias de Adidas: Bilardo no volvería a usar los pantalones con tiras como en el arranque del torneo contra Camerún. Argentina superó por penales a los yugoslavos y lo mismo ocurrió con Italia, en la inolvidable semifinal disputada en Nápoles. Las tiras blancas siguieron ausentes, en una muestra clara del peso de Bilardo en este tipo de decisiones.

La final contra Alemania Federal y el odio de todo el público local, luego de la lacerante eliminación en el San Paolo, encontró a una selección argentina diezmada en sus filas, sin Caniggia (una torpe mano contra los italianos), sin Olarticoechea -también dos amarillas- y sin Giusti -expulsado-. Estoicamente el conjunto soportó la rechifla al himno nacional antes del partido. Todos menos el capitán Maradona, que insultó airadamente hacia las tribunas. Empezaba el final del sueño, pero a la Argentina le tocó cambiar el atuendo, así como cuatro años antes le había tocado a los germanos. No había cábala en la vestimenta pero tampoco respuesta futbolística. Un polémico penal marcado por el árbitro mexicano Edgardo Codesal, a seis minutos del final, hizo posible el gol de Andreas Brehme y el título para una selección que se despedía: ya unificada, Alemania Federal volvía a ser simplemente Alemania, la poderosa máquina del fútbol.

jueves, 3 de diciembre de 2020

Internacionales más jóvenes

Este post surge del excelente trabajo de Neil Morrison, Luca Gandini, Eric Villante y 'Kaizeler', publicado en RSSSF, fundación de la que soy miembro. ¿Quiénes son los jugadores que se pusieron la camiseta de su seleccionado siendo más jóvenes? ¿Y quienes fueron los goleadores más precoces?
Lucas Knecht debutó en la selección de las Islas
Marianas del Norte dos días después de cumplir los 14 años.

INTERNACIONALES MÁS JÓVENES
Jugador - país
edad / fecha de nacimiento / primer partido
Lucas Knecht - Islas Marianas del Norte
14 años y 2 días / 20-Mar-1993 / 1-Abr-2007 (0-9 vs Guam)
Aung Kyaw Tun - Myanmar
14 años y 93 días / 5-Ago-1986 / 6-Nov-2000 (1-3 vs Tailandia)
Moussa Latoundji - Benín
14 años y 157 días / 13-Ago-1978 / 17-Ene-1993 (0-5 vs Túnez)
Joel Fruit - Islas Marianas del Norte
14 años y 177 días / 31-May-1998 / 24-Nov-2012 (0-8 vs Guam)
MacDonald Taylor Jr. - Islas Vírgenes USA
14 años y 193 días / 22-Mar-1992 / 1-Oct-2006 (1-6 vs Rep. Dominicana)
Kennedy Izuka - Islas Marianas del Norte
14 años y 242 días / 27-Mar-1998 / 24-Nov-2012 (0-8 vs Guam)
Junior Gourrier - República Centroafricana
14 años y 317 días / 23-Abr-1992 / 6-Mar-2007 (2-3 vs Chad)
Stephen Appiah - Ghana
14 años y 322 días / 24-Dic-1980 / 11-Nov-1995 (2-9 vs Sierra Leona)
Sylvanus Nimely - Liberia
15 años y 3 días / 4-Sep-1998 / 7-Sep-2013 (1-4 vs Angola)
10 Bimal Gharti Magar - Nepal
15 años y 6 días / 14-Sep-1997 / 20-Sep-2012 (1-1 vs Bangladesh)
11 Clint Marcelle - Trinidad & Tobago
15 años y 7 días / 9-Nov-1968 / 16-Nov-1983 (0-5 vs Suecia)
12 Aníbal Zapicán Falco - Uruguay
15 años y 9 días / 25-Sep-1893 / 4-Oct-1908 (1-0 vs Argentina)

Sin fecha de nacimiento confirmada:
Davidson Ngawaeramo - Islas Salomon
15 años** / Sep 62-Jul 63 / 7-Jul-1978 (0-2 vs Papua Nueva Guinea)
José Brachi - Uruguay
13-14 años / 1894 (?) / 13-Sep-1908 (1-2 vs Argentina)
Ryan Stepp - Guam
15 años y 250 días aprox / Ago 1980-Dic 80 / 10-Aug-1996 (2-9 vs Taiwán)
Souleymane Mamam - Togo
15 años y 320 días? / 20-Jun-1985*** / 6-May-2001 (3-2 vs Zambia)

* Según la FIFA, nació el 8-Nov-1918; otras fuentes dicen 14-Abr-1918 y 14-Abr-1922.
** posiblemente haya tenido menos de 15 años (se reportó que tenía 16 en agosto de 1979).
*** Según la FIFA, nació el 30-Jun-1987, por lo que habría tenido 13 años y 310 días en ese partido.



GOLEADORES INTERNACIONALES MÁS JÓVENES
Jugador - país
edad / fecha de nacimiento / primer gol
Aung Kyaw Tun - Myanmar
14 años y 93 días / 5-Ago-1986 / 6-Nov-2000 (1-3 vs Tailandia)
Abdel-Karim Saqr - Egipto
15 años y 113 días / 14-Abr-1921* / 5-Ago-1936 (1-3 vs Austria)
Samuel Johnston - Irlanda
15 años y 160 días / 18-Sep-1866 / 25-Feb-1882 (1-7 vs Gales)
Mohammed Kallon - Sierra Leona
15 años y 167 días / 6-Oct-1979 / 22-Abr-1995 (2-0 vs Congo)
Anggisu Barbosa - Timor Oriental
15 años y 217 días / 16-Mar-1993 / 19-Oct-2008 (2-2 vs Camboya)
Hegman Ngomirakiza - Rwanda
15 años y 263 días / 25-Mar-1992 / 13-Dic-2007 (9-0 vs Djibouti)
Myron Samuel - San Vicente y las Granadinas
15 años y 273 días / 19-Dic-1992 / 17-Sep-2008 (3-1 vs Anguilla)
Bimal Gharti Magar - Nepal
15 años y 354 días / 14-Sep-1997 / 3-Sep-2013 (1-1 vs Pakistán)
József Horváth - Hungría
16 años y 12 días / 25-Sep-1890 / 7-Oct-1906 (4-4 vs Bohemia)
10 El-Hacen El-Moctar Sidi - Mauritania
16 años y 25 días / 11-Dic-1997 / 5-Ene-1914 (3-2 vs Mozambique)
11 Anthony Hernández - Gibraltar
16 años y 36 días / 3-Feb-1995 / 11-Mar-2011 (3-0 vs Feroe)
12 Zaw Zaw - Myanmar

16 años y 65 días / 13-Oct-1986 / 17-Dic-2002 (6-1 vs Filipinas)

Algunos destacados:
Nii Lamptey - Ghana
16 años y 160 días / 10-Dic-1974 / 29-Abr-1991 (2-0 vs Togo)
Johnnier Montaño - Colombia
16 años y 171 días / 14-Ene-1983 / 4-Jul-1999 (3-0 vs Argentina)
Włodzimierz Lubański - Polonia
16 años y 188 días / 28-Feb-1947 / 4-Sep-1963 (9-0 vs Noruega)
Edson do Nascimento Pelé - Brasil
16 años y 260 días / 21-Oct-1940 / 7-Jul-1957 (1-2 vs Argentina)

* Según la FIFA, nació el 8 de noviembre de 1918; otras fuentes dicen que fue el 14 de abril de 1918 y el 14 de abril de 1922.
Sin fecha de nacimiento confirmada:
José Pérez - Uruguay
14 o 15 años / 1896 / 13-Jul-1913 (5-4 vs Argentina)
Ryan Stepp - Guam
15y 250d / Aug 80-Dic 80 10-Ago-1996 (2-9 vs Taiwán)
Davidson Ngawareamo - Islas Salomon
16y ?d / Sep 62-Sep 63 7-Sep-1979 (3-1 vs Nueva Caledonia)

domingo, 22 de noviembre de 2020

Unidos por la tragedia

Un once de guerreros que nos dejaron. Muchos de ellos, en la cancha.

Artículo publicado en la revista chilena De Cabeza, en octubre de 2015
Por PABLO ARO GERALDES
Ilustración de Gonzalo Losada

La muerte espera agazapada a la vuelta de una esquina, pero no sabemos cuál. La Parca, a veces traicionera, siempre implacable, se ha ensañado en repetidas ocasiones con futbolistas en actividad: tragedias aéreas, enfermedades tempranas, accidentes de tránsito, asesinatos, suicidios y la tan temida muerte súbita pusieron un prematuro punto final a carreras deportivas en pleno desarrollo.

El primero del que se tenga registro fue el inglés William Crooper, quien cayó defendiendo los colores del Staveley FC contra el Grimsby Town. Era el 12 de enero de 1889 y Crooper, que hacía unos meses había dejado el cricket para dedicarse al fútbol, chocó fuertemente contra Dan Doyle. Una rodilla de este back adversario impactó de lleno en su abdomen y le provocó una ruptura intestinal. La tarde trágica se selló con la muerte de Crooper en el vestuario, en brazos de su compañero George Hay.

No hay certezas sobre la existencia de un dios. Tampoco de un cielo que reciba a las almas buenas. Por eso, sin necesidad de garantía alguna, vale imaginar un edén al que lleguen los futbolistas, todos aquellos que regalaron emociones en la Tierra. Habrá partidos continuados, equipos que se reencuentran, torneos que se repiten hasta el infinito. Hace poco llegó Alcides Ghiggia, para completar a los 22 que puedan revivir aquella final de 1950 en Maracaná. Y estarán Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskás, Garrincha, Lev Yashin, Eusebio, Giuseppe Meazza, Fritz Walter, Obdulio Varela y Stanley Matthews brillando por la eternidad en una pichanga improvisada que sería la envidia de los abonados a palcos VIP en la Champions League.

En una cancha central, donde nunca dejan de escucharse miles y miles de aplausos, será local un combinado celestial amado por llevar consigo la poesía indeleble de la tragedia. La muerte temprana duele más y dispara preguntas sin respuesta, pero también impide cualquier signo de deterioro: nos ahorra la imagen de la decadencia. Estos once despertaron ovaciones y arrancaron lágrimas a sus hinchas en la dolorosa hora de su partida, cuando el destino truncó sus trayectorias en pleno apogeo. Son once entre cientos que llegaron antes de tiempo a este paraíso de la pelota, pero bien podrían ser una selección -caprichosa como cualquier otra- de quienes compartieron ese sino agónico. Este cielo imaginario, con verde césped entre nubes de algodón, es el escenario perfecto para que le hagan otra gambeta al olvido.



José Gonzales Ganoza
33 años

Fue fiel al arco de Alianza Lima durante toda su carrera. Con el equipo grone fue campeón peruano en 1975, 1977 y 1978 y había sido parte del plantel que alzó la Copa América 1975 con la selección incaica.

El 8 de diciembre de 1987 Alianza Lima volvía después de vencer a Deportivo Pucallpa, pero el Fokker de la Marina de Guerra del Perú nunca aterrizó en la capital: una falla de la aeronave la precipitó al mar, a la altura de Ventanilla. Sólo el piloto se salvó, todo el equipo tuvo allí su triste final.

Entre los deudos que lloraban la tragedia estaba Peta, la hermana de Gonzales Ganoza, quien sostenía en brazos a su hijo Paolo. El pequeño no había llegado a ver a su tío en el arco aliancista, pero con los años pudo honrar a la casaca de la Selección Peruana. Paolo Guerrero, de él se trata, hizo las inferiores en el club auriazul y, aunque nunca jugó en un club de su país, sueña con terminar su carrera allí.


Eduard Dubinski
34 años

Figura en la zaga del CSKA Moscú, el ucraniano saltó al estadio Carlos Dittborn de Arica con la sigla CCCP en el pecho para debutar en la Copa del Mundo de 1962. Allí, en la tarde del 31 de mayo, empezaría su drama en el partido contra Yugoslavia: antes del descanso la URSS ganaba 1-0; Dubinski salía jugando desde el fondo, en una acción sin peligro alguno, cuando el delantero bosnio Muhamed Mujic le salió al cruce y con una violencia inusitada le produjo fractura expuesta de tibia y peroné en la pierna izquierda.

Pasado el Mundial, Dubinski se recuperó en Moscú y volvió a jugar en el CSKA, hasta 1964, año en el que pasó al KFK YuGV húngaro. La Selección ya había quedado atrás. Retornó a Ucrania en 1966 para sumarse al SKA Odessa y siguió dos temporadas más con la camiseta del Metallurg Lipetsk, en Rusia. Allí su carrera se terminó dolorosamente: tenía 33 años, podía seguir, pero aquella salvaje agresión de 1962 volvió a escena: la mala curación de la fractura le causó un sarcoma que tras varias cirugías derivó en la amputación de la pierna.

Estaba condenado a una silla de ruedas por el resto de su vida, pero fue por muy poco tiempo: el 11 de mayo de 1969 murió por las complicaciones derivadas de aquella falta asesina.


Andrés Escobar
27 años

Campeón de la Copa Libertadores 1989 con el legendario Atlético Nacional de Medellín, Escobar se ganó el título de “caballero del fútbol” por su corrección deportiva. Esa conducta intachable también la demostró en la asombrosa Selección Colombia que se lució en Italia '90 y que cuatro años después llegó a los Estados Unidos con un sobrevalorado cartel de favorita, tras humillar a Argentina en la Eliminatoria.

Aquella participación colombiana en USA '94 fue triste, con una despedida en primera ronda tras perder con los anfitriones. En una jugada sumamente desafortunada, Andrés marcó un gol en contra que, supuestamente, había ocasionado pérdidas en apuestas de varios capos del narcotráfico. Ese error fue su sentencia de muerte: de regreso a Medellín y mientras el Mundial seguía, el 2 de julio Escobar fue increpado en el estacionamiento de una discoteca por dos de estos sujetos pesados. Se inició una discusión que terminó cuando el chofer de los agresores bajó del auto y descargó su revólver en la cabeza de Andrés. Su novia, que lo acompañaba esa noche, lo llevó al hospital pero llegó sin vida.


Antonio Puerta
22 años

Creció en el barrio sevillano de Nervión, muy cerca del estadio Sánchez Pizjuán: como todos los chavales de su edad, jugó fútbol en las calles, después en un club pequeño hasta que llegó a edad de hacer las inferiores y se lo llevaron para el Sevilla FC.

Surgió de la misma camada que Sergio Ramos y Jesús Navas, y también fue convocado a la Selección Española en virtud de su zurda de diamantes, esa que pronto se convertiría en su apodo en boca de los aficionados andaluces.

El 25 de agosto de 2007 el destino le tenía tendida una trampa al ídolo sevillista: a los 28' del partido contra el Getafe, por la primera fecha de la Liga, Puerta sufrió un paro cardiorrespiratorio y se desplomó en la cancha. El serbio Ivica Dragutinovic le intentó sacar la lengua, para que no se la tragara. Lo reanimaron y dejó el campo caminando. Pero en los vestuarios padeció cinco desmayos más y fue trasladado al Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, donde le pusieron un respirador artificial. Casi tres días después del partido, murió por una displasia arritmogénica del ventrículo derecho. La muerte. La vida. El 21 de octubre su novia dio a luz a Aitor Puerta, el pequeño que el año pasado dio un saque de honor en el Sánchez Pizjuan. Vestía la camiseta 16 de su padre.


Abdón Porte
25 años

A comienzos de 1918 la Comisión Directiva de Nacional decidió poner a Alfredo Zibechi como volante central, lo que para Abdón Porte implicaba la pérdida de la titularidad. La decisión se basaba en que Porte había bajado su rendimiento. Esto fue algo que el ídolo del club montevideano no pudo asimilar. El Indio Porte no era cualquiera: tenía 25 años y con Nacional había ganado los campeonatos uruguayos de 1912, 1915, 1916 y 1917 además de haber integrado la selección que conquistó la Copa América 1917.

El 4 de marzo Nacional venció 3-1 al Charley y él cumplió una muy buena actuación. Como se acostumbraba, por la noche dirigentes y jugadores se reunieron en la sede del club para un pequeña celebración. Igual, sabía que su puesto en el mediocampo ya tenía un nuevo dueño. A la una de la madrugada del 5 de marzo Abdón dejó la fiesta y se subió a un tranvía que lo dejó a las puertas del Parque Central, su estadio, caminó hasta al centro de la cancha y se pegó un tiro en el corazón.

El 3 de abril iba a casarse con su novia. Al amanecer de ese frío martes el perrito del canchero encontró el cuerpo inerte de Porte, junto al revólver y una carta dentro de un sombrero de paja. Pedía que lo enterraran “en el cementerio de La Teja con Bolívar y Carlitos”. Se refería a los hermanos Bolívar y Carlos Céspedes, dos glorias de Nacional y de la selección uruguaya que en 1905 había caído víctimas de la epidemia de viruela.


Eliseo Mouriño
34 años

Hijo de un gallego y una vasca, Eliseo era tan porteño como el tango. Nacido en Mataderos y criado en San Cristóbal, estos populares barrios de Buenos Aires marcaron su identidad futbolera en los años '30: fineza con la pelota, visión de juego, don de liderazgo y códigos de amigo.

En 1946 debutó en la Primera de Banfield, el primer equipo chico que lideró un campeonato (en 1951 perdió una final de desempate con Racing). Eliseo era el estratega, un verdadero técnico dentro de la cancha. Boca Juniors se lo llevó en 1953 y fue titular indiscutido por ocho temporadas. Su tarea impecable con la 5 xeneize le abrió el camino a la Selección Argentina, con la que jugó 25 partidos y ganó dos veces la Copa América: 1955 y 1959.
Veterano ya, decidió que sus últimos años en el fútbol los pasaría en el recordado Green Cross. Pero apenas jugó un partido. De regreso de Osorno, donde habían enfrentado a una selección local por la Copa Chile, el 3 de abril el piloto del avión DC-3 de LAN avisó que tenía hielo en las alas y en la hélice. El frío aliento de la muerte acechaba entre las cumbres del Nevado de Longaví. La aeronave perdió el control y se estrelló en el cerro Lástimas, cerca de Linares. En medio del luto que envolvió al país, Mourinho se ganó una estrella en el panteón de las leyendas.


Marc-Vivien Foé
28 años

Quizá sea la muerte más escalofriante, porque el mundo la vio en directo: el 26 de junio de 2003 Camerún vencía 1-0 a Colombia en Lyon, Francia, por una semifinal de la Copa Confederaciones, cuando a los 71' Foé se desplomó en el círculo central; el colombiano Jairo Patiño, desesperado, fue el primero que lo ayudó. Ingresaron los paramédicos, intentaron reanimarlo boca a boca y con oxígeno. Lo sacaron en camilla y llegó vivo al hospital, pero minutos después se fue de este mundo. La autopsia determinó una “miocardiopatía hipertrófica”, una afección hereditaria.
Había surgido del Canon Yaoundé y pasó por distintos equipos de Francia e Inglaterra hasta recalar en el Manchester City, cuyos hinchas le dejaron balones a su tumba.

La Selección de Camerún siguió jugando esa Copa en memoria de su compañero. Tres días después, Francia se quedó con el trofeo al vencer a los africanos. Durante la ceremonia de premiación, el capitán francés Marc Desailly posó junto al plantel campeón sosteniendo un retrato de Foé.


Valentino Mazzola
30 años

Interior izquierdo y capitán del legendario Torino, es considerado uno de los mejores atacantes de la historia del calcio. Aquel equipo era reconocido como uno de los más fuertes de Europa luego de la Segunda Guerra Mundial: venía de ganar cuatro ligas consecutivas entre 1946 y 1949. Aquel Torino era la base de la Selección Italiana, de la que Mazzola también era el capitán, el símbolo del equipo que aspiraba al tricampeonato mundial nada menos que en Brasil 1950. No pudo ser.

El 3 de mayo de 1949 el Torino jugó un amistoso contra el Benfica, en Lisboa. Durante el regreso a Turín, al día siguiente, una densa niebla los esperaba en el norte italiano. La pericia de los pilotos no fue suficiente para estabilizar el avión a ciegas y la nave se precipitó para estrellarse contra el muro trasero de la Basílica de Superga, en las cercanías de la ciudad de destino. No hubo sobrevivientes y la Federación Italiana les otorgó el título de la temporada 1948/49, que los tenía como punteros, a falta de cuatro fechas. Signo de esos tiempos, la medida fue impulsada por Inter, Milan y Juventus.
En Brasil, Italia se presentó con un equipo menguado y quedó afuera en primera ronda. Extrañaba a su 10, el mejor de todos los tiempos con la Squadra Azzurra.


David Arellano
24 años

Colo-Colo despertaba cada vez más interés en cada presentación de aquella gira de 1927. El 2 de mayo arrastró a una multitud en Valladolid, cuando se enfrentó a la Real Unión Deportiva en el campo anexo a la Plaza de Toros... Como una postal de época, los colocolinos salieron portando una bandera española; encabezados por Arellano, su capitán. La cordialidad se trasladó al juego, pero enseguida los locales se pusieron 2-0. La reacción no tardó: descontó Subiabre y el Negro González empató.

Los chilenos empujan para buscar la victoria; Pancho Arellano tira el centro, su hermano David salta a cabecear y choca en el aire con Hornia, el centrehalf. Una rodilla del español impacta en su vientre y él cae exánime. Un murmullo helado atraviesa la cancha. Arellano yace pálido, la camilla que entra, la ambulancia después, el silencio, el juego que se reanuda once contra diez... Colo-Colo ya no piensa en el partido.

Vuelven al Hotel Inglaterra, donde David agoniza. En la noche, las palabras del médico destrozaron el alma de la delegación: sólo se espera el final, de nada valdría una operación, sería un milagro que se recupere de esa peritonitis traumática. Las horas pasan. Valladolid amanece, pero no despierta. Porque no durmió. Tampoco él, con los ojos entrecerrados y en un solo quejido. Implora una operación que lo salve. Buscan a otro médico. No hay consuelo. David pide un sacerdote para confesarse. Y se va.

Pasaron casi nueve décadas, pero en cada grito de gol, en cada alegría, Colo-Colo lleva sobre su corazón el luto perpetuo en memoria del querido David Arellano.


Roberto Batata
26 años

Había convertido un gol para Cruzeiro en la visita a Alianza Lima por la Copa Libertadores 1976 y apenas regresó a Belo Horizonte, aunque estaba cansado, tomó su Chevette para aprovechar el día libre: ese 14 de mayo, ansioso por reencontrarse con su esposa y su hijo, manejó su auto con rumbo a Tres Corações.

Nunca llegó. Un accidente en la ruta se llevó a este brillante puntero derecho cuyo nombre verdadero era Roberto Monteiro. Un manto de tristeza envolvió a Brasil, que admiraba su juego veloz y habilidoso.

Dos meses y medio después de su partida, Cruzeiro vencía a River Plate 3-2 en Santiago y conquistaba por primera vez la Copa Libertadores. Tras el pitazo final del árbitro chileno Alberto Martínez, todos los jugadores mineiros formaron un círculo y oraron por su memoria. Nunca un campeón de la Libertadores estuvo tan presente como él en la noche santiaguina. La emoción y las lágrimas enmarcaron la entrega del trofeo.

Hoy, su estrella de campeón post mortem brilla tanto como la Cruz del Sur que engalana el pecho del equipo Guerreiro dos Gramados.


Matthias Sindelar
35 años

Al mando de la Selección Austríaca era considerado el mejor jugador del mundo en esos años '30. Pero en marzo de 1938 el III Reich invadió Austria y Adolf Hitler pretendió que los mejores solistas de esa orquesta apodada Wunderteam se pusieran la casaca alemana con la cruz swastika en el pecho e hicieran el repugnante saludo nazi. Sindelar se negó.

El Führer organizó un ‘amistoso’ para celebrar el Anschluß, la ‘unificación’: Alemania (con los mejores jugadores del Wunderteam) contra Ostmark (Austria reducida a una provincia). Hasta el árbitro fue alemán. Sindelar sabía que si ganaba ante los ojos de Hitler, estaría en problemas. Pero a veces el hombre prefiere ser leal a su corazón: Matthias jugó el mejor partido de su vida y marcó el primer gol del 2-0 ante la escuadra nazi. Lo ‘invitaron’ nuevamente a jugar el Mundial 1938 para Alemania, pero volvió a decir No. Entró a las listas negras… Los nazis ofrecieron recompensa a quien lo delatara. Junto a su novia, tuvieron que esconderse. La persecución se hizo insoportable. Los judíos encarcelados eran llevados a campos de concentración; el futuro era negro.

Todo se hubiera 'resuelto' poniéndose la camiseta alemana, pero el deseo de ser digno fue más fuerte. El holocausto estaba por comenzar, pero él no lo iba a conocer. El 23 de enero de 1939 la policía nazi encontró los dos cuerpos en su departamento; el monóxido de carbono de la estufa defectuosa hacía al aire irrespirable. ¿Suicidio o asesinato? Nunca se supo. Para su funeral, unos 15 mil vieneses desafiaron al terror y acompañaron a Matthias y a Camila hasta el cementerio.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Todos los goles mundialistas argentinos

En sus 17 participaciones, la celeste y blanca lleva anotados 137 tantos. Aquí el crédito a todos los goleadores mundialistas.


Diego Maradona, Gabriel Batistuta y Lionel Messi son los únicos que lograron marcar en tres Copas del Mundo diferentes.

Batistuta es el máximo goleador mundialista argentino. Al pie de este artículo está el listado completo.

Argentina logró su mejor cosecha goleadora en 1930, con 18 tantos en cinco partidos. Por el contrario, en las participaciones mundialistas más pobres apenas conquistó apenas 2: en 1934 (un partido) y en 1962 y 2002 (tres partidos).

El adversario que más sufrió los goles argentinos es México: 11. Le siguen Nigeria (9) y Corea del Sur (8). Recibieron 6 goles Estados Unidos, Francia, Perú, Hungría, Serbia y Montenegro y Grecia. Con 5 están Alemania, Inglaterra y Jamaica.

Apenas 8 de los 137 goles argentinos se anotaron desde el punto del penal. Y vale resaltar que Argentina se favoreció con dos goles marcados en contra por sus rivales.

Del primero de Luis Monti al último de Sergio Agüero, ambos contra Francia, estos son los 137 goles mundialistas de Argentina:

URUGUAY 1930 (18 goles)
1 - Luis Monti a Francia
2 - Guillermo Stábile a México
3 - Adolfo Zumelzú a México
4 - Guillermo Stábile a México
5 - Francisco Varallo a México
6 - Adolfo Zumelzú a México
7 - Guillermo Stábile a México
8 - Guillermo Stábile a Chile
9 - Guillermo Stábile a Chile
10 - Mario Evaristo a Chile
11 - Luis Monti a Estados Unidos
12 - Alejandro Scopelli a Estados Unidos
13 - Guillermo Stábile a Estados Unidos
14 - Carlos Peucelle a Estados Unidos
15 - Carlos Peucelle a Estados Unidos
16 - Guillermo Stábile a Estados Unidos
17 - Carlos Peucelle a Uruguay
18 - Guillermo Stábile a Uruguay

ITALIA 1934 (2 goles)
19 - Ernesto Belis - Argentina - Suecia
20 - Alberto Galateo - Argentina - Suecia

SUECIA 1958 (5 goles)
21 - Oreste Corbatta a Alemania Federal
22 - Oreste Corbatta a Irlanda del Norte -p-
23 - Norberto Menéndez a Irlanda del Norte
24 - Ludovico Avio a Irlanda del Norte
25 - Oreste Corbatta a Checoslovaquia -p-

CHILE 1962 (2 goles)
26 - Héctor Facundo a Bulgaria
27 - José Sanfiliippo a Inglaterra

INGLATERRA 1966 (4 goles)
28 - Luis Artime a España
29 - Luis Artime a España
30 - Luis Artime a Suiza
31 - Ermindo Onega a Suiza

ALEMANIA FEDERAL 1974 (9 goles)
32 - Ramón Heredia a Polonia
33 - Carlos Babington a Polonia
34 - René Houseman a Italia
35 - Héctor Yazalde a Haití
36 - René Houseman a Haití
37 - Rubén Ayala a Haití
38 - Héctor Yazalde a Haití
39 - Miguel Ángel Brindisi a Brasil
40 - René Houseman a Alemania Democrática

ARGENTINA 1978 (15 goles)
41 - Leopoldo Luque a Hungría
42 - Daniel Bertoni a Hungría
43 - Daniel Passarella a Francia -p-
44 - Leopoldo Luque a Francia
45 - Mario Kempes a Polonia
46 - Mario Kempes a Polonia
47 - Mario Kempes a Perú
48 - Alberto Tarantini a Perú
49 - Mario Kempes a Perú
50 - Leopoldo Luque a Perú
51 - René Houseman a Perú
52 - Leopoldo Luque a Perú
53 - Mario Kempes a Holanda
54 - Mario Kempes a Holanda
55 - Daniel Bertoni a Holanda

ESPAÑA 1982 (8 goles)
56 - Daniel Bertoni a Hungría
57 - Diego Maradona a Hungría
58 - Diego Maradona a Hungría
59 - Osvaldo Ardiles a Hungría
60 - Daniel Passarella a El Salvador -p-
61 - Daniel Bertoni a El Salvador
62 - Daniel Passarella a Italia
63 - Ramón Díaz a Brasil

MÉXICO 1986 (14 goles)
64 - Jorge Valdarno a Corea del Sur
65 - Oscar Ruggeri a Corea del Sur
66 - Jorge Valdarno a Corea del Sur
67 - Diego Maradona a Italia
68 - Jorge Valdarno a Bulgaria
69 - Jorge Burruchaga a Bulgaria
70 - Pedro Pasculli a Uruguay
71 - Diego Maradona a Inglaterra
72 - Diego Maradona a Inglaterra
73 - Diego Maradona a Bélgica
74 - Diego Maradona a Bélgica
75 - José Luis Brown a Alemania Federal
76 - Jorge Valdarno a Alemania Federal
77 - Jorge Burruchaga a Alemania Federal

ITALIA 1990 (5 goles)
78 - Pedro Troglio a Unión Soviética
79 - Jorge Burruchaga a Unión Soviética
80 - Pedro Monzón a Rumania
81 - Claudio Caniggia a Brasil
82 - Claudio Caniggia a Italia

ESTADOS UNIDOS 1994 (8 goles)
83 - Gabriel Batistuta a Grecia
84 - Gabriel Batistuta a Grecia
85 - Diego Maradona a Grecia
86 - Gabriel Batistuta a Grecia -p-
87 - Claudio Caniggia a Nigeria
88 - Claudio Caniggia a Nigeria
89 - Gabriel Batistuta a Rumania -p-
90 - Abel Balbo a Rumania

FRANCIA 1998 (10 goles)
91 - Gabriel Batistuta a Japón
92 - Ariel Ortega a Jamaica
93 - Ariel Ortega a Jamaica
94 - Gabriel Batistuta a Jamaica
95 - Gabriel Batistuta a Jamaica
96 - Gabriel Batistuta a Jamaica -p-
97 - Mauricio Pineda a Croacia
98 - Gabriel Batistuta a Inglaterra -p-
99 - Javier Zanetti a Inglaterra
100 - Claudio López a Holanda

JAPÓN / COREA DEL SUR 2002 (2 goles)
101 - Gabriel Batistuta a Nigeria
102 - Hernán Crespo a Suecia

ALEMANIA 2006 (11 goles)
103 - Hernán Crespo a Costa de Marfil
104 - Javier Saviola a Costa de Marfil
105 - Maximiliano Rodríguez a Serbia y Montenegro
106 - Esteban Cambiasso a Serbia y Montenegro
107 - Maximiliano Rodríguez a Serbia y Montenegro
108 - Hernán Crespo a Serbia y Montenegro
109 - Carlos Tevez a Serbia y Montenegro
110 - Lionel Messi a Serbia y Montenegro
111 - Hernán Crespo a México
112 - Maximiliano Rodríguez a México
113 - Roberto Ayala a Alemania

SUDÁFRICA 2010 (10 goles)
114 - Gabriel Heinze a Nigeria
115 - Park Chu-young e/c a Corea del Sur
116 - Gonzalo Higuaín a Corea del Sur
117 - Gonzalo Higuaín a Corea del Sur
118 - Gonzalo Higuaín a Corea del Sur
119 - Martín Demichelis a Grecia
120 - Martín Palermo a Grecia
121 - Carlos Tevez a México
122 - Gonzalo Higuaín a México
123 - Carlos Tevez a México

BRASIL 2014 (8 goles)
124 - Sead Kolašinac e/c a Bosnia y Herzegovina
125 - Lionel Messi a Bosnia y Herzegovina
126 - Lionel Messi a Irán
127 - Lionel Messi a Nigeria
128 - Lionel Messi a Nigeria
129 - Marcos Rojo a Nigeria
130 - Ángel Di María a Suiza
131 - Gonzalo Higuaín a Bélgica

RUSIA 2018 (6 goles)
132 - Sergio Agüero a Islandia
133 - Lionel Messi a Nigeria
134 - Marcos Rojo a Nigeria
135 - Ángel Di María a Francia
136 - Gabriel Mercado a Francia
137 - Sergio Agüero a Francia



TABLA DE GOLEADORES ARGENTINOS
10 ⚽⚽⚽⚽⚽⚽⚽⚽⚽⚽
Gabriel Batistuta
⚽⚽⚽⚽⚽⚽⚽⚽
Guillermo Stábile
Diego Armando Maradona
6 ⚽⚽⚽⚽⚽⚽
Mario Kempes
Lionel Messi
5 ⚽⚽⚽⚽⚽
Gonzalo Higuaín
4 ⚽⚽⚽⚽
Daniel Bertoni
Claudio Caniggia
Hernán Crespo
René Houseman
Leopoldo Luque
Jorge Valdarno
3 ⚽⚽⚽
Luis Artime
Jorge Burruchaga
Oreste Corbatta
Daniel Passarela
Carlos Peucelle
Maximiliano Rodríguez
Carlos Tévez
2 ⚽⚽
Sergio Agüero
Ángel Di María
Luis Monti
Ariel Ortega
Marcos Rojo
Héctor Yazalde
Adolfo Zumelzú
1 ⚽
Osvaldo Ardiles
Ludovico Avio
Roberto Ayala
Rubén Ayala
Carlos Babington
Abel Balbo
Ernesto Belis
Miguel Brindisi
José Luis Brown
Esteban Cambiasso
Martín Demichelis
Ramón Díaz
Mario Evaristo
Héctor Facundo
Alberto Galateo
Gabriel Heinze
Ramón Heredia
Claudio López
Norberto Menéndez
Gabriel Mercado
Pedro Monzón
Ermindo Onega
Martín Palermo
Pedro Pasculli
Mauricio Pineda
Oscar Ruggeri
José Sanfilippo
Javier Saviola
Alejandro Scopelli
Alberto Tarantini
Pedro Troglio
Francisco Varallo
Javier Zanetti
Park Chu-young (Corea del Sur) en contra
Sead Kolašinac (Bosnia y Herzegovina) en contra

sábado, 7 de noviembre de 2020

Excusas para contar historias

Editorial de la revista Fox Sports, del diario El País, de Uruguay
Por PABLO ARO GERALDES
Febrero de 2008.

El fútbol es un juego. Parece una obviedad, pero en tiempos altamente mercantilizados vale refrescar el concepto. Y, en medio del deporte-espectáculo-negocio, lo primero sigue siendo el jugador. El jugador y sus emociones, sus sentimientos, sus sueños.

Hacia Ghana fueron los representantes de los principales clubes de Europa con valijas llenas de euros: la Copa Africana fue la vidriera de la mano de obra barata más impresionante del fútbol. Los pocos fenómenos africanos que todavía no pertenecían a un equipo del Viejo Continente ya tienen su futuro marcado al norte del Mediterráneo. Los dirigentes de los clubes poderosos son los mismos qu en dos años intentarán que su joven compra no sea convocada a la Selección para la próxima Copa Africana, con el pretexto de estar "poniendo en riesgo una inversión" en un continente subdesarrollado que no puede ofrecer las mejores condiciones sanitarias. El jugador como mercancía.

En esta edición dialogamos con Luis Suárez, el delantero que con 21 años recién cumplidos abre caminos para ilusiones futuras. Lejos del cassette que se ponen los futbolistas para hablar con la prensa, contó los momentos difíciles que atravesó en la adolescencia, cuando estuvo por dejar el fútbol, y cómo el apoyo de sus afectos derivó en la historia que hoy disfruta el Ajax y alegra el horizonte de La Celeste. El jugador desde su lado más humano.

También te presentamos a los países que todavía están fuera de la FIFA: pueblos no reconocidos, territorios que luchan por su independencia, naciones que buscan su autonomía... Mientras la política y la religión se convierten a veces en obstáculos para su determinación, el fútbol es para ellos un vehículo de igualdad, un lenguaje común con el resto del planeta. El jugador como grito de libertad.

Diferentes miradas sobre un concepto indiscutido: en el fútbol, como en cualquier otro deporte, se puede hablar de pases, de esfuerzos o victorias... Serán la excusa para contar historias.

jueves, 5 de noviembre de 2020

1986 - La historia detrás de la Copa

Se estrenó en la TV Pública 1986 / La historia detrás de la Copa, la serie de ocho documentales realizados por Koala Contenidos que retratan como nunca antes el proceso que llevó a la Argentina a la conquista de su segunda Copa del Mundo, en México.

La serie es obra de Christian Rémoli y lleva la inconfundible voz de Víctor Hugo Morales. El guión fue escrito por Ariel Scher, Gustavo Dejtiar y el mismo Rémoli. La producción, comandada por Leandro Balaguer, con Maximiliano Giuliboni, Julián Capasso y Pablo Aro Geraldes.
En la cámara estuvo Martín Pimentel; el sonido y la música original son de Pablo Nomdedeu. Las ilustraciones son de Roger Hoyos Logger y Micael Franciuli, la animación de Javier Gori y la edición de Julen Giménez y Luciano Orlievsky.

Aquí los 8 capítulos para ver online. Clickeando sobre la imagen accederás al portal Cont.ar. Debes registrarte con usuario y contraseña, es gratuito:


También puedes ver la serie completa en YouTube: