martes, 29 de diciembre de 2020

El hincha, por Mempo Giardinelli

El 29 de diciembre de 1968, el Club Atlético Vélez Sarsfield derrotó al Racing Club por 4-2. A los noventa minutos de juego, el puntero Omar Webbe marcó el cuarto gol para el equipo vencedor que, diez segundos después, se clasificaba Campeón Nacional de fútbol por primera vez en su historia.


A la memoria de mi padre, que murió sin ver campeón a Vélez Sarsfield.
Por Mempo Giardinelli

-¡Goooooool de Velesárfiiiiiillllllll! -gritaba Fioravanti.

-¡Gol! ¡Golazo, carajo - saltó Amaro Fuentes, golpeándose las rodillas frente al radiorreceptor.
Había soñado con ese triunfo toda su vida. A los sesenta y cinco años, reciente jubilado de correos y todavía soltero, su existencia era lo suficientemente regular y despojada de excitaciones como para que sólo ese gol lo conmoviera, porque lo había esperado innumerables domingos, lo había imaginado y palpitado de mil modos diferentes. Nacido en Ramos Mejía, cuando todo Ramos era adicto al entonces Club Argentinos de Vélez Sarsfield, Amaro estaba seguro de haber aprendido pronunciar ese nombre casi simultáneamente con la palabra "papá", del mismo modo que recordaba que sus primeros pasos los había dado con una pequeña pelota de trapo entre los pies, en el patio de la casona paterna, a cuatro cuadras de la estación del ferrocarril, cuando todavía existían potreros y los chicos se reunían a jugar al fútbol hasta que poco a poco, a medida que se destacaban, iban acercándose al club para alistarse en la novena división. 

Ya desde entonces, su vida quedó ligada a la de Vélez Sarsfleld (de un modo tan definitivo que él ignoró por bastante tiempo), quizá porque todos quienes lo conocieron le auguraron un promisorio futuro futbolístico sobre todo cuando llegó a la tercera, a los diecisiete años, y era goleador del equipo; pero acaso su ligazón fue mayor al morir su padre, un mes después de que le prometieron el debut en Primera, porque tuvo que empezar a trabajar y se enroló como grumete en los barcos de la flota Mihanovich y dejó de jugar, con ese dolor en el alma que nunca se le fue, aunque siempre conservó en su valija la camiseta con el número nueve en la espalda, viajara donde viajara, por muchos años, y aún la tenía cuando ascendió a Primer Comisario de abordo, en los buques que hacían la línea Buenos Aires-Asunción-Buenos Aires, y también aquel día de mayo de 1931, cuando el "Ciudad de Asunción" se descompuso en Puerto Barranqueras y debieron quedarse cinco días, y él, sin saber muy bien por qué, miró largamente esa camiseta, como despidiéndose de un muerto querido y decidió no seguir viaje, de modo que desertó y gastó sus pocos pesos en el Hotel Chanta Cuatro; después vendió billetes de lotería, creyó enamorarse de una prostituta brasileña que se llamaba Mara y que murió tuberculosa, trabajó como mozo en el bar La Estrella y se ganó la vida haciendo changas hasta que consiguió ese puestito en el correo, como repartidor de cartas en la bicicleta que le prestaba su jefe.

Desde entonces, cada domingo implicó, para él, la obligación de seguir la campaña velezana, lo que le costó no pocos disgustos: durante casi cuarenta años debió soportar las bromas de sus amigos, de sus compañeros del correo; de la barra de La Estrella, porque en Resistencia todos eran de Boca o de River; y cada lunes la polémica lo excluía porque los jugadores de Vélez no estaban en el seleccionado, nunca encabezaban las tablas de goleadores, jamás sus arqueros eran los menos vencidos, y Cosso, goleador en el '34 y en el '35, Conde en el '54, Rugilo, guardavallas de la Selección (quien se había erigido como héroe mereciendo el apodo de "El León de Wembley"), eran sólo excepciones. La regla era la mediocridad de Vélez y lo más que podía ocurrir era que se destacara algún jugador, el que, al año siguiente, seria comprado, seguramente, por algún club grande. Y así sus ídolos pasaban a ser de Boca o de River. Y de sus amigos, de sus compañeros de barra.

Claro que había retenido algunas satisfacciones: en 1953, por ejemplo, el glorioso año del subcampeonato, cuando el equipo termino encaramado al tope de la tabla, solo detrás de River. O aquellas temporadas en que Zubeldía, Ferraro, Marrapodi en el arco, Avio, Conde formaban equipos más o menos exitosos. Todos ellos pasaron por la Selección Nacional: Ludovico Avio estuvo en el Mundial de Suecia, en 1958, y hasta marcó un gol contra Irlanda del Norte. Amaro había escuchado muy bien a Fioravanti, cuando relató ese partido desde el otro lado del mundo, y se imaginó a Avio vistiendo la celeste y blanca, admirado por miles y miles de rubios todos igualitos, como los chinos, pero al revés, y por eso no le importó que a Carrizo los checoslovacos le hicieran seis goles, total Carrizo era de River.

Amaro podía acordarse de cada domingo de los últimos treinta y siete años porque todos habían sido iguales, sentado frente a la vieja y enorme radio, durante casi tres horas, en calzoncillos, abanicándose y tomando mate mientras se arreglaba las uñas de los pies. Entonces, no se transmitían los partidos que jugaba Vélez, sólo se mencionaba la formación del equipo, se interrumpía a Fioravanti cada vez que se convertía un gol o se iba a tirar un penal, y al final se informaba la recaudación y el resultado. Pero era suficiente.

Todos los lunes a las seis menos cuarto, cuando iba hacia el correo, compraba El Territorio en la esquina de la Catedral y caminaba leyendo la tabla de posiciones, haciendo especulaciones sobre la ubicación de Vélez, dispuesto a soportar las bromas de sus compañeros, a escuchar los comentarios sobre las campañas de Boca o de River.

Genaro Benítez, aquel cadetito que murió ahogado en el río Negro, frente al Regatas, siempre lo provocaba:

-Che, Amaro, ¿por qué no te hacés hincha de Boca, eh?
-Calláte, pendejo -respondía él, sin mirarlo, estoico, mientras preparaba su valija de reparto, distribuyendo las cartas calle por calle, con una mueca de resignación y tratando de pensar en que algún día Vélez obtendría el campeonato. Se imaginaba la envidia de todos, las felicitaciones, y se decía que esa sería la revancha de su vida.

No le importaba que Vélez tuviera siempre más posibilidades de ir al descenso que de salir campeón. Cada año que el equipo empezaba una buena campaña, Amaro era optimista, y se esforzaba por evitar que lo invadiera esa detestable sensación de que inexorablemente un domingo cualquiera comenzaría la debacle, la que, por supuesto, se producía y le acarreaba esas profundas depresiones, durante las cuales se sentía frustrado, se ensimismaba y dejaba de ir a La Estrella hasta que algún buen resultado lo ayudaba a reponerse.

Un empate, por ejemplo, sobre todo si se lograba frente a Boca o a River, le servía de excusa para volver a la vereda de La Estrella y saludar, sonriente, como superando las miradas sobradoras, a los integrantes de la barra: Julio Candia, el Boina Blanca, el Barato Smith, Puchito Aguilar, Diosmelibre Giovanotro y tantos otros más, la mayoría bancarios o empleados públicos, solterones, viudos algunos, jubilados los menos (sólo los viejitos Ángel Festa, el que se quejaba de que en su vida nunca había ganado a la lotería, aunque jamás había comprado un billete; y Lindor Dell'Orto, el tano mujeriego que fue padre a los cincuenta y siete años y no encontró mejor nombre para su hija que Dolores, con ese apellido), pero todos solitarios, mordaces y crueles, provistos de ese humor acre que dan los años perdidos.

En ese ambiente, Amaro no desperdiciaba oportunidad de recordar la historia de Vélez. Podía hablar durante horas de la fundación del club, aquel primero de enero de 1910, o evocar el viejo nombre, que se usó hasta el '23, y ponerse nostálgico al rememorar la antigua camiseta verde, blanca y roja a rayas verticales, que usaron hasta el '40 y que todavía guardaba en su ropero.

No le importaban las pullas, el fastidio ni los flatos orales con que todos, en La Estrella, acogían sus remembranzas. Como sucedió en el '41, cuando Vélez descendió de categoría y Diosmelibre sentenció "Amaro, no hablés más de ese cuadrito de Primera B", y él se mantuvo en silencio durante dos años, mortificado y echándole íntimamente la culpa al cambio de camiseta, esa blanca con la ve azul, a la que odió hasta el '43, una época en la que las malas actuaciones lo sumieron en tan completa desolación que hasta dejó de ir a La Estrella los lunes, para no escuchar a sus amigos, para no verles las caras burlonas.
Pero lo que más le dolía era sentirse avergonzado de Vélez. Tan deprimido estuvo esos años, que en el correo sus superiores le llamaron la atención reiteradamente, hasta que el señor Rodríguez, su jefe, comprendió la causa de su desconsuelo. Rodríguez, hincha de Boca y hombre acostumbrado a saborear triunfos, se condolió de Amaro y le concedió una semana de vacaciones para que viajara a Buenos Aires a ver la final del campeonato de Primera B.

Era un noviembre caluroso y húmedo. Amaro no bajaba a la Capital desde aquella mañana en la que abordó el "Ciudad de Asunción", rumbo al Paraguay, para su último viaje. La encontró casi desconocida, ensanchada, más alta, más cosmopolita que nunca y casi perdida aquella forma de vida provinciana de los años veinte. No se preocupó por saludar al par de tías a quienes no veía desde hacía tanto tiempo, y durante cinco días deambuló por el barrio de Liniers, recordando su niñez, rondando la cancha de Villa Luro, y el viernes anterior al partido fue a ver el entrenamiento y se quedó con la cara pegada al alambrado, deseoso de hablar con alguno de los jugadores, pero sin atreverse. Le pareció, simplemente, que estaba en presencia de los mejores muchachos del mundo, imaginó las ilusiones de cada uno de ellos, los contempló como a buenos y tiernos jóvenes de vida sacrificada, tan enamorados de la casaca como él mismo, y supo que Vélez iba a volver a Primera A.

Aquel domingo, en el Fortín, las tribunas comenzaron a llenarse a partir de las dos de la tarde, pero Amaro estuvo en la platea desde las once de la mañana.

El sol le dio de frente hasta el mediodía y el partido empezó cuando le rebotaba en la nuca y él sentía que vivía uno de los momentos culminantes de su existencia. Se acordó de los muchachos del correo, de la barra de La Estrella, de todos los domingos que había pasado, tan iguales, en calzoncillos, pendiente de ese equipo que ahora estaba ante sus ojos.

Le pareció que todo Resistencia aguardaba la suerte que correría Vélez esa tarde. De ninguna manera podía admitir que alguno deseara una derrota. Lo cargaban, sí, pero sabía que todos querrían que Vélez volviera jugar en la A al año siguiente.

Miró el partido sin verlo, y lloró de emoción cuando el gol del chico ése, García, aseguró el triunfo y el ascenso de Vélez. Y cuando salió del estadio tenía el rostro radiante, los ojos brillosos y húmedos, las manos transpiradas y como una pelota en la garganta; pero la pucha Amaro, un tipo grande, se dijo a sí mismo, meneando la cabeza hacia los costados, y después pateó una piedra de la calle y siguió caminando rumbo a la estación, bajo el crepúsculo medio bermejo que escamoteaban los edificios, y esa misma noche tomó La Internacional hacia Resistencia.

Desde entonces, cada domingo, Amaro se transportaba imaginariamente a Buenos Aires, era un hombre más en la hinchada, revivía la tarde del triunfo, se acordaba del pibe García y lo veía dominar la pelota, hacer fintas y acercarse a la valla adversaria. Y todas las tardes, en La Estrella, cada vez que se discutía sobre fútbol, Amaro recordaba:
-Un buen jugador era el pibe García. Si lo hubiesen visto. Tenía una cinturita...
O bien:
-¿Una defensa bien plantada? Cuando yo estuve en Buenos Aires...

Y cuando los demás reaccionaban:
-¡Qué me hablan de Boca, de River, de tal o cual delantera, si ustedes nunca los vieron jugar!
A medida que fueron pasando los años, Amaro Fuentes se convirtió en un perfecto solitario, aferrado a una sola ilusión y como desprendido del mundo. La vejez pareció caérsele encima con el creciente malhumor, la debilidad de su vista, la pérdida de los dientes y esa magra jubilación que le acarreó una odiosa, fatigante artritis y el reajuste de sus ya medidos gastos. Como nunca había ahorrado dinero, ni había sentido jamás sensualidad alguna que no fuera su amor por Vélez Sarsfield, su vida continuó plena de carencias y nadie sabía de él más que lo que mostraba: su cuerpo espigado y lleno de arrugas, su pasividad, su estoicismo, su mirada lánguida y esa pasión velezana que se manifestaba en el escudito siempre prendido en la solapa del saco, más con empecinamiento que con orgullo porque carajo, decía, alguna vez se tiene que dar el campeonato, ese único sobresalto que esperaba de la vida monótona, sedentaria que llevaba y que parecía que sólo se justificaría si Vélez salía campeón. Y quizás por eso aprendió a ver la esperanza en cada partido, confiado en que su constancia tendría un premio, como si alcanzar el título fuera una cuestión personal y él no estuviera dispuesto a morir sin haberse tomado una revancha contra la adversidad porque, como se decía a sí mismo, si llevé una vida de mierda por lo menos voy a morirme saboreando una pizca de gloria.

Casualidad o no, la campaña de Vélez Sarsfield en 1968 fue sorprendente. Tras las primeras confrontaciones, Amaro intuyó que ése sería el esperado gran año. Desde poco después de la sexta fecha, la escuadra de Liniers se convirtió en la sensación del torneo, y las radios porteñas comenzaron a transmitir algunos partidos que jugaba Vélez, en los clásicos con los equipos campeones, lo que para Amaro fue una doble satisfacción, puesto que también sus amigos tenían que escuchar los relatos y sólo se sabía de Boca o de River por el comentario previo o por la síntesis final de la jornada, como antes ocurría con Vélez, y éstas si son tardes memorables, gran siete, pensaba Amaro mientras tomaba un par de pavas de mate y hasta se cortaba los callos plantales, que eran los más difíciles, confiado en que sus muchachos no lo defraudarían.

Era el gran año, sin duda, y la barra de La Estrella pronto lo comprendió, de modo que todos debían recurrir al pasado para sus burlas. Pero a Amaro eso no le importaba porque le sobraban argumentos para contraatacar: los riverplatenses hacía diez años que salían subcampeones, los boquenses estaban desdibujados, y todos envidiaban a Willington, a Wehbe, a Marín, a Gallo, a Luna y a todos esos muchachos que eran sus ídolos.

-Goooooooool de Velesárfiiiiiilllllll!
La voz de Fioravanti estiraba las vocales en el aparato y Amaro, llorando, sintió que jamás nadie había interpretado tan maravillosamente la emoción de un gol. Vélez se clasificaba, por fin, campeón nacional de fútbol, tras cumplir una campaña significativa: además de encabezar las posiciones, tenía la delantera más positiva, la defensa menos batida, y Carone y Wehbe estaban al tope de la tabla de goleadores.
Pocos segundos después de ese cuarto gol, cuando Fioravanti anunció la finalización del partido, Amaro estaba de pie, lanzando trompadas al aire, dando saltitos y emitiendo discretos alaridos. Dio la tan jurada vuelta olímpica alrededor de la mesa, corrió hacia el ropero, eligió la corbata con los colores de Vélez y su mejor traje y salió a la calle, harto de ver todos los años, para esa época, las caravanas de hinchas de los cuadros grandes, que recorrían la ciudad en automóviles, cantando, tocando bocinas y agitando banderas.
Caminó resueltamente hacia la plaza, mientras el crepúsculo se insinuaba sobre los lapachos y las cigarras entonaban sus últimas canciones vespertinas, y frente a la iglesia se acercó a la parada de taxis, eligió el mejor coche, un Rambler nuevito, y subió a él con la suficiencia de un ejecutivo que acaba de firmar un importante contrato.

-Hola, Amaro -saludó el taxista, dejando el diario.
-A recorrer la ciudad, Juan, y tocando bocina -ordenó Amaro- Vélez salió campeón.
Bajó los cristales de las ventanillas, extrajo el banderín del bolsillo del saco y empezó a agitarlo al viento, en silencio, con una sonrisa emocionada y el corazón galopándole en el pecho, sin importarle que la solitaria bocina desentonara, casi afónica, con el atardecer, y sin reparar siquiera en el reloj que marcaba la sucesión de fichas que le costaría el aguinaldo, pero carajo, se justificó, el campeonato me ha costado una espera de toda la vida y los muchachos de Vélez, en todo caso, se merecen este homenaje a mil kilómetros de distancia.

Cuando llegaron a la cuadra de La Estrella, Amaro vio que la barra estaba en la vereda, ya organizada la larga mesa de habitués que los domingos al anochecer se reunían para comentar la jornada. Y vio también que cuando descubrieron al Rambler en la esquina, con la solitaria banderita asomándose por la ventanilla se pusieron todos de pie y empezaron a aplaudir.

-Más despacio, Juan, pero sin detenernos -dijo Amaro mientras se esforzaba por contener esas lágrimas que resbalaban por sus mejillas, libremente, como gotas de lluvia, y lo aplausos de la barra de La Estrella se tornaban más vigorosos y sonoros, como si supieran que debían llenar la tarde de diciembre sólo para Amaro Fuentes, el amigo que había dedicado su vida a esperar un campeonato, y hasta alguno gritó viva Vélez carajo y Amaro ya no pudo contenerse y le pidió al chofer que lo llevara hasta su casa.
Dejó colgado el banderín en el picaporte del lado de afuera, y entró en silencio. Hacía unos minutos que su corazón se agitaba desusadamente. Un cierto dolor parecía golpearle el pecho desde adentro. Amaro supo que necesitaba acostarse. Lo hizo, sin desvestirse, y encendió la radio a todo volumen. Un equipo de periodistas desde Buenos Aires, relataba las alternativas de los festejos en las calles de Liniers.
Amaro suspiró y enseguida sintió ese golpe seco en el pecho. Abrió los ojos, mientras intentaba aspirar el aire que se le acababa, pero sólo alcanzó a ver que lo muebles se esfumaban, justo en el momento en que el mundo entero se llamaba Vélez Sarsfield.


Mempo Giardinelli nació en 1947 en Resistencia, Chaco. Es escritor y periodista. Sus principales obras son: La revolución en bicicleta (novela, 1980), El cielo con las manos (novela, 1981), Vidas ejemplares (cuentos, 1982), Luna caliente (Premio Nacional de Novela en México, 1983), Qué solos se quedan los muertos (novela, 1985), El castigo de Dios (cuentos, 1994), Santo oficio de la memoria (novela, VIII Premio Internacional Rómulo Gallegos, 1993) e Imposible equilibrio (novela, 1995). Fundó y dirigió la revista Puro Cuento entre 1986 y 1992. Sus obras han sido traducidas a una docena de lenguas.

Escucha "El hincha" en la maravillosa narración de Alejandro Apo: El hincha

lunes, 28 de diciembre de 2020

Racing 2001: Misión cumplida

Artículo publicado en la revista La Primera, en diciembre de 2001.
Por PABLO ARO GERALDES


Volviendo de México con la Copa del Mundo acunada en sus brazos, Diego Maradona le confesaba a El Gráfico que aquel trofeo “era mejor cuando lo soñaba”, que tras llegar a la cima que desde pibe se había propuesto alcanzar, lo había invadido una sensación de vacío, una impresión de “¿y ahora qué?”.

Con este campeonato ganado por Racing pasa algo parecido. Durante estas décadas de frustraciones se fue forjando una identidad racinguista fundada en el sufrimiento o, lo que tiene más valor, en la actitud inclaudicable ante ese tormento que cada temporada iba in crescendo, como si las cargadas, las ilusiones abortadas y los pesares repetidos templasen especialmente el alma de los hinchas. Lejos de repudiar ese dolor, la gente de Racing hizo de su desgracia una bandera. Una conmovedora bandera de aguante.

“¿Viviré para volver a verlo campeón?”, era el sentimiento común de los hombres entrados en años. “¿Sabré un día lo que es dar una vuelta olímpica?”, se preguntaban los de treinta y pico. Pero lo que es curioso, esa misma resignación aparecía en los jóvenes, que lejos de dejarse vencer por el desaliento, se sumaban a una tribu donde ser de Racing se iba convirtiendo en un sinónimo de amor sin intereses, de entrega a puro sentimiento. “Si volviera a nacer, de nuevo sería de Racing”, juraba una pancarta portada por unos adolescentes, vírgenes de toda alegría arrimada por su club.
Parados: Loeschbor, Maciel, Úbeda, Campagnuolo,
Barros Schelotto, Chatruc.
Agachados: Bedoya, Vitali, Estévez, Maceratesi
y Bastía.

Pero el título conseguido les cambió los papeles. Puso fin a más de 34 años de pesares. La última alegría había llegado desde Montevideo, con la conquista de la Copa Intercontinental, el 4 de noviembre de 1967.

Cuando la meta se cumple hay que buscar otra, un nuevo norte hacia el cual seguir caminando. Y tras esta larga apología del sufrimiento, la inmensa banda racinguista abrió los cofres del optimismo y plantó una bandera, un poco en broma y un no tan poco en serio: “Tokio 2003”.

“El músculo del sufrimiento que nuestros hinchas tanto ejercitaron debe estar más que a punto a partir de ahora. A no relajarse, porque todos los rivales ahora nos van a jugar a muerte. Ya ninguno nos va a mirar con simpatía pensando que ojalá algún día salgamos campeones”, advertía Fernando Marín, presidente de Blanquiceleste S.A., la empresa que tomó el gerenciamiento del fútbol del club. Así será, seguramente. Se terminaron 35 años de fracasos, con 70 técnicos diferentes que no dieron en la tecla, con frustraciones renovadas, con abatimientos repetidos. En el medio, el paso por la B, las misas, los exorcismos de la cancha, las caravanas de la esperanza.

Paso a paso, como solía decir al técnico Reinaldo Merlo, se hizo el milagro. “Yo no tenía nada que ver con Racing, pero igual debí cargar, como todos los jugadores, con la mochila de tantos años sin títulos. Ahora me van a contratar de cualquier equipo que necesite salir de una mala”, resumía Mostaza. Quizá, como prometía la hinchada, se venga la estatua de Merlo.

Es verdad que desde lo estético este Racing estuvo lejos de ser brillante y no pudo soltar el festejo contenido hasta el último minuto del Apertura, pero esa es otra constante de los sufridos, casi una manera masoquista de gozar el triunfo. Es verdad que los errores arbitrales que lo favorecieron fueron muchos más que los que lo perjudicaron, pero ni así acumuló una ventaja tranquilizadora. Es verdad que tras las administraciones caóticas, la quiebra y el fideicomiso, la llegada de Blanquiceleste S.A. era bien vista por el establishment futbolístico, que destaca en esta vuelta olímpica de Chatruc, Estévez y compañía el éxito de la mano privada antes que el de Racing, y desea que el ejemplo cunda.

Todo esto es verdad, pero qué les importa. Con el grito final del gol de Loeschbor llegó el momento del abrazo sin tiempo. Se cruzaron las gambetas de Corbatta con la lucha a corazón abierto de Gustavo Costas. La elegancia de Federico Sacchi se mezcló con el temple del Coco Basile; Tucho Méndez reapareció para sumarse al festejo de Perfumo, Cejas, Maschio, el Panadero Díaz... Todos.

Ya no habrá ni cargadas, ni subestimación, ni simpatía. Para Racing empieza una nueva era. La era de reencontrarse con su grandeza.


domingo, 27 de diciembre de 2020

Marcelo Gallardo, el nuevo Príncipe de Mónaco

En el fútbol francés el Muñeco no sufrió ningún proceso de adaptación. De arranque la rompió y se convirtió en figura del campeonato.

Entrevista publicada en la revista El Gráfico, en enero de 2000.

En Mónaco todo parece funcionar a la perfección. Una exclusiva y saludable perfección. Salvo las ruletas del casino de Montecarlo, nada queda librado al azar en el principado. Pero cuando dos sábados por mes una 15.000 personas ocupan las plateas del estadio Louis II para ver al Mónaco, aguardan lo inesperado: una gambeta, una pegada estupenda, la jugada que desconcierta y atrapa.

Y saben que más allá del talento colectivo de un equipo que se escapa solo en búsqueda de su séptimo título de liga, esa chispa de sorpresa la puede encender Marcelo Daniel Gallardo. El mismo Muñeco que hoy tiene 24 años y que brilló en River Platees el que actualmente está considerado como el mejor jugador del campeonato francés. Así lo interpreta el público y el periodismo que lo elogian en cada partido.

Mientas las publicaciones France Football y L'Equipe lo eligieron "mejor jugador de la primera rueda", la revista Onze entiende que es el más digno heredero de Maradona y también lo comparó con Michel Platini y Zinedine Zidane, los más grandes número 10 de la historia del fútbol galo.

Sinceramente, por un lado me halaga que la prensa reconozca de esta manera lo que estoy haciendo -comenta Gallardo-; pero también sé que las comparaciones son difíciles, porque nombran a grandes monstruos. Una buena crítica siempre es favorable, pero la tomo con cuidado.

¿Y la adaptación? ¿Al final es un verso de quienes empiezan mal?
Uno viene con muchas expectativas a un medio desconocido. Las cosas me salieron bien de entrada y no tuve muchos problemas de presiones. Llegar y encajar enseguida en el grupo me dio una seguridad bárbara. Es una cuestión de confianza. Todos me dijeron que para un extranjero no es fácil conseguir semejante reconocimiento del público y el periodismo en la primera temporada.

¿El campeonato francés es de segundo orden en Europa?
Por ahí el francés es menos apasionado que el argentino, el español, el italiano o inglés, pero su fútbol ha crecido mucho en estos años. Y más aún después del Mundial que organizaron y ganaron. Eso le dio un impulso muy fuerte al campeonato. Quizás es verdad que el fútbol no se vive con la misma pasión que en la Argentina, pero respeto el club y el país al que vine a jugar.

¿Por que a pesar de recibir varias ofertas elegiste Francia?
Mónaco se presentó en el momento justo. River ya había decidido venderme. Los dirigentes estuvieron de acuerdo y pensé que ésta era la oportunidad de venir a Europa y no podía dejarla pasar. Además llegué a Francia sin conocer del país ni del fútbol. Y mi objetivo era crecer.

Crecimiento. Esa es la palabra que define el paso de Gallardo por el Principado de Mónaco. Él se siente un jugador más completo y el equipo lo respalda: en 22 fechas marcha con 10 puntos de ventaja sobre Paris Saint-Germain, Auxerre y Lyon. También está en octavos de final de la Copa UEFA.
Aprovechando que el sábado 22 de enero no hubo fecha por el campeonato, porque se jugaban partidos por la Copa de Francia, el Muñeco paró unos diez días para recuperarse de una inflamación en el pubis.

–¿Qué tipo de fútbol quieren los hinchas?
Los pocos que van a ver al Mónaco, porque el estadio nuestro nunca está lleno, son de un gusto muy especial. Muy parecido al que tuvo River en toda su historia. Y ellos piden buen fútbol. Por suerte yo me encontré con un buen equipo, en el que la prioridad es salir a buscar los partidos de entrada, sin especular. Por lo general en Europa cuando se juega de visitante todos los equipos se tiran atrás y esperan para salir de contraataque. Pero el Mónaco no. Nos movemos igual adentro o afuera.

–¿Cómo se paran tácticamente?
–Con dos volantes de contención: Da Costa y Lamouchi. Y dos de creación: Giuly y yo, aunque mi posición cambió un poco. Tengo libertad para moverme pero cuando no tenemos la pelota debo volver al sector izquierdo, por lo menos para achicar espacios. En Francia es difícil ver a un enganche. Yo soy más bien un carrilero por izquierda. Arriba están Trezeguet y Marco Simone, que ya metieron 28 goles en el campeonato. Además tenemos la defensa menos vencida.

–¿Los diez como vos son una especie en extinción?
–En esta época los sistemas parecen estar por encima de las individualidades y muchas veces se desaprovecha el talento. Ahí es donde desaparecen esos jugadores clásicos. El fútbol europeo es más físico y más táctico que el argentino.

–¿Qué jugadores de tus características te gustan?
–De los argentinos, Riquelme y Aimar. Juan Román es un típico enganche y Pablo me encanta, aunque es más media punta. De los extranjeros, Rivaldo, el jugador más completo del mundo: tiene pegada, gambeta, cabezazo, es goleador, tiene todo. Otro que la rompe es Zidane.


Limusinas interminables, casinos y yates. Jet set, champagne, glamour y el poder del dinero. Es una breve postal de Mónaco. Un mundo de sueños en el que es fácil olvidar los orígenes humildes, la barriada trabajadora, los amigos de siempre. Pero Gallardo no se deja encandilar por las luces de los hoteles lujosos y el trato con el príncipe Alberto.

–Vengo de un país en el que nos acostumbramos a la desprolijidad, la desorganización. Acá todo funciona diez puntos y quejarte por algo es imposible. Todo parece una fantasía. La vida en Mónaco es un poco la irrealidad. No pasa nada que no esté previsto. Por un lado lo disfruto mucho, pero no me olvido las cosas que nos pasan en la Argentina, como por ejemplo la inseguridad y otros problemas que aquí no existen. Estoy con Alejandra, mi esposa, y mi hijo Nahuel. Y mientras vivamos en Mónaco vamos a aprovechar todas las ventajas que tenemos.

–Pero como jugador, ¿qué vida hacés?
–Es que pasé de un extremo a otro. De crecer en un equipo tan grande como River donde el calor de la gente se siente también en la calle, llegué a Montecarlo donde es todo lo contrario. Puedo salir a caminar con una tranquilidad imposible de imaginar en Buenos Aires. Nadie me molesta. Me reconocen, pero voy por la calle como si nada. No me persiguen por un autógrafo o una foto. Y cuando se acercan, sobre todo los chicos, lo hacen con un respeto increíble.

–¿Qué extrañás?
–Muchas cosas, principalmente a mis afectos. Y la pasión por el fútbol, porque en Mónaco lo toman como un espectáculo más. Digo en Mónaco y no en Francia, porque en el resto del país son más calientes con el fútbol. Pero tengo Internet en mi casa y estoy mucho tiempo en contacto con la Argentina, leo los diarios, las noticias, todo. Y me traje el juego de mate completo. Las costumbres siguen siendo las mismas; sólo cambia el entorno. En un principio la ayuda de David Trezeguet me facilitó la adaptación y ahora estoy con un profesor de francés, porque el año pasado me comunicaba de puro guapo. Leo y entiendo cuando me hablan; lo complicado es pronunciar.

Monaco a 100 por hora.
–¿Conociste al príncipe Alberto?
–Sí, aunque no en forma particular. El está en todos los partidos que jugamos de local. Es un viejo seguidor del fútbol. Pero ojo, le gusta que lo traten como a uno más. Hasta parece sencillo en el trato. Por ahora está todo bien porque el equipo responde. Lo que espero es no tener que verlo algún día pateando la puerta del vestuario.

–¿Hablás con los argentinos que juegan en Francia o te mantenés distante?
–Al Toto Berizzo lo tenía cerca en Marsella, pero no tuvimos tiempo de vernos. En la cancha me crucé con Bustos, Zavagno, Fabbri.. Pero no nos visitamos. En cambio con los muchachos de River sigo hablando.

–¿Estabas al tanto que del equipo tricampeón no quedó nadie?
–Sí, ya me di cuenta. Lo charlaba hace unos días con Leo Astrada cuando él se estaba por ir a Brasil. Tenemos una relación muy buena y nos fijábamos en ese detalle. Es extraño, porque fue una etapa brillante para el club, para los hinchas, para nosotros.

No puede evitar la sonrisa, entre irónica y dolida, que interrumpe el diálogo por unos segundos. Pero no quiere nombrar a Ramón Díaz ni a los dirigentes, responsables de este recambio.

–Estas cosas ocurren y las etapas pasan. Hoy River formó un equipo que con el tiempo puede armar algo parecido a ese plantel tricampeón. Acá hay un canal de cable que los martes pasa los partidos y los sigo.

–¿Sabías que Hernán Díaz pudo volver a River y el Pelado le bajó el pulgar?
–Sí, me enteré. Lo que le hicieron a Hernán fue una falta de respeto a su trayectoria, a los años que le brindó a River. Es un tipo que siempre iba al frente, el primero que ante cualquier estupidez salía a al cancha a tirar para adelante dejando de lado versiones malintencionadas. Es un ejemplo. Como compañero y como tipo se le faltó el respeto.

–¿Fue al único al que se le faltó el respeto?
–No. Lo nombro porque es una persona admirable, pero además tengo contacto con Astrada, con la Bruja Berti, con Berizzo, con Sorín y con Ortega, que está en Parma. Si algo tenemos que recordar son los momentos gloriosos de esos años, porque fueron muchas más las alegrías que las tristezas.

En Francia es “Galagdó”; ya no el Muñeco: “La traducción de Muñeco sería Poupée, pero no suena muy macho; así que prefiero lo de Galagdó”, aclara con cierto pudor. Parece un tipo feliz. La nostalgia camina por otro lado.

viernes, 25 de diciembre de 2020

1914 - La tregua de Navidad

Hace un siglo, el fútbol le regalaba a la humanidad una de sus historias más conmovedoras.

Se dio en el marco de un breve alto el fuego no oficial entre el Imperio Alemán y las tropas británicas apostadas en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial durante la Navidad de 1914. La tregua comenzó el 24 de diciembre cuando los alemanes empezaron a decorar sus trincheras y luego entonaron el villancico "Stille Nacht" (Noche de paz). Los británicos respondieron con otros villancicos en inglés. Ambos lados continuaron el intercambio gritando saludos de Navidad los unos a los otros. Pronto se encontraron en la tierra de nadie, donde intercambiaron pequeños regalos: whisky, cigarrillos, etc.

La artillería en esa región permaneció en silencio toda esa noche. La tregua también permitió que los caídos recientes fueran recuperados desde detrás de las líneas y enterrados. Se condujeron ceremonias de entierro con soldados de ambos lados llorando las pérdidas juntas y ofreciéndose su respeto.
En medio de esa tregua no pactada en las trincheras de Flandes, se improvisó un partido de fútbol entre las fuerzas enemigas. Hay cartas que reseñan que los alemanes ganaron 3-2. Claro, el resultado fue lo de menos.
ilustración (no corresponde a estos hechos narrados)


Un siglo después, en 2014, el presidente de la UEFA, Michel Platini, inauguró el monumento en Ploegsteert cerca del antiguo frente de batalla en Bélgica. "Quiero homenajear a los soldados que hace cien años expresaron su humanidad jugando juntos al fútbol. Ellos escribieron un capítulo en la construcción de la unidad europea y que son un ejemplo a seguir por las jóvenes generaciones de hoy", señaló.


El historiador galés Mike Dash explicó en 2011 que "hay muchas evidencias de que en aquella Navidad se jugaron varios partidos -en su mayoría entre soldados de la misma nacionalidad- pero en al menos en tres o cuatro lugares se dio entre las tropas de los ejércitos enemigos". Una carta escrita por un médico adjunto a la Rifle Brigade, publicada en The Times el 1 de enero de 1915, informó: "un partido de fútbol ... jugado entre ellos y nosotros frente a la trinchera". Entre esos partidos, se incluye uno entre el 133rd Royal Saxon Regiment frente a "tropas escocesas", como los protagonistas de esta historia. Luego se sumaron muchos elementos de ficción, cuando el poeta y escritor británico Robert Graves reconstruyó los hechos y los publicó en 1962. En su versión se da como válido el resultado 3-2 a favor de los germanos.

Otro partido se disputó en el sector de Argyll y las Sutherland Highlanders. "Ese juego se dio entre las líneas y las trincheras", según una carta publicada por el Glasgow News, y los escoceses ganaron 4-1.

Albert Wynn, lugarteniente del Royal Field Artillery escribió sobre un partido entre un equipo alemán (descripto como "Prussians and Hanovers") jugado cerca de Ypres, localidad próxima a la frontera entre Bélgica y Francia. The Lancashire Fusiliers, apostados cerca de Le Touquet, en la costa norte francesa, enfrentaron a los teutones usando una lata de ración de picadillo de carne como pelota. Para conmemorar estos partidos, la Premier League planea terminar una cancha de fútbol en Ypres.

Después de la lectura, la voz inconfundible de Paul McCartney en "Pipes of peace":



jueves, 24 de diciembre de 2020

El fútbol y la Navidad: FC Santa Claus

En cada diciembre los chicos de diferentes geografías sueñan con su llegada, para despertar entre regalos y sonrisas. Pero, ¿cómo iba a estar ajeno al fútbol un personaje mundialmente conocido como Papá Noel? Experto en elegir balones (el mejor regalo para cualquier niño), Santa Claus decidió fundar su propio club y en su país, cerca del Polo Norte.

Por PABLO ARO GERALDES

En 1992, la compañía Rovaniemen Reipas fue testigo de la fundación y la primera sede. La RoRe, como se conocía a la empresa con sede en Rovaniemi, Finlandia, se unió fuertemente al club, al que llamaron Rovaniemen Lappi (Laponia).

Enseguida el club cambió su nombre por FC Santa Claus y en 1993 jugó sus primeros partidos. Hoy milita en la Kolmonen, el cuarto escalón del fútbol finlandés detrás de la Veikkausliiga, la Ykkönen y la Kakkonen. También participa en la Suomen Cup, la Copa de Finlandia.
Juega sus partidos en el modesto estadio Rovaniemen Keskuskenttä, de césped artificial y con capacidad para 5.000 personas.

El FC Santa Claus y su foto puertas adentro, por el intenso frío del Polo Norte. Y, claro, no podía faltar el mismísimo Papá Noel.

Su entrenador se llama Vesa Tauriainen y todos sus jugadores son finlandeses.
La temporada del fútbol se realiza de marzo a octubre, por razones climáticas. Para la Navidad, el termómetro puede marcar -30°C y la mínima registrada cayó hasta los 45 grados bajo cero. Sin embargo, el verano del hemisferio norte le regala a la ciudad de Rovaniemi un bonito fenómeno: el Sol de Medianoche, que puede ser observado desde el 6 de junio al 7 de julio.


¡No dejes de creer!
¡Feliz Navidad!
Papá Noel en Argentina, España y la mayoría de los países de América Latina, donde también lo llaman Santa Claus o San Nicolás. Pero, ¿A quién esperan los niños la noche del 24 de diciembre en cada país? Así lo conocen: Viejito Pascuero (Chile), Papai Noel (Brasil), Babbo Natale (Italia), Weihnachtsmann (Alemania), Pai Natal (Portugal), Père Noël (Francia), Olentzero (País Vasco), Kerstman (Holanda), Father Christmas (Australia y Nueva Zelanda), Siôn Corn (Gales), Daidí na Nollag (Irlanda), Дядо Коледа (Bulgaria), Julenissen (Noruega), Jultomten (Suecia), Noel Baba (Turquía), Санта-Клаус (Rusia), Дід Мороз (Ucrania), Mikulás (Hungría), Christkind (Suiza), Дедa Мрaз (Serbia y Macedinia), Moș Crăciun (Rumania y Moldavia), Jólasveinn (Islandia), Babagjyshi i Krishtlindjeve (Albania), Sinterklaas (Sudáfrica), بابا نويل (árabe), Ông già Noel (Vietnam), サンタさん、サンタクロース (Japón), 산타 클로스 (Corea), 聖誕老人 (China), Aýaz baba (Turkmenistán), Christkind (Austria), Svatý Mikuláš (República Checa), თოვლის ბაბუა (Georgia), Święty Mikołaj (Polonia), Senis Šaltis (Lituania), Ziemassvētku vecītis (Letonia), Jõuluvana (Estonia), Άγιος Βασίλης (Grecia y Chipre), סנטה_קלאוס (Israel), Julemanden (Dinamarca), Djed Mraz (Croacia), Djeda Mraz (Bosnia y Hercegovina), Ձմեռ Պապիկ (Armenia). Finalmente, en Finlandia, tierra del FC Santa Claus, también lo llaman Joulupukki.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Historial: todos los clubes campeones de la Concacaf


La CONCACAF Champions League es el torneo de clubes que anualmente se lleva a cabo cada en Norte, Centroamérica y el Caribe. Este certamen evolucionó desde 1962, cuando se disputó la primera Copa de Campeones.
El torneo abandonado en 2001 forzó cambios a partir de la siguiente edición y en 2008 revivió con la estructura actual.
Los equipos de México conquistaron el trofeo en 36 oportunidades, seguidos por los costarricenses (6).

Todos los campeones
1962 Guadalajara
1963 Racing Club Haïtienne
1964 torneo abandonado
1965 torneo abandonado
1966 no se disputó
1967 Alianza
1968 Toluca
1969 Cruz Azul
1970 Cruz Azul
1971 Cruz Azul
1972 Olimpia
1973 Transvaal
1974 Municipal
1975 Atlético Español
1976 Águila
1977 América
1978 Universidad Guadalajara, Comunicaciones y Defence Force
1979 Deportivo FAS
1980 UNAM
1981 Transvaal
1982 UNAM
1983 Atlante
1984 Violette
1985 Defence Force
1986 LD Alajuelense
1987 América
1988 Olimpia
1989 UNAM
1990 América
1991 Puebla
1992 América
1993 Saprissa
1994 Cartaginés
1995 Saprissa
1996 Cruz Azul
1997 Cruz Azul
1998 DC United
1999 Necaxa
2000 Los Angeles Galaxy
2001 torneo abandonado
2002 Pachuca
2002/03 Toluca
2003/04 LD Alajuelense
2004/05 Saprissa
2005/06 América
2006/07 Pachuca
2007/08 Pachuca
2008/09 Atlante
2009/10 Pachuca
2010/11 Monterrey
2011/12 Monterrey
2012/13 Monterrey
2013/14 Cruz Azul
2014/15 América
2015/16 América
2016/17 Pachuca
2017/18 Guadalajara
2018/19 Monterrey
2019/20 Tigres UANL
Primer título para los Tigres de Monterrey.

Títulos por países
México - 36
Costa Rica - 6
El Salvador - 3
Guatemala - 2
Haití - 2
Honduras - 2
Surinam - 2
Trinidad y Tobago - 2
Estados Unidos - 2

domingo, 20 de diciembre de 2020

Índice de galerías


La página de facebook World Football Galleries recopila imágenes de fútbol y las clasifica en galerías temáticas.
Comparto aquí el índice para guardar en "favoritos" y los invito a darle "me gusta" y a seguir esta página que sostengo y actualizo personalmente:

- Uniformes de todas las selecciones del mundo
- Escudos de las federaciones

Selecciones:
- Campeones del Mundo
- Campeones de la Copa América
- Campeones de Eurocopa
- Campeones de la Copa Africana de Naciones
- Campeones de la Copa de Asia
- Campeones de la Copa Oro Concacaf
- Campeones de la OFC Nations Cup
- Campeones de la Copa Confederaciones
- Campeones Mundiales Sub-20
- Campeones Mundiales Sub-17
- Campeones olímpicos
- Campeonas Mundial Femenino

Clubes:
- Copa Libertadores de América
- Copa de Campeones / UEFA Champions League
- Copa UEFA / Europa League
- Copa Sudamericana
- Copa europea de ganadores de Copa

Copa del Mundo:

sábado, 19 de diciembre de 2020

Historial de la Copa de Campeones de Asia

La AFC Champions League es el torneo de clubes más importante de Asia, organizado por la Asian Football Confederation desde 1967. En la temporadas 2002/03 la Copa de Campeones tornó en Champions League, imitando el formato europeo.
Pohang Steelers, de Corea del Sur, y Al-Hilal, de Arabia Saudita, son los clubes que más veces la conquistaron: 3 cada uno. Los coreanos son, también, los que más festejaron, ya que en 12 oportunidades el trofeo quedó en manos de un equipo de ese país.

TODOS LOS CAMPEONES
1967 Hapoel Tel-Aviv
1969 Maccabi Tel-Aviv
1970 Taj Club
1971 Maccabi Tel-Aviv
1972 cancelada
1973-85 no se disputó
1986 Daewoo Royals
1987 Furukawa
1988 Yomiuri
1989 Al-Sadd
1990 Liaoning
1991 Esteghlal (nuevo nombre del Taj Club)
1992 Al-Hilal (Riyadh)
1993 Paas
1994 Thai Farmers Bank
1995 Thai Farmers Bank
1996 Ilhwa Chunma
1997 Pohang Steelers
1998 Pohang Steelers
1999 Jubilo Iwata
2000 Al-Hilal (Riyadh)
2001 Suwon Samsung Bluewings
2002 Suwon Samsung Bluewings
2003 Al-Ain
2004 Al-Ittihad (Jeddah)
2005 Al-Ittihad (Jeddah)
2006 Chonbuk Hyundai Motors
2007 Urawa Red Diamonds
2008 Gamba Osaka
2009 Pohang Steelers
2010 Seongnam Ilhwa Chunma
2011 Al Sadd
2012 Ulsan Hyundai Horang-i
2013 Guangzhou Evergrande
2014 Western Sydney Wanderers
2015 Guangzhou Evergrande
2016 Jeonbuk Hyundai Motors
2017 Urawa Red Diamonds
2018 Kashima Antlers
2019 Al-Hilal (Riyadh)
2020 Ulsan Hyundai
Ulsan Hyundai, el último campeón


LISTA DE CAMPEONES POR PAÍSES
Corea del Sur - 12
Japón - 7
Arabia Saudita - 5
China - 3
Irán - 3
Israel - 3
Qatar - 2
Tailandia - 2
Australia - 1
Emiratos Árabes Unidos - 1


viernes, 18 de diciembre de 2020

Los misteriosos pantalones Adidas de 1990


Artículo publicado en Mundial de Fondo, en junio de 2020.
Por PABLO ARO GERALDES

El debut argentino en Italia '90 fue pobre, muy alejado de la estampa de campeón mundial que va a defender su título. Encima la jornada inaugural terminó con derrota ante Camerún, aquella que ocho años antes Caloi y Clemente habían hecho famosa a través del cantito del solitario hincha camerunés.

El cabezazo de François Omam-Biyik sentenció el 1-0 para los africanos y tapó de nieblas el futuro del equipo argentino, al que una derrota contra la Unión Soviética daría por finalizada la aventura mundialista, aun cuando todos los demás equipos habrían jugado solamente un partido.

A la hora de los replanteos, se criticó la formación inicial, la lentitud de la defensa, la insuficiente reacción de Nery Pumpido en el gol, la violencia de Camerún, el desperdicio de dejar a Claudio Caniggia en el banco, y hasta la permisividad del árbitro francés Michel Vautrot. Todo pasó al archivo de las excusas... Sin embargo, el entrenador Carlos Bilardo puso su vista en un detalle menor, pero que hizo ruido en su universo de cábalas y rutinas.

Durante la década del '80 la Selección Argentina lució la marca Le Coq Sportif, con la que se consagró campeona del mundo en México '86. Durante ese torneo cambió la camiseta celeste y blanca por unas azules contra Uruguay e Inglaterra, pero siempre lució los mismos pantalones negros, que apenas tenían un ribete albiceleste y el logo de la marca francesa. A partir de 1990 la Asociación del Fútbol Argentino acordó volver a vestir la indumentaria Adidas, manteniendo por supuesto el look histórico del equipo nacional: camiseta rayada, short negro y medias blancas. Hasta ahí, nada irregular.

Para enfrentar a la Unión Soviética el técnico dispuso cinco cambios: sacó a Néstor Fabbri, Néstor Lorenzo, Roberto Sensini, Abel Balbo y Oscar Ruggeri (lesionado) y puso en la cancha a Pedro Monzón, José Tiburcio Serrizuela, Julio Olarticoechea, Pedro Troglio y Caniggia... y una sexta variante: notó que los pantalones eran distintos a los que se usaron en 1986 y puso el foco en las tres tiras emblemáticas de la marca alemana. Había que enderezar el rumbo y valía apelar a cualquier recurso, y las cábalas fueron un argumento que Bilardo nunca menospreció.

Lo mandó al utilero Rubén Benrós (fallecido en 2016) a tapar o quitar las tres tiras blancas de Adidas para que el atuendo sea lo más parecido al de 1986. No quería volver a verlas. Era a todo o nada contra la URSS. Con la alegría y el alivio del triunfo 2-0, por televisión muy pocos se dieron cuenta y en el estadio San Paolo prácticamente nadie notó la modificación, ni siquiera Héctor Querido, representante de Gatic, la empresa argentina licenciataria de Adidas. Pero desde Buenos Aires lo advirtió uno de los directivos de la compañía, que inmediatamente le transmitió el reproche.

La cadena de reclamos empezó a rodar. Querido se quejó ante Grondona. Grondona se lo cuestionó a Benrós, pero el bueno de Tito cumplía órdenes de Bilardo. Para asegurarse que eso no se repitiera, el hombre de Adidas en Roma separó dos juegos de pantalones blancos (con tiras azules), tal como se había acordado durante la reunión técnica de FIFA que usaría Argentina para el tercer partido del grupo, ante Rumania.

Los shorts blancos calmaron a Gatic y a la casa central de Adidas, en Alemania, que ya hacía cuentas de un posible juicio a la AFA. Y el 1-1 contra los rumanos valió el pasaje a octavos dentro del lote de "mejores terceros" y un poco de tranquilidad para el hiperactivo Bilardo y sus ideas cabuleras. Así que repitió el uniforme ante Brasil, por los octavos de final. Pero para cuartos, contra Yugoslavia, la FIFA determinó que Argentina debería usar camiseta azul y pantalones negros.

No valieron las recomendaciones, ni luego advertencias de Adidas: Bilardo no volvería a usar los pantalones con tiras como en el arranque del torneo contra Camerún. Argentina superó por penales a los yugoslavos y lo mismo ocurrió con Italia, en la inolvidable semifinal disputada en Nápoles. Las tiras blancas siguieron ausentes, en una muestra clara del peso de Bilardo en este tipo de decisiones.

La final contra Alemania Federal y el odio de todo el público local, luego de la lacerante eliminación en el San Paolo, encontró a una selección argentina diezmada en sus filas, sin Caniggia (una torpe mano contra los italianos), sin Olarticoechea -también dos amarillas- y sin Giusti -expulsado-. Estoicamente el conjunto soportó la rechifla al himno nacional antes del partido. Todos menos el capitán Maradona, que insultó airadamente hacia las tribunas. Empezaba el final del sueño, pero a la Argentina le tocó cambiar el atuendo, así como cuatro años antes le había tocado a los germanos. No había cábala en la vestimenta pero tampoco respuesta futbolística. Un polémico penal marcado por el árbitro mexicano Edgardo Codesal, a seis minutos del final, hizo posible el gol de Andreas Brehme y el título para una selección que se despedía: ya unificada, Alemania Federal volvía a ser simplemente Alemania, la poderosa máquina del fútbol.

lunes, 14 de diciembre de 2020

Impronunciables

A fuerza de televisaciones, los hispanos aprendimos a decirle "Líverpul" al Liverpool, "Shénoa" al Genoa, o "París Sanshermén" al PSG. Hasta ahí nos aventuramos. Pero la que sigue es una recopilación de equipos cuya sola lectura ya produce dolor de cabeza. ¿Quién se anima a nombrarlos en voz alta?

Por PABLO ARO GERALDES

 GACH DONG TAM LONG AN - TAN AN
¿Se trata de un trabalenguas o de un club? La afición del ‘rojo’ vietnamita conoce la respuesta correcta.

 HÉRAÐSSAMBAND SNÆFELLS OG HNAPPADALSSÝSLU
¿Como alentarán en Snæféllsnesssýslu? Es complicado andar por Islandia...

 LLANFAIRPWLLGWYNGYLLGOGERYCHWYRNDROBWLL-LLANTYSILIOGOGOGOCH
Si lo celta está de moda, que le pregunten a los socios cómo se llama este equipo de Gales que no entra en una línea.

 ÜSKÜDAR ÖZSAHRAYICEDIDSPOR
Este equipo turco causa verdadero terror en los relatores radiales. Ni se quieren imaginar los nombres de los jugadores.

 VAHSH QURGHONTEPPA
Resulta tan pero tan complicado nombrar al club como encontrar a Tayikistán en el planisferio.

 DYSKOBOLIA GRODZISK WIELKOPOLSKI
El idioma polaco nunca fue fácil para los hispanoparlantes, pero a los hinchas del verde hay que aplaudirlos.

 OQJETPES KÖKSHETAU
En Kazakstán tienen coraje: entraron en el fútbol de Europa y hasta corean el nombre del equipo.

 DOMOINA SOAVINA ASTIMONDRANO
La película Madagascar iba a tratar de fútbol, pero cuando encontraron a este club, cambiaron por animales.

 NORDSJÆLLAND
En Dinamarca tiene cada vez más y más seguidores... Ellos sí se atreven a cantar su nombre al viento.

 ZHASHTYK AK ALTYN
En la ciudad de Kara Suu, Kirguistán, no se hacen ningún problema para mencionar a este equipo de fútbol.

 MASLAHA NAQUIL AL-RAKAB
Luego de la invasión estadounidense volvió el fútbol a Irak, pero los extranjeros tocan de oído.

 MLADOST 127 SUHOPOLJE
En Vinkovci, Croacia, todo bien, pero por aquí necesitamos un foniatra para decir "sto dvadeset sedam" (127).

 QINGDAO ZHONGNENG
El idioma chino resulta indescifrable para los latinos, pero en el estadio todos cantan al unísono.

 KAPOSVÖLGYE VÁLLALKOZÓK
Ni la recordada mentalista Lily Sullos se atrevía a vocalizar el nombre de este equipo de Hungría, su país.

 MHLAMBANYATSI ROVERS
Se gasta tanta saliva para nombrar a este club africano como a su país: eSwatini (ex Swazilandia). El 'Rovers' pasa...

 NAGDLUNGUAQ-48
¿Este club de Groenlandia parece fácil? OK, ahora bien: ¿cómo dicen “48” los esquimales, eh?

 MANANG MARSYANGDI
Parece un nombre retorcido, y más si la altura de Nepal produce alucinaciones... ¿Tráfico por Katmandú?

 DEREVOBRABOTCHIK MOSTY
¿Confundido? ¿Cómo se dice? Esos pagos siempre nos dejan con una duda: ¿Belarús o Bielorrusia?

 MPHATLALATSANE FC
Este pequeño equipo del distrito de Leribe, en Lesotho, tiene menos jugadores que letras en su nombre.

 LUFTËTARI GJIROKASTER
Albania, el nombre del país, es muy sencillo, sí, pero en su lengua se dice Republika e Shqipërisë.

 JAAMIYYATHUK IKVAAN
Las islas Maldivas son un paraíso del Océano Índico, pero su idioma es un infierno... Este club es dificilísimo.

 KANG YOTHIPOL KHEMARA PHUMIN
Los camboyanos son reconocidos por su arrojo, por su coraje. Hay que ser valiente para nombrarlo en voz alta.

 1860 MÜNCHEN
Si te parece fácil este club histórico de la capital alemana, repite rápidamente "1860", que se dice "Eintausendachthundert und Sechzig".

martes, 8 de diciembre de 2020

Historial de la Copa de Campeones África

La CAF Champions League es el torneo de clubes más importante de África, organizado por la Confédération Africaine de Football desde 1965. En la temporadas 2002/03 la Copa de Campeones tornó en Champions League, imitando el formato europeo. Al-Ahly, de El Cairo, además de ser el actual campeón es el club que más veces la conquistó: 7. Los egipcios son, también, los que más festejaron, ya que en 15 oportunidades el trofeo quedó en manos de un equipo de ese país.

TODOS LOS CAMPEONES
1965 Oryx Douala
1966 Stade (Abidjan)
1967 Tout Puissant Englebert (Lubumbashi)
1968 Tout Puissant Englebert (Lubumbashi)
1969 Ismaili
1970 Asante Kotoko (Kumasi)
1971 Canon Yaoundé
1972 Hafia (Conakry)
1973 AS Vita Club (Kinshasa)
1974 CARA Brazzaville
1975 Hafia (Conakry)
1976 MC Algiers
1977 Hafia (Conakry)
1978 Canon Yaoundé
1979 Union Douala
1980 Canon Yaoundé
1981 Jeunesse Electronique Tizi-Ouzou
1982 Al-Ahly (Cairo)
1983 Asante Kotoko (Kumasi)
1984 Zamalek (Cairo)
1985 Forces Armées Royal Rabat
1986 Zamalek (Cairo)
1987 Al-Ahly (Cairo)
1988 Entente Plasticiens Sétif
1989 Raja CA Casablanca
1990 Jeunesse Sportive Kabylie
1991 Club Africain (Tunis)
1992 Wydad AC Casablanca
1993 Zamalek (Cairo)
1994 Espérance Sportive de Tunis
1995 Orlando Pirates (Soweto)
1996 Zamalek (Cairo)
1997 Raja CA Casablanca
1998 ASEC (Abidjan)
1999 Raja CA Casablanca
2000 Hearts of Oak (Accra)
2001 Al-Ahly (Cairo)
2002 Zamalek (Cairo)
2003 Enyimba (Aba)
2004 Enyimba (Aba)
2005 Al-Ahly (Cairo)
2006 Al-Ahly (Cairo)
2007 Etoile du Sahel
2008 Al-Ahly (Cairo)
2009 Tout Puissant Mazembe (Lubumbashi)
2010 Tout Puissant Mazembe (Lubumbashi)
2011 Espérance Sportive de Tunis
2012 Al-Ahly (Cairo)
2013 Al-Ahly (Cairo)
2014 Entente Sportive Sétif
2015 Tout Puissant Mazembe (Lubumbashi)
2016 Mamelodi Sundowns
2017 Wydad AC Casablanca
2018 Espérance Sportive de Tunis
2019 Espérance Sportive de Tunis
2020 Al-Ahly (Cairo)

Al-Ahly, de El Cairo, el último campeón


CAMPEONES POR PAÍSES
Egipto - 15
Túnez - 6
Marruecos - 6
RD Congo - 6
Camerún - 5
Argelia - 4
Ghana - 3
Guinea - 3
Sudáfrica - 2
Costa de Marfil - 2
Nigeria - 2
Congo - 1