martes, 29 de diciembre de 2020

El hincha, por Mempo Giardinelli

El 29 de diciembre de 1968, el Club Atlético Vélez Sarsfield derrotó al Racing Club por 4-2. A los noventa minutos de juego, el puntero Omar Webbe marcó el cuarto gol para el equipo vencedor que, diez segundos después, se clasificaba Campeón Nacional de fútbol por primera vez en su historia.


A la memoria de mi padre, que murió sin ver campeón a Vélez Sarsfield.
Por Mempo Giardinelli

-¡Goooooool de Velesárfiiiiiillllllll! -gritaba Fioravanti.

-¡Gol! ¡Golazo, carajo - saltó Amaro Fuentes, golpeándose las rodillas frente al radiorreceptor.
Había soñado con ese triunfo toda su vida. A los sesenta y cinco años, reciente jubilado de correos y todavía soltero, su existencia era lo suficientemente regular y despojada de excitaciones como para que sólo ese gol lo conmoviera, porque lo había esperado innumerables domingos, lo había imaginado y palpitado de mil modos diferentes. Nacido en Ramos Mejía, cuando todo Ramos era adicto al entonces Club Argentinos de Vélez Sarsfield, Amaro estaba seguro de haber aprendido pronunciar ese nombre casi simultáneamente con la palabra "papá", del mismo modo que recordaba que sus primeros pasos los había dado con una pequeña pelota de trapo entre los pies, en el patio de la casona paterna, a cuatro cuadras de la estación del ferrocarril, cuando todavía existían potreros y los chicos se reunían a jugar al fútbol hasta que poco a poco, a medida que se destacaban, iban acercándose al club para alistarse en la novena división. 

Ya desde entonces, su vida quedó ligada a la de Vélez Sarsfleld (de un modo tan definitivo que él ignoró por bastante tiempo), quizá porque todos quienes lo conocieron le auguraron un promisorio futuro futbolístico sobre todo cuando llegó a la tercera, a los diecisiete años, y era goleador del equipo; pero acaso su ligazón fue mayor al morir su padre, un mes después de que le prometieron el debut en Primera, porque tuvo que empezar a trabajar y se enroló como grumete en los barcos de la flota Mihanovich y dejó de jugar, con ese dolor en el alma que nunca se le fue, aunque siempre conservó en su valija la camiseta con el número nueve en la espalda, viajara donde viajara, por muchos años, y aún la tenía cuando ascendió a Primer Comisario de abordo, en los buques que hacían la línea Buenos Aires-Asunción-Buenos Aires, y también aquel día de mayo de 1931, cuando el "Ciudad de Asunción" se descompuso en Puerto Barranqueras y debieron quedarse cinco días, y él, sin saber muy bien por qué, miró largamente esa camiseta, como despidiéndose de un muerto querido y decidió no seguir viaje, de modo que desertó y gastó sus pocos pesos en el Hotel Chanta Cuatro; después vendió billetes de lotería, creyó enamorarse de una prostituta brasileña que se llamaba Mara y que murió tuberculosa, trabajó como mozo en el bar La Estrella y se ganó la vida haciendo changas hasta que consiguió ese puestito en el correo, como repartidor de cartas en la bicicleta que le prestaba su jefe.

Desde entonces, cada domingo implicó, para él, la obligación de seguir la campaña velezana, lo que le costó no pocos disgustos: durante casi cuarenta años debió soportar las bromas de sus amigos, de sus compañeros del correo; de la barra de La Estrella, porque en Resistencia todos eran de Boca o de River; y cada lunes la polémica lo excluía porque los jugadores de Vélez no estaban en el seleccionado, nunca encabezaban las tablas de goleadores, jamás sus arqueros eran los menos vencidos, y Cosso, goleador en el '34 y en el '35, Conde en el '54, Rugilo, guardavallas de la Selección (quien se había erigido como héroe mereciendo el apodo de "El León de Wembley"), eran sólo excepciones. La regla era la mediocridad de Vélez y lo más que podía ocurrir era que se destacara algún jugador, el que, al año siguiente, seria comprado, seguramente, por algún club grande. Y así sus ídolos pasaban a ser de Boca o de River. Y de sus amigos, de sus compañeros de barra.

Claro que había retenido algunas satisfacciones: en 1953, por ejemplo, el glorioso año del subcampeonato, cuando el equipo termino encaramado al tope de la tabla, solo detrás de River. O aquellas temporadas en que Zubeldía, Ferraro, Marrapodi en el arco, Avio, Conde formaban equipos más o menos exitosos. Todos ellos pasaron por la Selección Nacional: Ludovico Avio estuvo en el Mundial de Suecia, en 1958, y hasta marcó un gol contra Irlanda del Norte. Amaro había escuchado muy bien a Fioravanti, cuando relató ese partido desde el otro lado del mundo, y se imaginó a Avio vistiendo la celeste y blanca, admirado por miles y miles de rubios todos igualitos, como los chinos, pero al revés, y por eso no le importó que a Carrizo los checoslovacos le hicieran seis goles, total Carrizo era de River.

Amaro podía acordarse de cada domingo de los últimos treinta y siete años porque todos habían sido iguales, sentado frente a la vieja y enorme radio, durante casi tres horas, en calzoncillos, abanicándose y tomando mate mientras se arreglaba las uñas de los pies. Entonces, no se transmitían los partidos que jugaba Vélez, sólo se mencionaba la formación del equipo, se interrumpía a Fioravanti cada vez que se convertía un gol o se iba a tirar un penal, y al final se informaba la recaudación y el resultado. Pero era suficiente.

Todos los lunes a las seis menos cuarto, cuando iba hacia el correo, compraba El Territorio en la esquina de la Catedral y caminaba leyendo la tabla de posiciones, haciendo especulaciones sobre la ubicación de Vélez, dispuesto a soportar las bromas de sus compañeros, a escuchar los comentarios sobre las campañas de Boca o de River.

Genaro Benítez, aquel cadetito que murió ahogado en el río Negro, frente al Regatas, siempre lo provocaba:

-Che, Amaro, ¿por qué no te hacés hincha de Boca, eh?
-Calláte, pendejo -respondía él, sin mirarlo, estoico, mientras preparaba su valija de reparto, distribuyendo las cartas calle por calle, con una mueca de resignación y tratando de pensar en que algún día Vélez obtendría el campeonato. Se imaginaba la envidia de todos, las felicitaciones, y se decía que esa sería la revancha de su vida.

No le importaba que Vélez tuviera siempre más posibilidades de ir al descenso que de salir campeón. Cada año que el equipo empezaba una buena campaña, Amaro era optimista, y se esforzaba por evitar que lo invadiera esa detestable sensación de que inexorablemente un domingo cualquiera comenzaría la debacle, la que, por supuesto, se producía y le acarreaba esas profundas depresiones, durante las cuales se sentía frustrado, se ensimismaba y dejaba de ir a La Estrella hasta que algún buen resultado lo ayudaba a reponerse.

Un empate, por ejemplo, sobre todo si se lograba frente a Boca o a River, le servía de excusa para volver a la vereda de La Estrella y saludar, sonriente, como superando las miradas sobradoras, a los integrantes de la barra: Julio Candia, el Boina Blanca, el Barato Smith, Puchito Aguilar, Diosmelibre Giovanotro y tantos otros más, la mayoría bancarios o empleados públicos, solterones, viudos algunos, jubilados los menos (sólo los viejitos Ángel Festa, el que se quejaba de que en su vida nunca había ganado a la lotería, aunque jamás había comprado un billete; y Lindor Dell'Orto, el tano mujeriego que fue padre a los cincuenta y siete años y no encontró mejor nombre para su hija que Dolores, con ese apellido), pero todos solitarios, mordaces y crueles, provistos de ese humor acre que dan los años perdidos.

En ese ambiente, Amaro no desperdiciaba oportunidad de recordar la historia de Vélez. Podía hablar durante horas de la fundación del club, aquel primero de enero de 1910, o evocar el viejo nombre, que se usó hasta el '23, y ponerse nostálgico al rememorar la antigua camiseta verde, blanca y roja a rayas verticales, que usaron hasta el '40 y que todavía guardaba en su ropero.

No le importaban las pullas, el fastidio ni los flatos orales con que todos, en La Estrella, acogían sus remembranzas. Como sucedió en el '41, cuando Vélez descendió de categoría y Diosmelibre sentenció "Amaro, no hablés más de ese cuadrito de Primera B", y él se mantuvo en silencio durante dos años, mortificado y echándole íntimamente la culpa al cambio de camiseta, esa blanca con la ve azul, a la que odió hasta el '43, una época en la que las malas actuaciones lo sumieron en tan completa desolación que hasta dejó de ir a La Estrella los lunes, para no escuchar a sus amigos, para no verles las caras burlonas.
Pero lo que más le dolía era sentirse avergonzado de Vélez. Tan deprimido estuvo esos años, que en el correo sus superiores le llamaron la atención reiteradamente, hasta que el señor Rodríguez, su jefe, comprendió la causa de su desconsuelo. Rodríguez, hincha de Boca y hombre acostumbrado a saborear triunfos, se condolió de Amaro y le concedió una semana de vacaciones para que viajara a Buenos Aires a ver la final del campeonato de Primera B.

Era un noviembre caluroso y húmedo. Amaro no bajaba a la Capital desde aquella mañana en la que abordó el "Ciudad de Asunción", rumbo al Paraguay, para su último viaje. La encontró casi desconocida, ensanchada, más alta, más cosmopolita que nunca y casi perdida aquella forma de vida provinciana de los años veinte. No se preocupó por saludar al par de tías a quienes no veía desde hacía tanto tiempo, y durante cinco días deambuló por el barrio de Liniers, recordando su niñez, rondando la cancha de Villa Luro, y el viernes anterior al partido fue a ver el entrenamiento y se quedó con la cara pegada al alambrado, deseoso de hablar con alguno de los jugadores, pero sin atreverse. Le pareció, simplemente, que estaba en presencia de los mejores muchachos del mundo, imaginó las ilusiones de cada uno de ellos, los contempló como a buenos y tiernos jóvenes de vida sacrificada, tan enamorados de la casaca como él mismo, y supo que Vélez iba a volver a Primera A.

Aquel domingo, en el Fortín, las tribunas comenzaron a llenarse a partir de las dos de la tarde, pero Amaro estuvo en la platea desde las once de la mañana.

El sol le dio de frente hasta el mediodía y el partido empezó cuando le rebotaba en la nuca y él sentía que vivía uno de los momentos culminantes de su existencia. Se acordó de los muchachos del correo, de la barra de La Estrella, de todos los domingos que había pasado, tan iguales, en calzoncillos, pendiente de ese equipo que ahora estaba ante sus ojos.

Le pareció que todo Resistencia aguardaba la suerte que correría Vélez esa tarde. De ninguna manera podía admitir que alguno deseara una derrota. Lo cargaban, sí, pero sabía que todos querrían que Vélez volviera jugar en la A al año siguiente.

Miró el partido sin verlo, y lloró de emoción cuando el gol del chico ése, García, aseguró el triunfo y el ascenso de Vélez. Y cuando salió del estadio tenía el rostro radiante, los ojos brillosos y húmedos, las manos transpiradas y como una pelota en la garganta; pero la pucha Amaro, un tipo grande, se dijo a sí mismo, meneando la cabeza hacia los costados, y después pateó una piedra de la calle y siguió caminando rumbo a la estación, bajo el crepúsculo medio bermejo que escamoteaban los edificios, y esa misma noche tomó La Internacional hacia Resistencia.

Desde entonces, cada domingo, Amaro se transportaba imaginariamente a Buenos Aires, era un hombre más en la hinchada, revivía la tarde del triunfo, se acordaba del pibe García y lo veía dominar la pelota, hacer fintas y acercarse a la valla adversaria. Y todas las tardes, en La Estrella, cada vez que se discutía sobre fútbol, Amaro recordaba:
-Un buen jugador era el pibe García. Si lo hubiesen visto. Tenía una cinturita...
O bien:
-¿Una defensa bien plantada? Cuando yo estuve en Buenos Aires...

Y cuando los demás reaccionaban:
-¡Qué me hablan de Boca, de River, de tal o cual delantera, si ustedes nunca los vieron jugar!
A medida que fueron pasando los años, Amaro Fuentes se convirtió en un perfecto solitario, aferrado a una sola ilusión y como desprendido del mundo. La vejez pareció caérsele encima con el creciente malhumor, la debilidad de su vista, la pérdida de los dientes y esa magra jubilación que le acarreó una odiosa, fatigante artritis y el reajuste de sus ya medidos gastos. Como nunca había ahorrado dinero, ni había sentido jamás sensualidad alguna que no fuera su amor por Vélez Sarsfield, su vida continuó plena de carencias y nadie sabía de él más que lo que mostraba: su cuerpo espigado y lleno de arrugas, su pasividad, su estoicismo, su mirada lánguida y esa pasión velezana que se manifestaba en el escudito siempre prendido en la solapa del saco, más con empecinamiento que con orgullo porque carajo, decía, alguna vez se tiene que dar el campeonato, ese único sobresalto que esperaba de la vida monótona, sedentaria que llevaba y que parecía que sólo se justificaría si Vélez salía campeón. Y quizás por eso aprendió a ver la esperanza en cada partido, confiado en que su constancia tendría un premio, como si alcanzar el título fuera una cuestión personal y él no estuviera dispuesto a morir sin haberse tomado una revancha contra la adversidad porque, como se decía a sí mismo, si llevé una vida de mierda por lo menos voy a morirme saboreando una pizca de gloria.

Casualidad o no, la campaña de Vélez Sarsfield en 1968 fue sorprendente. Tras las primeras confrontaciones, Amaro intuyó que ése sería el esperado gran año. Desde poco después de la sexta fecha, la escuadra de Liniers se convirtió en la sensación del torneo, y las radios porteñas comenzaron a transmitir algunos partidos que jugaba Vélez, en los clásicos con los equipos campeones, lo que para Amaro fue una doble satisfacción, puesto que también sus amigos tenían que escuchar los relatos y sólo se sabía de Boca o de River por el comentario previo o por la síntesis final de la jornada, como antes ocurría con Vélez, y éstas si son tardes memorables, gran siete, pensaba Amaro mientras tomaba un par de pavas de mate y hasta se cortaba los callos plantales, que eran los más difíciles, confiado en que sus muchachos no lo defraudarían.

Era el gran año, sin duda, y la barra de La Estrella pronto lo comprendió, de modo que todos debían recurrir al pasado para sus burlas. Pero a Amaro eso no le importaba porque le sobraban argumentos para contraatacar: los riverplatenses hacía diez años que salían subcampeones, los boquenses estaban desdibujados, y todos envidiaban a Willington, a Wehbe, a Marín, a Gallo, a Luna y a todos esos muchachos que eran sus ídolos.

-Goooooooool de Velesárfiiiiiilllllll!
La voz de Fioravanti estiraba las vocales en el aparato y Amaro, llorando, sintió que jamás nadie había interpretado tan maravillosamente la emoción de un gol. Vélez se clasificaba, por fin, campeón nacional de fútbol, tras cumplir una campaña significativa: además de encabezar las posiciones, tenía la delantera más positiva, la defensa menos batida, y Carone y Wehbe estaban al tope de la tabla de goleadores.
Pocos segundos después de ese cuarto gol, cuando Fioravanti anunció la finalización del partido, Amaro estaba de pie, lanzando trompadas al aire, dando saltitos y emitiendo discretos alaridos. Dio la tan jurada vuelta olímpica alrededor de la mesa, corrió hacia el ropero, eligió la corbata con los colores de Vélez y su mejor traje y salió a la calle, harto de ver todos los años, para esa época, las caravanas de hinchas de los cuadros grandes, que recorrían la ciudad en automóviles, cantando, tocando bocinas y agitando banderas.
Caminó resueltamente hacia la plaza, mientras el crepúsculo se insinuaba sobre los lapachos y las cigarras entonaban sus últimas canciones vespertinas, y frente a la iglesia se acercó a la parada de taxis, eligió el mejor coche, un Rambler nuevito, y subió a él con la suficiencia de un ejecutivo que acaba de firmar un importante contrato.

-Hola, Amaro -saludó el taxista, dejando el diario.
-A recorrer la ciudad, Juan, y tocando bocina -ordenó Amaro- Vélez salió campeón.
Bajó los cristales de las ventanillas, extrajo el banderín del bolsillo del saco y empezó a agitarlo al viento, en silencio, con una sonrisa emocionada y el corazón galopándole en el pecho, sin importarle que la solitaria bocina desentonara, casi afónica, con el atardecer, y sin reparar siquiera en el reloj que marcaba la sucesión de fichas que le costaría el aguinaldo, pero carajo, se justificó, el campeonato me ha costado una espera de toda la vida y los muchachos de Vélez, en todo caso, se merecen este homenaje a mil kilómetros de distancia.

Cuando llegaron a la cuadra de La Estrella, Amaro vio que la barra estaba en la vereda, ya organizada la larga mesa de habitués que los domingos al anochecer se reunían para comentar la jornada. Y vio también que cuando descubrieron al Rambler en la esquina, con la solitaria banderita asomándose por la ventanilla se pusieron todos de pie y empezaron a aplaudir.

-Más despacio, Juan, pero sin detenernos -dijo Amaro mientras se esforzaba por contener esas lágrimas que resbalaban por sus mejillas, libremente, como gotas de lluvia, y los aplausos de la barra de La Estrella se tornaban más vigorosos y sonoros, como si supieran que debían llenar la tarde de diciembre sólo para Amaro Fuentes, el amigo que había dedicado su vida a esperar un campeonato, y hasta alguno gritó viva Vélez carajo y Amaro ya no pudo contenerse y le pidió al chofer que lo llevara hasta su casa.
Dejó colgado el banderín en el picaporte del lado de afuera, y entró en silencio. Hacía unos minutos que su corazón se agitaba desusadamente. Un cierto dolor parecía golpearle el pecho desde adentro. Amaro supo que necesitaba acostarse. Lo hizo, sin desvestirse, y encendió la radio a todo volumen. Un equipo de periodistas desde Buenos Aires, relataba las alternativas de los festejos en las calles de Liniers.
Amaro suspiró y enseguida sintió ese golpe seco en el pecho. Abrió los ojos, mientras intentaba aspirar el aire que se le acababa, pero sólo alcanzó a ver que lo muebles se esfumaban, justo en el momento en que el mundo entero se llamaba Vélez Sarsfield.


Mempo Giardinelli nació en 1947 en Resistencia, Chaco. Es escritor y periodista. Sus principales obras son: La revolución en bicicleta (novela, 1980), El cielo con las manos (novela, 1981), Vidas ejemplares (cuentos, 1982), Luna caliente (Premio Nacional de Novela en México, 1983), Qué solos se quedan los muertos (novela, 1985), El castigo de Dios (cuentos, 1994), Santo oficio de la memoria (novela, VIII Premio Internacional Rómulo Gallegos, 1993) e Imposible equilibrio (novela, 1995). Fundó y dirigió la revista Puro Cuento entre 1986 y 1992. Sus obras han sido traducidas a una docena de lenguas.

Escucha "El hincha" en la maravillosa narración de Alejandro Apo: El hincha

lunes, 28 de diciembre de 2020

Racing 2001: Misión cumplida

Artículo publicado en la revista La Primera, en diciembre de 2001.
Por PABLO ARO GERALDES


Volviendo de México con la Copa del Mundo acunada en sus brazos, Diego Maradona le confesaba a El Gráfico que aquel trofeo “era mejor cuando lo soñaba”, que tras llegar a la cima que desde pibe se había propuesto alcanzar, lo había invadido una sensación de vacío, una impresión de “¿y ahora qué?”.

Con este campeonato ganado por Racing pasa algo parecido. Durante estas décadas de frustraciones se fue forjando una identidad racinguista fundada en el sufrimiento o, lo que tiene más valor, en la actitud inclaudicable ante ese tormento que cada temporada iba in crescendo, como si las cargadas, las ilusiones abortadas y los pesares repetidos templasen especialmente el alma de los hinchas. Lejos de repudiar ese dolor, la gente de Racing hizo de su desgracia una bandera. Una conmovedora bandera de aguante.

“¿Viviré para volver a verlo campeón?”, era el sentimiento común de los hombres entrados en años. “¿Sabré un día lo que es dar una vuelta olímpica?”, se preguntaban los de treinta y pico. Pero lo que es curioso, esa misma resignación aparecía en los jóvenes, que lejos de dejarse vencer por el desaliento, se sumaban a una tribu donde ser de Racing se iba convirtiendo en un sinónimo de amor sin intereses, de entrega a puro sentimiento. “Si volviera a nacer, de nuevo sería de Racing”, juraba una pancarta portada por unos adolescentes, vírgenes de toda alegría arrimada por su club.
Parados: Loeschbor, Maciel, Úbeda, Campagnuolo,
Barros Schelotto, Chatruc.
Agachados: Bedoya, Vitali, Estévez, Maceratesi
y Bastía.

Pero el título conseguido les cambió los papeles. Puso fin a más de 34 años de pesares. La última alegría había llegado desde Montevideo, con la conquista de la Copa Intercontinental, el 4 de noviembre de 1967.

Cuando la meta se cumple hay que buscar otra, un nuevo norte hacia el cual seguir caminando. Y tras esta larga apología del sufrimiento, la inmensa banda racinguista abrió los cofres del optimismo y plantó una bandera, un poco en broma y un no tan poco en serio: “Tokio 2003”.

“El músculo del sufrimiento que nuestros hinchas tanto ejercitaron debe estar más que a punto a partir de ahora. A no relajarse, porque todos los rivales ahora nos van a jugar a muerte. Ya ninguno nos va a mirar con simpatía pensando que ojalá algún día salgamos campeones”, advertía Fernando Marín, presidente de Blanquiceleste S.A., la empresa que tomó el gerenciamiento del fútbol del club. Así será, seguramente. Se terminaron 35 años de fracasos, con 70 técnicos diferentes que no dieron en la tecla, con frustraciones renovadas, con abatimientos repetidos. En el medio, el paso por la B, las misas, los exorcismos de la cancha, las caravanas de la esperanza.

Paso a paso, como solía decir al técnico Reinaldo Merlo, se hizo el milagro. “Yo no tenía nada que ver con Racing, pero igual debí cargar, como todos los jugadores, con la mochila de tantos años sin títulos. Ahora me van a contratar de cualquier equipo que necesite salir de una mala”, resumía Mostaza. Quizá, como prometía la hinchada, se venga la estatua de Merlo.

Es verdad que desde lo estético este Racing estuvo lejos de ser brillante y no pudo soltar el festejo contenido hasta el último minuto del Apertura, pero esa es otra constante de los sufridos, casi una manera masoquista de gozar el triunfo. Es verdad que los errores arbitrales que lo favorecieron fueron muchos más que los que lo perjudicaron, pero ni así acumuló una ventaja tranquilizadora. Es verdad que tras las administraciones caóticas, la quiebra y el fideicomiso, la llegada de Blanquiceleste S.A. era bien vista por el establishment futbolístico, que destaca en esta vuelta olímpica de Chatruc, Estévez y compañía el éxito de la mano privada antes que el de Racing, y desea que el ejemplo cunda.

Todo esto es verdad, pero qué les importa. Con el grito final del gol de Loeschbor llegó el momento del abrazo sin tiempo. Se cruzaron las gambetas de Corbatta con la lucha a corazón abierto de Gustavo Costas. La elegancia de Federico Sacchi se mezcló con el temple del Coco Basile; Tucho Méndez reapareció para sumarse al festejo de Perfumo, Cejas, Maschio, el Panadero Díaz... Todos.

Ya no habrá ni cargadas, ni subestimación, ni simpatía. Para Racing empieza una nueva era. La era de reencontrarse con su grandeza.


domingo, 27 de diciembre de 2020

Marcelo Gallardo, el nuevo Príncipe de Mónaco

En el fútbol francés el Muñeco no sufrió ningún proceso de adaptación. De arranque la rompió y se convirtió en figura del campeonato.

Entrevista publicada en la revista El Gráfico, en enero de 2000.

En Mónaco todo parece funcionar a la perfección. Una exclusiva y saludable perfección. Salvo las ruletas del casino de Montecarlo, nada queda librado al azar en el principado. Pero cuando dos sábados por mes una 15.000 personas ocupan las plateas del estadio Louis II para ver al Mónaco, aguardan lo inesperado: una gambeta, una pegada estupenda, la jugada que desconcierta y atrapa.

Y saben que más allá del talento colectivo de un equipo que se escapa solo en búsqueda de su séptimo título de liga, esa chispa de sorpresa la puede encender Marcelo Daniel Gallardo. El mismo Muñeco que hoy tiene 24 años y que brilló en River Platees el que actualmente está considerado como el mejor jugador del campeonato francés. Así lo interpreta el público y el periodismo que lo elogian en cada partido.

Mientas las publicaciones France Football y L'Equipe lo eligieron "mejor jugador de la primera rueda", la revista Onze entiende que es el más digno heredero de Maradona y también lo comparó con Michel Platini y Zinedine Zidane, los más grandes número 10 de la historia del fútbol galo.

Sinceramente, por un lado me halaga que la prensa reconozca de esta manera lo que estoy haciendo -comenta Gallardo-; pero también sé que las comparaciones son difíciles, porque nombran a grandes monstruos. Una buena crítica siempre es favorable, pero la tomo con cuidado.

¿Y la adaptación? ¿Al final es un verso de quienes empiezan mal?
Uno viene con muchas expectativas a un medio desconocido. Las cosas me salieron bien de entrada y no tuve muchos problemas de presiones. Llegar y encajar enseguida en el grupo me dio una seguridad bárbara. Es una cuestión de confianza. Todos me dijeron que para un extranjero no es fácil conseguir semejante reconocimiento del público y el periodismo en la primera temporada.

¿El campeonato francés es de segundo orden en Europa?
Por ahí el francés es menos apasionado que el argentino, el español, el italiano o inglés, pero su fútbol ha crecido mucho en estos años. Y más aún después del Mundial que organizaron y ganaron. Eso le dio un impulso muy fuerte al campeonato. Quizás es verdad que el fútbol no se vive con la misma pasión que en la Argentina, pero respeto el club y el país al que vine a jugar.

¿Por que a pesar de recibir varias ofertas elegiste Francia?
Mónaco se presentó en el momento justo. River ya había decidido venderme. Los dirigentes estuvieron de acuerdo y pensé que ésta era la oportunidad de venir a Europa y no podía dejarla pasar. Además llegué a Francia sin conocer del país ni del fútbol. Y mi objetivo era crecer.

Crecimiento. Esa es la palabra que define el paso de Gallardo por el Principado de Mónaco. Él se siente un jugador más completo y el equipo lo respalda: en 22 fechas marcha con 10 puntos de ventaja sobre Paris Saint-Germain, Auxerre y Lyon. También está en octavos de final de la Copa UEFA.
Aprovechando que el sábado 22 de enero no hubo fecha por el campeonato, porque se jugaban partidos por la Copa de Francia, el Muñeco paró unos diez días para recuperarse de una inflamación en el pubis.

–¿Qué tipo de fútbol quieren los hinchas?
Los pocos que van a ver al Mónaco, porque el estadio nuestro nunca está lleno, son de un gusto muy especial. Muy parecido al que tuvo River en toda su historia. Y ellos piden buen fútbol. Por suerte yo me encontré con un buen equipo, en el que la prioridad es salir a buscar los partidos de entrada, sin especular. Por lo general en Europa cuando se juega de visitante todos los equipos se tiran atrás y esperan para salir de contraataque. Pero el Mónaco no. Nos movemos igual adentro o afuera.

–¿Cómo se paran tácticamente?
–Con dos volantes de contención: Da Costa y Lamouchi. Y dos de creación: Giuly y yo, aunque mi posición cambió un poco. Tengo libertad para moverme pero cuando no tenemos la pelota debo volver al sector izquierdo, por lo menos para achicar espacios. En Francia es difícil ver a un enganche. Yo soy más bien un carrilero por izquierda. Arriba están Trezeguet y Marco Simone, que ya metieron 28 goles en el campeonato. Además tenemos la defensa menos vencida.

–¿Los diez como vos son una especie en extinción?
–En esta época los sistemas parecen estar por encima de las individualidades y muchas veces se desaprovecha el talento. Ahí es donde desaparecen esos jugadores clásicos. El fútbol europeo es más físico y más táctico que el argentino.

–¿Qué jugadores de tus características te gustan?
–De los argentinos, Riquelme y Aimar. Juan Román es un típico enganche y Pablo me encanta, aunque es más media punta. De los extranjeros, Rivaldo, el jugador más completo del mundo: tiene pegada, gambeta, cabezazo, es goleador, tiene todo. Otro que la rompe es Zidane.


Limusinas interminables, casinos y yates. Jet set, champagne, glamour y el poder del dinero. Es una breve postal de Mónaco. Un mundo de sueños en el que es fácil olvidar los orígenes humildes, la barriada trabajadora, los amigos de siempre. Pero Gallardo no se deja encandilar por las luces de los hoteles lujosos y el trato con el príncipe Alberto.

–Vengo de un país en el que nos acostumbramos a la desprolijidad, la desorganización. Acá todo funciona diez puntos y quejarte por algo es imposible. Todo parece una fantasía. La vida en Mónaco es un poco la irrealidad. No pasa nada que no esté previsto. Por un lado lo disfruto mucho, pero no me olvido las cosas que nos pasan en la Argentina, como por ejemplo la inseguridad y otros problemas que aquí no existen. Estoy con Alejandra, mi esposa, y mi hijo Nahuel. Y mientras vivamos en Mónaco vamos a aprovechar todas las ventajas que tenemos.

–Pero como jugador, ¿qué vida hacés?
–Es que pasé de un extremo a otro. De crecer en un equipo tan grande como River donde el calor de la gente se siente también en la calle, llegué a Montecarlo donde es todo lo contrario. Puedo salir a caminar con una tranquilidad imposible de imaginar en Buenos Aires. Nadie me molesta. Me reconocen, pero voy por la calle como si nada. No me persiguen por un autógrafo o una foto. Y cuando se acercan, sobre todo los chicos, lo hacen con un respeto increíble.

–¿Qué extrañás?
–Muchas cosas, principalmente a mis afectos. Y la pasión por el fútbol, porque en Mónaco lo toman como un espectáculo más. Digo en Mónaco y no en Francia, porque en el resto del país son más calientes con el fútbol. Pero tengo Internet en mi casa y estoy mucho tiempo en contacto con la Argentina, leo los diarios, las noticias, todo. Y me traje el juego de mate completo. Las costumbres siguen siendo las mismas; sólo cambia el entorno. En un principio la ayuda de David Trezeguet me facilitó la adaptación y ahora estoy con un profesor de francés, porque el año pasado me comunicaba de puro guapo. Leo y entiendo cuando me hablan; lo complicado es pronunciar.

Monaco a 100 por hora.
–¿Conociste al príncipe Alberto?
–Sí, aunque no en forma particular. El está en todos los partidos que jugamos de local. Es un viejo seguidor del fútbol. Pero ojo, le gusta que lo traten como a uno más. Hasta parece sencillo en el trato. Por ahora está todo bien porque el equipo responde. Lo que espero es no tener que verlo algún día pateando la puerta del vestuario.

–¿Hablás con los argentinos que juegan en Francia o te mantenés distante?
–Al Toto Berizzo lo tenía cerca en Marsella, pero no tuvimos tiempo de vernos. En la cancha me crucé con Bustos, Zavagno, Fabbri.. Pero no nos visitamos. En cambio con los muchachos de River sigo hablando.

–¿Estabas al tanto que del equipo tricampeón no quedó nadie?
–Sí, ya me di cuenta. Lo charlaba hace unos días con Leo Astrada cuando él se estaba por ir a Brasil. Tenemos una relación muy buena y nos fijábamos en ese detalle. Es extraño, porque fue una etapa brillante para el club, para los hinchas, para nosotros.

No puede evitar la sonrisa, entre irónica y dolida, que interrumpe el diálogo por unos segundos. Pero no quiere nombrar a Ramón Díaz ni a los dirigentes, responsables de este recambio.

–Estas cosas ocurren y las etapas pasan. Hoy River formó un equipo que con el tiempo puede armar algo parecido a ese plantel tricampeón. Acá hay un canal de cable que los martes pasa los partidos y los sigo.

–¿Sabías que Hernán Díaz pudo volver a River y el Pelado le bajó el pulgar?
–Sí, me enteré. Lo que le hicieron a Hernán fue una falta de respeto a su trayectoria, a los años que le brindó a River. Es un tipo que siempre iba al frente, el primero que ante cualquier estupidez salía a al cancha a tirar para adelante dejando de lado versiones malintencionadas. Es un ejemplo. Como compañero y como tipo se le faltó el respeto.

–¿Fue al único al que se le faltó el respeto?
–No. Lo nombro porque es una persona admirable, pero además tengo contacto con Astrada, con la Bruja Berti, con Berizzo, con Sorín y con Ortega, que está en Parma. Si algo tenemos que recordar son los momentos gloriosos de esos años, porque fueron muchas más las alegrías que las tristezas.

En Francia es “Galagdó”; ya no el Muñeco: “La traducción de Muñeco sería Poupée, pero no suena muy macho; así que prefiero lo de Galagdó”, aclara con cierto pudor. Parece un tipo feliz. La nostalgia camina por otro lado.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Equipos mexicanos que se resisten al olvido

Boca Juniors, América de Cali, Peñarol, Colo-Colo… En Sudamérica a nadie se le cruzaría por la cabeza que un equipo de fútbol así pueda desaparecer, desintegrarse, no existir más.
Sin embargo, en México, un país altamente futbolero, eso ocurrió reiteradas veces a lo largo de la historia. Nombres como Toros Neza, Marte o Atlético Español fueron primera plana por sus hazañas deportivas, pero hoy son solamente un recuerdo.

Diez clubes le dieron inicio en 1943 a la era profesional del fútbol azteca. De ellos solamente la mitad sobrevivió: América, Atlas, Atlante, Guadalajara y Veracruz. La Primera División tuvo en estos 77 años a una cincuentena de equipos pujando por la gloria… casi la mitad de ellos ya no existe.

Este es un repaso a varios clubes que duermen en el recuerdo de quienes fueron sus hinchas y reviven en esos viejos posters que van perdiendo su color pero resisten estoicamente contra el olvido.

Actualización del artículo publicado en 2007 en la web de Fox Sports.
Por PABLO ARO GERALDES

A.D.O.
La Asociación Deportiva Orizabeña había sido fundada en 1916 y militó en la Primera División profesional a partir de 1943. Nunca terminó en último lugar, aún cuando no existía el descenso, pero las dificultades económicas la llevaron a anunciar el 6 de septiembre de 1949 su retiro: fue la primera franquicia que desapareció en el profesionalismo.

ÁNGELES
Creado en Puebla en 1984 por la compra de la franquicia dejada por Oaxtepec. Nunca brilló en Primera y en 1990 vendió su plaza para la creación de Santos Laguna, en Torreón. En 1999 hubo un intento de reflotarlo de la mano del Puebla FC -como filial-, pero en 2001 la directiva lo vendió a la Universidad Cuauhtémoc de Puebla; quienes lo renombraron San Sebastián para el torneo Verano 2001, sellando la extinción.

ASTURIAS
Fue fundado en 1918 por la comunidad asturiana de la ciudad de México. Al ganar la temporada 1922-23 se convirtió en el primer campeón del fútbol mexicano, luego de la fundación de la Federación Mexicana de Fútbol, en 1922.
Este equipo albiazul ganó dos campeonatos amateurs y en la temporada 1943-44 fue el primer campeón del profesionalismo.
En 1950, decidió abandonar la Federación Mexicana de Fútbol.

ATLETAS CAMPESINOS
Desde Santiago de Querétaro surgió en 1977 y tres años más tarde trepó a Primera División, comandado por el legendario Antonio Carbajal. Para la temporada 1982-83 fue vendido y trasladado a Tampico, antes de desaparecer.

ATLÉTICO ESPAÑOL
La idea de reflotar al legendario España se materializó con la fundación de este equipo en México DF. Fue cuando un grupo de empresarios españoles aprovechó una desaparición del Necaxa para comprar su franquicia, en 1971. Los Toros, como se los apodó, ganaron la Copa de Campeones de la Concacaf en 1975. Su historia se terminó en 1982, cuando Necaxa solicitó su plaza.

COBRAS
Las Cobras de Querétaro fueron creadas en 1985 por el grupo Televisa para que jugaran allí los veteranos del América junto a varios juveniles. En su primer año ascendieron a Primera pero tras una temporada descendieron para convertirse en Cobras de Ciudad Juárez. Estos alcanzaron la elite en 1988 pero bajaron sin éxitos. En 1994 desaparecieron.
En el Invierno 2001 el equipo de Saltillo Soccer se mudó Ciudad Juárez y Cobras "renació", como filial y dependiente de los Rayados de Monterrey. El equipo logró disputar cuatro torneos en la división de plata con malos resultados hasta que al terminar el Clausura 2005 las deudas marcaron su definitivo final. En su lugar aparecieron de los Indios de Ciudad Juárez.

COLIBRÍES DE MORELOS
Al igual que los pequeños y frágiles colibríes, su vida fue efímera. Fundado en diciembre de 2002 en Xochitepec, Morelos, como Club de Fútbol Cuernavaca para suceder al Atlético Celaya, duró solamente una temporada en Primera: descendió y la Federación Mexicana vendió su lugar al equipo que se convirtió en Trotamundos de Tijuana.

ESPAÑA
Los vascos que escaparon a la Guerra Civil española y a la Segunda Guerra Mundial potenciaron a este equipo. Figuras como Isidro Lángara y José Iraragorri. Dejó de participar en el fútbol en 1950 dejando atrás el record de 14 títulos en el amateurismo y uno en el profesionalismo, además de dos torneos de Campeones de la Concacaf.

INDIOS
El Club de Fútbol Indios (también conocido como Indios de Ciudad Juárez) fue creado el 8 de abril del 2005 ante la mudanza del equipo Pachuca Juniors para el Torneo de Apertura 2005. Fue filial del Pachuca y al finalizar el Clausura 2008 de la Liga de Ascenso obtuvo su plaza en Primera, desligándose de la directiva tuza. En el Torneo Bicentenario 2010 descendió y en 2012 fue desafiliado por no pagar los salarios. En un intento de reflotarlo, la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez anunció la integración a la segunda división del Club de Fútbol Indios de la UACJ.

JAGUARES DE CHIAPAS
El 27 de junio de 2002 nacían en Tuxla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas. No era una fundación, sino el anuncio de un acuerdo entre el gobernador y Alejandro Burillo, presidente de Grupo Pegasso, que tenía entonces dos franquicias en Primera, lo que abría la posibilidad trasladar a una: el sitio elegido fue Chiapas.
La poca afluencia de público y las restricciones económicas del estado hicieron que en 2013 Jaguares fuera vendido al Grupo Delfines, que los traspasaría a Querétaro. Luego la junta de dueños de la liga abrió la chance de que la franquicia de San Luis se trasladaría a suelo chiapaneco, luego de que el equipo de Veracruz del Ascenso MX se había trasladado a San Luis Potosí y se convirtiera en Atlético San Luis. Finalmente la venta de San Luis y traslado de la franquicia a Chiapas, la ciudad tendría fútbol en Primera, pero el equipo se llamaría Chiapas FC y usaría el mote de "Jaguares". ¿Era un equipo nuevo o continuaban los Jaguares?
El 8 de junio de 2017 se hizo oficial la desaparición, debido adeudas con jugadores y cuerpo técnico. La Liga MX tomó la decisión de desafiliar a Chiapas.

LAGUNA
No existía todavía el actual Santos Laguna, cuando se creó este equipo en Torreón, Coahuila, en 1953. Alcanzó la Primera División en 1968 y se mantuvo hasta 1978, cuando los propietarios le vendieron la franquicia a Coyotes de Neza.

LOBOS BUAP
El Club de Fútbol Lobos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla se fundó en 1967 y fue uno de los equipos que inauguró la Tercera División en la temporada 1967-68. En 2017 accedió a la Primera División. Al finalizar el Clausura 2019, la continuidad del equipo comenzó a cuestionarse, pues surgieron ofertas para trasladar la franquicia a ciudades como Mazatlán e Irapuato, pero fueron rechazadas. A mediados de 2019 se conoció que el equipo solamente contaba con siete jugadores propios para encarar la temporada 2019-20, lo que provocó la renuncia del DT Francisco Palencia y finalmente el 11 de junio de 2019 se anunció la venta de la franquicia al FC Juárez, la cual se convirtió en Bravos de Juárez.

MARTE
Fue fundado como Cuenta y Administración; cambió su nombre por Guerra y luego por Marina, cuando estaba en la capital y era integrado por hombres de las fuerzas armadas mexicanas. Más tarde fue rebautizado como el dios romano de la guerra. Fue dos veces campeón del amateurismo y una del profesionalismo. En 1953 dejó la capital para establecerse en Cuernavaca, Morelos, y jugó su último partido en 1955.

MOCTEZUMA
Vio la luz en Orizaba, Veracruz, en 1932, de la mano de los trabajadores de la Cervecería Moctezuma. En 1943 se convirtió en el primer equipo veracruzano en alcanzar la Primera División. Fue Campeón de Campeones en 1947 y en 1950 se retiró de las competencias.

MONARCAS MORELIA
El 4 de junio de 1950 se fundó el Club Deportivo Morelia. Siete años después accedió a la Primera División. En 1972 fue llamado Club Atlético Morelia; en 1996 lo compró TV Azteca, que en 1999 lo rebatizó Monarcas Morelia. Fue campeón en el torneo Invierno 2000 y en 2013 ganó la Copa de México y llegó a ser dos veces subcampeón de la Concacaf.
El 2 de junio de 2020, con el fútbol parado por la pandemia de covid-19, el club emitió un comunicado en el que hace oficial su mudanza a Mazatlán, Sinaloa, transformándose así el Mazatlán FC.

NUEVO LEÓN
En Monterrey, Nuevo León, nacieron “los Jabatos” en 1957 pero apenas tres años después dejaron de existir por problemas económicos: el club fue cedido a la Universidad Autónoma de Nuevo León, que lo rebautizó “Tigres”. En 1962 regresaron como Nuevo León y en 1966 alcanzaron la máxima categoría. Hacia fines de los ’60 descendieron y se mantuvieron en divisiones menores hasta que desaparecieron en 1978. Se lo intentó revivir en 1987 pero tras cuatro temporadas se extinguieron.

OAXTEPEC
En la ciudad del mismo nombre, estado de Morelos, el Instituto Mexicano del Seguro Social creó este equipo en 1979. En 1982 debutó en Primera, con Ricardo La Volpe como portero y apenas dos años más tarde se vendió su franquicia, marcando el final de los verdiblancos.

ORO
Nacido en Guadalajara en 1923, se convirtió en uno de los más tradicionales del fútbol tapatío. Alcanzó su máxima gloria al lograr el campeonato de 1962/63 y en 1970 disputó su último juego: desapareció para darle vida al Jalisco, club que disputó la Primera División y también se extinguió. El empresario Jorge Vergara compró las instalaciones para que jueguen allí las Chivas San Rafael.

POTOSINO
Los Cachorros fueron fundados en 1972 en San Luis Potosí bajo el nombre de Pumas de la Universidad de San Luis. En 1974 alcanzó la Primera División, ya como Atlético Potosino y tuvo como gran figura a Nery Castillo, el padre del jugador del mismo nombre que hoy integra el Tri. En 1989 descendió y se perdió en el recuerdo.

SAN LUIS
Vio la luz el 7 de julio de 1957 y se los conoció como auriazules, santostuneros. Lograron el récord mexicano de haber ascendido en dos años como campeón de la Tercera división a la Segunda (1970) y en la temporada siguiente como campeón el ascenso a la Primera.
El equipo desapareció el 28 de mayo del 2013, al mudarse al Estado de Chiapas y convertirse en Chiapas FC. Y aunque el club como tal ya no existe, la ciudad San Luis Potosí no se quedó sin fútbol profesional, se creó un nuevo cuadro en el Ascenso MX: el Atlético de San Luis.

SAN SEBASTIÁN
Su nombre le hizo honor a la ciudad de León, Guanajuato, cuyo nombre completo es San Sebastián de León. Creado en 1944, al año siguiente subió a Primera y allí se mantuvo hasta 1951, cuando se creó la Segunda División y tuvo el triste honor de ser el primer descendido.


TOROS NEZA
Nezahualcoyotl había tenido a los Coyotes, a los Osos Grises y a los Potros Neza, hasta que el fútbol volvió a la ciudad con los Toros, que ascendieron ganando el campeonato de Segunda División 1992/93, bajo el nombre de Toros de la Universidad Tecnológica de Neza.
Liderados por el argentino Antonio Mohamed, llegaron a un subcampeonato en 1997 antes de descender en 2002 y desaparecer dos años más tarde.

TORREÓN
Apareció en Torreón, Coahuila, fundado por empresarios ibéricos en 1959 heredando el nombre de un viejo club llamado El Cataluña. A partir de ese año se inscribió en la Segunda División. En 1963 cambia su apelativo por el de la ciudad y en la temporada 1968/69 llegó a Primera, aunque nunca tuvo grandes éxitos. Su final fue con un drástico cambio de color: de ser los Diablos Blancos, tuvieron su adiós en 1974, cuando su franquicia pasó a manos de los “Leones Negros” de la U. de G.

UNIÓN DE CURTIDORES
Fue fundado el 15 de agosto de 1928 en la ciudad de León, Guanajuato, epicentro de la industria del cuero. De la mano del emblemático arquero Antonio Carbajal, ahora como DT, debutaron en Primera División en 1974. Con altas y bajas, en 1999 ganó el derecho de retornar a la máxima categoría pero su franquicia fue vendida por Valentino Aguirre, quien también era dueño del León y privilegió quedarse con el cuadro esmeralda.
Sufrió cambios de nombres, disputó torneos amateurs y en 2016 se dio su disolución final.

ZAMORA
Fundador de la Segunda División en 1950, este equipo michoacano llegó a disputar 104 partidos en Primera, entre las temporadas 1955/56 y 1959/60. Se lo intenta reflotar luego de que los Jaguares de Zamora hayan dejado de ser filial de los Jaguares de Chiapas y comprados por la municipalidad de Zamora.


jueves, 29 de octubre de 2020

Maradona no es zurdo

Cuando se mencionan a los zurdos ilustres de la historia aparecen los nombres de Albert Einstein, Alejandro Magno, Julio César, Simón Bolívar, Charles Chaplin, Leonardo Da Vinci, Jimi Hendrix, Miguel Ángel, Bill Gates, Barack Obama… y Diego Maradona.

Pero hay una diferencia con todos los personajes citados: al nombrarlos como zurdos se hace referencia a su habilidad mayor en la mano izquierda, aunque en el caso de Maradona la zurdera se da en su pierna izquierda pero no en su mano. Aunque pocos hayan reparado en eso, para escribir, Maradona es diestro.









viernes, 16 de octubre de 2020

Estados soberanos fuera de la FIFA

Hay nueve países que aunque gozan de soberanía plena, no son miembros de la FIFA. Algunos porque tienen una mínima estructura futbolística y la pequeñez de su territorio no permite un gran desarrollo. Otros archipiélagos encuentran en las largas distancias entre sus islas el principal obstáculo para sostener una competición. Pero está el caso de Gran Bretaña: los cuatro países que componen el Reino Unido son los custodios de la International Football Association Board, o simplemente "International Board", el organismo encargado de definir las reglas del fútbol a nivel mundial y sus futuras modificaciones.

Gran Bretaña, en los JJ.OO. Londres 2012
Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte (Irlanda hasta 1921, cuando se dividió la isla) además de conformar la IFAB son miembros de FIFA, pero no pueden participar en los Juegos Olímpicos porque no son estados soberanos y la afiliación al COI pertenece a la British Olympic Association.

El tema es que escoceses, galeses y norirlandeses tampoco desean integrarse bajo una misma camiseta británica, por eso hay tan pocas participaciones de esta selección. Solamente se había presentado en 1908, 1912, 1920, 1936, 1948, 1952, 1956 y 1960. Pero los Juegos Olímpicos de Londres se convirtieron en una cita ineludible: el local no podía desertar. Y así, con un plantel de mayoría inglesa y algunos galeses, compitió en el torneo olímpico de fútbol, donde fue eliminada por Corea del Sur en cuartos de final.

LAS ISLAS DEL PACÍFICO
Kiribati, en 2011.
Son seis los estados soberanos de Oceanía que no están dentro de la estructura de la FIFA. Entre ellos, Tuvalu, Kiribati y Niue (este último no tiene plena soberanía) se encuentran asociados a la Oceania Football Confederation sin ser miembros plenos. Al no estar afiliados a la FIFA, no participan en las eliminatorias de ninguna competición que organiza la FIFA, pero sí en torneos de la OFC.

Además de estos tres, Palau ingresó en 2007 y estuvo solamente 2 años en la OFC. En 2009 solicitó su ingreso a la Asian Football Confederation, y su aceptación por parte del ese organismo está en proceso.

Los Estados Federados de Micronesia están empezando una tibia actividad competitiva entre los cuatro estados componen esta federación: Chuuk, Kosrae, Pohnpei y Yap.

El caso de Nauru es aun más lejano: la pasión de la isla es el Football Australiano, que tiene sus propias reglas, y el soccer ocupa un lugar relegado en las preferencias. Aunque la Nauru Amateur Soccer Association se fundó hace cuatro décadas, su actividad internacional es nula.

Las Islas Marshall tuvieron algunos equipos esporádicos, pero ningún club. Obviamente, tampoco tiene una selección. En el pasado se había difundido una asociación de soccer que no tuvo ninguna entidad oficial. Recién en diciembre de 2020 se constituyó la Marshall Islands Soccer Federation.

EN MEDIO DEL LUJO, EL FÚTBOL
El Principado de Mónaco está asociado a los yates, el casino y el Grand Prix de Fórmula 1. Pero también hay fútbol local, más allá del poderoso AS Monaco FC que participa en la Ligue 1 francesa.
La Fédération Monegasque de Football fue fundada en 2000 y su selección debutó un año después, cuando venció 2-1 a Tíbet. A diferencia de otros países pequeños (ocupa apenas 2 km²) tiene una intensa actividad futbolística.
La Selección Vaticana, en 2016.

El caso de Vaticano es curioso: su campeonato más conocido, la Clericus Cup, está compuesto por equipos formados por sacerdotes, seminaristas, trabajadores de las diferentes áreas. Los jugadores componen también la Selección, en la que juegan también los miembros de la Guardia Suiza. Debido a que el estado soberano más pequeño tiene solamente 0,44 km² y el 20% de esta superficie lo ocupan la Basílica y la Plaza de San Pedro, el fútbol se desarrolla en el Estadio Pio XII, que se encuentra a las afueras de la Ciudad del Vaticano y tiene la capacidad de para unas 2000 personas.

La camisetas de los 9 estados soberanos
(incluyendo los prototipos de Nauru y las Islas Marshall).


martes, 13 de octubre de 2020

Bolivia-Argentina en La Paz

Argentina visitó once veces La Paz por eliminatorias. Los 3604 metros sobre el nivel del mar del estadio Hernando Siles inclinan levemente la balanza a favor de los anfitriones, que lograron cinco victoria contra cuatro de Argentina. Empataron en dos ocasiones.

Por PABLO ARO GERALDES

6 de octubre de 1957
BOLIVIA 2-0 ARGENTINA
Carrizo, Corbatta, Sanfilipo y el resto de estrellas, no pudieron equilibrar los efectos de la altura y cayeron sin atenuantes. De todos modos Argentina ganó los tres partidos restates del grupo, que también integraba Chile, y fue al Mundial.
Goles: Máximo Alcócer (13') y Max Ramírez (62').

29 de agosto de 1965
BOLIVIA 1-2 ARGENTINA
Una victoria importante, ya que significó el final del invicto que Bolivia mantenía en La Paz desde 1950. Argentina llegó a esa última fecha ya clasificada, en un grupo que además de los bolivianos integraba Paraguay. En la imagen, Luis Artime, figura del partido.
Goles. Bolivia: José Ramos Delgado e/c (35'). Argentina: Luis Artime (31' y 84').

27 de julio de 1969
BOLIVIA 3-1 Argentina
Fue el primer partido de una serie negra que terminó con Argentina última en el grupo y la clasificación de Perú al mundial con un empate en La Bombonera.
Goles. Bolivia: Juan Díaz (18'), Ramiro Blacutt (51') y Raúl Álvarez (90'). Argentina: Aníbal Tarabini (42').

23 de septiembre de 1973
BOLIVIA 0-1 ARGENTINA
Enriique Omar Sivori era el DT y Miguel Ignomiriello, su ayudante, elaboró un plan de adaptación a la altura: se llevó a un grupo de jugadores a Tilcara. Olvidados desde Buenos Aires, se autodenominaron la Selección Fantasma. La albiceleste llegó invicta a Alemania Federal.
Gol: Oscar Fornari (18').

2 de abril de 1997
BOLIVIA 2-1 ARGENTINA
Argentina ganó la eliminatoria con la dirección técnica de Daniel Passarella. Pero la escala en tierra paceña dejó una mancha escandalosa: hubo agresiones afuera y adentro de la cangha, un golpe a Julio Cruz en el pómulo derecho, pero tras marcharse al vestuario apareció con un corte en el izquierdo. Un papelón histórico.
Goles. Bolivia: Marco Sandy (7') y Fernando Ochoaizpur (48'). Argentina: Néstor Gorosito (43' pen).

25 de abril de 2001
BOLIVIA 3-3 ARGENTINA
Cuando parecía una derrota irremontable, la celeste y blanca conducida por Marcelo Bielsa alcanzó la igualdad sobre la hora. En una eliminatoria espectacular, Argentina le sacó 12 puntos de ventaja a el segundo, Ecuador.
Goles. Bolivia: Líder Paz (41'), Percy Colque (55') y Joaquín Botero (81'). Argentina: Hernán Crespo (44' y 89') y Juan Pablo Sorín (90').

26 de marzo de 2005
BOLIVIA 1-2 ARGENTINA
José Pekerman planificó la doble fecha con un equipo en Buenos Aires y otro en La Paz y le dio resultado. La eliminatoria la terminó con 34 puntos, igual que Brasil, aunque Argentina quedó segunda por diferencia de gol.
Goles. Bolivia: José Castillo (50'). Argentina: Luciano Figueroa (58') y Luciano Galletti (63').

1 de abril de 2009
BOLIVIA 6-1 ARGENTINA
Bajo la conducción de Diego Maradona la Selección Argentina sufrió una humillante derrota en La Paz. Con una andar errático, tuvo que esperar a la última fecha para clasificar al Mundial, en el cuarto puesto sudamericano.
Goles. Bolivia: Marcelo Martins Moreno (12'), Joaquín Botero (34' pen, 55' y 66), Álex Da Rosa (45') y Didí Torrico (87'). Argentina: Luis González (25').

26 de marzo de 2013
BOLIVIA 1-1 ARGENTINA
Con un esquema inteligente, Alejandro Sabella superó la adversidad de la altura y la apertura del marcador de parte de Bolivia. Messi mostró pinceladas de su talento pese a la fatiga, Banega marcó el gol del empate, Mascherano controló el mediocampo y Di María realizó un despliegue para aplaudir.
Goles. Bolivia: Marcelo Martins Moreno (25'). Argentina: Éver Banega (44').

28 de marzo de 2017
BOLIVIA 2-0 ARGENTINA
Sin Messi (suspendido por el insulto al juez de línea en el partido anterior, frente a Chile), Edgardo Bauza dirigió el último partido del ciclo más corto de un entrenador desde 1974. Encima apenas empezado el encuentro, Ramiro Funes Mori sufrió una grave lesión. Días después asumió Claudio Tapia al frente de la AFA y despidió al DT.
Goles: Juan Carlos Arce (31'), Marcelo Martins Moreno (52').

13 de octubre de 2020
BOLIVIA 1-2 ARGENTINA
La celeste y blanca volvió a ganar allí después de 15 años, esta vez comandada por Lionel Scaloni. Pese a arrancar perdiendo, Argentina mantuvo su esquema de pases cortos y precisos, no derrochó el esfuerzo e impuso su juego.
Goles. Bolivia: Marcelo Martins Moreno (24'). Argentina: Lautaro Martínez (45') y Joaquín Correa (79').


sábado, 3 de octubre de 2020

Colombia 1986, el Mundial que no fue

Cuando finalizó el Mundial España 82, los aficionados comenzaron una espera de cuatro años que desembocaría en Colombia, sede de la Copa 1986.

El sueño cafetero había comenzado a tomar forma cuando en 1970 Alfonso Senior, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, requirió el apoyo del entonces presidente Carlos Lleras Restrepo para poder ser sede mundialista. El 9 de junio de 1974, en el congreso de la FIFA en Frankfurt, el brasileño João Havelange, recién elegido al mando de la entidad, se jugó por Sudamérica y se confirmó a Colombia para la sede de 1986.

En 1975 el presidente Alfonso López Michelsen se entrevistó con Havelange y reiteró el compromiso de cumplir uno a uno los requisitos que imponía la FIFA. Pero eso era imposible. En su rol "diplomático", el maquiavélico capo de la FIFA palmeaba en la espalda a los dirigentes colombianos pero al mismo tiempo el vicepresidente de la entidad, el alemán Hermann Neuberger, ampliaba la lista de requisitos, ya volcados de lleno al negocio de la TV.

La costosa modernización de la iluminación de los estadios era vital para la televisión, pero los directivos contraatacaron: por husos horarios, todos los partidos se disputarían a la luz del día, como había ocurrido desde el inicio de los Mundiales hasta México 1970. Un punto estaba resuelto, pero no era suficiente.

Pasó la Copa del Mundo en la Argentina, en 1978, y ninguna obra se había siquiera empezado. Durante el gobierno de Julio César Turbay (1978-1982) se creó la Corporación Colombia-86 que pretendía conseguir los recursos para la organización del Mundial. Este ente contaba con un integrante importante: Carlos Cure Cure, que venía del riñón del Grupo Grancolombiano (uno de los más importantes conglomerados económicos). Pero Cure Cure, que representaba a la empresa cervecera Bavaria, no asistió a ninguna de las doce reuniones que llegaron a formalizarse. Todo se quedaba en palabras.

En 1980, Jaime Castro, uno de los miembros principales de la Corporación Colombia-86, presentó un anteproyecto de ley para crear la entidad comercial del Estado Colombia 86 para convocar recursos de la industria privada. El presidente Turbay no evidenció gran entusiasmado al respecto: "Quiero que se haga no tanto porque lo considere conveniente, ya que no es una de las prioridades importantes del país, sino por respetar la decisión del Parlamento". En Zúrich ya se habían encendido las luces de alerta. En agosto de 1981 llegó el ultimátum de Havelange: si al 10 de noviembre de 1982 Colombia no ponía en marcha las obras, la FIFA le quitaría la sede. Mientras, en la campaña electoral para las elecciones presidenciales de 1982, el candidato del conservador Movimiento Nacional, Belisario Betancur, advertía: "Ni un sólo centavo del presupuesto nacional para el Mundial de Fútbol".

Final entre Italia y Alemania Federal en el estadio
Santiago Bernabéu. Muchos ya pensaban en Colombia '86.
Dos semanas antes del inicio del Mundial España 1982, Betancur ganó las elecciones y la candidatura colombiana sabía que no contaría con el apoyo del Estado. Con una emocionante final en Madrid, Italia levantó el trofeo y el epílogo le hacía un guiño a un horizonte incierto: ya asomaba la cita para dentro de cuatro años. Pero en Colombia todo seguía en "veremos".

Al entusiasmo vital de los aficionados colombianos empezaron a caerles encima el peso y el precio de la realidad: para cumplir las exigencias de la FIFA, el Estado nacional debía cubrir costos altísimos que afectarían seriamente a su economía. La Copa había pasado de 16 a 24 participantes y la casa madre del fútbol exigía 12 sedes con estadios de más de 40.000 espectadores (dos de ellos con lugar para 60 mil y otros dos para 80 mil). Esa infraestructura estaba lejos de concretarse, como tampoco el requisito de que cada ciudad contara con un aeropuerto acorde a las normas internacionales, una conexión ferroviaria imposible para la geografía andina y rutas nuevas que unieran a las sedes. ¿Nada más? Sí, la FIFA exigía también que las comisiones para las agencias encargadas de vender entradas no podrían ser superiores al 10%. Havelange y los suyos la querían toda. Colombia entendió que estas exigencias eran un intento de violación de la soberanía nacional.

La falta de apoyo del sector privado fue determinante. Encabezados por el Grupo Santo Domingo y el Grancolombiano, los privados nunca concretaron con billetes el sostén que aparentaban en sus declaraciones. La única manifestación concreta fun una publicidad de Grancolombiano en la contrataba del álbum de figuritas Panini: "Apoyamos el Mundial Colombia 86". Demasiado poco. El país se tuvo que dar un baño de realidad. Dos semanas antes del plazo final impuesto por la FIFA, el 26 de octubre de 1982 el ya presidente Belisario Betancur brindó un discurso televisado que terminó con la ilusión de los aficionados.

"Anuncio a mis compatriotas que el Mundial de Fútbol de 1986 no se hará en Colombia, previa consulta democrática sobre cuáles son nuestras necesidades reales: no se cumplió la regla de oro, consistente en que el Mundial debería servir a Colombia y no Colombia a la multinacional del Mundial. Aquí tenemos otras cosas que hacer, y no hay siquiera tiempo para atender las extravagancias de la FIFA y sus socios", concluyó el mandatario.

Pese al dolor de perder la sede, los hinchas colombianos comprendieron que el país no estaba en condiciones de afrontar tamaña empresa. Las prioridades nacionales eran otras. Aunque algunos sectores sostenían que organizar una Copa del Mundo sería un gran empujón para hacer conocer las bellezas nacionales, dar a conocer el país en el exterior y atraer inversiones en el área del turismo, Betancur optó por destinar los fondos públicos a salud y educación.

El periodista colombiano Tito Puccetti hace una mirada retrospectiva a aquellas medidas que tenía un sustento razonable y llevaban promesas nunca complicas: “Es increíble, se entendía que todo el esfuerzo para conseguir la sede quedara de lado para priorizar la salud, la educación, modernizar al país... Al final, no nos volvimos modernos y no tuvimos el campenato del mundo”.

Oficializada la renuncia de Colombia y sin tiempo para nuevas postulaciones, la FIFA anunció que el 18 de diciembre de aquel 1982 su Comité Ejecutivo no tomaría una determinación y pospuso la decisión hasta el 18 de mayo de 1983, cuando se reunieran en Estocolmo, Suecia.
Allí se consensuó realizar el torneo en un país que ya tuviera toda la infraestructura lista, pues no se podían correr riesgos con solamente tres años por delante. Por iniciativa de Guillermo Cañedo, México solicitó la sede y aquel congreso de Estocolmo lo ratificó: Colombia '86 se convertía en México '86, pese a la férrea oposición ejercida por el influyente Henry Kissinger, quien fue Secretario de Estado de los Estados Unidos entre 1973 y 1977.

Alfonso Senior
La desilusión de Alfonso Senior se volvió inocultable: "El hombre mata lo que más quiere. La sede la conseguí en forma personal, pero así es… Colombia es un país enano al que no le quedan bien las cosas grandes. Y la empresa de realizar el Mundial es un compromiso grande. Hoy en día vale mucho dinero conseguir la sede para un país. Yo quería para Colombia algo de ese porte, y Colombia me falló".

El único de los estadios que Colombia logró inaugurar, semanas antes del comienzo del Mundial, fue el Metropolitano de Barranquilla. Ese estreno, el 11 de mayo de 1986, contó con un invitado especial: la selección argentina. La fiesta no tuvo goles; el partido terminó con un pálido 0-0 entre el Junior y el conjunto que comandaba Carlos Bilardo, que acumulaba así otro traspié camino a la Copa. Faltaban 18 días para el mundial... el mundial mexicano. 

CUANDO TODO PUDO CAMBIAR
El 2 de mayo de 1984 Austria venció a Chipre 2-1 en Nicosia en el primer partido de las eliminatorias rumbo a México. Durante ese año comenzaron los siete grupos europeos. El 15 de junio arrancó la zona Concacaf, con la victoria de Honduras 3-0 sobre Panamá, en Colón. Dos semanas después, el 30 de junio empezó a rodar la pelota en África con el triunfo de Marruecos 1-0 ante Sierra Leona, en Freetown. Y ya en 1985 se pusieron en movimiento Asia (enero) Sudamérica (marzo) y Oceanía (septiembre).  

Ya todos los continentes estaban definiendo su camino mundialista  cuando el jueves 19 de septiembre de 1985, a las 7:17 de la mañana, un violento terremoto de 8.1 en escala de Richter, sacudió a la Ciudad de México. A ocho meses del comienzo de la Copa del Mundo la capital, que por entonces ya superaba los diez millones de habitantes estaba sumida en un caos, con derrumbes, suspensión del transporte público, cortes a la circulación, y el doloroso rescate de las víctimas atrapadas en los edificios colapsados. La solidaridad del pueblo fue vital.

Aun conmueve el relato del periodista Jacobo Zabludovsky, desde la radio XEW mientras recorría distintas colonias de la ciudad en ruinas: "Tengo la tristeza de decir que estoy en presencia de uno de los más grandes desastres que he visto en la historia de la Ciudad de México desde que nací en ella". 


El movimiento sísmico tuvo epicentro en el océano Pacífico y sacudió también con alta intensidad a Michoacán, Jalisco, Guerrero, Morelos, Puebla, Tlaxcala y obviamente al Estado de México que circunda la capital. En medio del desconcierto y la desolación, mientras continuaban las tareas de rescate, a las 19:37 del día siguiente se dio una fuerte réplica del sismo, con magnitud de 7.5, que provocó la caída de veinte edificios más y agudizó el daño estructural de algunos otros endebles dañados por efecto del primer terremoto. 

Comenzó enseguida la reconstrucción. México comenzó a ponerse nuevamente de pie. Los doce escenarios para la Copa se mantuvieron sin daños y finalmente, aún con partes de la capital en ruinas, el 31 de mayo de 1986 el imponente estadio Azteca dio inició a la fiesta mundialista con 24 selecciones. Colombia había quedado en el camino. 

Lo que sigue es historia conocida. Así como en 1970 la Ciudad de México fue la elegida por el destino para albergar la consagración mayor de Pelé, el Coloso de Santa Úrsula fue testigo de la hazaña máxima de Diego Maradona.

La última reflexión de Tito Puccetti se tiñe de nostalgia, del sueño de sus compatriotas que pudo ser: “Hoy por hoy le duele a uno como colombiano… ¡Qué lindo hubiera sido que ese gol magnífico Maradona lo hubiera hecho en el Campín de Bogotá”.