jueves, 31 de diciembre de 2009

Resumen 2009 - Apertura: Banfield, los héroes del silencio

Sin figuras mediáticas, sin el ruido que suelen hacer los grandes, Banfield se quedó con el Torneo Apertura. Humildad, trabajo y goles uruguayos fueron las claves del título.

Artículo publicado en el Anuario ESPN 2009.
Por PABLO ARO GERALDES


Todo terminó donde había empezado. La historia de este Banfield campeón entre abrazos y lágrimas de alegría arrancó con festejos en La Bombonera entre cabezas gachas y hasta lágrimas de bronca.
Rivalidad sureña, pica de barrio. El título que Lanús festejó hace dos años en la cancha de Boca fue un puñal en el orgullo banfileño, un club que transitaba los mismos carriles de la prolijidad administrativa que su vecino.
Aparecieron los afiches granates, las cargadas, la insoportable vecindad solamente atenuada por la estación Remedios de Escalada. Y en la reclusión del silencio de Banfield hubo un juramento tácito, una promesa de venganza que se grabó en cada integrante del equipo, en cada dirigente, en cada hincha del Taladro.
Si Lanús había sido campeón, Banfield tenía que ser campeón.
Los nombres cambiaron en estos dos años. Cristian Lucchetti fue el mensajero, el encargado de transmitir ese dolor silente que había que revertir. Así, se renovaron los nombres pero la idea siguió viva. Cvitanich y Pavlovich le pasaron el mandato del gol a los uruguayos Santiago Silva y Sebastián Fernández.
Juan Manuel Llop se fue y le pasó la posta técnica al interinato Jerez-Barreiro. Asumió Jorge Burruchaga y se marchó al finalizar el último Clausura. Y llegó el momento de que Julio César Falcioni encaminara su segundo período en el club.
La idea se mantuvo, como una obsesión. "Si Lanús pudo, Banfield tiene que poder". Siempre en silencio, sin estar en los planes de nadie, Falcioni y sus muchachos encararon una pretemporada con mentalidad de campeón, esa que podría desglosarse en trabajo, convicción y constancia.
Su fútbol sólido fue creciendo escalón a escalón, a la par de un Newell's que mantenía el paso. Había licencia para soñar, pero a los equipos chicos el saber popular les pone el absurdo freno del "ya se va a caer". Los 113 años de historia del club hacían más pesada la carga, pero el primer título profesional se estaba gestando.
Desde la seguridad defensiva del arquero Lucchetti, con Víctor López y Sebastián Méndez por delante, más Barraza y Bustamante por los laterales. Desde la concentración del medio, llámese Bustos (hasta su lesión), Quinteros, Battión o Erviti, con la explosión adolescente del colombiano James Rodríguez en la creación y el poder de gol con sello montevideano encarnado en Santiago Silva y Sebastián Fernández.
Banfield marcó el ritmo al son de los tambores uruguayos. Los primeros 15 goles, hasta la fecha 12, tenían origen extranjero. Recién en ese partido contra Estudiantes marcó Erviti el primer tanto argentino.
Siguió creciendo sin hacer ruido hasta que tuvo que asumir su papel de candidato, luego de derrotar a Independiente en su nuevo Libertadores de América. La marcha firme lo tuvo invicto hasta la fecha 16, cuando cayó inesperadamente ante un Racing maltrecho. Pero se levantó y siguió, callado, su rumbo hasta la consagración final.
"Fuimos el mejor equipo, el que ganó en todas las canchas", repetía Falcioni en La Bombonera, mientras abandonaba por un día su gesto adusto para quebrarse en llanto. "Fue muy parejo, si era Newell's tambien hubiera estado bien. Lo importante para mí es haber logrado un título después de mucho trabajar y remar en esta institución que no lo había logrado nunca en su historia", resumía el ex arquero, flamante campeón en Argentina.
En medio de los festejos, a los 32 años, Sebastián Méndez hizo de este título el punto final de su fructífera carrera. Sumó 8 títulos con las tres camisetas argentinas que vistió: Vélez, San Lorenzo y Banfield. Desde su experiencia y velocidad, fue uno de los mejores centrales de este Apertura, jugó los 19 partidos y supo irse en la cima, un reflejo que pocos tienen.
Era la hora de romper el silencio. De mutar la reflexión en grito exaltado. Como los que profirió Silva, el goleador del torneo con 14 tantos. Y no fue un artillero por mera acumulación de goles; los que marcó fueron determinantes. De los 41 puntos que consagraron campeón a Banfield, 21 llegaron por tantos que anotó Silva. Más de medio título se le debe al uruguayo.
Su compatriota Sebastián Fernández, que estuvo a punto de irse y lo retuvo Falcioni, aportó tres goles. Ellos y el colombianito Rodríguez (3 tantos) anotaron el 80 por ciento de los gritos.
De aquel Lanús a este Banfield. Dos años; dos estaciones. Un campeonato, una revancha. Y un grito que rompió el silencio.

martes, 29 de diciembre de 2009

Resumen 2009 - Clausura: un campeón, dos ganadores

El Torneo Clausura culminó con un justo título para Vélez Sarsfield y el reconocimiento al juego brillante desplegado por el Huracán de Ángel Cappa. Dos maneras de vivir el fútbol.

Artículo publicado en el Anuario ESPN 2009.
Por PABLO ARO GERALDES


Por capricho del calendario, la última fecha del Clausura se transformó en una final ideológica. Porque Vélez Sarsfield y Huracán representaron mucho más que al Fortín y al Globo: se convirtieron en abanderados de dos maneras de ver, de entender y de vivir el fútbol.
Y los dos ganaron, como ocurrió, salvando las distancias, en la inolvidable final de la Copa del Mundo de 1974: Alemania se quedó con el trofeo; Holanda, con una de las páginas más brillantes de la historia por su Fútbol Total.
Vale repetirlo: salvando las distancias. Porque el uruguayo López no es Gerd Müller, porque Bolatti no es Neeskens... OK, se entendió.
Vélez fue un merecido y digno campeón de la mano de su efectividad, su elogio del número. Ricardo Gareca construyó un campeón de cimientos sólidos, una obra de ingeniería bien calculada. Los planos fueron simples y claros, y en la memoria descriptiva resaltan dos datos vitales: fue el que menos partidos perdió (apenas uno, ante Gimnasia) y el que menos goles recibió (13).
Una defensa montada con materiales nobles como Nicolás Otamendi, Sebastián Domínguez y Emiliano Papa; un refuerzo estructural interesante como Cubero, el detalle estético de Maxi Moralez y el remate iluminado de Hernán Rodrigo López, goleador del certamen con sus 11 tantos.
Huracán fue un brillante líder del Clausura hasta la última fecha, sustentado en su juego de toque y la irrenunciable vocación ofensiva. El tiki-tiki quedará como una marca registrada de Ángel Cappa, una obra de arquitectura que hizo impacto desde su estética. El resultado fue encantador, emocionante, pero también con esqueleto sólido: fue el que más partidos ganó (12) y el que más goles marcó (35).
Todos se compenetraron con la idea y la defendieron con un fútbol que sedujo a hinchas del resto de los equipos. Desde Araujo y Goltz, en el fondo, pasando por Bolatti y Toranzo, hasta Pastore y Matías Defederico, todos se compenetraron con el mensaje del DT.
El deslucido final incluyó todos los ingredientes de una película de suspenso. Desde las 48 mil personas que desafiaron el pico de la Gripe A y colmaron el José Amalfitani hasta una tormenta de granizo que paralizó el juego durante 20 minutos. Y después un arbitraje impresentable de Gabriel Brazenas, que desde aquella tarde gris no dirigió nunca más.
La infaltable violencia, el gol de Moralez y el título que se quedaba en Liniers... A su manera, los dos ganaron. Ambos fueron fieles a sus ideas y conquistaron cosas importantes.
"Estuvimos acordes a la historia de Vélez, porque este plantel mostró la garra y la actitud necesarias durante todo el torneo, como la tuvieron los equipos campeones con Bianchi", sentenció Gareca.
"Vine como un técnico y me voy como un Quemero. El tiki-tiki fue lo mejor que le pasó al fútbol argentino en 20 años. Nuestra identidad jamás murió, no la traicionamos", resumió Cappa en su emocionada despedida a través de la web.
Vélez metió su séptimo título en el historial. Huracán, en cambio, se metió en el corazón.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Entrevista a Ulises De la Cruz

"Antes de empezar la Copa Sudamericana dije que Liga estaba para grandes cosas. Hemos demostrado que es posible conseguir los mayores objetivos cuando hay un buen trabajo, serio". Las palabras del lateral derecho Ulises De la Cruz se alejan del triunfalismo y apelan a la sensatez. Tras casi una década en el fútbol británico, Ulises volvió a Liga de Quito, su antiguo club, para ganar la Copa Sudamericana 2009.

Entrevista publicada en la revista de la Conmebol, en diciembre de 2009.
Por PABLO ARO GERALDES

"Es una alegría enorme", agrega el experimentado jugador, que debió ver gran parte de la final fuera de la cancha ya que fue expulsado por el árbitro Carlos Amarilla.
-Fueron finales atípicas, ¿cómo vio la definición en Río?
-Fue un partido muy difícil, con un Fluminense volcado decididamente al ataque, porque sabían que tenían muchos goles en contra. Entonces propusieron un fútbol ofensivo y agresivo pero los cinco tantos que habíamos marcado en Quito a lo mejor los pusieron un poco nerviosos. Nosotros, en cambio, estábamos tranquilos a pesar de enfrentar a un equipo muy fuerte en lo ofensivo.
-¿Qué evaluación hace de Liga en el transcurso de la Copa Sudamericana?

-Llegar a la final y ganar un título no es consecuencia del último partido, es la sumatoria de todo lo que hemos hecho a lo largo de todo el torneo.

-Hace unas décadas, los equipos ecuatorianos era aquellos ante los cuales los demás hacían cuentas de diferencia de goles. ¿Qué cambió? ¿Cuál es la razón?

-Podría pensar que todo esto es producto del amor propio, de las ganas de ganar. Ecuador vivía un fútbol mediocre, y hubo y hay personas abocadas a dar un giro de 90 grados, a terminar con esa mentalidad negativa.

-Antes también habría amor propio, sólo que con eso no alcanza...

-Es verdad, eso siempre estuvo. Pero ahora se encaran las cosas de otra manera, más profesional, diría. Además, el jugador, sobre todo el de raza negra, ve en el fútbol una posibilidad de progresar, de ser alguien importante. Es una vía para dejar atrás las postergaciones, de crecer y poder ayudar a los hermanos más necesitados.

-En la campaña eliminatoria para Japón/Corea 2002 la afición ecuatoriana impuso un canto: "Sí, se puede". Y se pudo...

-Y se pudo. La calidad del jugador ecuatoriano ya estaba, todos la resaltaban. La diferencia con otros procesos estuvo en la unidad del plantel, en la meta común de futbolistas de distintas regiones del país.

-¿Qué diferencias encontró al volver a Liga una década después de marcharse a Gran Bretaña?
-En diez años noté un vuelco notable de credibilidad institucional, apoyo a los jugadores, respeto a los procesos de formación... En 1999 era imposible pensar en ganar una Copa Libertadores... ¡Ni soñando! Y hoy no sólo es una realidad: se le sumó la Sudamericana.

-Ésta la pudo festejar como protagonista, pero ¿cómo se vivió desde Inglaterra la Libertadores 2008?

-El fútbol ecuatoriano ya había marcado la pauta de su crecimiento en los Mundiales 2002 y 2006. Ya no hay más miedo ni timidez para enfrentar a brasileños o argentinos. Eso lo notan en Europa y se refleja en la cantidad de mis compatriotas que juegan hoy allí. El futbolista de mi país se para de igual a igual, no como años atrás, cuando esperaba el final del partido para cambiarle la camiseta al rival, después de perder.
-¿Cuál es el incentivo para un equipo que ya llegó a la cima?

-Cada día me despierto pensando en ser mejor. Y eso lo llevo al fútbol, con las mismas ganas que el primer día. Además, este equipo vivió una renovación desde que ganó la Copa Libertadores: se fueron Guerrón, Manso, Bolaños... La Recopa inyectó nuevas ganas y la Sudamericana es un justo premio. Yo siempre quiero más.

-¿Qué te enseñó el fútbol de Escocia e Inglaterra?

-La forma de vivir. En la vida todo lo que uno hace tiene que hacerlo bien. Dar lo mejor cada día, crecer. Me enseñó la honestidad en el trabajo diario, el compañerismo, el profesionalismo... Es un mundo aparte. Me gustaría mostrar en mi país eso: ser protagonista de un cambio. Por eso estuve dispuesto a soportar todo allá para abrir nuevas puertas a mis compatriotas.

-Allí aparece Fundecruz, su fundación...

-Claro, yo nací en el Valle del Chota, una de las zonas más pobres de Ecuador. Mi gente tiene muchas trabas y marginación. Yo quiero que tengan los mismos derechos que todos los ecuatorianos. Eso me quita el sueño. El fútbol me dio la oportunidad de tener un nombre y una posición para buscar influencias, para empujar. Tengo acceso a ministros, gente importante que puede ayudar. Cuando uno va a Inglaterra, el Primer Mundo, se da cuenta que el lugar de uno no es el Tercer Mundo, es el Noveno. Las injusticias son cosas de todos los días, y yo no miro para otro lado porque a mí me haya ido bien. Hoy hay ciento cincuenta familias que viven gracias a la fundación, ciento cincuenta niños que van a la escuela que creamos. Pusimos agua potable, que el pueblo no tenía, tienen su centro de salud. Y todo gracias a lo que me dio el fútbol.