lunes, 30 de septiembre de 2019

Campeones de la Copa Libertadores y de la Champions League

Solamente 8 futbolistas integran el selecto listado de campeones que levantaron la Copa Libertadores y la Orejona de la Champions League europea:

Dida 🇧🇷
Cruzeiro 1997 / Milan 2003 y 2007

Roque Junior 🇧🇷
Palmeiras 1999 / Milan 2003

Cafú 🇧🇷
São Paulo 1992 y 1993 / Milan 2007

Carlos Tevez 🇦🇷
Boca Juniors 2003 / Manchester United 2008

Walter Samuel 🇦🇷
Boca Juniors 2000 / Internazionale 2010

Ronaldinho 🇧🇷
Barcelona 2006 / Atl. Mineiro 2013

Neymar 🇧🇷
Santos 2011 / Barcelona 2015

Danilo 🇧🇷
Santos 2011 / Real Madrid 2016 y 2017

* También vale mencionar el caso de Juan Pablo Sorín: jugó medio partido en Juventus en la fase de grupos de la Champions League 1995/96. Fue ante Borussia Dortmund. Él pasó a River Plate y luego de su partida, Juventus se consagró campeón de Europa. Con River ganó la Copa Libertadores 1996.

 

viernes, 27 de septiembre de 2019

El fútbol en el Vaticano


La Ciudad del Vaticano es uno de los nueve estados soberanos que no forman parte de la FIFA. Es el país más pequeño del mundo, apenas si ocupa menos de medio kilómetro cuadrado en plena Roma.
El 20% de su territorio se lo lleva la Basílica y la Plaza de San Pedro, así que pensar en una cancha de fútbol es una utopía, pero sí se puede jugar puertas afuera.

En 1972 Sergio Valci, funcionario del Fondo de Asistencia Sanitaria de la Santa Sede, creó la Attività Calcistica Dipendenti Vaticani (ACDV, la "federación") y en ese mismo año se disputó el primer campeonato, entre doce equipos.

La ACDV cuenta con unos 250 afiliados, entre jugadores y dirigentes. Desde 1985 se disputa también una copa "nacional" y desde 2007 los ganadores de los dos torneos se enfrentan en la Supercoppa Vaticana.

La liga interna la componen equipos formados por sacerdotes y trabajadores de las diferentes instituciones. ¿Cuáles son estas escuadras? La Guardia Suiza, el Museo Vaticano, el Correo, el Servicio Técnico, la Gendarmería, la Radio Vaticana y el diario Osservatore Romano, por nombrar a algunos. Se juega cuando se puede, o mejor dicho “cuando Dios manda”, ya que las actividades religiosas son la prioridad del estado.

LA SELECCIÓN
La población del Vaticano apenas sobrepasa los 900 habitantes, pero no hay nativos, obvio. Así y todo, puede presumir de tener su propia selección "nacional", conformada por empleados y religiosos del Vaticano. La ACDV es responsable también de armar este seleccionado tan particular, sin jugadores nacidos en este territorio tan pequeño que ni puede tener su propio campo de juego: hace de local en la cancha Cardinale F. Spellman, del Oratorio di San Pietro, en Roma.
Nueva camiseta del seleccionado
del Vaticano

El debut internacional se produjo en 22 de noviembre de 1994, con un insulso 0-0 frente a San Marino, en la capital italiana. Su mayor victoria llegó el 3 de febrero de 2006, también "en casa", con un 5-1 sobre el modesto y amateur Sportverein Vollmond, de Suiza.

Los partidos más serios, que ya son casi un clásico, los disputa ante el seleccionado de Mónaco. Los del Principado están ejerciendo una incipiente paternidad: en 2013 vencieron 2-0 en Cap-d'Ail, Francia, y en 2014 repitieron el mismo resultado en Roma, con la cúpula de la Basílica de San Pedro de fondo:
Mónaco y Vaticano, en 2014
CLERICUS CUP
Desde 2007 se disputa cada año la Clericus Cup, un torneo organizado por el Centro Sportivo Italiano (CSI) en el que compiten equipos de los Colegios romanos, que son seminarios de la Iglesia Católica con sede en Roma. En la edición de 2010, por ejemplo, participaron jugadores de 65 países, la mayoría de ellos son seminaristas (y algunos sacerdotes también) brasileños, mexicanos, estadounidenses y, por supuesto, italianos.

Los equipos de la Clericus Cup.
Fue creada por el cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone, con el objetivo de "revitalizar la tradición del deporte en la comunidad cristiana" y en el Vaticano la consideran "el equivalente clerical de la Copa del Mundo", para proporcionar un ámbito de competencia atlética amistosa entre los miles de seminaristas que estudian en Roma.

Papa Francisco
Aunque sea imaginable un juego amable, libre de violencia, la realidad muestra que se trata de un torneo muy competitivo, donde no faltan las marcas férreas. Pero imitando al rugby, además de estimular el fair-play luego de cada partido se organiza un "tercer tiempo" bautizado como fair-pray (oración limpia) en el que los jugadores de ambos equipos además de saludarse tras el pitazo final se junta en la mitas de la cancha para una rezo de acción de gracias.

"El papa Francisco es mi capitán" fue el lema adoptado para la edición 2014, en la que 16 equipos compitieron por el ya tradicional trofeo del  Saturno, ese sombreo de ala ancha usado por el sumo pontífice.

El actual campeón es el Pontificio Collegio Urbano, que venció 2-0 en la final 2017 a la Pontificia Univeristá Gregoriana. Una lista de los equipos y sus colores aquí.


TODOS LOS CAMPEONES
2007 Redemptoris Master
2008 Mater Ecclesiae
2009 Redemptoris Master
2010 Redemptoris Master
2011 Pontificia Universitá Gregoriana
2012 Pontifical North American College
2013 Pontifical North American College
2014 Pontificio Collegio Urbano
2015 Pontificio Collegio Urbano
2016 Mater Ecclesiae
2017 Pontificio Collegio Urbano
2018 Pontifical North American College

El autor de este blog con la camiseta bendecida, en la Plaza San Pedro.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Un sábado de Contabilidad vs Naranjeros


Por PABLO ARO GERALDES

El fin del verano se percibe en el aire seco, suavemente caliente y puro que se respira en el pequeño Estadio Universitario de la UAQ, en la parte alta de Querétaro.

La bella ciudad del acueducto es una protagonista vital de la historia de México. Resumen las enciclopedias que "en 1810 Santiago de Querétaro fue sede de la conspiración en la que se fraguó el movimiento que a la postre llevaría a la Independencia nacional. En 1867 fue derrotado aquí, capturado y fusilado Maximiliano de Habsburgo por las fuerzas republicanas, restableciendo el régimen republicano en México. Y en 1917 fue sede del congreso constituyente que promulgó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que continúa vigente". Suena a importante, pero lo era aun antes del desembarco español.

Mucho antes de que México fuera México y de que el indígena otomí Conín se convirtiera al cristianismo y rebautizado como Fernando de Tapia fundase Querétaro en 1531, esta zona del sudeste del Bajío se llamaba "Ndamaxey”, que en la lengua otomí significa “lugar del gran juego de pelota”.

La voz no hacía referencia al fútbol, claro, sino al "Ullamaliztli”, palabra de la lengua nahuatl que designaba a un juego sagrado de pelota practicado en el valle central de México. Se jugaba con la cadera desde hace unos 3500 años y era tan popular entre aztecas, mayas y otras etnias que los arqueólogos han encontrado más de 2500 canchas en Mesoamérica.
En este conjunto escultórico del Códice Borbónico 27 se representa a cuatro jugadores
que simbolizan a cuatro deidades: Quetzalcóatl, Cihuacóatl, Cintéotl e Ixtlilton.
Pero 488 años después de su fundación, la ciudad sigue impregnada con ese espíritu que la nombró Ndamaxey. Septiembre de 2019 encuentra a los Gallos Blancos de Querétaro en la cima de la Liga MX, y la capital del estado no puede ocultar su orgullo: las camisetas azules y negras se cuentan por decenas entres los transeúntes que recorren la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro, declarada por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad, el Jardín de la corregidora, el Templo de San Antonio, el acueducto, la Fuente del Marqués o la Alameda Miguel Hidalgo. Ni hablar de los alrededores del estadio Corregidora, orgullo de los aficionados locales erigido para la Copa Mundial de 1986, a imagen y semejanza del colosal Azteca de la capital.

Pero siempre el fútbol más pasional es el que se vive desde las bases, el que surge de la afición pura, ese que tiene por recompensa el buen rato con amigos, la cerveza compartida al final del partido o, a lo sumo, un trofeo y una medalla esperando al final de la temporada.

Y ahí vale volver a la mañana de sábado que asoma calurosa en estadio de la UAQ, a ese césped que el sol pinta de verde y en el que los pajaritos encuentran semillas antes de que la pelota empiece a rodar. Porque es día de acción para la octava fecha de la Liga Burócrata Bancaria, la competencia que en su categoría Premier agrupa a 18 equipos desde hace más de un cuarto de siglo. "Todos aquí en Querétaro conocen a la Burócrata Bancaria, todos saben de alguien que la ha jugado, que conoce a alguien que haya participado, es toda una institución", comenta Paco Pérez, periodista del periódico AM de Querétaro.


Para disputar esta liga amateur, los equipos deben pagar una inscripción semestral o anual, que en este segundo caso tiene un descuento que la deja en $6000 (unos 300 dólares). Además, antes de cada sábado se abona el arbitraje por adelantado. Cada conjunto tiene que aportar dos balones.

La tribuna, la única, vacía, se convierte en refugio para soportar el solazo que pega, ya inclemente, sobre el predio de la Universidad Autónoma de Querétaro. Allí, al amparo de la sombra empiezan a llegar los muchachos que hacen de los escalones su vestuario. Reencuentros, bromas, caras de sueño todavía. En un sector se reparten las camisetas verdes con vivos naranjas: son las que el Ajax holandés usa como alternativa, pero aquí no las visten Klaas-Jan Huntelaar ni Daley Blind, no, son los jugadores de Naranjeros, el primer equipo en arribar. Una botellita de agua fresca circula de boca en boca, pero también algún cigarrillo ameniza la espera del encuentro ante Contabilidad, el rival de la mañana. El faso le acentúa la estampa ruda de James Dean a este jugador que se calza la playera número 12 y a quien sus compañeros llaman "el rumano".

Un hombre, solo, se cambia en el extremo más alejado de la tribuna. Es Roberto Gutiérrez García, el árbitro que lleva 25 años en la liga y a quien todos conocen y respetan.

Rezagados, ¿dormidos?, van apareciendo de a uno los futbolistas de Contabilidad, todos estudiantes que conforman el único equipo de la liga que representa a una facultad. La tardanza tiene su explicación: "varios de sus jugadores vienen de disputar más temprano un partido por otra liga", cuenta Hugo Mata mientras se viste presuroso con la casaca blanca. Su compañero Marco Polo Escamilla agrega: "algunos juegan con el equipo Campus Cadereyta, que también pertenece a la universidad".

Contabilidad apenas junta ocho jugadores. El juez demora todo lo que puede el inicio, pero ya no puede esperar más, van doce minutos de retraso y hay que comenzar. Para compensar, anuncia que el primer tiempo durará solo 40 minutos. Y así, con la notable desventaja de tres hombres menos, arranca el juego.

El espíritu amateur lo impregna todo. A las relucientes camisetas adidas de Naranjeros se le contrapone la desprolija vestimenta de Contabilidad: algunos lucen una casaca blanca con mangas azules con la sigla UAQ-FCA que da cuenta de la Facultad de Contabilidad y Administración. Pero otros visten un curioso mash-up, un híbrido entre una playera alternativa de Italia, indisimulablemente trucha (o chafa, como le dicen en México) con un inexplicable escudo del Liverpool inglés. 

La diferencia numérica amenaza con una "masacre" futbolística, no habrá forma de soportar los noventa minutos -bueno, ya se pactó quitarle 5' a la primera mitad-, pero los desperdigados y voluntariosos ocho hombres de Contabilidad compensan con su juventud.

La mañana avanza, el sol sube y los jugadores siguen llegando con el partido empezado: no importa si son titulares o suplentes, "rápido, a cambiarse y a la cancha", grita Felix Chávez, el profesor de la Universidad, lleva 25 años entrenando al equipo de Contabilidad. Pero Chávez no es más Chávez sino el Tuca Ferretti. No porque su conocimiento táctico lo asemeje al brasileño sino porque es evidente su parecido con el técnico de Tigres UANL.

El falso Tuca se roba la escena entre los presentes, en su mayoría estudiantes que cursan el Diplomado de Periodismo Deportivo de la UAQ. Otros señalan que es idéntico a Hernán Hernández, el bajista que integra la banda Los Tigres del Norte desde su inicio, en 1968. Pero él, el Tuca, porque ya es para todos el Tuca, está muy metido en el partido pero relojea la tribuna con la esperanza de que sus muchachos vayan llegando.
Félix Chávez, el Tuca.

Aparece uno con el casco de la moto todavía puesto, y se cambia el calzado a las apuradas. Para ponerse la playera número 8 tienen que quitarse el casco, obvio... e ingresa al campo de juego a los 8'.

Naranjeros domina y aprovecha los huecos que generan la ausencia de rivales. En su primera llegada de riesgo, un bombazo deposita uno de los balones sobre la avenida 5 de febrero que bordea un lateral. Quedan tres pelotas, hay que cuidarlas.

Recién a los 10' se completan los once de Contabilidad, con un segundo número 9. Enseguida lo advierte el Tuca, "ya hay otro nueve hey, cámbiate". Y se pone una camiseta con el número 100.

La tribuna está poblada por los estudiantes que toman notas, los jugadores suplentes que prefieren seguir las acciones desde allí y no desde las bancas sometidas al impiadoso rayo del sol, del otro lado de la cancha, y unas diez personas más, casi todos familiares de los protagonistas. Los Naranjeros, mayores que sus rivales, son acompañados por sus hijos. Y en el caso de Iván Olbera, tiene en la grada a su padre José y a su hijo Esteban, de seis años.

Con los veintidós, el juego se vuelve más parejo, pero a los 19' se produce el primer cambio en Contabilidad: el 25 reemplaza al 6: es evidente que algunos de los buenos llegaron tarde y empezaron con los suplentes. Las cosas van poniéndose en su lugar. Siempre suele ser así. "A veces tuvimos que improvisar porteros, está cabrón. Al rato no llegan", cuenta Gerardo Luna, ese número 6 que acaba de dejar el terreno.

El partido va y viene, por momentos se torna entretenido, pero en otros cae en un aburrimiento que distrae a los novatos cronistas. Detrás de una de las porterías lucen en fila atriles con fardos de hierbas: son dianas, o blancos para el tiro con arco. Y de pronto empiezan a aparecer los aprendices de esta práctica deportiva y surge el humor negro: lo último que falta es que seamos testigos de la muerte de un arquero a manos de otro arquero.

Ya son parte del paisaje, el fútbol sigue. Tiro libre para Contabilidad, el 12 ejecuta mientras los Naranjeros ensayan una poco ortodoxa barrera de cinco hombres más un sexto que cubre, acostado, el  vacío que se produce cuando todos saltan. Métodos psicodélicos.

El balón rebota en esa valla humana y sigue el juego. No pasa nada, no hay peligro tampoco cuando el 9 de Naranjeros se escapa solo por la banda izquierda y sus compañeros lo alientan: "llévalo wey, no te alcanza"... pero lo alcanzan. Y primer tiempo se termina puntualmente a los 40, como lo pactaron.

El disperso descanso de Naranjeros.
El descanso es eso: un descanso para todos. Alguna que otra indicación técnica, pero nada más. Todo se acomoda en esos minutos, ya que estos equipos no se juntan a entrenar, solamente se encuentran los sábados y juegan. Por eso, esos minutos compartidos son tan importantes para corregir algún error del juego pero más para retomar el contacto de un grupo que más que compañeros son amigos.

El entretiempo tiene a la tribuna con más gente que nunca, ya que no hay vestuario. Allí, entre los protagonistas se entremezclan los estudiantes y aprovechan para hacer preguntas. O para derribar mitos. Uno tira una referencia: "se llaman Naranjeros porque son financiados por los dueños de las fincas de cultivos de naranjas, ponen mucho dinero, incluso cobran". Suena bien, suena lógico, pero el cultivo de la naranja es más propio de Veracruz, ¿será cierta la versión?. Es hora de preguntar y la respuestas llega con el guanajuatense Patrick Jiménez, que desmiente la especie: "todos somos amigos que nos conocimos jugando en otro equipo, un equipo que no tenía nombre. Después de un juego, mientras hacíamos la recuperación, uno apareció con un saco de naranjas. Nos reímos mucho del momento, era extraño, todos comiendo naranjas... y ahí surgió ponernos Naranjeros, es muy gracioso, pero se termina ahí la anécdota".

De vuelta al rectángulo verde. Se luce el 15 de Naranjeros es un delantero desgarbado al que llaman "el güero", que significa "el rubio". Es un jugador que resalta del resto por su estampa, lo mismo que nuestro "James Dean", un malhumorado crack de cabotaje que se hace respetar. Naranjeros está mejor plantado, pero el cronómetro avanza y el olor a 0-0 se hace cada vez más fuerte.  Hay seis cambios por equipo y los dos conjuntos que terminan son muy distintos a los que comenzaron.

El capitán de Naranjeros en la segunda parte es el 16, un defensor central con algo de sobrepeso pero prestancia: Toño es un Beckenbauer queretano. Pero la figura del encuentro es "el púas", el arquero de Contabilidad. Todos lo alientan, lo aclaman en la tribuna. Hay que averiguar cómo se llama ese muchachito y recorremos la grada preguntando a los compañeros; todos le dicen "el púas", pero aunque hace años que juegan juntos, no saben su nombre: "pues, el púas, y ya"... Otro, aliado de la tecnología, busca desde su celular, se mete en Facebook y aporta un dato más: "dice Luis". No es mucho. Luis, "el púas", entonces.

Camisetas distintas pero números
repetidos en Contabilidad. 
El reloj entró en zona roja, tiempo cumplido. A los 4' de adicional del segundo tiempo llega el gol que le daría la victoria a Contabilidad. Una jugada de combinaciones que termina con un centro del 25 para que defina el 25. Sí, otra vez hay camisetas repetidas, pero nadie lo había advertido. Alejandro Zuriel es el 25 que lanzó la asistencia; Giovani Hernández, el autor del gol que iluminó el mediodía.

Los estudiantes se encuentran con un desenlace fantástico, parece guionado. ¿Habrá alguna mano celestial que pergeñó esta victoria sobre la hora?

El Púas, portero de Contabilidad
y figura de la cancha.
Queda una jugada más, la última: Hugo Mara lo "raspa" al Rumano y este reacciona con un empujón. La caballerosidad de todo el encuentro se termina con la reacción del James Dean mexicano. Se genera un tumulto que el oficio del árbitro disuelve rápidamente. Sigue el juego, segundos finales, un tiro que se va largo y el silbato que marca el final. Se terminó. Abrazos de un lado, decepción del otro, pero sin dramas.

Los victoriosos posan para una foto grupal. El Tuca los alienta a sonreír: "Vamos, muchachos, no siempre viene tanta gente a vernos". La alegría de los futuros contadores se contagia.

Al lado es distinto. Con esta caída Naranjeros sigue en el fondo de la tabla de posiciones con apenas 1 punto, producto de un empate y siete derrotas. El DT Jesús Landaverde reflexiona: "nadie quiere equivocarse" pero "cuando tienes una mala racha es porque el equipo no entiende en qué se está equivocando".

Habrá tiempo para mejorar. O no. Así es el ritmo de la Liga Burócrata Bancaria, una de tantas miles que alrededor del planeta renuevan cada semana el espíritu amateur del fútbol, ese que lo hace el mejor juego del mundo. Una liga en la cual no es necesario ser un "exitoso" en la vida para conocer el sabor del triunfo y donde se puede perder sin sepultarse bajo el pesado cartel del "fracaso".

Ya lo escribió el argentino Alejandro Dolina en su glorioso texto Instrucciones para elegir en un picado: "Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con extraños o indeseables".

Hasta el próximo sábado.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Boca-River: Un siglo de Superclásicos

Un repaso a los hitos del derby argentino: récords de presencias, goles y nombres que están en la historia.

Artículo publicado en ESPN Magazine, en agosto de 2013. (Datos actualizados al 23 de octubre de 2019)
Por PABLO ARO GERALDES

"Numerosa concurrencia asistió ayer por la tarde a la cancha del Club Atlético Racing, en Avellaneda, a presenciar el partido oficial, que por el campeonato de primera división de la Asociación Argentina de Football, jugaron los primeros cuadros de los clubes River Plate y Boca Juniors", comenzaba su crónica el diario La Prensa, reseñando el partido del 24 de agosto de 1913, sin informar el resultado. Nadie lo sabía, claro, pero era un acontecimiento histórico, que marcaría parte de la cultura del ser nacional.

Era la primera vez que se enfrentaban los vecinos de La Boca y River se impuso por 2-1, con goles de Cándido García y Antonio Ameal. Marcos Maier anotó para Boca Juniors. Al final, varios jugadores se tomaron a golpes de puño y una gresca entre hinchadas terminó con una bandera xeneize consumida por el fuego. Un violento bautismo que marcó para siempre la rivalidad. Quien ganara el clásico sería el “dueño” del barrio y algo más. Pronto el clásico trascendió a La Boca; se extendió por toda Buenos Aires y se conoció en toda la Argentina.

Un siglo transcurrió desde entonces. El historial marca 374 partidos, con 134 victorias para Boca, 124 para River y 118 empates. Aquel gol de Cándido García fue el primero de 452 gritos riverplatenses, hasta el último, de Ignacio Fernández. De todos modos, la ventaja en este rubro es de los primos: 490 goles azul y oro.

Durante el amateurismo se enfrentaron en 13 ocasiones, con 5 triunfos de River, 3 de Boca y 5 empates. Sin embargo, en ese período de 1913 a 1930, Boca marcó más goles: 18 a 16.
Desde que empezó la era profesional en la Argentina, en 1931, jugaron 203 partidos por torneos organizados por la AFA: Boca ganó 74, River 66 e igualaron 63. El saldo de goles es de 275-261 a favor de los xeneizes.

Por la Copa Libertadores se cruzaron 30 veces, con 11 victorias de Boca, 9 de River y 10 empates (uno de ellos, en 2015, suspendido antes de empezar el ST, iban 0-0). En los arcos, Boca marcó 33 y River 28. En la Copa Sudamericana se cruzaron en 2014, con un empate 0-0 y una victoria de River 1-0. Otra Copa oficial que los puso frente a frente fue la Supercopa Sudamericana 1994 con dos empates (0-0 y 1-1, Boca se impuso por penales para avanzar a semifinales).

Por último, jugaron 124 amistosos (y a veces no tanto): Boca ganó 46, River 41 y salieron igualados en 37. En este ítem Boca también aventaja en el saldo goleador: 163-145.

El equipo de River Plate que ganó el primer clásico oficial, en 1913.

LOS RÉCORDS DEL SUPERCLÁSICO

MÁXIMO GOLEADOR DE BOCA JUNIORS
Con 10 goles en 7 Superclásicos disputados entre 1960 y 1964, el brasileño Paulo Valentim tiene el honor de ser el jugador de Boca que más le marcó a River.
Le siguen en la lista: Martín Palermo (9), Hugo Curioni y Osvaldo Potente (7), Francisco Varallo, Alfredo Rojas y Diego Latorre (6).

MÁXIMO GOLEADOR DE RIVER PLATE
Con 16 tantos en Superclásicos jugados entre 1939 y 1956, Ángel Labruna sigue siendo el delantero de River con más anotaciones frente Boca y también el máximo artillero de la historia de este partido.
Detrás de él aparecen: Oscar Mas (12 goles), Carlos Morete (9), Norberto Alonso y Félix Loustau (ambos con 6).

RÉCORD DE PRESENCIAS CON BOCA JUNIORS
Con 37 Superclásicos disputados entre 1960 y 1972, el lateral izquierdo Silvio Marzolini es quien más veces enfrentó a River con la camiseta azul y amarilla.
En su saldo personal registra 14 victorias, 14 empates y 9 derrotas. No marcó goles.

RÉCORD DE PRESENCIAS CON RIVER PLATE
El volante central Reinaldo Merlo jugó 42 Superclásicos entre 1969 y 1983 y es quien que más veces enfrentó a Boca con la banda roja y quien registra mayor cantidad de presencias en la historia del clásico.
Ganó 15, empató 14 y perdió 13. No hizo goles.

RÉCORD DE GOLES
El 15 de octubre de 1972, por la primera fecha del Torneo Nacional, River venció a Boca 5-4 en el Superclásico con más goles de la historia: nueve. River hizo de local en el estadio de Vélez Sarsfield.
Los goles de River fueron de Ernesto Mastrangelo (1’), Oscar Mas (9’, 57’) y Carlos Morete (62’, 90’). Para Boca marcaron Hugo Curioni (24’), Ramón Mané Ponce (42’) y Osvaldo Potente (45’, 51’).

MÁXIMA GOLEADA XENEIZE
El 23 de diciembre de 1928, Boca superó a River 6-0 en su vieja cancha de madera, redondeando la mayor goleada de la historia del Superclásico.
Los tantos los marcaron Domingo Tarasconi (3’, 40’), Esteban Kuko (30’, 55’) y Roberto Cherro (70’, 82’).

MÁXIMA GOLEADA MILLONARIA
El 19 de octubre de 1941, River logró su mayor victoria sobre Boca, cuando lo venció 5-1.
Los goles fueron obra de Ángel Labruna (11’), José Manuel Moreno (39’), Aristóbulo Deambrosi (43’, 56’) y Adolfo Pedernera (75’). Mario Boyé (89’) descontó para Boca.

EL GOL MÁS RÁPIDO
El 5 de mayo de 2013, Manuel Lanzini marcó para River el gol más tempranero de la historia del Superclásico, cuando el cronómetro marcaba apenas 43 segundos de juego, en La Bombonera.
Superó al que el 15 de abril de 2007 había anotado Pablo Ledesma, a los 49 segundos.

* Se computan partidos oficiales.