viernes, 19 de julio de 2019

Eduard Dubinski, mártir mundialista

En 1954 el ucraniano Eduard Dubinski (Едуард Дубинський en ucraniano o אדוארד דבּנסקי, tal su nombre judío) arrancó su carrera como primer defensor central en el Lokomotiv Kharkiv, el equipo de su ciudad natal. Al año siguiente pasó al ODO Kiev, en 1956 al ODO Sverdlovsk hasta que en el '57 se incorporó al CSKA Moscú, en la capital soviética.

En 1961, sus actuaciones en el CSKA le abrieron las puertas a la Selección de la URSS, la misma que un año antes se había quedado con la primera edición de la Eurocopa al derrotar en la final a Yugoslavia. El gran desafío apuntaba a Chile, donde se realizaría la Copa del Mundo 1962. Pero allí empezaría su drama personal.

Yashin detiene la llegada de
Erkovicha. A la izquierda,
Dubinski y Neto.
En la tarde del 31 de mayo la ciudad de Arica esperaba por el debut de la Unión Soviética contra los yugoslavos, un partido que desde el día del sorteo se había promocionado como una revancha de la final de la Eurocopa. Si se anhelaba una exhibición entre el poderío soviético y la magia con el balón de los balcánicos, la realidad fue totalmente opuesta. Ese fue el primer capítulo violento de un certamen marcado por los golpes y el juego sucio. La URSS ganaba 1-0. Antes del descanso, Dubinski salía jugando desde el fondo, en una acción sin peligro alguno, cuando el delantero bosnio Muhamed Mujic le salió al cruce y con una violencia inusitada le quebró la tibia y el peroné de la pierna izquierda.

Viktor Kanevskyi y Lev
Yashin lo levantan.
El árbitro alemán Albert Dusch no vio la agresión, tampoco sus linesmen, por lo que Mujić, quien además era el capitán, no fue expulsado. Pero, indignados, fueron los propios yugoslavos quienes decidieron echarlo de la cancha. La delegación lo mandó de regreso a su país. Mujić no volvería a vestir nunca más la camiseta de la selección, pero Dubinski era llevado al hospital, con su impresionante fractura expuesta.

Los golpes siguieron y el georgiano Slava Metreveli, de la URSS, terminó con 12 puntos de sutura. Los soviéticos ganaron 2-0 y el formidable arquero Lev Yashin salvó el resultado en dos disparos de Dragoslav Sekularac y Milan Galić.

Pasado el Mundial, Dubinski se recuperó en Moscú y volvió a jugar en el CSKA, hasta 1964, año en el que pasó al KFK YuGV húngaro. La Selección ya había quedado atrás. Retornó a Ucrania en 1966 para sumarse al SKA Odessa y siguió dos temporadas más con la camiseta del Metallurg Lipetsk, en Rusia. Allí su carrera se terminó dolorosamente: tenía 33 años, podía seguir, pero aquella salvaje agresión de 1962 volvió a escena: la mala curación de la fractura le causó un sarcoma (una forma de cáncer) que tras varias cirugías derivó en la amputación de la pierna.

Estaba condenado a una silla de ruedas por el resto de su vida. Pero fue por muy poco tiempo. El 11 de mayo de 1969, a los 34 años murió por complicaciones derivadas de aquel fault asesino de Mujić.
Sus restos descansan en el sector 23 del cementerio Vagankovsky de Moscú. Nunca le faltan flores.

martes, 16 de julio de 2019

Maracanazo - En julio no se festeja el carnaval

El genial escritor Eduardo Galeano recordaba al Maracanazo como "la jodida tentación de dormir el sueño de la eterna nostalgia. Porque la nostalgia es más cómoda que la esperanza"
Artículo publicado en la revista El Gráfico, en marzo de 2002
Por PABLO ARO GERALDES


Europa empezaba a curar las heridas del holocausto, a ponerse lentamente de pie, mientras en Sudamérica el fútbol seguía vivo. Los campeonatos Sudamericanos eran una pasarela interminable de figuras a las que les faltó la consagración en un Mundial.

Tras el horror de la guerra, la FIFA volvió a reunirse en el Congreso de Luxemburgo de 1946. Brasil fue el único que presentó una postulación para organizar el Mundial siguiente, que todavía no tenía fecha. En ese mismo encuentro se decidió ponerle a la copa el nombre de Jules Rimet, en homenaje al presidente de la entidad, impulsor de la creación de los mundiales. Y los ingleses terminaron por darse cuenta que su orgulloso aislamiento no servía de mucho y volvieron a integrarse a la FIFA. Se resolvió que el Torneo Interbritánico, el “Home Championship”, sirviese como eliminatoria, con dos clasificados. La pelota estaba lista para volver a rodar.

En 1947 la Comisión Técnica puso fecha: se jugaría en Brasil en 1950. Pero la Argentina, en medio de su época futbolística más gloriosa decidió no participar. En 1946, un partido ante Brasil en la cancha de River terminó en una batalla campal, resintiendo las relaciones deportivas entre los dos países. Ese era un argumento. Otro apareció en 1948: los jugadores reclamaban mejores salarios y ante la negativa de los clubes se declararon en huelga. Al mismo tiempo llegaba una noticia curiosa: Neil Franklin, centrehalf de la selección inglesa, dejaba el Stoke City para ir al Millonarios de Bogotá. Algo extraño pasaba. El fútbol colombiano no estaba dentro de la FIFA y empezaba a “capturar” a los mejores jugadores, que al estar fuera del sistema, no necesitaban el pase de su club de origen. Colombia les ofrecía dinero en cantidades impresionantes, especialmente el Millonarios (financiado por Alfonso Senior, un rico comerciante) y hacia allí partieron Pedernera, Rossi, Di Stéfano, Pontoni, Báez, Perucca… En unos meses Colombia se transformó en el Edén.

Los clubes argentinos perdieron a sus figuras, las que por jugar en Colombia, tampoco podían integrar la selección. Algunos sostenían que ante la imposibilidad de enviar un equipo poderoso y asegurarse un papel digno, el gobierno de Perón prefirió la ausencia argentina, para no cargar con el desgaste político de una derrota. No fue la única baja del torneo. Alemania, la potencia derrotada en la guerra, estaba sancionada y no podía participar. Detrás de lo que Churchill bautizó como “Cortina de Hierro” quedaban grandes del fútbol como Hungría y Checoslovaquia, y un gigante que todavía estaba creciendo, la Unión Soviética. Los países comunistas se auto excluyeron. Tampoco estaría Austria.


El 4 de mayo de 1949 el Torino, absoluto dominador del calcio y poseedor de nueve titulares de la selección italiana, volvía de Lisboa, en una de las tantas giras que realizaba para dar exhibición de buen fútbol. Quizá la derrota ante el Benfica había sido un mal presagio, pero el avión FIAT luchó todo lo que pudo contra la tormenta impiadosa. Ya estaba por llegar, pero sus alas se vencieron frente a la colina de Superga.
“E morto il Torino”, fue el título que leyó toda Italia. No sólo los turineses lloraban a sus ídolos, el país perdía a su selección. Un doloroso adiós al arquero Bacigalupo, los defensores Ballarin y Maroso, los centrocampistas Rigamonti y Grezar, los delanteros Menti, Loik, Gabetto y Valentino Mazzola. Con la trágica noticia, se diluyeron las altísimas expectativas que los italianos tenían en el Mundial y quedarse para siempre con la Copa, que sería conservada por el primer tricampeón.

Los escoceses ganaron su lugar escoltando a Inglaterra en el torneo británico, pero renunciaron porque su honor no les permitía salir segundos. Cerca del comienzo le ofrecieron su plaza a los franceses, pero declinaron la invitación. Por Asia se inscribieron Birmania, India y Filipinas, pero las tres se bajaron solas. Turquía superó a Siria y Palestina pero no asistió al Mundial por motivos económicos.

Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay debían jugar su eliminatoria en Río de Janeiro, algo que había sido decidido por la FIFA a pedido de Brasil, como un testeo de la organización. Cuando llegaron a la cidade maravilhosa, uruguayos y paraguayos se encontraron con la sorpresa que Perú y Ecuador habían desistido, lo que automaticamente los clasificaba. Para aprovechar el viaje ambas selecciones disputaron un amistoso y Paraguay ganó 3-2.

Uruguay combinaba la experiencia del arquero Roque Máspoli y Obdulio Varela con la juventud habilidosa de Pepe Schiaffino, Míguez o Ghiggia. Había confianza, tanta que no llevaron al máximo descubrimiento charrúa de los últimos veinte años, Walter Gómez, de River.

Quedaron 13 participantes. ¿Supersticiosos? En 1930 había pasado lo mismo y el torneo terminó con la victoria de los anfitriones, no había nada que temer.

MANOS A LA OBRA
En el Congreso de Londres, en 1948, Brasil expuso su postura: le parecía absurdo utilizar el sistema de eliminación directa, como en el 34 y el 38. ¿Qué incentivo tendría para participar un país que necesitaba tres semana de viaje si podía quedar afuera tras 90 minutos? Pero la FIFA persistía y Brasil amenazó con renunciar al Mundial. Al final, la idea brasileña se impuso: se dispusieron cuatro grupos y cada ganador pasaría a la ronda final. Es decir que en una liguilla por puntos se tendría al campeón, sin partido final.

“Tendremos el estadio más grande que la humanidad haya conocido”, decía el comunicado de la Confederación Brasileña. Con menos de dos años de anticipación empezaron las obras en la ribera del riacho Maracaná, de un estadio techado para 200.000 personas. El país apostó todo al Mundial. Algunos ministros se mostraron indignados al enterarse que Flavio Costa, el técnico, cobraba 5.000 dólares por mes, pero la decisión gubernamental era apoyar con todo. Sin Brasil campeón, ningún esfuerzo tendría sentido.

Se contrató una lujosa residencia en los alrededores de Río, donde el plantel residiría cuatro meses. Nada se les podría escapar. Hasta se racionaron las visitas de las esposas. A las diez de la noche había toque de queda en la casa: nada de cachaça, sólo jugos vitamínicos había. Pero pronto el régimen se empezó a flexibilizar. Comenzaron las visitas de parientes, de amigos, de famosos, de políticos “influyentes”, de políticos en busca de renombre, de vecinos… Las salidas empezaron a multiplicarse, primero de manera solapada; al final no había ninguna seriedad.

Al acercarse la fecha de inicio, era evidente que el gigantesco estadio no iba a estar terminado. Entonces el gobierno movilizó 1500 soldados para colaborar en los trabajos. Se “concluyó”, pero es un decir, ya que sólo tenía el campo de juego y las tribunas. Los accesos seguían en obra, los vestuarios eran precarios y no había palco para la prensa. La habilidad de los organizadores consiguió que se habilitara, pero la obra recién se completó en 1951.

GIRA LA BOLA
El 24 de junio, Brasil y México (foto) salieron a darle vida al monstruo de hormigón. Hubo un partido de fútbol, sí, que terminó 4-0 a favor de los anfitriones; pero esa tarde se vivió otra cosa. Una fiesta de verdad, con el termómetro marcando tropicales 28º. Por la inauguración del Maracaná, y por el primer paso hacia el festejo final, que seguro sería para los brasileños. La pirotecnia que rodeó al encuentro era algo nunca visto hasta entonces y llegó a asustar a los mexicanos, partenaires obligados de una celebración ajena.
En ese partido se estrenaron los números en las espaldas, una innovación introducida por la FIFA destinada a identificar mejor a los jugadores.

Al mismo tiempo, en Curitiba, la sorpresa invadía a todos los que esperaban una goleada de España sobre un equipo inmigrantes que jugaba con la camiseta de los Estados Unidos (foto). Zarra, Basora y compañía eran verdaderas figuras del fútbol europeo, pero necesitaron más de 70 minutos para superar a los yanquies, que se habían puesto en ventaja a los 12’ por medio de Souza. Al final fue 3-1 para los españoles, pero el representativo norteamericano había mostrado que no era ningún “rejunte”.

Por el mismo grupo, Inglaterra hizo su debut en los Mundiales superando a Chile por 2-0, sin la presencia de Stanley Matthews.

Los ingleses sentían que le hacía un favor a la competencia con su presencia, convencidos de su superioridad absoluta. Por primera vez, la Liga Inglesa nombró a un técnico, Walter Winterbottom, ya que en las siete décadas de su historia la selección se había formado por un Honorable Comité que citaba a los jugadores por correo, estos se juntaban en el vestuario y salían a la cancha.

Las apuestas lo tenían en segundo lugar, detrás de los locales, pero en la cancha el fantasma inglés no mostró nada como para temerle; salvo un par de elementos, no tenía picardía y su dominio del balón no era gran cosa.

Como sólo clasificaba a la ronda final el primero de cada grupo, los chilenos (foto) tenían que ganarle a España, mientras los ingleses calculaban cuántos goles le harían al pobre conjunto estadounidense. A los norteamericanos los dirigía Bill Jeffrey, un escocés “traidor”, que no se entregaría sin luchar al máximo ante el rival de toda la vida. Su equipo tenía apellidos belgas, portugueses, italianos, irlandeses, pero todos sentían amor por la bandera de las rayas y las estrellas. Mientras, los ingleses venían de ser agasajados en la mina de Morro Velho, explotada por firmas británicas, cuyos dos mil trabajadores los alentarían en las tribunas del Mineirão. Había tanta confianza, o subestimación de los yanquies, que la noche previa la tuvieron libre. Total...


A los cinco minutos Inglaterra ya había disparado ocho veces al arco, pero Borghi, el arquero, respondía. La presión era absoluta, Estados Unidos no podía cruzar la mitad de la cancha; recién atacó por primera vez en el minuto 39. Más que ataque fue un pelotazo, el que Bahar disparó de larga distancia. Pero superó al arquero Williams y Gaetjens, que venía al trote por la izquierda, alcanzó a poner la cabeza para rozarla.

Más que cabecear, le pegó en la cabeza y el buen hombre, nacido en Haití, se encontró de golpe festejando un gol que él le había hecho a Inglaterra. No lo podía creer. Menos cuando el reloj siguió su marcha y los 90 se consumieron en medio del asedio estéril de los ingleses y la locura de las tribunas, que esa tarde, como tantas, se habían inclinado por el más débil. La hazaña se había consumado y tampoco los periodistas podían creerlo. El pueblo de Belo Horizonte invadió la cancha para llevar en andas a los norteamericanos. “England 0 - USA 1”, decían los télex que los enviados especiales despachaban a Europa. “Transmisión errónea, rectifique resultado”, respondían desde Londres. Con las comunicaciones todavía lentas, un diario británico supuso que sería “England 10 - USA 1”, y así tituló al día siguiente. Gaetjens se convirtió en un personaje tan popular que meses después firmó para el Racing de París. Cuando llegó a Francia le confesó a los periodistas: “nunca tuve ciudadanía norteamericana”.

Como España venció a Chile, la clasificación la pelearían, en el Maracaná, España e Inglaterra, con la ventaja de que un empate le daba el pase a las finales a los españoles. En la jornada final del grupo 2, todo volvió a la normalidad y Chile venció a Estados Unidos 5-2, pero era anecdótico. El asunto estaba en Río. Para aprovechar la lentitud del fondo español, Inglaterra alineó a Milburn, un centreforward rapidísimo, pero Gonzalvo y Alonso apostaron a esperarlo en el área y lo borraron de la cancha. Obligada a ganar, Inglaterra presionó, pero se dio contra el arquero Ramallets, que tuvo la mejor actuación de su carrera. Encima, faltando cinco minutos, Zarra consiguió la victoria (foto). Este encuentro fue el de mayor cantidad de público de aquellos en los que no intervino Brasil.

SE CAE OTRO CANDIDATO
Tras la tragedia de Superga, una curiosa dupla se había hecho cargo de la selección italiana: el dirigente Ferruccio Novo y el periodista Aldo Bardelli. Fue el único equipo europeo que viajó en barco hasta Brasil. Lo hizo en el trasatlántico Sises, que cubría la línea Nápoles-Santos. En el puerto lo esperaban medio millón de tifosi, la mayoría emigrados durante la Segunda Guerra.

El debut ante Suecia concitó gran expectativa, por la gran cantidad de italianos residentes en San Pablo y porque los suecos venían de ganar la medalla de oro olímpica en Londres. Lo que no sabían era que los rubios de amarillo eran en su mayoría amateurs. Pero al salir a la cancha, se notó que el nivel futbolístico de Italia era bajo. Suecia ganó 3-1 y obligó a Italia a golear a Paraguay y después rezar. La derrota dejó una nueva herida en la lastimada Italia. Esa derrota se les grabó tan fuerte que nueve de los once suecos terminaron militando en el calcio.

Paraguay remontó un 0-2 ante Suecia y se quedó con un empate con olor a sorpresa. Y en la última fecha del Grupo 3 los guaraníes se jugaron todo a conseguir la clasificación pero Italia ganó 2-0 con comodidad, dándole el pase a la ronda final a los escandinavos.

Jugar en el Maracaná era una ventaja enorme para Brasil. Pero por una cuestión de federalismo y para calmar la enorme rivalidad carioca-paulista, el local jugaría su segundo partido en São Paulo. Además, ese día jugaron Ruy, Noronha y Alfredo, los preferidos de la afición paulista. El Pacaembú nunca le había dado suerte a Brasil, pero esa era la tarde ideal para espantar los fantasmas, ya que Suiza no significaba ningún peligro. Pero la visita de cortesía salió mal, y no por la “mufa” del lugar, precisamente: aunque Brasil arrancó ganando a los tres minutos, el candado helvético fue algo difícil de abrir para los delanteros (no estaban ni Zizinho ni Jair) y la desesperación abrió espacios para los contraataques. Eso era justo lo que quería Rappan, el técnico suizo. Claro, Suiza había empatado por medio de Fatton y cuando los brasileños se pusieron nuevamente arriba, Fatton volvió a empatar. El público se estaba yendo en silencio, casi resignado a la igualdad, cuando en el último minuto, el suizo Friedlander sacudió uno de los postes de Barbosa. Brasil tenía que agradecer el empate ante Suiza, porque al mismo tiempo Yugoslavia despachaba a México (foto). Eso indicaba que los brasileños tendrían que ganar el último partido a los yugoslavos si querían estar en la ronda final.

Contra los balcánicos, Brasil contó con su “trío diabólico”. Zizinho-Ademir-Jair salieron a la cancha para el mejor partido del certamen, desde el punto de vista técnico. Los brasileños salieron con ventaja desde el vestuario, pero no de modo figurado. Mientras Yugoslavia subía por el túnel, el entérala derecho Rajko Mitic chocó su cabeza contra una viga que sobresalía y se abrió una herida que sangraba a borbotones. Sus compañeros le pidieron al árbitro Griffiths que demorara el inicio hasta que lo atendieran, pero el galés se negó y terminaron arrancando el encuentro once contra diez. A los 15 minutos apareció Mitic con un vendaje caricaturesco, pero Brasil ya estaba 1-0 por gol de Ademir.

No por nada a los yugoslavos los llaman “los brasileños de Europa”; los dos equipos respetaban el mismo estilo y el partido tuvo un elevado calibre estético. Zizinho se apiló a cuatro y entró al arco con pelota y todo. Brasil seguía su marcha hacia el título.

En Belo Horizonte, Uruguay no le importaba a nadie. Los bolivianos eran modestísimos y los charrúas no lo perdonaron. Cuatro goles del Pepe Schiaffino, más los de Vidal, Pérez y Ghiggia, sellaron un 8-0 sin vueltas que darle. Aquella jornada paso indiferente, en un estadio casi desierto que ni agua en la duchas tenía. ¿Pero a quién le interesaba? La fiesta estaba en Río.

TRES CANDIDATOS Y UN COLADO
Todos contra todos, una rara fórmula para decidir al campeón. En el Pacaembú, España se convirtió en un dolor de cabeza para Uruguay, que tuvo la suerte de llevarse un empate. Ghiggia había puesto el 1-0, pero dos goles de Basora hicieron que todo el segundo tiempo fuera una marea celeste buscando la igualdad, elevando la imagen de Ramallets. Pero el arquero estaba resentido en un hombro y Obdulio le disparó de lejos venciendo la resistencia de su brazo. Uruguay contaba con la ventaja del descanso, ya que había jugado sólo 90 minutos ante Bolivia, casi un entrenamiento, mientras los españoles arrastraban tres encuentros fuertes. El 2-2 favorecía a Brasil, que al mismo tiempo estaba abusándose de Suecia en el Maracaná, en medio de un carnaval anticipado, con Zizinho (foto) como destaque de las carrozas. Fueron 7 goles celebrados con una pirotecnia impresionante. “Cada vez que tocaba el balón, explotaban petardos alrededor mío; corría como en un campo minado”, contó después Skoglund. El local estaba sacando rédito de su “diagonal”, la que tenía a Ademir como “punta de lanza”.

La jornada siguiente debía enfrentar a Brasil-Uruguay y España-Suecia, pero los organizadores decidieron invertir las fechas por cuestiones de “caja”. Ver aplastar a los uruguayos no provocaría mucho entusiasmo y era mejor “guardarse” al rival más débil para asegurar la fiesta en la última tarde.

Meses atrás del torneo, durante el carnaval, todo Río de Janeiro cantaba una marcha titulada “As touradas de Madrid”, que aludía a una corrida de toros. Cuando en la segunda jornada final, España salió al Maracaná, 200.000 los recibieron entonando la burlona canción. Era algo nuevo para los hispanos, y encima el canto se multiplicaba por efecto del techo de hormigón hasta hacerse ensordecedor. Fue 6-1 en un ambiente de euforia loca, con la gente saltando, cantando y bailando entre los estruendos de los cohetes. La radio decía que en San Pablo, Suecia le estaba ganando a Uruguay, y con ese resultado, Brasil se aseguraba el primer lugar. Al salir, la gente no se fue a su casa. Invadió las calles de la capital (Río lo sería hasta 1960) para festejar el título anticipadamente, sin interesarle qué había pasado en São Paulo. Y allí, Uruguay había vencido 3-2 a Suecia, en un partido en el que su superioridad técnica terminó inclinando el resultado recién a falta de cinco minutos. Claro, los relatores no iban a interrumpir la fiesta informando sobre esos dos goles seguidos de Míguez, si total, en la última fecha Brasil necesitaba un solo punto para dar la vuelta olímpica. El choque con lo uruguayos sería como una final, por capricho del fixture, pero una rara final en la que el empate consagraría campeón a los hombres de blanco.

LA NOCHE EN VELA
Suecia-España (foto) y Brasil-Uruguay jugarían a la misma hora. Así se había programado para evitar especulaciones, aunque los resultados hicieron imposible que el campeón estuviera en San Pablo. La celebración sería en el Maracaná, donde Uruguay conservaba una posibilidad matemática: tenía que vencer al gigante que venía de aplastar a suecos y españoles, marcando 13 goles en los dos partidos.

Los dirigentes uruguayos felicitaron a sus muchachos por haber llegado a esta instancia: “Muchachos, cumplieron”. “Cumplidos sólo si somos campeones”, le respondió el temple de Obdulio Varela. Al final, varios hombres de saco y corbata optaron por regresar a Montevideo, dejando a los jugadores solos en la última parada.

Mientras, en la concentración brasileñas de São Januario, desfilaban políticos buscando “la foto” junto a los campeones para usarla en la campaña, ya que 1950 era un año electoral. Todos aburrían con discursos solemnes... Angelo Mendes de Morais, prefecto de Río de Janeiro, comenzó el suyo así: “Ustedes, que en una horas serán los campeones del mundo...”. El clima de victoria era total y en la noche del sábado 15 de julio casi nadie durmió. La radio repetía estribillos triunfales y afuera, en la calle, los tamboriles y redoblantes no encontraban motivo para esperar al partido. Las calles adyacentes al estadio ya lucían pasacalles que declaraban “Homenaje a los campeones del mundo” y once limusinas estaban listas para que los héroes volvieran a sus casas rodeados de gloria.

A unos kilómetros, en el barrio Laranjeiras, estaba el hotel Paysandú, donde se alojaban los uruguayos. Cualquier otro equipo hubiera dormido profundamente, despojado de toda responsabilidad. ¿Quién podría reprocharles una derrota ante Brasil? No tenían nada que perder. Pero ellos no. Juramentados a dejar el alma en el Maracaná, al que pisarían por primera vez, la mayoría pasó la noche en vela. Es verdad que las comparsas que bailaron toda la noche en la vereda contribuyeron con su samba y su pirotecnia para que nadie pudiese pegar un ojo. Esperaban a que los jugadores se asomases por una ventana y los saludaban mostrando cuatro dedos de una mano, la cifra de goles que todos pronosticaban sufriría Máspoli.

Apenas asomó el sol, se formó la ronda de mate. El técnico López llevaba la charla en la que participaba también Ondino Vieira, un agudo observador del fútbol, que por entonces trabajaba en Brasil y se había acercado a acompañar a sus compatriotas. Él tiró la clave: todas las conexiones brasileñas entre defensa y ataque pasaban por Zizinho, un hombre que no usaba el pase largo, que transportaba el balón al pie. Entonces El Negro Obdulio aconsejó a Tejera, quien debía marcarlo: “Mirá siempre la pelota, si le seguís los amagues de cintura, estás perdido”. E incentivaba a Míguez: “¿No viste la cara de estúpido que tiene el golero? ¿No vas a ser capaz de hacerle por lo menos un gol?”. “Y tú Schubert, deberás marcar a Chico. Si le dejás tocar una sola pelota te la tendrás que ver conmigo”, le advirtió el caudillo en medio de las risotadas de todos. ¿Miedo? Ese equipo uruguayo no tenía ni idea del significado de esa palabra. “Seremos once contra once, los doscientos mil de la tribuna no juegan”. La obviedad se repetía a modo de inyección anímica. La “huída” de los dirigentes los envalentonó aún más. Frente al arco los brasileños era mejores, sí, pero no era una cosa como para suponer una derrota categórica.

El técnico Flavio Costa les advirtió a sus jugadores que no entrasen en la provocación de los uruguayos: “Si les pegan, se las aguantan. No protesten nada, no les den excusas para abandonar la cancha y seamos campeones por abandono”. Ésa era la preocupación de los locales, no estropear la fiesta. La vuelta olímpica tenía que llegar tras una exhibición de fútbol y eso le pidieron a la FIFA. Se designó al árbitro inglés George Reader, por su serenidad y conocimiento profundo del reglamento. Era el hombre ideal para que el partido finalice con 22 jugadores.

Uruguay pidió el micro para el mediodía y en él cargaron los colchones del hotel. La idea era llegar temprano al estadio, evitar la multitud, y descansar un poco en el vestuario. Lo que no sabían es que ocho horas antes del pitazo inicial ya se habían empezado a colmar las tribunas. Al pasar por una iglesia todos bajaron a rezar. La confianza crecía y la serenidad de los mayores contagiaba a los más jóvenes. Cuando llegaron al Maracaná, ya estaba repleto. Se calcula que su capacidad había sido largamente excedida y había unas 220.000 personas. Tiraron los colchones en el piso y hasta dicen que Gambetta se durmió una siestita. Obdulio siguió con su arenga: “Muchachos, hoy tengo unas ganas de correr...”.

Los brasileños llegaron como en una interminable caravana triunfal, como si se tratase del paso de una escola do samba a través de Río.

LA NOCHE QUE EL REY MOMO LLORÓ
Aunque a Brasil le alcanzaba el empate, salió a comerse a Uruguay. Intuyéndolo, los celestes dispusieron tres líneas defensivas: Varela y Pérez, en la segunda Tejera y Andrade, y en el fondo Matías González y Gambetta. En los primeros minutos, Brasil forzó tres corners, pero Uruguay aguantó. De a poco, los visitantes se fueron animando a cruzar la mitad de la cancha, buscando a Ghiggia en profundidad, dejándole a Bigode el fault como única forma de pararlo. Después de una de las infracciones del brasileño, Obdulio se le acercó y lo retó: “Que sea la última vez, ¿entendió?”. El árbitro no podía creerlo.

El obstáculo de Bigode estaba resuelto, pero atrás esperaba Juvenal, y sus cruces eran impecables.

En un avance, Ademir quedó solo ante Máspoli y el arquero se quedó magistralmente con el disparo. Fue en punto de inflexión en el encuentro. Se despertó Schiaffino, que se conectó con el Palomo Míguez y empezaron a buscarlo a Ghiggia. Jair metió miedo con un pelotazo en el palo pero la respuesta fueron tres ataques uruguayos antes del descanso.

Algunos estaban perplejos, ¿por qué Brasil no goleaba a Uruguay? Igual, el empate alcanzaba y las tribunas bailaban frenéticamente. Abajo, el en vestuario, Ghiggia le pidió a Obdulio que en vez del pelotazo, lo buscase con pases cortos, para enfrentar a Juvenal con el balón dominado.

Arranca la segunda mitad y la diagonal brasileña da resultado: Ademir arrastra a toda la defensa y habilita a Friaça, quien saca el chumbazo para sacudir la red y justificar la fiesta. Ahí fue cuando Obdulio comprendió que debía aflorar la garra. Fue hasta el arco y tomó la pelota mansamente. Se la puso bajo el brazo y fue a reclamarle off side al juez, pese a que sabía que el gol era legítimo. Su protesta y su paso cansino hasta la mitad de la cancha aplacaron el festejo. Cuando Míguez sacó del medio habían pasado casi tres minutos del gol y el Maracaná había caído en un confuso silencio.

A los 21 minutos Obdulio le pone a Ghiggia esa pelota al pie que le había pedido, elude a Bigode, lo pasa a Juvenal y manda el centro para Schiaffino. El Pepe conecta de media vuelta al ángulo superior izquierdo de Barbosa y empata el partido. El cemento del Maracaná se convirtió en hielo. Brasil seguía siendo campeón, pero la fiesta se había estropeado.
Brasil no se conformaba con empatar, pero de última… El pánico aparecía cada vez que Ghiggia tomaba la pelota. A los pocos minutos la euforia volvió. Mientras, Jules Rimet comenzó a bajar las escaleras con lentitud, para llegar a tiempo a entregar la Copa que tenía su nombre. En uno de los bolsillos del saco tenía el discurso que le habían preparado en portugués.

En la cancha Schiaffino recibía un pase de Ghiggia y se mandaba al fondo. Schiaffino se la pedía en el medio del área, Barbosa salía a tapar el centro y Ghiggia, casi contra la raya, cerraba los ojos y pateaba al arco con todas las fuerzas de su alma. Gol. Río de Janeiro jamás vivió tanto silencio, un silencio de muerte. Ni siquiera lo quebró el centenar de uruguayos que estaba en el estadio, por miedo. Con su paso anciano, Rimet seguía bajando laberínticas escaleras y le llamaba la atención la buena aislación acústica de esa obra de ingeniería. Pero las tribunas no aislaban nada, afuera tampoco se oía un solo grito.

Brasil salió desesperado, pero el coraje de Uruguay hizo que sea imposible cambiar el resultado. Mr. Reader mira su reloj: marca 45’, pero hay corner para Brasil. Es la última jugada, lo ejecuta Friaça desde la derecha. La pelota hace una parábola y cae cerca del segundo palo, donde está Gambetta y la agarra con las dos manos. “¡¿Qué hacés?!”, le grita Ghiggia, queriéndose morir. “¡Terminó, hermano, terminó!”, le responde Schubert sin poder contener las lágrimas.

Cuando Rimet asomó por el túnel, la banda de música no estaba, el podio tampoco. El policía de custodia estaba llorando y la multitud abandonaba las graderías en silencio. Once hombres de celeste se abrazaban, olvidados por toda la toda formalidad oficial. “Aunque no nos den la copa, somos campeones. Podemos irnos”, les dijo Obdulio Varela, pero justo en ese momento lo alcanzó Rimet, que acababa de comprender todo. “Mes félicitacions”, fue lo único que le dijo, en francés. Veinte años después, el trofeo volvía a manos uruguayas. Así lo contó el presidente de la FIFA: “No sé qué paso. Había un protocolo a seguir pero a nadie le importó que no sonara el himno en honor a los vencedores, que no se izara al mástil la enseña de Uruguay. Me encontré solo en el césped con la Copa en mi mano derecha. Al final, cuando me di cuenta de que nadie iba a acompañarme en la ceremonia, reclamé la atención de Varela y le di el trofeo”.

“Ese día estaba escrito que ganaríamos, no temíamos ni a Dios ni al Diablo. Si Máspoli hubiese jugado de delantero, hacía dos goles y si yo hubiera ido al arco, atajaba dos penales”, resumió Omar Míguez.

Afuera, Brasil se sumía en la noche más larga y silenciosa de su historia, un triste velatorio con 50 millones de personas llorando la muerte de su sueño. El silencio sólo se rompía con el ulular de alguna ambulancia presurosa para asistir a uno de los tantos corazones que esa noche dijeron “basta”. La fiesta que embriagaba la avenida 18 de Julio de Montevideo estaba muy lejos como para confundirla con el festivo paso de las carrozas y sus escolas do samba. Estaba claro, en julio no se festeja el carnaval.



El relato completo de Brasil-Uruguay, por Radio Nacional de Río de Janeiro

lunes, 15 de julio de 2019

Tabla histórica de la Copa América



1. ARGENTINA
406 puntos / 14 títulos
PJ: 195 G: 122 E: 40 P: 33 Goles: 468/182

2. URUGUAY
366 puntos / 15 títulos
PJ: 201 G: 110 E: 36 P: 55 Goles: 406/220

3. BRASIL
357 puntos / 9 títulos
PJ: 189 G: 106 E: 39 P: 44 Goles: 428/201

4. CHILE
229 puntos / 2 títulos
PJ: 183 G: 66 E: 31 P: 86 Goles: 288/311

5. PARAGUAY
228 puntos / 2 títulos
PJ: 172 G: 62 E: 42 P: 68 Goles: 256/297

6. PERÚ
205 puntos / 2 títulos
PJ: 154 G: 56 E: 37 P: 62 Goles: 220/241

7. COLOMBIA
163 puntos / 1 título
PJ: 117 G: 47 E: 22 P: 48 Goles: 135/184

8. BOLIVIA
86 puntos / 1 título
PJ: 115 G: 20 E: 26 P: 69 Goles: 106/288

9. ECUADOR
71 puntos
PJ: 121 G: 16 E: 23 P: 82 Goles: 129/318

10. MÉXICO
70 puntos
PJ: 48 G: 19 E: 13 P: 16 Goles: 66/62

11. VENEZUELA
39 puntos
PJ: 66 G: 8 E: 15 P: 43 Goles: 50/174

12. COSTA RICA
18 puntos
PJ: 17 G: 5 E: 3 P: 9 Goles: 17/31

13. ESTADOS UNIDOS
17 puntos
PJ: 18 G: 5 E: 2 P: 118 Goles: 17/29

14. HONDURAS
10 puntos
PJ: 6 G: 3 E: 1 P: 2 Goles: 7/5

15. PANAMÁ
3 puntos
PJ: 3 G: 1 E: 0 P: 2 Goles: 4/10

16. JAPÓN
3 puntos
PJ: 6 G: 0 E: 3 P: 3 Goles: 6/15

17. QATAR
1 punto
PJ: 3 G: 0 E: 1 P: 2 Goles: 2/5

18. JAMAICA
0 punto
PJ: 6 G: 0 E: 0 P: 6 Goles: 0/9

19. HAITÍ
0 punto
PJ: 3 G: 0 E: 0 P: 3 Goles: 1/12

Nota: se computan tres puntos por partido ganado desde la edición de 1993, pero a los efectos de confeccionar esta tabla se sumaron tres puntos por victoria desde la primera, en 1916.
Tabla actualizada al 8 de julio de 2019.

domingo, 14 de julio de 2019

Las mutaciones de la Copa América


Informe emitido en el programa Golazo de América, por teleSUR, en julio de 2019.
Por PABLO ARO GERALDES

A lo largo de 103 años de historia, la Copa América experimentó todo tipo de transformaciones en su formato. Se creó como un cuadrangular amistoso para celebrar el centenario de la independencia argentina en 1916. La idea prendió con tanto entusiasmo que los dirigentes de Uruguay, Chile, Brasil y Argentina decidieron crear la Confederación Sudamericana de Fútbol y revivir el encuentro cada año.

No siempre se pudo mantener la periodicidad y el certamen pasó a ser bienal, trienal, cada cuatro, cada seis años, e incuso, como en 1959 se jugó en marzo-abril y se repitió en diciembre… La idea actual es equiparar la Copa América con el calendario europeo y disputarla en los años olímpicos. Para eso sería necesario jugarla recién en 2024… o volver a jugarla el año próximo. Otro disparate solo justificable por el dinero de los patrocinadores.

El que nació como Campeonato Sudamericano de Fútbol no siempre tuvo al trofeo bautizado como Copa América: en la primera edición no existía el bello premio de 9 kilos de plata. Además, hubo seis ediciones denominadas “extra” en la que no se ponía en juego el trofeo: 1935, 1941, 1945, 1946, 1956 y la segunda de 1959.

Para celebrar los 100 años del primer certamen se organizó en los Estados Unidos la Copa América Centenario, que entregó un trofeo diferente y que quedó para siempre en poder de Chile, pues el que identifica al ganador en cada torneo, permanece transitoriamente en el país campeón.

A medida en que las federaciones sudamericanas se iban sumando a la Conmebol, la Copa crecía en número de participantes, hasta llegar a incluir a Venezuela, en 1967. Por única vez, ese torneo fue precedido por una “eliminatoria” para dejar solamente a seis contendientes.

La primera edición que reunió a los diez miembros de la confederación fue la de 1975, que, después de una pausa de ocho años, introdujo el novedoso formato de ida y vuelta, sin una sede fija. Ya no se medirían todos contra todos sino que empezarían a dividirse en grupos. Tampoco sería el esquema definitivo.

A partir de 1987 la Copa empezó a rotar cada dos años por todas las sedes, pero ese cronograma ya se alteró varias veces. Otra aventura de la Conmebol fue invitar a dos equipos de la Concacaf para subir el número de participantes a doce y armar tres grupos de cuatro. A los convites de México, Estados Unidos y Costa Rica se le sumó el de Japón... sí, Japón, ya que empresas de ese país eran las principales patrocinadoras de la confederación. De este modo, la intención mercantilista, el privilegio hacia los dueños del negocio, fue desplazando al mérito deportivo. Japón y Qatar se metieron así en este Brasil 2019.

¿El próximo engendro? Se analiza una Copa América 2020 a disputarse entre Argentina y Colombia, con Australia y Qatar como invitadas especiales. ¿Un dislate, no? Con esta dirigencia de la Conmebol, todo puede suceder.

lunes, 8 de julio de 2019

Historial de la Copa América

Estos son los 46 campeones sudamericanos desde 1916. Junto al año de la edición se consigna el país anfitrión. También se menciona, tras el campeón, al vicecampeón y al tercero:

1916 - Argentina (*)
Uruguay / Argentina / Brasil

1917 - Uruguay
Uruguay / Argentina / Brasil

1919 - Brasil
Brasil / Uruguay / Argentina

1920 - Chile
Uruguay / Argentina / Brasil

1921 - Argentina
Argentina / Brasil / Uruguay

1922 - Brasil
Brasil / Paraguay / Uruguay

1923 - Uruguay
Uruguay / Argentina / Paraguay

1924 - Uruguay
Uruguay / Argentina / Paraguay

1925 - Argentina
Argentina / Brasil / Paraguay

1926 - Chile
Uruguay / Argentina / Chile

1927 - Perú
Argentina / Uruguay / Perú

1929 - Argentina
Argentina / Paraguay / Uruguay

1935 - Perú (**)
Uruguay / Argentina / Perú

1937 - Argentina
Argentina / Brasil / Paraguay

1939 - Perú
Perú / Uruguay / Paraguay

1941 - Chile
Argentina / Uruguay / Chile

1942 - Uruguay
Uruguay / Argentina / Brasil

1945 - Chile (**)
Argentina / Brasil / Chile

1946 - Argentina (**)
Argentina / Brasil / Paraguay

1947 - Ecuador
Argentina / Paraguay / Uruguay

1949 - Brasil
Brasil / Paraguay / Perú

1953 - Perú
Paraguay / Brasil / Uruguay

1955 - Chile
Argentina / Chile / Perú

1956 - Uruguay (**)
Uruguay / Chile / Argentina

1957 - Perú
Argentina / Brasil / Uruguay

1959 - Argentina
Argentina / Brasil / Paraguay

1959 - Ecuador (**)
Uruguay / Argentina / Brasil

1963 - Bolivia
Bolivia / Paraguay / Argentina

1967 - Uruguay
Uruguay / Argentina / Chile

1975 (***)
Perú / Colombia / Brasil

1979 (***)
Paraguay / Chile / Brasil

1983 (***)
Uruguay / Brasil / Paraguay

1987 - Argentina
Uruguay / Chile / Colombia

1989 - Brasil
Brasil / Uruguay / Argentina

1991 - Chile
Argentina / Brasil / Chile

1993 - Ecuador
Argentina / México / Colombia

1995 - Uruguay
Uruguay / Brasil / Colombia

1997 - Bolivia
Brasil / Bolivia / México

1999 - Paraguay
Brasil / Uruguay / México

2001 - Colombia
Colombia / México / Honduras

2004 - Perú
Brasil / Argentina / Uruguay

2007 - Venezuela
Brasil / Argentina / México

2011 - Argentina
Uruguay / Paraguay / Perú

2015 - Chile
Chile / Argentina / Perú

2016 - Estados Unidos (****)
Chile / Argentina / Colombia

2019 - Brasil
Brasil / Perú / Argentina

Total de títulos: Uruguay 15, Argentina 14, Brasil 9, Chile 2, Paraguay 2, Perú 2, Bolivia 1, Colombia1.

(*) Todavía no se había instituido la Copa América como trofeo.
(**) No estuvo en juego la Copa América.
(***) Sin sede fija. Se disputaban partidos de local y visitante.
(****) No estuvo en juego la Copa América sino un trofeo especial por el centenario.


GOLEADORES DE CADA COPA AMÉRICA
1916 - Isabelino Gradín (URU) -3
1917 - Ángel Romano (URU) - 4
1919 - Manoel Neco (BRA) y Arthur Friedenreich (BRA) - 4
1920 - Ángel Romano (URU) y José Pérez (URU) - 3
1921 - Julio Libonatti (ARG) - 3
1922 - Juan Francia (ARG) - 4
1923 - Pedro Petrone (URU) y Valdino Aguirre (ARG) - 3
1924 - Pedro Petrone (URU) - 4
1925 - Manuel Seoane (ARG) - 6
1926 - David Arellano (CHI) - 7
1927 - Roberto Figueroa (URU) - 4
1929 - Aurelio González (PAR) - 5
1935 - Herminio Masantonio (ARG) - 4
1937 - Raúl Toro (CHI) - 7
1939 - Teodoro Fernández (PER) - 7
1941 - Juan Marvezzi (ARG) - 5
1942 - Herminio Masantonio (ARG) y José Manuel Moreno (ARG) - 7
1945 - Norberto Méndez (ARG) y Heleno de Freitas (BRA) - 6
1946 - José María Medina (URU) - 7
1947 - Nicolás Falero (URU) - 7
1949 - Jair Rosa Pinto (BRA) - 9
1953 - Francisco Molina (CHI) - 8
1955 - Rodolfo Micheli (ARG) - 8
1956 - Enrique Hormazábal (CHI) - 5
1957 - Humberto Maschio (ARG) y Javier Ambrois (URU) - 9
1959 - Pelé (BRA) - 8
1959 - José Francisco Sanfilippo (ARG) - 5
1963 - Carlos Raffo (ECU) - 6
1967 - Luis Artime (ARG) - 5
1975 - Leopoldo Luque (ARG) Y Ernesto Díaz (COL) - 4
1979 - Jorge Peredo (CHI) y Eugenio Morel (PAR) - 4
1983 - Carlos Aguilera (URU), Jorge Burruchaga (ARG), Eduardo Malásquez (PER) y Roberto Dinamite (BRA) - 3
1987 - Arnoldo Iguarán (COL) - 4
1989 - Bebeto (BRA) - 6
1991 - Gabriel Batistuta (ARG) - 6
1993 - José Luis Dolgetta (VEN) - 4
1995 - Gabriel Batistuta (ARG) y Luis García (MEX) - 4
1997 - Luis Hernández (MEX) - 6
1999 - Rivaldo (BRA) y Ronaldo (BRA) - 5
2001 - Víctor Hugo Aristizábal (COL) - 6
2004 - Adriano (BRA) - 7
2007 - Robinho (BRA) - 6
2011 - Paolo Guerrero (PER) - 5
2015 - Paolo Guerrero (PER) y Eduardo Vargas (CHI) - 4
2016 - Eduardo Vargas (CHI) - 6
2019 - Paolo Guerrero (PER) y Éverton (BRA) - 3

domingo, 7 de julio de 2019

Historial de la Gold Cup

Las primeras diez ediciones fueron regidas por la Confederación Centroamericana y del Caribe de Fútbol (CCCF), entidad fundada en 1938. En 1961 se fusionó con la North American Football Confederation (NAFC), dando origen a la Concacaf. El último torneo se celebró en 1971; después se consideró campeones a los ganadores de la eliminatoria para la Copa del Mundo. En 1991 el certamen resurgió como Gold Cup o Copa Oro. 
La NAFC también organizó torneos en 1947 y 1949, los mismos que hizo resurgir en 1990 y 1991, antes de la aparición de la Gold Cup.


C.C.C.F. Championship
1941 Costa Rica
1943 El Salvador
1946 Costa Rica
1948 Costa Rica
1951 Panamá
1953 Costa Rica
1955 Costa Rica
1957 Haití
1960 Costa Rica
1961 Costa Rica

N.A.F.C. Championship
1947 México
1949 México
1990 Canadá
1991 México

Campeonato de la Concacaf
1963 Costa Rica
1965 México
1967 Guatemala
1969 Costa Rica
1971 México

Eliminatoria mundialista de la Concacaf
1973 Haití
1977 México
1981 Honduras
1985 Canadá
1989 Costa Rica

Gold Cup
1991 Estados Unidos
1993 México
1996 México
1998 México
2000 Canadá
2002 Estados Unidos
2003 México
2005 Estados Unidos
2007 Estados Unidos
2009 México
2011 México
2013 Estados Unidos
2015 México
2017 Estados Unidos
2019 México

La maldición de la Copa América

La Copa América es el trofeo continental de selecciones más antiguo del fútbol mundial. Se entregó por primera vez en 1917, cuando Uruguay organizó la segunda edición del Campeonato Sudamericano.
En 1930, cuando se disputó por primera vez la Copa Mundial de la FIFA, comenzó una extraña "maldición" que se repitió inalterablemente durante los 21 Mundiales: ninguna Copa del Mundo pudo ser levantada por la selección que llegaba como poseedora de la Copa América.
Este es el repaso a las 21 ocasiones en las que el trofeo sudamericano cumplió su "maldición" en el Mundial siguiente:

Por PABLO ARO GERALDES

URUGUAY 1930
La selección de Argentina llegó a la primera cita mundialista como campeón sudamericano de 1929. Había conquistado el trofeo ganando los tres partidos que tuvo que disputar en el Gasómetro de Boedo, a Perú, Paraguay y Uruguay. En el campeonato Mundial perdió la final ante el anfitrión.
ITALIA 1934
En un período de tensión en el fútbol rioplatense (Argentina había cortado relaciones con Uruguay tras el Mundial del '30), no se disputaba el Sudamericano y la Copa América seguía en poder de Argentina. En el mundial, con una selección amateur, duró un partido, en el que fue eliminado por Suecia.
FRANCIA 1938
El Gasómetro fue de nuevo el escenario donde Argentina ganó la Copa América 1937, en una final desempate sobre Brasil que necesitó tiempo extra. Pero los argentinos desistieron de ir al Mundial por considerar que tenían derecho a organizarlo en virtud de la alternancia Sudamérica-Europa.
BRASIL 1950
Como local, Brasil se quedó cómodamente con la Copa América tras bailar a Paraguay 7-0 en la final del Sudamericano 1949. Marcó 46 goles en 8 partidos y se preparaba para la gran fiesta de 1950. Pero la maldición explotó en su máxima expresión y perdió 2-1 la definición mundialista ante Uruguay.
SUIZA 1954
Paraguay obtuvo la Copa América por primera vez en 1953, en el Sudamericano disputado en Lima, Perú. En la final dio el batacazo y superó a Brasil 3-2. Pero los brasileños se tomaron revancha meses después y en una breve eliminatoria dejaron a los guaraníes fuera del Mundial.
SUECIA 1958
Una de las mejores selecciones de Argentina de todos los tiempos brilló en el Sudamericano de Lima '57. Los Carasucias golearon a Colombia, Ecuador, Uruguay, Chile, y Brasil. En el Mundial la celeste y blanca fue humillada y el adiós en primera ronda pasó a la historia como "El desastre de Suecia".
CHILE 1962
Con el 1-1 con Brasil en la última fecha, Argentina ganó el Sudamericano '59 disputado íntegramente en cancha de River (Uruguay ganó un extra en diciembre en Guayaquil, pero no estaba en juego la Copa América). En el Mundial los argentinos volvieron a quedarse afuera en primera ronda.
INGLATERRA 1966
En 1963 Bolivia organizó la Copa América por primera vez... y la ganó de manera invicta, con la altura como aliada. Pero dos años después fracasó en las eliminatorias contra Argentina y Paraguay y no clasificó para la Copa del Mundo en casa de los inventores del fútbol.
MÉXICO 1970
La Copa América parecía estabilizada en su período cada cuatro año y Uruguay se quedó, invicto, con el trofeo en el certamen jugado en Montevideo en 1967. En el Mundial de México tuvo a un equipazo, pero en semifinales chocó contra el maravilloso Brasil de Pelé y compañía.
ALEMANIA FEDERAL 1974
Problemas económicos llevaron a que no se disputara la Copa América en 1971, por lo cual Uruguay seguía en posesión del trofeo al momento de ir a tierras germanas. En el Mundial fue goleado por Holanda y Suecia y apenas rescató un empate con Bulgaria. Despedida en primera ronda.
ARGENTINA 1978
Con el mejor equipo de toda su historia Perú ganó la Copa América 1975, que ya no se disputaba en una sede fija sino en grupo con partidos de ida y vuelta. En tres finales se impuso a Colombia. Pero tres años después, con otro gran once, perdió los tres partidos de la segunda ronda en el Mundial argentino.
ESPAÑA 1982
En otra definición que necesitó tercer partido, Paraguay superó a Chile en cancha de Vélez y se quedó con la Copa América 1979. Pero en la eliminatoria camino a España la Albirroja fue vencida por los propios chilenos y tuvieron que ver el Mundial por TV.
MÉXICO 1986
En 1983 la Copa América se jugó por última vez sin sede fija y con el poco popular sistema de partidos ida y vuelta. La ganó Uruguay en dos vibrantes finales contra Brasil. La Celeste reunía una buena generación pero en el Mundial sufrió de más y fue eliminado por Argentina en octavos de final.
ITALIA 1990
En 1987 la Conmebol adoptó el formato actual para la Copa América, rotando por todos los países con una periodicidad de dos años. Brasil la ganó en 1989, en el Maracaná, y al año siguiente fue eliminada del Mundial por Argentina en un infartante encuentro de octavos de final.
ESTADOS UNIDOS 1994
La selección de Argentina ganó la Copa América Chile '91 y repitió el triunfo en Ecuador '93. Esta chapa y la presencia de Maradona la convertían en candidata para el mundial estadounidense pero el dopping positivo de Diego contra Nigeria mató el alma del plantel, que cayó ante Rumania en octavos.
FRANCIA 1998
Una poderosa selección de Brasil levantó la Copa América en Bolivia '97 y viajaba al Mundial con el brillo de Ronaldo, Bebeto y Rivaldo como estandartes. Ese potencial volvió a destacarse en el Mundial pero en la final cayeron estrepitosamente con un 3-0 a manos de los franceses.
COREA DEL SUR - JAPÓN 2002
En un doble estreno, Colombia organizó por primera vez la Copa América y se quedó con el trofeo. Sin embargo, en la segunda eliminatoria mundialista sudamericana disputada con la fórmula de todos contra todos quedó relegada a la sexta posición y ni siquiera pudo llegar al repechaje con Australia.
ALEMANIA 2006
En la Copa América Perú 2004 se dio en la final el duelo de gigantes y Brasil superó a la Argentina por penales. El Scratch viajó a Alemania con un halo de candidato invencible, pero en cuartos de final se cruzó con una Francia inspiradísima que volvió a estropearle el camino al título.
SUDÁFRICA 2010
En 2007 la Copa América se celebró por primera vez en Venezuela. Y al igual que en la edición anterior, Brasil se impuso sobre Argentina en la final, esta vez con un contundente 3-0. Pero en el Mundial sudafricano la verdeamarela no pudo superar a Holanda en los cuartos de final.
BRASIL 2014
Tras una Copa América Argentina 2011 de pobre nivel, Uruguay se alzó con toda justicia con el trofeo. En el Mundial cayó ante Costa Rica y aunque despachó a Italia e Inglaterra, Colombia terminó con la aventura celeste en octavos de final.
RUSIA 2018
La selección de Chile, ganadora de la Copa América 2015 y de la Copa América Centenario, cayó en la última fecha de las eliminatorias y tuvo que ver el Mundial de Rusia por televisión...