viernes, 26 de junio de 2020

Conte Verde

Antes que el césped del Estadio Centenario, incluso antes que las canchas de Pocitos y el Parque Central, hubo una superficie que empezó a ser protagonista de la primera Copa del Mundo: la cubierta del transatlántico Conte Verde. Una historia para conocer la previa de Uruguay 1930.

Por PABLO ARO GERALDES

En 1930 Uruguay quedaba mucho más lejos de Europa. Llegar a Montevideo desde el Viejo Continente suponía dos semanas de travesía en barco, dejar todo lo conocido y aventurarse a cruzar el océano. Eso, sumado a la crisis económica mundial que había estallado en 1929, derivó en que la primera Copa del Mundo de la FIFA contara con apenas cuatro selecciones europeas entre las que no estarían España, ni Italia, ni Inglaterra, ni Alemania, ni Holanda.

Rey Carol II de Rumania
Rebobinemos cinco semanas antes del puntapié inicial. Después de su exilio en Inglaterra, el 5 de junio de 1930, el rey Carol II de Rumania había sido coronado en Bucarest. Una de sus primeras decisiones para conseguir el favor de su pueblo -hoy la llamarían "populismo"- fue impulsar la participación de la selección rumana en la Copa del Mundo. Todo fue contrarreloj y los jugadores concentraron en Timisoara gracias a un permiso que les consiguió el propio rey para ausentarse por tres meses de sus puestos de trabajo (el fútbol todavía no era profesional). La versión oficial cuenta que Su Majestad compensaría "de su bolsillo" a los empleadores de los jugadores y no solo eso: convenció al vecino Reino de Yugoslavia para que también mandara a una selección rumbo a Montevideo.

Los yugoslavos se entusiasmaron y se sumaron al torneo, pero no se embarcaron en el Conte Verde debido a una disputa geopolítica con Italia por el Trieste, región de población eslava sometida a una "italianización" y discriminada bajo el régimen fascista de Benito Mussolini. Por eso, en vez de abordar en Génova siguieron hasta Marsella, donde el 19 de junio iniciaron la travesía a bordo del SS Florida. Fueron los primeros en comenzar el largo viaje. Junto a ellos debían subir los egipcios, pero llegaron tarde por una tormenta en el Mediterráneo y se tuvieron que volver a Alejandría: se perdieron el Mundial. Mandaron un cable con sus disculpas: el debut africano en la Copa quedaría para cuatro años más tarde.

Para entonces los rumanos habían tomado un tren con rumbo a Génova, donde el 19 de junio entraría en escena el Conte Verde, el barco más destacado en la historia del fútbol, el protagonista de estas líneas. Su importancia fue tal que vale racontar sus primeros años: había sido montado a comienzos de los años 1920s en los astilleros William Beardmore & Co en Dalmuir, Escocia, y en 1923 pasó a brindar servicios en la compañía naviera Lloyd Sabaudo de Génova, para unir ese puerto italiano con New York. Llevaba el apodo de Amedeo VI de Savoia (conocido como el conde verde), fallecido en 1383, para quien el color verde era portador de buena fortuna.

Lo operaba una tripulación de cuatrocientas personas; medía 180 metros de eslora y 22,6 de manga. Podía desplegar una velocidad de 18,5 nudos, propulsado por turbinas a vapor, y desplazar 18.760 toneladas. Un transatlántico monumental.
Fotografía de 1923
Artesanos y artistas italianos habían sido contratados desde Florencia para decorar los salones de primera clase. Toda la ornamentación resplandecía con el estilo de los palacios renacentistas. Tenía capacidad para 450 pasajeros en primera clase, 200 en segunda y también 1780 en los llamados "camarotes de los emigrantes". Claro, luego de la primera Guerra Mundial una fuerte ola migratoria partía de Italia hacia América: Estados Unidos, México, Venezuela, Brasil, Uruguay y la Argentina eran los destinos que recibían con los brazos abiertos a los europeos. Luego de viajar a New York, cambió su destino final hacia Buenos Aires. Esos pasajes económicos eran los más requeridos por quienes dejaban todo en su tierra ya tomada por el fascismo para venir a "hacerse la América" con la esperanza de un día regresar a la patria natal. La mayoría hizo un viaje de ida y echó raíces de este lado del Atlántico.
El confortable jardín de invierno del barco.

Pero el cruce transtlántico más importante de su historia lo hizo en 1930 rumbo a Montevideo, con sesenta futbolistas, tres árbitros, un rey y un trofeo.

Los rumanos navegaron unas horas desde Génova hasta Villefranche-sur-mer, puerto francés pegado a Niza, donde el Conte Verde hizo su primera escala. Allí, el 21 de junio se les sumó la delegación de Francia que la noche anterior había partido en tren desde París. Junto a la selección iban el presidente de la FIFA Jules Rimet con su hija, dos árbitros (el francés Thomas Balway y el belga Henri Christophe) y un trofeo alado llamado 'Victoria' (victoria), obra del escultor francés Albert Lafleur, destinado al vencedor. Se componía de una copa octagonal, sostenida por una figura alada representando a Niké, la diosa griega de la victoria. Ese que en cuarenta días habría de resplandecer en las manos de los primeros campeones del mundo.

Placa conmemorativa de la partida del seleccionado francés
en el puerto de Villefranche-sur-mer.

Claro, después de que el francés Rimet bregara tanto por la realización del campeonato mundial, el seleccionado del gallito no podía estar ausente. Sus jugadores, todavía amateurs, necesitaron permisos diversos de sus empleadores. El arquero Alex Thépot lo consiguió a último momento gracias a una licencia excepcional de la Administración de Aduanas; el joven mediocentro Marcel Pinel hacía el servicio militar y consiguió otro permiso especial como "enviado extraordinario del cónsul francés en Uruguay", todo gracias a una última intervención del Quai d'Orsay (cancillería) ante el Ministerio de las Fuerzas Armadas.

Tampoco podía faltar Bélgica, impulsada por Rudolf Seedrayers, vicepresidente de la FIFA. Así, ese 22 de junio el Conte Verde siguió su derrotero hacia el sudoeste y ancló en Barcelona, donde se sumaron la Selección de Bélgica y el árbitro John Langenus, también belga, que acabaría dirigiendo la final del certamen.

El buque puso proa hacia el estrecho de Gibratar y al pasar ante Algeciras dejó el Mediterráneo para adentrarse en el Atlántico.

Cuenta el diario catalán La Vanguardia: “Los rumanos nos sorprendieron por sus dotes cantoras. Cada vez que iniciaban un concierto bajo la dirección de su delantero centro, los pasajeros abandonaban los salones para asistir a aquel refinamiento artístico”. El árbitro Langenus recordó que "los franceses se adueñaron de un rincón del barco al que bautizaron Montmartre y se distraían con canciones de Maurice Chevalier”. La música era un buen pasatiempo entre las olas.
Belgas, franceses y rumanos posaron juntos en la cubierta.
En el medio, con boina, Jules Rimet junto al capitán Amedeo Pinceti.
De jugar al fútbol, ni hablar, pero... ¿cómo mantenían la forma física? El cruce del océano duró diez días, en los que los tres equipos se turnaban en sesiones de entrenamiento en la lujosa cubierta. Peculiares ejercicios a babor, movimientos para que el cuerpo no se entumeciera a estribor: algunos trotes, salto de soga y poco más. La pelota solamente se usaba para prácticas de mano, coordinación y ya. “Solo se nos cayó un balón al agua”, apuntó el delantero rumano Rudolf Wetzer, que además de ser el único profesional y capitán del equipo, estaba encargado junto a Octav Luchide de armar los entrenamientos, bajo las órdenes de técnico Costel Rădulescu.

El delantero francés Lucien Laurent no imaginaba por entonces que pasaría a la historia por marcar el primer gol de la historia de las Copas del Mundo. Se limitaba a trotar con sus compañeros, como contó años después: "No se habló de tácticas ni nada de eso, simplemente corríamos alrededor de la cubierta. Corriendo, corriendo todo el tiempo. Abajo hacíamos ejercicio: estirar, saltar, subir escaleras, levantar pesas. También había una piscina que todos usamos hasta que el clima se enfrió. Y nos entreteníamos con un acto de comedia o un cuarteto de cuerda. Era como un campamento de vacaciones. Realmente no nos dimos cuenta de la enorme magnitud de por qué íbamos a Uruguay. Hasta años después no apreciamos nuestro lugar en la historia. Fue solo aventura. Éramos hombres jóvenes divirtiéndonos. El viaje en el Conte Verde tomó 15 días. Fueron 15 días muy felices".

El diario de a bordo del comandante Amedeo Pinceti es un tesoro invaluable a la vez que un romántico retrato de época. Un fragmento de su bitácora: "...una larga travesía que en esta ocasión ha estado acompañada por vientos favorables y en la que en referencia al tiempo no ha acontecido ningún hecho reseñable. Aunque Neptuno y Eolo nos han tendido una alfombra roja hasta Montevideo, he de reconocer que para mí este no ha sido un viaje más, puesto que tengo la sensación de que esta travesía perdurará en el tiempo, más aún al repasar mis conversaciones con un distinguido tripulante: el señor Jules Rimet. He de reconocer que este caballero francés me ha dejado huella, y eso que a bordo del Conte Verde han viajado insignes personajes. De entre ellos destacaría especialmente a Carlos Gardel, que en 1928, acompañado por los guitarristas Barbieri y Aguilar, me pidió que detuviera la marcha de las máquinas e invitara a todos los pasajeros y a la tripulación a rendir un silencioso homenaje de pesar al escritor argentino Ricardo Güiraldes (cuyos restos mortales regresaban de París para ser sepultados en el pueblo bonaerense de San Antonio de Areco). Un genio como cantante y como persona, un tipo fascinante este Gardel. Al igual que el Sr. Rimet, el caballero que ha organizado ese curioso torneo que se disputará en Montevideo, que despierta gran curiosidad en mí y me tiene realmente expectante. Expectante porque desde que zarpamos de Génova me fueron sorprendiendo las historias que rodean a estos futbolistas".
Un rato de esparcimiento para el seleccionado belga.

Pinceti le hablaba a Rimet de Gardel, pero el presidente de la FIFA, que también era admirador del Zorzal Criollo, le insistía que el navío sería más recordado por el viaje hacia la primera Copa del Mundo que por las anécdotas con el cantante. "Pese a que le he preguntado en más de una ocasión por las significativas ausencias de selecciones europeas como Inglaterra, Italia o España, (Rimet) sigue firme en su convencimiento de que está a punto de hacer historia. Para él pesó más lo costoso y largo de la travesía pocos meses después del derrumbe bursátil de Wall Street y la obstinada resistencia de la FA a sumarse a un proyecto imparable, que el propio hecho futbolístico de afrontar una competición Mundial. Un Mundial a disputar en un lejano país que con sus exhibiciones en Colombes y Ámsterdam se ha situado geográficamente en el planeta", escribió Pinceti.

La selección francesa, camino a Montevideo.
El cruce del Atlántico llevó más escalas: Lisboa, la isla portuguesa de Madeira, Canarias... Al cruzar el Ecuador, hubo fiesta con el tradicional "bautismo de Neptuno" y los futbolistas también se sumaron. La última parada antes de llegar fue el 29 de junio, en Río de Janeiro, donde se incorporó el plantel brasileño.

El diario de Pinceti da para escribir un libro entero, vale repetir otros pasajes de su manuscrito: "...Curioso este deporte y estos futbolistas que viajan con un equipaje lleno de zapatos de cuero hasta los tobillos, que cada día lustran con grasa antes de entrenar en la cubierta. Ese puente y esa cubierta de la que se han quejado pero que, hablando de barcos, para mí es lo mejor de Europa. En este barco tienen un gimnasio, es posible pasear, practicar deportes y hacer otras actividades y diversiones. Incluso en la tercera clase -aquella de los inmigrantes- se viaja en camarote y se dispone de agua corriente". Y sigue: "Pintorescos personajes sobre los que de no conocer de antemano su vínculo con el deporte los podría haber confundido con alguno de nuestros fornidos carboneros o algún estibador del muelle. Hombres fuertes, algo por otra parte lógico, puesto que para tener el coraje suficiente como para pegarle con la cabeza al pétreo balón de cuero con el que juegan, dotado de una aparatosa costura exterior, hay que tenerlos muy bien puestos. O como mucho y tal y como me reveló el jugador francés Luciente Laurent, tener el suficiente ingenio como para jugar con una boina rellena con papel de periódico. Buen tipo este Laurent, listo donde los haya y al que le deseo mucha suerte".

Otra toma de la selección francesa.
El belga Langenus era uno de los personajes distinguidos de la travesía. Así lo recuerda el comandante Pinceti: "Un tipo peculiar, culto, elegante, políglota y periodista, con el que he mantenido alguna que otra conversación interesante y al que he observado entrenar con un curioso uniforme: chaqueta, corbata oscura, camisa blanca, pantalones bombachos, zapatos que le llegan a los talones y medias negras que cubren la valenciana del pantalón, todo ello rematado con una gorrita muy peculiar".

Pierre Billotey, periodista enviado especial de Le Journal, transmitía sus crónicas a París por clave morse y daba cuenta de la travesía. Estas notas eran replicadas por periódicos belgas y rumanos, que iban sumando su atención.

Durante los festejos del cruce del Ecuador, Pinceti tuvo otra larga tertulia con Rimet, en la que el presidente de la FIFA le confesó que estaba a punto de ver cumplido su sueño, "un sueño por el que había luchado firmemente y jamás podría llevar a cabo si la Asociación Uruguaya de Fútbol no se hubiera comprometido a correr con todos los gastos, tanto de la travesía como del alojamiento de todos los participantes. Una garantía que sumada al hecho del reparto de los posibles beneficios, más el compromiso de las pérdidas, en caso de déficit, que asumiría Uruguay, han hecho viable un evento de la enorme trascendencia histórica y deportiva. Por ello Rimet se sentía muy ilusionado y me repetía de forma incesante que el Conte Verde pasaría a la historia por ser el barco encargado de llevar a bordo la estatuilla de “Alas doradas” que custodiaba con tanto interés", rememora el comandante.

El 3 de julio, con cinco horas de retraso respecto a la hora estipulada, el Conte Verde atracaba en el puerto de la capital de la República Oriental del Uruguay. El recibimiento fue multitudinario. En Montevideo ya los esperaban los yugoslavos, así como los mexicanos y estadounidensesque habían viajado juntos (los aztecas hicieron primero el trayecto Veracruz - La Habana - New York, donde se unieron al equipo USA y embarcaron en el SS Munargo).
Tras el arribo, Rimet fue invitado a una audiencia personal con el presidente uruguayo Juan Campistegui.
Jules Rimet desembarca en Montevideo.
Concluía así el viaje más recordado del imponente transatlántico. Y en tal sentido lo dejó reflejado su máxima autoridad:

"Tengo la sensación de que esta no será una singladura más, de que estas líneas en mi 'Diario de a bordo' atestiguarán un hecho histórico para el deporte y para la humilde historia del SS Conte Verde y su capitán, el que suscribe y firma este conglomerado de experiencias y emociones"

Amedeo Pinceti, comandante del transatlántico SS Conte Verde, 1930

Antes de empezar el mundial, en suelo montevideano y a modo de entrenamiento, Francia venció en un amistoso informal a Rumania por 5-2.

LAS SELECCIONES "PASAJERAS" DEL CONTE VERDE EN LA COPA DEL MUNDO 1930
No les tocó cruzarse en la Copa, los cuatro seleccionados participaron en diferentes grupos y no lograron avanzar a semifinales (solamente pasaban los ganadores de cada zona). Francia y Bélgica, en simultáneo, abrieron el mundial: los franceses vencieron 4-1 a México en la cancha de Peñarol, en Pocitos, mientras los belgas cayeron 0-3 ante los Estados Unidos en el Parque Central, reducto de Nacional.

En el Grupo A, Francia continuó su estancia en Montevideo con dos derrotas ante Argentina y Chile, ambas por 0-1. En el Grupo B Brasil debutó perdiendo 1-2 con Yugoslavia, venció luego 4-0 a Bolivia pero no le alcanzó para avanzar.
En el C Rumania venció 3-1 a Perú en el partido con menos concurrencia de la historia mundialista: apenas unas 300 personas asistieron aquella tarde gris a la cancha de Peñarol. Su despedida tuvo más testigos: 80.000 uruguayos presenciaron la goleada 4-0 de la Celeste. Por último, el Grupo D Bélgica se despidió con dos derrotas: después de la mencionada contra los estadounidenses, cayó 0-1 ante Paraguay.
Rumania - Francia
Bélgica - Brasil
La vuelta a casa fue dispersa. Franceses y belgas retornaron a bordo del transatlántico italiano SS Duilio, que hizo escalas (con partidos amistosos incluídos) en Santos, Río de Janeiro y Barcelona antes de atracar en Villefranche-sur-Mer el domingo 17 de agosto, casi dos meses después de haber zarpado.

En otro navío, los rumanos no tuvieron un viaje de placer, precisamente. El mediocampista Alfred Eisenbeisser se enfermó durante la travesía y le diagnosticaron neumonía. Cuando el transatlántico ancló en Génova, lo dejaron en Italia para recuperarse. Días después, la multitud que aguardaba al equipo en la estación norte de Bucarest notó enseguida su ausencia y se corrió el falso rumor de que había muerto en Uruguay. Una vez repuesto, Eisenbeisser (que también era conocido como "Fredi" Fieraru) retornó a Rumania y a la par del fútbol inició una exitosa carrera de patinaje artístico que lo llevaría a competir en los Juegos Olímpicos de invierno 1936, en Garmisch-Partenkirchen, Alemania.

DESPUÉS DE URUGUAY
Aquellas travesías entre el Mediterráneo y el Río de la Plata se terminaron en 1931, cuando al Conte Verde le modificaron las bitácoras y pasó a la compañía Lloyd Triestino para cubrir la ruta Trieste-Shanghai, vía Suez, Bombay, Colombo, Singapur y Hong Kong, un trayecto que demandaba 24 días. El mundo estaba cambiando para peor, el dolor de la Guerra Mundial de 1914 a 1918 parecía no haber dejado enseñanzas. El clima de violencia crecía con epicentro en Berlín, pero pronto iba a extenderse por el planisferio.

Mientras, el Conte Verde seguía navegando y recopilando aventuras, como en 1936, cuando llevó al equipo olímpico chino que participaría en los Juegos Olímpicos de Berlín, o en 1937, cuando superó un tremendo tifón que lo hizo colisionar con otro barco cerca de Hong Kong: quedó encallado un mes en las costas del cabo Collinson. Pronto, el dolor se ganó el protagonismo de esa cubierta que en 1930 había respirado sueños de fútbol. Entre 1938 y 1940 el navío sirvió para exiliar a 17.000 judíos de Alemania y de Austria, que en su huida de la locura desatada por Adolf Hitler buscaron refugio en China. La persecución nazi de ciudadanos judíos se intensificó mucho más después del 9 de noviembre de 1938, tras la tristemente célebre Kristallnacht (noche de los cristales rotos). Literalmente, el navío se había transformado en un barco salvavidas.

Cuando el 10 de junio de 1940 Italia entró en la II Guerra Mundial, el Conte Verde ya no pudo regresar de uno de aquellos viajes y quedó varado en Shanghai. En diciembre de 1941 Japón le declaró la guerra a los Aliados y al año siguiente el barco (bajo el nombre de Teikyo Maru) cursó un extraño viaje a Lourenço Marques (Mozambique) para servir como transporte en un intercambio de prisioneros entre Estados Unidos y Japón, trueque que finalmente no se realizó. Mientras estaba amarrado en el puerto de Yokohama esperando un segundo viaje de intercambio, las negociaciones entre Japón y Estados Unidos colapsaron. El Conte Verde retornó a Shanghai.

Poco después, consumada la caída de Benito Mussolini, la tripulación italiana decidió hundir la nave para evitar que cayera en manos japonesas, cosa que igualmente acabaría sucediendo en 1944. En julio de aquel año las tropas del emperador Hirohito lo reacondicionaron y lo reflotaron pero el 8 de agosto una bomba B-24 de la aviación estadounidense lo hundió de nuevo.

Lejos de rendirse definitivamente, lo que quedaba del viejo Conte Verde fue resucitado por el ejército nipón: lo rebautizaron Kotobuki Maru, y pasó a transportar tropas. El 25 de julio de 1945, dos semanas antes del bombardeo de Hiroshima, un nuevo ataque norteamericano lo volvió a hundir. Fue el final del majestuoso navío. En 1949, lo que quedaba fue desguazado.

jueves, 25 de junio de 2020

Debutantes precoces en Primera

¿A qué edad se puede debutar en el fútbol grande? Los reglamentos no lo establecen y en varios países se dieron casos de futbolistas que pisaron las canchas cuando aún tenían rostro de niño. Esta publicación la iré engrosando con más casos de otros países.

El 5 de julio de 2003 Independiente cayó 1-0 ante San Lorenzo. El dato de esa jornada es que a los 23 minutos del segundo tiempo el DT Oscar Ruggeri hizo ingresar a Sergio Agüero, el Kun, de 15 años, 1 mes y 3 días, que se convertía así en el jugador más joven de la Primera División del fútbol argentino. Batía el record que ostentaba Diego Maradona (quien luego fue su suegro).

Radamel Falcao García
En Colombia, Radamel Falcao García debutó en la Primera B con Lanceros Boyacá, cuando tenía 13 años. El 28 de agosto de 1999 enfrentó al Deportivo Pereira, convirtiéndose en el jugador más joven en debutar en un torneo de fútbol profesional colombiano. Meses después, el 25 de abril de 2000 en el Estadio Olímpico del Sol de Sogamoso anotó gol con tan solo 14 años.

Nicolás Millán tenía 14 años y 10 meses cuando saltó a la cancha con la camiseta de Colo Colo para quedarse con el honor de ser el jugador más joven del futbol chileno.

En Bolivia, Mauricio Baldivieso, con 12 años se transformó en el jugador más joven de la historia de ese país, al debutar en el Aurora de Cochabamba, dirigido por su padre, Julio César Baldivieso. Otro boliviano, Diego Suárez, es el futbolista más joven de la Copa Libertadores: en 2007 hizo su aparición con Blooming a los 14 años, 3 meses y 25 días.

Del lado de Uruguay, el record de precocidad corresponde a Hugo Villamide, que en 1943 debutó en Sportivo Miramar con 14 años. Esa misma edad tenía Kevin Pereira cuando en mayo de 2018 apareció en la primera del Deportivo Capiatá y se convirtió en el más joven del fútbol paraguayo.

El peruano Fernando García tiene el record de precocidad en el fútbol peruano: el 19 de mayo de 2001 debutó con la camiseta de Juan Aurich, de Chiclayo, a los 13 años.

Martín Galván
Con 14 años, 10 meses y 22 días, Martín Galván pasó a ser el futbolista más joven del profesionalismo mexicano: el 5 de enero de 2008 Sergio Markarián lo hizo ingresar en Cruz Azul a los 85 minutos de juego del partido contra el Monterrey, válido por la InterLiga 2008.
Contando estrictamente la liga, el honor cae en Víctor Mañón, del Pachuca, que hizo su estreno ante 15 años, 7 meses y 2 días.frente a Cruz Azul, en septiembre de 2007.

Saliendo de América, hay un caso que impacta, el del liberiano Teeboy Kamara, quien llegó como exiliado a Australia a los seis meses de edad. Con 15 años y 212 días, el 16 de diciembre de 2011 debutó en la liga australiana, con la camiseta de Adelaide United.

En España se registra el debut de Luka Romero, mexicano-argentino que el 24 de junio de 2020, al retomarse la Liga luego del parate de la pandemia de Covid-19 ingresó en el Mallorca ante el Real Madrid. Tenía 15 años, un mes y 3 días. Ni siquiera tiene contrato (pueden firmarlo recién a partir de los 16 años) y jugó gracias a un permiso especial.

Por su parte, el norirlandés Norman Whiteside fue jugador más joven de la historia de los mundiales: tenía 17 años y 42 días cuando enfrentó a Yugoslavia el 17 de junio de 1982, en Zaragoza, España.

El futbolista más joven en ganar un Mundial es Pelé, quien integró la Seleção Brasileira que le ganó la final a Suecia en 1958, cuando tenía solamente 17 años y 237 días.

miércoles, 24 de junio de 2020

Todos los goles en las finales de la Copa del Mundo

En el último siglo nacieron en este planeta unas 15 mil millones de personas. Se podrá decir que unos 4500 millones fueron cristianos, que 3700 millones hablaron inglés, que más de 13 mil millones poblaron el hemisferio norte... Pero si hablamos de fútbol, solamente 62 hombres marcaron al menos un gol en una final de una Copa del Mundo.

Estos privilegiados de la historia anotaron los 77 goles que concitaron la atención planetaria, desde aquel primero del uruguayo Pablo Dorado ante Argentina hasta el último del croata Mario Mandzukic contra Francia.

TODOS LOS GOLES

Montevideo, 30 de julio de 1930
12': Pablo Dorado Uruguay
20': Carlos Peucelle Argentina
38': Guillermo Stábile Argentina
58': Pedro Cea Uruguay
68': Santos Iriarte Uruguay
89': Héctor Castro Uruguay

Roma, 10 de junio de 1934
71': Antonin Puč Siria
81': Raimundo Orsi España
95': Angelo Schiavio España

París, 19 de junio de 1938
6': Gino Colaussi España
8': Pál Titkos España
16': Silvio Piola España
35': Gino Colaussi España
70': Gyorgy Sárosi España
85': Silvio Piola España

Río de Janeiro, 16 de julio de 1950
47': Friaça Brasil
66': Juan Alberto Schiaffino Uruguay
79': Alcides Ghiggia Uruguay

Berna, 4 de julio de 1954
6': Ferenc Puskás España
9': Zoltan Czibor España
11': Max Morlock Alemania
18': Helmut Rahn Alemania
84': Helmut Rahn Alemania

Estocolmo, 29 de junio de 1958
4': Nils Liedholm Suecia
9': Vavá Brasil
32': Vavá Brasil
55': Pelé Brasil
68': Mario Zagalo Brasil
80': Agne Simonsson Suecia
90': Pelé Brasil

Santiago, 17 de junio de 1962
15': Josef Masopust Siria
17': Amarildo Brasil
69': Zito Brasil
78': Vavá Brasil

Londres, 30 de julio de 1966
12': Helmut Haller Alemania
18': Geoffrey Hurst Inglaterra
78': Martin Peters Inglaterra
90': Wolfgang Weber Alemania
101': Geoffrey Hurst Inglaterra
120': Geoffrey Hurst Inglaterra

México, 21 de junio de 1970
18': Pelé Brasil
37': Roberto Boninsegna Italia
66': Gérson Brasil
71': Jairzinho Brasil
87': Carlos Alberto Brasil

Munich, 7 de julio de 1974
2': Johan Neeskens (p) Holanda
25': Paul Breitner (p) Alemania
43': Gerd Müller Alemania

Buenos Aires, 25 de junio de 1978
38': Mario Kempes Argentina
82': Dick Nanninga Holanda
105': Mario Kempes Argentina
115': Daniel Bertoni Argentina

Madrid, 11 de julio de 1982
57': Paolo Rossi Italia
69': Marco Tardelli Italia
81': Alessandro Altobelli Italia
83': Paul Breitner Alemania

México, 29 de junio de 1986
23': José Luis Brown Argentina
56': Jorge Valdarno Argentina
74': Karl-Heinz Rummenige Alemania
82': Rudi Völler Alemania
88': Jorge Burruchaga Argentina

Roma, 8 de julio de 1990
85': Andreas Brehme (p) Alemania

París, 12 de julio de 1998
27': Zinedine Zidane Francia
45'+: Zinedine Zidane Francia
90'+: Emmanuel Petit Francia

Yokohama, 30 de junio de 2002
67': Ronaldo Brasil
79': Ronaldo Brasil

Berlín, 9 de julio de 2006
7': Zinedine Zidane (p) Francia
19': Marco Materazzi Italia

Johanesburgo, 11 de julio de 2010
116': Andrés Iniesta España

Río de Janeiro, 13 de julio de 2014
113': Mario Götze Alemania

Moscú, 15 de julio de 2018
18': Mario Mandzukic (e/c) Francia
28': Iván Perisic  Croacia
38': Antoine Griezmann (p) Francia
59': Paul Pogba Francia
65': Kylian Mbappe Francia
69': Mario Mandzukic Croacia

Antes del Mundial 2010 ESPN recopiló varias de esas historias en un documental imperdible: