jueves, 28 de mayo de 2020

Todos éramos del Napoli

El fútbol era otro. Italia era la meca del fútbol mundial a la que solamente accedía un puñado de figuras de primerísimo nivel mundial: Platini, Elkjaer-Larsen, Boniek, Falcao... y se sumó Maradona. No había lugar para jugadores de segundo orden, estrellas de países emergentes ni pasaportes italianos que aparecían mágicamente. Para jugar en el calcio había que ser un crack en serio.

El fútbol era otro. Nosotros éramos otros. Adolescentes encantados con la magia de Diego, inmediatamente sumamos nuestra adhesión al Napoli a la que ya teníamos por el Barcelona. El Milan tenía un cuadro espectacular, la Juventus desplegaba un fútbol impresionante, el Inter imponía su presencia en cualquier estadio, pero nosotros no nos subíamos a los carros triunfales, simplemente nos hicimos del Napoli por amor a él.


A mediados de los ’80 no se podía ser argentino sin ser del Napoli. Esa camiseta celeste, tan poco acostumbrada a los éxitos, nos convocaba desde la presencia de Diego. El modesto equipo del sur de Italia no proponía el mismo brillo que las grandes squadras del norte, pero tenía a Maradona, como un alquimista que podía materializar los sueños más imposibles.
Lejos estaba el periodismo en aquellos años de escuela secundaria, en los que el fútbol invadía todos los espacios de conversación. Los interminables debates entre compañeros de Boca y de River, de Independiente y de Racing, de San Lorenzo y todos los demás encontraban un nuevo punto de hermandad semanal: todos éramos del Napoli.

No había todavía televisión por cable, pero el Canal 9 de Buenos Aires transmitía cada domingo el fútbol italiano. Y entonces, muchas horas antes de que nuestros equipos salieran a la cancha, cuando el fútbol se jugaba completamente en domingo, dejábamos el desayuno familiar, la misa en la Iglesia o los paseos tradicionales: allí estábamos todos frente al televisor, como tifosi napolitanos a once mil kilómetros del estadio San Paolo esperando una gambeta, una locura de Diego, un gol para gritarlo hasta la afonía. No importaba si la emisión traía las imágenes de Milan-Udinese, allí estaríamos todos esperando que sonaran las trompetas con el anuncio “Napoli in vantaggio” para alegrarnos como si se tratase de un gol de nuestro equipo de siempre.

El Mundial de México selló para siempre nuestro amor con Diego Maradona. Si aquella selección pudo conquistar la Copa del Mundo a partir del brillo del número 10, la Serie A invitaba a soñar con una hazaña semejante. ¿Podría aquel limitado equipo del Napoli llegar a la cumbre del calcio? ¿Era posible para el modesto Napoli superar a los poderosos equipos del norte? Solamente sería viable si Diego desplegaba todo su talento, y allí, detrás de sus gruesa figura estábamos todos los jóvenes argentinos, empujando a esa escuadra napolitana que llevaba los mismos colores que la bandera nacional.

No había estallado la globalización, no existía internet ni había canales deportivos. La revista El Gráfico traía imágenes y reportajes exclusivos desde Italia, que leíamos y atesorábamos con devoción religiosa. Pero no era suficiente. Ahí empezaban las peripecias para conseguir el póster que nadie tenía, escribir cartas a Italia para intercambiar material con aficionados de allí, hasta que descubrimos un kiosco (solamente uno) que traía a Buenos Aires la revista Guerin Sportivo. Era carísima, pero íbamos cada semana a comprarla para tener ese material que ningún chico argentino tenía.

Aprendimos a leer en italiano gracias a esa publicación y a la necesidad de tener más de Diego, de querer estar más cerca del Napoli.

Adornábamos nuestras carpetas escolares con fotos de Guerin Sportivo, antes de “estudiar” sus páginas con muchísima más dedicación que los libros de historia y geografía. Sabíamos todo del calcio: podíamos precisar la defensa del Atalanta, decir los nombres de los 16 estadios de la Serie A, marcar al Avellino en un mapa o recordar el fixture del Empoli, el Verona o el Como. Nos transformamos en eruditos del fútbol italiano, pero especialmente del Napoli.

Cuando el primer Scudetto se hizo realidad, la mañana del 10 de mayo de 1987, “estuvimos” todos en el San Paolo, contra la Fiorentina. Lo festejamos unidos como solamente la Selección Argentina había podido juntarnos, un año antes.
Solo en mi cuarto, en ese madrugador horario de los domingos y varios años antes de empezar mi carrera en el periodismo, salté de alegría junto a los napolitanos, me arrodille junto a la cama a implorar ante el póster de Maradona, grité en cada jugada y sufrí con sudor helado hasta que el árbitro marcó el final, sabiendo que un pedazo grande de esa gloria tenía el sello argentino. La explosión de felicidad fue allá como una erupción del Vesubio... aquí, como una repetición de la gloria del 86. No existía otro tema. Terminado el partido, los vecinos salían a la calle a compartir su alegría, a enorgullecerse por el compatriota que era portador de festejos a los más humildes de Italia.

Aquel domingo, horas después, cada uno en la tribuna de su club de siempre, había un solo tema de conversación que sobrepasaba a Boca, Vélez o Newell’s Old Boys: Diego lo había hecho de nuevo. Así como nos había llenado de gloria en el estadio Azteca, él había llevado a la cima al humilde equipo de Nápoles para ponerlo por arriba de los poderosos del calcio. Esa victoria la sentimos como propia, como el más napolitano devoto de San Genaro. La festejamos en nuestras calles bonaerenses, como si se tratase de la Gallería Umberto I, la Via San Gregorio Armeno o la zona de Fuorigrotta, donde se alza el estadio San Paolo.

No importaba la distancia en aquellos años. La felicidad venía importada de Italia gracias a Diego Maradona, cuando todos éramos del Napoli.


sábado, 23 de mayo de 2020

El fútbol de la Comunidad de Estados Independientes


El desmembramiento de la Unión Soviética se terminó de consumar en 25 de diciembre de 1991, con la renuncia del presidente Mijail Gorbachov. Al día siguiente, el Soviet Supremo reconocería la extinción de la Unión,​ disolviéndose y asumiendo Rusia los compromisos y la representación internacional del desaparecido Estado, siendo reconocida como el Estado sucesor de la Unión Soviética en el derecho internacional.

Con los países del Báltico (Estonia, Letonia y Lituania) y Georgia, once repúblicas dieron vida a la llamada Содружество Незавимых Государств (que se pronuncia Sodrúzhestvo Nezavísimyj Gosudárstv y en castellano sería Comunidad de Estados Independientes), una organización supranacional que selló la disolución de la Unión Soviética. Según Vladímir Putin, su propósito fue el permitir un "divorcio civilizado" entre las repúblicas que conformaban la URSS.

Esta CEI no fue un estado sucesor de la Unión Soviética: el estatuto de la organización enfatizó que todos los miembros eran estados soberanos e independientes. Fue -y sigue siendo- una asociación flexible de antiguas repúblicas soviéticas que han acordado cooperar en asuntos de comercio, seguridad y derechos humanos.

Pero vamos al fútbol. Menos de un mes y medio antes del colapso de la URSS, el 13 de noviembre, la selección soviética ya había disputado -sin saberlo- el que sería su último partido: en Lárnaca había vencido a Chipre 3-0 en el cierre de las eliminatorias para la Eurocopa 1992 a disputarse en Suecia. Oleg Protasov, Sergei Yuran y Andrei Kanchelskis sellaron el resultado que cerraría definitivamente las estadísticas del representativo soviético.


En el fútbol, la Российский Футбольный Союз (Unión del Fútbol de Rusia) heredó el historial de la Федерация футбола СССР (Federación de Fútbol de la URSS), mientras que otras catorce federaciones se formaron o volvieron a actuar de manera independiente. Pero había un "inconveniente" más en aquellos días finales de 1991: la selección soviética había ganado su lugar en la Eurocopa que a mediados de 1992 se disputaría en Suecia.

La solución fue crear una "confederación temporal", que durara lo necesario para mantener un seleccionado que compitiera en la cita continental representando a aquella unión de países que ya no era tal. Así se conformó la selección de la Comunidad de Estados Independientes que. extrañamente el equipo llevó el pecho la sigla CIS, en inglés, por Commonwealth of Independent States.

Casi como una ironía de la historia de la Guerra Fría, el debut de esta selección fue un amistoso contra los Estados Unidos, en Miami el 25 de enero de 1992. A los anfitriones se les presentó un problema protocolar antes del partido: la Comunidad de Estados Independientes no tenía himno ni bandera, así que sonaron los acordes del himno de la extinta Unión Soviética mientras flameaba la bandera con la hoz y el martillo. Las camisetas siguieron siendo las adidas que había usado la selección soviética desde el Mundial Italia 1990.

El match agregó otro dato curioso: la CEI ganó 1-0 con gol del georgiano Ahrik Tsveiba, a pesar de que Georgia no se había sumado a la comunidad. En realidad el gol fue mitad de Tsveiba y mitad del defensor Janusz Michallik (polaco de nacimiento) que desvió la pelota contra su propio arco y desorientó al portero Tony Meola.
El único partido que la CEI jugó de local, en Moscú, fue un 2-2 contra Inglaterra.
Este seleccionado de la Comunidad de Estados Independientes tuvo una vida efímera: no llegó a cumplir cinco meses, en los que jugó doce partidos internacionales: nueve amistosos y los tres correspondientes al Grupo 3 de la Eurocopa.

Los amistosos internacionales:
25/1/1992 Miami: Estados Unidos 0-1 CEI
29/1/1992 San Salvador: El Salvador 0-3 CEI
2/2/1992 Detroit: Estados Unidos 2-1 CEI
12/2/1992 Jerusalem: Israel 1-2 CEI
19/2/1992 Valencia: España 1-1 CEI
8/3/1992 Cd. México: México 4-0 CEI (*)
11/3/1992 Tampico: México 1-1 CEI (*)
29/4/1992 Moscú: CEI 2-2 Inglaterra
3/6/1992 Copenhague: Dinamarca 1-1 CEI


En los dos partidos que disputó contra México, la selección de la CEI estuvo integrada solamente por futbolistas rusos. De hecho fue la primera "Selección de Rusia" tras la disolución de la Unión Soviética, pero ninguno de los dos amistosos es considerado oficial ni por la Comunidad de Estados Independientes ni por Rusia.


EUROCOPA Y DESPEDIDA
El debut ya planteaba contrastes políticos: la poderosa Alemania campeona del mundo volvía a jugar unificada en un torneo oficial (ultimo partido de ese carácter había sido en el Mundial 1938) y lo hacía contra una selección que representaba los restos de una potencia que ya no existía.
La bandera que se usó durante
la Eurocopa 1992.

Tampoco existía esa impactante sigla CCCP que infundía respeto en los rivales: ahora lucía un pequeño bordado que decía CIS. Apenas si quedaba el color rojo como recuerdo de aquellos representativos soviéticos. Y no había himno que cantar, así que en la ceremonia previa sonó la novena sinfonía de Beethoven.

Los comunitarios (?) comenzaron ganando con un gol de Ígor Dobrovolski de penal a los 19' de la segunda mitad pero sobre el tiempo cumplido Thomas Hässler logró el empate.

Ígor Lediakhov corta el avance de Andreas Brehme. Se le el partido escapó al final.
El segundo paso fue otra igualdad, sin goles, ante Holanda, el campeón europeo vigente. Tuvieron suerte los exsoviéticos, ya que los de naranja los arrinconaron casi contra su propio arco y Marco van Basten falló en repetidas ocasiones.
Serguei Yuran aguanta a Adri van Tiggelen. La CEI no pudo con Holanda.
La caída 0-3 ante Escocia marcó el final de la selección de la Comunidad de Estados Independientes. Paul McStay, Brian Mcclain y Gary Mcallister sellaron el resultado que significó el último puesto para el equipo sin país.
Andrei Chernyshov trata sin éxito de detener a Kevin Gallagher. Los últimos 90 minutos de la CEI.

Cuando el suizo Kurt Röthlisberger pitó el final, no solo se terminó el partido. Se completaba la última página de una selección efímera, a menos de cinco meses de haber debutado. La Euro92 marcaba la fecha de vencimiento de la CEI y todos lo sabían.

Pero esta última página cerraba también los capítulos anteriores de una historia grande del fútbol, aquella de la poderosa Unión Soviética, que dejaba en el historial siete participaciones en la Copa del Mundo y varios títulos: una Eurocopa (1960), un Mundial Juvenil (1977), un Mundial Sub-17 (1987), dos oros olímpicos (1956 y 1988) y tres bronces (1972, 1976 y 1980).

Enseguida la FIFA declaró a Rusia como el sucesor legítimo de los equipos nacionales de la URSS y de la CEI, dando paso a las eliminatorias para el Mundial Estados Unidos 1994 y dejando a todas las demás repúblicas comenzar desde cero o retomar su historial -las que lo tenían- previo a su integración a la Unión Soviética.

Resumen Eurocopa:
12/6/1992 Norrköping: CEI 1-1 Alemania
15/6/1992 Göteborg: CEI 0-0 Holanda
18/6/1992 Norrköping: CEI 0-3 Escocia

En total, contando amistosos y oficiales, ganó tres partidos, empató seis y perdió tres.

LO QUE VINO DESPUÉS
Así como existen el Mercosur o la Unión Europea, la Comunidad de Estados Independientes siguió funcionando en el ámbito de la cooperación entre las repúblicas que habían conformado la URSS. Hoy la componen nueve de las quince repúblicas exsoviéticas: Rusia, Bielorrusia, Moldavia, Armenia, Azerbaiyán, Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán. Se autoexcluyeron Estonia, Letonia y Lituania -que son miembros de la Unión Europea-; Turkmenistán, que abandonó la organización en 2005 para convertirse en miembro asociado; Georgia, que se retiró en 2009; y Ucrania, que pese a haber sido un estado fundador, de iure nunca fue miembro de la CEI ya que no llegó a ratificar el estatuto de la organización, aunque era un participante de facto, pero en marzo de 2014, anunció su salida después de la Adhesión de Crimea y Sebastopol a Rusia. En 2018 sus representantes fueron retirados.

Y aunque el fútbol siguió de manera independiente en cada país después de que bajara el telón para la selección de la CEI, se siguió disputando la Кубок Содружества (se pronuncia Kubok Sodružestva, en decir Copa de la Comunidad), competición internacional surgida en 1993 y más conocida como Copa de Campeones de la CEI. Todas las finales de este torneo se disputaron en Rusia.

Durante años participaron todos los campeones de liga de los países de la Comunidad de Estados Independientes, además de los campeones en los tres países bálticos. La competencia iba perdiendo interés cada temporada y a partir de 2012 se limitó a selecciones juveniles y con equipos invitados. De hecho, la edición 2015 fue ganada por un seleccionado Sudafricano Sub-21.

El punto final se puso el 23 de julio de 2016, cuando el Ministro de Deportes de Rusia, Vitaly Mutko, anunció la cancelación del torneo.

HISTORIAL DE LA COPA DE LA COMUNIDAD
Año - campeón
Spartak, ganador de seis ediciones de la Copa.
1993 Spartak (Мoscú, Rusia)
1994 Spartak (Мoscú, Rusia)
1995 Spartak (Мoscú, Rusia)
1996 Dinamo (Кiev, Ucrania)
1997 Dinamo (Кiev, Ucrania)
1998 Dinamo (Кiev, Ucrania)
1999 Spartak (Мoscú, Rusia)
2000 Spartak (Мoscú, Rusia)
2001 Spartak (Мoscú, Rusia)
2002 Dinamo (Кiev, Ucrania)
2003 Sherif (Тiraspol, Moldavia)
2004 Dinamo (Тbilisi, Georgia)
2005 Lokomotiv (Мoscú, Rusia)
2006 Neftchi (Bakú, Azerbaiyán)
2007 Pakhtakor (Tashkent, Uzbekistán)
2008 Khazar Lanzaran (Lanzaran, Azerbaiyán)
2009 Sherif (Тiraspol, Moldavia)
2010 Rubin (Кazan, Rusia)
2011 Neftchi (Bakú, Azerbaiyán)
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2012 Rusia Sub-21
2013 Rusia Sub-21
2014 Ucrania Sub-21
2015 Sudáfrica Sub-21
2016 Rusia Sub-21

El Sub-21 ruso, último campeón de la Copa de la Comunidad.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Alcanzapelotas

Alcanzapelotas, recogebalones, recogepelotas o balonero según los diferentes países de habla hispana. O ball boy en inglés, raccattapalle en italiano, balle garçon en francés o Balljunge en alemán.

En todo el mundo los jóvenes de las divisiones menores actúan como alcanzapelotas en los partidos de la máxima división nacional y pueden ver de cerca a los ídolos mientras sueñan con ser compañeros dentro de unos pocos años.

Aquí el recuerdo de algunas estrellas del fútbol retratadas cuando niños, junto a grandes jugadores. Si tenés alguna, mandámela a este mail.
Argentinos Juniors junto a un muy pequeño Diego Maradona (con la pelota).
Marcelo Gallardo, junto a Gustavo Zapata.
Juan Román Riquelme y Carlos Tevez, en Boca Juniors.
Marco Van Basten posa junto a un sonriente Patrick Kluivert, en el Ajax.
El pequeño Ronaldinho junto a su hermano Roberto de Assis Moreira, jugador del Grêmio.
Raúl González, futuro goleador del Real Madrid, era recogebalones del Atlético. Aquí junto a Manolo Sánchez Delgado (Pichichi de la Liga 1991/92).
Un jovencísimo Josep Guardiola, recogepelotas del Barcelona, sujetando del brazo a Víctor Muñoz, en 1985.
Napoli campeón y detrás de Diego Maradona aparece un jovencito raccattapalle llamado Fabio Cannavaro.
Otra imagen de la gran cantera del Ajax: Frank Rijkaard y el pequeño Wesley Sneijder.
Andrés D'Alessandro y Enzo Francescoli, en River Plate.
Antonio Cassano, alcanzapelotas del Bari, junto a Dejan Savićević, del Milan.


EN BRASIL, CON NOMBRE PROPIO
Puede llamar la atención que en Brasil a los niños encargado de alcanzar los balones se los llame "gandulla". Ese apelativo es en honor al argentino Bernardo Gandulla (Buenos Aires, 1 de marzo de 1916 - 7 de julio de 1999), quien se destacó como delantero en las décadas de 1930 y 1940.

Todo se originó en 1939, mientras jugaba para el Vasco da Gama; no tuvo allí grandes actuaciones pero quedaría en el recuerdo por su actitud caballeresca: cuando la pelota salía de la cancha, él corría a buscarla y la entregaba a quien tenía que sacar, sin importar si era un compañero o un adversario.

Al año siguiente continuó su carrera en Boca Juniors, pero dejó para siempre su recuerdo en el fútbol brasileño.


POR PRIMERA VEZ EN UNA COPA DEL MUNDO
En 1966 futbolistas en edad escolar de toda Inglaterra fueron escogidos para cumplir funciones en los 32 partidos de las 8 ciudades sede.

Fueron sorteados a razón de nueve muchachitos para cada encuentro, y Neil Rioch, a quien le tocó estar en la final de Wembley, recuerda medio siglo después: "En ese momento yo vivía en Luton y todos tomamos el tren a Londres la mañana del partido. En el estadio, los ball-boys teníamos nuestro propio vestuario, al lado de los equipos, y cuando se acercaba el comienzo, el ruido de la gran multitud era increíble. Salimos a la cancha junto a los jugadores y cuando empezó el partido, mi posición estaba frente al palco real, a un metro de la acción".
Los recuerdos de Rioch (en la foto, el quinto desde la izquierda), recogidos por el Sunday Express, son emocionantes: "Después de unos segundos de comenzado el partido, un jugador de Alemania Federal pateó la pelota afuera y yo la recogí. Puedo decir con toda sinceridad que fui el primer inglés en tocarla en la final de Mundial 1966. Creo que se la pasé a Martin Peters".

"Los alcanzapelotas teníamos instrucciones estrictas de no ingresar al campo de juego, pero al final del partido las reglas se fueron por la ventana. Sabía que nunca volvería a tener una oportunidad como esa y me uní a las celebraciones", dice Rioch, que llegó a tener una buena carrera en el fútbol, incluyendo jugar para el Aston Villa, "pero nada se acercó a la emoción de esa tarde en Wembley. Mis compañeros de clase estaban tan envidiosos... Probablemente fue la mejor experiencia de mi vida".

viernes, 15 de mayo de 2020

La maldición del Balón de Oro

El Balón de Oro comenzó premiando en 1956 al mejor futbolista europeo. A partir de 1995 se amplió a todos los jugadores que actuaban en torneos del Viejo Continente y desde 2007 el pasó a premiar al mejor jugador del planeta.

Todos sueñan con tenerlo y la lista de ganadores incluye a las grandes estrellas internacionales, pero nunca el poseedor del Balón de Oro pudo juntarlo con la Copa del Mundo. Este es un repaso a la "maldición" del premio. En este 2018, el hechizo fue otra vez implacable con el portugués Cristiano Ronaldo.

1957: Alfredo Di Stéfano Argentina Bandera de España
El hispanoargentino, figura del Real Madrid multicampeón campeón de Europa, ni siquiera pudo jugar en Suecia 1958 ya que la selección de España fue eliminada por Escocia en las eliminatorias.

1961: Enrique Sívori Argentina Italia
Triunfaba en Juventus y representó a la Squadra Azzurra en Chile 1962, donde los italianos siguen siendo recordados por su juego violento. Italia quedó afuera en primera ronda, detrás de Alemania Federal y Chile.

1965: Eusébio Portugal
La Pantera de Mozambique (por entonces colonia portuguesa) era la principal carta de triunfo de Portugal, en Inglaterra 1966 al igual que lo era con el Benfica. Los lusitanos debutaron en las Copas del Mundo como una grata sorpresa: eliminaron a Brasil pero tras caer ante Alemania Federal en semifinales, se tuvieron que contentar con un histórico tercer puesto.

1969: Gianni Rivera Italia 
El Bambino de Oro del Milan llegó a México 1970 como el primer jugador nacido en Italia que ganaba el Balón de Oro. Era el alma de la Nazionale, pero en la final se topó contra el mejor Brasil de todos los tiempos y quedó en el segundo lugar del podio.

1973: Johan Cruyff Italia
Después de deslumbrar al mundo con el Ajax, repetía su maestría en el Barcelona y la Selección de Holanda comandada por Rinus Michels. Fue la gran figura de Alemania Federal 1974, pero cayeron 1-2 en la final y el título quedó para los locales.

1977: Allan Simonsen Dinamarca
El danés del Borussia Mönchengladbach quedó lejos de Argentina 1978. Su selección, que nunca había asistido a una Copa del Mundo, quedó relegada en las eliminatorias por Polonia (clasificó) y Portugal.

1981: Karl-Heinz Rummenigge Alemania
El único germano que llegó a una Copa del Mundo como dueño del Balón de Oro estuvo cerca en España 1982... Brillaba en el Bayern Munich y hacía lo mismo en la selección de Alemania Federal campeona de Europa 1980, pero en Madrid se quedó con el segundo puesto al perder la final contra Italia.

1985: Michel Platini Francia
Antes de viajar a México 1986 había ganado los últimos tres Balones de Oro por sus actuaciones extraordinarias con la Juventus y el título de campeón de Europa, pero su genio no alcanzó: Francia fue superada por Alemania Federal en las semifinales y terminó en el tercer lugar.

1989: Marco van Basten Holanda
Protagonista máximo del maravilloso Milan de fines de la década de los '80s, llegó a Italia 1990 con los dos últimos Balones de Oro en sus vitrinas y el título de campeón de Europa conseguido con Holanda -otro equipo superlativo- en 1988. Sin embargo el Mundial fue una decepción: el equipo naranja se despidió en octavos, sin ganar un solo partido.

1993: Roberto Baggio Italia
Aquí la "maldición" llegó a su máxima expresión: emblema de la Juventus y la Squadra Azzurra en Estados Unidos 1994, fue protagonista de la primera final de Copa del Mundo decidida desde el punto del penal y su papel fue el más duro: él erró el penal que dejó la Copa en manos de Brasil.

1997: Ronaldo Brasil
El mundo estaba ante un jugador extraordinario, insignia del Internazionale y joven potencia de la Seleçao Brasileira. Antes de jugar la final de Francia 1998 ante los anfitriones sufrió una crisis cardíaca (en un primer momento se habló de epilepsia) pero tras atenderlo en un hospital parisino, igual integró el once titular. Deslucido, poco pudo hacer y Brasil cayó 0-3.

2001: Michael Owen Inglaterra
Su destacada campaña con el Liverpool lo convirtió en la esperanza inglesa para Japón/Corea 2002. Se destacó, dejó afuera a Argentina, a Dinamarca, y en cuartos de final abrió el marcador contra Brasil, pero los goles de Rivaldo y Ronaldinho despidieron a Inglaterra de la Copa.

2005: Ronaldinho Brasil
Lo era todo en el Barcelona y ponía la magia en la selección verdeamarela, que desplegaba un fútbol lujoso y efectivo. En Alemania 2006 acompañó a un Ronaldo imparable pero en cuartos de final chocaron contra Francia y un juego exquisito, que puso fin a la aventura.

2009: Lionel Messi Argentina
El mundo empezaba a agotar los elogios para el pibe argentino del Barcelona. Llegó a Sudáfrica 2010 como estrella excluyente del seleccionado dirigido por Diego Maradona pero el sueño se hizo pedazos cuando Alemania goleó 4-0 a la celeste y blanca en cuartos de final.

2013: Cristiano Ronaldo Portugal
Antes de levantar la Orejona de la Champions League 2014 con el Real Madrid, se había quedado con su segundo Balón de Oro, después de cuatro trofeos consecutivos para Lionel Messi. Llegó con Portugal a Brasil 2014 con el propósito de avanzar muy lejos en la competición, pero se despidió sin pasar la fase de grupos.

2017: Cristiano Ronaldo Portugal
Ya con cinco Balones de Oro, el título de campeón de Europa conseguido con Portugal en 2016, y tras llevar al Real Madrid a su 13ª Copa de Campeones de Europa, se preparó para una mejor actuación en Rusia 2018... Finalmente Portugal fue despedido por Uruguay en octavos de final.

lunes, 11 de mayo de 2020

Reinhard 'Stan' Libuda, el Garrincha alemán

Reinhard Libuda había nacido en 1943 en Wendlinghausen, una ciudad alemana con nombre más alemán todavía. Pero cuando empezó a jugar al fútbol sus piernas desmintieron a su nacionalidad. De no ser por su cabellera rubia al viento, parecía sudamericano. Y era un wing derecho, una posición poco común para el fútbol germano.

Su habilidad y su talento para gambetear, pisar la pelota, esconderla y amagar hicieron que a los 18 años debutara en el Schalke 04, de Gelsenkirchen, quizá el club más popular del país. Tras cuatro temporadas en el cuadro azul se incorporó al clásico rival, el Borussia Dortmund, del que fue el argumento mayor para quedarse en 1966 con la Recopa de Europa, al superar en la final al Liverpool. Él marcó el 2-1 definitivo en el alargue, ante casi 100 mil personas en el Hampden Park escocés. Faltaba un mes para el Mundial Inglaterra ’66 y alemanes e ingleses anticipaban lo que estaría por llegar.

Esta Recopa era el primer torneo europeo de clubes que ganaba un equipo alemán y toda la gloria era para este flaquito casi desgarbado cuyo peinado a todos les hacía acordar al un inglés que tampoco tenía demasiada pinta de futbolista, pero que con la pelota por la punta derecha era el mejor de todos: Stanley Matthews. Tanto se parecía que heredó el apodo del británico que jugó profesionalmente hasta los 50 años. A partir de entonces Europa lo conoció como ‘Stan’ Libuda.

Frankfurt 1963: su debut en la
Selección, ante Turquía.
Alemania Federal cayó en la final mundialista 1966, en Wembley. De cara a México ’70, Libuda volvió a su amado Schalke 04; ya era protagonista de la selección y jugó el mundial mexicano, al que Alemania jamás hubiera llegado de no ser por él. Los teutones quedaron terceros al vencer 1-0 a Uruguay en el Azteca.
Alemania Federal 1970, un equipazo: Seeler, Maier, Schnellinger, Beckenbauer, Loehr, Müller, Hoettges, Libuda, Fichtel, Overath y Vogts.
Las medias bajas, la facha de atorrante, hacían de 'Stan' Libuda un futbolista distinto, mucho más habilidoso que el alemán promedio; y eso que tenían nombres de sobra: Vogts, Beckenbauer, Overath, Seeler, Müller... Llegó a jugar 26 partidos con la Nationalmannschaft, en la que marcó 3 goles.
Schalke 04 vs. Bayern Munich, o Libuda vs. Beckenbauer.
Pero en 1971 llegaron las horas más tristes en la vida de Libuda que fue suspendido por haber formado parte de una banda que arregló varios encuentros de la Bundesliga para que el Rot-Weiß Oberhausen y el Arminia Bielefeld no descendiesen, en lo que se dio en llamar el Bundesligaskandal. Debió dejar su país, pero se fue ahí nomás: se incorporó al Racing Strasbourg francés, bien cerca de la frontera con Alemania.

Libuda, antes de enfrentar a Perú en el mundial mexicano.


En 1973 volvió, pero en tres años apenas pudo jugar un puñado de partidos con la camiseta azul. Y no marcó ningún gol. A los 32 años dejó el fútbol y el recuerdo de sus gambetas lo elevaron al sitial de los futbolistas de culto, pero sin que pasara mucho tiempo cayó en desgracia.

Reinhard ‘Stan’ Libuda murió el 25 de agosto de 1996 por un ataque de apoplejía cuando tenía 52 años. Para entonces, ya estaba en la miseria, solo y triste. Sus últimos años lo encontraron luchando contra el cáncer de garganta. Su descomunal habilidad y su amargo final empujaron a un penosa comparación y lo llamaron “el Garrincha alemán”. Había tenido que desprenderse de todo lo que tenía, incluso el local de venta de tabacos, que era su humilde sustento. Por eso no sorprendió que antes haya malvendido hasta uno de sus tesoros más valorados: la medalla de bronce que la FIFA le otorgó en 1970, por el tercer puesto del Mundial mexicano.

Un yugoslavo se había quedado con la presea, que enseguida fue a parar a Londres, la meca de los coleccionistas. El comprador no reconoció en el grabado que dice “R.LIBUDA” a ninguno de los famosos jugadores de aquel equipo germano. Entonces decidió llevarla a la New York International Numismatic Convention, que en ese 1997 se celebró en el World Trade Center, en las míticas Torres Gemelas.

Allí se topó con Rony Almeida, el principal coleccionista del Uruguay, la persona que realmente le daría el valor real a esta medalla: además de un especialista en numismática fue un historiador del fútbol. Almeida no solamente sabía que una presea otorgada por la FIFA tiene un valor económico e histórico; también tenía muy claro quién era ‘Stan’ Libuda. Por eso la compró en unos 2.000 dólares.
Trece años después, en 2011 fue llevada a subasta en Montevideo. Los recuerdos de Libuda tuvieron pronto un nuevo destino, tan incierto como lo eran para él Londres, New York o Montevideo.

Schalke 04 y Borussia Dortmund conforman el clásico de la cuenca del Ruhr. Sin embargo tienen en común la idolatría por Libuda, quien vistió sus camisetas en 264 partidos. Para ellos era “El Dios de los centros”. Su juego desprendía tanta magia que, allá por 1965 uno de sus hinchas vio una pancarta de la iglesia en los alrededores del estadio del Schalke 04, decía “Nadie puede regatear a Dios”. El fanático se tentó y le agregó algunas parabras con aerosol: “Salvo Stan Libuda”.