jueves, 24 de septiembre de 2020

Las canciones de los Mundiales

Con el sello oficial de la FIFA o adoptadas por los hinchas a fuerza de repeticiones, hay melodías que quedan ligadas de manera inseparable a una Copa del Mundo.
Sumerjámonos desde estas canciones en un viaje a la nostalgia mundialista:

RUSIA 2018
La cantante Polina Gagarina, junto a Egor Creed, le pone la voz a Команда 2018 (Equipo 2018), el tema oficial, cantado en ruso.



BRASIL 2014
El estadounidense Armando Pérez es conocidos como Pitbull y suele cantar en inglés y en castellano, quizá por eso el tema We Are One (Ole Ola) no pegó lo suficiente. Estuvo acompañado por Jennifer López y Claudia Leitte. Que un país con tremenda ligazón musical no haya tenido un tema autóctono es un pecado.



SUDÁFRICA 2010
Aunque fue acusada de plagio, la colombiana Shakira será por siempre inseparable del tema Waka Waka (esto es África) que le puso melodía a la primera Copa del Mundo en suelo africano.


Por aquellos días también sonaba Wavin' Flag, tema publicitario de Coca-Cola que cantante somalí K'naan entonaba junto al español David Bisbal.



ALEMANIA 2006
La versión oficial The time of our lives, interpretada por el cuarteto tetranacional Il Divo es una pieza exquisita, pero no quedó ligada a la Copa del Mundo


Tampoco Herbert Grönemeyer, quien entonó Zeit, Dass Sich Was Dreht (Celebrate the Day, en inglés), que ciertamente no será de las más recordadas.



JAPÓN/COREA 2002
Japoneses y coreanos le confiaron a Vangelis la realización del himno para 2002 y el genio griego (su nombre real es Evangelos Papathanassiou) se despachó con esta tremenda versión orquestal. Como la mayoría de sus creaciones, de primerísimo nivel.


Como complemento, la estadounidense Anastacia puso su voz para el tema Boom. Flojo.


Para los argentinos, además, se suma el recuerdo de la versión de Shimauta que entonaba el polifacético Alfredo Casero. La canción japonesa quedó tan emparentada a esa Copa del Mundo que muchos creen que era el tema del mundial.



FRANCIA 1998
Carnival de Paris se llamó el tema oficial ejecutado por el trío inglés Dario G. Es totalmente instrumental.


Nuevamente otro tema quedó más relacionado con el torneo que el oficial: el puertorriqueño Ricky Martin la pegó con su La copa de la vida, que fue un éxito arrollador y aún sigue sonando.



ESTADOS UNIDOS 1994
Gloryland fue el lanzamiento oficial de la FIFA para las canciones de la Copa del Mundo. También ha sido publicado bajo el título Soccer Rocks the Globe: World Cup USA 94. El álbum completo incluye temas de Queen, Tears for Fears, Bon Jovi, Tina Turner y Santana, entre otros. El corte más difundido, también llamado Gloryland está basado en un tema tradicional que combinó rock, soul, rhythm y blues; fue interpretado por Daryl Hall y Sound of Blackness.



ITALIA 1990
Por lejos, el tema Un'estate italiana (Un verano italiano) entonado por Gianna Nannini y Edoardo Bennato es el mejor de todos, casi insuperable.



MÉXICO 1986
Con el nombre de México 86: el mundo unido por un balón, el chileno naturalizado mexicano Juan Carlos Abara bautizó al tema oficial de la Copa del Mundo. Lo cantó la selección nacional.


Pero ese mundial tuvo en Héroes su película oficial, y el tema A special kind of Hero en la voz de la inglesa Stephanie Lawrence es tan emocionante como recordado.


Además, para los argentinos sonará siempre la maravillosa voz de Valeria Lynch interpretando Me das cada días más... Piel de gallina:



ESPAÑA 1982
Con inconfundible tono hispano, el tenor Plácido Domingo cantó Sevillanas del Mundial de España, de José da Rosa Villegas.



ARGENTINA 1978
El maestro italiano Ennio Morricone, creador de innumerables bandas sonoras de películas, compuso El Mundial, una marcha que quedará por siempre en los corazones junto a aquel formidable equipo de César Luis Menotti y los goles de Mario Kempes.


Además, la dictadura que había usurpado el poder en la Argentina impuso una marcha con sonido castrense entonada por niños, conocida como 25 millones de argentinos.



ALEMANIA FEDERAL 1974
La mismísima selección alemana grabó Fußball ist unser Leben (el fútbol es nuestra vida), que terminó siendo el himno del mundial. Una joyita alegre y festiva.



MÉXICO 1970
La canción del brasileño Roberto do Nascimento se llamó Fútbol México 70 y entre coros y mariachis se dejó un párrafo para la clásica porra "chiquiti bum a la bim bom ba".



INGLATERRA 1966
El escocés Lonnie Donegan puso su voz para el tema oficial World Cup Willie, que homenajeaba al leoncito Willie, la primera mascota mundialista. El estilo skiffle le puso alegría a la flema británica.



CHILE 1962
La primera canción oficial mundialista surgió al oeste de la Cordillera de los Andes: El rock del Mundial, compuesto por Jorge Rojas Astorga, director del grupo The Ramblers. Una pieza histórica.


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lunes, 21 de septiembre de 2020

Fechas de fundación de los clubes del mundo

La Rec.Sport.Soccer Statistics Foundation, conocida por su sigla RSSSF, es una fundación que desde diciembre de 1994 recopila records y estadísticas de fútbol de todo el planeta. Desde 2000 tengo el privilegio de ser miembro de la RSSSF y me encargo, junto a varios colegas de diferentes países del mundo, de la información concerniente a clubes.

Al pulsar sobre cada link se abrirá, en inglés, el archivo original con las fechas de fundación de los clubes de cada país. Unos están más detallados que otros; en todos encontrarás la dirección de correo del responsable por si quieres apuntarle nuevos equipos o corregir determinada información.

Sudamérica - Conmebol

Argentina
Bolivia
Brasil
Chile
Colombia
Ecuador
Paraguay
Perú
Uruguay
Venezuela


Europa - UEFA

Albania
Alemania
Andorra
Armenia
Austria
Azerbaiján
Belarús
Bélgica
Bosnia-Hercegovina
Bulgaria
Chipre
Croacia
Dinamarca
Escocia
Eslovaquia
Eslovenia
España
Estonia
Feroe
Finlandia
Francia
Gales
Georgia
Gibraltar
Grecia
Holanda
Hungría
Inglaterra
Irlanda
Irlanda del Norte
Islandia
Israel
Italia
Kazajstán
Kosovo
Letonia
Liechtenstein
Lituania
Luxemburgo
Macedonia del Norte
Malta
Moldavia
Montenegro
Noruega
Polonia
Portugal
República Checa
Rumania
Rusia
San Marino
Serbia
Suecia
Suiza
Turquía
Ucrania


África - CAF

Argelia
Benín
Botswana
Burkina Faso
Burundi
Cabo Verde
Camerún
Comoras
Congo
Costa de Marfil
Djibouti
Egipto
Eritrea
Eswatini
Etiopía
Gabón
Gambia
Ghana
Guinea
Guinea-Bissau
Guinea Ecuatorial
Kenya
Lesotho
Liberia
Libia
Madagascar
Malawi
Malí
Marruecos
Mauricio
Mauritania
Mozambique
Namibia
Níger
Nigeria
Rep. Centroafricana
Rep. Dem. del Congo
Rwanda
São Tomé y Príncipe
Senegal
Seychelles
Sierra Leona
Somalia
Sudáfrica
Sudán
Sudán del Sur
Tanzania
Togo
Túnez
Uganda
Zambia
Zimbabwe


Asia - AFC

Afganistán
Arabia Saudita
Australia
Bahrein
Bangladesh
Bhután
Brunei Darussalam
Camboya
Corea del Norte
Corea del Sur
Emiratos Árabes Unidos
Filipinas
Guam
Hong Kong
India
Indonesia
Irak
Irán
Japón
Jordania
Kuwait
Laos
Líbano
Macao
Malasia
Maldivas
Myanmar
Nepal
Omán
Palestina
Qatar
Singapur
Siria
Sri Lanka
Tailandia
Taiwán
Tajikistán
Timor Oriental
Turkmenistán
Uzbekistán
Vietnam
Yemen


Norte, centroamérica y Caribe - Concacaf

Antigua & Barbuda
Aruba
Bahamas
Barbados
Belice
Bermuda
Canadá
Costa Rica
Cuba
Curaçao
Dominica
El Salvador
Estados Unidos de América
Grenada
Guatemala
Guyana
Haití
Honduras
Islas Cayman
Islas Vírgenes Británicas
Islas Vírgenes Estadounidenses
Jamaica
México
Montserrat
Nicaragua
Panamá
Puerto Rico
Rep. Dominicana
St. Lucia
St. Kitts & Nevis
St. Vincent & Granadinas
Surinam
Trinidad y Tobago


No afiliados a FIFA

Åland
Artsakh (Nagorno Karabaj)
Catalunya
Chipre del Norte
Groenlandia
Guadalupe
Guyana Francesa
Isla de Man
Isla de Wight
Islas del Canal de la Mancha
Islas Marianas del Norte
Islas Orkney
Islas Shetland
La Reunión
Martinica
Mayotte
Palau
Saint Martin
Saint Pierre y Miquelon
Tuvalu
Vaticano
Zanzíbar


Oceanía - OFC

Fiji
Islas Cook
Nueva Caledonia
Nueva Zelanda
Papúa Nueva Guinea
Samoa
Samoa Estadounidense
Tahití

viernes, 18 de septiembre de 2020

1973 - El gol más triste de Chile

Hace 47 años, la selección trasandina tuvo que enfrentar a la Unión Soviética en un reprechaje para Alemania '74. El golpe de Pinochet, las denuncias del Kremlin y un partido que nunca se jugó.

Artículo publicado originalmente en la revista Fox Sports, en octubre de 2008.
Por PABLO ARO GERALDES

El camino al primer Mundial de Alemania, el de 1974, estuvo lleno de imprevistos para la selección chilena: el grupo eliminatorio que integraba con Perú y Venezuela quedó reducido a un simple partido y revancha tras la deserción de los venezolanos. Un 2-0 abajo en Lima y el resultado inverso en Santiago obligaron a un tercer partido de desempate, en Montevideo. En el estadio Centenario el triunfo fue 2-1 para Chile, pero los pasajes para la Copa del Mundo no estaban listos aún, faltaba una escala poco conocida. El fixture preveía una instancia más para el ganador del grupo 3 sudamericano: debía enfrentar en un último repechaje al vencedor de la zona 9 europea.
Con los papeles en la mano, la amenaza tenía los colores de Francia, pero un empate inesperado de los galos ante la República de Irlanda en París dejó al equipo dirigido por Georges Boulogne en la obligación de vencer a la Unión Soviética en Moscú, pero el conjunto de la sigla CCCP en el pecho pegó fuerte y con el 2-0 hizo sonar el despertador en medio del sueño mundialista trasandino. La cita de los chilenos se programaba entonces para el 26 de septiembre de 1973, pero no en París, como imaginaban, sino en el Estadio Lenin de Moscú. Un país amigo. Con la mente puesta en el repechaje con los soviéticos, planearon una gira de preparación por Guatemala, El Salvador y México, que luego de varias escalas los llevaría a tierras rusas. La mano venía bien. Antes de partir golearon 5-0 a un combinado de Porto Alegre. La despedida se fijó para el 11 de septiembre a las 10 de la mañana, pero…

Chile vivía uno de los momentos más oscuros de su historia. El 11 de septiembre de aquel año la furia asesina de un general llamado Augusto Pinochet pisoteaba el mandato democrático del presidente Salvador Allende e imponía una de las dictaduras más crueles y sangrientas de la historia. Esa mañana, mientras el Palacio de la Moneda (sede del gobierno de Chile) ardía bajo los bombardeos y Allende moría intentando defender la voluntad popular, la selección chilena debía presentarse en el campo de entrenamiento de Juan Pinto Durán para ultimar detalles con vistas a la visita a Moscú. Esa práctica jamás llegó a realizarse. El lateral izquierdo Eduardo Herrera jugaba en Wanderers de Valparaíso y durante sus días en Santiago se hospedaba en el Hotel Carrera, a 100 metros del escenario del golpe de Estado. Él tiene fresca la memoria de esa mañana con olor a pólvora: “Al llegar al campo de entrenamiento el técnico Luis Álamos nos ordenó que volviéramos a casa. Pero yo tenía que llegar hasta el hotel y en el trayecto me detuvieron los militares una decena de veces: Me salvé de ser detenido porque tenía el bolso con la inscripción ‘Selección Chilena de Fútbol’”.

El fútbol del mundo siguió rodando normalmente en medio de dictadores y tiranos, de reyes despóticos y megalómanos con aires mesiánicos, incluso llegó a presenciar un Mundial en plena dictadura argentina, pero en aquel 1973 la Guerra Fría disparó un misil que dio de lleno en la pelota.
Durante el gobierno socialista de Allende, Chile mantuvo estrechas relaciones con el Kremlin y todo el bloque soviético. Con la irrupción de Pinochet y su dictadura apoyada desde los Estados Unidos el escenario se dio vuelta: once días después del golpe, la Unión Soviética rompió relaciones diplomáticas con Chile, le ordenó a su personal diplomático que regresara al país y decretó el cierre de la embajada chilena en Moscú.

Víctor Jara y Pablo Neruda
Al márgen de la cordillera todo era dolor y desconcierto. Tres días después del golpe era asesinado el cantautor Víctor Jara, una de las voces representativas de los trabajadores chilenos. Más lágrimas siguieron cayendo cuando el 23 de septiembre el poeta Pablo Neruda se murió rodeado de otras muertes y desapariciones, víctima de un cáncer que no le dio tregua. Y lo enterraron en soledad, sin sus amigos ni sus camaradas del Partido Comunista, todos perseguidos, en una tumba del cementerio General de Santiago, lejos de su amada playa de Isla Negra y su Premio Nobel de literatura.
El fútbol era lo de menos por entonces, pero la Selección Chilena conducida por Álamos debía volar hacia Moscú para cumplir su compromiso eliminatorio en medio de un clima sumamente hostil. Jugadores como Carlos Caszely y Leonardo Véliz, puntales del equipo y muy identificados con el gobierno socialista, temían por la suerte de sus familiares mientras ellos estuvieran de viaje.
El encuentro corría riesgo de no jugarse porque la dictadura decretó que no se podía abandonar el país. La Federación de Fútbol de Chile debía acatar la medida, pero el médico de la Selección, Dr. Jacobo Helo, resultó ser una influencia decisiva para que los chilenos pudiesen jugar en terreno moscovita: era medico personal del general Gustavo Leigh, Jefe de la Fuerza Aérea, y convenció al alto mando militar de que la participación del equipo favorecería la imagen internacional del gobierno militar. Finalmente, la Junta permitió el viaje, vía Buenos Aires. El largo sufrimiento comenzaba para muchos de los jugadores, amenazados. Les advirtieron sin eufemismos: “Si hablan, sus familias sufrirán las consecuencias”. El vuelo hizo escalas en Sao Paulo, Río de Janeiro y Panamá hasta que finalmente llegó a México. Una victoria 2-1 ante los aztecas sirvió como un relax para afrontar el siguiente tramo hacia Suiza (triunfo sobre el Xamax Neuchatel) y finalmente poner rumbo a Moscú.

El clima era terriblemente hostil. Antes de subir al último avión, los jugadores chilenos sintieron el miedo en carne propia cuando les advirtieron que si ingresaban a la URSS serían tomados como rehenes para cambiarlos por presos políticos de Chile.
Ya en Rusia, todo se agravó en la víspera del match, cuando el gobierno de los Estados Unidos reconoció oficialmente a la Junta Militar chilena. Para los rusos, el enemigo estaba de visita y buscaron hacerlo notar. Apenas llegados al aeropuerto Sheremetyevo, Caszely y Figueroa fueron retenidos algunas horas “por diferencias en las fotos de sus pasaportes”. Eran sólo jugadores de fútbol, pero para los soviéticos eran los representantes del país que derrocó al gobierno socialista.

Y así fue que el 26 de septiembre, a sólo dos semanas del golpe en Chile, el Estadio Lenin presenció un pálido cero a cero en medio de un frío inusual para el otoño que recién comenzaba: 5 grados bajo cero. Las actuaciónes notables de los centrales Elías Figueroa y Alberto Quintano hicieron posible el empate sin goles, pero hubo algo más que la gran tarea defensiva: Hugo Gasc, el único periodista chileno que estuvo en Rusia, contó alguna vez: "Por suerte el árbitro era un anticomunista rabioso. Junto a Francisco Fluxá, el presidente de la delegación, lo habíamos convencido de que no nos podía dejar perder en Moscú, y la verdad es que su arbitraje nos ayudó bastante". Igualmente, las actuaciones defensivas hicieron posible la igualdad y le pintaron a los chilenos un alentador panorama para la revancha en Santiago, pactada para el 21 de noviembre, en el Estadio Nacional de Santiago. Pero...


Otra vez “pero”. En el barrio de Ñuñoa, el Estadio Nacional se había convertido en algo más que el escenario de encuentros deportivos. Aunque la mayoría de los chilenos lo ignoraba (por censura de algunos medios y complicidad de otros) en las tribunas blancas, los militares habían montado un insospechado campo de concentración. El testimonio de Felipe Agüero, quien fuera prisionero allí, hiela la sangre: "Las salas de tortura bajo la marquesina, las lúgubres formaciones de prisioneros regresando del velódromo, los túneles malolientes camino a las sesiones de electricidad, los ancianos tropezando a golpes de culata por las graderías, todo aquí aludía al Infierno del Dante. El descenso a cavidades cada vez más profundas de horror y maldad, que nunca tocaba fondo. Aquí Chile conectó por primera vez con su propio infierno".

Gregorio Mena Barrales era Gobernador de la localidad de Puente Alto –vecina a Santiago– por el partido socialista cuando fue detenido y trasladado al Estadio. Años después él relató: “Todos los días dejaban libres a veinte, cincuenta personas... Los llamaban por los altavoces. Los encuestaban. Les obligaban a firmar un documento declarando ‘no haber recibido malos tratos en el Estadio’ (aunque algunos aún lucieran muestras de las torturas y los golpes). Todos firmaban, era el precio que había que pagar. Muchos volvieron a caer (nadie es libre en una dictadura y menos en una como la chilena). La mayoría de ellos se incorporaba a la lucha clandestina. Todos esperábamos oír nuestro nombre alguna vez en las ‘Listas de Libertad’, era lógico y legítimo. No éramos culpables de otra cosa que la de ser defensores de legitimidad constitucional. Sin embargo cerca de mil quinientos nunca fuimos llamados.
Con el correr de los días las graderías se fueron despoblando: muchos libres, otros asesinados en las noches y un par de suicidas...".


Y el partido no empezaba...
En medio del tormento, los militares cuidaban con tanta dedicación a sus prisioneros como al campo de juego. “El match de fútbol con la Unión Soviética debía realizarse allí, por ello cuidaban el césped con más cariño que el que le daban a una ametralladora”, destacó Mena Barrales, mientras recordaba que esa comisión de la FIFA y de la Federación de Fútbol de Chile “visitó el campo, se paseó por la cancha, miró con ojos lejanos a los presos y se fue dejando un dictamen: ‘En el estadio se podía jugar’”.

Conscientes del uso que le daban los militares al Estadio Nacional, en un momento las autoridades del fútbol chileno le propusieron al gobierno de Pinochet jugar la revancha en el Sausalito, de Viña del Mar, pero la Junta insistió con que debía jugarse en el Nacional, para mostrarle al mundo una cara pacífica de Chile. Francisco Fluxá era presidente de la Asociación Central de Fútbol (ACF) desde febrero de 1973 y le contó en los años noventa al diario La Tercera que “entonces, los militares nos dijeron que no teníamos que decir que el Estadio Nacional era un ‘centro de tránsito, donde se identificaba a la gente que no tenía documentos’. Y para evitar problemas, propusimos el Sausalito como alternativa. Me comuniqué con el general Leigh y me explicó que ‘por órdenes de arriba no se puede en Sausalito: se juega en el Nacional o no se juega’”.
Sí, esta comitiva (integrada por el vicepresidente Abilio D’Almeida, brasileño, y el secretario general Helmuth Kaeser, suizo) visitó Chile el 24 de octubre y se quedó 48 horas en Santiago. Los militares limpiaron con esmero todo rastro de sangre, todo vestigio de tortura, aunque es muy probable que, amparados por su impunidad, hayan dejado algunos detenidos a la vista, sabiendo que la FIFA no sospecharía de esas personas.

Los inspectores visitaron el estadio en el que permanecían aún unos 7 mil detenidos. Finalmente, estos emisarios ofrecieron una conferencia de prensa con el ministro de defensa, almirante Patricio Carvajal, a quien le obsequiaron un traba-corbata y un prendedor de oro con el logo de FIFA: “El informe que elevaremos a nuestras autoridades será el reflejo de lo que vimos: tranquilidad total”. El emisario brasileño se permitió aconsejar a los usurpadores del poder: “No se inquieten por la campaña periodística internacional contra Chile. A Brasil le sucedió lo mismo, pronto va a pasar”.
La FIFA había dado el OK. Pero claro, les habían ocultado el horror. “Después supimos que mientras estaba la gente de la FIFA en el estadio, varias decenas de detenidos fueron encerrados en pequeños camarines, con el fin de ocultarlos. Pero lo importante para nosotros era que el Nacional pasara la revisión”, decía casi treinta años después el ex dirigente Fluxá, quien como única autocrítica aceptó que en el afán de ir al mundial se cometieron actos “éticamente cuestionables”“Ahora pienso que no fue ético negar que en el Estadio Nacional había detenidos, pero en ese momento lo único que pensábamos era en llegar al Mundial de Alemania”, concluyó.
Sí, a pesar de todo el dolor, y de los reclamos soviéticos ante la FIFA (inclusive Bulgaria, Polonia y la Alemania Oriental amenazaron con boicotear el Mundial, cosa que finalmente no hicieron), Ñuñoa esperaba el repechaje para la Copa del Mundo Alemania 74. Pero...

Los soviéticos se negaron a viajar a Santiago, en un manifiesto repudio al régimen de Pinochet. Uno de los integrantes de aquel equipo soviético era el ucraniano Oleg Blokhin, quien no tiene buenos recuerdos de aquella eliminatoria: “Estuve presente en el 0-0 jugado en Moscú. Pero hablamos con el plantel y decidimos no jugar la revancha. No quisimos hacerlo porque estaba Pinochet en el gobierno. Para nosotros era peligroso viajar a Chile y le llevamos nuestra preocupación a la federación de fútbol. Al final se decidió abandonar la eliminatoria”. El Kremlin apoyó la decisión. Blokhin fue hasta 2006 diputado por el partido socialdemócrata de Ucrania a la vez que dirigió a la Selección nacional en Alemania 2006. Hoy es el técnico del Dínamo de Kiev.

La Federación de Fútbol de la Unión Soviética divulgó un comunicado para explicarle al mundo que no disputarían un match allí donde miles de supuestos opositores al régimen de Pinochet habían sido torturados y asesinados: “por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos (...) La Unión Soviética hace una resuelta protesta y declara que en las actuales condiciones, cuando la FIFA, obrando contra los dictados del sentido común, permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en suelo chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la FIFA”, explicaba la nota difundida a través de la agencia UPI.

Ante esta negativa, un integrante del Comité Ejecutivo de la FIFA se animó a vociferar: “Si Granatkin (presidente de la federación soviética) dice que el Estadio Nacional está ocupado con detenidos, yo saco una carta en la cual el Gobierno de Chile asegura que varios días antes del 21 de noviembre ese escenario estará a disposición del fútbol”. No les importaba nada, ni la sangre, ni la tortura, ni la muerte. La farsa debía continuar.

La noticia de la suspensión del partido llegó a la selección chilena en la medianoche previa al encuentro. El delantero Carlos Caszely hoy lo recuerda: “Esperábamos en la concentración de Juan Pinto Durán cuando nos comunicaron que los soviéticos no vendrían. Todo aquello, para quienes estábamos comprometidos con la libertad era de una tristeza terrible. Los familiares de los desaparecidos se me acercaban y me pedían: ‘Chino, tu que estarás en el estadio, por favor, averíguate si está mi hijo, o mi compañero de la universidad”.

El delantero Leonardo Véliz tiene memorias horribles de aquella tarde del 21 de noviembre. “Fue escalofriante. Creo que aún había rastros de lo que había acontecido en los vestuarios y fue algo muy difícil de asumir”, recordó 30 años más tarde.

Desde fines de octubre ya no quedaban detenidos bajo los graderíos del estadio. A la hora señalada, Chile y el árbitro local Rafael Hormazábal salieron al campo de juego. Era puro formalismo, para obtener el paso al mundial por descalificación de los soviéticos. La parodia se completó con una banda de Carabineros tocando el himno chileno mientras se izaba la bandera nacional.

Los jugadores de rojo –qué paradoja– sacaron del medio y trotaron torpemente pasándose la pelota ante un arco vacío. Hasta que Francisco Valdés, el Chamaco, llegó a la línea y esperó a que los fotógrafos enfocasen bien para empujarla de derecha. Tremenda payasada tenía un objetivo: Chile estaría en el Mundial Alemania ’74. Para otros, se trataba de una victoria del régimen pinochetista sobre el comunismo soviético.

Después, para entretener a las 18.000 personas que habían comprado su ticket, se improvisó un amistoso ante Santos de Brasil, que estaba en Chile. En vez de festejar la clasificación a la Copa del Mundo, se volvieron a casa con la amargura de un 0-5 humillante.
Igual, Chile tuvo que esperar hasta el 5 de enero de 1974. Ese día la FIFA aprobó su participación en la Copa.

Entre el público que había ido a ver Chile-Unión Soviética estaba Mena Barrales, que volvía al estadio, ahora sin cadenas ni mordazas. “Fuimos los espectadores más ‘fanáticos’. Esperamos sentados, a la fuerza, un partido que nunca se efectuó".


La Selección Chilena participó en el Mundial de Alemania y se despidió sin ganar ningún partido. Tampoco consiguió victorias en sus dos participaciones siguientes, España ’82 y Francia ’98.
En enero de 1998, en su hogar adoptivo de Austria, Mena Barrales esperaba la Copa del Mundo de Francia. Imaginaba viajar a Saint-Etienne para ver Chile-Austria, sus tierras queridas. Pero la muerte, la misma que esquivó bajo las gradas del Estadio Nacional, esta vez se acordó de él. Ya no existían la Unión Soviética ni la Guerra Fría.
La dictadura de Augusto Pinochet se prolongó hasta el 11 de marzo de 1990.