miércoles, 15 de junio de 2016

Hungria 10 - El Salvador 1

El 15 de junio de 1982, las 23 mil personas que poblaron el Nuevo Estadio de Elche fueron testigo de la goleada más apabullante de la historia de la Copa del Mundo: Hungría aplastaba a El Salvador 10 a 1.
Esta es la síntesis de aquel partido, la fría estadística que guardará para siempre estos nombres:

HUNGRÍA: Ferenc Mészáros - László Bálint, Győző Martos, Imre Garaba, József Tóth - Sándor Müller (69' Lázár Szentes), Tibor Nyilasi (c), Sándor Sallai, László Fazekas - András Törőcsik (56' László Kiss), Gábor Pölöskei.

EL SALVADOR: Luis Guevara Mora - Mario Castillo, José Francisco Jovel, Jaime Chelona Rodríguez, Carlos Recinos - Norberto Huezo (c), José Luis Rugamas (Luis Ramírez Zapata), Joaquín Ventura, José María Rivas - Ever Hernández, Jorge Mágico González.

Goles:
1-0 Nyilasi 4'
2-0 Pölöskei 11'
3-0 Fazekas 23'
4-0 Tóth 50'
5-0 Fazekas 54'
5-1 Ramirez 64'
6-1 Kiss 70'
7-1 Szentes 71'
8-1 Kiss 73'
9-1 Kiss 78'
10-1 Nyilasi 83'

Aun en medio de esa dolorosa derrota, ese solitario gol de Luis Ramírez Zapata tomó nu valor fundamental: es el único tanto de El Salvador en su historia mundialista que cuenta dos participaciones: México 1970 y España 1982. El arquero Luis Guevara Mora tenía 17 años en esa Copa, pero un espíritu de roble: "Si Hungría nos propinó una goleada fue por no ser cobardes. No nos sucedió por ser cobardes, nos sucedió porque éramos muy valientes, y que por esas cosas raras del destino, a nosotros nos sucedió ese accidente". Tras su regreso a El Salvador, sufrió múltiples ataques, incluso su auto fue ametrallado con él adentro.
El Pelé Zapata, autor del gol, lo festejó a lo grande, pese a que el marcador ya estaba 0-5. Así lo recuerda: "Varios de mis compañeros me dijeron que no hiciera algarabía, porque nos podían marcar más goles y de hecho lo hicieron. Lo celebré como si estuviéramos ganando el partido".
El volante Silvio Romeo Aquino declaró: "Pasé cinco días llorando, porque no jugué un partido. Creo que nos equivocamos en el planteamiento y creemos que podíamos ir de tú a tú con ese equipo; y ellos nos llevaban ventaja en la condición física nos vimos mal, bajamos la guardia y fue una gran debacle".
Del lado húngaro, Laslzo Kiss se refirió a aquel encuentro: "Fue especial, muy raro que se vuelva a reptir ese resultado. A nosotros nos salieron todas y a ellos ninguna, porque tuvieron oportunidades para hacer goles. Conocíamos bien el estilo centroamericano, a pesar de que sabíamos poco de El Salvador. Ellos eran más de toque y habilidad que de físico. Eso fue bueno para el fútbol que desarrollábamos nosotros, porque hizo el partido abierto".

Es absolutamente recomendable el documental UNO, la historia de un gol, realizado en 2010 con la dirección de Gerardo Muyshondt y Carlos Moreno.

La obra narra la epopeya de El Salvador en su segunda Copa del Mundo, desde las eliminatorias hasta los tres partidos que disputó en España '82. Es, como sugiere el título, la historia de un momento, un momento que sin embargo se carga sobre sus espaldas lo eterno que sobrevive alrededor de un partido de fútbol.

El plantel que viajó a España consciente del fuego que sitiaba las calles de su país, acaso con la obligación extra de reparar algo de esa identidad que la guerra se iba llevando. Porque las bombas cesaron durante los partidos de la selección, verdaderas treguas no pactadas entre ambos bandos. En las eliminatorias, el Estadio Cuscatlán se llenó en cada partido. Allí nunca sucedieron tiroteos. El Salvador se quedó con una de las dos plazas destinadas para los equipos de la Concacaf, un lugar que no pudo ser del México de Hugo Sánchez. La hazaña no la esperaban ni los organizadores del Mundial, que tuvieron que volver a pintar el micro de la delegación al que ya habían ploteado con los colores mexicanos.

Aquel 15 de junio de 1982, Luis Baltazar Ramírez El Pelé Zapata marcó el primer y único gol de El Salvador en los mundiales. El gol que dio vida a esta historia:


Así lo reseñábamos en El Gráfico:
El viaje fue una sucesión de escalas innecesarias; los jugadores tenían entre cinco y seis meses por cobrar, llegaron a España a la deriva, tuvieron que alojarse en un campo de tiro en las afueras de Madrid, sin banderines para intercambiar con los rivales antes de los partidos, ni pelotas para los entrenamientos en territorio mundialista. Como si fuera poco gran parte de la prensa internacional tildaba a los jugadores de guerrilleros. Por eso hasta último momento se previó la baja de El Salvador, cuyos dirigentes no pusieron demasiado empeño en la planificación de la travesía, al contrario, estaban sospechados de manipular los fondos que habían sido recaudados para el equipo. Las estrategias de recaudación fueron bien variadas: desde donaciones en McDonald’s hasta aportes de empresarios. “Faltaba el dinero e igual los dirigentes viajaron con sus esposas y sus hijos”, reclaman los protagonistas de esta historia.

El Salvador - Hungría
La mirada compasiva y heroica tardó algunos años en fermentar. Como suele ocurrir en otros países tanto tiempo oprimidos por la violencia, solo el paso del tiempo consiguió poner las cosas en su lugar. De hecho, después de los 10 goles en contra frente a Hungría, ninguno de los futbolistas se salvó del escarnio de la prensa local, que avivó la teoría del papelón y la vergüenza nacional. En el búnker salvadoreño se comentaban con mutua compasión los calificativos que el periodismo le iba dando a cada uno de los jugadores. El más castigado fue el arquero, Luis el Negro Guevara Mora, que pensó en abandonar el fútbol y no regresar a su país.

Si con los húngaros había sido una vergüenza, frente Bélgica, subcampeón de Europa, y la Argentina de Maradona, campeón del mundo, los esperaba el infierno. La unánime coartada del plantel después del primer partido - nerviosismo, ansiedad, inexperiencia- se ajustó a lo ocurrido en los dos siguientes. Porque contra los belgas, derrota 1 a 0, El Salvador lo perdió más por falta de puntería en los metros finales que por el empuje insostenible de su rival. Y los argentinos tuvieron que transpirar para llevarse la victoria, 2 a 0, en la última presentación. En el film los testimonios sobre ese partido contra el equipo de Menotti recaen sobre las mismas anécdotas: el presagio de Maradona – “Si Hungría les hizo 10, yo les voy a hacer 11”-, el aguante de Diego para soportar las patadas sin chistar – “Le pegábamos y ahí nomás se levantaba, sin quejas ni reproches”-, y el acoso intimidatorio del Tolo Gallego – “Guerrilleros de mierda, los vamos a matar”.

El desprecio y la indiferencia cargaron contra los jugadores al regreso. La historia, de equipo de fútbol sonajero de pueblo herido, puede ser vista desde las lentes de nuestra historia. Casualmente en la Argentina un gran número de voces se alzaron, críticas, contra la Selección del 82 por haber participado del Mundial a pesar del infierno de Malvinas. La diferencia se sostiene en el reconocimiento que los jugadores y el resto de la sociedad salvadoreña asumieron del conflicto civil. Allí no hubo estrategias de ocultamiento, miradas para los costados. El fútbol fue una compresa de agua helada sobre la histeria marcial que descomponía las calles. El día que El Salvador hizo un gol, ese país se habrá olvidado de todo y dejado escapar una sonrisa.

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