jueves, 29 de julio de 2010

Nani, acróbata extremo

El acrobático puntero derecho del Manchester United busca su brillo en el cono de sombra que proyecta el enorme Cristiano Ronaldo. Se perdió su primer Mundial con la Selección Portuguesa, pero desea seguir marcando golespara mostrarle a Europa sus volteretas que aprendió en Cabo Verde, su patria natal, cuando era muy muy flaquito y repartía sus horas entre el fútbol y la capoeira. Para conocerlo, de la A a la Z.

Artículo publicado en la revista El Gráfico, en marzo de 2010.
Por
PABLO ARO GERALDES


AMADORA
Nani creció en Madalena, uno barrios peligroso de Amadora, un distrito al este de Lisboa. Llegado desde Cabo Verde, lo crió su tía Antónia, quien disciplinó su carácter rebelde. A los 16 años entró al Massamá Real, donde conoció a su primer técnico, Hernani Fonseca. “Era un muchacho muy flaco con dificultades, pero marcó la diferencia. Si no le hubiera ido bien en el fútbol, su vida no hubiese sido fácil. Tenía amigos complicados”, comentó su DT de entonces.

BECKHAM
El portugués espera sentir un día la misma emoción que sintió David Beckham en su regreso a Old Trafford cuando, vistiendo la camiseta del Milan, entró en reemplazo de Ignazio Abate a media hora del final. “Fue increíble ver a la atmósfera creada por Beckham. Ahora entiendo lo que fue para este club y espero que algún día que pasea conmigo. Sería fantastico”, confesó Nani. Por los octavos de final de la Champions League, Manchester United vapuleó al Milan 4-0.

CAPOEIRA
Ya desde chico en las playas caboverdianas Nani fue una aficionado al capoeira. Más que eso, llegó a brillar en esta expresión cultural originada en los esclavos africanos llevados a Brasil, que agrupa varias facetas: la más conocida es la de arte marcial, aunque también tiene un costado musical y de expresión corporal, una raiz oral/lingüística y un caracter tradicional. De esta disciplina surgieron los espectaculares festejos de sus goles (ver V).

DIVORCIO
La separación de sus padres estuvo a punto de arruinar su carrera deportiva antes de empezar, cuando apenas tenía 8 años. Por entonces, emigró de Cabo Verde a Portugal junto a su mamá, pero quedó al cuidado de su tía Antónia (ver A). Este divorcio lo afectó mucho anímicamente, pero cuando se convirtió en un futbolista conocido su madre llegó a comentar ante la prensa: “ya no se siente triste ni acongojado. Luis está loco por el fútbol”.

EUROS
El 5 de mayo de 2007 firmó su contrato con el Manchester United. Dejó así al Sporting Lisboa a cambio de 25 millones de euros. Afianzado ya en su tercera temporada inglesa, la cotización de Nani sigue subiendo día a día y el mes pasado se habló del interés del Atlético de Madrid. Pero los colchoneros, que en 2006 no quisieron poner los 9 millones que pedía el Sporting, ahora volvieron a perder la pulseada con el MU, que le renovó el contrato. Poca visión.

FERGUSON
“Nani es un talento emergente y se ha desarrollado enormemente desde su llegada al club, estamos encantados de que haya firmado un nuevo contrato; tendrá mucho éxito aquí”, señaló Sir Alex Ferguson. El entrenador que dirige al Manchester United desde 1986 explicó que si en algunos partidos Nani no es titular se debe “a la extraordinaria temporada del coreano Park Ji Sung. El portugués volvió de una lesión y tendrá una muy buena temporada 2010/11”.

GALLAS
En febrero de 2008, recibió un rodillazo tremendo de William Gallas mientras hacía jueguito. Claro, el Manchester United vencía al Arsenal 4-0 y los “Gunners” se sintieron burlados. Arsène Wenger, DT del Arsenal, afirmó que Nani los “humilló” y Ferguson se cubrió declarando que él le había pedido al portugués que “no tenía por qué hacer eso”. Además del violento Gallas, Mathieu Flamini y Gilberto Silva reprocharon la “canchereada” que rompió códigos no escritos del fútbol.

HOMBRO
La derrota por penales ante el Chelsea por la Community Shield no fue lo peor para Nani antes de empezar la presente Premier League: en ese partido cayó mal en un tackle de John Terry y se dislocó el hombro izquierdo. “Me asusté, no se lo podían colocar en su lugar”, reconoció Alex Ferguson, quien tuvo que remplazarlo por el ecuatoriano Antonio Valencia. El portugués se perdió el comienzo de la liga, además de un amistoso de su selección contra Liechtenstein.

INGLÉS
“Creo que es muy importante para mí poder hablar cada día mejor en inglés. Estoy tratando de aprender junto a mis compañeros, siempre intento hablar con ellos y bromeamos mucho. Desde que le empecé a tomar la mano al idioma, me siento más seguro en el grupo. En toda la primera temporada casi no hablaba en inglés, pero progresé y hoy ya participo en las bromas del plantel”. Más que participar, Nani es el impulsor principal, el gracioso del grupo... y en inglés.

JUNTOS
En marzo se comprometió con la bella Daniela Martins, una escultural periodista portuguesa con la que sale desde 2007. Es una chica con estilo, nada que ver con las botineras que rondan las concentraciones. Tampoco le gustan los escándalos que tanto atraen a sus colegas ingleses. Aunque la prensa amarilla le dedica páginas a la pareja “Nani & Dani” (podrían llamarlos “Delantero & Delantera”), ella mantiene el perfil bajo y están siempre juntos.

KILOS
Gracias al trabajo en el gimnasio de musculación y las dietas supervisadas por especialistas en nutrición, hoy pesa 66 kilos. Pero en su llegada al fútbol juvenil del Real Massamá hasta parecía un muchachito enfermo de tan flaco que lo vieron. Tenía 16 años; antes solamente había jugado en las calles, informalmente. Fibroso, sin un gramo de grasa, su liviandad es, paradójicamente, su punto más pesado: desborda velozmente por cualquiera de las bandas.

LUCHA
En el Real Massamá compartió plantel con Ricardo Vaz Tê, hoy delantero portugués del Bolton Wanderes. Enseguida se hicieron grandes amigos pero la aversión de Nani a perder se convirtió en una complicación en el proceso formativo: los dos se fueron a las manos durante una sesión de entrenamiento y tuvieron que separarlos. En entrenador los castigó con un partido de suspensión a cada uno. Actualmente son buenos compañeros en la selección lusitana.

MANUEL FERNANDES
El volante del Valencia también se crió en Amadora y su familia llegó desde Cabo Verde, igual que la de Nani. Estas coincidencias derivaron en una amistad desde la adolescencia. Continuaron el vínculo en Inglaterra: mientras Nani se incorporaba al Manchester United, Manuel pasaba al Everton. “Está bueno seguir viviendo cerca uno del otro”, contó Nani. Luego Fernandes pasó al fútbol español, donde lo llaman “Manelele”, por comparación con el francés Makelele.

NIKE
Cuando la marca de indumentaria presentó los uniformes de las 9 selecciones a las que vestirá en la Copa del Mundo, eligió a Nani como modelo de Portugal. Así, el delantero se subió (no sin timidez) a la pasarela junto a Alexandre Pato (Brasil), Clint Dempsey (EEUU), Robert Koren (Eslovenia), Vince Grella (Australia), Jermaine Jenas (Inglaterra), Edson Braafheid (Holanda), Chung Yong Lee (Corea de Sur), Ryan Nelson (Nueva Zelanda) y Nenad Milijas (Serbia).

ORGANIZACIÓN
La candidatura de Inglaterra es la favorita para quedarse con el Mundial 2018. ¿Falta Mucho? Parece, pero el próximo el 2 de diciembre la FIFA anunciará las sedes de los Mundiales 2018 y de 2022. Si se da la lógica y él sigue en el MU, Nani vivirá ese Mundial en casa. Pero su corazón está con Portugal y España, que aspiran a coorganizar la Copa de 2018 o la de 2022. Lástima que Blatter dejó entrever que se privilegiarán las candidaturas presentadas por un solo país.

PRAIA
Nani nació en la capital de Cabo Verde, cuyo nombre significa “Playa” en portugués. El archipiélago caboverdiano fue descubierto por el navegante luso Diogo Gomes 32 años antes de que Colón llegara a América. El país fue colonia portuguesa hasta su independencia en 1975. Allí nacieron, entre otros, Oceano da Cruz (Sporting Lisboa y Real Sociedad en los '80 y '90), Dady (Osasuna), Gelson Fernández (Saint-Etienne) y Odaïr Fortes (Reims).

QUARESMA
Surgido del Sporting Lisboa, fue una fuerte inspiración para Nani, tres años menor que él. Cuando Nani estaba por ser promovido a Primera, Ricardo Quaresma fue comprado por el Barcelona: era uno de los fichajes estelares, pero decepcionó. Volvió a Portugal, al Porto, y allí se conocieron más. Quaresma después vistió las camisetas de Chelsea e Inter de Milán. Hoy comparten la titularidad en la Selección Portuguesa e irán a Sudáfrica, primer Mundial de ambos (*).

REPECHAJE
Nani fue decisivo en el repechaje de cara al Mundial 2010, contra Bosnia-Hercegovina: en el partido de ida lanzó un centro al área para que Bruno Alves metiera la cabeza y marcase el único gol del partido en Lisboa. En la revancha, disputada en Zenica, robó una pelota cerca del área bosnia y habilitó a Raúl Meireles para definir la clasificación con otro 1-0. Estas dos “asistencias” vallen tanto como los 6 goles que suma con la escuadra lusitana.

SPORTING
Tras un breve período en el Real Massamá, pasó a las inferiores del Sporting Lisboa, uno de los grandes del fútbol luso. Luego de dos años fue incorporado al plantel profesional para la temporada 2005/06, con 19 años. En la campaña siguiente ya era titular: jugó 19 partidos. No es casualidad su irrupción en el Sporting, ya que el club formó talentos como Figo, Simão, Quaresma o Cristiano Ronaldo y sigue un proceso similar al del Ajax holandés.

TÍTULOS
Dio ocho vueltas olímpicas en su carrera profesional. Con el Sporting Liboa ganó la Taça de Portugal 2006/07 y se marchó al Manchester United, donde apenas llegó conquistó la FA Community Shield. Le siguió una temporada 2008 inolvidable: fue campeón de la Premier League, en Moscú celebró la Champions League, repitió la FA Community Shield y terminó en diciembre con el Mundial de Clubes de la FIFA. En 2009 volvió a coronarse en la Premier y le sumó la Football League Cup.

UEFA CHAMPIONS LEAGUE
La caída ante Bayern Munich en cuartos abatió al Manchester United. Nani admitió que después del partido en el vestuario reinaba la tristeza: “Tuvieron suerte porque sólo soñaron con el pase cuando sufrimos una expulsión. Estamos mal porque en la primera mitad metimos tres goles y fue una de nuestras mejores actuaciones. Por eso, por la forma en que todo se desmoronó, estamos más decepcionados aún”. Hacía 4 años que el MU no estaba ausente en semifinales.

VOLTERETA
El salto mortal que realiza en el festejo de cada uno de sus goles deriva del capoeira (ver C) y se convirtió en su sello característico. Durante un tiempo se informó que el DT le había prohibido esta celebración, temiendo por su seguridad, pero Nani decidió dejar las cosas claras: “Eso no es cierto. Ferguson no me habló sobre este tema y yo voy a seguir festejando así. Las conversaciones que tuvo conmigo son normales, como las que tiene con todos los jugadores”.

WEB
Un “Louis” Nani trucho cosechó casi 73 mil seguidores a través de Facebook. El perfil sigue on line, pero el impostor no puede publicar más. Es un número que estaba lejos de los 3.827.715 fans de su compatriota Cristiano Ronaldo, pero que es superior a los que crearon los verdaderos hinchas de Nani en Internet. Además, el portugués tuvo una página oficial, pero la “abandonó” en 2007 y dejó de subir información: la informática no es lo suyo.

XXX
En 2007, recién llegado a Manchester, estuvo inmerso en un escándalo tras las confesiones de dos de las cinco “acompañantes” que tuvieron sexo grupal con Cristiano Ronaldo y sus compañeros de equipo. Tyese Cunningham y Gemma Storey, dos chicas de 300 dólares la hora, le relataron a News of the World que CR, Nani y Anderson “se zambulleron desnudos en la piscina y en el jacuzzi de Ronaldo”. “No podía creer estar ahí”, confesó Tyese, de 18 años.

YOUNGEST
“El más joven”. Hizo su debut con la selección de su país el 1° de septiembre de 2006, ante Dinamarca y en ese partido marcó un gol (derrota 2-4). Nani fue el más miembro más joven de la escuadra portuguesa que participó del campeonato europeo Sub 21 de ese mismo año, donde dio un año de ventaja al resto. En 2007 volvió a ser convocado para el mismo torneo continental juvenil. Hoy, con 23 años, ya es un experimentado extremo, en el Manchester y en la Selección.

ZODÍACO
Nani responde fielmente a las características de Escorpio, un signo intenso con una energía emocional única. Aunque parezcan tranquilos, los escorpianos tienen una agresión y magnetismo interno escondidos. Pueden perder el genio; deben aprender a controlarse y evitar la arrogancia, la agresión y los celos, porque suelen caer en estos sentimientos negativos. Los estudiosos de la astrología hablan de una inmejorable posición de Júpiter (?).

(*) Finalmente no pudo jugar en Sudáfrica 2010 por lesión.

viernes, 23 de julio de 2010

El sueño imposible de la Nueva Bombonera

Hace 40 años salía publicado este aviso en la revista 'Así es Boca'.
En 1965, Alberto Jacinto Armando, el mejor presidente de la historia de Boca Juniors, inició un ambicioso proyecto: rellenando aguas del Río de la Plata, en la costanera sur, el club levantaba su "Ciudad Deportiva". Hasta donde se pudo avanzar, se construyeron 30 hectáreas sobre un total de 6 islas comunicadas por puentes, en la que se llegó a inaugurar un anfiteatro para 1.200 personas, confitería, restaurante, un popular autocine, canchas de fútbol, tenis y básquet, dos piletas de natación y un sector para la pesca y para otras actividades sociales y deportivas. Esta zona premiada desde diferentes sectores de la arquitectura y el urbanismo no solamente era para el disfrute de los socios xeneizes sino para todos los porteños.
Pero la joya de la Ciudad Deportiva iba a ser el nuevo estadio que remplazase a La Bombonera, que ya quedaba chica para la enorme cantidad de público que siempre siguió a Boca Juniors. Tendría un aspecto similar al Camp Nou de Barcelona y con entusiasmo se plantaron los pilotes, primera parte visible de la construcción. El plan de obras preveía inaugurar el nuevo escenario el 25 de mayo de 1975, tres años antes de la Copa del Mundo a disputarse en la Argentina. Iba a tener capacidad para 100 mil personas y ser el más moderno del Mundial '78.
Para financiar la construcción en 1970 se empezaron a vender abonos a palcos y plateas por 25 años. Había crédito y se podían pagar hasta en 60 cuotas. Pero...
La crisis económica de 1973, la suba incontenible de precios, la caída de los salarios, el agitado panorama político y finalmente la hiperinflación derivaron en medidas desesperadas para contener la economía, como el denominado Plan Gelbard. Pero la suba del dólar continuó con la devaluación del peso y la muerte del presidente Juan Domingo Perón, el 1º de julio de 1974, dejó todo en manos de su viuda María Estela Martínez, vicepresidenta incapaz de gobernar.
Cuando llegó la fecha señalada para la inauguración, la obra estaba apenas empezada, paralizada y abandonada. Varios sectores de la Ciudad Deportiva no eran más que un basural. Once días después, el 4 de junio de 1975, el entonces ministro de economía Celestino Rodrigo dispuso un brutal ajuste que duplicó los precios y provocó una crisis terminal en el gobierno de 'Isabel' Perón. Se lo llamó el Rodrigazo y fue el ajuste más salvaje aplicado a la economía argentina. Fue, también, la antesala de los años más oscuros del país.
Esa Argentina paralizada y sumida en la violencia interna fue el contexto en el que naufragó el sueño del visionario Alberto J. Armando, el presidente que más tiempo comandó a Boca Juniors. En sus 21 años al frente del club (divididos en dos períodos) el equipo de fútbol ganó 4 campeonato de Primera división (1954, 1962, 1964 y 1965), una Copa Argentina (1969), 3 veces el Campeonato Nacional (1969, 1970 y 1976), el Metropolitano 1976, dos Copas Libertadores de América (1977 y 1978) y la ansiada Copa Intercontinental, en 1978.

lunes, 19 de julio de 2010

Cinco clubes que "jugaron" en la Copa del Mundo

En cinco oportunidades, selecciones participantes en la Copa del Mundo cambiaron sus tradicionales colores nacionales por los de un club. Imprevisión de los utileros, confusiones y homenajes permitieron estas curiosas historias, algunas desconocidas.

Parte del artículo
Camisetalandia, publicado en la revista Fox Sports, en junio de 2006
Por PABLO ARO GERALDES 

ITALIA 1934

Austria enfrentaba a Alemania en Nápoles, en el partido por el tercer puesto. Contaba con una ausencia importante, su estrella Matthias Sindelar, por entonces el mejor jugador del mundo.
Ambos vistieron históricamente de blanco, pero el árbitro italiano Carrara se percató de ese detalle recién ese 7 de junio, en el Stadio Ascarelli. Tras algunos minutos de incertidumbre, buscaron en el fondo de un vestuario y los austríacos aceptaron con gusto el ofrecimiento del club local: cayeron 3-2 vistiendo una casaca azul que el
Napoli utilizaba para entrenar; sus goles los anotaron Johann Horvath y Karl Sesta.
Mientras el alemán Fritz Szepan verifica el sorteo del árbitro Albino Carraro,
el capitán austríaco Johann Horvath lo observa, vistiendo la camiseta celeste del Napoli.

BRASIL 1950
El 2 de julio México se medía ante Suiza en el Estádio dos Eucaliptos, de Porto Alegre, y uno de los dos tenía que cambiar su camiseta roja. El comienzo se demoró 25 minutos, porque fueron a un sorteo y los aztecas resultaron favorecidos, pero igualmente declinaron el privilegio: los helvéticos jugaron de rojo y ellos utilizaron la azul y blanca que les prestó el Cruzeiro de Porto Alegre. Suiza ganó 2-1; el capitán Horacio Casarín marcó el tanto "del Cruzeiro gaúcho".
México y una particular casaca azul y blanca contra Suiza.

SUECIA 1958
Alemania Federal y Argentina debutaban en Malmö el 8 de junio, pero algo salió mal: la TV ya había llegado y los uniformes eran prácticamente iguales en la pantalla blanco y negro. Tras algunas demoras, la solución la aportó el IFK de esa ciudad: le prestó sus camisetas amarillas a los argentinos. Oreste Osmar Corbatta abrió el marcador a los 3 minutos, pero los germanos lo dieron vuelta y vencieron 3-1.
José Varacka, Oreste Corbatta y Pedro Dellacha escuchan los himnos de
Argentina y Alemania Federal. Visten la camiseta amarilla del IFK Malmö.

ARGENTINA 1978
Algo similar a lo de 1958 ocurrió en Mar del Plata el 10 de junio de 1978. Para enfrentar a Hungría, Francia cambió su casaca azul porque, en TV blanco y negro, podía confundirse con la roja de su rival. Pero los húngaros pensaron lo mismo y los dos aparecieron de blanco. El problema era que habían dejado el otro equipamiento en Buenos Aires y los galos jugaron con la extraña camiseta verde y blanca de Kimberley, club de Mar del Plata que se las acercó desde sus vestidores. Los jugadores se cambiaron dentro del campo de juego (foto). Por primera vez, la indumentaria prestada fue un amuleto: Francia ganó 3-1, con goles de Christian Lopez, Marc Berdoll y Dominique Rocheteau.
Tras 45 minutos de demora, los jugadores franceses se preparan
para enfrentar a Hungría, en su debut en el Mundial 1978.

ITALIA 1990
Otro que se mimetizó de club fue Costa Rica, pero no por accidente. Para enfrentar a Brasil el 16 de junio, en el Stadio Delle Alpi, los Ticos utilizaron el uniforme del desaparecido Club Sport La Libertad, decano del fútbol costarricense. Claro, la camiseta a rayas blancas y negras, el pantalón y las medias blancas son idénticos a la vestimenta de Juventus, por lo que la mayoría sospechó que se trataba de una suspicacia del técnico Bora Milutinovic para congraciarse con el público de Turín. Perdieron 1-0. Cuatro días después volvieron a usar las misma playera contra Suecia, en el Stadio Luigi Ferraris, de Génova y consiguieron un notable triunfo 2-1 que les valió el pasaje a octavos de final. Los goles fueron autoría de Roger Flores y Hernán Medford.
Turín se sorprendió al ver a los costarricenses de blanco y negro.
Pero no fue pensado para congraciarse con el público juventino.

viernes, 16 de julio de 2010

Maracanazo - En julio no se festeja el carnaval

1950 - 16 de julio - 2010
A 60 años de la victoria más impactante de la historia del fútbol
Artículo publicado en la revista El Gráfico, en marzo de 2002
Por PABLO ARO GERALDES


Europa empezaba a curar las heridas del holocausto, a ponerse lentamente de pie, mientras en Sudamérica el fútbol seguía vivo. Los campeonatos Sudamericanos eran una pasarela interminable de figuras a las que les faltó la consagración en un Mundial.

Tras el horror de la guerra, la FIFA volvió a reunirse en el Congreso de Luxemburgo de 1946. Brasil fue el único que presentó una postulación para organizar el Mundial siguiente, que todavía no tenía fecha. En ese mismo encuentro se decidió ponerle a la copa el nombre de Jules Rimet, en homenaje al presidente de la entidad, impulsor de la creación de los mundiales. Y los ingleses terminaron por darse cuenta que su orgulloso aislamiento no servía de mucho y volvieron a integrarse a la FIFA. Se resolvió que el Torneo Interbritánico, el “Home Championship”, sirviese como eliminatoria, con dos clasificados. La pelota estaba lista para volver a rodar.

En 1947 la Comisión Técnica puso fecha: se jugaría en Brasil en 1950. Pero la Argentina, en medio de su época futbolística más gloriosa decidió no participar. En 1946, un partido ante Brasil en la cancha de River terminó en una batalla campal, resintiendo las relaciones deportivas entre los dos países. Ese era un argumento. Otro apareció en 1948: los jugadores reclamaban mejores salarios y ante la negativa de los clubes se declararon en huelga. Al mismo tiempo llegaba una noticia curiosa: Neil Franklin, centrehalf de la selección inglesa, dejaba el Stoke City para ir al Millonarios de Bogotá. Algo extraño pasaba. El fútbol colombiano no estaba dentro de la FIFA y empezaba a “capturar” a los mejores jugadores, que al estar fuera del sistema, no necesitaban el pase de su club de origen. Colombia les ofrecía dinero en cantidades impresionantes, especialmente el Millonarios (financiado por Alfonso Senior, un rico comerciante) y hacia allí partieron Pedernera, Rossi, Di Stéfano, Pontoni, Báez, Perucca… En unos meses Colombia se transformó en el Edén.

Los clubes argentinos perdieron a sus figuras, las que por jugar en Colombia, tampoco podían integrar la selección. Algunos aseguran que ante la imposibilidad de enviar un equipo poderoso y asegurarse un papel digno, el gobierno de Perón prefirió la ausencia argentina, para no cargar con el desgaste político de una derrota. No fue la única baja del torneo. Alemania, la potencia derrotada en la guerra, estaba sancionada y no podía participar. Detrás de lo que Churchill bautizó como “Cortina de Hierro” quedaban grandes del fútbol como Hungría y Checoslovaquia, y un gigante que todavía estaba creciendo, la Unión Soviética. Los países comunistas se auto excluyeron. Tampoco estaría Austria.

El 4 de mayo de 1949 el Torino, absoluto dominador del calcio y poseedor de nueve titulares de la selección italiana, volvía de Lisboa, en una de las tantas giras que realizaba para dar exhibición de buen fútbol. Quizá la derrota ante el Benfica había sido un mal presagio, pero el avión FIAT luchó todo lo que pudo contra la tormenta impiadosa. Ya estaba por llegar, pero sus alas se vencieron frente a la colina de Superga. “E morto il Torino”, fue el título que leyó toda Italia. No sólo los turineses lloraban a sus ídolos, el país perdía a su selección. Un doloroso adiós al arquero Bacigalupo, los defensores Ballarin y Maroso, los centrocampistas Rigamonti y Grezar, los delanteros Menti, Loik, Gabetto y Valentino Mazzola. Con la trágica noticia, se diluyeron las altísimas expectativas que los italianos tenían en el Mundial y quedarse para siempre con la Copa, que sería conservada por el primer tricampeón.
Los escoceses ganaron su lugar escoltando a Inglaterra en el torneo británico, pero renunciaron porque su honor no les permitía salir segundos. Cerca del comienzo le ofrecieron su plaza a los franceses, pero declinaron la invitación. Por Asia se inscribieron Birmania, India y Filipinas, pero las tres se bajaron solas. Turquía superó a Siria y Palestina pero no asistió al Mundial por motivos económicos.

Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay debían jugar su eliminatoria en Río de Janeiro, algo que había sido decidido por la FIFA a pedido de Brasil, como un testeo de la organización. Cuando llegaron a la cidade maravilhosa, uruguayos y paraguayos se encontraron con la sorpresa que Perú y Ecuador habían desistido, lo que automaticamente los clasificaba. Para aprovechar el viaje ambas selecciones disputaron un amistoso y Paraguay ganó 3-2.

Uruguay combinaba la experiencia del arquero Roque Máspoli y Obdulio Varela con la juventud habilidosa de Pepe Schiaffino, Míguez o Ghiggia. Había confianza, tanta que no llevaron al máximo descubrimiento charrúa de los últimos veinte años, Walter Gómez, de River.

Quedaron 13 participantes. ¿Supersticiosos? En 1930 había pasado lo mismo y el torneo terminó con la victoria de los anfitriones, no había nada que temer.

MANOS A LA OBRA
En el Congreso de Londres, en 1948, Brasil expuso su postura: le parecía absurdo utilizar el sistema de eliminación directa, como en el 34 y el 38. ¿Qué incentivo tendría para participar un país que necesitaba tres semana de viaje si podía quedar afuera tras 90 minutos? Pero la FIFA persistía y Brasil amenazó con renunciar al Mundial. Al final, la idea brasileña se impuso: se dispusieron cuatro grupos y cada ganador pasaría a la ronda final. Es decir que en una liguilla por puntos se tendría al campeón, sin partido final.

“Tendremos el estadio más grande que la humanidad haya conocido”, decía el comunicado de la Confederación Brasileña. Con menos de dos años de anticipación empezaron las obras en la ribera del riacho Maracaná, de un estadio techado para 200.000 personas. El país apostó todo al Mundial. Algunos ministros se mostraron indignados al enterarse que Flavio Costa, el técnico, cobraba 5.000 dólares por mes, pero la decisión gubernamental era apoyar con todo. Sin Brasil campeón, ningún esfuerzo tendría sentido.

Se contrató una lujosa residencia en los alrededores de Río, donde el plantel residiría cuatro meses. Nada se les podría escapar. Hasta se racionaron las visitas de las esposas. A las diez de la noche había toque de queda en la casa: nada de cachaça, sólo jugos vitamínicos. Pero pronto el régimen se empezó a flexibilizar. Comenzaron las visitas de parientes, de amigos, de famosos, de políticos “influyentes”, de políticos en busca de renombre, de vecinos… Las salidas empezaron a multiplicarse, primero de manera solapada; al final no había ninguna seriedad.

Al acercarse la fecha de inicio, era evidente que el gigantesco estadio no iba a estar terminado. Entonces el gobierno movilizó 1500 soldados para colaborar en los trabajos. Se “concluyó”, pero es un decir, ya que sólo tenía el campo de juego y las tribunas. Los accesos seguían en obra, los vestuarios eran precarios y no había palco para la prensa. La habilidad de los organizadores consiguió que se habilitara, pero la obra recién se completó en 1951.

GIRA LA BOLA
El 24 de junio, Brasil y México (foto) salieron a darle vida al monstruo de hormigón. Hubo un partido de fútbol, sí, que terminó 4-0 a favor de los anfitriones; pero esa tarde se vivió otra cosa. Una fiesta de verdad, con el termómetro marcando tropicales 28º. Por la inauguración del Maracaná, y por el primer paso hacia el festejo final, que seguro sería para los brasileños. La pirotecnia que rodeó al encuentro era algo nunca visto hasta entonces y llegó a asustar a los mexicanos, partenaires obligados de una celebración ajena.

En ese partido se estrenaron los números en las espaldas, una innovación introducida por la FIFA destinada a identificar mejor a los jugadores.

Al mismo tiempo, en Curitiba, la sorpresa invadía a todos los que esperaban una goleada de España sobre un equipo inmigrantes que jugaba con la camiseta de los Estados Unidos (foto). Zarra, Basora y compañía eran verdaderas figuras del fútbol europeo, pero necesitaron más de 70 minutos para superar a los yanquies, que se habían puesto en ventaja a los 12’ por medio de Souza. Al final fue 3-1 para los españoles, pero el representativo norteamericano había mostrado que no era ningún “rejunte”.

Por el mismo grupo, Inglaterra hizo su debut en los Mundiales superando a Chile por 2-0, sin la presencia de Stanley Matthews.

Los ingleses sentían que le hacía un favor a la competencia con su presencia, convencidos de su superioridad absoluta. Por primera vez, la Liga Inglesa nombró a un técnico, Walter Winterbottom, ya que en las siete décadas de su historia la selección se había formado por un Honorable Comité que citaba a los jugadores por correo, estos se juntaban en el vestuario y salían a la cancha.

Las apuestas lo tenían en segundo lugar, detrás de los locales, pero en la cancha el fantasma inglés no mostró nada como para temerle; salvo un par de elementos, no tenía picardía y su dominio del balón no era gran cosa.

Como sólo clasificaba a la ronda final el primero de cada grupo, los chilenos (foto) tenían que ganarle a España, mientras los ingleses calculaban cuántos goles le harían al pobre conjunto estadounidense. A los norteamericanos los dirigía Bill Jeffrey, un escocés “traidor”, que no se entregaría sin luchar al máximo ante el rival de toda la vida. Su equipo tenía apellidos belgas, portugueses, italianos, irlandeses, pero todos sentían amor por la bandera de las rayas y las estrellas. Mientras, los ingleses venían de ser agasajados en la mina de Morro Velho, explotada por firmas británicas, cuyos dos mil trabajadores los alentarían en las tribunas del Mineirao. Había tanta confianza, o subestimación de los yanquies, que la noche previa la tuvieron libre. Total...

A los cinco minutos Inglaterra ya había disparado ocho veces al arco, pero Borghi, el arquero, respondía. La presión era absoluta, Estados Unidos no podía cruzar la mitad de la cancha; recién atacó por primera vez en el minuto 39. Más que ataque fue un pelotazo, el que Bahar disparó de larga distancia. Pero superó al arquero Williams y Gaetjens, que venía al trote por la izquierda, alcanzó a poner la cabeza para rozarla. Más que cabecear, le pegó en la cabeza y el buen hombre, nacido en Haití, se encontró de golpe festejando un gol que él le había hecho a Inglaterra. No lo podía creer. Menos cuando el reloj siguió su marcha y los 90 se consumieron en medio del asedio estéril de los ingleses y la locura de las tribunas, que esa tarde, como tantas, se habían inclinado por el más débil. La hazaña se había consumado y tampoco los periodistas podían creerlo. El pueblo de Belo Horizonte invadió la cancha para llevar en andas a los norteamericanos. “England 0 - USA 1”, decían los télex que los enviados especiales despachaban a Europa. “Transmisión errónea, rectifique resultado”, respondían desde Londres. Con las comunicaciones todavía lentas, un diario británico supuso que sería “England 10 - USA 1”, y así tituló al día siguiente. Gaetjens se convirtió en un personaje tan popular que meses después firmó para el Racing de París. Cuando llegó a Francia le confesó a los periodistas: “nunca tuve ciudadanía norteamericana”.

Como España venció a Chile, la clasificación la pelearían, en el Maracaná, España e Inglaterra, con la ventaja de que un empate le daba el pase a las finales a los españoles. En la jornada final del grupo 2, todo volvió a la normalidad y Chile venció a Estados Unidos 5-2, pero era anecdótico. El asunto estaba en Río. Para aprovechar la lentitud del fondo español, Inglaterra alineó a Milburn, un centreforward rapidísimo, pero Gonzalvo y Alonso apostaron a esperarlo en el área y lo borraron de la cancha. Obligada a ganar, Inglaterra presionó, pero se dio contra el arquero Ramallets, que tuvo la mejor actuación de su carrera. Encima, faltando cinco minutos, Zarra consiguió la victoria (foto). Este encuentro fue el de mayor cantidad de público de aquellos en los que no intervino Brasil.

SE CAE OTRO CANDIDATO
Tras la tragedia de Superga, una curiosa dupla se había hecho cargo de la selección italiana: el dirigente Ferruccio Novo y el periodista Aldo Bardelli. Fue el único equipo europeo que viajó en barco hasta Brasil. Lo hizo en el trasatlántico Sises, que cubría la línea Nápoles-Santos. En el puerto lo esperaban medio millón de tisoi, la mayoría emigrados durante la Segunda Guerra.

El debut ante Suecia concitó gran expectativa, por la gran cantidad de italianos residentes en San Pablo y porque los suecos venían de ganar la medalla de oro olímpica en Londres. Lo que no sabían era que los rubios de amarillo eran en su mayoría amateurs. Pero al salir a la cancha, se notó que el nivel futbolístico de Italia era bajo. Suecia ganó 3-1 y obligó a Italia a golear a Paraguay y después rezar. La derrota dejó una nueva herida en la lastimada Italia. Esa derrota se les grabó tan fuerte que nueve de los once suecos terminaron militando en el calcio.

Paraguay remontó un 0-2 ante Suecia y se quedó con un empate con olor a sorpresa. Y en la última fecha del Grupo 3 los guaraníes se jugaron todo a conseguir la clasificación pero Italia ganó 2-0 con comodidad, dándole el pase a la ronda final a los escandinavos.

Jugar en el Maracaná era una ventaja enorme para Brasil. Pero por una cuestión de federalismo y para calmar la enorme rivalidad carioca-paulista, el local jugaría su segundo partido en San Pablo. Además, ese día jugaron Ruy, Noronha y Alfredo, los preferidos de la afición paulista. El Pacaembú nunca le había dado suerte a Brasil, pero esa era la tarde ideal para espantar los fantasmas, ya que Suiza no significaba ningún peligro. Pero la visita de cortesía salió mal, y no por la “mufa” del lugar, precisamente: aunque Brasil arrancó ganando a los tres minutos, el candado helvético fue algo difícil de abrir para los delanteros (no estaban ni Zizinho ni Jair) y la desesperación abrió espacios para los contraataques. Eso era justo lo que quería Rappan, el técnico suizo. Claro, Suiza había empatado por medio de Fatton y cuando los brasileños se pusieron nuevamente arriba, Fatton volvió a empatar. El público se estaba yendo en silencio, casi resignado a la igualdad, cuando en el último minuto, el suizo Friedlander sacudió uno de los postes de Barbosa. Brasil tenía que agradecer el empate ante Suiza, porque al mismo tiempo Yugoslavia despachaba a México (foto). Eso indicaba que los brasileños tendrían que ganar el último partido a los yugoslavos si querían estar en la ronda final.

Contra los balcánicos, Brasil contó con su “trío diabólico”. Zizinho-Ademir-Jair salieron a la cancha para el mejor partido del certamen, desde el punto de vista técnico. Los brasileños salieron con ventaja desde el vestuario, pero no de modo figurado. Mientras Yugoslavia subía por el túnel, el entérala derecho Rajko Mitic chocó su cabeza contra una viga que sobresalía y se abrió una herida que sangraba a borbotones. Sus compañeros le pidieron al árbitro Griffiths que demorara el inicio hasta que lo atendieran, pero el galés se negó y terminaron arrancando el encuentro once contra diez. A los 15 minutos apareció Mitic con un vendaje caricaturesco, pero Brasil ya estaba 1-0 por gol de Ademir.

No por nada a los yugoslavos los llaman “los brasileños de Europa”; los dos equipos respetaban el mismo estilo y el partido tuvo un elevado calibre estético. Zizinho se apiló a cuatro y entró al arco con pelota y todo. Brasil seguía su marcha hacia el título.

En Belo Horizonte, Uruguay no le importaba a nadie. Los bolivianos eran modestísimos y los charrúas no lo perdonaron. Cuatro goles del Pepe Schiaffino, más los de Vidal, Pérez y Ghiggia, sellaron un 8-0 sin vueltas que darle. Aquella jornada paso indiferente, en un estadio casi desierto que ni agua en la duchas tenía. ¿Pero a quién le interesaba? La fiesta estaba en Río.

TRES CANDIDATOS Y UN COLADO
Todos contra todos, una rara fórmula para decidir al campeón. En el Pacaembú, España se convirtió en un dolor de cabeza para Uruguay, que tuvo la suerte de llevarse un empate. Ghiggia había puesto el 1-0, pero dos goles de Basora hicieron que todo el segundo tiempo fuera una marea celeste buscando la igualdad, elevando la imagen de Ramallets. Pero el arquero estaba resentido en un hombro y Obdulio le disparó de lejos venciendo la resistencia de su brazo. Uruguay contaba con la ventaja del descanso, ya que había jugado sólo 90 minutos ante Bolivia, casi un entrenamiento, mientras los españoles arrastraban tres encuentros fuertes. El 2-2 favorecía a Brasil, que al mismo tiempo estaba abusándose de Suecia en el Maracaná, en medio de un carnaval anticipado, con Zizinho (foto) como destaque de las carrozas. Fueron 7 goles celebrados con una pirotecnia impresionante. “Cada vez que tocaba el balón, explotaban petardos alrededor mío; corría como en un campo minado”, contó después Skoglund. El local estaba sacando rédito de su “diagonal”, la que tenía a Ademir como “punta de lanza”.

La jornada siguiente debía enfrentar a Brasil-Uruguay y España-Suecia, pero los organizadores decidieron invertir las fechas por cuestiones de “caja”. Ver aplastar a los uruguayos no provocaría mucho entusiasmo y era mejor “guardarse” al rival más débil para asegurar la fiesta en la última tarde.

Meses atrás del torneo, durante el carnaval, todo Río de Janeiro cantaba una marcha titulada “As touradas de Madrid”, que aludía a una corrida de toros. Cuando en la segunda jornada final, España salió al Maracaná, 200.000 los recibieron entonando la burlona canción. Era algo nuevo para los hispanos, y encima el canto se multiplicaba por efecto del techo de hormigón hasta hacerse ensordecedor. Fue 6-1 en un ambiente de euforia loca, con la gente saltando, cantando y bailando entre los estruendos de los cohetes. La radio decía que en San Pablo, Suecia le estaba ganando a Uruguay, y con ese resultado, Brasil se aseguraba el primer lugar. Al salir, la gente no se fue a su casa. Invadió las calles de la capital (Río lo sería hasta 1960) para festejar el título anticipadamente, sin interesarle qué había pasado en San Pablo. Y allí, Uruguay había vencido 3-2 a Suecia, en un partido en el que su superioridad técnica terminó inclinando el resultado recién a falta de cinco minutos. Claro, los relatores no iban a interrumpir la fiesta informando sobre esos dos goles seguidos de Míguez, si total, en la última fecha Brasil necesitaba un solo punto para dar la vuelta olímpica. El choque con lo uruguayos sería como una final, por capricho del fixture, pero una rara final en la que el empate consagraría campeón a los hombres de blanco.

LA NOCHE EN VELA
Suecia-España (foto) y Brasil-Uruguay jugarían a la misma hora. Así se había programado para evitar especulaciones, aunque los resultados hicieron imposible que el campeón estuviera en San Pablo. La celebración sería en el Maracaná, donde Uruguay conservaba una posibilidad matemática: tenía que vencer al gigante que venía de aplastar a suecos y españoles, marcando 13 goles en los dos partidos.

Los dirigentes uruguayos felicitaron a sus muchachos por haber llegado a esta instancia: “Muchachos, cumplieron”. “Cumplidos sólo si somos campeones”, le respondió el temple de Obdulio Varela. Al final, varios hombres de saco y corbata optaron por regresar a Montevideo, dejando a los jugadores solos en la última parada.

Mientras, en la concentración brasileñas de São Januario, desfilaban políticos buscando “la foto” junto a los campeones para usarla en la campaña, ya que 1950 era un año electoral. Todos aburrían con discursos solemnes... Angelo Mendes de Morais, prefecto de Río de Janeiro, comenzó el suyo así: “Ustedes, que en una horas serán los campeones del mundo...”. El clima de victoria era total y en la noche del sábado 15 de julio casi nadie durmió. La radio repetía estribillos triunfales y afuera, en la calle, los tamboriles y redoblantes no encontraban motivo para esperar al partido. Las calles adyacentes al estadio ya lucían pasacalles que declaraban “Homenaje a los campeones del mundo” y once limusinas estaban listas para que los héroes volvieran a sus casas rodeados de gloria.

A unos kilómetros, en el barrio Laranjeiras, estaba el hotel Paysandú, donde se alojaban los uruguayos. Cualquier otro equipo hubiera dormido profundamente, despojado de toda responsabilidad. ¿Quién podría reprocharles una derrota ante Brasil? No tenían nada que perder. Pero ellos no. Juramentados a dejar el alma en el Maracaná, al que pisarían por primera vez, la mayoría pasó la noche en vela. Es verdad que las comparsas que bailaron toda la noche en la vereda contribuyeron con su samba y su pirotecnia para que nadie pudiese pegar un ojo. Esperaban a que los jugadores se asomases por una ventana y los saludaban mostrando cuatro dedos de una mano, la cifra de goles que todos pronosticaban sufriría Máspoli.

Apenas asomó el sol, se formó la ronda de mate. El técnico López llevaba la charla en la que participaba también Ondino Vieira, un agudo observador del fútbol, que por entonces trabajaba en Brasil y se había acercado a acompañar a sus compatriotas. Él tiró la clave: todas las conexiones brasileñas entre defensa y ataque pasaban por Zizinho, un hombre que no usaba el pase largo, que transportaba el balón al pie. Entonces El Negro Obdulio aconsejó a Tejera, quien debía marcarlo: “Mirá siempre la pelota, si le seguís los amagues de cintura, estás perdido”. E incentivaba a Míguez: “¿No viste la cara de estúpido que tiene el golero? ¿No vas a ser capaz de hacerle por lo menos un gol?”. “Y tú Schubert, deberás marcar a Chico. Si le dejás tocar una sola pelota te la tendrás que ver conmigo”, le advirtió el caudillo en medio de las risotadas de todos. ¿Miedo? Ese equipo uruguayo no tenía ni idea del significado de esa palabra. “Seremos once contra once, los doscientos mil de la tribuna no juegan”. La obviedad se repetía a modo de inyección anímica. La “huída” de los dirigentes los envalentonó aún más. Frente al arco los brasileños era mejores, sí, pero no era una cosa como para suponer una derrota categórica.

El técnico Flavio Costa les advirtió a sus jugadores que no entrasen en la provocación de los uruguayos: “Si les pegan, se las aguantan. No protesten nada, no les den excusas para abandonar la cancha y seamos campeones por abandono”. Ésa era la preocupación de los locales, no estropear la fiesta. La vuelta olímpica tenía que llegar tras una exhibición de fútbol y eso le pidieron a la FIFA. Se designó al árbitro inglés George Reader, por su serenidad y conocimiento profundo del reglamento. Era el hombre ideal para que el partido finalice con 22 jugadores.

Uruguay pidió el micro para el mediodía y en él cargaron los colchones del hotel. La idea era llegar temprano al estadio, evitar la multitud, y descansar un poco en el vestuario. Lo que no sabían es que ocho horas antes del pitazo inicial ya se habían empezado a colmar las tribunas. Al pasar por una iglesia todos bajaron a rezar. La confianza crecía y la serenidad de los mayores contagiaba a los más jóvenes. Cuando llegaron al Maracaná, ya estaba repleto. Se calcula que su capacidad había sido largamente excedida y había unas 220.000 personas. Tiraron los colchones en el piso y hasta dicen que Gambetta se durmió una siestita. Obdulio siguió con su arenga: “Muchachos, hoy tengo unas ganas de correr...”.

Los brasileños llegaron como en una interminable caravana triunfal, como si se tratase del paso de una escola do samba a través de Río.

LA NOCHE QUE EL REY MOMO LLORÓ
Aunque a Brasil le alcanzaba el empate, salió a comerse a Uruguay. Intuyéndolo, los celestes dispusieron tres líneas defensivas: Varela y Pérez, en la segunda Tejera y Andrade, y en el fondo Matías González y Gambetta. En los primeros minutos, Brasil forzó tres corners, pero Uruguay aguantó. De a poco, los visitantes se fueron animando a cruzar la mitad de la cancha, buscando a Ghiggia en profundidad, dejándole a Bigode el fault como única forma de pararlo. Después de una de las infracciones del brasileño, Obdulio se le acercó y lo retó: “Que sea la última vez, ¿entendió?”. El árbitro no podía creerlo.

El obstáculo de Bigode estaba resuelto, pero atrás esperaba Juvenal, y sus cruces eran impecables.

En un avance, Ademir quedó solo ante Máspoli y el arquero se quedó magistralmente con el disparo. Fue en punto de inflexión en el encuentro. Se despertó Schiaffino, que se conectó con el Palomo Míguez y empezaron a buscarlo a Ghiggia. Jair metió miedo con un pelotazo en el palo pero la respuesta fueron tres ataques uruguayos antes del descanso.

Algunos estaban perplejos, ¿por qué Brasil no goleaba a Uruguay? Igual, el empate alcanzaba y las tribunas bailaban frenéticamente. Abajo, el en vestuario, Ghiggia le pidió a Obdulio que en vez del pelotazo, lo buscase con pases cortos, para enfrentar a Juvenal con el balón dominado.

Arranca la segunda mitad y la diagonal brasileña da resultado: Ademir arrastra a toda la defensa y habilita a Friaça, quien saca el chumbazo para sacudir la red y justificar la fiesta. Ahí fue cuando Obdulio comprendió que debía aflorar la garra. Fue hasta el arco y tomó la pelota mansamente. Se la puso bajo el brazo y fue a reclamarle off side al juez, pese a que sabía que el gol era legítimo. Su protesta y su paso cansino hasta la mitad de la cancha aplacaron el festejo. Cuando Míguez sacó del medio habían pasado casi tres minutos del gol y el Maracaná había caído en un confuso silencio.

A los 21 minutos Obdulio le pone a Ghiggia esa pelota al pie que le había pedido, elude a Bigode, lo pasa a Juvenal y manda el centro para Schiaffino. El Pepe conecta de media vuelta al ángulo superior izquierdo de Barbosa y empata el partido. El cemento del Maracaná se convirtió en hielo. Brasil seguía siendo campeón, pero la fiesta se había estropeado.
Brasil no se conformaba con empatar, pero de última… El pánico aparecía cada vez que Ghiggia tomaba la pelota. A los pocos minutos la euforia volvió. Mientras, Jules Rimet comenzó a bajar las escaleras con lentitud, para llegar a tiempo a entregar la Copa que tenía su nombre. En uno de los bolsillos del saco tenía el discurso que le habían preparado en portugués.

En la cancha Schiaffino recibía un pase de Ghiggia y se mandaba al fondo. Schiaffino se la pedía en el medio del área, Barbosa salía a tapar el centro y Ghiggia, casi contra la raya, cerraba los ojos y pateaba al arco con todas las fuerzas de su alma. Gol. Río de Janeiro jamás vivió tanto silencio, un silencio de muerte. Ni siquiera lo quebró el centenar de uruguayos que estaba en el estadio, por miedo. Con su paso anciano, Rimet seguía bajando laberínticas escaleras y le llamaba la atención la buena aislación acústica de esa obra de ingeniería. Pero las tribunas no aislaban nada, afuera tampoco se oía un solo grito.

Brasil salió desesperado, pero el coraje de Uruguay hizo que sea imposible cambiar el resultado. Mr. Reader mira su reloj: marca 45’, pero hay corner para Brasil. Es la última jugada, lo ejecuta Friaça desde la derecha. La pelota hace una parábola y cae cerca del segundo palo, donde está Gambetta y la agarra con las dos manos. “¡¿Qué hacés?!”, le grita Ghiggia, queriéndose morir. “¡Terminó, hermano, terminó!”, le responde Schubert sin poder contener las lágrimas.

Cuando Rimet asomó por el túnel, la banda de música no estaba, el podio tampoco. El policía de custodia estaba llorando y la multitud abandonaba las graderías en silencio. Once hombres de celeste se abrazaban, olvidados por toda la toda formalidad oficial. “Aunque no nos den la copa, somos campeones. Podemos irnos”, les dijo Obdulio Varela, pero justo en ese momento lo alcanzó Rimet, que acababa de comprender todo. “Mes félicitacions”, fue lo único que le dijo, en francés. Veinte años después, le trofeo volvía a manos uruguayas. Así lo contó el presidente de la FIFA: “No sé qué paso. Había un protocolo a seguir pero a nadie le importó que no sonara el himno en honor a los vencedores, que no se izara al mástil la enseña de Uruguay. Me encontré solo en el césped con la Copa en mi mano derecha. Al final, cuando me di cuenta de que nadie iba a acompañarme en la ceremonia, reclamé la atención de Varela y le di el trofeo”.

“Ese día estaba escrito que ganaríamos, no temíamos ni a Dios ni al Diablo. Si Máspoli hubiese jugado de delantero, hacía dos goles y si yo hubiera ido al arco, atajaba dos penales”, resumió Omar Míguez.

Afuera, Brasil se sumía en la noche más larga y silenciosa de su historia, un triste velatorio con 50 millones de personas llorando la muerte de su sueño. El silencio sólo se rompía con el ulular de alguna ambulancia presurosa para asistir a uno de los tantos corazones que esa noche dijeron “basta”. La fiesta que embriagaba la avenida 18 de Julio de Montevideo estaba muy lejos como para confundirla con el festivo paso de las carrozas y sus escolas do samba. Estaba claro, en julio no se festeja el carnaval.