jueves, 29 de noviembre de 2018

Los nombres del fútbol

¿Cómo se dice o cómo se escribe "fútbol" en otros idiomas?
Esta es una recopilación dinámica, que va creciendo a medida que me aportan más datos chequeados:



  • Afrikaans - sokker
  • Albano - futbollit
  • Alemán - fußball
  • Arabe - كرة القدم (kurat al qadam)
  • Armenio - ֆուտբոլ
  • Aymara - phutwul
  • Azerí - futbol
  • Bantu - nhabvu
  • Bosnio - nogomet
  • Bretón - mell-droad
  • Búlgaro - футбол (futbol)
  • Catalán - futbol
  • Checo - kopaná
  • Chino - 足球 (zúqiú)
  • Coreano - 축구 (chook gu)
  • Croata - nogomet
  • Danés - fodbold
  • Eslovaco - fucík
  • Esloveno - nogomet
  • Esperanto - futbalo
  • Estonio - jalgpalli
  • Euskera - futbol
  • Feroés - fótbóltur
  • Finlandés - jalkapallo
  • Francés - football
  • Gaélico - Sacar
  • Galés - pêl-droed
  • Gallego - fútbol
  • Georgiano - ფეხბურთი
  • Griego - ποδόσφαιρο (podosfero)
  • Groenlandés - Arsaattartut
  • Gujarati - ફૂટબોલની રમત
  • Hebreo - כדורגל (kaduregel)
  • Hindi - फ़ुटबॉल का खेल
  • Holandés - voetbal
  • Húngaro - labdarúgás
  • Inglés - football
  • Inglés - soccer
  • Inuktitut - ᐊᔪᒃᑕᖅ
  • Islandés - knattspyrna
  • Italiano - calcio
  • Japonés - フットボール (futtoboru)
  • Kazajo - футбол
  • Khmer - បាល់ទាត់
  • Kinyarwanda - umupira w’amaguru
  • Kirguiz - Футбо́л
  • Kurdo - top
  • Lapón - spábbaciekcan
  • Latín - pediludium
  • Lengadoucian - fosbal
  • Letón - futbols
  • Lingala - Motópi
  • Lituano - futbolas
  • Luxemburgués - foussball
  • Maasai - eerata olpira
  • Macedonio - Фудбал
  • Malayo - bola sepak
  • Maltés - futbol
  • Mongol - Хөлбөмбөг
  • Noruego - fotball
  • Occitano - fotbòl
  • Persa - فوتبال (futbol)
  • Polaco - pilka nozna
  • Portugués - futebol
  • Prouvençau - balompe
  • Punjabi - ਫੁਟਬਾਲ ਦਾ ਖੇਲ
  • Rumano - fotbal
  • Ruso - футбол (futbol)
  • Samoano - soka
  • Serbio - фудбал (fudbal)
  • Somalí - kubbadda cagta
  • Suahili - mpira wa miguu
  • Sueco - fotboll
  • Sánscrito - पदकन्दुकक्रीडा
  • Tailandés - ฟตบอล (football)
  • Tajik - футбол
  • Tamil - காற்பந்தாட்டம்
  • Telugu - ఫుట్ బాల్
  • Turco - futbol
  • Ucraniano - футбол (futbol)
  • Uzbeko - futbol
  • Vietnamita - bóng dá
  • Zulú - ibhola

  • lunes, 26 de noviembre de 2018

    New York Times: "En Argentina, la violencia es parte de la cultura del fútbol"

    Esta es una traducción personal del artículo que The New York Times publicó el 26 de noviembre de 2011 bajo el título "In Argentina, Violence Is Part of the Soccer Culture", escrito por Alexei Barrionuevo y Charles Newbery:

    El mes pasado, tres hinchas de San Lorenzo de Almagro evadieron a los guardias de seguridad luego de una práctica a puertas cerradas y, en la cancha, le recriminaron a los jugadores por sus derrotas recientes.
    El defensor estrella Jonathan Bottinelli le pidió a los hombres que se fueran. Uno de ellos se abalanzó sobre Bottinelli y le dio un puñetazo en la cara. Otro lo golpeó por detrás. Un pequeño grupo de compañeros se apresuró a detener la pelea, contaron otros jugadores, pero los golpes continuaron, dejándolo a Bottinelli, fan del club desde la infancia, con dudas acerca de seguir vistiendo la camiseta roja y azul.

    Más de una década después de que Inglaterra finalmente domesticara a las bandas de hooligans que asolaban los estadios británicos, la violencia entre hinchas sigue marcando a este deporte en la Argentina.
    Los disturbios en parte reflejan a una sociedad argentina cada vez más violenta, donde la delincuencia callejera ha ido en aumento. Pero mucha de la violencia puede atribuirse a las hostilidades entre facciones rivales de las mismas barras bravas, versión argentina de los hooligans que usan los puños, cuchillos y armas de fuego, y funcionan como mini-mafias. Se involucran en negocios legales e ilegales, incluyendo la venta de drogas, a menudo con la complicidad y cobertura de la policía, políticos y directivos de los clubes, según los fiscales y otros que han estudiado el tema.
    Las barras bravas son las culpables de muchos de los 257 muertos relacionados con el fútbol en la Argentina desde 1924; casi la mitad de estos crímenes se cometieron en los últimos 20 años, según Salvemos al Fútbol, una organización no gubernamental de Buenos Aires que está trabajando para erradicar la violencia en el deporte.

    "No nos sentimos seguros en los estadios argentinos", dijo Mónica Nizzardo, presidente de Salvemos al Fútbol. "Esta es la razón por la que las familias han dejado de ir".
    El jefe de la Barra Brava de San Lorenzo, Cristian Evangelista, lideró el ataque de Bottinelli, los jugadores declararon ante los tribunales, aunque se negaron a nombrar a otros barras implicados. Los dirigentes del club rechazaron hacer cualquier comentario. Después del episodio, el gobierno argentino canceló el siguiente partido de San Lorenzo mientras los funcionarios investigaban.
    La violencia en el fútbol llegó a ser tan desenfrenada en la última década que las autoridades decidieron que los hinchas del equipo visitante no pudieran asistir a los estadios en los partidos de las divisiones de ascenso durante cuatro años. La prohibición se levantó en agosto pasado.
    Los hinchas del equipo visitante no siempre son el problema. Después de que el histórico club River Plate perdiera un partido en junio y descendiera a la segunda división por primera vez en su historia, sus hinchas destrozaron su propio estadio, lanzando palos, caños de metal y asientos al campo de juego como respuesta a que la policía disparara gases lacrimógenos en las tribunas. Los aficionados se pelearon entre sí y atacaron a periodistas y a la policía, que utilizó balas de goma y carros hidrantes para tratar de aquietar el caos. Se estima que 70 personas resultaron heridas, entre ellas 35 agentes de policía, y cerca de 100 fueron detenidas.

    La tensión era palpable en un partido de segunda división entre River Plate y Quilmes, en septiembre. Unos 600 policías levantaron barricadas alrededor del estadio para separar a los hinchas de uno y otro equipo. Después del partido, los aficionados de Quilmes tuvieron que esperar media hora en las tribunas hasta que los hinchas de River se fueran, antes de poder abandonar el estadio.
    Reafirmar el control sobre los hinchas rebeldes es más complicado que en Inglaterra, dijeron los expertos que han estudiado la violencia en el fútbol.

    En Inglaterra, muchos hooligans son trabajadores, obreros que andan en busca de una pelea de fin de semana. En la Argentina, los barrabravas tienen vínculos con los políticos, la policía y los dirigentes de los clubes, y algunos de sus líderes han ganado la admiración de los aficionados más jóvenes. Los políticos los utilizan como "fuerza de choque", respaldo muscular de los sindicatos contra los rivales políticos. Los fiscales han acusado a algunos barrabravas ​​de matar a los trabajadores sindicalizados.
    "Los domingos van al estadio y ondean las banderas del club para apoyar al equipo. Durante la semana que están dando apoyo a políticos y dirigentes sindicales y trabajan como guardaespaldas por las mismas personas que, teóricamente, deberían parar su accionar", relató el fiscal Gustavo Gerlero.

    La Asociación del Fútbol Argentino (AFA), organismo que controla este deporte a nivel nacional, expresó su preocupación por el papel de la barras bravas en la violencia. Nizzardo y otros han criticado al presidente de la poderosa asociación, Julio Grondona, por no mostrar la voluntad de terminar con la barras. Grondona, de 80 años, comanda la AFA desde 1979, cuando la Argentina se encontraba en medio de una dictadura sangrienta. También es vicepresidente senior de la FIFA, el organismo gobernante el fútbol mundial.

    Grondona, quien últimamente se encuentra enfermo, se negó a ser entrevistado. En una entrevista publicada el año pasado el libro El fútbol y la violencia - Miradas y propuestas, Grondona declaró que la AFA quería erradicar a los barrabravas para "asegurar la normalidad en los estadios". Y dijo que los clubes necesitan instituir el "control biométrico" de ingreso a los estadios para "profundizar el derecho de admisión".

    Un típica barra brava tiene unos pocos cientos de miembros. Cantan canciones. agitan banderas y grandes pancartas de apoyo a su club. Fuera de la cancha, ganan dinero con la reventa de entradas, el estacionamiento de autos, la venta de drogas ilícitas y, según sostienen algunos fiscales, se llevan un porcentaje de los pases de los jugadores.

    Gerlero sugirió que el ataque mortal en 2007 a Gonzalo Acro, miembro de alto rango de la barra brava de River, fue provocado por una disputa por una porción del dinero obtenido de la venta del delantero Gonzalo Higuaín al Real Madrid, transferencia que se realizó por 13 millones de euros (unos 17 millones de dólares). En septiembre, un tribunal en Buenos Aires condenó a Alan y William Schlenker, líderes de la barra de River Plate, y tres socios a la pena de prisión perpetua por disparar tres veces a Acro. En la entrevista el año pasado, Grondona calificó de "absurda" a la idea de que los barrabravas se llevan una parte de la venta de jugadores.

    Las barras de los clubes más importantes, como La 12, de Boca Juniors, ganan más de 300.000 pesos al mes (unos 70.000 dólares), con los líderes del grupo llevándose $15.000 o más por mes, dijo Gustavo Grabia, periodista y autor de un best-seller sobre la barra brava de Boca.
    Rafael Di Zeo ejemplifica el status de "figura de culto" al que llegan algunos líderes de las barras bravas y el cambio en la cultura de fans en Argentina.
    Ex líder de La 12, Di Zeo fue puesto en libertad en mayo de 2010 tras cumplir más de tres años por ataque agravado por su papel en una lucha contra hinchas de Chacarita Juniors, en 1999, que se saldó con 14 heridos. Hoy firma autógrafos a los hinchas jóvenes en los partidos y ha aparecido en tapas de revistas.

    Hasta los '90, los aficionados idolatraban a los mejores jugadores en sus clubes. Pero con el atractivo cada vez mayor de grandes contratos en el extranjero, muchas estrellas de Argentina partieron para jugar en Europa. "No hay tiempo para que los niños se identifiquen con un jugador como ídolo de su club", explica Grabia. "En su lugar, ellos se identifican con los barrabravas".

    El 30 de octubre, Di Zeo hizo su muy esperado regreso. Se paró en el extremo opuesto de la cancha, enfrente de donde manda Mauro Martín, su sucesor, y ambos y se unieron a los hinchas para alentar más fuerte a los jugadores. Di Zeo y algunos de sus dos mil seguidores lanzaron insultos hacia el gran grupo de Martín, entonando canciones que eran un desafío a luchar.
    "Oh lelé, oh lalá, a todos los traidores los vamos a matar", cantaban Di Zeo y los suyos. En la tribuna opuesta, Martín fue tomado por la cámara haciendo un gesto de cortar la cabeza.
    Después del partido Di Zeo le dijo a los periodistas que había ido al sector del público visitante para evitar problemas. Carla Cavaliere, una jueza de Buenos Aires, no está de acuerdo. El 4 de noviembre le prohibió tanto a Martín como a Di Zeo ir un radio de 500 metros de cualquier estadio en el que se juegue o esté por jugar un partido, hasta el final de esta temporada, una medida de control que aparentemente busca evitar un choque violento.

    Di Zeo dijo que la violencia es eterna en el fútbol argentino.
    "¿Cree usted que conmigo en la cárcel se va a acabar la violencia", le dijo a Grabia antes de entrar en prisión en 2007, como reseña en su libro: "¿Cree usted que si nos ponen a todos juntos en una plaza para que nos matemos entre nosotros se va a terminar con la violencia? No, esto nunca se va a terminar. ¿Sabés por qué? Porque esto es una escuela. Es la herencia".
    Ese tipo de postura violenta ha llevado a muchas familias a dejar de ir a los estadios.
    Andrés Nieto, un hincha de San Lorenzo, contó que él dejó de ir a la cancha hace tres años, y que últimamente tuvo que resistir la presión de su hijo de 8 años, que quiere que lo lleve: "Cada día es más difícil ir a los estadios con los chicos a ver los partidos", contó Nieto, un diseñador gráfico de 41 años. "Parece que la calidad del fútbol está empeorando día a día. La mayoría de los jugadores jóvenes está buscando para ir a jugar a cualquier otro país, porque puede ganar más y es menos violento".

    Para Nieto, las amenazas y agresiones a jugadores se han vuelto demasiado comunes. Después de ser golpeado por los barras, Bottinelli se fue a la costa para recuperarse. Ha decidido quedarse es San Lorenzo... por ahora. "Estoy un poco nervioso, un poco tenso por lo que tuve que pasar", declaró Bottinelli a Fox Sports después de la paliza. "Ya pasó. ¿Qué le vamos a hacer? Tenemos que convivir con esto en el fútbol".

    Esta es la galería fotográfica que acompaña al artículo original.

    domingo, 25 de noviembre de 2018

    Impronunciables

    A fuerza de televisaciones, los hispanos aprendimos a decirle "Líverpul" al Liverpool, "Shénoa" al Genoa, o "París Sanshermén" al PSG. Hasta ahí nos aventuramos. Pero la que sigue es una recopilación de equipos cuya sola lectura ya produce dolor de cabeza. ¿Quién se anima a nombrarlos en voz alta?

    Por PABLO ARO GERALDES

     GACH DONG TAM LONG AN - TAN AN
    ¿Se trata de un trabalenguas o de un club? La afición del ‘rojo’ vietnamita conoce la respuesta correcta.

     HÉRAÐSSAMBAND SNÆFELLS OG HNAPPADALSSÝSLU
    ¿Como alentarán en Snæféllsnesssýslu? Es complicado andar por Islandia...

     LLANFAIRPWLLGWYNGYLLGOGERYCHWYRNDROBWLL-LLANTYSILIOGOGOGOCH
    Si lo celta está de moda, que le pregunten a los socios cómo se llama este equipo de Gales que no entra en una línea.

     ÜSKÜDAR ÖZSAHRAYICEDIDSPOR
    Este equipo turco causa verdadero terror en los relatores radiales. Ni se quieren imaginar los nombres de los jugadores.

     VAHSH QURGHONTEPPA
    Resulta tan pero tan complicado nombrar al club como encontrar a Tayikistán en el planisferio.

     DYSKOBOLIA GRODZISK WIELKOPOLSKI
    El idioma polaco nunca fue fácil para los hispanoparlantes, pero a los hinchas del verde hay que aplaudirlos.

     OQJETPES KÖKSHETAU
    En Kazakstán tienen coraje: entraron en el fútbol de Europa y hasta corean el nombre del equipo.

     DOMOINA SOAVINA ASTIMONDRANO
    La película Madagascar iba a tratar de fútbol, pero cuando encontraron a este club, cambiaron por animales.

     NORDSJÆLLAND
    En Dinamarca tiene cada vez más y más seguidores... Ellos sí se atreven a cantar su nombre al viento.

     ZHASHTYK AK ALTYN
    En la ciudad de Kara Suu, Kirguistán, no se hacen ningún problema para mencionar a este equipo de fútbol.

     MASLAHA NAQUIL AL-RAKAB
    Luego de la invasión estadounidense volvió el fútbol a Irak, pero los extranjeros tocan de oído.

     MLADOST 127 SUHOPOLJE
    En Vinkovci, Croacia, todo bien, pero por aquí necesitamos un foniatra para decir "sto dvadeset sedam" (127).

     QINGDAO ZHONGNENG
    El idioma chino resulta indescifrable para los latinos, pero en el estadio todos cantan al unísono.

     KAPOSVÖLGYE VÁLLALKOZÓK
    Ni la recordada mentalista Lily Sullos se atrevía a vocalizar el nombre de este equipo de Hungría, su país.

     MHLAMBANYATSI ROVERS
    Se gasta tanta saliva para nombrar a este club africano como a su país: eSwatini (ex Swazilandia). El 'Rovers' pasa...

     NAGDLUNGUAQ-48
    ¿Este club de Groenlandia parece fácil? OK, ahora bien: ¿cómo dicen “48” los esquimales, eh?

     MANANG MARSYANGDI
    Parece un nombre retorcido, y más si la altura de Nepal produce alucinaciones... ¿Tráfico por Katmandú?

     DEREVOBRABOTCHIK MOSTY
    ¿Confundido? ¿Cómo se dice? Esos pagos siempre nos dejan con una duda: ¿Belarús o Bielorrusia?

     MPHATLALATSANE FC
    Este pequeño equipo del distrito de Leribe, en Lesotho, tiene menos jugadores que letras en su nombre.

     LUFTËTARI GJIROKASTER
    Albania, el nombre del país, es muy sencillo, sí, pero en su lengua se dice Republika e Shqipërisë.

     JAAMIYYATHUK IKVAAN
    Las islas Maldivas son un paraíso del Océano Índico, pero su idioma es un infierno... Este club es dificilísimo.

     KANG YOTHIPOL KHEMARA PHUMIN
    Los camboyanos son reconocidos por su arrojo, por su coraje. Hay que ser valiente para nombrarlo en voz alta.

     BORUSSIA MÖNCHENGLADBACH
    No por ser muy conocido se hace fácil de pronunciar. Un desafío para los mejores relatores fuera de Alemania.

    viernes, 23 de noviembre de 2018

    River Plate - Boca Juniors: la Batalla del Río de la Plata


    Versión en español del artículo publicado en la revista FIFA Magazine, en febrero de 2001.
    Por PABLO ARO GERALDES


    Se suele decir en la Argentina que los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos los barcos. Y en esa broma hay algo de verdad. En el único país (junto a Uruguay) de América Latina que tiene mayor población de origen europeo que autóctono, la mezcla de italianos, españoles, árabes, rusos, ingleses, turcos, constituyó un auténtico crisol de razas de cuya fundición surgió una identidad nacional propia, una forma de ser que en el fútbol distingue al argentino en cualquier parte del planeta: la pasión. Es una manera de vivir el fútbol que nació a finales del siglo XIX, cuando los ingleses amarraban sus buques en el puerto de Buenos Aires y se aventuraban al interior del país para trazar la red ferroviaria. Sin saberlo, en sus horas de ocio contagiaron a la gente de estas tierras el deporte que practicaban con tanto entusiasmo. Y por todo el país se organizaron clubes y equipos. En el 1901 apareció River Plate, en el humilde barrio de La Boca, junto al Río de la Plata. Una zona poblada por trabajadores portuarios de origen mayoritariamente italiano. En 1908 los riverplatenses alcanzaron la Primera División pero la rivalidad más marcada iba creciendo a nivel barrial: en 1905 un grupo de vecinos genoveses había fundado Boca Juniors. Eran años de caballerosidad, propios de los tiempos románticos de una nación que forjaba su futuro a un ritmo vertiginoso.

    Como destino de todo país del llamado Tercer Mundo, el progreso devino en ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres. Y salvando las distancias y con los riesgos y vicios de toda generalización, las clases más acomodadas se fueron identificando con River y los más necesitados tomaron los colores boquenses. Era una rivalidad que trascendía al barrio de La Boca; se había extendido ya por toda Buenos Aires y se conocía en toda la Argentina. Con el ascenso de Boca, llegó el primer choque. Fue el 24 de agosto de 1913 y el calor de la gente no podía estar ausente. Tras la victoria de River ambas hinchadas se trenzaron a golpes y el fuego consumió una bandera de Boca. Ese violento bautismo marcó para siempre la rivalidad. Quien ganara el clásico sería el “dueño” del barrio y algo más.

    Pero en 1919 el fútbol nacional se partió en dos y Boca se quedó en la “Asociación Argentina” y River en la “Asociación Amateurs”. Siguieron siete años sin el derby hasta que el 4 de diciembre de 1927 volvieron a chocar. Ganó Boca, como lo seguiría haciendo sobre el final del amateurismo y al principio de la era profesional, que comenzó en 1931. La paternidad se acentuaba, pero el profesionalismo le permitió a River reforzarse y consiguió el pase de Bernabé Ferreyra, el goleador del momento. El alto costo de la transacción le impuso a los riverplatense el mote de “millonarios”. Además, el club se había mudado al elegante Barrio Norte, una zona donde se levantaron las mansiones de los acaudalados de Buenos Aires. Boca, fiel al barrio que lo vio nacer, seguía cerca del puerto, un barrio que se inunda rápidamente con las crecidas del Río de la Plata. Los rivales le impusieron a Boca el apodo de “bosteros”, por los desbordes de las cloacas. Lejos de ofenderse, los boquenses lo adoptaron con orgullo y lo conservan. Igual, la broma preferida de los visitantes a La Bombonera es ir al partido con un barbijo. O como hizo durante años Ángel Labruna, quien como jugador, técnico y emblema de River ingresaba a la cancha apretándose su nariz.

    El atajo a la gloria
    En la historia de Boca y de River hubo jugadores geniales, únicos. Citar a Diego Maradona y Daniel Passarella es una pequeña muestra de los nombres que desfilaron por ambos clubes y se ganaron la admiración de los hinchas. Pero hay otros, cuya trayectoria no fue tan brillante, que se subieron al podio de los favoritos a fuerza de sus actuaciones en el clásico. Labruna fue el gran verdugo de Boca durante los años 40 y 50, y con sus 16 goles se convirtió en el máximo anotador de la historia del “clásico de los clásicos”, como lo bautizó un relator. Pero Boca tuvo un vengador venido del Brasil, Paulo Valentim. Cuando llegó en 1960, Alberto Armando, presidente de Boca, le pidió: “usted hágale goles a River; de los otros partidos no se preocupe”, y el hombre le hizo caso: enfrentó ocho veces a River y le metió 10 goles. Se fue en 1964, pero quedó en la memoria de todos los boquenses. La idolatría se había transformado en canción: “Tim, Tim, Tim... gol de Valentim”, entonaba La Bombonera.
    Pero no sólo los goles reservan un lugar en el podio de los corazones de los aficionados de uno y otro equipo. La fidelidad a una camiseta fue siempre reconocida, como le ocurrió a Reinaldo Merlo quien en 35 ocasiones se calzó la banda roja para enfrentar a Boca (1969/84). El xeneize con más clásicos fue Silvio Marzolini con 29 partidos (1960/72). El mismo récord de clásicos lo alcanzó el genial arquero Hugo Gatti, pero repartido entre los dos clubes: 7 en River y 22 en Boca, a lo largo de sus 25 años ininterrumpidos en Primera. Curiosamente Gatti fue querido por todas las hinchadas, pero en la mayoría de los casos, los “traidores” sufren las mismas consecuencias que padeció Figo en su visita a Barcelona con los colores del Real Madrid. Otros casos de grandes jugadores que representaron a los dos clubes más poderosos de la Argentina fueron José Manuel Moreno, Alfredo Rojas, Carlos Morete, Oscar Trossero, Alberto Tarantini, Ricardo Gareca, Oscar Ruggeri, Carlos Tapia, Julio Olarticoechea, Gabriel Batistuta y Claudio Caniggia.

    En el siglo XXI
    Los clásicos se acumulaban por decenas y las supremacías se alternaban. Todo es motivo de discusión entre River y Boca: la cantidad de convocados a la selección, el tamaño de sus estadios, la fidelidad de sus hinchas, las pintadas de los paredones, el tamaño de las banderas... Es que Boca-River no se vive sólo en la cancha: faltando una semana para el encuentro todo el país habla del partido. Los diarios lo palpitan en sus páginas, los bohemios lo imaginan en las mesas de los bares, los chicos lo sueñan en el colegio y en cada puesto de trabajo se apuesta por el resultado. Hace décadas que este clásico trasciende a Buenos Aires, tanto como que los hinchas de uno y otro están por todo el país. Los de Boca se autodenominan “la mitad más uno”, los de River suman títulos y se autoproclaman “el campeón del siglo”. Y se juega un duelo de ingenio. Cuando River en los años 60 perdió la final de la Copa Libertadores, los de Boca comenzaron a llamarlos “gallinas”. Los de River adoptaron el sobrenombre y responden con imágenes de un cerdo vestido de azul y amarillo. Cuando en 1996 River viajó a Tokio para disputar la Copa Intercontinental, los boquenses agotaron en las tiendas deportivas todas las camisetas de Juventus, su adversario de turno. Lo mismo pasó en el 2000 con las del Real Madrid, compradas por los de River. Entre ellos no existe “el orgullo nacional”. No importa contra que país se compita, el de Boca quiera una derrota de River y viceversa.

    Y cuando llega el encuentro nadie quiere perdérselo. En el único partido argentino en el que se recauda más de un millón de dólares, no importan los vaivenes de la economía nacional y aunque el precio de las entradas se duplica, se agotan. Tampoco importa el maltrato de la policía y los hinchas harán colas desde la madrugada para reservarse su lugar. El derby también bate récords de abonos a la TV codificada (pay per view). Si las tribunas están llenas, los sectores de prensa también: no sólo estarán los medios de toda la Argentina, también habrá periodistas de Europa, Japón, los Estados Unidos y toda Sudamérica.

    La pasión atrapa a todos: los técnicos hacen declaraciones victoriosas, los diputados suspenden sus sesiones, las revistas se agotan... No importa que se juegue por el campeonato local, la Copa Libertadores o un torneo veraniego, todos quieren ganar. Lamentablemente este fervor a veces se traduce en violencia, ya sea por las tristemente conocidas “barras bravas” o por los cantos xenófobos hacia los inmigrantes paraguayos y bolivianos, en su mayoría identificados con Boca.

    De padres e hijos
    Existe una forma argentina de bromear: la “cargada”. Tras cada partido aparecen los chistes. De regreso al trabajo o a la escuela, el perdedor debe soportar las burlas de sus amigos. Una modalidad que tomó fuerza en la última década fue la de los afiches callejeros. Cuando River sumó su 29º título local, Buenos Aires amaneció empapelada con carteles con la bandera y la leyenda “Gracias por otra alegría”. Pero el 2000 fue el año de Boca y sus hinchas disfrutaron tanto sus victorias como la impotencia de sus “primos”. Ante la avalancha de triunfos boquenses, los de River no disimulaban su malestar y un hincha anónimo mandó a imprimir afiches en los que se veía una gallina recostada en un diván de psicólogo. Nada resumía mejor los estados de ánimo. El 17 de diciembre Boca ganó un nuevo campeonato y la dedicatoria fue al histórico rival: “Ya se acerca Nochebuena / Ya se acerca Navidad / Para todas las gallinas... el regalo de Papá”. La paternidad siempre fue motivo de cargadas.

    Hoy, el historial dice que de alrededor de 170 partidos, Boca ganó siete más que River (*). Pero cada década la tendencia se revierte y todos saben que el fútbol siempre da revancha. Eso sí, lo peor que le puede pasar a un hincha de Boca es que su hijo se identifique con River, lo mismo a la inversa. Por eso es una costumbre asociar al bebé antes de que deje el hospital donde acaba de nacer. Así saldrá al mundo con su carnet para que en su adultez pueda decir con orgullo: “soy hincha desde la cuna”.

    Bienvenidos a la fiesta
    El estadio Munumental (donde se disputó la final del Mundial 78) es la casa de River; una obra imponente enclavada en Núñez, un barrio residencial de clase alta. A pocos kilómetros, La Bombonera es una caja de resonancia en la que se siente como en ningún otro lado la presión de los hinchas. Por las humildes y pintorescas calles de sus alrededores ya se respira el ambiente del fútbol. Cada cancha tiene su secreto. En River esa majestuosa inmensidad que intimida a los rivales, en Boca esa sensación de que el público viste la camiseta número 12.

    Desde un satélite que orbite la Tierra sería muy fácil distinguir cuándo se enfrentan Boca y River: Buenos Aires, la gran capital con sus 11 millones de habitantes, va deteniendo su ritmo febril, se aletarga, se enmudece. Todo el calor, el sonido y el color queda reducido a un punto, que según el fixture estará en Núñez o La Boca. Y después de 90 minutos de juego, ese calor y ese sonido invadirán las calles de Buenos Aires y de cada pueblo y ciudad de la Argentina, pero sólo un par de colores adornarán la fiesta. Será todo azul y amarillo o todo blanco y rojo, allí se terminará el arco iris del fútbol. Hasta el próximo clásico.

    miércoles, 21 de noviembre de 2018

    1973 - El gol más triste de Chile

    Hace 45 años, la selección trasandina tuvo que enfrentar a la Unión Soviética en un reprechaje para Alemania '74. El golpe de Pinochet, las denuncias del Kremlin y un partido que nunca se jugó.

    Artículo publicado originalmente en la revista Fox Sports, en octubre de 2008.
    Por PABLO ARO GERALDES

    El camino al primer Mundial de Alemania, el de 1974, estuvo lleno de imprevistos para la selección chilena: el grupo eliminatorio que integraba con Perú y Venezuela quedó reducido a un simple partido y revancha tras la deserción de los venezolanos. Un 2-0 abajo en Lima y el resultado inverso en Santiago obligaron a un tercer partido de desempate, en Montevideo. En el estadio Centenario el triunfo fue 2-1 para Chile, pero los pasajes para la Copa del Mundo no estaban listos aún, faltaba una escala poco conocida. El fixture preveía una instancia más para el ganador del grupo 3 sudamericano: debía enfrentar en un último repechaje al vencedor de la zona 9 europea.
    Con los papeles en la mano, la amenaza tenía los colores de Francia, pero un empate inesperado de los galos ante la República de Irlanda en París dejó al equipo dirigido por Georges Boulogne en la obligación de vencer a la Unión Soviética en Moscú, pero el conjunto de la sigla CCCP en el pecho pegó fuerte y con el 2-0 hizo sonar el despertador en medio del sueño mundialista trasandino. La cita de los chilenos se programaba entonces para el 26 de septiembre de 1973, pero no en París, como imaginaban, sino en el Estadio Lenin de Moscú. Un país amigo. Con la mente puesta en el repechaje con los soviéticos, planearon una gira de preparación por Guatemala, El Salvador y México, que luego de varias escalas los llevaría a tierras rusas. La mano venía bien. Antes de partir golearon 5-0 a un combinado de Porto Alegre. La despedida se fijó para el 11 de septiembre a las 10 de la mañana, pero…

    Chile vivía uno de los momentos más oscuros de su historia. El 11 de septiembre de aquel año la furia asesina de un general llamado Augusto Pinochet pisoteaba el mandato democrático del presidente Salvador Allende e imponía una de las dictaduras más crueles y sangrientas de la historia. Esa mañana, mientras el Palacio de la Moneda (sede del gobierno de Chile) ardía bajo los bombardeos y Allende moría intentando defender la voluntad popular, la selección chilena debía presentarse en el campo de entrenamiento de Juan Pinto Durán para ultimar detalles con vistas a la visita a Moscú. Esa práctica jamás llegó a realizarse. El lateral izquierdo Eduardo Herrera jugaba en Wanderers de Valparaíso y durante sus días en Santiago se hospedaba en el Hotel Carrera, a 100 metros del escenario del golpe de Estado. Él tiene fresca la memoria de esa mañana con olor a pólvora: “Al llegar al campo de entrenamiento el técnico Luis Álamos nos ordenó que volviéramos a casa. Pero yo tenía que llegar hasta el hotel y en el trayecto me detuvieron los militares una decena de veces: Me salvé de ser detenido porque tenía el bolso con la inscripción ‘Selección Chilena de Fútbol’”.

    El fútbol del mundo siguió rodando normalmente en medio de dictadores y tiranos, de reyes despóticos y megalómanos con aires mesiánicos, incluso llegó a presenciar un Mundial en plena dictadura argentina, pero en aquel 1973 la Guerra Fría disparó un misil que dio de lleno en la pelota.
    Durante el gobierno socialista de Allende, Chile mantuvo estrechas relaciones con el Kremlin y todo el bloque soviético. Con la irrupción de Pinochet y su dictadura apoyada desde los Estados Unidos el escenario se dio vuelta: once días después del golpe, la Unión Soviética rompió relaciones diplomáticas con Chile, le ordenó a su personal diplomático que regresara al país y decretó el cierre de la embajada chilena en Moscú.

    Víctor Jara y Pablo Neruda
    Al márgen de la cordillera todo era dolor y desconcierto. Tres días después del golpe era asesinado el cantautor Víctor Jara, una de las voces representativas de los trabajadores chilenos. Más lágrimas siguieron cayendo cuando el 23 de septiembre el poeta Pablo Neruda se murió rodeado de otras muertes y desapariciones, víctima de un cáncer que no le dio tregua. Y lo enterraron en soledad, sin sus amigos ni sus camaradas del Partido Comunista, todos perseguidos, en una tumba del cementerio General de Santiago, lejos de su amada playa de Isla Negra y su Premio Nobel de literatura.
    El fútbol era lo de menos por entonces, pero la Selección Chilena conducida por Álamos debía volar hacia Moscú para cumplir su compromiso eliminatorio en medio de un clima sumamente hostil. Jugadores como Carlos Caszely y Leonardo Véliz, puntales del equipo y muy identificados con el gobierno socialista, temían por la suerte de sus familiares mientras ellos estuvieran de viaje.
    El encuentro corría riesgo de no jugarse porque la dictadura decretó que no se podía abandonar el país. La Federación de Fútbol de Chile debía acatar la medida, pero el médico de la Selección, Dr. Jacobo Helo, resultó ser una influencia decisiva para que los chilenos pudiesen jugar en terreno moscovita: era medico personal del general Gustavo Leigh, Jefe de la Fuerza Aérea, y convenció al alto mando militar de que la participación del equipo favorecería la imagen internacional del gobierno militar. Finalmente, la Junta permitió el viaje, vía Buenos Aires. El largo sufrimiento comenzaba para muchos de los jugadores, amenazados. Les advirtieron sin eufemismos: “Si hablan, sus familias sufrirán las consecuencias”. El vuelo hizo escalas en Sao Paulo, Río de Janeiro y Panamá hasta que finalmente llegó a México. Una victoria 2-1 ante los aztecas sirvió como un relax para afrontar el siguiente tramo hacia Suiza (triunfo sobre el Xamax Neuchatel) y finalmente poner rumbo a Moscú.

    El clima era terriblemente hostil. Antes de subir al último avión, los jugadores chilenos sintieron el miedo en carne propia cuando les advirtieron que si ingresaban a la URSS serían tomados como rehenes para cambiarlos por presos políticos de Chile.
    Ya en Rusia, todo se agravó en la víspera del match, cuando el gobierno de los Estados Unidos reconoció oficialmente a la Junta Militar chilena. Para los rusos, el enemigo estaba de visita y buscaron hacerlo notar. Apenas llegados al aeropuerto Sheremetyevo, Caszely y Figueroa fueron retenidos algunas horas “por diferencias en las fotos de sus pasaportes”. Eran sólo jugadores de fútbol, pero para los soviéticos eran los representantes del país que derrocó al gobierno socialista.

    Y así fue que el 26 de septiembre, a sólo dos semanas del golpe en Chile, el Estadio Lenin presenció un pálido cero a cero en medio de un frío inusual para el otoño que recién comenzaba: 5 grados bajo cero. Las actuaciónes notables de los centrales Elías Figueroa y Alberto Quintano hicieron posible el empate sin goles, pero hubo algo más que la gran tarea defensiva: Hugo Gasc, el único periodista chileno que estuvo en Rusia, contó alguna vez: "Por suerte el árbitro era un anticomunista rabioso. Junto a Francisco Fluxá, el presidente de la delegación, lo habíamos convencido de que no nos podía dejar perder en Moscú, y la verdad es que su arbitraje nos ayudó bastante". Igualmente, las actuaciones defensivas hicieron posible la igualdad y le pintaron a los chilenos un alentador panorama para la revancha en Santiago, pactada para el 21 de noviembre, en el Estadio Nacional de Santiago. Pero...


    Otra vez “pero”. En el barrio de Ñuñoa, el Estadio Nacional se había convertido en algo más que el escenario de encuentros deportivos. Aunque la mayoría de los chilenos lo ignoraba (por censura de algunos medios y complicidad de otros) en las tribunas blancas, los militares habían montado un insospechado campo de concentración. El testimonio de Felipe Agüero, quien fuera prisionero allí, hiela la sangre: "Las salas de tortura bajo la marquesina, las lúgubres formaciones de prisioneros regresando del velódromo, los túneles malolientes camino a las sesiones de electricidad, los ancianos tropezando a golpes de culata por las graderías, todo aquí aludía al Infierno del Dante. El descenso a cavidades cada vez más profundas de horror y maldad, que nunca tocaba fondo. Aquí Chile conectó por primera vez con su propio infierno".

    Gregorio Mena Barrales era Gobernador de la localidad de Puente Alto –vecina a Santiago– por el partido socialista cuando fue detenido y trasladado al Estadio. Años después él relató: “Todos los días dejaban libres a veinte, cincuenta personas... Los llamaban por los altavoces. Los encuestaban. Les obligaban a firmar un documento declarando ‘no haber recibido malos tratos en el Estadio’ (aunque algunos aún lucieran muestras de las torturas y los golpes). Todos firmaban, era el precio que había que pagar. Muchos volvieron a caer (nadie es libre en una dictadura y menos en una como la chilena). La mayoría de ellos se incorporaba a la lucha clandestina. Todos esperábamos oír nuestro nombre alguna vez en las ‘Listas de Libertad’, era lógico y legítimo. No éramos culpables de otra cosa que la de ser defensores de legitimidad constitucional. Sin embargo cerca de mil quinientos nunca fuimos llamados.
    Con el correr de los días las graderías se fueron despoblando: muchos libres, otros asesinados en las noches y un par de suicidas...".


    Y el partido no empezaba...
    En medio del tormento, los militares cuidaban con tanta dedicación a sus prisioneros como al campo de juego. “El match de fútbol con la Unión Soviética debía realizarse allí, por ello cuidaban el césped con más cariño que el que le daban a una ametralladora”, destacó Mena Barrales, mientras recordaba que esa comisión de la FIFA y de la Federación de Fútbol de Chile “visitó el campo, se paseó por la cancha, miró con ojos lejanos a los presos y se fue dejando un dictamen: ‘En el estadio se podía jugar’”.

    Conscientes del uso que le daban los militares al Estadio Nacional, en un momento las autoridades del fútbol chileno le propusieron al gobierno de Pinochet jugar la revancha en el Sausalito, de Viña del Mar, pero la Junta insistió con que debía jugarse en el Nacional, para mostrarle al mundo una cara pacífica de Chile. Francisco Fluxá era presidente de la Asociación Central de Fútbol (ACF) desde febrero de 1973 y le contó en los años noventa al diario La Tercera que “entonces, los militares nos dijeron que no teníamos que decir que el Estadio Nacional era un ‘centro de tránsito, donde se identificaba a la gente que no tenía documentos’. Y para evitar problemas, propusimos el Sausalito como alternativa. Me comuniqué con el general Leigh y me explicó que ‘por órdenes de arriba no se puede en Sausalito: se juega en el Nacional o no se juega’”.
    Sí, esta comitiva (integrada por el vicepresidente Abilio D’Almeida, brasileño, y el secretario general Helmuth Kaeser, suizo) visitó Chile el 24 de octubre y se quedó 48 horas en Santiago. Los militares limpiaron con esmero todo rastro de sangre, todo vestigio de tortura, aunque es muy probable que, amparados por su impunidad, hayan dejado algunos detenidos a la vista, sabiendo que la FIFA no sospecharía de esas personas.

    Los inspectores visitaron el estadio en el que permanecían aún unos 7 mil detenidos. Finalmente, estos emisarios ofrecieron una conferencia de prensa con el ministro de defensa, almirante Patricio Carvajal, a quien le obsequiaron un traba-corbata y un prendedor de oro con el logo de FIFA: “El informe que elevaremos a nuestras autoridades será el reflejo de lo que vimos: tranquilidad total”. El emisario brasileño se permitió aconsejar a los usurpadores del poder: “No se inquieten por la campaña periodística internacional contra Chile. A Brasil le sucedió lo mismo, pronto va a pasar”.
    La FIFA había dado el OK. Pero claro, les habían ocultado el horror. “Después supimos que mientras estaba la gente de la FIFA en el estadio, varias decenas de detenidos fueron encerrados en pequeños camarines, con el fin de ocultarlos. Pero lo importante para nosotros era que el Nacional pasara la revisión”, decía casi treinta años después el ex dirigente Fluxá, quien como única autocrítica aceptó que en el afán de ir al mundial se cometieron actos “éticamente cuestionables”“Ahora pienso que no fue ético negar que en el Estadio Nacional había detenidos, pero en ese momento lo único que pensábamos era en llegar al Mundial de Alemania”, concluyó.
    Sí, a pesar de todo el dolor, y de los reclamos soviéticos ante la FIFA (inclusive Bulgaria, Polonia y la Alemania Oriental amenazaron con boicotear el Mundial, cosa que finalmente no hicieron), Ñuñoa esperaba el repechaje para la Copa del Mundo Alemania 74. Pero...

    Los soviéticos se negaron a viajar a Santiago, en un manifiesto repudio al régimen de Pinochet. Uno de los integrantes de aquel equipo soviético era el ucraniano Oleg Blokhin, quien no tiene buenos recuerdos de aquella eliminatoria: “Estuve presente en el 0-0 jugado en Moscú. Pero hablamos con el plantel y decidimos no jugar la revancha. No quisimos hacerlo porque estaba Pinochet en el gobierno. Para nosotros era peligroso viajar a Chile y le llevamos nuestra preocupación a la federación de fútbol. Al final se decidió abandonar la eliminatoria”. El Kremlin apoyó la decisión. Blokhin fue hasta 2006 diputado por el partido socialdemócrata de Ucrania a la vez que dirigió a la Selección nacional en Alemania 2006. Hoy es el técnico del Dínamo de Kiev.

    La Federación de Fútbol de la Unión Soviética divulgó un comunicado para explicarle al mundo que no disputarían un match allí donde miles de supuestos opositores al régimen de Pinochet habían sido torturados y asesinados: “por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos (...) La Unión Soviética hace una resuelta protesta y declara que en las actuales condiciones, cuando la FIFA, obrando contra los dictados del sentido común, permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en suelo chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la FIFA”, explicaba la nota difundida a través de la agencia UPI.

    Ante esta negativa, un integrante del Comité Ejecutivo de la FIFA se animó a vociferar: “Si Granatkin (presidente de la federación soviética) dice que el Estadio Nacional está ocupado con detenidos, yo saco una carta en la cual el Gobierno de Chile asegura que varios días antes del 21 de noviembre ese escenario estará a disposición del fútbol”. No les importaba nada, ni la sangre, ni la tortura, ni la muerte. La farsa debía continuar.

    La noticia de la suspensión del partido llegó a la selección chilena en la medianoche previa al encuentro. El delantero Carlos Caszely hoy lo recuerda: “Esperábamos en la concentración de Juan Pinto Durán cuando nos comunicaron que los soviéticos no vendrían. Todo aquello, para quienes estábamos comprometidos con la libertad era de una tristeza terrible. Los familiares de los desaparecidos se me acercaban y me pedían: ‘Chino, tu que estarás en el estadio, por favor, averíguate si está mi hijo, o mi compañero de la universidad”.

    El delantero Leonardo Véliz tiene memorias horribles de aquella tarde del 21 de noviembre. “Fue escalofriante. Creo que aún había rastros de lo que había acontecido en los vestuarios y fue algo muy difícil de asumir”, recordó 30 años más tarde.

    Desde fines de octubre ya no quedaban detenidos bajo los graderíos del estadio. A la hora señalada, Chile y el árbitro local Rafael Hormazábal salieron al campo de juego. Era puro formalismo, para obtener el paso al mundial por descalificación de los soviéticos. La parodia se completó con una banda de Carabineros tocando el himno chileno mientras se izaba la bandera nacional.

    Los jugadores de rojo –qué paradoja– sacaron del medio y trotaron torpemente pasándose la pelota ante un arco vacío. Hasta que Francisco Valdés, el Chamaco, llegó a la línea y esperó a que los fotógrafos enfocasen bien para empujarla de derecha. Tremenda payasada tenía un objetivo: Chile estaría en el Mundial Alemania ’74. Para otros, se trataba de una victoria del régimen pinochetista sobre el comunismo soviético.

    Después, para entretener a las 18.000 personas que habían comprado su ticket, se improvisó un amistoso ante Santos de Brasil, que estaba en Chile. En vez de festejar la clasificación a la Copa del Mundo, se volvieron a casa con la amargura de un 0-5 humillante.
    Igual, Chile tuvo que esperar hasta el 5 de enero de 1974. Ese día la FIFA aprobó su participación en la Copa.

    Entre el público que había ido a ver Chile-Unión Soviética estaba Mena Barrales, que volvía al estadio, ahora sin cadenas ni mordazas. “Fuimos los espectadores más ‘fanáticos’. Esperamos sentados, a la fuerza, un partido que nunca se efectuó".


    La Selección Chilena participó en el Mundial de Alemania y se despidió sin ganar ningún partido. Tampoco consiguió victorias en sus dos participaciones siguientes, España ’82 y Francia ’98.
    En enero de 1998, en su hogar adoptivo de Austria, Mena Barrales esperaba la Copa del Mundo de Francia. Imaginaba viajar a Saint-Etienne para ver Chile-Austria, sus tierras queridas. Pero la muerte, la misma que esquivó bajo las gradas del Estadio Nacional, esta vez se acordó de él. Ya no existían la Unión Soviética ni la Guerra Fría.
    La dictadura de Augusto Pinochet se prolongó hasta el 11 de marzo de 1990.

    martes, 13 de noviembre de 2018

    13 de noviembre de 1993

    Esa tarde del 13 de noviembre de 1993, Central Ballester completó los 45 minutos pendientes contra General Lamadrid, por el campeonato de Primera D. Fueron dos tiempos de 22 minutos y medio y fue, también, mi debut como periodista, en Clarín.
    Pasaron 25 años de esa cancha tan humilde, de esa "cabina de prensa" que apenas era un par de chapas mal clavadas. Vinieron después desafíos mayores, como El Gráfico, France Football, FIFA Magazine, Kicker, Fox Sports, Goal, ESPN Magazine, De Zurda, De la mano del Diez... Pero aquella crónica -sin firma- de Central Ballester 1-2 General Lamadrid sigue estando entre los recuerdos más intensos e inolvidables de este oficio apasionante...

    Sabiendo que podía ser una fecha relevante, ese día me llevé la cámara de fotos. Antes de entrar a mi primer partido hice una toma de la entrada de la cancha. Al salir, por la calle de atrás, guardé para siempre la imagen del pobre "palco" reservado para los periodistas. Aquella tarde fuimos dos: mi colega de Crónica y yo.

    Pero el recuerdo se vuelve más intenso ya que aquella cancha ya no existe. ¿Qué pasó? Central Ballester jugó junto a la villa La Cárcova desde 1985 hasta 1996, cuando consiguió su único campeonato y ascendió a la C. En esa división, la AFA le impidió utilizar su modesto estadio. Por esa razón, la cancha cercana a las vías del Ferrocarril San Martín estuvo un año abandonada: los jugadores ni siquiera iban a entrenar allí por el peligro de la zona.

    Durante aquel 1996 la villa que lo circundaba comenzó a crecer hasta que los habitantes terminaron ocupando la cancha y empezaron a levantar precarias viviendas en lo que era el campo de juego.
    Vista aérea del terreno que ocupaba la cancha de Central Ballester.

    lunes, 12 de noviembre de 2018

    Historial de la Copa de Campeones de Asia

    La AFC Champions League es el torneo de clubes más importante de Asia, organizado por la Asian Football Confederation desde 1967. En la temporadas 2002/03 la Copa de Campeones tornó en Champions League, imitando el formato europeo.
    Pohang Steelers, de Corea del Sur, es el club que más veces la conquistó: 3. Los coreanos son, también, los que más festejaron, ya que en 11 oportunidades el trofeo quedó en manos de un equipo de ese país.

    TODOS LOS CAMPEONES
    1967 Hapoel Tel-Aviv
    1969 Maccabi Tel-Aviv
    1970 Taj Club
    1971 Maccabi Tel-Aviv
    1972 cancelada
    1973-85 no se disputó
    1986 Daewoo Royals
    1987 Furukawa
    1988 Yomiuri
    1989 Al-Sadd
    1990 Liaoning
    1991 Esteghlal (nuevo nombre del Taj Club)
    1992 Al-Hilal (Riyadh)
    1993 Paas
    1994 Thai Farmers Bank
    1995 Thai Farmers Bank
    1996 Ilhwa Chunma
    1997 Pohang Steelers
    1998 Pohang Steelers
    1999 Jubilo Iwata
    2000 Al-Hilal (Riyadh)
    2001 Suwon Samsung Bluewings
    2002 Suwon Samsung Bluewings
    2003 Al-Ain
    2004 Al-Ittihad (Jeddah)
    2005 Al-Ittihad (Jeddah)
    2006 Chonbuk Hyundai Motors
    2007 Urawa Red Diamonds
    2008 Gamba Osaka
    2009 Pohang Steelers
    2010 Seongnam Ilhwa Chunma
    2011 Al Sadd
    2012 Ulsan Hyundai Horang-i
    2013 Guangzhou Evergrande
    2014 Western Sydney Wanderers
    2015 Guangzhou Evergrande
    2016 Jeonbuk Hyundai Motors
    2017 Urawa Red Diamonds
    2018 Kashima Antlers

    Kashima Antlers, el último campeón

    LISTA DE CAMPEONES POR PAÍSES
    Corea del Sur - 11
    Japón - 7
    Arabia Saudita - 4
    China - 3
    Irán - 3
    Israel - 3
    Qatar - 2
    Tailandia - 2
    Australia - 1
    Emiratos Árabes Unidos - 1

    viernes, 9 de noviembre de 2018

    Historial de la Copa de Campeones África

    La CAF Champions League es el torneo de clubes más importante de África, organizado por la Confédération Africaine de Football desde 1965. En la temporadas 2002/03 la Copa de Campeones tornó en Champions League, imitando el formato europeo. Al Ahly, de El Cairo, es el club que más veces la conquistó: 6. Los egipcios son, también, los que más festejaron, ya que en 14 oportunidades el trofeo quedó en manos de un equipo de ese país.

    TODOS LOS CAMPEONES
    1965 Oryx Douala
    1966 Stade (Abidjan)
    1967 Tout Puissant Englebert (Lubumbashi)
    1968 Tout Puissant Englebert (Lubumbashi)
    1969 Ismaili
    1970 Asante Kotoko (Kumasi)
    1971 Canon Yaoundé
    1972 Hafia (Conakry)
    1973 AS Vita Club (Kinshasa)
    1974 CARA Brazzaville
    1975 Hafia (Conakry)
    1976 MC Algiers
    1977 Hafia (Conakry)
    1978 Canon Yaoundé
    1979 Union Douala
    1980 Canon Yaoundé
    1981 Jeunesse Electronique Tizi-Ouzou
    1982 Al-Ahly (Cairo)
    1983 Asante Kotoko (Kumasi)
    1984 Zamalek (Cairo)
    1985 Forces Armées Royal Rabat
    1986 Zamalek (Cairo)
    1987 Al-Ahly (Cairo)
    1988 Entente Plasticiens Sétif
    1989 Raja CA Casablanca
    1990 Jeunesse Sportive Kabylie
    1991 Club Africain (Tunis)
    1992 Wydad AC Casablanca
    1993 Zamalek (Cairo)
    1994 Espérance Sportive de Tunis
    1995 Orlando Pirates (Soweto)
    1996 Zamalek (Cairo)
    1997 Raja CA Casablanca
    1998 ASEC (Abidjan)
    1999 Raja CA Casablanca
    2000 Hearts of Oak (Accra)
    2001 Al-Ahly (Cairo)
    2002 Zamalek (Cairo)
    2003 Enyimba (Aba)
    2004 Enyimba (Aba)
    2005 Al-Ahly (Cairo)
    2006 Al-Ahly (Cairo)
    2007 Etoile du Sahel
    2008 Al-Ahly (Cairo)
    2009 Tout Puissant Mazembe (Lubumbashi)
    2010 Tout Puissant Mazembe (Lubumbashi)
    2011 Espérance Sportive de Tunis
    2012 Al-Ahly (Cairo)
    2013 Al-Ahly (Cairo)
    2014 Entente Sportive Sétif
    2015 Tout Puissant Mazembe (Lubumbashi)
    2016 Mamelodi Sundowns
    2017 Wydad AC Casablanca
    2018 Espérance Sportive de Tunis

    Espérance Sportive de Tunis, el último campeón


    CAMPEONES POR PAÍSES
    Egipto - 14
    Marruecos - 6
    RD Congo - 6
    Túnez - 5
    Camerún - 5
    Argelia - 4
    Ghana - 3
    Guinea - 3
    Sudáfrica - 2
    Costa de Marfil - 2
    Nigeria - 2
    Congo - 1

    domingo, 4 de noviembre de 2018

    Debutantes precoces en Primera

    ¿A qué edad se puede debutar en el fútbol grande? Los reglamentos no lo establecen y en varios países se dieron casos de futbolistas que pisaron las canchas cuando aún tenían rostro de niño. Esta publicación la iré engrosando con más casos de otros países.

    El 5 de julio de 2003 Independiente cayó 1-0 ante San Lorenzo. El dato de esa jornada es que a los 23 minutos del segundo tiempo el DT Oscar Ruggeri hizo ingresar a Sergio Agüero, el Kun, de 15 años, 1 mes y 3 días, que se convertía así en el jugador más joven de la Primera División del fútbol argentino. Batía el record que ostentaba Diego Maradona (quien luego fue su suegro).

    Radamel Falcao García
    En Colombia, Radamel Falcao García debutó en la Primera B con Lanceros Boyacá, cuando tenía 13 años. El 28 de agosto de 1999 enfrentó al Deportivo Pereira, convirtiéndose en el jugador más joven en debutar en un torneo de fútbol profesional colombiano. Meses después, el 25 de abril de 2000 en el Estadio Olímpico del Sol de Sogamoso anotó gol con tan solo 14 años.

    Nicolás Millán tenía 14 años y 10 meses cuando saltó a la cancha con la camiseta de Colo Colo para quedarse con el honor de ser el jugador más joven del futbol chileno.

    En Bolivia, Mauricio Baldivieso, con 12 años se transformó en el jugador más joven de la historia de ese país, al debutar en el Aurora de Cochabamba, dirigido por su padre, Julio César Baldivieso. Otro boliviano, Diego Suárez, es el futbolista más joven de la Copa Libertadores: en 2007 hizo su aparición con Blooming a los 14 años, 3 meses y 25 días.

    Del lado de Uruguay, el record de precocidad corresponde a Hugo Villamide, que en 1943 debutó en Sportivo Miramar con 14 años. Esa misma edad tenía Kevin Pereira cuando en mayo de 2018 apareció en la primera del Deportivo Capiatá y se convirtió en el más joven del fútbol paraguayo.

    El peruano Fernando García tiene el record de precocidad en el fútbol peruano: el 19 de mayo de 2001 debutó con la camiseta de Juan Aurich, de Chiclayo, a los 13 años.

    Martín Galván
    Con 14 años, 10 meses y 22 días, Martín Galván pasó a ser el futbolista más joven del profesionalismo mexicano: el 5 de enero de 2008 Sergio Markarián lo hizo ingresar en Cruz Azul a los 85 minutos de juego del partido contra el Monterrey, válido por la InterLiga 2008.
    Contando estrictamente la liga, el honor cae en Víctor Mañón, del Pachuca, que hizo su estreno ante 15 años, 7 meses y 2 días.frente a Cruz Azul, en septiembre de 2007.

    Saliendo de América, hay un caso que impacta, el del liberiano Teeboy Kamara, quien llegó como exiliado a Australia a los seis meses de edad. Con 15 años y 212 días, el 16 de diciembre de 2011 debutó en la liga australiana, con la camiseta de Adelaide United.

    En España se registra el debut de Pablo Alfaro en Zaragoza con sólo 15 años, 4 meses y 12 días. Fue el 9 de septiembre de 1984, durante una huelga de futbolistas profesionales, y perdió 4-0 ante Barcelona en el Camp Nou.

    Por su parte, el norirlandés Norman Whiteside fue jugador más joven de la historia de los mundiales: tenía 17 años y 42 días cuando enfrentó a Yugoslavia el 17 de junio de 1982, en Zaragoza, España.

    El futbolista más joven en ganar un Mundial es Pelé, quien integró la Seleção Brasileira que le ganó la final a Suecia en 1958, cuando tenía solamente 17 años y 237 días.