viernes, 18 de septiembre de 2015

FC Barcelona: para adelante

La crisis pasó rápidamente para el Barcelona: triple campeón, el equipo dirigido por Luis Enrique y liderado por Lionel Messi consiguió todo lo que se propuso en la última temporada. Cómo se hizo fuerte en la adversidad.

Reportaje publicado en ESPN Magazine, en julio de 2015.
Por PABLO ARO GERALDES

El calendario 2015 apenas había avanzado 4 días y el frío de San Sebastián calaba hondo en el alma del Barcelona, que perdía 1-0 ante Real Sociedad en Anoeta. “¡Crisis total!”, titulaba el diario catalán Sport, que hacía un punteo doloroso: “Zubi, cesado. Messi, cabreado. Puyol se va. Luis Enrique, cuestionado. Bartolomeu, acorralado”.

El mal momento que atravesaba el Barcelona tomaba el centro de la escena tras la destitución de Andoni Zubizarreta de la dirección deportiva del club y las versiones de una mala relación entre Lionel Messi y el DT Luis Enrique. El presidente Josep Bartomeu no tenía muchas salidas y ante la “falta de confianza” que citaba El Mundo Deportivo, echó a Zubizarreta. Y si los periódicos locales removían el dedo en la herida, los medios de Madrid se hacían un festín: “Messi desquicia al Barça” era el título de As, mientras daba cuenta que “por la mañana no se presentó en el entrenamiento ante los niños” y agregaba: “y por la tarde empezó a seguir en Instagram a Chelsea, Filipe y Courtois”. Se insinuaba la partida del ídolo y Marca celebraba el momento con un categórico “El Barça se descompone”. Todo mal.

Sin embargo, aquella helada noche donostiarra en la que Lionel Messi fue al banco marcó un punto de inflexión, disparó una catarsis. Supuso un escenario fundacional, necesario. Porque lo que le costaba a Barcelona era dar vuelta, definitivamente, esa página dorada de la era Guardiola.

Cuando caminaron de la mano, Pep Guardiola y el Barcelona eran imbatibles. Pero todos sabían que eso no sería para siempre. Cuando el entrenador dejó el club en busca de nuevos desafíos, el mejor equipo del mundo siguió su camino arrasador bajo el mando de Tito Vilanova, quien era la mano derecha del técnico. Pero sin renunciar a un estilo, ya no era lo mismo. El Barça tenía que demostrar(se) que había alcanzado la madurez y no dependía ya del gran creador. La enfermedad y prematura muerte de Vilanova puso al club ante un dilema: buscar un nuevo conductor o cederle el timón al remplazante del remplazante. Jordi Roura era la continuidad de la escuela de La Masía, pero sin experiencia para dirigir al equipo más poderoso del planeta. Pronto se supo que una era se había terminado.

Gerardo Martino realizó una temporada de alto nivel, pero la ausencia de títulos impidió su continuidad. Luis Enrique fue el hombre elegido: tenía pasado barcelonista (había llegado en 1996 después de cinco temporadas en el Real Madrid y se inició como entrenador en el Barcelona B, en 2008) y un perfil ganador.

Si parecía que la bandera blaugrana no volvería a flamear tan alto como en aquel 2011 celestial, promediando la Liga nubarrones negros cercaron el cielo del Camp Nou: el equipo no ganaba, Messi pasó varios partidos sin marcar goles y todo eso, potenciado por la lupa de los medios que día a día necesitan llenar páginas y horas de aire.

El Barcelona ya arrastraba problemas serios, pleitos varios que que afectan a su masa social, a la publicidad y a La Masía por una sanción de la FIFA, pero sobre todo el juicio que se tramita en la Audiencia y afecta a Bartomeu, al anterior presidente Sandro Rosell y al propio club, por la contratación de Neymar. Temas graves, hasta que una tarde de enero Messi fue suplente y la prensa explotó.

¿TODO MAL? TODO EXCELENTE
A esa altura, parecía que el equipo nunca más volvería al alto nivel; la triple corona de 2009 parecía irrepetible. Pero aquel cachetazo de Anoeta dio vuelta todo. En la fecha siguiente el Barça comenzó su mejor racha ganadora en la Liga: 6 partidos entre ese 11 de enero y el 21 de febrero (seguidilla re llegó a repetir dos veces, del 28 de febrero al 11 de abril y del 18 de abril al 23 de mayo. Si las estadísticas sirven para remarcar momentos futbolísticos, allí están esos 14 partidos invictos, del 28 de febrero al 23 de mayo de 2015.

Los astros se alinearon y Messi retomó una escalada increíble y terminó dándole el título con 43 goles y la cifra top de otras 18 asistencias para sus compañeros. Lo que el rosarino le dio al club llenaría las páginas más brillantes. Aunque pasó un año algo desmoralizado y condicionado por el bíceps femoral de su muslo derecho, sigue cosechando números demoledores: ganó 7 Ligas, 4 Champions League, 2 Mundiales de Clubes, 3 Copas del Rey, 2 Supercopas de Europa y 6 de España... y 4 Balones de Oro que van camino inexorable a ser 5 en enero próximo. Si las comparaciones son odiosas, a ésta los catalanes la aman: en el mismo período, el Real Madrid logró tres Ligas, una Champions, un Mundial de Clubes, dos Copas, una Supercopa de Europa y dos de España.

Pasada ya esa molesta lesión, Messi “redescubrió” su potencial físico. Se lo ve más fibroso y resistente, gracias al joven preparador Rafel Pol (ojo, se llama Rafel, no Rafael), que llevó un minucioso control tecnológico a todo el plantel y resultó vital para limitar las lesiones musculares.

EL TRÍO MSN
Las “pequeñas sociedades” que suele citar César Menotti se dan o no se dan, no se pueden forzar. Y en cada abrazo de gol se nota la felicidad y la naturaleza con la que encajaron Messi, el uruguayo Luis Suárez y el brasileño Neymar. Juntos armaron un tridente mortal, solidario, una MSN que fue determinante para los éxitos que se hilvanaron en el cierre de la temporada. Entre los tres marcaron 108 goles y han asistido 50 veces, convirtiéndose en el mejor tridente ofensivo de todo el mundo, por delante del trío archirrival que protagonizaron Crtistiano-Benzema-Higuaín en el Real Madrid 2011/12.

El sello sudamericano fue fundamental para sellar la Liga, la quinta en los últimos siete años. A la luz de estos números, el trauma que significó la ida de Guardiola parece haber quedado atrás. El transcurso del campeonato le dio la razón a Luis Enrique, que sin la pausa característica de los años dorados de Xavi e Iniesta, armó un equipo con perfil contragolpeador, bien parado en defensa (33 partidos sin goles en contra contando los tres torneos que ganó) y esa arma de destrucción masiva que fue la MSN.

¿Qué motivación le queda a un equipo que lo ganó todo? Eso déjenselo a Messi, que ya demostró largamente que su amor por la pelota todo lo puede.

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