martes, 25 de julio de 2023

Ottorino Barassi


La historia de la Copa del Mundo tiene héroes que no marcaron goles ni protagonizaron gestas memorables en el campo de juego. Héroes casi anónimos, como el napolitano Ottorino Barassi, cuyo ingenio y valentía logró preservar al máximo trofeo del fútbol mundial.

Barassi había comenzado en los años '20 como árbitro y como cronista deportivo del diario La Provincia di Cremona, tarea por la cual se familiarizó con los problemas deportivos en una época difícil, en la que el régimen fascista tomó el gobierno y dominó sistemáticamente todos los aspectos de la vida italiana, incluido el deporte.

En 1925 fue elegido vicepresidente de la Associazione Italiana Arbitri y al comienzo de la temporada 1925-26, como referee, fue ascendido a un nivel superior a las dependencias directas de la Comisión de Árbitros de la Liga del Norte para dirigir competencias de Segunda División y pronto nombrado Secretario del Directorio de Divisiones Superiores. Era el momento en que se reemplazarían a Lega Nord y Lega Sud por las nuevas categorías: la Divisione Nazionale (que en tres temporadas se dividiría en la Serie A y la Serie B) y la nueva Prima Divisione, desde 1929-30 antecesora de la Serie C.

En febrero de 1927, con un mandato aún no completado, Ulisse Baruffini renunció y la Dirección Federal de la Federazione Italiana Giucco Calcio (FIGC) designó a Barassi como commissario el 16 de febrero, y en la siguiente temporada le otorgó el cargo de presidente del directorio y se hizo cargo del cambio de la sede federativa de Bologna a Roma (1929).

Después de ser nombrado Secretario General de la FIGC en 1933, se le encargó a Barassi la dirección de la organización de la Copa del Mundo 1934, tarea que cumplió con éxito, apoyado por todo el aparato del fascismo. Italia fue campeón y cuatro años más tarde retuvo el trofeo en Francia 1938.

En ocasión del tercer Mundial, la FIFA realizó en París su Congreso, en el que postergó para el año siguiente la elección de la sede de la Copa Mundial 1942 (Argentina, Brasil y Alemania eran los postulantes). Pero en 1939, cuando la FIFA estaba por desarrollar su Congreso en Luxemburgo, los ejércitos de Hitler invadieron Europa y la chance del cuarto certamen se desvaneció. El fascismo italiano, cómplice de los nazis, tomó protagonismo beligerante. El fútbol quedó completamente de lado.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Barassi retiró en secreto la Copa del Mundo de un banco romano y la escondió en una caja de zapatos debajo de su cama, en su casa ubicada en Piazza Adriana. Fue muy poco tiempo, pero la mantuvo oculta allí incluso a los ojos de una tropa nazi, enviada específicamente por el Platzkommandantur romano para requisar el trofeo y derretir el oro contenido en él. Los oficiales de la SS allanaron la vivienda, no encontraron la Copa y le creyeron su mentira: Barassi les aseguró que la FIGC había llevado el trofeo a Milán.

En 1943 la FIGC se trasladó a Venecia y la Copa pasó a manos del abogado Giovanni Mauro, quien la ocultó en la casa de campo de Aldo Cevenini en Brembate, cerca de Bérgamo. Una versión imposible de comprobar luego de siete décadas sostiene que hasta el final de la guerra Barassi mandó el trofeo a Torremaggiore (pueblo agrícola próximo a Foggia) donde su parientes Leonardo y Lisetta Barassi la escondieron en un barril que contenía aceite de oliva virgen.

Barassi en la entrega de la Copa a la organización
del Mundial Brasil 1950. Abre la caja el
Dr. Giovanni Mauro.
El 4 de diciembre de 1944 Barassi fue nombrado Regente de la FIGC y el 15 de mayo de 1946 se convirtió en Presidente, cargo que mantuvo hasta 1958. En este rol, pudo volver a exhibir el preciado trofeo en el Congreso que la FIFA finalmente pudo realizar en Luxemburgo en 1946. La pesadilla de la guerra había terminado y la Copa estaba sana y salva, lista para ponerse en juego en el Mundial de Brasil 1950.

Sus tarea no terminó ahí. Dado el éxito de su trabajo para la Copa de 1934, la FIFA lo contactó con las autoridades brasileñas que a cinco semanas de comenzar el Mundial tenían graves retrasos en la organización. Su colaboración fue importante y se recuerda como un símbolo el acto en el que, como representante del campeón vigente, entregó el trofeo para que Brasil pudiera vivir la fiesta mundialista.

En 1952 fue nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA; con este título contribuyó a la fundación de la UEFA en 1954. Mientras tanto, elaboró la reforma llamada "Lodo Barassi", que tenía como objetivo reducir el organigrama de series y limitar la incorporación de jugadores extranjeros en Italia.

Barassi guió el sorteo entre Turquía
y España, de cara al Mundial 1954.
El 17 de marzo de 1954 fue protagonista de un hecho curioso en la historia mundialista. Ante la deserción de la selección soviética, el Grupo 6 de la eliminatoria europea quedó reducido a España y Turquía. Victoria española 4-1 en Chamartín y triunfo turco 1-0 en Estambul. Nos regía la diferencia de gol y fueron a un tercer partido en Roma, donde igualaron 2-2 tras la prórroga. No había tampoco penales por entonces; el reglamento preveía un sorteo. Barassi eligió al bambino Luigi Franco Gemma, de 14 años, que con los ojos tapados por un pañuelo sumergió su mano derecha en una copa donde había dos papelitos con las palabras "Spagna" y "Turchia"... y sacó el que "clasificó" por primera vez a Turquía a una Copa del Mundo y dejaba afuera a España de Suiza '54.

Su mandato se terminó con el Commissariamento de la FIGC, debido a la grave crisis resultante de la derrota de la selección ante Irlanda del Norte en 1957, que dejó a Italia fuera del Mundial Suecia 1958.  Fue un duro golpe, pero creía que aún podía dar mucho al fútbol italiano y se postuló a la Presidencia de la Lega Nazionale Dilettanti (aficionados): fue elegido por unanimidad en 1959 y la condujo hasta su muerte, el 24 de noviembre 1971 en Roma.

En su honor se disputó entre 1968 y 1976 la Copa Ottorino Barassi, entre clubes de Italia y de Inglaterra.

sábado, 22 de julio de 2023

Fútbol femenino, el récord de México 1971

Poca gente sabe que en 1971 se llevó a cabo en México el II Campeonato Mundial de Fútbol Femenino (o Femenil, como lo llaman allí), que no fue reconocido por la FIFA.
El dato a destacar es que a la final entre México y Dinamarca asistieron 110.000 personas al Estadio Azteca, un récord que prevalece hasta el día de hoy en el fútbol de mujeres.



Un poco de historia
Un año antes, en Italia, se había hecho el primer certamen, con las mexicanas como únicas representantes del continente americano. Obtuvieron el tercer puesto y luego jugaron partidos amistosos contra Italia, que tuvieron muy buena respuesta del público en tierras aztecas. Eso motivó que en diciembre de 1970, el Congreso de la Federation of Independent European Female Football (FIEFF) en Torino, nombrara a México sede del II Campeonato Mundial.

Se creó una mascota oficial para el torneo: Xochitl 71, que en la lengua náhuatl significa “flor”. Una preselección mexicana realizó una gira de preparación por Sudamérica, donde enfrentó a Argentina (victoria albiceleste 2-1 en Buenos Aires) y Perú (triunfo azteca 3-2).

Aquel Mundial de México contó con la participación de seis selecciones: México, Argentina e Inglaterra en el Grupo A, con sede en el Estadio Azteca, mientras que Italia, Dinamarca y Francia jugaron en el Estadio Jalisco, de Guadalajara, por el Grupo B.


Fue un éxito inesperado. Se jugó ante un promedio de 20 mil espectadores pero cuando México salía a la cancha la cifra desbordaba toda expectativa. Los triunfos de México sobre Argentina e Inglaterra, dieron cita a aproximadamente 80 a 90 mil aficionados. Ese número se mantuvo en la semifinal contra Italia. El fútbol femenino estaba dando pingües ganancias, pero las jugadoras locales reclamaban el pago de los viáticos prometidos.
Las once mexicanas que motivaron la asistencia récord.

Estuvieron a punto de no presentarse al duelo por el título, pero una llamada del entonces regente de la Ciudad de México, Octavio Sentíes, hizo que las chicas cambiaran de opinión y jugaran la final ante Dinamarca.

Esa tarde, México perdió 3-0 ante 110.000 aficionados en el Coloso de Santa Úrsula, lo que representa la cifra más alta de aficionados en un partido de fútbol femenino. Los tres goles daneses los marcó Susanne Augustensen, de apenas 15 años.

Susanne Augustensen, de Dinamarca.





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jueves, 20 de julio de 2023

Día del Amigo

A propósito del Día del Amigo y los clásicos rioplatenses, comparto esta notable investigación realizada por los amigos de la Comisión de Historia y Estadística del Club Nacional de Football, de Montevideo, Uruguay, qué tan seriamente trabajan para mantener viva la memoria.

LAS AMISTADES
Las amistades de Nacional con Boca Juniors y Peñarol con River Plate comenzaron a gestarse allá por la década de 1910 y terminaron de sellarse por los años '20. Durante la época del cisma eran frecuentes los amistosos entre aurinegros y riverplatenses y las copas “Amistad Nacional - Boca”.

EL CISMA
Los sucesos que dividieron al fútbol argentino tuvieron clara influencia sobre la margen oriental del río, identificándose Peñarol con el grupo de clubes que se retiraron de la AFA encabezados por River Plate.
Francisco Varallo y Roberto
 Porta, en 1938.
Boca Juniors se mantuvo fiel a la Asociación Argentina, al igual que Nacional a la AUF.

El desembarco del cisma en Uruguay no tuvo razones políticas de peso, tampoco económicas, mucho menos deportivas, ya que Peñarol quedó al margen de los campeonatos de la AUF, de la selección nacional y de las principales actividades futbolísticas.

La razón principal del advenimiento del cisma fue el vínculo que tenía Peñarol con River Plate. Como repetía la prensa uruguaya de la época, el cisma en Uruguay fue provocado innecesariamente por Peñarol por defender intereses ajenos.

El primer partido amistoso entre Nacional y Boca Juniors data de 1917, cuando los boquenses cayeron 5-2 en su visita al Parque Central. Desde entonces, este cruce se convirtió en una cita casi obligada del calendario futbolístico entre tricolores y xeneizes. En cambio el primer partido de Nacional contra River Plate se remonta recién a 1933.

José María Minella y Álvaro Gestido,
también en 1938.
Con Peñarol sucede algo similar pero a la inversa: con River Plate jugaron el primer amistoso en 1916 y los partidos se sucedieron casi año a año, por lo general con localía intercalada. El primer amistoso entre aurinegros y xeneizes pactado especialmente entre las dos instituciones fue recién en 1943.

Antes, en 1936 se habían cruzado Boca Juniors y Peñarol por el Torneo Nocturno Rioplatense, pero el partido se debió a que el calendario del certamen así lo marcaba (participaban los 10 equipos principales de ambas naciones).

A través del tiempo, los Nacional-Boca y los Peñarol-River han sido mucho más numerosos que a la inversa.

En 1923 Peñarol inauguró la cancha de River Plate ubicada en la Avenida Alvear y Tagle (foto izquierda) y en 1938 hizo lo propio con el Estadio Monumental. En 1924, fue Boca Juniors el que inauguró en un partido con Nacional su vieja cancha de madera (foto derecha), en donde hoy se levanta La Bombonera.


Era común que, en los períodos de pases, se cedieran futbolistas entre estos clubes. De esta manera llegó Atilio García a Nacional en 1938, por ejemplo. Nacional fue pionero en su famosa y exitosa gira por Europa de 1925 y Boca Juniors siguió su experiencia ese mismo año.

Se había estrechado de tal forma el vínculo, que en ocasión del Nocturno de 1936 Peñarol jugó vestido con la camiseta de River Plate como símbolo de amistad con los millonarios.
Equipo de Peñarol de 1936 capitaneado por Álvaro Gestido.
Utilizó la camiseta de River Plate como uniforme alternativo.
Paralelamente en 1938, Boca Juniors cosió en su camiseta el escudo de Nacional y éste agregó a la derecha de su casaca el escudo xeneize en ocasión de disputarse el encuentro entre ellos.
El 19 de marzo de 1938 Boca Juniors enfrentó a Nacional y lució en su
casaca el escudo del rival, como símbolo de amistad.
En 1949 Boca Juniors fue invitado al torneo 50º Aniversario de Nacional y en el 2002 fue Peñarol el que viajó a Buenos Aires para celebrar el centenario de River Plate.
La delantera de Nacional en 1947, con Atilio García a la cabeza, posando en el vestuario con la camiseta xeneize.
ENTRE SOCIOS E HINCHAS
La amistad no se limitaba a lo institucional, los hinchas sentían una simpatía recíproca y era común que hinchas de Peñarol fueran a recibir y despedir al puerto de Montevideo a los equipos de River Plate, mientras que los hinchas tricolores acompañaban a los de Boca Juniors cuando venían a jugaban copas y amistosos en la capital uruguaya.
Plaquetas conmemorativas en el Gran Parque Central y La Bombonera.

LAS DOS TRILOGÍAS
También los equipos de Rosario se sumaron a estos lazos de amistad formando dos trilogías, por un lado Nacional, Boca y Newell’s Old Boys y por el otro Peñarol, River y Rosario Central.
Los socios de Nacional, Boca y Newell’s se hacían acreedores de unos distintivos metálicos que les permitían acceder gratuitamente a los partidos de cualquiera de estos tres clubes, ya sea en Montevideo, Buenos Aires o Rosario. Una situación similar se daba entre Peñarol, River Plate y Rosario Central.