martes, 29 de noviembre de 2011

New York Times: "En Argentina, la violencia es parte de la cultura del fútbol"

Esta es una traducción personal del artículo que The New York Times publicó el 26 de noviembre bajo el título "In Argentina, Violence Is Part of the Soccer Culture", escrito por Alexei Barrionuevo y Charles Newbery:

El mes pasado, tres hinchas de San Lorenzo de Almagro evadieron a los guardias de seguridad luego de una práctica a puertas cerradas y, en la cancha, le recriminaron a los jugadores por sus derrotas recientes.
El defensor estrella Jonathan Bottinelli le pidió a los hombres que se fueran. Uno de ellos se abalanzó sobre Bottinelli y le dio un puñetazo en la cara. Otro lo golpeó por detrás. Un pequeño grupo de compañeros se apresuró a detener la pelea, contaron otros jugadores, pero los golpes continuaron, dejándolo a Bottinelli, fan del club desde la infancia, con dudas acerca de seguir vistiendo la camiseta roja y azul.
Más de una década después de que Inglaterra finalmente domesticara a las bandas de hooligans que asolaban los estadios británicos, la violencia entre hinchas sigue marcando a este deporte en la Argentina.
Los disturbios en parte reflejan a una sociedad argentina cada vez más violenta, donde la delincuencia callejera ha ido en aumento. Pero mucha de la violencia puede atribuirse a las hostilidades entre facciones rivales de las mismas barras bravas, versión argentina de los hooligans que usan los puños, cuchillos y armas de fuego, y funcionan como mini-mafias. Se involucran en negocios legales e ilegales, incluyendo la venta de drogas, a menudo con la complicidad y cobertura de la policía, políticos y directivos de los clubes, según los fiscales y otros que han estudiado el tema.
Las barras bravas son las culpables de muchos de los 257 muertos relacionados con el fútbol en la Argentina desde 1924; casi la mitad de estos crímenes se cometieron en los últimos 20 años, según Salvemos al Fútbol, una organización no gubernamental de Buenos Aires que está trabajando para erradicar la violencia en el deporte.
"No nos sentimos seguros en los estadios argentinos", dijo Mónica Nizzardo, presidente de Salvemos al Fútbol. "Esta es la razón por la que las familias han dejado de ir".
El jefe de la Barra Brava de San Lorenzo, Cristian Evangelista, lideró el ataque de Bottinelli, los jugadores declararon ante los tribunales, aunque se negaron a nombrar a otros barras implicados. Los dirigentes del club rechazaron hacer cualquier comentario. Después del episodio, el gobierno argentino canceló el siguiente partido de San Lorenzo mientras los funcionarios investigaban.
La violencia en el fútbol llegó a ser tan desenfrenada en la última década que las autoridades decidieron que los hinchas del equipo visitante no pudieran asistir a los estadios en los partidos de las divisiones de ascenso durante cuatro años. La prohibición se levantó en agosto pasado.
Los hinchas del equipo visitante no siempre son el problema. Después de que el histórico club River Plate perdiera un partido en junio y descendiera a la segunda división por primera vez en su historia, sus hinchas destrozaron su propio estadio, lanzando palos, caños metal y asientos al campo de juego como respuesta a que la policía disparara gases lacrimógenos en las tribunas. Los aficionados se pelearon entre sí y atacaron a periodistas y a la policía, que utilizó balas de goma y carros hidrantes para tratar de aquietar el caos. Se estima que 70 personas resultaron heridas, entre ellas 35 agentes de policía, y cerca de 100 fueron detenidas.
La tensión era palpable en un partido de segunda división entre River Plate y Quilmes, en septiembre. Unos 600 policías levantaron barricadas alrededor del estadio para separar a los hinchas de uno y otro equipo. Después del partido, los aficionados de Quilmes tuvieron que esperar media hora en las tribunas hasta que los hinchas de River se fueran, antes de poder abandonar el estadio.
Reafirmar el control sobre los hinchas rebeldes es más complicado que en Inglaterra, dijeron los expertos que han estudiado la violencia en el fútbol.
En Inglaterra, muchos hooligans son trabajadores, obreros que andan en busca de una pelea de fin de semana. En la Argentina, los barrabravas tienen vínculos con los políticos, la policía y los dirigentes de los clubes, y algunos de sus líderes han ganado la admiración de los aficionados más jóvenes. Los políticos los utilizan como "fuerza de choque", respaldo muscular de los sindicatos contra los rivales políticos. Los fiscales han acusado a algunos barrabravas ​​de matar a los trabajadores sindicalizados.
"Los domingos van al estadio y ondean las banderas del club para apoyar al equipo. Durante la semana que están dando apoyo a políticos y dirigentes sindicales y trabajan como guardaespaldas por las mismas personas que, teóricamente, deberían parar su accionar", relató el fiscal Gustavo Gerlero.
La Asociación del Fútbol Argentino (AFA), organismo que controla este deporte a nivel nacional, expresó su preocupación por el papel de la barras bravas en la violencia. Nizzardo y otros han criticado al presidente de la poderosa asociación, Julio Grondona, por no mostrar la voluntad de terminar con la barras. Grondona, de 80 años, comanda la AFA desde 1979, cuando la Argentina se encontraba en medio de una dictadura sangrienta. También es vicepresidente senior de la FIFA, el organismo gobernante el fútbol mundial.
Grondona, quien últimamente se encuentra enfermo, se negó a ser entrevistado. En una entrevista publicada el año pasado el libro El fútbol y la violencia - Miradas y propuestas, Grondona declaró que la AFA quería erradicar a los barrabravas para "asegurar la normalidad en los estadios". Y dijo que los clubes necesitan instituir el "control biométrico" de ingreso a los estadios para "profundizar el derecho de admisión".
Un típica barra brava tiene unos pocos cientos de miembros. Cantan canciones. agitan banderas y grandes pancartas de apoyo a su club. Fuera de la cancha, ganan dinero con la reventa de entradas, el estacionamiento de autos, la venta de drogas ilícitas y, según sostienen algunos fiscales, se llevan un porcentaje de los pases de los jugadores.
Gerlero sugirió que el ataque mortal en 2007 a Gonzalo Acro, miembro de alto rango de la barra brava de River, fue provocado por una disputa por una porción del dinero obtenido de la venta del delantero Gonzalo Higuaín al Real Madrid, transferencia que se realizó por 13 millones de euros (unos 17 millones de dólares). En septiembre, un tribunal en Buenos Aires condenó a Alan y William Schlenker, líderes de la barra de River Plate, y tres socios a la pena de prisión perpetua por disparar tres veces a Acro. En la entrevista el año pasado, Grondona calificó de "absurda" a la idea de que los barrabravas se llevan una parte de la venta de jugadores.
Las barras de los clubes más importantes, como La 12, de Boca Juniors, ganan más de 300.000 pesos al mes (unos 70.000 dólares), con los líderes del grupo llevándose $15.000 o más por mes, dijo Gustavo Grabia, periodista y autor de un best-seller sobre la barra brava de Boca.
Rafael Di Zeo ejemplifica el status de "figura de culto" al que llegan algunos líderes de las barras bravas y el cambio en la cultura de fans en Argentina.
Ex líder de La 12, Di Zeo fue puesto en libertad en mayo de 2010 tras cumplir más de tres años por ataque agravado por su papel en una lucha contra hinchas de Chacarita Juniors, en 1999, que se saldó con 14 heridos. Hoy firma autógrafos a los hinchas jóvenes en los partidos y ha aparecido en tapas de revistas.
Hasta los '90, los aficionados idolatraban a los mejores jugadores en sus clubes. Pero con el atractivo cada vez mayor de grandes contratos en el extranjero, muchas estrellas de Argentina partieron para jugar en Europa. "No hay tiempo para que los niños se identifiquen con un jugador como ídolo de su club", explica Grabia. "En su lugar, ellos se identifican con los barrabravas".
El 30 de octubre, Di Zeo hizo su muy esperado regreso. Se paró en el extremo opuesto de la cancha, enfrente de donde manda Mauro Martín, su sucesor, y ambos y se unieron a los hinchas para alentar más fuerte a los jugadores. Di Zeo y algunos de sus dos mil seguidores lanzaron insultos hacia el gran grupo de Martín, entonando canciones que eran un desafío a luchar.
"Oh lelé, oh lalá, a todos los traidores los vamos a matar", cantaban Di Zeo y los suyos. En la tribuna opuesta, Martín fue tomado por la cámara haciendo un gesto de cortar la cabeza.
Después del partido Di Zeo le dijo a los periodistas que había ido al sector del público visitante para evitar problemas. Carla Cavaliere, una jueza de Buenos Aires, no está de acuerdo. El 4 de noviembre le prohibió tanto a Martín como a Di Zeo ir un radio de 500 metros de cualquier estadio en el que se juegue o esté por jugar un partido, hasta el final de esta temporada, una medida de control que aparentemente busca evitar un choque violento.
Di Zeo dijo que la violencia es eterna en el fútbol argentino.
"¿Cree usted que conmigo en la cárcel se va a acabar la violencia", le dijo a Grabia antes de entrar en prisión en 2007, como reseña en su libro: "¿Cree usted que si nos ponen a todos juntos en una plaza para que nos matemos entre nosotros se va a terminar con la violencia? No, esto nunca se va a terminar. ¿Sabés por qué? Porque esto es una escuela. Es la herencia".
Ese tipo de postura violenta ha llevado a muchas familias a dejar de ir a los estadios.
Andrés Nieto, un hincha de San Lorenzo, contó que él dejó de ir a la cancha hace tres años, y que últimamente tuvo que resistir la presión de su hijo de 8 años, que quiere que lo lleve: "Cada día es más difícil ir a los estadios con los chicos a ver los partidos", contó Nieto, un diseñador gráfico de 41 años. "Parece que la calidad del fútbol está empeorando día a día. La mayoría de los jugadores jóvenes está buscando para ir a jugar a cualquier otro país, porque puede ganar más y es menos violento".
Para Nieto, las amenazas y agresiones a jugadores se han vuelto demasiado comunes. Después de ser golpeado por los barras, Bottinelli se fue a la costa para recuperarse. Ha decidido quedarse es San Lorenzo... por ahora. "Estoy un poco nervioso, un poco tenso por lo que tuve que pasar", declaró Bottinelli a Fox Sports después de la paliza. "Ya pasó. ¿Qué le vamos a hacer? Tenemos que convivir con esto en el fútbol".

Esta es la galería fotográfica que acompaña al artículo original.

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