viernes, 19 de febrero de 2016

Sócrates y la Democracia Corinthiana

Recordar a Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza de Oliveira como un futbolista elegante, sutil, talentoso y carismático es correcto, pero incompleto. Porque fue mucho más allá de lo que hacía con la pelota: desde su ideología progresista contribuyó al a combatir a la dictadura militar que se había instalado en Brasil en 1964 con un golpe de Estado contra João Goulart y se mantuvo hasta mediados de los años 80.

En 1978 llegó al Corinthians y fue el ideólogo de una filosofía que hoy perdura: la Democracia Corinthiana, un cambio radical de normas y costumbres que imperaban en el fútbol brasileño de la época. Así lo explicaba el Doctor Sócates, que era médico: “Abolimos el proceso que existía en el fútbol, donde los dirigentes impedían que los jugadores se hicieran adultos. Al inicio hubo ansiedad en mis compañeros, que no estaban acostumbrados a expresarse, a decidir. Pero fueron aprendiendo y se prepararon para enfrentar su profesión y su vida”.

En vez de recibir premios por victorias, propusieron participar con un porcentaje de las recaudaciones y otro de los patrocinadores y la TV. Ese dinero lo repartían por igual tanto entre los jugadores como con los utileros, los médicos o el chofer del autobús.

Los dirigentes se opusieron pero tuvieron que aceptar la propuesta ante la fortaleza del movimiento que encabezaba Sócrates. Los jugadores fueron ganando poder y hasta determinaron el horario, el método y la intensidad de los entrenamientos, la fecha y el medio de transporte para los partidos de visitante, los refuerzos e incluso el entrenador, y terminaron con el mito de las concentraciones.

Ganaron dos campeonatos y, antes de una de las finales, salieron con una bandera que decía: “Ganar o perder pero siempre con democracia”. Ganaron con un gol de Sócrates, que resumió: “Cuando entrábamos a la cancha, jugábamos mucho más que en un simple partido. Luchábamos por la libertad en nuestro país”.

Cuando dejó de jugar y después de algunas experiencias como entrenador, siguió ejerciendo la medicina, escribiendo canciones y obras de teatro, y fue consejero pedagógico de una escuela que abrió su hermano Raí en una favela de San Pablo.

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