lunes, 26 de octubre de 2015

Abdón Porte: la vida por Nacional

El 5 de marzo de 1918 Abdón Porte caminó hacia la mitad de la cancha del Parque Central y se pegó un tiro en el pecho. Su temor a perder el puesto de zaguero o volante en el Club Nacional de Football lo empujó al suicidio. Un caso único de amor por una divisa.

Abdón Porte
1893 - 1918
A comienzos de ese año, la Comisión Directiva del club decidió colocar en su puesto a Alfredo Zibechi, lo que para el Indio Porte implicaba la pérdida de la titularidad. La decisión se basaba en que Porte había declinado en su rendimiento. Esto fue algo que el ídolo del club no pudo asimilar. Porte no era un jugador cualquiera: tenía 25 años y con Nacional había ganado los campeonatos uruguayos, entonces amateur, de 1912, 1915, 1916 y 1917 además de haber integrado la selección que conquistó la Copa América 1917.

El 4 de marzo de 1918 Nacional venció 3-1 al Charley y jugó los 90 minutos con una muy buena actuación. Como se acostumbraba, por la noche dirigentes y jugadores se reunieron en la sede del club en el centro de Montevideo, para un pequeña celebración. A la una de la madrugada del 5 de marzo Abdón Porte dejó la fiesta y se subió a un tranvía que lo dejó a las puertas del Gran Parque Central, se dirigió al centro de la cancha que él y sus compañeros habían reinaugurado en 1911 (tras un gran incendio que sufriese el escenario) y donde se había consagrado como un verdadero ídolo de Nacional y del fútbol uruguayo, para ponerle punto final a su existencia.

El 3 de abril iba a casarse con su novia. Al amanecer de ese frío martes el perrito del canchero Severino Castillo encontró el cuerpo inerte de Porte. La mascota llevó casi a rastras a su dueño hasta el círculo central, donde yacía Abdón con sangre del lado izquierdo de su camisa, el revólver con el que se disparó en el corazón y dos cartas dentro de un sombrero de paja: una dirigida al presidente de Nacional y otra a un pariente. En la primera decía: "Querido Doctor José María Delgado. Le pido a usted y demás compañeros de Comisión que hagan por mí como yo hice por ustedes: hagan por mi familia y por mi querida madre. Adiós querido amigo de la vida".

Además en la misiva pedía que lo enterraran "en el cementerio de La Teja con Bolívar y Carlitos". Se refería a los hermanos Bolívar y Carlos Céspedes, dos glorias de Nacional y de la selección uruguaya que habían fallecido de viruela en 1905.

Todo Uruguay se conmovió por la noticia. Sus compañeros llevaron flores, custodiaron el féretro durante todo el velatorio, firmaron un pésame colectivo para entregárselo a sus deudos y llevaron las fajas de la carroza fúnebre. Gracias a la gestión de Eusebio Céspedes, el padre de Bolívar y Carlos, Abdón fue enterrado junto a sus ídolos.

Cinco días después Nacional disputó un partido con Wanderers a beneficio de la familia de Porte. "Cuando los ojos distraídos dirigían sus miradas hacia el medio eje albo... buscaban a Porte. Allí lo habíamos visto muchas veces; allí se había dormido, allí fue. Acaso la vieja torre del molino sigue mirando hacia allí", redactó el periodista Diego Lucero.

Su historia inspiró a Horacio Quiroga para escribir el cuento Juan Polti, half-back, publicado en 1918 en la revista Atlántida de Buenos Aires: "Cuando un muchacho llega (…) a gustar de ese fuerte alcohol de varones que es la gloria, pierde la cabeza irremisiblemente".

Xosé de Enríquez, en su libro Hacia el campo van los albos, escribió: "..era un lungo rústico, flaco, 'morochón y peloduro' que procedía del 2, de Libertad, si bien había sido Colón el Club que lo trajo a la Capital...".

En 2008 el Correo Uruguayo
emitió un sello en su honor
La mejor evocación salió de la pluma de Eduardo Galeano en su libro El fútbol a sol y sombra: "Abdón Porte defendió la camiseta del club uruguayo Nacional durante más de doscientos partidos, a lo largo de cuatro años, siempre aplaudido, a veces ovacionado, hasta que se le acabó la buena estrella. Entonces lo sacaron del equipo titular. Esperó, pidió volver, volvió. Pero no había caso, la mala racha seguía, la gente lo silbaba: en la defensa, se le escapaban hasta las tortugas; en el ataque, no embocaba una. (...) Se pegó un balazo a medianoche, en el centro de la cancha donde había sido querido. Estaban todas las luces apagadas. Nadie escuchó el disparo. Lo encontraron al amanecer. En una mano tenía el revólver y en la otra una carta".

Nacional bautizó como Abdón Porte a la tribuna oeste del Gran Parque Central. En los partidos jugados allí se puede ver en su tribuna una bandera que reza "Por la sangre de Abdón" y se puede presenciar el rostro del ídolo.

La señal History Channel realizó un documental que vale la pena ver:

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