miércoles, 23 de mayo de 2007

Carlos Bueno: "Cuidado, Uruguay es un león herido"

El goleador regresó a la Celeste con ganas de demostrar que la garra es el sello de indentidad que no se debe abandonar. Y ve a la Copa América como una revancha contra sus dos años y medio de alejamiento de la Selección.

Entrevista publicada en la revista Fox Sports, en mayo de 2007.

Por PABLO ARO GERALDES


Atrás quedaron los meses de alejamiento de la Selección Nacional. Después de 930 días, Carlos Bueno volvió a vestir la camiseta celeste, y lo hizo según su oficio de goleador. Como ayer en Peñarol, como suele mostrar en Sporting de Lisboa, el artiguense sigue con el mismo estilo y sin rencores. Con la Copa América de Venezuela despuntando en el horizonte, sus goles se vuelven a cotizar y le meten presión a Oscar Tabárez.
Antes de la ajustada definición de la Liga Portuguesa, se tomó su tiempo para charlar de los meses que se vienen; meses teñidos de celeste.
–¿Cómo encontraste a esta nueva Selección?
–Primero, vi mucha gente joven, con ganas. En lo personal fue una vuelta muy importante. Y me encontré también con jugadores que ya conocía de mi etapa anterior, de Peñarol. Creo que conformamos un grupo que tiene un futuro interesante.
–Respecto a la concepción de juego, ¿te sentís más cómodo que en el proceso anterior?
–El último partido contra Corea del Sur lo ganamos pero, por ahí, no tuvimos las suficientes chances de gol, aunque marcamos dos. Cómodo-cómodo no me encontré, porque pasaron muchos momentos en los que estuve solo y pasaban los minutos sin que toque el balón. A mí me gusta ayudar, aparecer y mostrarme, darle opciones al compañero, pero en ese partido la pelota no llegaba mucho arriba. Se planteó así y la verdad es que salió bien. Pero, sinceramente, quería más chances para concretar o que el equipo llegara más.
–¿Con quién te sentirías mejor en el ataque?
–Es una gran pregunta... ¿Quién juega? No me importa que sea con Abreu, con Chevantón, con Forlán... con el que sea. Yo voy a tratar de hacer lo que hice siempre: correr, romperme todo por la Selección. Quiero jugar siempre y para eso trabajo, para estar pronto para cuando llegue el momento.
–¿Qué generó en vos el tiempo que pasaste alejado de la Selección?
–No sé si llamarlo revancha, muchos que me conocen me señalan que sería eso. Ya pasó mucho tiempo desde esas cosas que me tocaron vivir. Pero el amor que uno tiene por la camiseta, por Uruguay y por la familia misma y los amigos que acompañaron y sufrieron este tiempo, me pone bien. Lo mismo que la alegría de ellos, felices también al verme volver así, con goles. Yo venía de una lesión, pero la felicidad y la motivación de ponerme de nuevo la Celeste hicieron que se me olvide por completo el dolor. Lo malo que pasó nunca lo voy a olvidar, pero ya lo superé y miro para adelante.


Eso malo que Bueno dejó en el pasado es el conflicto generado por su pase de Peñarol a Paris Saint Germain. Cristian “Cebolla” Rodríguez y él habían sido declarados en rebeldía por el club por haber viajado a Francia a firmar contrato sin autorización.
La polemica situación requirió la intervención de la FIFA, que en primera instancia los inhabilitó pero que finalmente los liberó para defender los colores del cuadro parisino. Todo gracias a una decisión del Tribunal Arbitral del Deporte, con sede en Lausana, Suiza, que falló en contra del club aurinegro.
Peñarol había cotizado ambos pases en 6 millones de dólares, pero la transferencia se hizo directamente entre el representante, Francisco Casal, y el PSG, sin la intervención del club montevideano.

–En tu primer contacto con Tabárez, en Corea, ¿empezaron a hablar de los rivales de Uruguay en la Copa América?
–Primero estará el amistoso en Australia, supongo que recién después de eso se hablará de Perú, de Bolivia y de Venezuela.
–¿Compartís la idea de que Uruguay tuvo un sorteo favorable?
–Es verdad, sin querer faltarle el respeto a nadie, creo que en el Grupo A somos favoritos. No voy a decir que es una zona fácil, porque no me gusta hablar de eso antes de jugar, pero sí es un grupo accesible para Uruguay. Hay que respetar a todos los rivales, pero no se debe olvidar que nosotros llegamos a las semifinales de casi todas las Copas América; eso pesa. Esperamos seguir en ese camino. En la última perdimos la semifinal contra Brasil por penales, y ellos eran campeones del mundo.
–Precisamente en Perú 2004 fuiste uno de los protagonistas de Uruguay, el goleador. ¿Esa Copa América fue el torneo más importante de tu carrera?
–Es verdad que la Copa tiene una proyección internacional bárbara, la miran en todo el mundo, y la Selección es una vidriera importante, pero no. Primero le agradezco a Peñarol. Por Peñarol fui y soy lo que soy, por Peñarol estoy en la Selección. He jugado cinco Copas Libertadores y otros torneos internacionales, todo gracias a Peñarol.
–En las últimas ediciones, varias Selecciones despreciaron a la Copa América, esta vez todo señala que será una de las mejores, con equipos con su máximo potencial. ¿Esto te hace esperar un torneo mejor que el de Perú?
–Cada país busca a sus mejores jugadores y trata de dar el mejor espectáculo y quedar bien parado. En la última, Brasil no fue con todo su poderío y la ganó. Va a ser bueno por el fútbol y porque le dará mucho color al entorno que todos vayan con sus figuras. Eso va a hacer más competitivo al torneo. Y nosotros lo único que tenemos que hacer es tratar de unirnos, dejar de lado las figuras individuales y hacer como en la Copa anterior, donde fuimos un verdadero grupo, unido, y gracias a eso llegamos hasta donde llegamos.
–¿Es ésta la oportunidad para que Uruguay retome su lugar histórico, junto a Brasil y Argentina?
–Creo que sí. Uruguay, por su historia, no merece quedar afuera de un Mundial. Pero tambiénhay que pensar que el fútbol uruguayo, hoy, tiene muchos problemas, lamentablemente; los problemas económicos que afectan al país dañan también al fútbol. Y el campeonato uruguayo mismo es muy malo, pasa por un momento difícil; ojalá se pueda recuperar. Pero la Copa América viene a dar un aire nuevo, una oportunidad de que los jugadores uruguayos sean vistos en otros países. Eso va a ser importante tanto para los jugadores como para los clubes.
–Uruguay tiene a futbolistas de nivel como para jugar mejor, ¿es la hora de que deje la garra de lado y apueste al talento?
–No... Ojalá... Ojalá pudiéramos ser así. Nosotros tenemos futbolistas muy bien dotados técnicamente, pero no tenemos que olvidarnos nuestra mística. Yo creo que la identidad nuestra es ésta y no la voy a dejar nunca de lado. Por lo menos es mi manera de sentir el fútbol uruguayo: yo no soy un argentino ni un brasileño, que juegan muy bien al fútbol, nosotros no tenemos que olvidarnos de lo que siempre hicimos. Es obvio que no vamos a ganar todos los partidos corriendo y peleándonos contra todos, jugar lindo es bueno pero eso no se hace de un año para otro. Para eso hace falta mucho trabajo y no hay tiempo suficiente para que los jugadores estén con el entrenador y se pueda cambiar eso. Se dice que corremos, metemos y pegamos patadas, pero eso nos sirve en algún momento que jugamos muy bien al fútbol, como lo hicimos en la Copa pasada.
–¿En qué escalón ponés a Uruguay en el contexto sudamericano?
–Sinceramente creo que viene Brasil, Argentina y ahí aparecemos nosotros. Que me disculpen Paraguay, Ecuador y Colombia, pero por historia y por nombres Uruguay está por encima de ellos, por más que nos hayamos quedado afuera del último Mundial.
–¿Haberse perdido la última Copa del Mundo es un motivo para salir a buscar con más ganas la Copa América?
–Es lo que te decía sobre la garra, cuando más heridos estamos más nos sale el indio de adentro... y ¡cuidado! Somos un león herido. Pero para ninguna Selección es fácil enfrentar a Uruguay, venga de la manera en que venga. Por más que vengamos bien, nunca vamos a bajar los brazos, no vamos a cambiar nuestra mística ni por nada del mundo. Fijate lo que pasó en la Copa América de Perú, que en las semifinales los argentinos querían que Brasil le gane a Uruguay, para no tener que enfrentarse contra nosotros en la final...

viernes, 11 de mayo de 2007

Claudio Suárez - La memoria del Tri

Entrevista publicada en la revista Fox Sports, en mayo de 2007.
Por PABLO ARO GERALDES

Claudio Suárez sumó 178 presencias con la Selección Mexicana y es uno de los jugadores que más defendió a un país en la historia del fútbol. A los 38, el emperador repasa sus años en verde, blanco y rojo.

Elogiado por los mejores entrenadores del mundo, el defensor mexicano Claudio Suárez fue durante 15 años un sinónimo de Selección Nacional. Un capítulo de 178 juegos que cerró para siempre, rodeado del homenaje de sus ahora ex compañeros y de toda la afición azteca. Mientras juega en Chivas USA la que, cree, será su última temporada, toma perspectiva y analiza su largo paso por el equipo nacional.
–Tuviste a todos los técnicos de los últimos 15 años. Empecemos por César Luis Menotti...
–El fue quien me convocó por primera vez, en 1992. A todos nos dejó marcados su presencia en México. Es muy motivador y le dio un concepto diferente de juego a la Selección. El abrió el panorama a nivel internacional, gracias a su trabajo se empezó a conocer mejor el fútbol de México. Con un estilo más alegre y abierto, el futbolista mexicano empezó a creer más en sí mismo.
–Y sin fórmulas rebuscadas…
–Absolutamente. A él le gustaba enseñarnos cómo achicar la cancha, siempre convocando a jugadores inteligentes. Me adapté perfectamente a ese sistema. El achique lo seguí aplicando en toda mi carrera, fue una de las enseñanzas más importantes. Lástima que en su época había muchos conflictos directivos...
–Después llegó Miguel Mejía Barón...
–Fue quien me hizo debutar en Primera División con los Pumas. El era un admirador de Menotti y lo hacía ver en la forma en que dirigía a sus equipos: achicar, controlar el balón, no dividirlo, atacar…
En la Copa América de Ecuador ‘93 llegamos a jugar la final con Argentina y, aunque perdimos, se dejó una buena impresión de cara a la Copa del Mundo del ‘94. Fue una de las mejores etapas que vivió la Selección Mexicana.
–¿Ese partido con Bulgaria en 1994 fue una posibilidad desperdiciada de meterse entre los ocho mejores? Porque en los Mundiales siguientes tocaron rivales muy duros...
–Sí, lo pensó mucha gente, sobre todo porque Miguel no hizo ningún cambio en ese partido. Pero la verdad es que Bulgaria tenía un gran equipo y fue un partido muy parejo en el quizá nos faltó arriesgar más. Pero pensábamos en la final de la Copa América ’93, en la que salimos a buscar abiertamente el triunfo y Argentina aprovechó para liquidarnos de contragolpe. No quisimos arriesgar de más y así llegamos a los penalties, donde fuimos eliminados. Antes habíamos ganado el “Grupo de la Muerte” por delante de Irlanda, Italia y Noruega, por los goles a favor.
–¿Cómo recuerdas el segundo período de Bora Milutinovic? El fue el siguiente...
–Fue un proceso extraño. Había una gran presión y cuando Bora tomó el mando las cosas caminaron un poco mejor. Empezó a enderezar el rumbo para las Eliminatorias de 1998 y los Juegos Olímpicos de Atlanta, combinando a varios jóvenes con gente de experiencia. Pero había un cuestionamiento generalizado: a la gente no le gustaba cómo jugábamos. México clasificó, pero finalmente lo despidieron.
–¿Cuál fue la impronta de Manuel Lapuente?
–El profe nos marcó muy bien su propuesta. Pero en la preparación para Francia ’98 tuvimos resultados muy malos. Incluso, en una gira previa por Sudamérica, nos goleó el equipo de reserva de la Universidad Católica de Chile. En Europa también nos fue muy mal, lo único rescatable fue que estuvimos lejos de todo el mal ambiente que se generaba en México, donde la prensa decía que nos regresáramos y todas esas cosas.
Hicimos un trabajo físico muy fuerte y el preparador nos pedía que confiáramos en él. Así fue y, en lo táctico, Lapuente fue muy inteligente, manejó los partidos en los momentos adecuados: le ganamos a Corea del Sur y después conseguimos dos empates muy emotivos contra Bélgica, con diez hombres, y ante Holanda, favorito a ganar la Copa. En 1999 quedamos terceros en la Copa América de Paraguay y ganamos la Confederaciones, en casa. Todo iba perfecto con Lapuente hasta que hubo unos malos resultados en la Eliminatoria para el Mundial 2002 y renunció.
–Tras un interinato de Hugo Sánchez llegó Enrique Mesa…
–Con él hubo una etapa muy difícil, con la base de Toluca y Atlas, los equipos que él tuvo y que jugaban buen fútbol. Hubo muchos jóvenes a los que les pesó la playera, sintieron la presión. Dejó afuera a muchos jugadores de experiencia, pero al ver que las cosas no andaban bien, los llamó de nuevo, pero entonces ya no estaban en un buen momento. Fueron resultados malísimos, no ganábamos un juego en la Eliminatoria y finalmente Mesa sintió que la cosa no iba a caminar con él. Dio un paso al costado y recomendó al Vasco…
–Era una brasa caliente para Javier Aguirre…
–Prácticamente era un milagro clasificar. Hacíamos cuentas, porque no dependía solamente de nuestros resultados. El me llamó nuevamente y clasificamos porque Honduras dejó ir un triunfo y nosotros le ganamos el último partido. Fue un trabajo muy importante para entrar al Mundial. Pero antes de ir a Japón me fracturé un peroné y me perdí el campeonato. Después de esa lesión estuve ausente un par de años...
–Hasta que Ricardo La Volpe volvió a llamarte...
–Sí, jugué un par de partidos, tuve otra lesión que me alejó de nuevo... Me llevó a la Copa América de Perú 2004, y a partir de ahí prácticamente no jugué. La Volpe ya tenía un grupo joven que él conocía y no tuve más oportunidades hasta el llamado para Alemania 2006.
La Volpe cambió un poquito la idea de cómo jugar: más vistoso, siempre con balón controlado, jugadores con técnica… A mí me gusta mucho su sistema. Es por eso que hoy hay tantos compatriotas en el exterior.

–La defensa mexicana en Alemania 2006 fue uno de los puntos más destacados por la prensa internacional.
–Carlos Salcido y Ricardo Osorio son un ejemplo en Europa. Aunque un poco bajitos para ser centrales, son muy rápidos y muy buenos marcadores, con una gran técnica. Eso ayudó para que México pudiera tener el control del balón desde abajo. Se jugó muy bien, sobre todo contra Argentina.
–Ya sin la Selección, ¿sigues en Chivas USA?
–Sí, vine hace un año y es un fútbol que va creciendo. Como en México no hay mucha difusión de lo que pasa en la MLS, algunos piensan que es un fútbol fácil, pero no. Está complicado, hay mucha fuerza y gran contacto físico. Después de un 2005 muy pobre, en 2006 hicimos una buena campaña y llegamos a las finales. Aunque me siento bien físicamente, este año estaré diciéndole adiós al fútbol.
–¿Qué vendrá después?
–Hice el curso de entrenador, así que por ese lado estará el futuro. De todos modos, prefiero esperar unos años, prepararme más antes de ejercer. No tengo prisa.
–¿Será en México o en Estados Unidos?
–En California mi familia se siente muy a gusto. Y hay algunos proyectos aquí...


Su brazo izquierdo ya no lleva la banda de capitán sobre la playera verde número 2. Ahora, Claudio Suárez es la memoria del Tri.

martes, 8 de mayo de 2007

Made in Asia

Artículo publicado en la revista Fox Sports, en noviembre de 2006.
Por PABLO ARO GERALDES

El fútbol de Japón, Corea del Sur y China está en ascenso y cada vez son más los jugadores del lejano oriente que llegan a clubes europeos. Pero detrás de esta corriente hay un fenómeno de marketing ineludible. Los españoles, italianos, ingleses y alemanes ya descubrieron este negocio redondo.

A los equipos de las ligas más importantes del mundo, la adquisición de las grandes figuras del planeta les da réditos futbolísticos, que inmediatamente se traducen en divisas. Pero los europeos descubrieron una forma más directa de generar dólares frescos: incluir en sus equipos a jugadores orientales. Porque más allá de las actuaciones que ellos puedan demostrar dentro del campo, el consumismo a ultranza que contagia a japoneses, coreanos y chinos hace que todo lo que rodea al equipo se convierta en un producto con precio de venta.
Gracias al éxito de la Japan League –que comenzó a disputarse en 1993– y a la participación de su Selección en los tres últimos Mundiales, el fútbol japonés creció enormemente en popularidad hasta sobrepasar al béisbol. La Primera División se juega con una media de 18.000 espectadores por partido y se multiplica por más de cien a través de las pantallas de televisión. Pero, fanáticos como son, los japoneses quieren más fútbol.
En 1994, Kazu Miura fue el pionero que hizo pie en el calcio italiano. Llegó al Genoa gracias a la compañía Kenwood, pero en 21 partidos solamente hizo un gol y su equipo descendió. De todos modos, marcó un precedente. Después, la presencia de Hidetoshi Nakata y Hiroshi Nanami en Italia y de Shoji Jo en el fútbol español, potenció el interés de sus compatriotas por seguir estos campeonatos. En resumen: para los europeos se abrió un nuevo mercado.
En 2002, China clasificó por primera vez a un Mundial y eso hizo explotar el entusiasmo de sus aficionados. En esa Copa, Corea del Sur –además de ser anfitrión– llegó increíblemente a semifinales y sus hinchas también redoblaron su fanatismo. Para los europeos era la combinación perfecta: pasión extrema en latitudes donde el dinero no escasea. Sólo había que mirar hacia el Extremo Oriente para conquistarlo.
Japón tiene 124 millones de habitantes, cifra que supera a las poblaciones de Italia y España sumadas, y el promedio de televisores por habitante es el más alto del planeta. Si a esto se le suma el joven fanatismo de los nipones por el fútbol, la ecuación es fácil: un mercado de más de cien millones de televidentes ávidos de imágenes de sus ídolos, que se transforma en una catarata de dólares por derechos de televisación. En eso pensó Luciano Gaucci, presidente
del Perugia, cuando compró a Nakata después de su gran actuación en el Mundial de Francia. Fue un pionero en esta movida: nunca se habían pagado 5.000.000 de dólares por un jugador asiático y ése fue el dinero que cobró el Bellmare Hiratsuka por el pase. Es una cifra alta, especialmente para un club chico como Perugia, pero, en sus cuentas, Gaucci tuvo visión de futuro. En Italia, los partidos de Perugia interesan sólo a los peruginos y a muy pocos más, excepto a los grandes rivales que lo enfrenten. Pero, en Japón, las cadenas Fuji y Asaji transmitieron el calcio, o mejor dicho, a los futbolistas japoneses que allí jugaban, y pagaron por ello a los clubes, dueños de los derechos. Perugia los vendió a Japón por 3.500.000 dólares. Además, los souvenirs con la imagen de Nakata le dieron ganancias por otros 2.000.000. Con estos números, el jugador ya estaba pagado y generaba ganancias antes de que comenzara el primer partido.
Rápidos de reflejos, varios clubes empezaron a tomar en serio al fenómeno oriental. En 2001, Shoji Jo dejó al Yokohama Marinos y se convirtió en el primer japonés del fútbol español cuando firmó con el Real Valladolid. Además de reportar divisas, es un buen jugador: “Soy el Raúl japonés”, dijo al firmar su contrato. Pero no llegó a demostrar lo que prometía y el club no pudo explotar los derechos de televisación, porque ya los tenía cedidos a la empresa Audiovisual Sport. Esta companía revendió los partidos del Valladolid a la cadena estatal nipona NHK.
Hoy, el japonés Yoshito Okubo, del Mallorca, es el embajador de Oriente en la Liga Española. Antes de expandirse por Europa, el fenómeno de incorporar un asiático al club pasó por Sudamérica. Así fue que, en 2001, Boca Juniors de Argentina compró al nipón Naohiro Takahara. La realidad indica que el entonces entrenador, Carlos Bianchi, no lo quiso, pero el club hizo grandes negocios. La principal tienda deportiva de Tokio se llama “La Bombonera”, igual que el estadio de Boca, y agotó varias veces su stock de playeras azules y amarillas con el número 30... pese a que costaban 110 dólares cada una. El ídolo japonés hizo un solo gol, pero el negocio había funcionado. Cerro Porteño de Paraguay lo imitó contratando a Nozomi Hiroyama, siempre teniendo claro que perseguía un rédito económico antes que deportivo.
En la actualidad, once japoneses militan en diferentes ligas de Europa. Desde España hasta Turquía, donde juegan Yoshi Okubo (Mallorca) y Junichi Inamoto (Galatasaray), respectivamente.
La visión comercial traspasó las fronteras y llegó hasta la prestigiosa Premier League inglesa. Hidetoshi Nakata conoce bien al continente: pasó por Perugia, Roma, Parma, Bologna y Fiorentina antes de recalar en el Bolton Wanderers. “Al arribar, me propuse volver a disfrutar del fútbol. La Liga Inglesa me lo permite. En Bolton puedo divertirme jugando, es un ambiente más relajado que el de Italia”, explicó este mediocampista creativo que es mucho más que un negocio: a los 28 años su talento ya estuvo presente en tres Copas del Mundo.

Alta costura, alta ganancia
La moda italiana no es sólo para las pasarelas. La ropa de fútbol con etiqueta Made in Italy se cotiza en alza en las casas de deporte de Oriente. ¿Cuáles se venden más? ¿La del Milan? ¿Juventus? ¿Inter? No, las de Torino y Messina, gracias a las incorporaciones de Masashi Oguro y Mitsui Ogasawara. Galex, la marca que vestía al Perugia, ganó 8.000.000 de dólares mientras el equipo tuvo a Nakata. Y el paso de Jo por Valladolid hizo que la firma Kelme abriera una tienda en Japón para satisfacer la demanda de pedidos que recibía a través de Internet.
A propósito de la web, en Japón y Corea del Sur está tan presente en los hogares como la televisión. Por esa razón, las páginas web de cada vez más clubes europeos incluyen una versión en estos idiomas. Todo es dinero.
Los coreanos, otros orientales de billetera gordita, sirven para graficar la otra pata de este negocio: el turismo. Para ver a Park Ji-Sung jugando con el Manchester United, se pagan en Seúl hasta 6.000 dólares por el paquete que incluye el viaje, el hotel y la entrada a Old Trafford. Si el club pagó 7.300.000 de dólares por el mejor futbolista coreano, el fichaje se recuperó sólo con la venta de merchandising y derechos. Gracias a su inclusión en el equipo, Manchester recauda millones en cada gira asiática, previa al comienzo de la Premier League. Lo mismo ocurre en Sheffield con el chino Li Tie, quien durante la temporada pasada, jugando para Everton, hizo que el club pusiera el sponsor de la camiseta en idioma chino. No importaba que nadie en el estadio lo comprendiera: a 8.000 kilómetros hay 1.300 millones de personas que saben de qué se trata. Son ellos los destinatarios de todo este marketing.
¿Hasta dónde llegará la pasión de los asiáticos por el fútbol? Los europeos no tienen la respuesta, pero apuestan cada vez más a explotar al negocio mientras dure. Después, cuando muchos clubes descubran este fenómeno, ya no será novedad y la saturación atentará contra los dólares.El planeta conoce a los orientales por sus carros y por sus artículos electrónicos. Por sus tradiciones milenarias y por su cocina. Ahora, el Imperio del Sol Naciente quiere afirmarse en el mundo del fútbol. Está probado que no es un mal negocio.

viernes, 4 de mayo de 2007

Hernán Darío Gómez: "Si Guatemala va al Mundial, me hacen una estatua"


Entrevista publicada en la revista Fox Sports, en noviembre de 2006.

Guatemala nunca llegó a una Copa del Mundo, pero con la contratación del colombiano Hernán Darío Gómez, la Federación intenta repetir el fructífero trabajo que él hizo en su país y Ecuador. El Bolillo contagia optimismo.

La palabra desafío no es nueva para el entrenador colombiano Hernán Darío Gómez. Cuando se hizo cargo de la Selección Ecuatoriana tenía como meta guiarla por primera vez a una Copa del Mundo. Podía parecer una locura, pero apostó a las condiciones de los fútbolistas locales, les inyectó una dosis importante de autoestima y los ordenó tácticamente. ¿El resultado? Ecuador vivió en 2002 su primer Mundial. Ahora El Bolillo, como lo apodan, aceptó el reto de conducir a Guatemala hasta Sudáfrica 2010.
–¿Cómo se siente desarrollando su trabajando en Guatemala?
–Muy bien, se me dio un respaldo total desde la directiva. El presidente Oscar Arroyo ha sido muy decidido en mi contratación. No hubo tripleta ni cuarteta. El tenía un solo nombre: el mío. Eso me dio la seguridad de que iba a respaldar mi trabajo. Encontré una federación ordenada, y estamos en un nuevo proceso donde hay un buen tiempo para preparar la Eliminatoria hacia el 2010.
–Es casi lo que todo entrenador desea…
–Sí. Uno tiene ofertas, y en casi todas uno integra una tripleta o un lote de hasta cinco técnicos. Uno entra en una comparación con entrenadores de mucha trayectoria, otros de menos, y a veces no hay respeto. Por eso, a la hora de decidirse por un país, uno tiene que preguntar quién preside la federación antes que ver quiénes son los jugadores. Aquí hay una persona definida que me dijo: “Yo lo estoy buscando a usted”. Me vino a buscar porque conoce mi trabajo y lo respeta. Quiere que haga en Guatemala un trabajo como el de Colombia y Ecuador.
–¿El primer desafío de su gestión es la Copa de Naciones?
–Trabajamos para eso, cada torneo que se presenta uno quiere ganarlo, pero estamos embarcados en un proceso de observación, de escogencias… Por el estilo de los torneos, los técnicos nos volvimos seleccionadores. Este certamen de febrero clasifica para la Copa de Oro, es importante. Pero ya le dije al presidente: “Va a ser muy duro, difícil. Yo le cambio cualquier derrota con tal de ir al Mundial”.
–Tienen claro el objetivo final…
–Eso, primero que todo. Uno quiere ganar todo lo que juega, pero si viene Dios y me propone “no van a ganar nada pero estarán en Sudáfrica 2010”, le firmo de una vez.
–A Reinaldo Merlo le hicieron una estatua por hacer campeón argentino a Racing después de 35 años… ¿Qué pasa en Guatemala si van al Mundial?
–Disfruté mucho con lo de Merlo, porque estuvo en Colombia con Atlético Nacional y dejó una base para el equipo que fue campeón. Si yo clasifico al Mundial, se verá el mismo amor que me tienen en Ecuador. Hay respeto, admiración. Al principio va a ser duro, porque nos cuesta ganar en este momento. Pero si meto a este equipo en el Mundial va a ser otra especie de Ecuador. Que venga la estatua, je je je...
–En el ‘98 clasificó Jamaica, ahora Trinidad y Tobago. ¿Es un incentivo para el futbolista guatemalteco ver que hay renovación, que no todo es México y Estados Unidos?
–Son como Argentina y Brasil, ellos trabajan la Eliminatoria pensando ya en el Mundial. Pero a Guatemala siempre le han faltado cinco centavos para el peso. Ha tenido la posibilidad, ha soñado y esa esperanza nunca se pierde.
–El lenguaje para hablarle al futbolista guatemalteco, ¿es similar o hay que inculcar toda una idea futbolística?
–En eso estoy, tratando de adaptarme a la idiosincrasia del guatemalteco, conociendo al país… Pero el lenguaje futbolístico es universal, los jugadores y los técnicos somos iguales en todo el mundo. Aquí hay equipos muy ordenaditos. El futbolista de Guatemala tiene buena técnica, es inteligente. Me da la impresión de que le puede estar faltando un poquito de talla y fuerza.
–Ruiz juega en los Estados Unidos, Pezzarossi en España. ¿Hay más jugadores en condiciones de trascender las fronteras?
–Todavía no, necesitan mucha más competencia. Pueden ir, pero deben hacerlo como los ecuatorianos. Cuando fuimos a Ecuador casi no había futbolistas afuera. Empezaron a salir, se fueron afianzando y ahora hay más. Los procesos eliminatorios los fortalecen. Uno ve a un Edison Méndez, un Tin Delgado, que se fueron abriendo camino… Vamos a ver si pasa lo mismo en Guatemala.
–¿En qué condiciones llegarán a la Copa de Naciones?
–Guatemala está en un comienzo. El profesor Maradiaga hizo un muy buen trabajo y dejó una muy buena base. Yo estoy conociendo al medio, metiendo y sacando sus jugadores. Es como una corrida de toros: sale
el toro enloquecido hasta que el torero lo recoge. Así estoy yo, empezando a recoger un equipo, haciendo una base.