jueves, 24 de enero de 2008

Los nicknames de Oceanía

Cada selección nacional tiene su apodo, y en la inmensidad de Oceanía asoman inocentes referencias a la fauna y los colores de sus vestimentas. ¿Cómo le dicen a cada una?
Fiji: Timi in viti (equipo nacional, en fijiano)

Islas Cook: Soka Kuki Aíran (equipo nacional, en maorí) o The green and whites (los verdiblancos, en inglés)

Islas Salomón: Bonitos (especie de pez)

Nueva Caledonia: Les Cagous (pájaro del país) o Les rouge et gris (los rojo-grises, en francés)

Nueva Zelanda: All Whites (todo blancos, en inglés)

Papúa Nueva Guinea: Nesenol Tim (equipo nacional, en lengua tok pisin) o PNG Team (equipo PNG, en inglés)

Samoa: Manumea (pájaro del país)

Samoa Estadounidense: Au Fili (equipo nacional, en samoano)

Tahití: L’Equipe du Fenua (el equipo de Fenua, en francés. Fenua se llama la isla, en tahitiano)

Tonga: Timi Fakafomua (equipo nacional, en tongano)

Vanuatu: The Men in Black & Gold (los hombres de negro y oro, en inglés)

martes, 22 de enero de 2008

Los chicos crecen

Artículo publicado en la revista Fox Sports, en enero de 2008.
Por PABLO ARO GERALDES


En el fútbol de América Latina se está dando una constante: el histórico dominio de los clubes grandes está siendo peleado cada vez más por equipos que antaño eran relegados al rol de partenaires. Nombres nuevos en las competencias internacionales y alegrías más repartidas.

En el fútbol no está todo inventado. A lo largo de América Latina está soplando un aire fresco, de renovación, que lleva a la cima a clubes que históricamente estaban destinados a acompañar a los campeones de siempre. ‘Equipo chico’ dice la etiqueta que a fuerza de trabajo, seriedad y buen fútbol están empecinados en arrancarse.
Fueron muchos los que, en los últimos años, conocieron el dulce sabor de los festejos. Y no se detienen. En Sudamérica, el fútbol se iguala hacia abajo, es verdad: el alto precio del euro hace que sea más tentador emigrar a la 2ª división de Polonia o Austria que permanecer en un equipo chico de Argentina, Brasil o Uruguay, países con tradición infinitamente mayor. Las grandes estrellas se van, pero no todo es dinero, por suerte. Y en esa paridad, las alegrías se reparten de manera más equilibrada, la emoción de festejar no queda reducida a la elite de clubes.
El éxito más reciente y resonante de un equipo chico es el de Arsenal, del suburbio sur de Buenos Aires, Argentina, que ganó la Copa Sudamericana batiendo en la final a un gigante: América de México.
El fútbol argentino terminó 2007 como un gran ejemplo de esta tendencia: el podio del Torneo Apertura lo ocuparon Lanús, Tigre y Banfield, tres históricos equipos chicos que jamás celebraron. Esto no es casualidad. “Hay clubes grandes que pagan sueldos de locos y acumulan una deuda enorme. Los clubes chicos hacen mejor los deberes”, opinó Carlos Portell, presidente de Banfield.
Las cuentas ordenadas son una constante. La solidez de una estructura administrativa va de la mano con el trabajo deportivo. Como una empresa; como una pequeña empresa en estos casos. Con dirigentes comprometidos de cerca con el plantel, que acompañan, de local y visitante, y que están al día con los pagos de los salarios y los premios, que respetan los contratos.
Colombia puede testimoniar la tendencia con numerosos casos: Once Caldas ganó la Libertadores 2004; la última Copa la disputaron Deportivo Pasto, Tolima y Cúcuta (semifinalista ante Boca Juniors, el campeón), y 2007 terminó con un dignísimo segundo puesto para el ascendido Equidad, y el pase a la Libertadores para Cúcuta y Boyacá Chicó (fundado en 2002) junto a Nacional de Medellín. Equidad es el equipo de una importante cooperativa de seguros, cuyo presidente, Clemente Jaimes, resume: “El club deportivo se maneja como una empresa independiente, con total transparencia, lo que ha dado muy buenos resultados”.
En Bolivia, San José de Oruro, La Paz FC y Real Potosí usurparon el lugar de privilegio que históricamente era de Bolívar y The Strongest. En Perú, el título internacional que no lograron Alianza Lima, Universitario o Sporting Cristal lo consiguió Cienciano, equipo de Cuzco que en la próxima Copa Libertadores estará acompañado por dos debutantes: Coronel Bolognesi y Universidad San Martín. La proclividad no se agota ahí, es continental: en Chile, Audax Italiano volvió a meterse en la Copa Libertadores, y Universidad de Concepción (fundado recién en 1994) luchó el título local hasta el final con Colo Colo.
Hay otras razones aparte del orden administrativo y tienen que ver, claro, con lo futbolístico. A un equipo le lleva un año armarse y consolidarse, algo que ningún plantel con estrellas puede hacer debido a las tentaciones del mercado europeo (o mexicano). Así, se iguala en favor de los clubes chicos, que son los proveedores de futbolistas y que los tienen durante años en las juveniles. Y aquí es clave la humildad de la plantilla: “Los equipos chicos están más comprometidos, tienen mayor actitud, dejan trabajar y asimilan comportamientos tácticos. Y hay compañerismo, que se encuentra cuando no hay egoísmos; todos empujan para un mismo lado”, dice Jorge Luis Pinto (DT de la Selección Colombiana), quien en 2006 guió a Cúcuta hacia el único título de su historia. El panameño Blas Pérez fue el goleador de ese equipo y está agradecido: “El Cali me sacó sin explicación y me hizo un enorme favor, porque pude triunfar en Cúcuta”.
Lanús, que conquistó el primer título argentino en sus 93 años de vida, confirma que la unidad del grupo es vital. Sin grandes figuras, sin vedettismos, hizo que “la figura es el equipo” dejara de ser una frase remanida; fue todo un elogio a la modestia y al trabajo colectivo. Lo mismo sucedió con Defensor Sporting campeón del Torneo Apertura uruguayo, peleando el título hasta último momento con Rampla Juniors, otro modesto club que jamás fue campeón en la era profesional, iniciada en 1931. Defensor Sporting fue un digno sucesor para otro chico, Danubio, empecinado en despintar a Peñarol y Nacional.

CAMPEONATOS CORTOS, CHANCES GRANDES
Otra razón de este protagonismo creciente de los equipos chicos está en el formato de campeonatos cortos (dos por año, como en El Salvador), que permiten que un buen envión inicial pueda resultar inalcanzable, además de emparejar las chances. Más aún en países en los que se juega con playoffs, como Chile, México o Colombia: sin llegar a estar en los puestos de liderazgo durante la etapa regular, se puede entrar a la instancia de partidos de ida y vuelta. Y ahí no cuentan los rendimientos: son seis partidos a todo o nada hasta el título.
En El Salvador también los chicos crecen, FAS y Aguila miran cómo nombres más modestos se ganan su merecido sitio en el historial: Isidro Metapán, Once Municipal, Vista Hermosa... En Guatemala, Jalapa obtuvo su primer título, aunque siga muy lejos de los grandes como Municipal y Comunicaciones. En Paraguay, Libertad ya le disputa de igual a igual el trono a Olimpia y a Cerro Porteño. En Ecuador, Cuenca y Olmedo hacen olvidar a Barcelona y Emelec. A lo largo de toda la geografía americana se repite el fenómeno.
Hasta en México, con equipos que pertenecen a enormes corporaciones, hay lugar para gratas sorpresas: fue Atlante el último campeón, delante de grandes como UNAM, América o las Chivas de Guadalajara. Y Brasil también aportó ‘nuevos’ nombres al índice del fútbol: Sao Caetano, Paranaense, Goiás...
El fútbol, como dijo César Menotti, es una linda excusa para ser felices. Se podrá señalar que con los clubes chicos las alegrías se reparten entre un puñado de hinchas, pero son millones los que se alegran cuando el espíritu y el buen fútbol de estos equipos se impone a las cuentas bancarias de los grandes.

martes, 15 de enero de 2008

Argentinos por el mundo

Artículo publicado en la revista El Gráfico, en 2000.
Por PABLO ARO GERALDES

En la búsqueda de nuevas oportunidades, cientos de futbolistas argentinos cruzaron las fronteras. Aquellos que triunfaron en Italia y España consiguieron un lugar de prestigio y beneficios económicos. México, Portugal y Colombia albergaron las gambetas de otros tantos. Pero muchos, alentados por sus ganas de seguir siendo protagonistas, atendieron el llamado de los piques de la pelota en los rincones más exóticos del planeta. No se limitaron a Europa y América Latina. Guiados por contratos seductores y por la intención de cambiar de aire ante la falta de oportunidades, partieron a lo desconocido y se calzaron los botines en canchas cubiertas de nieve, rodeadas de selvas o desiertos, inmersos en costumbres diametralmente opuestas a las argentinas. De regreso, abrieron sus valijas llenas, no siempre de dinero, pero sí de anécdotas imperdibles.

Quien dice que no hay querencia
que le pregunte a la ausencia...

Cuando la nieve del Ártico empieza a derretirse a mediados de abril, llega el momento del fútbol para los países escandinavos. Tierras donde el progreso y la educación se manifiestan en cada hecho cotidiano. Así lo advirtió Raúl Peralta al arribar a Finlandia para incorporarse al Inter de la ciudad de Turku. El ex volante central de Boca, Huracán y Español es testigo de una cultura cívica que sorprende a cualquier llegado desde Sudamérica. “Acá los vendedores de alarmas se cagarían de hambre, nadie roba nada. Los autos quedan en la vereda sin llave y los chicos pueden dejar los juguetes, las bicicletas, en una plaza, que al otro día los van a encontrar en el mismo lugar”, comenta telefónicamente, agradeciendo al periodista de El Gráfico la posibilidad de poder “escuchar una voz argentina”. Es que más allá de compartir el plantel con otros dos argentinos -Samuel Cappa y Gabriel Flores-, el cordobés extraña el diálogo de todos los días. “Los finlandeses hablan su idioma y además el sueco y el inglés, pero yo no entiendo ninguno de los tres. Tengo contacto con la Argentina vía Internet, pero ahora nos prometieron que nos iban a instalar una antena parabólica que agarra ATC. Algo es algo”, se conforma. El alto nivel de vida de Finlandia y el respeto mutuo entre sus habitantes produce hechos que contrastan con lo que sucede en la Argentina. “La semana pasada apareció en el diario, como un hecho de vandalismo, que habían pintado una cabina de teléfono con aerosol, si vieran lo que pasa en la Argentina se mueren del susto”, comenta asombrado. Pero él también se quedó perplejo cuando fue a un restaurante junto a su esposa y vieron como otra pareja elegía mesa mientras dejaba al cochecito de su bebé en la calle, cuando hacía 15 grados bajo cero. “’¿Estos se volvieron locos?’, pensamos. Lo van a matar, al pibe... Pero entonces nos explicaron que el aire frío del norte es bueno para los chicos, que les mata todos los virus y los fortifica. No lo podíamos creer, pero después empezamos a fijarnos y había bebés en los balcones, a la intemperie. Debe ser cierto no más...”.

Ankara, capital de Turquía fue el punto de partida de la pesadilla que Jorge Rinaldi debió soportar. La poco tentadora comida de las concentraciones y el precario departamento que le asignaron (una letrina era la única instalación sanitaria) aceleraron sus añoranzas porteñas cuando recién cumplía el primero de sus dos años de contrato. Ante la negativa del presidente del Gençlebirligi a devolverle el pasaporte que le había retenido, debió recurrir a la Embajada Argentina donde obtuvo uno provisorio. “Hasta el momento de subir al avión nos persiguió la policía, dada la enorme influencia del presidente”, cuenta el ex delantero de San Lorenzo, Boca y River. Luego, casi milagrosamente y recordando la película Expreso de Medianoche, el jugador y su apoderado Osvaldo Rivero lograron escapar. Del fútbol “profesional pero con mentalidad amateur” tampoco guarda buenos recuerdos, aunque sonría al comentar que “luego de perder el clásico con Ankaragüçü, nuestro técnico desapareció. Recién volvió, sin dar explicaciones, al jueves siguiente”.

A Fernando Kuyumchoglu se lo identificó primero por su apellido difícil; más tarde por su desempeño en la selección juvenil junto a Redondo, Frutos, Salaberry y compañía. Tras su paso por River Plate, aceptó una oferta del Ethnikós de Grecia, alentado por conocer el idioma, por sus raíces familiares. Aunque no tenía problemas de comunicación, la pasión de los griegos hizo que las cosas no le resultaran fáciles: “al partido siguiente de convertir dos goles y servir otro, el técnico me mandó al banco, y en el próximo ni siguiera me convocó”, recuerda. Pero lo más insólito es la razón que le dio el entrenador: “me dijo que los goles que había hecho eran fáciles de marcar y por eso me sacó”, cuenta con un asombro que todavía le dura. Además, el volante que pasó por Platense, Estudiantes y Temperley, sufrió un complot de sus compañeros con el entrenador: “solía recibir llamados de los jugadores en lo que entendí un gesto amistoso. Hasta que comprobé que, mandados por el propio técnico, lo hacían para controlarme”.

Mejor suerte tuvo Juan José Borreli, quien pasó cinco temporadas en Panathinaikós, el principal equipo del país. Claro que su gran momento futbolístico no estuvo exento de momentos extraños. “Al principio era duro. Me quedaba sentado en un rinconcito del vestuario mientras todos se mataban de risa y lo primero que pensaba es que se burlaban de mí. Después fui aprendiendo el idioma y la integración se hizo más fácil”, cuenta Joto-Joto, como lo rebautizaron en Grecia. Lo que tardó en aprender fue la forma de gesticular que los griegos usan para insultar. No hacen cuernitos ni alzan el dedo mayor: muestran la palma de la mano, como lo hace el resto del mundo para decir “Alto”, pero empujando. En el caótico tránsito de Atenas, le tocó al padre del volante de San Lorenzo aprender esa seña. “Estaba con mi viejo en el auto y de los demás coches por momentos nos hacían ese gesto. Nosotros creíamos que eran hinchas que me reconocían y los saludábamos”.

Próxima a Tel Aviv y alejada de las tensas fronteras con Palestina se encuentra Kfar Sabah, en Israel. Allí aterrizó Oscar Garré, a comienzos de los ’90, y para su sorpresa se vio rodeado no sólo de judíos, sino también de cristianos y musulmanes, todos custodiados por oficiales del ejército. “Tuvimos que jugar con el Hapoel de Jerusalem, en el barrio más religioso, y esa fue la única vez que vi a los judíos ortodoxos en una cancha”, contó el defensor, sorprendido por no ver judíos en su propia tierra. Pronto encontró una explicación a esa curiosidad: los sábados -día del fútbol en Israel- son tomados por los religiosos como día de recogimiento. “Los viernes por la tarde desaparecen y se la pasan rezando hasta el domingo, que es cuando empieza la semana laboral”, entendió Garré.
Los vivencias israelíes también rozaron a Héctor Almandoz, el ex defensor de Vélez y Estudiantes que pasó por el Macabi Haifa de Israel en 1998, dejaron su sello. “Es increíble, pero en un shopping o en lugares para comer, no se soporta la baranda que tienen, una transpiración muy fuerte. Ellos quizás están acostumbrados, pero para mi era tremendo. Mis compañeros no usaban desodorante, yo me mataba con talco, desodorante, perfumes, era el último en irme del vestuario y ellos, encima, me miraban raro. Se pegaban una ducha sin jabón, de diez segundos y la mayoría no usaba calzones”.
Pero Almandoz, hoy en Buenos Aires, también sufría por las comidas típicas del país -“la mayoría muy picante”- y, confesó que “tiraba en base a arroz y sánguches”. Sólo en Haifa, una ciudad que mezcla ciudadanos israelitas y árabes en igual medida, las comidas se asemejaban. “Ibamos a comprar carne para milanesas en los negocios árabes y los cortes eran totalmente diferentes. Le pedía por favor que me la corte para milanesa, con gestos y todo, pero no me entendían. Entonces me cansé y me pasé del otro lado del mostrador y le mostré como tenía que ser. Cuando corté la primera milanesa, la gente me aplaudía”. El defensor pensó en volverse antes de tiempo varias veces.
“Algún atentado lo dejé pasar porque mi familia no se dio cuenta. Pero una vez fui al Muro de los Lamentos y dos días después hubo una bomba, ahí me cansé”.

El primer día de 1999 llegó con una noticia para Mauro Carabajal -volante que por entonces jugaba en Rosario Central-, cuando el Vojvodina de Yugoslavia se interesó por sus servicios: hacia allá fue, a préstamo por un año y medio. Entonces, la guerra de Kosovo -el ataque conjunto de la OTAN contra esa provincia de Yugoslavia-, lo hizo vivir situaciones inesperadas. “Estábamos disputando el campeonato y el 28 de marzo jugaban Yugoslavia y Croacia el clásico. Nosotros nos fuimos a Hungría a una pretemporada y nos salvamos porque el 1 de abril empezó el bombardeo. La primera bomba cayó en Novi Sad -a una hora de Belgrado-, la ciudad de nuestro equipo, que fue la más arrasada por la guerra”, recuerda a la distancia. Luego de una estadía prolongada en Hungría, los directivos del club le avisaron que, por dos años, el fútbol ya no sería profesional en Yugoslavia, ya que todos los fondos serían destinados a la reconstrucción del país. Carabajal lo lamentó porque ganaba muy bien, el doble que sus compañeros -“lo arregló Mijik Dusan, el que me llevó, que me pidió que el resto del plantel no tenía que saberlo porque seguro se calentaban muy mal conmigo y los dirigentes”-, y decidió irse a España, al Recreativo de Huelva. “Del fútbol yugoslavo me sorprendió la violencia, y ojo que juegan muy bien, son de los mejores en Europa. Pero dejan pegar demasiado y los jugadores son muy calentones. Si les tiraba un caño, me seguían por toda la cancha para bajarme”.


Otro que sufrió las cercanías de la guerra fue Mario Kempes, que a principios del ‘97 se hizo cargo del SK Lushnja, de Albania, el país más pobre de Europa en el que, pocos días después de su llegada (arribó el 4 de enero), estalló una guerra civil. Menos de un mes duró en su cargo: “Tuve que escaparme. Lo agarré a mi hermano, que era el preparador físico y nos vinimos enseguida. Hasta el conflicto había cierto bienestar, pero en base a la especulación económica. Cuando quebró una de las principales financieras, que era propiedad del padre del presidente del club que dirigí, todo estalló. Hasta el secretario del club me dijo que me fuera antes de que sea demasiado tarde”, asegura. Pero no fue su única experiencia extraña, porque también dirigió al Palitta Hyatt de Indonesia. Sus palabras reflejan cabalmente la travesía: “Allí, uno entra a la cancha y no sabe si va a salir vivo. Es normal que la gente rompa los alambrados para entrar a la cancha y fajar a los jugadores. Y la policía no se queda atrás, reprime con caña tacuara. Es un fútbol muy violento”.

Otro testigo de la violencia fue Gabriel Perrone, que en 1992 y con 25 años, ante la falta de ofertas tentadoras en el fútbol local -estuvo un año libre luego de jugar para Ferro y sufrir una lesión en la rodilla-, se marchó a jugar para el FAS de El Salvador, animado por un buen contrato. Ese país centroamericano sufría los resabios de una cruel guerrilla que venía de décadas. “Era una sociedad ganada por la violencia, sobre todo en chicos de 15 o 16 años, producto de la guerrilla -cuenta Perrone-, que andaban con armas por la calle, robaban y no tenían problemas en matar. Cuando iba a cobrar, en el banco te pedía el arma antes de entrar. Lo peor fue una vez que, con un compañero brasileño, salimos con el auto y bajé para hablar por teléfono. Entonces unos chicos de 14 años se robaron el auto con el pibe adentro, que llegó a tirarse en una esquina. Nuestros compañeros dijeron que nos salvamos de que nos maten porque éramos extranjeros”. No fueron sus únicos dramas. Aunque hoy asegure que “toda experiencia es positiva”, porque jugó en un grande de El Salvador, también sufrió una internación de 20 días por una extraña infección que se presumió paludismo o fiebre tifoidea, además de los constantes temblores de tierra.

Es sabido que la estatura promedio de un japonés es claramente inferior a las de los europeos. Pero grande fue la sorpresa de Víctor Hugo Ferreyra, ex San Lorenzo, cuando después de su primer entrenamiento con el Mitsubishi Red Diamonds, se dirigió al vestuario y encontró las duchas a tan sólo un metro y medio del piso. Con dificultad, un traductor le explicó cómo debía usarla: “me trajeron una palangana y un banquito para sentarme; fueron los baños más incómodos de mi vida”, recuerda Ferreyra, “ellos acostumbran bañarse sentaditos y con las patas remojadas”.
No fue el único que chocó con la cultura local a la hora de la higiene. Leonardo Ricatti, ex centrodelantero de San Lorenzo, All Boys y Almirante Brown, llegó al Esperance de Túnez tras un frustrado pase al Avellino de Italia. “No quería saber nada, pero el empresario que me llevó me insistió tanto que hice el intento de quedarme. Estuve 10 días, pero me pasó de todo. Después de una práctica me voy a duchar; me sacó la ropa y me paro debajo de la lluvia. En eso entra el utilero a los gritos: ‘¡¿estás loco? ¿Como te vas a bañar desnudo? La religión islámica no lo permite!’, me decía en italiano. Después de eso no me quedaban más ganas de quedarme en Africa. Hablaba por teléfono a Buenos Aires todo el tiempo, total el empresario me había dicho que él pagaba la cuenta. Pero cuando estoy por salir para el aeropuerto, me ataja el conserje del hotel por una deuda de 700 dólares de llamadas teléfonicas. Lo buscaba para matarlo, pero el técnico me calmó y pagó la cuenta de su bolsillo. Llego a Roma y cuando quiero embarcar para Buenos Aires, me avivo que también me había estafado con los pasajes”. No fueron los únicos inconvenientes en la carrera de Ricatti, hoy retirado. En el Banska Bistrica, de Eslovaquia se sentía un duque. “El club me puso una casa en la montaña, con una vista espectacular. Un sábado, mi señora baja a la cocina para preparar unos mates y vuelve espantada al dormitorio: ‘hay un tipo desayunando en la cocina’ me dijo agitada. Todo se aclaró cuando los dirigentes me explicaron que era el dueño de la casa, que la había alquilado con la condición de volver los fines de semana para descansar”, cuenta. Allí se encontró con Fabio Nigro, ex puntero de River y Estudiantes, figura del campeonato eslovaco con la camiseta del Slovan Bratislava. Las pretemporadas de este equipo era muy diferentes a las argentinas: “Primero nos llevaron a un spa -cuenta-; en un momento entramos al sauna y ¡Oh sorpresa!, era mixto. Nos daba calor sacarnos la toalla, los argentinos en esos casos somos pudorosos. Y en eso caen dos esquiadoras, revolean los toallones y se acuestan adelante de nosotros. ¡Si llegara a estar ahí el plantel de Chicago...! Después tenías que ir a una bañera donde una chica te mojaba con una manguera a presión".


Tras la caída del Apartheid, la convivencia entre blancos y negros en Sudáfrica se hizo más civilizada. El fin de las sanciones internacionales hizo que los clubes pudiesen participar en las competencias continentales e imponer la supremacía económica del país en la región. Así, las puertas del fútbol sudafricano se abrieron también para los argentinos. Y alentados por un dinero que jamás recibieron, Diego Monarriz, Osvaldo Nartallo y Manuel Aguilar dejaron San Lorenzo y cruzaron el Atlántico, en 1992. Pero encontraron algo más parecido a la serie Shaka Zulu que al fútbol profesional que les había prometido un empresario sin escrúpulos. “Antes de los partidos -cuenta Monarriz- el utilero ponía todas las camisetas, pantalones y medias en un tacho con un líquido misterioso, y a su alrededor prendían como sahumerios que los jugadores negros olían y a los que condimentaban con pases mágicos. Después de eso teníamos que salir a jugar con la ropa mojada”. Eran momentos de volver a nacer para el fútbol sudafricano, que pronto se convirtió en potencia continental. La diferencia con el resto de los países es notoria. “En una ocasión tuvimos que viajar a Camerún en un avión con hélices que tuvo que hacer una escala técnica en el Congo. Jamás me voy a olvidar de ese aeropuerto internacional; creo que la estación de Ciudadela era más moderna”, recuerda Monarriz.

Tras ganar el ascenso a Primera con Chacarita, el defensor Fernando Cassano partió hacia Alemania. Claro, no lo aguardaba la fastuosa Bundesliga, sino un incierto desafío en el Dresdner, de la Liga Regional Noreste. Afortunadamente para él, lo esperaban otros dos argentinos, Sergio “Zapatilla” Sánchez y el ex Chacarita Sergio Bustos, este último conocedor del país tras su paso por el Nürnberg. El objetivo era ganar el torneo y subir a la Bundesliga 2, o quedar entre los primeros seis para asegurarse un lugar en la Bundesliga 3, que comenzará a disputarse en la temporada 2000/01. Clima helado, pasión en cuentagotas, hacían que la nostalgia de Buenos Aires asomase en los atardeceres. Pero tenían un remedio infalible: el mate. “Estábamos todo el tiempo con la bombilla en la boca -relata Bustos-, los periodistas y nuestros compañeros querían saber qué era. En una concentración, esperaron a que los tres nos descuidemos y se atacaron el paquete de yerba. Lo primero que hicieron fue metérsela en la boca y cuando entramos en la habitación los encontramos escupiéndola, un asco”. El Trío Gaucho, como lo caratuló el periodismo alemán, implantó otras costumbres argentinas entre los germanos. “No había concentración ni viaje en los que no sonara Rodrigo o Nueva Luna; había que ver a los alemanes enganchados con el cuartetazo y la música tropical. Ellos la llamaban ‘gumbia’”, cuentan los tres. El momento máximo lo vivieron en Berlín, cuando un argentino radicado en esa capital los invitó a una noche de truco, choripán y cerveza Quilmes. Además, con la experiencia de varios pasos por las aduanas, Bustos es el encargado de proveer la carne argentina: “la clave para que no salte en las computadoras detectoras de sanidad ni por los perros de policía es llevarla congelada y sin el hueso. Así pasé por Frankfurt con milanesas, vacío, matambre y lo mejor de nuestra carne; porque la que se come allá no tiene nada que ver”, enseña.

jueves, 10 de enero de 2008

África: locos por el fútbol

Artículo publicado en la revista El Gráfico, en febrero de 2000.
Por PABLO ARO GERALDES


Planteles detenidos en cuarteles militares, declaración del estado de sitio, apretadas a jugadores, represión a los hinchas y prohibiciones de baño fueron algunas de las perlitas que dejó la Copa Africana.

Contrastes. Sensaciones extremas. Locura.
La reciente Copa Africana de Naciones, colmada de figuras de altísima cotización que militan en el fútbol europeo, ratificó una percepción que la FIFA todavía se empeña en disimular: en el fútbol del continente negro sigue reinando la improvisación, potenciada por las tenazas dictatoriales de los gobiernos de varios países.
Cuando Rigobert Song convirtió el penal decisivo con la misma determinación con que juega en la defensa del Liverpool inglés, el nombre de Camerún quedó impreso en la historia al lado de la palabra campeón. De esta manera sellaba el 4-3 sobre Nigeria en la tanda decisiva, luego de empatar 2-2 en el tiempo reglamentario.
Pero abajo, acaso en letras más pequeñas, se encolumnó una serie de episodios divorciados del gran nivel futbolístico expuesto por jugadores de la talla de los nigerianos Kano (Arsenal), Babangida (Ajax) y Finidi (Betis) o de los cameruneses Eto’o (Mallorca) y Mboma (Cagliari), por citar algunas de las figuras que vitaminizaron a las 16 selecciones participantes. Episodios repetidos e irritantes que invitan al repaso y a la reflexión…

HACELO POR MÍ
La edición 200 de la Copa Africana de Naciones había sido confiada a Zimbabwe, país que renunció a principios de 1999 por problemas financieros. En emergencia y ante varias propuestas carentes de garantías, la Confédération Africaine de Football decidió otorgar la sede compartida a Nigeria y Ghana, los países que vienen asombrando al mundo futbolístico desde su irrupción exitosa en los torneos Sub 17.
La decisión no fue casual. Era el reflejo de las organizaciones compartidas establecidas con anterioridad: Corea-Japón para el Mundial 2002, y Bélgica-Holanda para la Eurocopa 2000.
El peso recayó sobre Nigeria, que venía de organizar deficientemente el Mundial Sub 20 de 1999. Y Ghana se sumó para que dieran los números. Pero la co-organización resultó otro fiasco. Pocas cosas estuvieron en su lugar. Las notorias fallas estructurales –estadios inapropiados, inconvenientes en el rubro de transportes y comunicaciones– no hicieron más que aumentar el contraste entre la categoría de los futbolistas y el aparato que los contiene, alqo que preocupó muchísimo a los dirigentes de los clubes europeos. “No podemos arriesgar nuestro capital en esas canchas y bajo esas condiciones”, fue la queja común.

ESTADO DE SITIO
Todos los métodos fueron válidos para contener la violencia de los hinchas, denominador común en la mayoría de los 32 partidos. Cuando Ghana recibió a Sudáfrica en la ciudad de Kumasi, por los cuartos de final, el gobierno local decidió implantar el estado de sitio. El ejército hizo confluir cientos de hombres y carros armados, temiendo que una derrota desatase la violencia en los hinchas. Y así ocurrió: Sudáfrica ganó 1-0 y los uniformados tuvieron trabajo extra.
Para contener la furia emplearon su método predilecto: los gases lacrimógenos en combinación con golpes de machete al tórax. Una herramienta represiva que, seguramente, no sorprenderá a nadie en la Argentina.

EL REINO DEL MIEDO
Después del partido que el 28 de enero Nigeria y Congo igualaron 0-0, en Lagos, los jugadores locales fueron asediados por una masa hostil que les recriminó el magro resultado amenazando con ingresar a los vestuarios para hacer justicia por sus propias manos y rompiendo los vidrios del autobús.
Mike Okiro, el jefe de policía y del operativo, el mismo que antes del torneo se jactó de que “la seguridad de los equipos y de los hinchas estará garantizada”, creyó que el modo de culminar los incidentes era desplegar una represión desmedida. Las corridas y gases fueron de tal magnitud que provocaron una protesta formal de la Federación Nigeriana.
El delantero George Finidi también hizo escuchar su voz atemorizada: “Ya perdí a mi hermano por culpa de un tumulto en 1995, así que ahora podría tocarme morir a mí. Tengo miedo, mucho miedo”.
Igeniwari, el hermano menor de Finidi, que llegó a ser internacional nigeriano en las selecciones juveniles, murió al ser alcanzado por un disparo en medio de los incidentes desatados luego de un partido de la Copa de Nigeria. Ni su muerte, ni las que siguieron, lograron frenar la violencia. Algo que tampoco debería sorprender a nadie en nuestro país.

MARCHE PRESO
Luego de haber vencido 2-0 a Ghana en Accra e igualmente quedar eliminados de la competencia, los jugadores de Costa de Marfil regresaron a su país en un avión militar. Al llegar fueron trasladados al cuartel de Yamaousssoukro, situado a 30 kilómetros de la capital Abidjan, donde permanecieron detenidos. Les fueron retirados los pasaportes y los teléfonos celulares para impedir cualquier comunicación con el mundo exterior.
“Allí aprenderán el sentido de la responsabilidad y del civismo y olvidarán su indisciplina”, declaró un portavoz de la Junta Militar que, encabezada por el general Robert Guey, gobierna al país desde el golpe del 24 de diciembre de 1999.
Según el coronel Matthias Doué, ministro de Juventud y Deportes marfileño, “la medida sólo buscaba garantizar la seguridad de la selección ante la ira de los hinchas”, aunque en ningún momento se produjeron incidentes. Las mismas palabras se habían utilizado tras el golpe APRA justificar la detención de políticos disidentes.
El presidente de la FIFA, Joseph Blatter, se puso en contacto con las autoridades marfileñas para exigir la inmediata liberación de los jugadores. “Detener a un equipo por un fracaso deportivo es una violación flagrante de la autonomía de la asociación de fútbol. Justo en ele momento en el que el mundo mira hacia África, acciones de este tipo causan mucho daño a las estructuras futbolísticas del continente entero”, dijo el suizo, recordando que un hecho de semejante magnitud podría conspirar contra las candidaturas mundialistas de Marruecos y Sudáfrica para 2006.
Los jugadores fueron liberados luego de tensas negociaciones que duraron poco más de una jornada y en las que ofició de mediador Basile Boli, jugador de la selección francesa nacido en Costa de Marfil. “Los jugadores lucían cansados y enojados”, dijo el corresponsal en Abidjan de la cadena BBC, unos de los pocos que presenciaron ese instante.

ENTRADAS SIN SALIDA
La venta de entradas fue una invitación al caos. En los partidos disputados en la sede de Kano, Nigeria, los boletos llegaron a las ventanillas sólo cinco horas antes de los partidos, debido a una huelga de funcionarios. Miles de simpatizantes se apiñaron delante de los puestos de venta, generándose situaciones más propias de cabezas de ganado que de seres humanos.
PROHIBIDO BAÑARSE
Luego del estallido de los reflectores del estadio de Lagos –todo un símbolo de las deficiencias estructurales que ya habían aparecido en el Mundial Sub 20– los inconvenientes continuaron para la selección nigeriana. Los jugadores debieron pagar de sus bolsillos la deuda por la concentración del plantel en el Hotel Sheraton para no ser desalojados del cinco estrellas como delincuentes.
No fueron los únicos que padecieron inconvenientes bochornosos: los jugadores de Zambia, que fueron eliminados en primera ronda, debieron subirse sucios al micro luego de igualar 2-2 con Senegal porque los dirigentes decidieron castigarlos impidiéndoles la ducha. No les importaron los 39 grados e temperatura o haber perdido el vuelo de regreso. Tuvieron que esperar otro avión mancándose el olor a esfuerzo.

ASISTENCIA PERFECTA
El presidente de Camerún, Paul Biya, decretó tres días de feriado nacional para festejar el título y obligó a los jugadores a permanecer en el país para participar de una celebración de gala junto a sus familias. Aunque los clubes europeos reclamaron la restitución inmediata de los futbolistas a través de la FIFA, esto no ocurrió: si ellos le hacían un desplante al presidente, sus familiares podían ser objeto de represalias. Geremi (Real Madrid), Kalla (Extremadura), Lauren y Eto’o (ambos del Mallorca) llamaron a sus clubes y fueron terminantes: “No podemos volver porque no nos dan los pasajes. Vamos a volver cuando nos dejen”.

MI ENFERMEDAD
Sunday Oliseh, capitán de Nigeria y jugador de la Juventud, contrajo un principio de malaria por un virus aún no identificado. Tuvo 40 grados de fiebre y debió ser internado. Su caso reverdeció la polémica sobre las condiciones sanitarias de la región, tan cuestionada por los dirigentes europeos durante la última década. Vale recordad que la FIFA debió suspender la realización del Mundial Sub 17 de 1997 en Nigeria por una ola de cólera. Recién se pudo disputar allí dos años después, previa aplicación de 12 vacunas en las nalgas de los futbolistas. No sólo para prevenir el cólera, sino otra docena de enfermedades.
El debate sanitario también quedó reabierto después de esta edición de la Copa Africana de Naciones. Un torneo repleto de estrellas incipientes, pero jaqueado por la locura desde los cuatro costados.

martes, 8 de enero de 2008

Kaká, o melhor do mundo

Resumen del perfil publicado en la revista Fox Sports, en diciembre de 2007. Pulsando aquí puedes acceder a la versión completa.
Por PABLO ARO GERALDES

Elegido como el número 1 del planeta por la FIFA, el mediapunta del Milan redondeó un 2007 fantástico, con los títulos de la Champions League y el Mundial de Clubes.

El Milan del segundo semestre de 2007 es apenas una caricatura del equipo arrollador que recorrió las canchas de Europa en la primera mitad del año hasta quedarse con el máximo trofeo, el de la Liga de Campeones de Europa. Los rossoneri son una penumbra, aunque mantienen un enorme mérito: es el único equipo italiano que no parece italiano. No hace un culto a la especulación, no acude a las faltas ni se resguarda en defensa.
Entre las sombras reluce un chispazo, una luz de fútbol llamada Kaká. El mediapunta brasileño al que desde hace cuatro años disfrutan en San Ciro le hace bien al fútbol. Cuando toma la pelota se da vuelta, el panorama se despeja y la cancha se le abre. Y él avanza, mirada altiva, con su zancada larga y el balón dominado. Tiene toque y tiene gol, hasta el punto de haber quedado como máximo artillero de la última Champions League.
Fue su elevado protagonismo en el equipo que comanda Carlo Ancelotti el que lo puso como máximo candidato a obtener el Balón de Oro de France Football (votan periodistas de los 53 países que componen la UEFA). Pero va más allá de las fronteras continentales y aspira también al premio mayor de la FIFA, donde está entre los favoritos de los 416 sufragantes: los directores técnicos de las 208 Selecciones nacionales y los 208 capitanes. Claro, no podrá cantar ‘bingo’: ni Dunga ni Lucio pueden votar por él. Sólo un detalle...
Mucho pasó desde que dejó Sao Paulo para iniciar su aventura en el Viejo Continente. El intenso trabajo físico que se desarrolla en el club lombardo le sumó volumen físico a sus condiciones; la mayor resistencia mejoró su juego y no faltan quienes ven semejanzas entre sus movimientos y los del holandés Johan Cruyff.

MÁS RICARDO QUE KAKÁ
El Brasil que conducía Telé Santana brillaba en el Mundial España ‘82 cuando su hermano Rodrigo intentaba pronunciar sin éxito el nombre del nuevo miembro de la familia: "Cacá... Cacá..." era lo más parecido a "Ricardo" que le salía. Desde entonces fue Cacá.
A los 12 años entró al equipo infantil de Sao Paulo. Mientras, seguía destacándose en el once del Colegio Objetivo, con el que ganó la Copa Reebok en un torneo jugado en los Estados Unidos. A los 14, fue bautizado como miembro de la Iglesia Apostólica 'Renascer em Cristo', al tiempo que se acostumbraba a las lentes de contacto para contrarrestar los 2 grados de miopía que tiene en cada ojo.
Su vida cambió el 31 de septiembre de 2000: suspendido por tarjetas amarillas en el equipo junior, aprovechó para visitar a sus abuelos en Goiania. Relajado, fue a una pileta, se tiró por un tobogán y golpeó su cabeza en el fondo de la piscina. Le dieron cuatro puntos de sutura y nadie se preocupó más.
Se entrenó dos veces pero se quejaba de dolores en la espalda. Los médicos del club descubieron que el accidente pudo haber sido muy grave: tenía fracturada la sexta vértebra de la columna y había corrido peligro de quedar parapléjico. Usó casi dos meses un collar cervical y necesitó dos semanas más para retomar su estado físico.
Se acercaba el debut en Primera y uno de los empresarios que manejaba su carrera sugirió retocar su apodo: 'Kaká' tenía mayor atractivo comercial. Igual, a algunos les sigue sonando raro. Luciano Moggi (dirigente de Juventus acusado judicialmente) dijo que su club "no compraría nunca a alguien con ese nombre". Por suerte para los milaneses, sus directivos no pensaron lo mismo.

LA VIDA EN NEGRO Y ROJO
Fue Leonardo, el ex internacional brasileño que trabaja en el Milan, quien se lo recomendó a Silvio Berlusconi, presidente del club. El magnate iba a incorporarlo en enero de 2004 pero tuvo que desenfundar rápido 8 millones de su billetera cuando el Chelsea y el Real Madrid intentaron quedárselo. Los rojinegros lo incorporaron inmediatamente en julio de 2003.
En cuatro años se consolidó de tal modo que hoy pelea con Lionel Messi el trono de mejor jugador del mundo. En mayo, Milan conquistó su séptimo título europeo y Kaká fue el goleador de la squadra. En Italia, un equipo que intenta jugar buen fútbol se destaca fácilmente. Y en medio de la propuesta de Ancelotti, el brasileño ilumina con luz propia. Para el DT es el jugador que más cuesta remplazar: “Antes de hacerlo siempre lo debo pensar mucho, porque hasta en sus días más difíciles es de los que puede resolver un partido con una jugada, un pase”. Ancelotti está convencido de que Kaká será el jugador del año: “Más allá de quién gane los premios, creo que él tiene ventaja por los goles convertidos en la última Champions League”, aseguró. Adriano Galliani, vicepresidente del Milan, va por el mismo lado: “No hay dudas sobre el Balón de Oro, por lo que Kaká hizo y por lo que está haciendo. ¿Quién podría quitárselo? Conquistó la Liga de Campeones, fue el goleador, es el mejor jugador de la actualidad. De no ganarlo sería el fin del mundo, futbolísticamente hablando”, aclaró, algo exaltado.
Otro que se suma al coro es Arrigo Sacchi, ex técnico de la Nazionale italiana y ex director deportivo del Real Madrid: “Para mí, el Balón de Oro irá 99% a Kaká, que ganó la Champions League siendo decisivo”.
Más allá del premio, el mago del Milan sabe que su talento no tiene precio. Cuando Florentino Pérez presidía al Real Madrid de los ‘Galácticos’ bien pudo pagar los 12 millones de euros que valía este juvenil, pero sólo ofreció la mitad.
Lo sucedió Ramón Calderón en el cargo y prometió el fichaje de Kaká apenas asumió. Ofreció 25 millones y no hubo caso. Subió su oferta a 30, y nada. Más tarde se reunió con el agente de Kaká; después con su padre. Puso 40 millones sobre la mesa... 50... 60... Ahora Diogo Kotscho, jefe de prensa del jugador, confesó que la última oferta blanca trepó a 90 millones de euros. Una cifra que acalambraría cualquier mente, pero no inmuta al millonario Berlusconi.
Kaká está por firmar un vínculo de por vida con Milan. Las bases ya están pactadas y solamente falta definir el contrato de imagen. Con 6 millones netos al año, ya es el jugador mejor pagado del calcio, pero lo será aun más: pasará a embolsar 8 millones anuales. En el Milan no quieren que Kaká se vaya y él agradece todos los gestos del club, como el fichaje de Digão, su hermano menor, un zaguero central que la temporada pasada fue cedido al Rimini de la Serie B. Para Kaká, tan apegado a su familia, esta sea quizá la mejor ‘cláusula’, que por cierto es más que un gesto: su hermano cobra más de un millón de euros por año.
Todo parece simple para el jugador más codiciado del mundo. Su pulsera dice “OQJF” (que significa “O que Jesus faria”, traducido: “¿Qué haría Jesus en mi lugar?”) y es una pregunta que se hace día a día, una guía para mantenerse humilde ante el éxito y los halagos. Aunque sea el mejor futbolista del planeta.