viernes, 29 de junio de 2007

Arabia Saudita: ¡El Sub 17 invicto en Argentina!

Versión en español del artículo publicado en la revista Saudi Kicker, en enero de 2007.
Por PABLO ARO GERALDES

Riyadh, Jiddah, Medina, Damman, Mecca... En Arabia Saudita el reloj marca las 2:00 AM del viernes. Mientras sus familias duermen, descansando para una nueva jornada de trabajo, un grupo de adolescentes juega al fútbol animadamente. Disfrutan del balón, ríen... Claro, están lejos de casa. En Buenos Aires, Argentina está por comenzar el verano y ellos aprovechan la última hora del sol para distenderse.
Son los chicos de la Selección Nacional U17, que visitaron Buenos Aires en virtud de un acuerdo entre el Ministerio de Deportes y Juventud del Reino de Arabia Saudita y la Secretaría de Deportes de la República Argentina. Fueron dos semanas de aprendizaje, de compartir experiencias en el país que fue dos veces campeón mundial (1978 y 1986) y cinco veces campeón mundial juvenil. Pero lo que se planificó como un viaje para recoger experiencias, terminó siendo un éxito deportivo: el equipo dirigido por Bandar Juithen empató 1-1 con la Selección Argentina U17, con los juveniles de River Plate (0-0), uno de los clubes más fuertes del país, y venció en la despedida a los jóvenes de Defensores de Belgrano (Segunda División).
Mientras tanto, la delegación saudita se alojó gratuitamente en el CENARD, el centro de alto rendimiento para atletas argentinos. “Fuimos el primer equipo árabe en llegar a Argentina por el acuerdo que firmaron los dos gobiernos, y por eso estamos muy contentos. Este es un gran centro de entrenamiento. Aquí nos trataron muy bien y queremos que esta experiencia sea útil para desarrollar nuestro fútbol”, sintetizó el entrenador.
Kicker: ¿En qué beneficiará al fútbol árabe esta visita?
Juithen: Estamos encarando un proyecto de dos años. Nuestros jugadores son muy jóvenes y, si bien son muy buenos técnicamente, necesitan mucho trabajo, mucho entrenamiento y muchos partidos contra rivales fuertes. Para eso estamos aquí.
-¿Por qué Argentina?
-Argentina es conocida en todo el mundo por su fútbol. Por eso, creemos que esta experiencia será enriquecedora para todos nosotros. Nuestros jugadores aprendieron mucho en los partidos disputados en Buenos Aires. Sabemos que mientras estemos en este increíble país, vamos a ir mejorando día a día.
-¿Pensaban salir invictos del partido contra la Selección Argentina?
-Fue importante, porque nos aportó experiencia. Sabíamos que la Selección Argentina es más fuerte pero planteamos el partido sin temores. Estamos muy conformes con lo realizado y muy agradecidos a Dios.
-Este es el primer viaje del equipo árabe a Argentina, ¿cómo seguirá este aprendizaje?
-Queremos que no sea la última visita. El clima en esta época del año es bastante parecido al de Arabia y el recibimiento que nos dieron fue muy cálido. Por eso, quiero agradecerle al gobierno argentino por hacer posible este acercamiento entre las dos culturas.

Los jóvenes árabes juegan mientras se desarrolla la entrevista. Abdusalam Segnawi, presidente de la delegación, toma la palabra: “Estos jóvenes estuvieron en varios países de Europa y Asia, pero esta estadía en Argentina es muy importante para todos. Por eso quiero agradecer públicamente a la Presidencia de la Juventud. Sultan ben Fahd y Nawaf ben Faisal pusieron mucho esfuerzo”.
Kicker: ¿Qué se llevan de Argentina?
Segnawi: Muchas vivencias, un gran contacto deportivo, el juego, el acercamiento entre los jugadores árabes y argentinos... Es una gran preparación para estos chicos que se acercan a la etapa competitiva; aquí se respira deporte.
-Estos partidos le habrán servido para evaluar, para comparar el nivel con un país teóricamente superior, como Argentina. ¿En qué escalón pone al fútbol árabe U17?
-No debemos olvidar que Arabia Saudita estuvo presente en las últimas cuatro Copas Mundiales de la FIFA, y que ganó tres veces la Copa Asiática de Naciones (1984, 1988 y 1996). En el pasado nos alegrábamos con llegar a competir, pero ya llegamos a un punto en el que queremos ganar. Llegamos a Buenos Aires con mucho respeto, pues la realidad indica que Argentina es una potencia mundial del fútbol. Y los partidos nos dieron una buena imagen, nos volvemos a casa sin derrotas, esto quiere decir que estamos creciendo y si Dios quiere seguiremos avanzando.
-¿Con qué estilo se identifican estos jóvenes?
-Con el latino, absolutamente. El fútbol inglés es muy respetado, lo mismo que el alemán. Pero estos chicos siente el juego de la misma manera que se vive en América Latina: se admira la habilidad, el regate... la alegría de jugar.
-¿Por eso tantos entrenadores de este lado del planeta van a su país?
-Tuvimos muchos técnicos brasileños, como Telé Santana, Carlos Alberto, Didí, ahora Paquetá al frente del Seleccionado Mayor...
-Y también los tuvieron argentinos...
-Claro, ¿cómo olvidarlo? Jorge Solari condujo a la Selección en su primer Mundial, en Estados Unidos 1994; y Gabriel Calderón consiguió la clasificación para Alemania 2006. Nos identificamos mucho con ellos.
-Estos chicos no estarán en el Mundial U17 de Corea del Sur (además del anfitrión clasificaron Japón, Corea del Norte, Siria y Tadjikistán), ¿podrán capitalizar su experiencia en Sudáfrica 2010?
-No lo creo, será muy prematuro. Pero sí imagino a estos chicos con posibilidades de destacarse en 2014. Ojalá ese Mundial se haga en Brasil, será una gran experiencia para ellos.

Los días en Buenos Aires serán inolvidables para estos jóvenes. Pudieron experimentar en su piel el calor del pueblo argentino cuando se trata de pasiones futboleras. Mientras entrenaban y jugaban en la capital argentina, se definió el campeonato local, con una final electrizante entre Estudiantes de La Plata y Boca Juniors. Serán inolvidables también porque se integraron a una rutina de trabajo propia de los jóvenes argentinos y porque muy pocos creían que tomarían el avión de regreso sin conocer la derrota.
Cuando el pequeño Leandro Basterrachea marcó el 1-0 para el U17 de Argentina, algunos pensaron que era imposible revertir el resultado. Pero en el descanso los rezos dieron más confianza al equipo árabe que terminó empatando por medio de su figura, el delantero Raqui Fallatah.
La tarde del 0-0 ante River Plate la estrella saudí fue Sultan Khalaf Mohamed, mediocampista.
Y la felicidad fue completa cuando Yahya Dagriri marcó el gol de la victoria sobre Defensores de Belgrano. Arabia Saudita vencía 2-1 (el primer gol del partido la había anotado Fallatah) y a 10 minutos del final los chicos locales tuvieron una gran chance con un penal, pero el arquero Abdullah Aldusari se lo detuvo a Cristian Platero.
Al concluir este último partido, los jóvenes compartieron bonitos momentos junto a sus anfitriones. Raúl Araya, Director Nacional de Deporte de Argentina anunció: “vamos a continuar desarrollando este convenio con Arabia Saudita a lo largo del año 2007”.“Esta visita fue muy positiva, porque todos saben lo importante que es la Argentina en el aspecto futbolístico. Estos partidos que jugamos fueron muy beneficiosos para el desarrollo y el crecimiento de nuestros jugadores, que son muy jóvenes y tienen una gran futuro”, sintetizó Segnawi, rodeado de personal de la embajada de Arabia Saudita y con la alegría de muchos de los miembros de la numerosa y querida comunidad árabe en la Argentina.

Saudi Arabia U17 National Team scores against argentine Defensores de Belgrano, in Buenos Aires.

sábado, 23 de junio de 2007

Brasil no es invencible


Artículo publicado en la revista Fox Sports, en mayo de 2006.

La mayor parte del planeta espera otro título para los pentacampeones pero son ellos mismos quienes encendieron la luz de alerta.
Fox Sports consultó a referentes de la Selección Brasileña que señalan cuáles pueden ser las claves para derrotar al equipo más poderoso del mundo.

Cuando se avecina un Mundial empiezan a rodar los pronósticos y a barajarse los nombres de los favoritos al trofeo. Pero nada mejor que las apuestas para cuantificar la valía de los candidatos. Cuando hay dinero de por medio, nadie arriesga sin fundamento, los augurios aventurados dejan paso a las especulaciones matemáticas y allí Brasil es el número uno indiscutido. Por cada dólar apostado pagará cuatro si es campeón mientras, por ejemplo, Inglaterra premiará con 8 billetes verdes, Argentina 10, Croacia 67, Paraguay 151 y Trinidad y Tobago 1.001.
Hay consenso: Brasil es la mejor selección del mundo, y no porque lo diga el ranking de la FIFA. Sobre el césped despliega un arsenal de nombres que muchos envidian y muy pocos podrían igualar: Ronaldinho, Ronaldo, Kaká, Adriano, Robinho… Cada aparición se hace temible y el favoritismo creció hasta el punto de moldear una imagen de equipo imbatible. Es el actual campeón del mundo, posee la Copa América, conquistó la Copa Confederaciones… El camino desemboca casi irremediablemente en un nuevo festejo con fecha 9 de julio, en Berlín.
Pero no. La mecha la encendió Frank Farina, ex entrenador de Australia, al conocer en el sorteo que el pentacampeón será rival de su país: “Brasil es invencible, imparable e insuperable. ¡Mentira! Son mitos asociados con un equipo cuyo aura supera a la de muchos rivales antes de salir a la cancha. Pero a Australia no le impresionará nada de esto”. Detrás del australiano se desencadenó una corriente analítica y la conclusión deja lugar a un Mundial más emocionante: Brasil no es invencible, tiene sus puntos débiles, los propios expertos brasileños los señalan. Y el repaso de la estadística permite abrir una puerta a la esperanza del resto de los competidores. En dos años, el Scratch perdió cuatro partidos, ante cuatro selecciones latinoamericanas. El dato no es casual y da pie a buscar cuál es el estilo de juego que puede golpear al pentacampeón.
Cualquier selección debe respetar a Brasil, pero solamente podrá superarla una con categoría y determinación, que le juegue de igual a igual. Las precauciones no sirven para nada”, sintetiza Sebastiao Lazaroni, técnico brasileño en Italia ‘90. El ex timonel apunta que “el punto débil de este equipo es el poco tiempo de preparación y la falta de más amistosos”.
Cesar Sampaio, volante central del equipo subcampeón en Francia ’98, coincide en parte con Lazaroni: “Si tienes calidad, a Brasil hay que jugarle de igual a igual, no dejarle tener un hombre de más en ninguna jugada. Y, con el balón, no hay que temer atacarlo. Inglaterra, Argentina, Alemania no tienen problemas, Japón se animó en la Copa Confederaciones y casi gana, México se atrevió y venció”. Aunque aclara que “el Mundial es más cerrado”, pone como ejemplo la final perdida en 1998: “Más allá del problema que tuvimos en el vestuario, con la descompostura de Ronaldo que nos desconcentró, Francia, que estaba ajeno a eso, entró a jugar con determinación y nos ganó. Está demostrado que el equipo invencible no existe”.
Para Jairzinho, la verdeamarelha modelo 2006 es superior a aquella que él integró junto a Pelé y que consiguió la copa en 1970, y supone que si tuviera que dirigir a un equipo rival “procuraría no dejarlo jugar, porque tiene primer nivel en todo el terreno. Mi única preocupación está en los laterales, porque tanto Cafú como Roberto Carlos ya no tienen el ritmo de sus años anteriores”. Jairzinho hundió el dedo en la herida que hoy es polémica en todo Brasil, desde que la tapa de la revista Placar titulara: “Peligro: la mala cara de este trío amenaza al hexa”. La imagen muestra los rostros con gesto adusto del arquero Dida y los laterales Roberto Carlos y Cafú. Arnaldo Ribeiro, editor de esa publicación, señala que la zaga es el punto flaco de este equipo, la preocupación de los aficionados brasileños. “Empezando por el golero Dida y los centrales Lucio y Roque Junior, pero sobre todo el problema está en la decadencia física de los laterales Cafú y Roberto Carlos. Ya está demostrado que no son tan incontestables como se cree”, destaca el periodista.
Pero el entrenador Carlos Alberto Parreira saltó en defensa de sus dirigidos: “La gente quiere ver problemas donde no existen. Son jugadores que tuvieron un nivel formidable por años y los ponen en discusión por pocos errores. Lo que importa es llegar en forma cuando sirve”.
Lo cierto es que los nombres de Cicinho, por derecha, y Gustavo Nery, por izquierda, suenan cada vez más fuerte para quedarse con los puestos de los históricos laterales. Y detrás del arco forman fila Julio Cesar y Marcos para adueñarse de la camiseta número 1.

Las derrotas enseñan
En los últimos 30 meses Brasil jugó 40 partidos y solamente perdió 4. Y no es casual comparar la identidad de esos cuatro vencedores, cuatro seleccionados que estarán presentes en Alemania 2006. Paraguay, Ecuador, Argentina y México, países latinos con matices diferentes en su filosofía de juego, pero que a la hora de enfrentar al poderoso gigante lo hicieron con una convicción común. Dejaron de lado complejos y entregaron todo, sabiendo que no se puede ahorrar ni una gota de sudor ni un segundo de concentración.
Cesar Sampaio se retiró en 2004 y actualmente es comentarista de radio en Sao Paulo. En su visión, estas caídas no son tan preocupantes de cara al Mundial: “Ecuador clasificó como local, pero afuera no ganó ni un partido. Paraguay es un equipo difícil y México evolucionó mucho; aunque del medio para adelante es poderoso, no tiene una defensa tan fuerte. Y, en el caso de Argentina, Brasil sufrió por 30 minutos bravos en los que se fue 0-3 y luego se le hizo muy difícil remontar el resultado”. Pero aclara que “las Eliminatorias son otra cosa. Los viajes, la superposición de torneos locales, Champions League, copas, hacen que los jugadores lleguen a reunirse a pocas horas de los partidos y no haya tiempo para ensayar nada. En un Mundial la cosa cambia”.
Las opiniones brasileñas coinciden en señalar a la Argentina como el rival más difícil. Actualmente ningún equipo del planeta puede plantarse ante Brasil a desplegar el juego que más le duele, con la pelota dominada contra el piso, pases cortos, cambios de ritmo y un repertorio de argumentos como para sorprender. Parreira lo sabe, los hombres de celeste y blanco fueron protagonistas junto a Brasil de las finales de los dos torneos más importantes de los últimos dos años: la Copa América y la Confederaciones. Brasil salió victorioso en ambas (por penales en Perú 2004 y con un arrollador 4-1 en Alemania 2005), pero no olvida el triunfo argentino por las Eliminatorias, donde los dirigidos por José Pekerman alcanzaron su pico más alto: “Argentina es nuestro principal adversario, con el cual existe un altísimo respeto emotivo porque muchas veces no hemos sabido vencerlo".
El estratega sabe que Alemania 2006 puede ser testigo de una nueva edición del máximo duelo sudamericano y prefiere palabras prudentes. Jairzinho agrega: “El único país sudamericano que hoy por hoy puede vencer a Brasil es Argentina, porque además de basar su juego en el talento es fuerte y disciplinado”.
Otra camiseta que a Brasil no le causa simpatía es la mexicana. Ricardo La Volpe, técnico del Tri, sostiene que “ya no existen equipos invencibles. Brasil es ofensivo, pero cuando lo atacás, se trata de un equipo como cualquier otro que también tiene que defender”. Y explicó que, en el triunfo logrado en la Copa Confederaciones ,“México fue fiel a su manera de jugar, sin importar que el adversario sea Dominica (país al que le marcó 18 goles en la Eliminatoria) o el campeón mundial. Esto nos da confianza para no ver a los rivales como gigantes y mantener nuestro estilo ante las grandes selecciones. Por eso, antes del partido les dije a mis jugadores que, más que ver a Brasil, viesen en la cancha a Dominica”. El plan de La Volpe funcionó. Como dijo después el arquero mexicano Oswaldo Sánchez, “Brasil siempre es Brasil, aunque se le puede vencer. Es cuestión de ser inteligentes, no se le debe proponer el juego a lo tonto. Ellos se defienden peor que Argentina”.
Para ahondar el karma azteca, México venció a Brasil 3-0 en la final del Mundial Sub 17 de 2005, pero esa es otra historia.

La hora de la verdad
Al saberse los rivales, además del comentario envalentonado de Farina, surgieron las frases más analíticas y también las etiquetas de siempre: que Argentina tiene el ‘grupo de la muerte’, que México ‘se ganó la lotería’… Lo cierto es que a Brasil le tocaron tres rivales que, pese a su crecimiento reciente, no tienen tradición mundialista. Sin embargo, para Lazaroni “el Grupo F no es tan fácil como la gente piensa. Croacia es el rival más rico de la zona, con fuerza física y talento individual. Japón creció de la mano de muchos brasileños que trabajan allí; y Australia sigue el estilo holandés de su entrenador y juega bien”.
El debut será ante los croatas, que clasificaron invictos y despliegan un fútbol de notable poderío físico sin resignar la fantasía: manejan la bola contra el suelo y también son temibles en el juego aéreo, por su gran promedio de altura. Para Jairzinho, “Croacia tiene problemas administrativos, si no crecería más todavía. Es un rival muy fuerte. En los mundiales demostró estar a la altura del evento”.
El segundo compromiso, ante Australia, tendrá un estilo europeo de fuertes marcaciones y rápidos contragolpes. “Hizo una gran demostración de voluntad, pudimos verlo en el repechaje contra Uruguay. Es un equipo que merece cuidado y respeto”, apunta Jairzinho.
Cesar Sampaio jugó 6 años en Japón, el tercer rival, y lo conoce bien: “Este es su tercer mundial consecutivo y ya tiene a varios jugadores en ligas europeas, como Nakata, Nakamura e Inamoto en Inglaterra, Okubo en España, Takahara en Alemania, Oguro y Matsui en Francia, y la lista sigue”. Sin exagerar el potencial de los nipones, en la última Copa Confederaciones empataron 2-2 con Brasil y le complicaron la vida a la defensa. Cicinho jugó ese partido y opina que Japón “tiene todo como para poner en aprietos al Scratch nuevamente. Va a ser nuestro rival más complicado. Además tiene la ventaja de contar con un DT brasileño que nos conoce muy bien”.
Pese a lo que se explique de sus adversarios, Brasil es candidato a ganar la zona. Y entre sus torcedores la confianza va en aumento. Por eso, Parreira prefiere cubrirse ante tanta euforia: "Aún no ganamos el Mundial; me acuerdo que en España ‘82 teníamos una selección tan fuerte como la de ahora y ni siquiera llegamos entre los primeros cuatro".
¿Cómo harán para vencer a Brasil? Jairzinho dice que le gusta “la disciplina”, pero más “la técnica. Mientras los rivales insistan con un esquema 5-4-1 no podrán ganarle. Brasil es el único equipo del mundo que juega con cinco delanteros. Por eso, Parreira debe seguir planteando un equipo ofensivo; la prudencia excesiva de los rivales beneficia a Brasil, todos lo esperan en el fondo de la cancha”. La clave está, pero requiere de equipos audaces, de entrenadores con mentalidad ganadora. Las tácticas conservadoras no resisten la calidad de los brasileños.

En el resto del mundo todos buscan la fórmula para derrotarlo, para impedir que ese penta se convierta en hexa. El técnico español Luis Aragonés afirma que “Brasil no es invencible; sufre cuando le sacan la pelota. Eso sí, para ganarle hay que jugar al 110 por ciento. Puede ocurrir en un partido, como en un Mundial, aunque será difícil que pase dos veces"
Carlos Bilardo, viejo estudioso de las tácticas, no anda con vueltas: “De la mitad para arriba, Brasil te cocina, pero le falta un organizador de juego como Riquelme. No son invencibles”. Hay un enorme respeto, pero no miedo. Try Bennett, lateral derecho de Costa Rica, ya sufrió el poderío verdeamarelho en 2002 y en la Copa América 2004. Sabe de qué habla, pero insiste en que “pese a ser una potencia se le puede ganar, con personalidad y arriesgando más al ataque. Brasil no aprieta mucho en la marca, así que con el balón se le puede hacer daño. Para defenderse hay que esperarlos bien escalonados y ser siempre dos contra uno de ellos”.
La teoría suena bien, el punto es que hacen falta hombres de alto talento. Las palabras proponen tácticas, anticipan temores, le buscan la vuelta a un rival que atemoriza… El martes 13 de junio, cuando la pelota se eche a rodar en Berlín, Croacia tendrá la primera misión de demostrar que Brasil no es invencible.

Aunque este artículo fue previo al Mundial 2006, los conceptos tácticos son aplicables al Brasil que disputará la Copa América en Venezuela.
Francia eliminó a los brasileños de la Copa del Mundo con los mismos argumentos que utilizaron los demás equipos latinos que pudieron derrotarlos: circulación de la pelota, dominio técnico y vocación ofensiva. Está demostrado: Brasil no es invencible.

miércoles, 20 de junio de 2007

Boca Juniors: hexacampeón de América

Boca Juniors, por sexta vez ganador de la Copa Libertadores de América.


Boca Juniors (Argentina), six time South American champion.



La noche más larga del año en el hemisferio sur fue a puro festejo en Buenos Aires y en cada ciudad y pueblo de la Argentina.
Con esta victoria Boca Juniors clasificó al Mundial de Clubes de la FIFA que se realizará en diciembre en Japón.

martes, 19 de junio de 2007

Carlos Cavagnaro - El trotamundos del fútbol


Artículo publicado en la revista Kicker-China, en agosto de 2005.
Por PABLO ARO GERALDES

El Salvador ya había quedado eliminado de la competición preliminar camino a Alemania 2006 y decidió dar un cambio de rumbo a su equipo nacional. Y convocó para esa tarea al argentino Carlos Cavagnaro, un entrenador de 59 años que acumula décadas de experiencia dirigiendo equipos de fútbol en países de las más diversas culturas.En total, Cavagnaro dirigió partidos de fútbol en más de cien países recopilando anécdotas y vivencias como las que cuenta en esta divertida charla. Pero decenas de entrenadores recorrieron los rincones más lejanos y extraños del planeta llevando su enseñanza del balón. ¿Qué tiene de especial Carlos Cavagnaro?
La historia de su récord comienza a fines de los años 60, cuando era jugador juvenil de Vélez Sarsfield y sufrió una lesión que lo marginó definitivamente del juego. La noticia de los médicos era muy triste, pero decidió que nada lo separaría del fútbol y siguió trabajando en el club, como asistente del entrenador Victorio Spinetto, uno de los viejos maestros del fútbol argentino. Y muy pronto, en 1969, entraría al libro Guinness como el entrenador más joven de la historia, al tomar la conducción de Argentinos Juniors con 22 años.En ese equipo, que debutó ante el gigante River Plate, hizo debutar a un chico de 18 años llamado José Pekerman, quien hoy es el entrenador de la selección argentina. Con el correr de los años se convirtió en su consejero y amigo. Y tenía un “colaborador” muy especial: entre los niños que recogían los balones al costado del campo había uno bajito y gordito que se llamaba Diego... Diego Maradona. “Los domingos era la mascota del equipo”, recuerda Cavagnaro.
Su estilo marcó un cambio. Además de sus conocimientos de fútbol, es un hombre de amplia cultura (es dueño de un colegio con extensión universitaria) y siempre aplicó la psicología en sus equipos: por sobre todas las cosas es un innovador, un motivador de los grupos.Pasó a México, donde obtuvo dos diplomas, de entrenador y de árbitro, y a los 24 años comandó toda la organización deportiva de la UNAM, con 720 equipos a su cargo y al frente de 22 entrenadores. Lo curioso es que siempre daba órdenes a hombres más grandes que él.
Pasó por varios clubes de Argentina y marcó el debut de decenas de jugadores jóvenes, entre ellos Calderón y Anzarda, quienes hoy son los entrenadores de Arabia Saudita, equipo al que clasificaron para Alemania 2006.
Obtuvo también su título de director técnico en Inglaterra y recorrió el mundo descubriendo jugadores y llenando sus valijas de historias. Como cuando logró la medalla de bronce panamericana con Guatemala: “el gobierno nos premió con un viaje a las ruinas de mayas de Tikal. Como no iba ninguna línea aérea, fuimos en un avión del ejército: un Fokker en el que nos sentamos todos contra el fuselaje. En pleno tour, empezaron a sonar unas ametralladoras: los guerrilleros nos habían confundido con militares y nos salvamos de milagro”.
Tantos viajes y culturas diferentes dan como resultado vivencias inolvidables, como la que ocurrió en Moscú, en la época de Leonid Breznev: “Ya habíamos visto todos los museos y lugares históricos, y estábamos aburridos. Se nos ocurrió entonces armar un partido de fútbol informal en la plaza que estaba frente al hotel. Claro, era la Plaza Roja y estaba cubierta de nieve. El seis contra seis con el Kremlin de fondo fue inolvidable”.
-¿Qué alegrías le dio el fútbol?
-Muchas, algunas inmerecidas. Por ejemplo, cuando dirigía a Vélez Sarsfield fuimos de gira a Haití, donde nos esperaba el coche presidencial y una multitud en las calles, con banderas. Saludábamos a la gente y después nos enteramos que el pueblo no había ido a recibir a un equipo de fútbol, sino que creían que yo era el presidente de Argentina.
-¿Cómo fue su paso por Asia?
-Dirigí a la selección de Filipinas, en 1989. Y conseguimos la primera victoria de la historia, ante Vietnam.
-¿Estuvo en China?
-Sí, jugamos cuatro partidos con los filipinos, en cuatro ciudades diferentes.
-¿Qué recuerdos guarda?
-En lo futbolístico logramos que Filipinas marcara un gol después de 720 minutos. Pero la sensación más fuerte fue el día que visitamos la Gran Muralla, me temblaron los pies, estaba pisando seis mil años de historia...
-¿Qué conoce del fútbol chino?
-Mucho. Nada de lo que pasa es casualidad. Por esos años estaba surgiendo y hoy es una realidad: tiene fuerte presencia en los torneos juveniles, en el último Sub20 de Holanda mostró un equipo poderoso y hay buenas expectativas para el Sub17 en Perú. Entre los mayores, ya consiguió su primera participación en la Copa Mundial y estará ausente en 2006 por un extraño resultado entre Kuwait y Malasia, fue una eliminación injusta.
-¿Cómo ve el futuro?
-Li Weifeng y Li Tie ya exhibieron su poder en Inglaterra; Li Jinyu me gusta mucho y sobre todo Shao Jiayi, un artillero de clase internacional y lo demuestra en el Munich 1860. Si China logró semejante progreso cultural, industrial y deportivo, ¿cómo no va a crear un equipo de fútbol poderoso?

sábado, 16 de junio de 2007

Afganistán: Jugar con fuego

No es nada sencillo vivir en Afganistán. Y mucho menos practicar deportes. Por empezar, el país dominado por los talibanes es el único miembro de la FIFA que no compite y fue excluido del Comité Olímpico Internacional. Las reglas internas son tan estrictas que ningún occidental se animaría a pisar una cancha.
Artículo publicado en la revista El Gráfico, en octubre de 2001.
Por MARTÍN DE ROSE Y PABLO ARO GERALDES

Si algo caracterizó a los años 80 fue la tensión mundial por la Guerra Fría, que enfrentaba a los Estados Unidos y el Occidente capitalista con el bloque soviético comunista. En 1980 todo estaba listo en Moscú para el comienzo de los XXII Juegos Olímpicos. Pero la crisis política tenía efectos en el deporte: el gobierno estadounidense de Jimmy Carter encabezaba un boicot en protesta por la invasión soviética a Afganistán, en 1979, que intentaba reforzar su posición en el país para construir un bloque en esa zona asiática.
La dictadura de Videla en la Argentina –un país “profundamente anticomunista”, según el canciller Carlos Pastor–, le ordenó al coronel Antonio Rodríguez, presidente del Comité Olímpico Argentino, sumarse a la movida norteamericana. La delegación argentina no fue a Moscú, igual que otros 59 países.
Los atentados terroristas del 11 de septiembre contra los Estados Unidos colocaron otra vez a Afganistán en el centro de la escena y en la mira de las fuerzas militares de Occidente, ya que ese país asiático refugia al multimillonario líder saudí Usama Ben Laden, sospechado de idear los ataques, según imponen las cadenas televisivas internacionales. Pero, ¿qué espacio tiene el deporte en Afganistán? ¿Cómo lo toman los talibanes, el grupo fanático que reinterpretó el Islam? ¿Por qué es el único miembro de la FIFA que no participa en competencias oficiales? ¿Por qué el Comité Olímpico Internacional le prohíbe participar de los Juegos Olímpicos? ¿Cuáles son sus deportes?
Afganistán, un país sin tradición en los deportes clásicos, participó por última vez de un Juego Olímpico en Atlanta 96 con una reducida delegación. Coincidentemente con el fin de aquellos juegos, la milicia extremista islámica talibán tomó el poder. Este grupo, integrado básicamente por jóvenes, todos varones, no se lleva bien con el deporte, y el mundo deportivo tampoco los digiere.
La FIFA tiene 204 miembros pero en su ranking mensual aparecen 203. El que falta es Afganistán, por no tomar parte de competencias oficiales. El último partido de su selección fue el 20 de septiembre de 1984: 0-0 ante Hong Kong por la eliminatoria a la Copa de Asia. Desde entonces el fútbol se fue convirtiendo en una práctica cada vez más extraña, hasta que en 1994 fue prohibido. La razón, si así se la puede llamar, se remonta a un incidente ocurrido en la guerra de Karbala en el siglo VII. Fue cuando los cristianos vencieron a los musulmanes y cortaron las cabezas de sus héroes Hassan y Hussain –hijos de Alí, uno de los discípulos preferidos de Mahoma– y se divirtieron pateándolas, como en el fútbol. Los talibanes, que analizan con un rigor particular el Corán, determinaron que no era apropiado permitir un deporte que “rememore” aquel episodio.
La veda duró hasta octubre de 1997 cuando promulgaron decretos que imponían al deporte su propia interpretación de los textos sagrados. Para conmemorar el primer aniversario de la caída de Kabul, la capital, organizaron un gran show deportivo en el que intervinieron 3000 atletas (todos varones, claro, ya que las mujeres, entre innumerables prohibiciones, no pueden hacer deporte).
El fútbol volvió, sí, pero adaptado a la visión talibán. Un edicto del Departamento de la Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio impuso el rezo en las horas estipuladas por el islam también en los espectáculos públicos. Así un partido puede interrumpirse las veces que haga falta para las plegarias. Jugadores y público oran arrodillados.
En medio de la represión creciente, el 27 de julio último (2001) unos 50 mil hinchas silbaron y aplaudieron en un partido de fútbol en Kabul. Esto, normal en Occidente, en Afganistán es un desafío a la autoridad. Uno de los citados decretos religiosos determina que los espectadores sólo tienen permitido gritar “Alá-o-Akbar” (Dios es Grande). “Fue la máxima concurrencia a un estadio desde que los talibanes ascendieron al poder”, explicó Ahmad Zadran, jefe de la Federación Afgana de Fútbol.
Cuando se volvió a permitir el deporte la ONU reconstruyó una tribuna del bombardeado estadio de Kandahar, donde los talibanes tienen su sede. Para inaugurarlo no hubo desfile, ni fuegos artificiales... ni siquiera partido. Diez mil espectadores siguieron en silencio la ejecución de un preso bajo el travesaño de un arco. La interpretación severa de la ley hace que los culpables de algún delito paguen con su cuerpo. Una mujer que salga a la calle sin su marido o hermano puede recibir azotes; lo mismo si no viste su burqa (túnica) o se le ven los tobillos. Las infieles pueden ser lapidadas y una mujer que se pinte las uñas será condenada a la amputación de sus dedos. Un ladrón inexorablemente perderá sus manos o sus pies, según el grado de reincidencia, y los delitos más graves conducen a la horca, la decapitación o un tiro de gracia. Estas ejecuciones y amputaciones son el “espectáculo” público que congrega más público en Afganistán.
Jaque mate al deporte
Afganistán no pudo participar en Sydney 200 porque el Comité Olímpico Internacional suspendió al país en 1998. En agosto del año pasado los líderes talibanes solicitaron al COI, mediante un escrito, que sus atletas sean invitados a participar “como mensajeros de paz”. El ministro de Deportes Shakur Muttmain dijo que supondría “una gran decepción” para sus deportistas quedar fuera de la competencia. Y lo fue. Pocos días antes de iniciarse los Juegos, la policía de Nueva Zelanda detuvo a un grupo de integristas afganis sospechados de planear un atentado en Sydney, aparentemente impulsados por Ben Laden.
Los afganos se habían entrenado en lucha libre, boxeo, fútbol y atletismo. Y según Mohammad Khaled, secretario general del Comité Olímpico local, esa marginación suponía que “los deportes podrían colapsar en el país y los atletas, abatidos, podrían caer en la droga”. Ghulam Dastgir, miembro del equipo de lucha, se lamentó: “Pasé meses trabajando duro, pero no me sirvió para nada”.
Uno de los deportes que más sufre con el régimen es el ajedrez. Miles de civiles afganos sufrieron el exilio por jugarlo. Durante las Olimpíadas de Ajedrez de 1996 en Ereván, Armenia, el equipo afgano fue admitido a mitad de competencia. Para llegar al torneo los seis ajedrecistas debieron huir durante 10 días en un micro por Uzbekistán y Turkmenistán. Los talibanes recién habían tomado Kabul y asesinado al presidente Najibulá cuando, entre otras medidas, prohibieron los tableros. Mohammad Qasim Ghosi y sus cinco compañeros tenían un equipaje mínimo: alfombras de cuya venta pensaban sobrevivir en el exilio.
Ghosi explicó que la presencia en Armenia “es un testimonio de la dignidad del pueblo afgano. El ajedrez, mezcla de cultura, arte, deporte y ciencia, es un símbolo y era una materia obligatoria en nuestras escuelas. En una competencia se comparte con otras culturas y religiones. El ajedrez es la antítesis del régimen talibán”.
La Federación Afgana de Ajedrez funciona en el exilio. Su secretario general, Ajmal Jamshidi, es uno de los refugiados que vive en Ámsterdam y resume: “En 1994 había unos 20 mil ajedrecistas activos en mi país. Muchos de ellos huyeron. De los que quedaron, 1900 fueron detenidos por actividades políticas o simplemente por jugar torneos clandestinos. Nos consta que fueron torturados y que doce de ellos murieron en el arresto. Todos los clubes de ajedrez fueron destruidos. Los tableros, las piezas y los relojes se vendieron en Pakistán, y los libros técnicos fueron quemados”.
Según el diario español El País “la prohibición del ajedrez, como también ocurrió en Irán durante el liderazgo de Khomeini, se basa en una interpretación radical del Corán y de la ley islámica que prohíbe la representación de figuras humanas o animales y relaciona al ajedrez con los juegos de apuestas, el alcohol y el abandono de la oración”.
Los años de dominación inglesa dejaron en el país cierta pasión por el cricket. En mayo pasado un grupo de hinchas despidió en el estadio Rawalpindi a la primera selección de cricket que salía de gira al exterior. Esa vez se “toleraron” algunos aplausos. “Espero que un día juguemos con Inglaterra en Lord’s –la catedral del cricket–”, se ilusionaba Allahdad Noori, capitán del equipo. Un sueño remoto, aunque el régimen talibán presiona para ser reconocido por la International Cricket Council.
Los jugadores de este seleccionado fueron elegidos de equipos provinciales, pero la realidad es que la mayoría vivió mucho tiempo como refugiada cerca de la frontera paquistaní. Todos pertenecen a la etnia pashtuns, la tribu afgana dominante de la cual surgieron los talibanes. Ninguno de los integrantes del plantel es de la minorías tajikas, uzbekas y hazaras, que son insistentemente perseguidas. El propio Noori vivió 18 años en Peshawar, donde reside de la mayor población afgana de Pakistán. “Ahora lo importante es promover el deporte -dice-. Queremos que el mundo sepa que los afganos también podemos hacer deportes”.
Uno de los impedimentos difíciles de salvar es el de la indumentaria: los deportistas no pueden vestir camisetas de manga corta o shorts. Al equipo de cricket le llevó varias discusiones convencer al régimen para que les permitieran jugar con ropa deportiva en lugar del shalwar kamiz, la holgada y tradicional prenda afgana.
Los que no se van a olvidar más de la rigidez de estas normas de vestuario son los futbolistas de un equipo juvenil pakistaní que realizó una gira por Kandahar, en el sur de Afganistán. El 15 de julio del años pasado (2000) fueron arrestados y rapados tras cometer el “error” de jugar en pantalones cortos. Soldados talibanes irrumpieron con armas en el amistoso, ofendidos por las piernas expuestas de los visitantes. “En el futuro habrá un código para los equipos visitantes”, prometió el ministro Muttmain. Por el contrario, en 1998, tres boxeadores talibanes no pudieron pelear en Pakistán porque se negaron a cortar la barba, prohibida por los reglamentos internacionales.
En el origen de algunos deportes, Afganistán tuvo cierto protagonismo. Dos teorías bien distintas sobre las raíces del básquet y del pato, respectivamente, advierten sobre los antecedentes en el buzkashi, el deporte nacional afgano. En este juego con caballos la única regla es embocar un cordero muerto en un círculo ubicado en el piso. Para practicarlo se elige a los chavandozlar (jinetes) entre los hombres más fuertes y salvajes de cada pueblo. Algunas escenas se ven en la película Rambo III.
El dogmatismo talibán atrasó la práctica del deporte en un país escaso en atletas. Un símbolo de este anclaje en el paso fue el fondista Baser Wasiqui, que en el Maratón de Atlanta 96 clavó un tiempo de 4 horas, 27 minutos y 17 segundos. Llegó último, empleando casi el doble de tiempo que el argentino José Luis Molina, que llegó en el puesto veinticuatro.

martes, 12 de junio de 2007

Copa América 2007: ¡A ganarla!


Artículo publicado en la revista Fox Sports, en mayo de 2007.
Por PABLO ARO GERALDES

Después de varias ediciones en las que los principales países menospreciaron al torneo, la Copa América recupera en Venezuela su brillo histórico, con selecciones que van con todo su potencial.

Presentarse con un equipo “B” en un torneo continental de la trascendencia de la Copa América es un insulto a los aficinados, una falta de respeto a la historia y un desprecio al fútbol todo. Ya son conocidas las excusas de las estrellas, que sienten todo el cansancio de la temporada cuando llega el momento de vestir la camiseta de su Selección, fatiga que no registran cuando engrosan sus billeteras representando a sus clubes. Los futbolistas tienen sus razones para pedir un descanso (como el que le solicitaron Ronaldinho y Kaká al entrenador Dunga, tras dos años de jugar sin parar), pero no deben olvidar que el prestigio y los privilegios que hoy en día gozan nacen a partir del sostén de la afición.
En la última década, la Copa América fue tomada por varios directores técnicos como un estorbo en medio de las Eliminatorias mundialistas; esta vez no será así. Reprogramada de acuerdo al nuevo calendario de la FIFA, la cita continental será previa a los juegos preliminares a Sudáfrica 2010 y representa una excelente oportunidad para poner a punto lo mejor de cada Selección.
Búsqueda de revancha, necesidades de victoria, entrenadores obligados a demostrar su real valía, confirmaciones de un crecimiento, intento de despegue... Cada uno de los doce países tiene su motivo íntimo para ir a Venezuela con lo mejor de su fútbol. Vale entonces el repaso a las diferentes situaciones que le pondrán emoción al verano venezolano.

ESPINAS CLAVADAS
Hubo dos Seleccionados que fueron al Mundial de Alemania con un auténtico cartel de candidato: Brasil y Argentina figuraban arriba en todas las encuestas y también en las apuestas. Por ello, la eliminación de ambos en cuartos de final alimentó una incontestable sensación de fracaso. En Brasil, Carlos Alberto Parreira le dejó su lugar a Dunga; y en Argentina fue Alfio Basile quien regresó para remplazar a José Pekerman. Los dos nuevos DT tienen la imperiosa necesidad de retomar la senda del éxito.
Los argentinos no levantan un trofeo desde 1993. El último festejo fue en la Copa América organizada por Ecuador, cuando fueron comandados por el mismo Basile. El Coco, como lo llaman, trabaja con 21 futbolistas del medio local, pero promete juntar todas las piezas en Venezuela: “Voy a elegir a los 22 mejores para la Copa América. Eso sí, argentinos son todos: los que están en México, en Alemania, en Portugal... Yo veo todo, sé todo”.
Con una lista de nombres envidiable para formar el equipo, Basile comenzó su ciclo con dos caídas, ante Brasil y España. Estos resultados minaron la confianza pero la victoria sobre Francia en París recuperó los ánimos. Más allá del absurdo (y efímero) primer puesto en el Ranking FIFA, Argentina no es ni el mejor del mundo ni un rival para confiarse. Por estos días, Basile está dibujando en su mente el esquema que utilizará en Venezuela.
Es un ancho abanico de variantes que en sus extremos tiene a un equipo de estrellas consagradas en Europa y, en el otro, a una oncena de futbolistas que brillan en el Torneo Clausura del fútbol argentino.
En ambas opciones hay nombres de peso. Por un lado están Hernán Crespo, Javier Saviola, Javier Zanetti, Roberto Ayala, Esteban Cambiasso y varios consagrados en los más ambiciosos clubes del Viejo Continente. Por el otro, hay destaques defensivos como Hugo Ibarra (Boca Juniors) o Jonathan Bottinelli (San Lorenzo), creadores de juego como Daniel Montenegro (Independiente) o Fernando Belluschi (River Plate) y potencia goleadora en los pies de Mariano Pavone (Estudiantes de La Plata) y Rodrigo Palacio (Boca Juniors). Todos amalgamados en la visión colectiva de Juan Sebastián Verón, un tiempista de lujo con ganas de revancha en su Selección.
Del lado de Brasil, Dunga va por su primera gloria y también desea formar al equipo más competitivo que pueda: “Las puertas de la Selección están abiertas a todos (incluido Ronaldo). Estaré observándolos”, sentenció; pero dejó en claro que el Scratch está antes que las individualidades: “Pueden jugar como un equipo si están dispuestos a sacrificarse por el conjunto”.

LA HORA DE VOLVER
Uruguay y Colombia sienten necesidades similares: ausentes en Alemania 2006, tienen en Venezuela la oportunidad de lanzar nuevos procesos que abran lugar a la ilusión. Oscar Washington Tabárez y Jorge Luis Pinto deberán revertir la pálida imagen que sus Selecciones vienen dando en los últimos años.
El Maestro, como apodan a Tabárez, prefiere el perfil bajo, pero los números de su proceso son alentadores: jugó 11 partidos de los cuales ganó 8, empató 1 y perdió solamente 2.
A los colombianos la suerte no les deparó una zona de las más sencillas, pero este nuevo certamen sudamericano representa para los cafeteros una posibilidad de rehabilitación después de las dos ausencias consecutivas a la Copa del Mundo.
El triunfo sobre Paraguay (justamente su primer adversario en la Copa América) en el amistoso del pasado 28 de marzo en Bogotá le sirvió a los aficionados para ahuyentar fantasmas; y a Pinto, para seguir estructurando un nuevo equipo “con una mentalidad más dinámica y agresiva, de fútbol más rápido”.

LA CONFIRMACIÓN
Paraguay, presente en las tres últimas Copas del Mundo, y Ecuador, en dos, están ante el desafío de demostrar que el lugar que alcanzaron en Sudamérica no se debe al hecho coyuntural de una generación exitosa.
Esta nueva Selección albirroja, con el argentino Gerardo Martino al timón, no va a renegar de la solidez estructural de las anteriores versiones, especialmente en defensa, e irá al frente con un poder ofensivo que mete miedo a cualquier rival: pocos equipos nacionales se dan el lujo de contar con tantas variantes ofensivas. Roque Santa Cruz (Bayern Munich), Nelson Haedo Valdez (Borussia Dortmund), Oscar Cardozo (Newell’s Old Boys), Salvador Cabañas y Nelson Cuevas (ambos de América de México) forman un quinteto que impone respeto.
Por su parte, Ecuador no tiene más que seguir recorriendo con fidelidad el camino que se propuso. Ya identificados a pleno con la ‘escuela colombiana’, los futbolistas de la mitad del planeta creen y confían en el estilo que le impusieron entrenadores como Francisco Maturana, el ‘Bolillo’ Gómez y actualmente Luis Fernando Suárez.
A la tradicional habilidad de sus jugadores, Ecuador le sumó la disciplina táctica y fue desterrando la ingenuidad de antaño: ya nadie los golea y ahora pueden ser una pesadilla para cualquiera. Nombres como los de Edison Méndez (PSV Eindhoven), Ulises De la Cruz (Reading, Inglaterra), Neicer Reasco (Sao Paulo) o Iván Hurtado (Nacional de Medellín) son la confirmación de que Ecuador irá a Venezuela con un plantel de experiencia mundialista.
Tanto para paraguayos como para ecuatorianos, la Copa América será la oportunidad de certificar su crecimiento.

EL LOTE DEL FONDO
Chile, Perú y Bolivia viven un presente futbolístico pobre y no llegan a Venezuela con grandes expectativas.
Los chilenos ponen su fe en sus individualidades, como Matías Fernández, Humberto Suazo o Jorge Valdivia; cuando se juntan, como lo hicieron en la mejor versión del Colo Colo 2006, pueden prender la luz de alerta en las defensas adversarias.
Perú tuvo históricamente jugadores de fino pie para el balón, pero hoy la camiseta blanca con la franja roja no infunde temor. ¿Lo mejor? La capacidad de conducción de Nolberto Solano, pero sus diferencias con la dirigencia lo tienen al margen de la Selección. Sin él, las expectativas ofensivas se posan en Jefferson Farfan (PSV Eindhoven), Claudio Pizarro (Bayern Munich) y Paolo Guerrero (Hamburgo).
La eterna clave de Bolivia es hacerse fuerte en los 3.600 metros de altura de la ciudad de La Paz. Pero cuando baja al llano demuestra falencias sobre las que Erwin Sánchez, su entrenador, deberá trabajar largamente.

INVITADOS DE LUJO
Estados Unidos crece a ritmo lento pero constante. Ya no es sorpresa que venza a un sudamericano. Desde que lo conduce Bob Bradley muestra su mejor rostro y tiene a Landon Donovan inspiradísimo.
Lo de México es más ambicioso. Dirigido por Hugo Sánchez, tiene al mejor plantel azteca de la historia y debe seguir la vía exitosa de sus clubes, que ya pisan fuerte en los torneos de la Conmebol.

HOGAR, DULCE HOGAR
Venezuela ganó sólo 1 de los 45 partidos que jugó en la historia de la Copa América. De la mano de Richard Páez, el entrenador que le imprimió el espíritu competitivo y desterró los complejos del pasado, la Vinotinto suma posibilidades en casa. Su fútbol ofensivo y el apoyo del público, sumado a estadios de primer nivel, pueden significar el despegue definitivo del fútbol en el país caribeño.
Nueve ciudades de Venezuela revivirán la pasión de un continente que respira fútbol. Con doce países que pondrán sobre el césped lo mejor que tienen, queda una esperanza: la próxima Copa América puede ser la mejor de los últimos tiempos.

sábado, 9 de junio de 2007

Zinedine Zidane: Monsieur Football


Perfil publicado en la revista Fox Sports, en agosto de 2006.
Por PABLO ARO GERALDES

A los 34 años, Zinedine Zidane fue el artífice de los pocos buenos momentos que ofreció la Copa del Mundo de Alemania. Pese al injustificable final que derivó en su expulsión, las canchas despiden de pie al último enganche desequilibrante. El Real Madrid, la Selección Francesa, todos extrañarán al 'Señor Fútbol'.

Cuando la tristeza de llevar una medalla de plata se evapore, o se asimile, cuando la bronca de ese final indigno a su brillante carrera se diluya, los franceses tendrán que hacerle un monumento a Zinedine Zidane. No un busto: una estatua de cuerpo entero, con la vista al frente y el balón al pie, esa estampa que durante 17 años paseó por las canchas del mundo.
Cuando todo esto suceda, los franceses y los amantes del fútbol de todo el planeta se darán cuenta de que ya no está en las canchas ese mago veterano al que los trucos todavía le salían. Y se extrañará.
¿Qué hubiera sido de este pálido Mundial si Zizou no hubiese decidido revertir su retiro del Seleccionado Francés? Los hinchas del Real Madrid eran los únicos privilegiados que podían disfrutar de su talento, mientras los franceses sufrían con la incertidumbre de un equipo que, aunque seguía invicto, no terminaba de conseguir su lugar en Alemania 2006. Hasta que el 15 de agosto de 2005, él, el ídolo máximo, decidió poner fin al alejamiento.
“Je reviens” (“Vuelvo”), declaró, sin que el técnico Raymond Domenech lo hubiera convocado. No hacía falta. Los aficionados estaban contentos. Hasta el presidente Jacques Chirac lo llamó por teléfono apoyando su regreso. Ni hablar de los medios y los patrocinadores: desde Adidas hasta la FIFA festejaron su decisión.
Franz Beckenbauer, presidente del comité organizador de Alemania 2006 y hombre asalariado de Adidas desde 1995, tenía miedo: “Les juro que la no clasificación de Francia me saca el sueño. Es lo peor que nos podría pasar”. Así, en un amistoso contra Costa de Marfil, se puso de vuelta la camiseta azul y desde entonces estuvo en todos los partidos, hasta volver a ser la figura de la Copa del Mundo.
A los 34 años, Yazid Zinedine Zidane se despidió del fútbol y dejó atrás una carrera que comenzó en las calles del barrio La Castellane, suburbio marsellés donde los inmigrantes africanos y sus hijos aprenden a ser franceses, con el común denominador de una pelota de fútbol.
Papá Ismail y mamá Malika habían llegado desde Argelia para que ni a él ni a sus cuatro hermanos les faltara nada. Todos lo llamaban Yaz, y con ese apodo empezaron a admirarlo en todos los clubes infantiles y juveniles por los que pasó.
Cuando llegó el debut en Primera, en 1989, con el Cannes, no había cumplido los 17 años, pero ya era Zizou. Las noticias sobre sus cualidades llegaron a todo Francia, país amante del buen fútbol. En 1992, Bernard Tapie, por entonces poderoso presidente del Olympique de Marsella, intentó llevárselo. No pudo: la mejor oferta llegó del Bordeaux. Pero igual expresó su admiración por el joven talento: “Zidane es un genio en estado puro. En cualquier momento de un partido, él puede hacer lo que otro futbolista no podrá hacer nunca”.
Le hubiera gustado jugar en el Olympique, el equipo que amó desde pibe, cuando tenía en su cuarto el póster de Enzo Francescoli con la camiseta marsellesa.
En 1994 llegó el debut con la Selección Francesa, y enseguida todos supieron que el heredero de Michel Platini había aparecido. Igual que Platini, pasó a Juventus, donde a partir de 1996 sumó goles y prestigio y acaparó todos los títulos… menos la Champions League. Acumuló mayor experiencia internacional y cuando en el ’98 Francia recibió al mundo del fútbol, él se elevó a su máxima dimensión. Con la Copa del Mundo en sus manos, hizo que los franceses salieran de su frío carácter y más de un millón festejaran en los Champs-Elysées, como si se tratara de un carnaval en pleno París.
Después redobló la apuesta: “Ahora tenemos que ganar la Eurocopa 2000, no se trata de parar la cuenta con un solo título”. Cumplió: volvió de Holanda con el trofeo y, en 2001, el Real Madrid puso 75 millones de euros para sumarlo al proyecto galáctico.
Aunque no pudieron ganar la primera Liga, saldó su cuenta personal levantando la Liga de Campeones de Europa 2002 y –a fin de año- la Intercontinental en Japón, ante Olimpia de Paraguay. En el medio quedaba el maldito Mundial de Corea/Japón, donde se perdió los dos primeros partidos por una lesión en un amistoso previo al torneo. Francia no hizo goles y se volvió a París con el rótulo de ‘candidato’ sustituido por el de ‘fracaso’.
En la Euro 2004, tras la derrota ante Grecia, dijo basta. Cerraba un ciclo en la Selección que reabriría -para él y sus amigos Barthez y Thuram- diez meses antes del Mundial.
Fueron 108 partidos y 31 goles con la camiseta gala, más de 600 partidos oficiales con los cuatro clubes que defendió, más de una decena de títulos aquí y allá… pero su estética no puede medirse desde la estadística. Para vibrar con su genio, sólo hace falta amar al fútbol.