jueves, 25 de mayo de 2017

Tribunas al ritmo de la violencia

Artículo publicado en la revista chilena De Cabeza, en abril de 2016
Por PABLO ARO GERALDES

Si el fútbol de América canta al ritmo de la Argentina, habrá que agradecerle (o culpar) a la globalización. Los canales de cable primero, e Internet después, desplegaron por el continente -y más allá también- las melodías que se entonan en los estadios de Buenos Aires, Córdoba y Rosario.

La historia, eso sí, se remonta varias décadas para atrás. Hasta comienzos del siglo pasado, cuando surgió de Nacional de Montevideo el primer “hincha”, una palabra que se extendió rápidamente por todo el Río de la Plata. No sólo se trataba de ver el partido y desear la victoria de los colores amados, también se podía “jugar”, influenciar en el ánimo de los jugadores, vivándolos, alentándolos. Así aparecieron en Buenos Aires los primeros cantitos, estrofas que hoy podrían entonar los niños de jardín de infantes.

Sin registros sonoros más precisos que la tradición oral de nuestros abuelos, las primeras melodías que sonaron en aquellas tribunas de madera se remontan a la década de 1920, cuando en tono de copla murguera los simpatizantes de Boca Juniors se enorgullecían de las virtudes de su portero Américo Tesoriere:

Tenemos un arquero que es una maravilla,
ataja los penales sentado en una silla 

La inocencia era evidente, y cantar era más una entretención para los asistentes que una voz que provocara a la hinchada rival. La caballerosidad imperaba en los estadios por entonces y, aunque la entrega y la garra siempre fueron valoradas, el verdadero orgullo de los aficionados estaba en ganar con armas nobles. El lirismo que hoy se recuerda de tanto en tanto, por entonces era moneda corriente.

Los años '30 y la Guerra Civil Española trajeron al puerto de Buenos Aires a miles y miles de trabajadores de la madre patria que buscaron un nuevo porvenir, lejos de la sombra del franquismo. Identificados principalmente con San Lorenzo de Almagro y con Independiente, los gallegos, vascos, catalanes, etc., contagiaron entre los porteños el vals Niña hermosa, que pronto empezó a sonar en las tribunas con un retoque en su letra para homenajear al delantero Mario Boyé, de Boca:

Yo te daré, te daré niña hermosa
te daré una cosa
una cosa que empieza con B
¡Boyé! 

Por su parte, los aficionados de River Plate no quisieron quedarse atrás con su ídolo Ángel Labruna, y la multitud coreaba:

La gente ya no fuma
pa' ver al gran Labruna 

Con el tiempo, la abstinencia de tabaco casi se convierte en huelga de hambre; en 1950 llegó un nuevo crack desde Uruguay:

La gente ya no come 
pa' ver a Walter Gómez 

En la vereda del frente, cuando en 1947 se popularizó el vals Desde el alma, las multitudes adaptaron la poesía de su letra en una letanía monocorde que podía sonar un partido entero:

Y dale, y dale, dale Boca
y dale, y dale, dale Booo… 
Y dale Booo
y dale, dale Booo… 

Del candor de aquellos valsecitos se pasó a una picardía que empezaba a sonrojar a madres y abuelas, pero que conservaba un rasgo de inocencia; empezaban las “cargadas”, esa manera tan argentina de la burla. Cuando en 1966 River perdió la Copa Libertadores ante Peñarol, los archi-rivales boquenses le adosaron el mote de Gallinas (Gashinas, según la pronunciación exacta de los porteños). Aunque hoy los hinchas de River lo enarbolan con orgullo, por entonces era un motivo de gran vergüenza, y hacia esa humillación iban dirigidos los cantos de la tribuna:

Cuide señora su gallinero
porque esta noche vamo' a afanar
una gallina para el puchero
porque mañana tenemos que morfar
Y el domingo vamo' a ver a Boca
a ver a Boca, de corazón
porque este año desde La Boca
desde La Boca salió el nuevo campeón 

Las bromas riverplatenses encontraban revancha cuando los fuertes vientos del sudeste subían el nivel del Río de la Plata y las calles de la ribera se anegaban:

La Boca, La Boca La Boca se inundó
y a todos los bosteros la mierda los tapó 

Los años '60 renovaron el repertorio de las canchas con adaptaciones de los temas más populares de Palito Ortega, Chico Novarro, Rubén Mattos y muchos cantantes que se subían a la masividad de la televisión. Pero la creciente violencia política de esos tiempos se empezó a trasladar pronto a las tribunas. Mientras el fenómeno de las barras bravas encontraba su caldo de cultivo y aparecían los primeros muertos en el fútbol (un hincha de Quilmes abatido por otros de Atlanta en 1962, y el asesinato de un simpatizante de Racing a manos de barras de Huracán en 1967) las expresiones orales de las gradas también hacían eco de los tiempos que corrían. La entonación de la Marcha Peronista era una provocación que los militares en el poder no podían controlar: cuando el peronismo estuvo proscripto (1955-1972), las canchas de fútbol fueron un paréntesis para expresiones de libertad que fuera de las tribunas hubieran valido una condena a la cárcel, cuando no la tortura y la muerte. 

Los tiempos violentos, el clima espeso del final de aquella dictadura se escuchaba también en las tribunas del fútbol. En 1970, la parcialidad canaya cantaba en Rosario:

¡Qué lindo, qué lindo,
qué lindo que va a ser,
Central campeón del mundo 
y Perón que va a volver 

Tres años después, ya bajo la presidencia democrática de Héctor Cámpora y con Juan Domingo Perón de vuelta en el país, por Parque de los Patricios los hinchas de aquel súper Huracán de César Luis Menotti entonaban:

Lo dice el Tío,
lo dice Perón, 
hacete del Globo
que sale campeón

Perón fue elegido presidente por tercera vez en las urnas y Huracán ganó su primer título en el profesionalismo. Había retornado la democracia pero no la paz. La violencia política impregnaba su tono al resto de las actividades sociales y el fútbol no quedó de lado, claro. Las consignas de las tribunas se empezaron a tornar violentas. Ya no sólo valía alentar a los propios, también se había hecho común amedrentar a los rivales, despreciarlos, insultarlos. La popular canción No vamo' a trabajar (de Rodolfo Zapata) se transformó en una amenaza para los hinchas de Racing que cruzaban el Riachuelo que separa Avellaneda de La Boca:

Miércoles sí, me voy a ver a Boca
corrimo' a la Academia y los vamos a matar
que aprendan a nadar, los vamos a matar 

La violencia y la discriminación fueron encarnándose en el discurso del núcleo más pesado de las barras, naturalizándose enfermizamente hasta rebasar su ámbito y transformarse en canciones que entonaba toda la tribuna. Así, un médico, un maestro o un empleado bancario se encontraban el domingo cambiándole la letra a la festiva melodía Vos sos un caradura, de Palito Ortega:

Ya todos saben que La Boca está de luto
son todos negros
son todos putos 

El lenguaje había perdido esa compostura de antaño. No importaba que atrás estuviera la “tribuna de damas”, ni que al lado un padre llevase sobre sus hombros a un chiquito: insultos y agravios de todo tipo nutrieron los versos populares. Cualquier jingle de televisión empezó a repetirse en las canchas con su aditivo soez. Canciones infantiles, temas de rock y hasta marchas militares tuvieron su versión tribunera, rebosante de palabrotas, garabatos, puteadas...

Así, cuando en el verano de 1982 todos coreaban hasta el hartazgo el jingle Bobby, mi buen amigo para poner fin al abandono de mascotas en las rutas, los de San Lorenzo retocaron la letra para revivirla en las canchas de la B, luego del descenso de 1981:

Cuervo, mi buen amigo
esta campaña volveremo' a estar contigo
Te alentaremos de corazón
esta es tu hinchada que te quiere ver campeón 

El hit se convirtió en un himno tribunero, con una contagiosa alegría que pronto se terminaría con la Guerra de Malvinas. Ese mismo año, con unos meses de diferencia, la dictadura difundió una canción de un niño que le escribía una carta a su hermano que iba al frente de batalla contra los ingleses, pero el respeto y la emoción que producía la melodía original se diluyó cuando La Doce, como empezó a conocerse a la hinchada de Boca, la transmutó en:

Vale diez palos verdes se llama Maradona
y todas las gallinas me chupan bien las bolas 

No importaba nada. En los '80 se había desatado un duelo de “ingenio” por la “adaptación” de los temas musicales más populares. Fue el momento en que tomó su protagonismo estelar la hinchada de San Lorenzo, la número uno en los copyrights de este ranking de picardía. A los ya conocidos ingredientes de violencia y discriminación, agregó uno nuevo: la droga. Las tribunas comenzaron a vanagloriarse de fumar marihuana, y tomar vino y cocaína. El tema Me lo dijo una gitana (Katunga) revivió como:

Me lo dijo una gitana
me lo dijo con fervor
o largás la marihuana
o te vas para el cajón 

Sin embargo, cuando el riverplatense Ramón Centurión fue sancionado por doping positivo en 1986, los mismo hinchas que hacían una apología de las drogas saltaron sin problemas al bando hipócrita:

Centurión, Centurión, Centurión 
Centurión necesita la falopa 
y Alonso una pija, o un consolador 
che Gallina, la puta que te parió 

Lo llamativo es que semejante diatriba se entonaba al ritmo de Argentina es nuestro hogar, una canción interpretada con fines benéficos por decenas de artistas, inspirada en la dulce We are the world compuesta para la campaña USA for Africa. No se respetaba ningún código.

Las amenazas llegaban también a los propios jugadores, a través de la transformación de una bella canción que interpretaba la galesa Bonnie Tyler: It's a heartache. La romántica melodía se transformó en una advertencia que atemorizaba:

Jugadores,
la concha de su madre
a ver si ponen huevos
que no juegan con nadie 
 
Enseguida, las hinchadas empezaron a cantarle a los muertos que sumaban los rivales, en esa lógica de barrabrava en la que los desafíos para pelear empezaban a ser la razón de estar, el ámbito de pertenencia al club, dejando a los jugadores en un humilde segundo plano. Fue el momento en que se pudrió todo y apareció en escena una nueva generación atraída por el discurso del éxito a cualquier precio de los años '90: los hinchas de la hinchada, jóvenes que ya no tenían por ídolos a los cracks de la pelota, sino a los más bravos de esa turba de delincuentes en que se habían convertido las barras.

La cumbia, tan sonora y alegre, era el nuevo ritmo con el que se retaban a duelo, repasaban a los “caídos en combate”, arremetían contra la policía y elevaban los nombres de los líderes de las barras hasta el estrellato. Había comenzado la triste “cultura del aguante”. Por ejemplo, el carnavalesco Meu amigo Charlie Brown pasó a ser:

Oh, no tenés aguante 
Oh, oh, oh, oh 
Oh, no tenés aguante 
Rojo puto, vigilante

Pero los '90 también trajeron la masividad de la TV por cable, y las canciones que hasta entonces se transmitían de boca en boca, de estadio en estadio, pronto pudieron ser copiadas en toda la Argentina, en toda América. Nocivo producto de exportación, junto al colorido ingenio de las letras adaptadas de Los Fabulosos Cadillacs, Los Auténticos Decadentes, Fito Páez, Gilda o los Redondos, viajaba inmerso el discurso de la xenofobia, el machismo más abyecto, la discriminación sexual y la violencia como medio de ascenso en el mundo de las barras. Lo llamaron aguante, y es una manzana podrida que viaja escondida en cada caja de exportación.

Uruguay, Chile y Paraguay, primero. Perú, Colombia y México, después. En la actualidad ya no extraña oír las versiones argentinas en estadios de Israel, Grecia o Japón.

La Copa del Mundo 2014 sirvió de escenario para que algunos (muchos) hinchas argentinos lustraran el bronce de su pedantería y arrogancia, cuando mutaron el bello Bad Moon Rising de Creedence Clearwater Revival en un ofensivo:

Brasil, decime qué se siente
tener en casa a tu papá 
Te juro, que aunque pasen los años
nunca nos vamos a olvidar 
que el Diego los gambeteó 
y el Cani los vacunó 
Estás llorando desde Italia hasta hoy 
A Messi lo vas a ver 
la Copa nos va a traer 
Maradona es más grande que Pelé

Como “los boludos son como las hormigas, están en todos lados” (Maradona dixit) este himno albiceleste tuvo una nueva versión para la Copa América Chile 2015, en la que se redobló el mal gusto y se lanzó al cesto de la basura la pregonada hermandad latinoamericana:

Chile, decime qué se siente
saber que se te viene el mar 
Te juro que aunque te tape el agua 
nunca te vamos a ayudar 
Porque vos sos un traidor, vigilante y botón 
en la guerra nos vendiste por cagón 
Por acá no vengas más 
ojalá te tape el mar 
que te ayuden los ingleses a nadar

Viene la Copa América del Centenario y este canto tendrá una nueva versión. Y la seguirá teniendo en cada torneo, contrastando la magnificencia del fútbol argentino con la pobreza en la que se va sumergiendo una masa enorme de sus hinchas. Un modelo que todos copian, pero que –créannos– lleva por mal camino.
Ilustración: Diegolan

lunes, 24 de abril de 2017

El fútbol en las Islas Comoras


La Unión de las Comoras, o simplemente las Comoras, Comores o Comoros, es un país formado por tres islas en el sureste de África, en el océano Índico, entre el norte de Madagascar y el norte de Mozambique.

Estas islas son Gran Comora (Ngazidja), Mohéli (Mwali) y Anjouan (Nzwani), mientras que la vecina isla de Mayotte (Mahore), reclamada por Comoras, sigue perteneciendo a Francia.

En 1979 se conformó la Fédération Comorienne de Football (FCF), con sede en Moroni, la capital. En 2003 se afilió a la Confederación Africana de Fútbol y dos años más tarde fue aceptada como miembro pleno de la FIFA. También pertenece a la Union des associations de football arabe (UAFA) y al Council of Southern Africa Football Associations (COSAFA).

De cara a la Copa del Mundo Rusia 2018, Comoras fue eliminada por Ghana, pero se constituyó en una de las positivas sorpresa de la eliminatoria.

El 2010 fue un año de crecimiento para el fútbol comorano, coronado por la presencia de Joseph Blatter, entonces presidente de la FIFA, para la inauguración de la nueva sede de la federación. Al respecto se refirió Tourqui Salim, presidente de la FCF: "La visita de Blatter a Moroni ha promocionado a nuestro país. Y el partido frente a Mozambique (derrota por sólo 0-1) dio la imagen de credibilidad que tiene nuestro fútbol. Incluso a nivel nacional, las actividades futbolísticas marcaron el año".
Tourqui Salim junto a Joseph Blatter
Además de la presencia del máximo dirigente de la FIFA, Tourqui Salim recibió el apoyo de Michel Platini, quien presidía la UEFA, y de directivos de países con mayor experiencia en el continente, como Argelia y Costa de Marfil.

Algunas estadísticas del fútbol comorano:
Primer partido: Mauricio 3-0 Comoras (26/8/1979, en La Reunión).
Mejor resultado: Comoras 4-2 Djibouti (17/12/2006, en Yemen).
Peor resultado: Mauricio 6-1 Comoras (31/8/1979, en La Reunión).
Último partido oficial: Comoras 1-0 Botswana (24/3/2016, en Moroni).
En próximo partido de la Selección Comorana será ante Libia (el 5/6/2011) por la eliminatoria a las Copas Africanas de Naciones 2012 y 2013.

A nivel interno, la competencia más importante es el Championnat des Comores, seguida Coupe des Comores. Coin Nord es el equipo con más títulos del país, con 6 conquistas, la primera de ellas en 1979/80, la temporada inaugural.
Coin Nord, el club más exitoso
de las Islas Comoras.
El actual campeón es el Volcan Club de Moroni.
Históricamente ligada a Francia, los principales futbolistas de las Comoras desarrollaron sus carreras en aquel país. El más reconocido fue Hamada Jambay, quien en los años '90 vistió las camisetas de Olympique de Marseille y Toulouse.
En la actualidad, algunos de los comoranos destacados son Djamel Bakar (Montpellier, Francia) y El Fardou Ben Nabouhane (Levadiakoso, Grecia). La selección es dirigida por Amir Abdou.

En los Juegos del Océano Índico tuvo sus mejores resultados en las ediciones de 1979 y 1985, cuando alcanzó el tercer lugar.
La ubicación del archipiélago y la
última camiseta de la Selección.
Agradecimiento a Mariyatta Abdou Chacour, secretario general de la FCF por la atención y la información.

lunes, 13 de marzo de 2017

Mauro Icardi

El delantero del Inter está en un buen momento y va por más. Cómo fue su crecimiento hasta llegar a convertirse en uno de los goleadores del calcio y por qué la hinchada argentina lo pide para que forme parte del equipo nacional.

Artículo publicado en ESPN Magazine, en noviembre de 2015
Por PABLO ARO GERALDES

Después del decepcionante arranque de la Selección Argentina en la eliminatoria para la Copa del Mundo Rusia 2018, cabe volver a preguntarse hasta cuándo el entrenador seguirá prescindiendo del extraordinario goleador que es Mauro Icardi.

El delantero rosarino de 22 años nunca jugó profesionalmente en la Argentina: recién había cumplido 8 cuando se instaló en Quilmes y allí, en las divisiones infantiles, lo vio meter goles y más goles Abian Morano, un agente canario que marcó el nuevo rumbo familiar, la isla de Gran Canaria, España. Corría el año 2001 y se incorporó a las divisiones menores de Unión Deportiva Vecindario mientras su padre seguía con su oficio de carnicero y escapaba de la profunda crisis argentina. A los 14 Mauro partió a Barcelona, donde encararía su formación como cadete en La Masía. “Estar solo no fue fácil, me ayudó mucho toda la gente que trabajaba ahí. Porque aparte de lo futbolístico, me apoyaban mucho con la escuela y diariamente para crecer como persona”, recuerda aquel despegue, que fue hace nada más que ocho años.

Toda pasó muy rápido. Sin lugar en el Barça, apareció el interés de la Sampdoria, que estaba en la Serie B, y por “apenas” 400.000 euros partió hacia Génova para su primera incursión en el calcio. Llegó con el salario más bajo del primer equipo, pero entre 2011 y 2013 fue sumando minutos y goles hasta convertirse en el mejor futbolista joven de la Serie A. Los tantos que marcó con la Samp (le hizo tres a Juventus en dos partidos) despertaron el interés de varios clubes grandes de Italia. Hasta que el Inter desembolsó 13 millones de euros para incorporarlo. El precio fue un premio a la visión de los genoveses, que multiplicaron por 32 el dinero invertido, y a la vez una señal de alarma para los responsables de La Masía catalana, por dejar escapar semejante talento.

El Internazionale le dio un contrato por cinco temporadas y la camiseta número 9, proclamándolo heredero de Diego Milito, el compatriota amado por toda la parcialidad interista. El calcio le sumó potencia física a su talento natural: “En Italia crecí mucho futbolísticamente y aprendí un montón. En España no se trabajaba mucho en el aspecto físico, sino más con la pelota. Y cuando vine acá, fue un cambio brutal: apenas llegué me pusieron a correr, cosa que no estaba acostumbrado a hacer, je... Así crecí mucho físicamente, lo que me ayudó para debutar en la Serie A, afianzarme, y poder hacer lo que hice a partir de la Sampdoria”, detalla. Un detalle que fortalece su vínculo con la institución: se mudó a dos cuadras del estadio Giuseppe Meazza y desde su terraza lo ve cada día.

Su paso firme ante las redes tentó a otros colores además de la celeste y blanca. España e Italia quisieron incorporarlo a sus selecciones, pero él se negó. Cuando Cesare Prandelli intentó ponerle la azzurra camino a Brasil 2014, Icardi aclaró: “por el tema del pasaporte, tengo la posibilidad de jugar en cualquiera de las dos selecciones, la argentina o la italiana, pero siempre que yo me siento argentino y deseo jugar para mi país”. El llamado de Alejandro Sabella no se hizo esperar; lo convocó para las dos últimas fechas de la pasada eliminatoria, en reemplazo del lesionado Lionel Messi, y lo hizo debutar en los últimos 10 minutos ante Uruguay, asegurándose así que ya no pueda defender otra camiseta más que la argentina.

Finalmente, no tuvo lugar entre los 23 que fueron a la Copa del Mundo. Pero a partir de entonces empezó una temporada espectacular con el Inter... Espectacular para él, que terminó capocannoniere con 22 junto a Luca Toni, aunque este último jugó dos partidos más. El estreno del nuevo modelo de camiseta lo tuvo como el jugador que más vendió. Esa número 9 empezó a retribuir con goles el apoyo, pero la relación entre el ídolo y la hinchada sufrió una grieta el 1 de febrero pasado: luego de la derrota 3-1 ante el Sassuolo (gol de Icardi), el delantero se insultó cara a cara con los tifosi después de ofrecerle su casaca a la tribuna como pedido de disculpas por la derrota, pero estos, alterados por la mala campaña del equipo, se la devolvieron de mala manera. Icardi se enfureció y se acercó a insultar a los aficionados hasta que el resto de los jugadores del Inter lo sacó del lugar para llevarlo al vestuario.

La temporada 2014/15 fue espectacular para él, porque el Inter terminó octavo y no clasificó a ninguna copa europea. Espectacular porque selló 27 goles sumando las diferentes competiciones y, sobre todo, porque se consolidó como un centrodelantero letal, rápido para decidir, veloz, muy fuerte en el juego aéreo y con una personalidad inquebrantable. Si realmente su sonada relación amorosa con la modelo Wanda Nara, su pelea con su examigo Maxi López (exesposo de Wanda) y su sobre expuesta vida en los medios no interferían en lo futbolístico, Gerardo Martino pudo haberle dado un boleto para la Copa América, pero tampoco lo llamó.

Él lo toma con una sorprendente serenidad y una madurez poco común a los 22 años. Atributos que se suman a su abanico de recursos con la pelota y que lo llevaron a portar el brazalete de capitán del Inter, el más joven de los últimos 50 años. Claro, en el calcio es toda una tradición que para elevarse al grado de capitano hay que tener sobre el plantel una ascendencia que comúnmente viene de la mano de la veteranía. Evidentemente el entrenador Roberto Mancini supo apreciar sus cualidades sin que interfiriera el ruido mediático.

En el último derby contra el Milan, Mauro lució una cinta que llevó el nombre del argentino récord del fútbol italiano: Javier Zanetti, quien jugó 849 partidos con la camiseta nerazzurra. También, con 614 partidos es el argentino con más juegos en la Serie A y el segundo de la historia del calcio, detrás del prócer Paolo Maldini. Después del triunfo interista Icardi le obsequió ese brazalete al Pupi.

Si Gonzalo Higuaín merma su nivel, a la selección le faltará un delantero de área, un 9, y ante la escasez del puesto ya es muy difícil mirar para otro lado sin que llegue la chance para Mauro Icardi. Antes de la Copa América, Martino dejó un mensaje confuso respecto a él: “Reconozco que no es de mi agrado su exposición mediática, aunque lo extrafutbolístico, igual, no es impedimento para convocarlo. Hay momentos en los que a un futbolista muy famoso le resulta complejo escaparle a esa parte, pero salvo excepciones puntuales, soy de los que piensan que el jugador debe ser noticia por lo que hace dentro del campo”. Entonces, ¿lo llamará?


LA CARRERA DE MAURO ICARDI
Nombre completo: Mauro Emanuel Icardi Rivero
Nació el 19 de febrero de 1993, en Rosario, Argentina.
Posición: centrodelantero.
Trayectoria: Sampdoria (2011/13), Internazionale (desde 2013).
Selección Argentina: 1 partido - 0 gol.
Títulos: -
Distinciones: Capocannoniere de la Serie A 2015 (Internazionale)
En pareja con la modelo Wanda Nara, este año tuvo a Francesca, su primera hija.