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domingo, 26 de junio de 2016

Copa América Centenario - De la cabeza, una vez más, mal

Tres finales perdidas de forma consecutiva: esa es la imagen que quedó tras la derrota por penales de la Selección Argentina ante Chile tras igualar sin goles en la final de la Copa América 2016. Una generación que futbolísticamente es excelente, pero psicológicamente sin fortaleza. Por ahí pasa la cuestión.

Por Jonatan Fabbian, desde New Jersey

La Selección Nacional llegó a la final de la Copa América 2016 llena de expectativas y con la ilusión de cortar la racha negativa que transitaban. Sin embargo, esa Selección Nacional es la misma que terminó ese torneo con Lionel Messi diciendo "se terminó para mi", anunciando su renuncia -seguramente momentánea- a seguir jugando con la albiceleste, probablemente junto a otros emblemas del equipo como Javier Mascherano y Sergio Agüero. Con posibilidades de que la lista se alargue... Pero, ¿qué pasó en el medio?

Pasaron 23 años sin títulos mayores, y pasaron tres finales seguidas -y en años consecutivos- donde la Argentina fue derrotada: Mundial 2014, Copa América 2015 y 2016. Sin dudas, esto marcó a los jugadores. Les dejó una espina que les empezó a pesar psicológicamente. El último título levantado por esta generación de estrellas argentinas, que durante el año están desparramadas por el mundo, fue en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, donde alcanzaron la medalla dorada, cuando Leo era apenas un pibe de 20 años.

Esta vez, en la Copa América Centenario, Higuaín, Di María y Agüero mostraron nuevamente un pobrísimo nivel en una final. Y un Messi con aceptable juego aunque falló en momentos trascendentales. Las chances más claras del partido fueron contadas con los dedos de una mano. La inmejorable oportunidad de gol de Higuaín, que tuvo un mano a mano clarísimo con el arquero chileno vencido y el arco a su disposición, pero optó por la peor opción que fue picarla a un costado ni siquiera con dirección al arco. Un cabezazo de Agüero que tapó un Bravo de excelentes reflejos. Y otras dos chances en la responsabilidad de los pies del mejor jugador del mundo: un tiro libre de gran oportunidad pateado a la barrera y un penal -clave para empezar a marcar diferencia en la definición- que fue a las nubes. Inexplicable.

Desde el banco de suplentes se observó la misma actitud que se reflejó en el equipo argentino en el campo de juego: se notó temor y excesivo respeto por el rival, sumado a cuestiones técnicas como jugar con doble 5 y hacer tarde los cambios correspondientes. Plena responsabilidad de Martino, que no fueron buenas decisiones. Una pena: es claro que en las anteriores fases de la Copa, la Argentina había desplegado el mejor fútbol de los últimos años. Con un Banega fantástico en toda la Copa, factor trascendental para ver al mejor Messi con la albiceleste. Y un Mascherano otra vez saliendo del nivel de la media, jugando una final por encima del nivel mostrado de sus compañeros, con juego, presión, actitud y agresividad futbolística.

El argentino es resultadista: tanto los jugadores como los hinchas apelan al resultado para calificar un torneo de "exitoso" o no. Claro, en realidad, todo se resume en un penal convertido en gol, o en un remate bien o mal ejecutado. Por centímetros o por metros. Pero hay un transfondo de todo esto, que se repite una y otra vez, y que no será fácil de resolver en este equipo. No resulta ligado a la suerte que en tres finales que totalizaron 360 minutos, un equipo tan goleador como el argentino no haya marcado ni un solo gol.

¿Quién le saca la idea de la cabeza a Messi de que Argentina no alzó la copa por su culpa? Leo es uno, pero en el equipo son once en cancha, sumado a los suplentes y el cuerpo técnico. Un cuerpo técnico que no ayuda a transmitir seguridad anímica, algo clave para un plantel campeón. Son muchos y, claro, la responsabilidad es compartida. Y el resultado tiene un final malo, porque de la cabeza no se está bien.

domingo, 22 de mayo de 2016

Otra vez el Real se llevó la Champions

El Real Madrid levantó su undécima orejona, nuevamente en el derbi español que se trasladó a Milán. Una final de Champions League de película con paridad en 120 minutos y suspenso en la tanda de penales.

Por Jonatan Fabbian, desde Milán

“Tengo claro que del segundo no se acuerda nadie. Perder dos finales es un fracaso. Ahora tenemos que curarnos las heridas en casa”, sentenció Diego Simeone en conferencia a los pocos minutos de ver como el Real Madrid levantaba el trofeo. Al Atlético de Madrid dirigido por el Cholo, otra vez se le escapó la gloria de Europa en un epílogo lleno de tensión ante su vecino madrileño. Otra vez quedó a poca distancia de la orejona, pero sin lograr alzarla. Esta vez no fue con un gol en el tiempo extra, sino en una infartante definición por penales que culminó con el grito de campeón para Cristiano Ronaldo y el abrazo de los dirigidos por Zinedine Zidane.


Otra vez los merengues tuvieron la presencia en área propia y contraria de su gran capitán Sergio Ramos. El cabezazo del sevillano a los 93 minutos en la final de 2014 supuso el principio del fin colchonero en Lisboa y este sábado en San Siro apareció con otro gol clave a los 14 minutos, cuando casi sobre la línea empujó un balón peinado por Gareth Bale. La final 2016 empezaba como terminó el tiempo regular la del derbi en 2014: Ramos festejando para el Real Madrid.

El Atleti, fiel a su estilo de lucha en todo el campo, no se desvaneció con ese baldazo de agua helada inicial y fue al ataque creando peligro, aunque perdió un par pelotas en el medio que comprometieron su defensa. Se notaba el nerviosismo de los dirigidos por el Cholo, pero lo fueron superando hasta controlar el mando del juego por necesidad. Y porque los de Zidane retrocedieron aunque sin correr grandes riesgos, ya que el francés Antoine Griezmann y el Niño Torres no estaban precisos. Así finalizó el primer tiempo.

Para el complemento Simeone movió fichas en la desesperada busca del empate: metió en cancha al belga Yannick Carrasco en lugar de Augusto Fernández, buscando ser más picante ofensivamente y velocidad para herir a los blancos. Surtió efecto instantáneo: el Atleti tuvo agresividad y al minuto, Pepe le hizo un penal grosero a Torres. Fue Griezmann el encargado de patear, la figura en semifinal, pero su remate no tuvo destino de red y explotó el travesaño. La final en San Siro comenzaba a tener flashes cinematográficas dramáticos.

Luego Carvajal se lesionó e ingresó Danilo. La aparición de Carrasco continuó elevando al Atlético con dos jugadas que avisaban que el empate estaba al caer: una con remate de Koke, y otra con volea de Saúl. Aunque el Real también pudo haber sentenciado la final con remates de Benzema y Cristiano Ronaldo, bien salvados por Oblak. El Atleti dominaba pero no concretaba, mientras el tinte dramático del film tenía escenas de agotamiento y estrés. Jugadores del Real que corrían a cuentagotas agobiados por el asedio en cualquier parte de los colchoneros, a quienes a su vez se les comenzaba a acabar la nafta y sin lograr el empate.

El Real sin tanto merecimiento se estaba quedando con el partido. Hasta que llegó el minuto 79' para agregar más suspenso en el Guissepe Meazza: Juanfran metió la bola en último cuarto de cancha, Torres mandó centro de primera y el belga Carrasco remató enviando la pelota dentro del arco. Llegó el empate en una jugada a velocidad de play station.

Otro capítulo en la final había comenzado. Igualados en uno, ahora los de Simeone parecían mejor física y anímicamente para marcar el tanto de la victoria. Pero el Atlético no aprovechó su momento y sumado al agotamiento merengue, ninguno se proclamó campeón en tiempo regular. Habría 30 minutos más de tensión en tiempo suplementario, al que ya ambos equipos llegaron con escaso resto físico.

La prórroga se jugó con jugadores fundidos de los dos lados, a excepción de Carrasco que generaba riesgo con su energía inagotable por la izquierda. Los demás jugadores trotaban la cancha. El Atlético tenía más el control del juego en los pies del belga, aunque al final del primer tiempo el Real se puso al ataque sin tener relevancia. Los últimos quince minutos fueron más dramáticos aún, con mayoría de jugadores sin piernas como Bale, Modric, Filipe Luiz, Koke… Ya ninguno podía más como para torcer la historia de ir a penales.


Desde los doce pasos todos los merengues convirtieron, Juanfran estalló el poste en un penal y CR7 convirtió para que la Champions se quede en la Casablanca. Otra vez la potencia de sus individualidades hizo que en los penales no fallara ninguno. Pateó Sergio Ramos, Bale, Marcelo, Lucas Vázquez y definió Cristiano, quién nuevamente se quedó con la foto del campeonato por ser el autor del penal que le dio otra Copa al Real Madrid.

Estuvo más cerca esta vez el Atlético de Madrid que en Lisboa, mereció un poquito más en el tiempo regular. Pero en el fútbol tiene mucha incidencia la gran calidad de cada uno de los jugadores y eso sentenció esta final. En los penales ninguna de las estrellas del Real Madrid se equivocó. Por eso se llevó la Undécima.