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lunes, 8 de mayo de 2023

Historial de la Copa de Campeones de Asia

La AFC Champions League es el torneo de clubes más importante de Asia, organizado por la Asian Football Confederation desde 1967. En la temporadas 2002/03 la Copa de Campeones tornó en Champions League, imitando el formato europeo.
Al-Hilal, de Arabia Saudita, es el club que más veces la conquistó: 4, seguido por los japoneses de Urawa Red Diamonds, con 3. En cuanto a nacionalidades, los coreanos son, también, los que más festejaron, ya que en 12 oportunidades el trofeo quedó en manos de un equipo de ese país.

TODOS LOS CAMPEONES
1967 Hapoel Tel-Aviv
1969 Maccabi Tel-Aviv
1970 Taj Club
1971 Maccabi Tel-Aviv
1972 cancelada
1973-85 no se disputó
1986 Daewoo Royals
1987 Furukawa
1988 Yomiuri
1989 Al-Sadd
1990 Liaoning
1991 Esteghlal (nuevo nombre del Taj Club)
1992 Al-Hilal (Riyadh)
1993 Paas
1994 Thai Farmers Bank
1995 Thai Farmers Bank
1996 Ilhwa Chunma
1997 Pohang Steelers
1998 Pohang Steelers
1999 Jubilo Iwata
2000 Al-Hilal (Riyadh)
2001 Suwon Samsung Bluewings
2002 Suwon Samsung Bluewings
2003 Al-Ain
2004 Al-Ittihad (Jeddah)
2005 Al-Ittihad (Jeddah)
2006 Chonbuk Hyundai Motors
2007 Urawa Red Diamonds
2008 Gamba Osaka
2009 Pohang Steelers
2010 Seongnam Ilhwa Chunma
2011 Al Sadd
2012 Ulsan Hyundai Horang-i
2013 Guangzhou Evergrande
2014 Western Sydney Wanderers
2015 Guangzhou Evergrande
2016 Jeonbuk Hyundai Motors
2017 Urawa Red Diamonds
2018 Kashima Antlers
2019 Al-Hilal (Riyadh)
2020 Ulsan Hyundai
2021 Al-Hilal (Riyadh)
2022 Urawa Red Diamonds

Urawa Red Diamonds, el último campeón

LISTA DE CAMPEONES POR PAÍSES

Corea del Sur - 12
Japón - 8
Arabia Saudita - 6
China - 3
Irán - 3
Israel - 3
Qatar - 2
Tailandia - 2
Australia - 1
Emiratos Árabes Unidos - 1



miércoles, 28 de octubre de 2015

Premier League: una de piratas

Estrellas de altísimo nivel. Estadios lujosos. Televisación impecable. Hooligans extinguidos. Valiosos derechos de imagen. Fútbol dinámico y apasionante. ¿Está todo bien en la Premier League inglesa?

Reportaje publicado en El Enganche, en marzo de 2009. Fue escrito originalmente para la revista Fox Sports, pero la compañía lo censuró.
Por PABLO ARO GERALDES


Los cimbronazos de la economía global también golpean a la libra esterlina, pero si se tiene en cuenta que la mitad de los equipos está en manos extranjeras, el abanico de la crisis se abre en diferentes direcciones. Grupos inversores rescatados por los Estados Unidos, millonarios rusos con negocios poco claros, ex gobernantes asiáticos y hasta un país entero ponen dinero (mucho dinero) en esta mesa de ruleta en la que se convirtió el campeonato inglés. Las ganancias pueden superar enormemente a las que se consigan en cualquier bolsa de valores del mundo… y las pérdidas pueden ser catastróficas. ¿Los hinchas? Bien, gracias.

En la temporada 2007/08 la Premier League redondeó números impactantes: los 20 clubes sumaron ingresos por 2.819 millones de dólares. A esta cifra, superior al presupuesto de la mayoría de los países del Tercer Mundo, falta sumarle los derechos de TV hacia el exterior (327 millones), el merchandising y las entradas, que son las más caras del planeta.

Las leyes británicas permiten que las empresas (los clubes lo son) se puedan vender a cualquiera que las pague. Con la plata en la mano, son pocos los que se preguntan por el origen del dinero que reciben. El gobierno le sugirió a la Asociación de Fútbol (FA) que endurezca las regulaciones sobre quién puede comprar un club. Pero el mismo David Triesman, presidente de la FA, tiró la pelota afuera: “No podemos discriminar a los inversores por su nacionalidad. Hay que distinguir entre los que ponen dinero y respetan los valores de un club y aquellos que solamente compran”.

El potencial de los clubes supera largamente a sus ingresos. “Eso es muy peligroso –dijo Arsène Wenger, DT del Arsenal–. Los sueldos subirán y clubes como el nuestro no van a poder pagarlos. Hay que regular esta situación”.

Los precios están inflados y arrastran a todo el fútbol europeo en un espiral de locura. El Manchester City anunció que pagaría 95 millones de dólares a Juventus para sumar a Gianluigi Buffon. Si lo hace, el italiano sería el arquero más caro de la historia. Esta carrera por la victoria a cualquier precio está cambiando al otrora conservador fútbol inglés: ahora se despiden técnicos, los futbolistas tienen varios dueños y se descuidan las divisiones inferiores.

De los clubes históricamente grandes solamente el Arsenal puede jactarse de no tener propietarios o capital extranjero. Mientras, los demás se endeudan vertiginosamente y, despilfarrando fortunas, inflan y desdibujan el mercado de pases. Pero hay un riesgo para los hinchas: si los negocios salen mal y los compromisos se vuelven impagables, estos magnates armarán las valijas y se volverán (si no tienen pedido de captura) a la tierra que los vio crecer. Tras la explosión, el club, fundido, quedará como triste testigo de una aventura económica con raíces que están lejos de ser futbolísticas.

CAPRICHOS DE UN MILLONARIO
El ruso Roman Abramovich tenía 37 años en 2003, cuando compró al Chelsea y canceló las deudas del club. Ya era conocido como uno de los nuevos oligarcas surgidos tras la caída de la Unión Soviética. Construyó su fortuna a comienzos de los 90, beneficiado por la política privatizadora del presidente Boris Yeltsin. Así fundó la compañía petrolera Sibneft.
Roman Abramovich

Además de sacar rédito de la política, participó: en 1999 fue elegido representante en la Duma por la región de Chukotka, en el extremo oriente del país. En 2000 ganó las elecciones a gobernador y en 2005 el presidente Vladimir Putin lo nombró directamente para un nuevo mandato, gracias a un cambio en el sistema electivo.

En 2006 la Revista Forbes lo señaló como el ruso más rico y dueño de la undécima mayor fortuna del planeta. Quiere hacer del Chelsea el mejor equipo del mundo y va camino a eso a fuerza de dinero: por ahora ganó dos Premier League y perdió la final de la última Champions. Pero todas sus compras son a precios superiores a los valores de mercado, aunque no le importa. Pagó 48 millones de dólares por el ghanés Essien y 57 por el ucraniano Shevchenko.

Como si la plata le picase en los bolsillos, gasta, gasta y gasta. Además de los 890 millones de dólares que puso en el Chelsea desde que llegó, su empresa Sibneft es dueña del CSKA Moscú, por lo que la UEFA inició una investigación sobre un posible conflicto de intereses: las entidad prohíbe a un mismo propietario tener dos equipos en una misma competición europea. No le importó demasiado, como tampoco lo inmutaron las investigaciones en Brasil por sus vínculos con el Corinthians de su amigo iraní Kia Joorabchian y un posible lavado de dinero.

Como se ve, el club de Stamford Bridge no es el único casillero donde Abramovich pone sus fichas: su origen judío lo llevó a invertir en empresas en Israel y el año pasado pagó 60 millones de dólares por un castillo en Brasov, Rumania, donde habría vivido Vlad Tepes, más conocido como Drácula. O abonar 122 millones por un cuadro de Francis Bacon. Son sus gustos. Lo que no le debe haber agradado es tener que darle la mitad de su fortuna a su ex esposa Irina, de la que se divorció el año pasado. Pero ya retomó el camino del amor: en julio dejó el cargo de gobernador de Chukotka y tiene más tiempo para su novia Dasha, a la que le regaló 40 hectáreas de la Luna.

EL CLUB DE UN PAÍS
Si para Abramovich el Chelsea es su capricho de millonario, para Abu Dhabi el Manchester City es una inversión estratégica para que el emirato no dependa sólo del petróleo. El club pasó a ser una política de estado y el dinero no es un problema: el patrimonio de la familia real dubaití se calcula en 730 mil millones de dólares.
La Presidencia de los Emiratos Árabes Unidos nombró a un responsable del emirato de Abu Dhabi, Jaldun Bin Mubarak, como nuevo presidente del club celeste. El jeque Mansur destacó que desea que el City se meta entre los cuatro mejores de la Premier League y apunta a las copas europeas.
Hinchas del Manchester City, felices
con la presencia emiratí.

El consorcio emiratí Abu Dhabi United Group & Investment compró en septiembre al club por 313 millones de dólares y puso como abanderado de la nueva cara futbolística al brasileño Robinho. El dinero sobra y los hinchas parecen felices. Noel Gallagher, guitarrista de Oasis, es un fanático de los ‘Citizens’ y aprovechó para burlarse de sus rivales de toda la vida: “Está bueno tener a un jeque como dueño: de cada libra que un hincha del Manchester United gasta en gasolina, unos peniques son para que nosotros compremos al próximo jugador, je”.

Si detrás del City está el emirato de Abu Dhabi, el dueño anterior no era tan poderoso, pero algunos ahorritos tenía: Thaksin Shinawatra, ex primer ministro de Tailandia, derrocado el 19 de septiembre de 2006. Antes de meterse en política ya se había convertido en el tailandés más rico, aunque antes de ser Primer Ministro transfirió todas sus empresas a su familia. La Shinawatra Computer Company creció rápidamente gracias a contratos firmados con el Gobierno y el monopolio de la telefonía celular, la televisión por cable y hasta satélites de comunicaciones.
Thaksin Shinawatra
A diferencia de Abramovich, no es un magnate cool: desprecia al periodismo e insulta a sus opositores. Lo derrocó un golpe de Estado perpetrado por el Ejército Tailandés y se exilió en Londres. Enseguida se aclimató a Inglaterra y siguió haciendo negocios. Hace un año desembolsó 150 millones de dólares para comprarse al Manchester City.

Acostumbrado a la autoridad, no le gusta que lo contradigan. Por eso no le importó qué pensaba el entonces técnico Sven-Goran Eriksson y fichó a tres juveniles tailandeses cuyo nivel sólo él conocía. Sí le hubiera gustado al sueco que cumpliera con su palabra de invertir 265 millones de dólares para esta temporada; hablaba de Messi, Ronaldinho y Kaká, nada menos.

Entre otros juicios, Shinawatra está acusado por conceder un préstamo por 170 millones de dólares a la Junta militar de Myanmar, actuando como primer ministro, para que el país vecino a Tailandia comprara la empresa Shin Satellite… de la familia de Shinawatra. En octubre la Justicia lo condenó a dos años de prisión por corrupción: en 2003 había comprado inmuebles a precios baratos en el centro de Bangkok y los enajenó a su esposa cuando tomó el gobierno. Nada que no se haya visto por estos pagos.

BUSCADOS
El tailandés no es el único prófugo de la Justicia. La otra historia empieza en Tel Aviv, donde reside la familia del empresario ruso Alexander Gaydamak. En una fiesta con 1.500 invitados, este muchacho de 29 años le compró al serbio Milan Mandaric la mitad del Portsmouth por 28 millones de dólares. Terminada la fiesta voló a Inglaterra y puso 15 millones más para comprar al zimbabweño Mwaruwari y al nigeriano-polaco Olisadebe.
Alexander Gaydamak

El año pasado Gaydamak abonó el otro 50%. ¿Quién es este misterioso ruso, mucho menos conocido que Abramovich? La fortuna la tuvo desde la cuna, hijo del magnate Arkady Gaydamak, quien además tiene ciudadanía angoleña, israelí y francesa. ¿Raro? A sus cuatro pasaportes le suma un pedido de captura internacional ordenado por Francia por contrabando de armas a Angola. Gadymak padre es además un importante comerciante en diamantes y su empresa tiene, justamente, oficinas en el Edificio del Diamante, en Tel Aviv. Para completar su perfil extravagante, la familia tiene inversiones petroleras en Siberia, bodegueras en California y cuenta con varias empresas tecnológicas en Silicon Valley… y ya que no puede salir de Israel se compró al Beitar Jerusalem, el club más popular del campeonato hebreo, para entretenerse con el fútbol.

“Quiero aclarar que mi padre no tiene ningún nexo con mi negocio en el Portsmouth”, anticipó el joven Alexander a los voraces diarios británicos. Su contacto con el fútbol inglés llegó a través de Abramovich, quien le aconsejó invertir en el Portsmouth como agradecimiento a un contacto que los Gaydamak le hicieron con otro empresario en diamantes, quien se prestó a ser testaferro de Abramovich en la compra del 75% del Hapoel Tel Aviv. Las malas lenguas (y también varios fiscales) dicen que estos millonarios rusos invierten en clubes para lavar el dinero cuya ganancia no pueden justificar.

EL SUEÑO AMERICANO
Hinchas del Manchester United
repudian a Malcolm Glazer.
Manchester United y Liverpool, dos de los equipos más tradicionales, están en manos estadounidenses. En Manchester hubo manifestaciones callejeras contra el arribo de Malcolm Glazer (ex dueño del Tampa Bay Buccaneers, del football americano), pero los títulos, entre ellos la última Champions League, aplacaron las protestas.

La camiseta del Manchester lleva la publicidad de AIG. Se trata del American International Group, una de las aseguradoras que estuvo a punto de quebrar por la reciente crisis de las hipotecas. AIG pagó 90 millones de dólares por cuatro años y si no se desmoronó a pedazos fue porque el Gobierno de George W. Bush empujó su nacionalización. Glazer y los seguidores del club respiraron aliviados por la intervención de la Reserva Federal.

Tom Hicks y George Gillet
Liverpool fue comprado por Tom Hicks y George Gillett, que llegaron con el antecedente de haber comandado a los Montreal Canadians, de la NHL, la liga más importante de hockey sobre hielo. La presencia americana se cierra con Randy Lerner, dueño del Aston Villa.

En West Ham United también apareció un curioso “mesías” al que los hinchas llaman Mr. Egg (señor Huevo). El apodo viene de su nombre: se llama Eggert Magnusson, es islandés y puso 145 millones de dólares para quedarse con el club del suburbio londinense.

Empresario y ex presidente de la Asociación de Fútbol de Islandia (KSI) con peso en el Comité Ejecutivo de la UEFA, Magnusson hizo su fortuna con la fabricación y exportación de panes y galletitas.

EL FARAÓN
Fulham es un club chico que tradicionalmente iba y venía por las divisiones de ascenso. Pero en 1997 el egipcio Mohamed Al-Fayed se hizo cargo y prometió desembolsar allí parte de su fortuna estimada en 830 millones de dólares. “Tenemos un equipo maravilloso a orillas del Támesis y jugamos en la mejor liga del mundo. Atraeremos a los mejores jugadores”, prometió. Y cumplió: el club sigue en la Premier League y recibió él desembolsó unos 380 millones.

Mohamed Al-Fayed
Al-Fayed comenzó vendiendo refrescos en las calles de Alejandría, su ciudad natal, fue vendedor de máquinas de coser y hasta maestro. Claro que con estas actividades es difícil hacerse millonario.

Hoy, a los 75 años, es el dueño de las descomunales tiendas Harrods de Londres y el hotel Ritz de París, el summun de la elegancia. Su fortuna lo hizo conocido y frecuentó el Palacio de Buckingham, aunque nunca logró su objetivo: que le concedan la ciudadanía británica.

Desde 1985 está casado con la finlandesa Heini Wathén (miss vikinga 1973), con quien tiene cuatro hijos. Un quinto, de su primer matrimonio, Dodi, murió en un famoso accidente junto a Lady Di, la princesa de Gales. Esa unión anterior no era cualquiera: durante tres años estuvo con Samira, una hermana del traficante de armas saudí Adnan Khashoggi.

Los medios lo investigaron de arriba abajo. The Observer publicó durante meses que Al-Fayed había enmascarado sus orígenes y su riqueza, que operaba para el sultán de Brunei, quien supuestamente avanzaba el dinero de sus operaciones. El pleito determinó que se trataban de difamaciones, pero el Ministerio de Comercio e Industria concluyó que el egipcio había mentido y no era “digno de confianza”.

En silencio planeó su venganza. Volvió a ser tapa de los diarios como el artífice del escándalo de los “diputados alquilados”, a los que había pagado a cambio de que plantearan preguntas favorables a sus intereses en la Cámara de los Comunes. De todo esto había guardado pruebas para exhibirlas cuando hiciera falta. Lo mismo que conservó las facturas de la estancia de un ministro en su Hotel Ritz a cuenta de oscuros socios saudíes vendedores de armas. Aunque no logró derribar al Gobierno de John Major, le propició una bochornosa derrota en las elecciones generales.

ORO NEGRO O WINDOWS
Bill Gates
Durante el año pasado la BBC informó que un consorcio nigeriano, cuya identidad no reveló, hizo una interesante oferta para comprar el Newcastle United, que desde hace años sufre una depresión económica. Mike Ashley, dueño del club, es uno de los 50 británicos más ricos gracias a la venta de mercadotecnia deportiva y adquirió la mayoría de las acciones hace dos años a cambio de 216 millones de dólares. De entrada lo puso en venta en unos 670 millones pero tuvo que bajar sus pretensiones a 400 millones. Pero a los nigerianos se les sumó el interés de otro millonario: Bill Gates. El pope mayor de la informática tampoco tiene problemas de efectivo y parece que ahora le gusta el fútbol.


sábado, 11 de julio de 2015

Acción sin precedentes de Israel contra el racismo del Beitar Jerusalem

En un quiebre histórico con la política anterior, el gobierno israelí convoca al Beitar Jerusalén (club de la derecha nacionalista) a discutir su política abiertamente racista de negarse a contratar a jugadores israelíes-palestinos, que se encuentran entre los mejores del país.

Traducción del artículo publicado por James M. Dorsey (*) en la web The Turbulent World of Middle East Soccer

La jugada llega semanas después de que la Israel Football Association (IFA) se adelantara por poco al pedido de resolución presentado por la Palestinian Football Association (PFA), que reclamó la suspensión de Israel en la FIFA, por su incapacidad para acabar con el racismo en fútbol israelí. En un compromiso, la PFA retiró su demanda en favor de la creación de un comité de la FIFA para supervisar los esfuerzos israelíes para atender los reclamos palestinos.

La decisión de esta semana del gobierno israelí le da credibilidad a la acusación de la PFA sobre racismo y la discriminación y critica la IFA, la única asociación de fútbol de Oriente Medio que tiene un programa de lucha contra el racismo formal, incluso si su aplicación ha sido menos vigorosa para frenar los excesos de la base xenófoba y rabiosamente racista de hinchas del Beitar Jerusalem.

Esta medida también es un reconocimiento de que las medidas disciplinarias de la IFA contra el Beitar, que tiene el peor récord de disciplina en la Israeli Premier League a causa del racismo de su hinchada, hasta ahora no han logrado convencer al club de corregir sus actitudes.

Jugadores de Beitar Jerusalén con una pancarta que dice
"partidos amistosos contra la violencia" antes de enfrentar al
Bnei Sakhnin, equipo árabe-israelí, en un ambiente muy cargado.
La IFA ha multado varias veces al Beitar, fundado como club nacionalista militante, apoyado desde sus inicios por líderes de la derecha israelí, hasta el primer ministro Benyamin Netanyahu, y quitado puntos, sanciones que no han sido suficientes para que el club actuara contra su hinchada. Para ser justos, lo mismo puede decirse del gobierno, que ha tenido múltiples oportunidades para convocar al Beitar a comparecer ante la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo del Ministerio de Economía para justificar su negativa a contratar futbolistas palestino-israelí.

Mohammad Ghadir
Una de las oportunidades más evidentes fue en 2011 cuando el delantero israelí-palestino Mohammad Ghadir (entonces en el Macabí Haifa) expresó su intención de pasar al Beitar Jerusalem, pero fue rechazado. "Me adaptaría perfecto al Beitar, y el equipo me iba como anillo al dedo. No tengo ningún reparo en mudarme para jugar para ellos", dijo en ese momento Ghadir. Beitar se negó a contratar a otros dos futbolistas palestinos, Abbas Suan y Ahmed Saba'a, que también habían aceptado jugar para el club.

La convocatoria de esta semana fue seguida por la negativa del Beitar de cumplir con el pedido de la comisión en abril de cambiar su política de no contratar jugadores palestinos. Ahora, la jugada del gobierno parece diseñada como un contrapeso al esfuerzo palestino para que la FIFA suspenda a Israel.

Sin un pretexto inmediato en el momento de negarse a contratar un jugador, el timming de la medida gubernamental parece más impulsada por asuntos locales y geopolítica. La convocatoria al Beitar contrarresta el uso del miedo anti-palestino impulsado por Netanyahu con fines electorales, una táctica que hasta fue criticada por Barack Obama, principal aliado de Israel.

Bandera con el logo del proscripto partido racista Kach.
El Beitar fue fundado en 1936 por miembros del movimiento Beitar, nacido en 1923 en Letonia, como parte de la tendencia revanchista sionista. El fundador, Zeev Jabotinsky, un exreportero de guerra ucraniano, buscó imbuir a sus miembros con un espíritu militar. El club inicialmente atrajo a muchos de sus jugadores e hinchas de Irgun, un grupo nacionalista extremo de resistencia judía paramilitar que emprendió una campaña violenta contra las autoridades del Mandato Británico. Como resultado, muchos de ellos fueron exiliados a Eritrea en los años 1940. Muchos de los miembros del grupo de la hinchada llamado La Familia (así, en español) son partidarios del proscripto Kach, el partido violento y racista que fue encabezado por el asesinado rabino Meir Kahane. La Familia suele exhibir en las tribunas símbolos de Kach.

El primer himno del Beitar refleja la política del club, glorificando a un "guerrilla armada racista y dura, un ejército que se llama hinchas del Beitar". Ese espíritu todavía florece cuando los fans de Beitar se cruzan con rivales de equipos palestinos. Su apoyo alcanza un tono febril cuando entonan cánticos racistas antiárabes y atacan el Profeta Mahoma.


Los partidos del Beitar a menudo se parecen a un campo de batalla de Medio Oriente. Los hinchas del núcleo duro del club (hombres de origen sefaradí de Medio Oriente y el norte de África que definen su apoyo como subversivo y contra el establishment ashkenazi del país) se deleitan con su condición de chicos malos. Su aversión a los judíos ashkenazi de extracción de Europa del Este, arraigado en el resentimiento contra la discriminación social y económica, rivaliza con su desprecio por los palestinos.
“Soy racista. Odio a los árabes… Si vienen musulmanes,
los fans quemaremos el club. Eso no puede ocurrir.
Árabes y Beitar de Jerusalén no se mezclan”

La Familia provocó una rara indignación nacional en 2013 cuando se desplegó una bandera afirmando que "Beitar siempre permanecerá puro" en protesta contra la breve contratación de dos jugadores musulmanes de Chechenia. Fue el uso de un lenguaje asociado con el nazismo alemán lo que desató la indignación contra esta expresión racista.

El fracaso para enfrentar seriamente a La Familia ha atrincherado percepciones palestinos de una sociedad israelí que es inherentemente racista. Ahmed Tibi, miembro palestino-israelí del Parlamento, le echa la culpa de los excesos de La Familia a los líderes políticos y deportivos israelíes: "Durante años, nadie trató de detenerlos, ni la policía, ni el club, ni la fiscalía general ni la Israel Football Association".

(*) James M. Dorsey es un alto miembro de la S. Rajaratnam School of International Studies y de la Universidad Tecnológica de Nanyang en Singapur, codirector del Institute of Fan Culture of the University of Würzburg y autor del blog The Turbulent World of Middle East Soccer, que próximamente se convertirá en un libro con el mismo título

sábado, 7 de marzo de 2009

Hispanos en el fútbol israelí

Quince latinos cambiaron sus costumbres y aportan su fútbol a once de los doce equipos de la Ligat HaAl, la máxima división del fútbol de Israel.

Artículo publicado en Fox Sports, en febrero de 2009.
Por PABLO ARO GERALDES


La historia del fútbol israelí es errante: la Israel Football Association (בישראל‎ ההתאחדות לכדורגל, ‎HaHit'ahdut leKaduregel beIsrael, en hebreo) fue fundada en 1928, cuando la zona se encontraba bajo mandato británico, con el nombre de The Eretz Israel/Palestine Football Association y al año siguiente fue aceptada por la FIFA. Armó una selección con la que participó en la Eliminatoria para los mundiales Italia 1934 y Francia 1938. Constituido el Estado de Israel en 1948, el equipo nacional deambuló por distintas confederaciones: Asia, Oceanía y desde 1994 participa en la UEFA junto a los países europeos, lo que representó un crecimiento para su fútbol.

Después de salir segundo en 1956 y en 1960, en 1964 se coronó campeón de Asia. En 1970 jugó su único Mundial, el de México 1970, del que se despidió sin victorias. Israel es el único país del mundo que se rige por el calendario hebreo, y el día de descanso es el sábado (shabat), así que el fútbol debe adaptarse. Algunas de las fiestas más importantes que condicionan la competición son Pésaj, Rosh Hashaná, Yom Kipur, Sucot y Jánuca.

Tierra Santa para tres religiones, Israel es un país que a fuerza de brazos laboriosos de judíos de todo el mundo fue convirtiendo un desierto en una nación próspera… Y que vibra con el deporte rey. Estos son los 15 embajadores del fútbol latino:
COSTA RICA
Luis Marín (מכבי נתניה / Maccabi Netanya):
este ex capitán de la selección 'Tica' inició su carrera en 1992 con la playera de Carmelita. En 1993 pasó a Alajuelense, donde ganó seis títulos de campeón nacional hasta 2006. En el medio tuvo breves pasajes por Universidad San Carlos, de Guatemala (1998/99) y River Plate, de Montevideo (1999). Ganó tres copas interclubes de la Unión Centroamericana de Fútbol (UNCAF): 1996, 2002 y 2005. Su máximo trofeo fue la Copa de Campeones de la Concacaf, que levantó en 2004. Además, con 126 partidos ostenta el record de presencias con la Selección Costarricense, donde se destacan sus participaciones en los Mundiales 2002 y 2006. Desde 2006 es titular del Maccabi Netanya, donde lo eligieron "Mejor extranjero del año" en la temporada 2006/07. Tiene 34 años.

Cristian Álvarez (בית"ר ירושלים / Beitar Jerusalem):
este oriundo de Curicó debutó en la Universidad Católica en 1997, cuando tenía 17 años, pero recién jugó su primer partido oficial dos años más tarde. Se destacó pronto como lateral derecho y lo convocaron a la Selección Chilena que conquistó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos Sydney 2000. En 2002 fue campeón con la UC y se recuerda especialmente el partido ante la Universidad de Chile, cuando él tuvo que atajar por expulsión del arquero y le detuvo un penal a Pedro González. En 2005 pasó a River Plate de Argentina, donde no tuvo muchas oportunidades. En 2007 el 'Huaso' volvió a Santiago para vestir otra vez la camiseta 'Cruzada' y ese mismo año se marchó a la capital israelí para jugar en Beitar, el club más popular del país, identificado con organizaciones de derecha como el Likud.
NA
Pedro Galván (בני יהודה תל אביב / Bnei Yehuda): su debut en el fútbol argentino fue con la camiseta de Gimnasia y Esgrima La Plata, en 2003. Como volante ofensivo se desempeño en ‘El Lobo' hasta su paso a San Martín de San Juan, en 2006. Al año siguiente fue traspasado al Olmedo, de Ecuador, donde obtuvo la titularidad y marcó 14 goles. En 2008 regresó a la ciudad de San Juan y tras el descenso de San Martín armó sus valijas y voló a Israel, donde es parte del once titular del Bnei Yehuda.

Pablo Bastianini (מכבי פתח תקווה‎ / Maccabi Petah Tikva): 'La Bestia', como lo apodan por su 1,89m de estatura, hizo inferiores en Argentinos Juniors e Independiente. En 2002 debutó como delantero de Defensores de Belgrano y un año más tarde pasó a Quilmes, en la Primera División argentina. En 2005 pasó a Inglaterra, al Yeovil Town de la Football League One y tras una temporada se marchó al Ionikos, de la Super Liga griega. La temporada 2007/08 lo encontró con la camiseta del Caracas FC de Venezuela y desde el segundo semestre de 2008 es delantero del Maccabi Petah Tikva israelí.

Darío Fernández (בית"ר ירושלים / Beitar Jerusalem): nacido hace 30 años en Punta Alta, su carrera como centrocampista es poco conocida. Se inició en el Sporting de su ciudad natal, en el sur de la Provincia de Buenos Aires y jugó después en Independiente Rivadavia, de Mendoza (2000/01), Olimpo, de Bahía Blanca (2001/02) y Quilmes (200/03). En 2004 pasó al fútbol chileno con la camiseta naranja de Cobreloa, pero tras unos meses volvió a la Argentina para jugar en Godoy Cruz Antonio Tomba. En 2005 formó parte del plantel de Chacarita Juniors y enseguida se marchó al Panionios griego, donde se afirmó como titular. Desde 2008 es jugador del Beitar Jerusalem.

Guillermo Israilevich (אביב
מכבי תל / Maccabi Tel Aviv):
santafesino de nacimiento, apareció en la Primera de Unión en 1999 y siguió en el club 'Tatengue' hasta 2002, cuando se marchó definitivamente a Israel. 'El Corto', como lo apodaron por su 1,60m de estatura, se integró al plantel del Maccabi Haifa, donde jugó un año antes de pasar a préstamo al Hapoel Nazarreth Illit (2003/06) y luego al Hapoel Kfar Saba (2006/08), un año a préstamo y otro ya como jugador del club. En octubre de 2006 fue convocado a la Selección Israelí en virtud de su doble nacionalidad, pero no pudo jugar ese partido ante Rusia porque la FIFA le advirtió a la Israel Football Association que Israilevich había jugado para la Selección Argentina en un torneo juvenil oficial. Desde mediados de 2008 se luce con la camiseta auriazul del Maccabi Tel Aviv, el club con más títulos en el fútbol israelí.


Cristian González (מ.ס. אשדוד / FC Ashdod):
nacido en Atlántida, inició su carrera de defensor en Liverpool, de Montevideo, donde jugó entre 1998 y 1999. En 2000 pasó a Defensor Sporting, donde jugó casi un centenar de encuentros hasta 2004. Durante su contrato con los violetas había estado a préstamo en Deportivo Maldonado (jugó un solo partido) y Las Palmas, de España. En 2004 se incorporó al popular Peñarol a la par que redondeaba una decena de partidos con la Selección Uruguaya. En 2005 se marchó a Israel para jugar en Maccabi Tel Aviv y en 2006 ficho para el FC Ashdod, donde hoy juega tras un breve regreso (2007) a Defensor Sporting.

Alberto Blanco (מכבי נתניה / Maccabi Netanya): la trayectoria de este volante está ligada a los viajes. En 1998 debutó en San Francisco y dos años más tarde fue convocado a la Selección Panameña. En 2001 se marchó al Sheriff Tiraspol, de Moldavia, con el que ganó cuatro ligas consecutivas (2002, 2003, 2004 y 2005) además de la Copa Moldava en 2002. Su carrera siguió con un brevísimo paso por el Alania Vladikavkaz ruso y a mitad de 2005 pasó al Al Ain de los Emiratos Árabes Unidos. Tras una temporada se mudó a la vecina Arabia Saudita, donde defendió la divisa del Al Nasr de Ryhad. En 2007 regresó a su patria para jugar en Plaza Amador y luego de nuevo en San Francisco, al que regresó otra vez tras una corta experiencia en el Junior de Barranquilla, Colombia. A principios de este año es parte del Maccabi Netanya israelí, equipo dirigido por el alemán Lothar Matthäus, campeón mundial en 1990 como capitán de su selección.

Alberto Zapata (מכבי נתניה / Maccabi Netanya): con 30 años, este delantero tiene un largo recorrido en el fútbol de su país. Comenzó en 1999 en Real España y luego pasó por Tauro (2000/02), Alianza (2003), Chorrillo (2004), Olimpia de Paraguay (también en 2004), San Francisco (2005/06), Puerto Rico Islanders (2007) y de nuevo a San Francisco (2008). Pero aunque ya tenía experiencia en la Selección 'Canalera', este 2009 es el gran año de su carrera: participó del equipo nacional ganó la Copa UNCAF, el primer título del fútbol panameño, pero no llegó hasta el final del torneo porque se tuvo que incorporar al Maccabi Netanya, en su primera experiencia "europea".

Jair Céspedes (הפועל עירוני קרית שמונה‎ / Hapoel Ironi Kiryat Shmona):
surgido de Alianza Lima, debutó en 2003 y ese mismo año ganó el Campeonato Nacional. Siempre como defensor o volante por la izquierda, en 2004 pasó a Deportivo Municipal, en 2005 a Deportivo Aviación, en 2006 a Sport Boys y en 2008 a Universidad San Martín de Porres, con el que jugó la Copa Libertadores. En 2007 formó parte de las Selección Peruana en la Copa América disputada en Venezuela. Desde 2008 es jugador del Hapoel de la pequeña ciudad de Kiryat Simona.

Junior Viza (הפועל פתח תקווה / Hapoel Petah Tikva): apareció en Alianza Lima en 2003 y pronto mostró ser un volante con buen manejo y llegada al gol. Con el equipo ‘Grone' ganó tres campeonatos nacionales: 2003, 2004 y 2006. ‘Cucahara', como lo llaman tuvo un paso por la selección juvenil y en 2007 partió a Israel para sumarse al Hapoel Petah Tikva, con el que se coronó campeón de la Ligat ha'Al 2007/08.

Miguel Ángel Cevasco (הפועל עירוני קרית שמונה‎ / Hapoel Ironi Kiryat Shmona): mediocampista de 22 años que debutó en Universitario de Lima en 2004 luego de superar problemas de crecimiento (hoy mide 1,80m). Con el equipo Crema fue campeón del Torneo Apertura 2008 y acumula 8 partidos con la Selección Peruana. Desde este año vive su primera experiencia fuera de su país, con la casaca amarilla del Hapoel Ironi Kiryat Shmona.
A
John Culma (מכבי חיפה‎ / Maccabi Haifa):
la trayectoria de este caleño es extraña: a los 16 años formaba parte de las divisiones juveniles del Montpellier francés, a los 18 tuvo un escueto paso por Independiente de Argentina (1999/2000), sumó una veintena de presencias en selecciones juveniles y luego emprendió la ruta mexicana. Jugó en Cruz Azul (2001/03), en Cruz Azul Hidalgo (2004/06) antes de ir al Bnei Sakhnin de Israel (2006/08). Desde 2008 este volante defensivo juega en el Maccabi Haifa, los ‘Verdes del Carmel'.

Iván Garrido (בני יהודה תל אביב / Bnei Yehuda): defensor central santanderano que debutó en Atlético Bucaramanga y en 2006 pasó a Independiente Santa Fe, como uno de los refuerzos para la Copa Libertadores, y tras una temporada volvió a Bucaramanga en 2007. Este zurdo defensor llegó al fútbol israelí en 2009 para desempeñarse en Bnei Yehuda.

Sergio Novoa (איחוד בני סכנין / اتحاد أبناء سخنين‎ / Bnei Sakhnin): este talentoso volante zurdo nacido en Bucaramanga comenzó en la B con el Valledupar, pasó por Pasto (2005), Huila (2006), Real Cartagena (2007), y Alianza Petrolera de Barrancabemeja (2008). A mediados de 2008 estuvo a prueba en Chacarita Juniors (Argentina) y también registra pasos por Jaguares de Chiapas (México) y San José de Oruro (Bolivia). Desde este año es jugador del Beni Shaknin, el equipo árabe de Israel. Tiene 27 años.

martes, 15 de enero de 2008

Argentinos por el mundo

Artículo publicado en la revista El Gráfico, en 2000.
Por PABLO ARO GERALDES

En la búsqueda de nuevas oportunidades, cientos de futbolistas argentinos cruzaron las fronteras. Aquellos que triunfaron en Italia y España consiguieron un lugar de prestigio y beneficios económicos. México, Portugal y Colombia albergaron las gambetas de otros tantos. Pero muchos, alentados por sus ganas de seguir siendo protagonistas, atendieron el llamado de los piques de la pelota en los rincones más exóticos del planeta. No se limitaron a Europa y América Latina. Guiados por contratos seductores y por la intención de cambiar de aire ante la falta de oportunidades, partieron a lo desconocido y se calzaron los botines en canchas cubiertas de nieve, rodeadas de selvas o desiertos, inmersos en costumbres diametralmente opuestas a las argentinas. De regreso, abrieron sus valijas llenas, no siempre de dinero, pero sí de anécdotas imperdibles.

Quien dice que no hay querencia
que le pregunte a la ausencia...

Cuando la nieve del Ártico empieza a derretirse a mediados de abril, llega el momento del fútbol para los países escandinavos. Tierras donde el progreso y la educación se manifiestan en cada hecho cotidiano. Así lo advirtió Raúl Peralta al arribar a Finlandia para incorporarse al Inter de la ciudad de Turku. El ex volante central de Boca, Huracán y Español es testigo de una cultura cívica que sorprende a cualquier llegado desde Sudamérica. “Acá los vendedores de alarmas se cagarían de hambre, nadie roba nada. Los autos quedan en la vereda sin llave y los chicos pueden dejar los juguetes, las bicicletas, en una plaza, que al otro día los van a encontrar en el mismo lugar”, comenta telefónicamente, agradeciendo al periodista de El Gráfico la posibilidad de poder “escuchar una voz argentina”. Es que más allá de compartir el plantel con otros dos argentinos -Samuel Cappa y Gabriel Flores-, el cordobés extraña el diálogo de todos los días. “Los finlandeses hablan su idioma y además el sueco y el inglés, pero yo no entiendo ninguno de los tres. Tengo contacto con la Argentina vía Internet, pero ahora nos prometieron que nos iban a instalar una antena parabólica que agarra ATC. Algo es algo”, se conforma. El alto nivel de vida de Finlandia y el respeto mutuo entre sus habitantes produce hechos que contrastan con lo que sucede en la Argentina. “La semana pasada apareció en el diario, como un hecho de vandalismo, que habían pintado una cabina de teléfono con aerosol, si vieran lo que pasa en la Argentina se mueren del susto”, comenta asombrado. Pero él también se quedó perplejo cuando fue a un restaurante junto a su esposa y vieron como otra pareja elegía mesa mientras dejaba al cochecito de su bebé en la calle, cuando hacía 15 grados bajo cero. “’¿Estos se volvieron locos?’, pensamos. Lo van a matar, al pibe... Pero entonces nos explicaron que el aire frío del norte es bueno para los chicos, que les mata todos los virus y los fortifica. No lo podíamos creer, pero después empezamos a fijarnos y había bebés en los balcones, a la intemperie. Debe ser cierto no más...”.

Ankara, capital de Turquía fue el punto de partida de la pesadilla que Jorge Rinaldi debió soportar. La poco tentadora comida de las concentraciones y el precario departamento que le asignaron (una letrina era la única instalación sanitaria) aceleraron sus añoranzas porteñas cuando recién cumplía el primero de sus dos años de contrato. Ante la negativa del presidente del Gençlebirligi a devolverle el pasaporte que le había retenido, debió recurrir a la Embajada Argentina donde obtuvo uno provisorio. “Hasta el momento de subir al avión nos persiguió la policía, dada la enorme influencia del presidente”, cuenta el ex delantero de San Lorenzo, Boca y River. Luego, casi milagrosamente y recordando la película Expreso de Medianoche, el jugador y su apoderado Osvaldo Rivero lograron escapar. Del fútbol “profesional pero con mentalidad amateur” tampoco guarda buenos recuerdos, aunque sonría al comentar que “luego de perder el clásico con Ankaragüçü, nuestro técnico desapareció. Recién volvió, sin dar explicaciones, al jueves siguiente”.

A Fernando Kuyumchoglu se lo identificó primero por su apellido difícil; más tarde por su desempeño en la selección juvenil junto a Redondo, Frutos, Salaberry y compañía. Tras su paso por River Plate, aceptó una oferta del Ethnikós de Grecia, alentado por conocer el idioma, por sus raíces familiares. Aunque no tenía problemas de comunicación, la pasión de los griegos hizo que las cosas no le resultaran fáciles: “al partido siguiente de convertir dos goles y servir otro, el técnico me mandó al banco, y en el próximo ni siguiera me convocó”, recuerda. Pero lo más insólito es la razón que le dio el entrenador: “me dijo que los goles que había hecho eran fáciles de marcar y por eso me sacó”, cuenta con un asombro que todavía le dura. Además, el volante que pasó por Platense, Estudiantes y Temperley, sufrió un complot de sus compañeros con el entrenador: “solía recibir llamados de los jugadores en lo que entendí un gesto amistoso. Hasta que comprobé que, mandados por el propio técnico, lo hacían para controlarme”.

Mejor suerte tuvo Juan José Borreli, quien pasó cinco temporadas en Panathinaikós, el principal equipo del país. Claro que su gran momento futbolístico no estuvo exento de momentos extraños. “Al principio era duro. Me quedaba sentado en un rinconcito del vestuario mientras todos se mataban de risa y lo primero que pensaba es que se burlaban de mí. Después fui aprendiendo el idioma y la integración se hizo más fácil”, cuenta Joto-Joto, como lo rebautizaron en Grecia. Lo que tardó en aprender fue la forma de gesticular que los griegos usan para insultar. No hacen cuernitos ni alzan el dedo mayor: muestran la palma de la mano, como lo hace el resto del mundo para decir “Alto”, pero empujando. En el caótico tránsito de Atenas, le tocó al padre del volante de San Lorenzo aprender esa seña. “Estaba con mi viejo en el auto y de los demás coches por momentos nos hacían ese gesto. Nosotros creíamos que eran hinchas que me reconocían y los saludábamos”.

Próxima a Tel Aviv y alejada de las tensas fronteras con Palestina se encuentra Kfar Sabah, en Israel. Allí aterrizó Oscar Garré, a comienzos de los ’90, y para su sorpresa se vio rodeado no sólo de judíos, sino también de cristianos y musulmanes, todos custodiados por oficiales del ejército. “Tuvimos que jugar con el Hapoel de Jerusalem, en el barrio más religioso, y esa fue la única vez que vi a los judíos ortodoxos en una cancha”, contó el defensor, sorprendido por no ver judíos en su propia tierra. Pronto encontró una explicación a esa curiosidad: los sábados -día del fútbol en Israel- son tomados por los religiosos como día de recogimiento. “Los viernes por la tarde desaparecen y se la pasan rezando hasta el domingo, que es cuando empieza la semana laboral”, entendió Garré.
Los vivencias israelíes también rozaron a Héctor Almandoz, el ex defensor de Vélez y Estudiantes que pasó por el Macabi Haifa de Israel en 1998, dejaron su sello. “Es increíble, pero en un shopping o en lugares para comer, no se soporta la baranda que tienen, una transpiración muy fuerte. Ellos quizás están acostumbrados, pero para mi era tremendo. Mis compañeros no usaban desodorante, yo me mataba con talco, desodorante, perfumes, era el último en irme del vestuario y ellos, encima, me miraban raro. Se pegaban una ducha sin jabón, de diez segundos y la mayoría no usaba calzones”.
Pero Almandoz, hoy en Buenos Aires, también sufría por las comidas típicas del país -“la mayoría muy picante”- y, confesó que “tiraba en base a arroz y sánguches”. Sólo en Haifa, una ciudad que mezcla ciudadanos israelitas y árabes en igual medida, las comidas se asemejaban. “Ibamos a comprar carne para milanesas en los negocios árabes y los cortes eran totalmente diferentes. Le pedía por favor que me la corte para milanesa, con gestos y todo, pero no me entendían. Entonces me cansé y me pasé del otro lado del mostrador y le mostré como tenía que ser. Cuando corté la primera milanesa, la gente me aplaudía”. El defensor pensó en volverse antes de tiempo varias veces.
“Algún atentado lo dejé pasar porque mi familia no se dio cuenta. Pero una vez fui al Muro de los Lamentos y dos días después hubo una bomba, ahí me cansé”.

El primer día de 1999 llegó con una noticia para Mauro Carabajal -volante que por entonces jugaba en Rosario Central-, cuando el Vojvodina de Yugoslavia se interesó por sus servicios: hacia allá fue, a préstamo por un año y medio. Entonces, la guerra de Kosovo -el ataque conjunto de la OTAN contra esa provincia de Yugoslavia-, lo hizo vivir situaciones inesperadas. “Estábamos disputando el campeonato y el 28 de marzo jugaban Yugoslavia y Croacia el clásico. Nosotros nos fuimos a Hungría a una pretemporada y nos salvamos porque el 1 de abril empezó el bombardeo. La primera bomba cayó en Novi Sad -a una hora de Belgrado-, la ciudad de nuestro equipo, que fue la más arrasada por la guerra”, recuerda a la distancia. Luego de una estadía prolongada en Hungría, los directivos del club le avisaron que, por dos años, el fútbol ya no sería profesional en Yugoslavia, ya que todos los fondos serían destinados a la reconstrucción del país. Carabajal lo lamentó porque ganaba muy bien, el doble que sus compañeros -“lo arregló Mijik Dusan, el que me llevó, que me pidió que el resto del plantel no tenía que saberlo porque seguro se calentaban muy mal conmigo y los dirigentes”-, y decidió irse a España, al Recreativo de Huelva. “Del fútbol yugoslavo me sorprendió la violencia, y ojo que juegan muy bien, son de los mejores en Europa. Pero dejan pegar demasiado y los jugadores son muy calentones. Si les tiraba un caño, me seguían por toda la cancha para bajarme”.


Otro que sufrió las cercanías de la guerra fue Mario Kempes, que a principios del ‘97 se hizo cargo del SK Lushnja, de Albania, el país más pobre de Europa en el que, pocos días después de su llegada (arribó el 4 de enero), estalló una guerra civil. Menos de un mes duró en su cargo: “Tuve que escaparme. Lo agarré a mi hermano, que era el preparador físico y nos vinimos enseguida. Hasta el conflicto había cierto bienestar, pero en base a la especulación económica. Cuando quebró una de las principales financieras, que era propiedad del padre del presidente del club que dirigí, todo estalló. Hasta el secretario del club me dijo que me fuera antes de que sea demasiado tarde”, asegura. Pero no fue su única experiencia extraña, porque también dirigió al Palitta Hyatt de Indonesia. Sus palabras reflejan cabalmente la travesía: “Allí, uno entra a la cancha y no sabe si va a salir vivo. Es normal que la gente rompa los alambrados para entrar a la cancha y fajar a los jugadores. Y la policía no se queda atrás, reprime con caña tacuara. Es un fútbol muy violento”.

Otro testigo de la violencia fue Gabriel Perrone, que en 1992 y con 25 años, ante la falta de ofertas tentadoras en el fútbol local -estuvo un año libre luego de jugar para Ferro y sufrir una lesión en la rodilla-, se marchó a jugar para el FAS de El Salvador, animado por un buen contrato. Ese país centroamericano sufría los resabios de una cruel guerrilla que venía de décadas. “Era una sociedad ganada por la violencia, sobre todo en chicos de 15 o 16 años, producto de la guerrilla -cuenta Perrone-, que andaban con armas por la calle, robaban y no tenían problemas en matar. Cuando iba a cobrar, en el banco te pedía el arma antes de entrar. Lo peor fue una vez que, con un compañero brasileño, salimos con el auto y bajé para hablar por teléfono. Entonces unos chicos de 14 años se robaron el auto con el pibe adentro, que llegó a tirarse en una esquina. Nuestros compañeros dijeron que nos salvamos de que nos maten porque éramos extranjeros”. No fueron sus únicos dramas. Aunque hoy asegure que “toda experiencia es positiva”, porque jugó en un grande de El Salvador, también sufrió una internación de 20 días por una extraña infección que se presumió paludismo o fiebre tifoidea, además de los constantes temblores de tierra.

Es sabido que la estatura promedio de un japonés es claramente inferior a las de los europeos. Pero grande fue la sorpresa de Víctor Hugo Ferreyra, ex San Lorenzo, cuando después de su primer entrenamiento con el Mitsubishi Red Diamonds, se dirigió al vestuario y encontró las duchas a tan sólo un metro y medio del piso. Con dificultad, un traductor le explicó cómo debía usarla: “me trajeron una palangana y un banquito para sentarme; fueron los baños más incómodos de mi vida”, recuerda Ferreyra, “ellos acostumbran bañarse sentaditos y con las patas remojadas”.
No fue el único que chocó con la cultura local a la hora de la higiene. Leonardo Ricatti, ex centrodelantero de San Lorenzo, All Boys y Almirante Brown, llegó al Esperance de Túnez tras un frustrado pase al Avellino de Italia. “No quería saber nada, pero el empresario que me llevó me insistió tanto que hice el intento de quedarme. Estuve 10 días, pero me pasó de todo. Después de una práctica me voy a duchar; me sacó la ropa y me paro debajo de la lluvia. En eso entra el utilero a los gritos: ‘¡¿estás loco? ¿Como te vas a bañar desnudo? La religión islámica no lo permite!’, me decía en italiano. Después de eso no me quedaban más ganas de quedarme en Africa. Hablaba por teléfono a Buenos Aires todo el tiempo, total el empresario me había dicho que él pagaba la cuenta. Pero cuando estoy por salir para el aeropuerto, me ataja el conserje del hotel por una deuda de 700 dólares de llamadas teléfonicas. Lo buscaba para matarlo, pero el técnico me calmó y pagó la cuenta de su bolsillo. Llego a Roma y cuando quiero embarcar para Buenos Aires, me avivo que también me había estafado con los pasajes”. No fueron los únicos inconvenientes en la carrera de Ricatti, hoy retirado. En el Banska Bistrica, de Eslovaquia se sentía un duque. “El club me puso una casa en la montaña, con una vista espectacular. Un sábado, mi señora baja a la cocina para preparar unos mates y vuelve espantada al dormitorio: ‘hay un tipo desayunando en la cocina’ me dijo agitada. Todo se aclaró cuando los dirigentes me explicaron que era el dueño de la casa, que la había alquilado con la condición de volver los fines de semana para descansar”, cuenta. Allí se encontró con Fabio Nigro, ex puntero de River y Estudiantes, figura del campeonato eslovaco con la camiseta del Slovan Bratislava. Las pretemporadas de este equipo era muy diferentes a las argentinas: “Primero nos llevaron a un spa -cuenta-; en un momento entramos al sauna y ¡Oh sorpresa!, era mixto. Nos daba calor sacarnos la toalla, los argentinos en esos casos somos pudorosos. Y en eso caen dos esquiadoras, revolean los toallones y se acuestan adelante de nosotros. ¡Si llegara a estar ahí el plantel de Chicago...! Después tenías que ir a una bañera donde una chica te mojaba con una manguera a presión".


Tras la caída del Apartheid, la convivencia entre blancos y negros en Sudáfrica se hizo más civilizada. El fin de las sanciones internacionales hizo que los clubes pudiesen participar en las competencias continentales e imponer la supremacía económica del país en la región. Así, las puertas del fútbol sudafricano se abrieron también para los argentinos. Y alentados por un dinero que jamás recibieron, Diego Monarriz, Osvaldo Nartallo y Manuel Aguilar dejaron San Lorenzo y cruzaron el Atlántico, en 1992. Pero encontraron algo más parecido a la serie Shaka Zulu que al fútbol profesional que les había prometido un empresario sin escrúpulos. “Antes de los partidos -cuenta Monarriz- el utilero ponía todas las camisetas, pantalones y medias en un tacho con un líquido misterioso, y a su alrededor prendían como sahumerios que los jugadores negros olían y a los que condimentaban con pases mágicos. Después de eso teníamos que salir a jugar con la ropa mojada”. Eran momentos de volver a nacer para el fútbol sudafricano, que pronto se convirtió en potencia continental. La diferencia con el resto de los países es notoria. “En una ocasión tuvimos que viajar a Camerún en un avión con hélices que tuvo que hacer una escala técnica en el Congo. Jamás me voy a olvidar de ese aeropuerto internacional; creo que la estación de Ciudadela era más moderna”, recuerda Monarriz.

Tras ganar el ascenso a Primera con Chacarita, el defensor Fernando Cassano partió hacia Alemania. Claro, no lo aguardaba la fastuosa Bundesliga, sino un incierto desafío en el Dresdner, de la Liga Regional Noreste. Afortunadamente para él, lo esperaban otros dos argentinos, Sergio “Zapatilla” Sánchez y el ex Chacarita Sergio Bustos, este último conocedor del país tras su paso por el Nürnberg. El objetivo era ganar el torneo y subir a la Bundesliga 2, o quedar entre los primeros seis para asegurarse un lugar en la Bundesliga 3, que comenzará a disputarse en la temporada 2000/01. Clima helado, pasión en cuentagotas, hacían que la nostalgia de Buenos Aires asomase en los atardeceres. Pero tenían un remedio infalible: el mate. “Estábamos todo el tiempo con la bombilla en la boca -relata Bustos-, los periodistas y nuestros compañeros querían saber qué era. En una concentración, esperaron a que los tres nos descuidemos y se atacaron el paquete de yerba. Lo primero que hicieron fue metérsela en la boca y cuando entramos en la habitación los encontramos escupiéndola, un asco”. El Trío Gaucho, como lo caratuló el periodismo alemán, implantó otras costumbres argentinas entre los germanos. “No había concentración ni viaje en los que no sonara Rodrigo o Nueva Luna; había que ver a los alemanes enganchados con el cuartetazo y la música tropical. Ellos la llamaban ‘gumbia’”, cuentan los tres. El momento máximo lo vivieron en Berlín, cuando un argentino radicado en esa capital los invitó a una noche de truco, choripán y cerveza Quilmes. Además, con la experiencia de varios pasos por las aduanas, Bustos es el encargado de proveer la carne argentina: “la clave para que no salte en las computadoras detectoras de sanidad ni por los perros de policía es llevarla congelada y sin el hueso. Así pasé por Frankfurt con milanesas, vacío, matambre y lo mejor de nuestra carne; porque la que se come allá no tiene nada que ver”, enseña.