sábado, 28 de abril de 2018

Carlos Dittborn

"Porque nada tenemos, lo haremos todo"
En un nuevo aniversario de su muerte, es oportuno recordar la figura del chileno Carlos Dittborn Pinto. No fue futbolista ni técnico, pero sí un dirigente ejemplar.

Había nacido en Río de Janeiro en 1924, mientras su padre, Eugenio Dittborn, era Cónsul General de Chile en Brasil. Muy joven, en 1953, asumió la presidencia del Club Deportivo Universidad Católica, hasta que en 1955 pegó el salto y pasó a conducir la Confederación Sudamericana de Fútbol, donde ganó prestigio en todo el ámbito regional. Desde ese lugar fue el principal impulsor, junto a Juan Pinto Durán, de la realización de la Copa del Mundo en Chile. El país trasandino había inscripto su candidatura en 1954, lo mismo que Argentina y Alemania Federal, que luego desistiría. Con el comité de la Federación de Fútbol de Chile recorrió varios países tratando de convencer a las distintas federaciones que desestimaban la capacidad de Chile para llevar adelante el certamen, en comparación a la superior infraestructura deportiva y al mayor prestigio de Argentina.

Carlos Dittborn y Juan Pinto Durán en el
Congreso de la FIFA en Lisboa, 1956.
Llegó el 10 de junio de 1956 y el Congreso de la FIFA reunido en Lisboa, Portugal, tenía como propósito elegir la sede del Mundial 1962. El representante argentino, Raúl Colombo, finalizó su exposición con un confiado: "Podemos hacer el Mundial mañana mismo. Lo tenemos todo". Dittborn presentó, en perfecto inglés, sólo cuatro argumentos que sostenían la candidatura chilena: continuidad en la asistencia a torneos y congresos organizados por la FIFA, clima deportivo, tolerancia de credo y raza y estabilidad política e institucional del país. No habló de estadios maravillosos, de televisación, de infraestructura... Pero su palabras impactaron, en una elíptica respuesta al directivo argentino: "Porque nada tenemos, lo haremos todo", dicen que dijo. Las fuentes son contradictorias, pero esa frase se grabó a fuego en el alma del noble pueblo trasandino. Finalmente Chile fue electo con 32 votos contra 10 de la Argentina (14 miembros sufragaron en blanco).

El presidente Jorge Alessandri brindó todo su apoyo a la organización y comenzaron las obras con el entusiasmo de todos los chilenos. Hasta que el sábado 21 de mayo de 1960 la tierra se sacudió causando pánico en todo el país; pero lo peor pasó a las tres de la tarde del domingo 22: un terremoto de 9,5 grados en la escala de Richter con epicentro en Valdivia arrasó con todas las ciudades al sur de Talca provocando más de 50.000 muertos y dos millones de afectados. Fue el movimiento sísmico más devastador del que se tenga registro en la historia de la humanidad. El sueño del Mundial en Chile se terminaba y Dittborn se reunió con el presidente Alessandri para devolverle el dinero que el Estado había prestado para la organización del torneo. La familia del fútbol se movilizó para sostener el campeonato en suelo chileno: diversas federaciones colaboraron con el Comité Organizador y la FIFA también donó dinero.

Claro, las urgencias eran otras. El terremoto obligó a modificar toda la programación de la Copa. Talca, Concepción, Talcahuano y Valdivia estaban totalmente destruidas y debieron ser descartadas como sedes. Valparaíso y Antofagasta declinaron ese honor porque sus estadios no podían autofinanciarse, una condición que debió imponer la Federación en vista a la falta de recursos. Pero la Municipalidad de Viña del Mar y la Junta de Adelanto de Arica lograron remodelar sus sedes deportivas, mientras la Braden Copper Company, dueña de la mina El Teniente, permitió que se utilice su estadio en Rancagua. Con tres sedes más la capital Santiago, el Mundial podía realizarse: cuatro ciudades serían las sedes de los cuatro grupos.

La historia del Mundial Chile '62 es largamente conocida. Pero a 32 días del comienzo del Mundial, el 28 de abril de 1962, Carlos Dittborn murió por un paro cardíaco. En su honor, la Selección Chilena portó un luto bajo su escudo mientras Carlos y Juan Pablo Dittborn, hijos del dirigente, fueron los encargados de izar la bandera el día de la ceremonia inaugural.

Aquella frase de Dittborn se convirtió en un verdadero eslogan para el campeonato y perduró hasta hoy. Una copa amistosa que enfrentaba a los seleccionados de Chile y Argentina fue llamada Copa Carlos Dittborn Pinto, y el estadio mundialista de Arica también fue bautizado con su nombre.

viernes, 20 de abril de 2018

Italia campeón mundial 1934

El 10 de junio de 1934 Italia vencía 2-1 a Checoslovaquia y se consagraba campeón del mundo por primera vez. Pero lo destacable es que en la Squadra Azzurra jugaban cuatro argentinos (Raimundo Orsi, Luis Monti, Atilio Demaría y Enrique Guaita) y el brasileño Anfilogino Guarisi, todos en calidad de Oriundi.

La victoria sería una gran propaganda para el fascismo, por eso Benito Mussolini no solamente condicionó a sus jugadores sino que movió hilos en las sombras para que los árbitros “hicieran lo suyo”, como ocurrió contra la España republicana en cuartos y contra Austria en semifinales.
Italia tenía un gran equipo que giraba en torno a Giuseppe Meazza, pero este “control arbitral” asegurararía el resultado: por eso la final la dirigió el mismo Ivan Eklind que le había convalidado un gol fuera de juego contra Austria.

En el descanso del partido, un enviado de Il Duce se apersonó en el vestuario italiano y entregó al seleccionador Vittorio Pozzo una nota manuscrita que decía:
− Usted es el único responsable del éxito, pero que Dios lo ayude si llega a fracasar.

Inmediatamente el entrenador se dirigió a los jugadores con el siguiente mensaje: “No me importa cómo, pero hoy deben ganar o destruir al adversario. Si perdemos, todos lo pasaremos muy mal”.
Más curioso es resaltar que Orsi marcó el empate transitorio italiano a 9 minutos del final, para ir a tiempo suplementario y que Schiavio anotó el segundo, el definitivo ante 55.000 espectadores que colmaban el estadio del Partido Nacional Fascista. Claro, el dicatador Benito Mussolini estaba en el palco y su presencia era una presión extra para el equipo anfitrión.

Finalmente consiguió la victoria y celebraron con el tradicional saludo fascista, con el brazo derecho en alto. Il Duce había logrado su propósito.

Fragmento emitido en el programa De Zurda, de teleSUR.

domingo, 15 de abril de 2018

Oleg Salenko: 5 goles en un partido


La Unión Soviética se había desmembrado y en 1994 Rusia participaba por primera vez en un Mundial de manera independiente. Era toda una incógnita, después de la Guerra Fría, cómo funcionaría aquella selección antes temeraria, sin sus estrellas de Ucrania, Bielorrusia y las demás repúblicas socialistas.

Y más, por el contraste de jugar en los Estados Unidos. Pero perdió con Brasil y con Suecia y llegó al tercer partido sin chances. Ya eliminada, la selección rusa se soltó ante Camerún y entró a la historia por una actuación récord, la del delantero Oleg Salenko.

El 28 de junio, El Buitre de Leningrado, como lo llamaban, se destapó en San Francisco con cinco goles, una cifra que solamente él alcanzó en un partido mundialista.

Esta marca le valió un sitial en la galería de los grandes de la Copa, pero los años que siguieron no fueron buenos para Salenko: acorralado por las deudas, en 2010 tuvo que vender su Botín de Oro a un jeque árabe.

Hoy, a los 44 años, forma parte de una selección de viejas glorias rusas y juega partidos de fútbol playero.